Matematicando

Recuerdo hace un par de meses, en una emisora colombiana, comentaban sobre el bajo desempeño de Colombia en unas pruebas internacionales de calidad en la educación. Preocupante era, sobre todo, el muy bajo desempeño en matemáticas.

Una de las periodistas no parecía preocupada. Contaba cómo en su caso particular las matemáticas no lee habían servido para nada y hoy se consideraba una exitosa profesional.

Ese tipo de visión me parece peligrosa. Sí, una cosa es el caso personal de cada individuo. No todo el mundo ha de ser igual de excelente en todas las áreas del saber y cada profesión u opción de vida tiene su propio conjunto de destrezas.

Hay cierto tipos de destrezas que son, en mi opinión, básicas para crear una mentalidad y que ayuda a resolver problemas en comunidad: están las competencias en lenguaje, las competencias en ciencias formales y las competencias en el entendimiento sobre el entendimiento. En palabras más concretas: lenguaje, lógica/matemática y filosofía/epistemología.

No todo el mundo los necesita, desde luego. Individualmente podemos triunfar en la vida con apenas el lenguaje oral que aprendimos en la casa y sin saber siquiera multiplicar con una calculadora. Por milenios el hombre ha sobrevivido sin este tipo de conocimientos y formaciones mentales. También estamos hablando de milenios en los que el pensamiento mágico imperaba, la principal causa de muerte en las mujeres era por complicaciones en el parto, llegar a los cincuenta años, ciego, era un privilegio de pocos, y los súbditos éramos propiedad de nuestros señores.

Como individuos podemos ahora vivir de los frutos del progreso y de la democracia y ser exitosos hablando tonterías. Pero cómo sociedad necesitamos que haya más personas con pensamiento crítico, destrezas en solución de conflictos, discernimiento, comprensión de puntos de vista, evaluación de escenarios, etc.

Las matemáticas dan mucho más que la capacidad de contar las vueltas en una tienda; o las destrezas específicas para entrar a una facultad de ingeniería. Las matemáticas generan una estructura mental que benefician también al médico, al comunicador social o al sociólogo, no específicamente para tener éxito en su profesión sino cómo ciudadano en una democracia y como una persona que influye en una sociedad.

Tan importante es que el periodista pueda discernir y evaluar como que el ingeniero o el científico puedan comunicar.

La mentalidad de que porque algo no fue particularmente útil para mí, entonces no es útil, me parece peligrosa, por decirlo de una forma suave, y más aún cuando lo dice sin mayor criterio un formador de opinión.

Pensar que el éxito como nación se mide, no por la capacidad innovadora o por el criterio de trabajar en comunidad y exigirle a nuestros líderes soluciones de crecimiento colectivo sino por lograr éxito individual hablando trivialidades en radio y mostrando las tetas en una revista a un mensaje que no comparto.

De filosofía hablaré otro día.

Divino karma (y el porqué de la existencia)

Pasaron las elecciones y apenas me enteré. Pasaron los premios Oscar y apenas me enteré. Por motivos ajenos a mi voluntad pero voluntariamente aceptados me he apartado de mis habituales distractores sociales lo cual incluye haberme apartado de la forma como normalmente me relaciono con la sociedad; y he dedicado un mayor tiempo y esfuerzo a definirme en mi filosofía personal y cómo esta se relaciona con la filosofía y teología de las personas a mi alrededor.

Justicia y venganza divina (1808) óleo sobre lienzo, por Pierre-Paul Prud'hon

Justicia y venganza divina (1808) óleo sobre lienzo, por Pierre-Paul Prud’hon

Ornamento de cielo raso, Ranakpur, Rajasthan, India. Las líneas interconectadas representan el karma.

He notado que muchas de las cosas que parecen tener sentido para personas a mi alrededor no tienen sentido para mí. Creo que la mayoría de nosotros espera que al final siempre se haga justicia. Finalmente sucede así en las telenovelas, en las series policiacas, en la mayor parte de la ficción de consumo. Pensar que Dios en el juicio final condenará a quienes causaron daño y premiará a los buenos. Pensar que el karma, como una fuerza impersonal del universo, se encargará de castigar nuestros actos malvados y premiar nuestra bondad. Cuando descubrimos que en el mundo no siempre la justicia de los hombres es suficiente, sentimos en la necesidad que creer en una justicia última administrada por el universo o por Dios. Una justicia inescapable. Es reconfortante saber que si alguien nos hace daño tarde o temprano la pagará, si no en esta en otra vida.

Pero ¿el hecho de que deseemos eso lo hace verdad? El mundo que conocemos, el tangible, el real; el mundo que podemos probar es indiferente ante la injusticia. Un terremoto no mira si sus víctimas eran personas virtuosas o malvadas; si creían y temían el poder de Dios o si eran ateos inmorales. La justicia administrada por los hombres puede ser en ocasiones tremendamente injusta para nuestros gustos. ¿Por qué un guerrillero que se alzó en armas contra personas de bien, secuestró, mató, causó daño al patrimonio y al progreso del pueblo, recibirá una pena simbólica y un pase gratis al congreso, mientras que un soldado que defendió a las víctimas será vilmente condenado por haber usado las armas del estado, bajo el mando del estado, para contener a esos hampones? La justicia de los hombres aplicada en Alemania entre 1932 y 1945. La justicia de los hombres aplicada en el sur de los EE.UU. en la primera mitad del siglo XX. Hay muchos ejemplos de la justicia de los hombres que apestan: que son injustas. Pero eso no pasa con la justicia divina, ni con la justicia poética, ni con el karma.

Es reconfortante saber que el mal no prevalecerá. Es reconfortante saber que las víctimas serán resarcidas en el más allá y los victimarios serán castigados. Es reconfortante creer que todo saldrá bien aunque lo que vemos nos indique que todo está saliendo mal. Una fe que nos ayuda a aceptar lo que creemos que está mal porque al final estará bien. ¿O no?

Estamos creyendo con el deseo. Creemos en una justicia final administrada por alguien infalible como Dios o como el universo panteísta, no porque tengamos evidencia de esa justicia sino porque es desesperanzador pensar diferente. Pero la esperanza no hace las cosas verdaderas. El universo no deja de ser indiferente porque esa indiferencia sería desesperanzadora. Dios no existe porque la idea de un mundo sin el administrador final de justicia sea inaceptable. La esperanza, si bien ayuda a mitigar el dolor, también se convierte en abandono. Dejamos de creer que podemos hacer algo para cambiar las cosas porque, finalmente, Dios o el universo se encargarán de rectificar lo que nosotros no logremos.

Pero, incluso cuando sea inevitable pensar que nuestro esfuerzo será futil, la esperanza no convierte nuestros deseos en realidad. El universo seguirá siendo indiferente y Dios, si existe, no será menos indiferente de lo que ha demostrado ser. Las cosas no son como son para nuestra complacencia.

Santo Tomás de Aquinas y sus cinco vías para la fe.

Entre más investigo a Dios y los argumentos y evidencias presentadas a su favor, menos sentido tiene su existencia. Una línea de argumentos son los argumentos de primera causa o argumentos cosmológicos. Tomás de Aquinas presenta un par de ellos: todo lo que se mueve es porque algo causó que se moviera, y ese algo fue causado por otra cosa, y así sucesivamente. Esta regresión de causas no puede ser infinita porque, de lo contrario nunca hubiera comenzado. Hay por tanto una primera causa y esa es la que llamaremos dios. Pero Tomás de Aquinas no cree en un dios impersonal, un primer motor inmóvil. Él cree en un dios personal que nos acompaña en la historia y administrará la justicia última. El apologista cristiano William Lane Craig expone dos tipos de argumentos cosmológicos: el argumento cosmológico desde la contingencia (todo tiene una razón de ser, bien sea causada o como atributo intrínseco de su naturaleza; ser no es un atributo intrínseco del universo por lo tanto debe haber una razón última y esa razón es Dios, quien por necesidad y naturaleza no es causado) y el argumento cosmológico de la teología natural musulmana o kalām (todo lo que comienza a ser es causado, el universo comenzó, por lo tanto el universo es causado y esa causa necesariamente es Dios).

La cosmología de Tomás de Aquinas y del kalām podría ser convincente cuando nuestro marco de referencia era la experiencia diaria humana, cuando nuestra intuición y nuestro sentido común se limitaba a las cosas a nuestro alcance. Aunque aún dentro de este marco de referencia no veo porqué la regresión infinita sea ilógica, aunque es probable que mi aceptación lógica de este concepto venga de mi entrenamiento como matemático e ingeniero donde los cálculos bien pueden hacerse asumiendo un tiempo infinitamente negativo. La física moderna nos trae dos concepto que ni Tomás de Aquinas ni el kalām conocían, pero que William Lane Craig sí los conoce a fondo aunque decide ignorarlos: la concepción B del tiempo de la teoría de la relatividad y la no causalidad de la mecánica cuantica.

En el marco de referencia de la experiencia humana, las cosas son causadas por eventos previos. Pero cuando la relatividad nos dice que no existe la simultaneidad ni, por ende, el concepto de previo; cuando al comparar el universo tal como lo vemos por un telescopio: un universo en expansión, con la probada teoría de la relatividad, concluímos que hace 13,8 mil millones de años el tiempo y la causalidad tal cual la conocemos no tiene sentido en ese punto; cuando la mecánica cuántica nos muestra que las cosas a muy pequeña escala no se comportan como nuestro sentido común lo sugeriría; que las cosas sí pueden aparecer de la nada, sin causa: entonces todas las premisas de los argumentos cosmológicos se desmoronan.

William Lane Craig en sus respuestas a lo que el llama nuevo ateísmo, una y otra vez sigue recurriendo a la falacia de apelar al sentido común cuando el bien sabe que el sentido común no aplica a la existencia del universo.

Una respuesta común de varios apologistas es preguntarse porqué existen las cosas en lugar de no existir. El hecho de que las cosas existan, de que el universo exista, es una prueba de que un dios creador existe. Pero la pregunta sigue estando sin contestar: ¿por qué existe un dios creador en lugar de no existir? Desde luego aquí podemos bien caer en una lógica circular: el dios creador existe porque el universo existe y sabemos que el universo existe porque lo estamos viendo y si no fue creado no existiría. Pero ahí hay un paso extra que bien podemos omitir: si podemos admitir la existencia necesaria de Dios sin que este haya sido creado, bien podemos admitir la existencia necesaria del universo sin que este haya sido creado.

Y peor que cualquier argumento trascendental es el presuposicionalismo bíblico de Sye Ten Bruggencate.

Luego está toda la gama de argumentos trascendentales. El conocimiento existe porque existe Dios, o la moral existe porque existe Dios, o la lógica existe porque existe Dios, etc. Siempre que he discutido esos argumentos encuentro al menos una de dos trabas mentales: la terquedad de no admitir explicaciones diferentes o el deseo de que exista un patrón absoluto del conocimiento, la moral y la lógica. Esto último es pensar con el deseo, con el mismo tipo de deseo con el que deseamos la existencia de la justicia divina, y es creer que las cosas son porque así las deseamos.

Sobre saber y creer

¿Qué diferencia hay entre creer y saber?  [(verdades{conocimiento)creencias}] Según cierto diagrama que he visto circular lo que sabemos (conocimiento) no es más que la intersección entre lo que creemos (creencia) y lo que es (verdades o realidad).  El diagrama parece útil para definir conocimiento pero es inútil para ponerlo en práctica porque desde nuestra perspectiva del mundo no hay forma de saber qué de lo que creemos corresponde a la realidad y qué no.  Al menos no en los niveles más profundos del razonamiento sobre la existencia.

¿Existe la realidad?  Bueno, está ahí, la podemos percibir: es tangible.  ¿Cuál es la naturaleza de tal realidad?  Lo que un físico teórico nos dice sobre el mundo desde su disciplina, lo que nos dice sobre el espacio y el tiempo, sobre el mundo de lo muy pequeño (mecánica cuántica) y lo muy grande (cosmología) es bien distinto de lo que nuestra percepción inmediata nos muestra.  Lo que percibimos como un objeto sólido sería una colección de partículas subatómicas en constante movilidad que en conjunto reaccionan con las partículas subatómicas que reconocemos como nuestro cuerpo.  Si algo pasa después de nuestro presente es algo que pasa en el futuro, pero un observador en adecuado movimiento podrá ver que ese futuro ya existía cuando ocurrió nuestro presente.  El tiempo, dentro de la realidad de un físico teórico, es diferente al tiempo de nuestra experiencia.  Nuestro sentido común nos ayuda a vivir a cierta escala, pero no nos ayuda a entender el universo tal cual lo conocemos a otras escalas.

[Belleza americana] Pero no necesitamos entrar a la minucias de la física teórica.  Basta con ver nuestros propios sueños.  Durante la ensoñación nuestra mente vive una realidad distinta a la que conocemos como la realidad cuando estamos despiertos.  Pero no lo sabemos.  Durante la ensoñación nuestra mente está atrapada percibiendo impulsos de otras partes del cerebro (visión netamente materialista) o de otro tipo de realidades (visión espiritualista) y normalmente ante la duda cualquier prueba ingenua de determinar si estamos soñando o estamos despiertos nos dirá que estamos despiertos.  A veces despertamos y recordamos el sueño y descubrimos lo absurdo que era o algo que nos debió haber dado una pista de que era un sueño y no la realidad.  Pistas como la ausencia de color o de olores, o de la presión de la gravedad sobre nuestros cuerpos.

[Inception Totem] Pero durante el sueño no nos percatábamos de esas pruebas.  Donde surge nuestra pregunta: ¿y si lo que conocemos como realidad cuando estamos en vigila no es más que otro sueño en el que creemos estar despiertos? ¿Cómo podremos saberlo? ¿Cómo sabemos que no somos una simulación en un supercomputador? [The Matrix] ¿Cómo sabemos que no somos entes inconscientes conectados a una matriz?

El solipsismo es la creencia o conjetura de que la realidad no existe, pero dudo mucho que la mayor parte de las personas que alguna vez hayamos esgrimido el argumento solipsista guardemos la convicción de que la realidad efectivamente no existe.  El verdadero peso del argumento no está en creer en el solipsismo sino en reconocer que no hay una forma completamente certera de saber que la realidad existe.  Reconocer esto nos lleva a pensar que definir al conocimiento como el conjunto que creencias que tenemos y que sí corresponde a la realidad es una definición inútil.

René Descartes lo llamaba la duda metódica.  El sabía que nuestros sentidos son falibles.  Si tengo mi mano derecha entre agua halada y la izquierda entre agua hirviendo y tras un rato paso ambas a un recipiente de agua tibia, mi mano derecha me reportará que el agua está caliente y la izquierda nos dirá que está fría.  Existen visiones, alucinaciones, errores, prejuicios y muchos otros factores que obstaculizan nuestra percepción de la realidad así que debemos es usar la razón y no la experiencia como guía de qué es verdadero o falso.  Cogito ergo sum es el latinajo que mejor resume su principal y más aceptada conclusión.  Para mí es una realidad que yo existo porque soy yo quien está percibiendo, dudando, pensando.  La naturaleza de quien soy yo es otra cosa, pero yo existo.  Y en segundo lugar existe un origen de mis percepciones la cual, de acuerdo a la teoría materialista de los sueños, bien puede ser otra área de mi propia existencia, pero por el momento la llamaré realidad.  Este razonamiento no nos dice nada sobre la naturaleza de la realidad, sólo sobre su existencia.

Yo existo y la realidad existe.  Para determinar la naturaleza de la realidad y mi naturaleza el solipsismo, la duda metódica y otros mecanismos dejan de ser útiles.  [External World Excepticism] El youtubero AntiCitizenX nos presenta dos capas adicionales entre la realidad y el yo: la percepción (cómo percibo la realidad) y el lenguaje (cómo describo lo que percibo).  Creo que el modelo es adecuado.

[Longitudes de onda] Si pienso en la realidad como todo el universo (y el universo de acuerdo a las teorías modernas sobre el cosmos), lo que percibo de la realidad directa e indirectamente es apenas una fracción.  Mi visión es limitada a ciertas longitudes de onda y a la existencia de luz y objetos opacos, mi audición se limita a ciertas frecuencias y potencias, mi tacto sólo a lo que está en mi entorno inmediato, etc.  Pero además de mi experiencia inmediata poseo la habilidad de comunicarme y enriquecer mi percepción del mundo con las experiencias, alucinaciones e invenciones de otras personas que me hayan sido comunicadas directamente o a través de lecturas y documentales.

Pues bien, yo creo que la realidad existe, que esa realidad es el universo y que dentro de ese universo en una no muy impresionante galaxia, en un sistema planetario al rededor de una estrella mediana, en un pequeño planeta rocoso, existo y comparto mi existencia con miles de millones de otras personas vivas por no hablar de plantas y animales y objetos creados o no por el hombre.

No tengo forma de probar esta creencia por encima de cualquier duda filosófica, pero es tan fuerte esta convicción que podría apostar mi propia existencia a que esa es la realidad.  Al menos si no entramos en demasiados detalles.

No tengo forma de saber cuales de las cosas que creo corresponden o no a la realidad.  Puedo evaluar si lo que creo contradice o no a la realidad percibida, pero incluso un conflicto en este caso: algo que creo pero se contradice con la realidad percibida, no implica que creo algo falso sino que puede significar que no percibo correctamente la realidad.  Por ejemplo si creo que mi cuerpo y los objetos sólidos con los que interactúo no son más que colecciones de partículas subatómicas gobernadas por fuerzas y que es imposible tocar las cosas (adposición real de las partículas de un objeto con las partículas de mis dedos), eso contradice mi experiencia de tocar objetos, pero lo puedo explicar en que mi percepción de tocar no es más que una percepción útil pero desconectada de la realidad de la física de partículas.

U otra forma de verlo es que “tocar” no significa lo mismo al nivel macro de la experiencia humana que al nivel micro de la física cuántica.

Ahora bien, mi experiencia directa carece de la existencia de Neptuno como un cuerpo celeste.  He visto a Venus, a Marte, a Júpiter y a Saturno.  Por telescopio he visto las lunas galileas de Júpiter.  Desde luego he visto al Sol y a la Luna.  Pero salvo modelos, fotos en libros y en programas de televisión, nunca he tenido una vista directa de Mercurio, Urano o Neptuno, ni, desde luego, Plutón.  Pero doy suficiente credibilidad a las fuentes que me hablan de Neptuno que asumo que es una realidad.  La existencia de Neptuno está dentro de lo que estoy en capacidad de verificar por mi mismo, construyendo un telescopio (para asegurarme que no es una pantalla con gráficos generados) y apuntando a donde deba estar, pero a lo que no dedicaré mi tiempo a intentarlo.  Muchas otras cosas que creo que existen y las que no pongo en duda caen por fuera de lo que podría verificar directamente: la existencia de los átomos y las moléculas; la existencia de planetas extrasolares; la existencia de agua en otras galaxias; la existencia de personajes históricos como George Washington o Simón Bolívar; el origen de la humanidad y de nuestro sistema solar.

[Nara 奈良] He viajado en avión y conocido lugares como Estados Unidos, Europa, China, Australia y Japón.  ¿Qué garantía tengo de que no me metieron en un simulador que fue transportado una corta distancia a un lugar cercano donde actores hablaban diferente y muchas cosas se veían y olían diferente?  Ninguna.  Pero no creo que eso tenga mucho sentido que alguien haya tratado de engañarme de esa forma para que yo crea que el mundo es grande y tiene diferentes husos horarios.  El principio de la navaja de Occam me lleva a pensar que el mundo es real, que mis viajes en avión fueron reales, que esos países existen y están todos en un planeta al que llamamos Tierra, así como son reales los países que aprendí en la escuela y veo en los noticieros.

Estas son creencias que no cuestiono más allá de una especulación filosófica.  Yo existo, el mundo existe, los objetos y las personas a mi alrededor existen y usted, querido lector, existe.  Y creo que existen, que existimos, más o menos como lo percibo haciendo salvedades como qué significa “tocar” y “ver” entre lo que percibo y como una realidad modelada como física de partículas implicaría.

Por otro lado hay una serie de cosas que creo sin mayor fundamento.  Creo que es más favorable para la humanidad el progreso tecnológico dado por el conocimiento compartido que el que surge de motivaciones monopolísticas.  Ésta es una idea política que va a la par de mi ideario pirata pero ¿puedo asegurar que es verdad?  No tengo las herramientas históricas para evaluar información pasada ni los recursos económicos para hacer un experimento social a gran escala que pueda decir si mi opinión sobre la propiedad intelectual es más acertada que la de otros.  Este tipo de creencias es más una opinión que una certeza, aunque tengo bases para creer que ésta en particular es una opinión fundamentada.

¿Es mejor como política de estado propiciar el crecimiento económico para que una economía próspera beneficie a los menos afortunados? ¿O es necesario que se ayude a los menos afortunados primero, aun a costa de retrasar el crecimiento económico, para garantizar luego la masa crítica que propicie un crecimiento real?  ¿O no existe tal cosa como los menos favorecidos sino personas que tomaron decisiones y se atienen a sus consecuencias y la labor del estado no es ayudar a éstos que representan una carga social?  Lo más probable es que la opinión que usted tenga sobre estas preguntas no corresponda a una verdad verificable sino a una opinión que bien puede estar dada por su situación social y conveniencia (me conviene que el estado invierta en mí o no me conviene que el estado tome de mi plata para invertir en otros), prejuicios (desconfío de los liberales/de los conservadores), observaciones no sistemáticas generalizadas (a los pobres cuando le regalan plata se la toman / el origen de la pobreza es el impulso de los ricos de seguir acumulando), el deseo (el mundo sería más placentero si lo que creo que es verdad es verdad), etc.

No implico que toda creencia en ciencias sociales en general y en economía y política en particular carezca de convicción o no tenga bases empíricas pero sí creo que en su gran mayoría las bases empíricas para confirmar o falsear cada una de estas tesis es demasiado poca y, en algunos casos, imposible o, por lo menos, impráctica.

No es que yo carezca de convicción sobre las tesis del partido pirata, sólo que no puedo afirmarlas como verdaderas con la misma certeza con las que afirmo que soy un ser humano que convive con su familia y sus gatos y ocasionalmente escribe en un blog.

Entonces hay cosas que creemos con plena certeza y cosas que creemos por opinión.  Cosas que creemos porque las hemos experimentado de primera mano y cosas que creemos porque damos credibilidad a otras personas.  También, entre las cosas que creemos hay cosas que creemos importantes y otras que creemos triviales y cosas que creemos convencidos y creencias que reconocemos como temporales.

Cuando miro la carta de un restaurante para escoger qué voy a cenar, parte de la decisión es una creencia: ¿me sentiré más satisfecho si ordeno un bistec o si ordeno unas costillitas de cerdo?  La resolución de ese dilema es una creencia temporal.  Hoy siento que tal plato me satisfará más que tal otro.  Tal vez me equivoque en la creencia, pero es importante tomar una decisión.  Cuando estoy evaluando candidatos para votarlos en un puesto público escogeré al que creo mejor (o menos malo, o más afín ideológicamente).  Tal vez me equivoque, pero no tengo el tiempo ni los recursos empíricos para convertir esta creencia temporal en una convicción.

Lo que creemos está lleno de matices.  Entre la certeza y la mera especulación; entre la convicción y la temporalidad de la creencia; entre la importancia de estar en lo correcto y la intrascendencia del tema.  Entre la correcta descripción de la realidad (conocimiento) y la incorrecta (creencia errónea).

El problema con la correspondencia entre nuestras creencias y la realidad, reitero, es que no es falseable.  A lo más puedo corresponder mi visión del mundo (creencia) con la realidad percibida, pero no puedo asegurar que la realidad percibida sea realmente la realidad.  La única herramienta que realmente tengo es el juicio que yo puedo hacer sobre lo que yo creo y el contraste frente a lo que otros me comunican que ellos creen.

AntiCitizenX llama epistemología al valor de verdad que, a la luz de un marco filosófico, puedo dar a una proposición.  El juicio que yo puedo dar a una proposición para saber si creo que es verdadera o es falsa.

Frente a los debates que he visto últimamente con respecto a la nueva era por un lado y el presuposicionalismo apologético al otro frente al escepticismo materialista, puedo ver al menos tres posiciones epistemológicas distintas.

La epistemología sobre la cual se basa el método científico es el pragmatismo.  Una proposición es (temporalmente) verdad si usando tal proposición se obtienen resultados esperados.  El concepto de falseabilidad nos lleva a probar si una proposición temporalmente verdadera es absolutamente verdadera tratando de probar que es falsa, pero la falseabilidad no nos dice que sea absolutamente verdadera si pasa la prueba, solo que sigue siendo temporalmente verdadera.

La ciencia termina hablando de dos tipos de proposiciones: hipótesis falseables y no falseables.  Las primeras pueden ser temporalmente verdaderas o probadas falsas.  Las hipótesis no falseables, por otro lado, son irrelevantes pues no sirven para hacer predicciones.

Un pragmático que se adhiere al materialismo metafísico dirá que las proposiciones no falseables deben ser tomadas como falsas.  Primero: no tienen ningún valor pues las decisiones tomadas con base en esa creencia no tiene efectos medibles.  Segundo: tomar tales proposiciones como verdaderas nos llevan a ignorar proposiciones útiles.  [Isaac Newton] A los 27 años Isaac Newton había inventado el cálculo, formulado las leyes de la mecánica clásica y propuesto la teoría de la gravitación universal.  Corroboró que una fuerza de inverso del cuadrado de la distancia que se derivaría del principio de conservación de la materia, era compatible con el modelo de Keppler de las órbitas de los planetas.  Encontró que el modelo para múltiples cuerpos (p. ej. todo el sistema solar conocido hasta entonces) era demasiado complejo.  Determinó que el problema era irresoluble por métodos matemáticos y concluyó que Dios era necesario para garantizar la harmonía observada.  Dios solucionó el problema para Newton.  El resto de su longeva vida se dedicó a intentar destruir a Leibniz (quien probablemente inventó el cálculo independientemente al mismo tiempo que Newton, o tal vez sólo mejoró la notación), a experimentar con la alquimia y a elucubrar sobre la naturaleza de Dios, sin un solo aporte adicional a la ciencia.

Sin usar nada distinto al cálculo inventado por Newton, Lagrange resolvió el problema de las órbitas harmónicas de los planetas, sin necesidad de recurrir a una explicación externa tal como Dios.  Al introducir una hipótesis no corroborable ni falseable (Dios), Newton resolvió su problema pero no halló la solución al mismo.  El materialismo nos lleva, por lo tanto, a descartar proposiciones que no se pueden corroborar o falsear.
Pero, insisten otros, que no sea falseable no significa que sea falsa.

[El secreto] Existe una realidad más allá de lo que la ciencia puede probar.  Los presuposicionalistas dirán que tal realidad es Dios.  Los esotéricos encontrarán otras posibles verdades tales como El secreto o la Ciencia Espiritual.  Los conspiranoicos insistirán en que el materialismo no es más que una invención de los illuminati para convencernos de esa conspiración llamada ciencia.

[Ken Ham] En la epistemología esotérica, el valor de verdad de una preposición está determinado por la paz mental interior que siente la persona que la observa.  Para un creacionista como Ken Ham la epistemología se reduce a la biblia: ante una contradicción entre el mundo observado y la biblia la biblia siempre tiene la razón y hay que refinar la observación o la hipótesis para que sea conforme a la biblia.

[Sye Ten Bruggencate]

How do you know?

El presuposiocionalismo, o al menos la versión bastardizada del mismo que formula Sye Ten Bruggencate parte de que el único conocimiento posible parte de Dios y que éste es absoluto, conocible únicamente por revelación y todo lo demás que digamos conocer (incluyendo aquello que conocemos por la observación y que contradice aspectos de cierto dios cristiano) es una prueba de Dios (entendiendo por Dios al dios cristiano).

Ninguna de estas epistemologías alternas, sin embargo, muestra el nivel de resultados que muestra la epistemología pragmática.

La ciencia nos ha llevado a la luna.  La fe nos llevará al cielo.  Salvo que no hay evidencia alguna de que exista algo llamado cielo a donde vayan nuestras almas al morir nuestros cuerpos, como tampoco hay evidencia de la existencia de almas por fuera de nuestros cuerpos.  Ni de almas que migren de persona en persona en procesos de reencarnacion, ni almas que abandones nuestros cuerpos mientras dormimos, ni de ninguna interpretación dual de un alma separada de nuestros cuerpos.

Blaise Pascal nos decía que no perdíamos nada con la fe, pues si la hipótesis materialista es real, entonces creyentes y ateos sufrirán la misma suerte después de muertos, pero si la hipótesis cristiana es real los ateos estamos arriesgando una condena eterna.  Pero eso es una falsa dicotomía.  El cristianismo no es la única alternativa al materialismo.  El karma reencarnado de ciertas ideologías orientales dan más peso a nuestros actos en vida para que nuestras almas migrantes avancen que a nuestras creencias.  Si esta hipótesis fuera cierta el cristiano que pide perdón de sus crímenes a un dios inexistente reencarnará en un ser inferior por no haber reparado con las víctimas sus crímenes, mientras que el ateo que busca una vida justa se verá recompensado aún sin haber creído, o muchas otras visiones del mundo nos darán diferentes versiones que cual será la mejor apuesta.

¿Será mejor buscar la paz mental propia aún a costa de nuestra salud y del bienestar de todos los demás?  ¿O buscar el cielo y hacer lo posible por no ir al infierno?  ¿U obrar lo mejor posible para ser recompensados con una mejor vida cuando reencarnemos?  ¿O dejo que mi empatía dicte el curso de lo que considero lo mejor para mis semejantes independientemente de mis consecuencias personales?  ¿Qué sistema de creencias me ayudará mejor a buscar mis propios objetivos?  ¿Qué epistemología me llevará a discernir qué es verdad o no de acuerdo a estos objetivos?

Y, finalmente, ¿si logro mis objetivos aun cuando lo que creí cierto era realmente falso, fue importante insistir en que mi verdad era la verdad?

Y la pregunta más importante de todas: en una pelea entre Hulk y Gokú ¿quién gana? [Goku vs Hulk]

Navidad

En mi casa a veces me han llamado Grinch porque no me gusta decorar la navidad en noviembre, y dada mi poca religiosidad también me lo achacan a que soy un Grinch por ser ateo. La verdad me parece incorrecta esa apreciación porque la navidad sí me gusta (aunque en alguna época si tuve mi periodo Grinch).

Cuando era niño y estudiante en un colegio de calendario A, al terminar el año lectivo a finales de noviembre habían en mi casa (y en la ciudad en general) pocas manifestaciones de la temporada navideña que se avecinaba. Estaba el día de las velitas como un preámbulo, pero la temporada navideña comenzaba el 16 de diciembre junto con la novena de aguinaldos. El 16 de diciembre era el día para tener armado el pesebre y el árbol.

Nuestro pesebre, armado a mediados de noviembre y que no sobrevivió a los gatos.

Entonces estaba la novena de aguinaldos. Nueve días para compartir con la familia y los amigos de la familia el espíritu festivo de la navidad. Para comer natilla y buñuelos, ver cómo habían armado el pesebre en las otras casas. Poner luces en las ventanas y ver los Pesebre (con burro, buey, abeto, menorah y Papá Noel)desorganizados espectáculos de pólvora de los vecinos y de cuando en cuando participar en uno de ellos.

El 24 terminaba la novena y con la gran celebración familiar de nochebuena. Como niño que era lo importante eran los regalos que habían descansado debajo del árbol los días anteriores y que por fín podríamos abrir. Luego, a medida que crecía y mi apetito de adolescente aumentaba la cena navideña empezó a sentirse importante. Los tamales de mi abuelita (que nunca he visto similares en el comercio), el pavo que deshuesaba y rellenaba mi papá, y todas las demás viandas que acompañaban el festejo.

Para mí la navidad siempre ha sido la nochebuena. El 25 era el día de estrenar los juguetes. De desayunar los tamales arriba mencionados, hacer algunas visitas (una importante era a donde mi tío, pues su esposa cumple ese día), o descansar. Por los próximos tres días la dieta giraba alrededor del pavo. Llegaba luego el 28 de diciembre y la celebración del día de los inocentes sin que de mi parte hubiera habido una broma memorable que yo haya perpetrado o me hayan perpetrado.

Cada uno de estos días con mi hermana íbamos al pesebre a colocar a los Reyes Magos cada vez más cerca del nacimiento.

Pasaba la celebración de Año Nuevo (igualmente, lo importante era despedir el año la noche del 31 porque el primero de enero era y es el día de no hacer nada), y poco a poco hacíamos la cuenta final de la temporada navideña cuando el 6 de enero lo Reyes Magos llegaban a dónde el Niño Dios y ya podíamos desmontar el pesebre, el árbol, las luces y toda la demás decoración navideña.

La temporada eran esos 22 días entre el 16 de diciembre y el 6 de enero. Unos días que disfrutaba realmente. Y tal vez en eso influya mi resistencia a que el comercio tenga decorado de navidad desde septiembre y a que los vecinos ya hayan llenado de luces sus casas desde mediados de noviembre.

Si a eso le sumamos mi cumpleaños finalizando noviembre, suficientemente cerca a la navidad como para que uno que otro pariente decidiera que podía matar dos regalos con uno solo, eso contribuye a mi aprehensión hacia las navidades novembrinas. ¡Yo no cumplo en navidad! ¡Yo cumplo en noviembre!

Papá Noel – imagen por Matti Mattila licenciada bajo Creative Commons

La otra cosa que resiento de la navidad hoy en día es cómo la mitología autóctona de la navidad ha venido cediendo a la mitología gringa de Santa Claus, los renos y los muñecos de nieve. Hace un par de años estaba bajando unos villancicos tradicionales de Youtube y encontré una versión de Mi burrito sabanero. En ese momento no le presté mucho cuidado, pero hace poco revisando lo que tenía en mi colección de videos, lo encontré y lo estuve mirando. Y me estuve decepcionando. Estamos hablando de una canción del folclore hispano (no sé de qué país sea originalmente) sin una letra muy profunda: se trata de un burro con el que se quiere ir a Belén (se entendería que al nacimiento de Jesús).

Pero en todo el video de marras no había una sola imagen de un burro, ni de Belén, ni del nacimiento de Jesús, ni de ninguna tradición hispánica de la navidad. Eran puras imágenes de abetos adornados, muñecos de nieve, personajes de Disney con gorros de Santa Claus, renos (realmente venados con cornamentas de reno), Papás Noel, etc.

Ahora, no me malentiendan. En mi casa siempre se ha adornado un abeto artificial y lejos estoy de ser un xenófobo que busca eliminar las invasiones foráneas a nuestras tradiciones. Disfruto de la mitología de Santa Claus tanto como de la mitología del Niño Dios. He vivido un par de navidades en Suecia disfrutando de la nieve y de las galletas de gengibre y el glög (no sólo esas dos navidades), de los muñecos de nieve y las imágenes del Jultomte con renos de verdad (renos lapones y no venados gringos); pero sí existe esa sensación de que algo se pierde cambiando una imaginería por otra.

Supongo que en parte por ello es que aun conservo la esperanza de terminar mi proyecto de la novena de aguinaldos.

Pesebre (con burro, buey, abeto, menorah y Papá Noel)

Para mí la navidad sigue siendo el 24 de diciembre y la temporada navideña esos 22 días que inician con la novena. Donde independientemente de que en la Biblia no se mencione a un burro y a un buey, celebramos ese mito que nos afianzó Fray Fernando de Jesús Larrea donde está María diciéndole fiat al Espíritu Santo, viajando a lomo de burro desde Galilea hasta Belén para cumplir el precepto de un príncipe extranjero y Jesús naciendo entre sus criaturas irracionales porque las racionales le habían negado posada.

Ese mito de un diorama del nacimiento en el que ninguna figura está a escala, hay cisnes nadando en lagos de espejo, ovejas más grandes que las casas, leones y soldados de juguete, y un rey de cada color caminando hacia donde nace el Niño Dios.

Y, una época donde eso que pasó o no pasó en Belén o en el Polo Norte nos recuerda que podemos compartir con los demás, y en la que quienes viven su espiritualidad de una forma diferente a la mía usen también la temporada como pretexto para encontrarse con ella o compartir con los demás.

Sí. Celebro la navidad del Niño Dios, y también la navidad de Papá Noel y del árbol de Navidad. Y de cantar villancicos. Y de reunirnos con familiares y amigos. Y de prepararle la sorpresa a los chicos.

Y aún espero ayuda con mi novena.

La ley de la papaya

A veces termina uno metido en unos estrambóticos debates en Twitter, probablemente porque la tiranía de los 140 caracteres nos lleva a fraccionar o simplificar las ideas y estas no son tan claras como uno quisiera expresarlas, o porque sencillamente tenemos una tendencia a observar el mundo de tal forma que confirmemos el juicio que ya hicimos del mismo y no con la mente abierta de pensar si encontramos nueva información para corregir nuestra preconcepción.

Uno de los temas álgidos del debate que se está dando es de la relación entre lo que algunos percibimos como el sentido común de la prevención y el deseo de poder disfrutar de la vida sin tener que preocuparnos de lo que no debería ser problema.

A mí me gusta caminar por la ciudad y he caminado a diferentes horas en diferentes partes de esta y otras ciudades, en ocasiones con mayor o menor temor de diferentes amenazas como toparme con asaltantes armados en Bogotá o con bandas de muchachos xenófobos en Yokohama.  A veces los temores pudieron haber estado injustificados y a veces mi falta de prevención pudo haber rayado en lo insensato.  Afortunadamente no tengo nada que lamentar, como desafortunadamente muchas otras personas más precavidas que yo sí tienen episodios trágicamente lamentables en sus vidas.

Como padre de un par de muchachos (niño y niña) que estarán entrando a la adolescencia en los próximos diez años entiendo que mi responsabilidad va mucho más allá de las precauciones individuales que tomo o no tomo cuando salgo a caminar, sino que incluyen el poder que tengo como ciudadano de formar la sociedad y más cuando entre las posibles formas que he previsto he considerado la participación directa como hacedor de leyes.

Quiero que mis hijos crezcan y disfruten de la vida con muchos menos temores de los que yo tuve.  Y que disfruten más.  No quiero tenerlos resguardados en una jaula ni en la protección de cuatro paredes sólo para que no les pase nada, sino que salgan y se la gocen.  Pero tampoco quiero que sean insensatamente temerarios y que crean que pueden hacer lo que quieran sin asumir responsabilidades por sus decisiones.

Pero si quiero que disfruten más, teman menos y no les pase nada, hay muchas cosas que puedo hacer como padre y ciudadano.  Debo darles libertad para que vayan y disfruten, pero debo darles límites que por un lado refuercen su confianza y por otro su responsabilidad.  Debo procurar una sociedad que no los trate como delincuentes por ser adolescentes, ni los desampare.  Debo buscar que la sociedad no les sea hostil cuando ellos estén en lo correcto ni cuando ellos se equivoquen.

No quiero que mi hijo el día de mañana sea acusado, falsa o correctamente, por una violación, ni que mi hija sea víctima de una.  Ni al contrario.  Que ninguno de ellos, al calor del alcohol y sus hormonas, no sepa controlarse; ni que actuando correctamente de pie a una falsa acusación; ni que sea víctima de quien no pudo controlarse o de quien creyendo actuar correctamente no lo hizo.  Debo enseñarles donde están sus propios límites porque a partir de ahí están los derechos de las otras personas.  Y debo enseñarles a que establezcan sus límites frente a los demás para que no sean ellos los abusados.  Y debo enseñarles a que sean precavidos sin vivir asustados.  A que puedan explorar y disfrutar más allá de la zona segura que yo pueda construirles.  Quiero que mi hija pueda seguir luciendo sus minifaldas que hoy disfruta en su inocencia infantil sin que eso sea una invitación a que la traten como ella no merece.

Quiero que los otros muchachos y muchachas (y hombres y mujeres más maduros) que mis chicos puedan encontrar no sean una amenaza para ellos.  Que los demás sepan respetar la voluntad de mis hijos.  Que no abusen de mis hijos ni les hagan daño.  Que sepan que si mi hija o mi hijo dicen no, entonces es no.

Quiero que los demás respeten a mis hijos porque lo correcto es respetar a los demás.  Porque, así como espero enseñarles a mis hijos el respeto al otro, a ellos otros también les hayan enseñado a respetar.  Que este mutuo respeto a nuestros mutuos derechos sea por convicción de vivir en una sociedad y no sólo por temor a la policía y los jueces que los condenarán, porque finalmente si la única razón de actuar bien es el temor al castigo, la otra solución es actuar mal y ocultar el hecho.  Pero no soy ingenuo de pensar que todos los demás (o mis propios hijos) se portarán bien sólo por convicción.

Entonces también quiero una legislación que proteja a las víctimas y un estado capaz de hacer cumplir esa protección, tanto preventiva como punitivamente.  Que el potencial agresor de mis hijos se restrinja porque sabe que el riesgo de que lo atrapen es alto.  Que el potencial agresor de mis hijos se restrinja porque sabe que si lo atrapan no tendrá excusas.

Pero esto también es ingenuo.  Es ingenuo en un país donde los ciudadanos normalmente respetan la ley porque siempre hay casos de predadores humanos que creen que pueden salirse con la suya y de predadores humanos a quienes no les importa las consecuencias.  Lo decía arriba.  Si la única razón para no hacer algo es el temor al castigo, muchos interpretarán que el verdadero problema para sí mismos no es cometer el acto prohibido sino dejarse atrapar.  Con suficiente legislación puedo proteger a mis hijos de los ciudadanos temerosos de la ley, pero no los puedo proteger de quienes carecen de ese temor.

Y en la Colombia donde mis hijos viven y probablemente vivirán cuando sean adolescentes y adultos jóvenes, los ciudadanos no nos caracterizamos por nuestro respeto a la ley.  Esto es algo que va mucho más allá del machismo o de una visión machista de la sociedad sino que se ha cimentado en años de guerra y de un estado que por años ha servido más al interés de los agentes de poder que al interés del ciudadano común.

Así yo logre entrar al congreso y desde allí impulsar y lograr aprobar las leyes correctas para que Colombia no sea un país machista donde impere la ley de la papaya no voy a lograr generar el cambio a tiempo para que mis hijos estén 100% seguros.  O 98% seguros.

Para mí no es solamente ingenuo sino que es irresponsable pretender que porque la culpa moral y penal recaiga en el potencial abusador de mis hijos, eso signifique que yo no tenga el deber de enseñarles a ser cuidadosos; porque sé que la culpa moral y penal del potencial abusador no es suficiente para que estén a salvo.

Cerca del 1% de la población humana carece de empatía: el cimiento del comportamiento moral y de que hacer daño a los demás está mal independientemente del posible castigo, y el 1% de 47 millones de colombianos son 470.000 psicópatas que si bien no todos serán violentos, su número no es despreciable.  Sumado a esto una de las más probadas tácticas de reclutamiento de menores para la guerra (también aplicable a adultos jóvenes) es borrar la empatía.  Esto es algo que hace la guerrilla.  Es algo que han hecho los paramilitares.  Es algo que también hace el estado cuando se enfrenta a una guerra, y es algo que hacen las pandillas en las calles.  Demasiadas personas para ser controladas sólo por leyes.

Sumemos la esquizofrenia y su capacidad de ocultar la realidad.  Sumemos la depresión clínica (que podría afectar hasta un 20% de la población) y la capacidad que tiene ésta de que a una persona normal no le importen en algún momento las consecuencias de sus actos.

Y sumemos todos los posibles peligros que no tienen como origen a otra persona como salir a acampar a un sitio seguro (libre de delincuentes humanos) pero perderse en el camino, caer por un barranco o toparse con un animal de presa o una alimaña ponzoñosa.

Ningún esquema de seguridad será 100% efectivo.  A un vecino se le puede escapar la boa que guarda como mascota y asfixiar a nuestro hijo en la seguridad de su habitación.  Puedo vivir en un edificio que resiste temblores de 7,5 pero estar justo el día del terremoto haciendo una vuelta en un edificio que no es sismorresistente.  Puedo prohibirle a mi hija ir a fiestas en minifalda pero justo está viajando en un bus que secuestran delincuentes altamente armados.

Por más que la prevención no sea 100% efectiva.  Por más que la sociedad sea 99% segura frente a amenazas originadas por otras personas, eso no significa que no debo enseñarle a mis hijos normas básicas de prevención.

Y por más que yo les enseñe prevención, ellos también pueden decidir no seguir mis consejos.

A mí no me gusta, aborrezco, la cultura de la papaya en Colombia.  Me parece que un alcalde, como jefe de la policía, no debe limitar su acción frente al crimen al consejo de no dar papaya.  Para mí es inaceptable que un juez absuelva a un victimario porque la víctima dio papaya.  (Si la ley existe que autoriza al juez a hacer esto, díganme, por favor, como demandarla o apoyar la demanda.)

Pero que no me guste la existencia de una ley de la papaya, no me exime de ser cauto y enseñarle a mis hijos precaución.  Y no acepto, salvo razones, que esta forma de pensar sea tachada de machismo.

¿A qué está jugando una indignada tuitera?

A veces tengo la impresión de que cosas que dije ayer en Twitter sobre el debate de Andrés Carne de Res pueden hacerme quedar como un macho misógino sólo porque no me adhiero completamente a la postura de la indignación oficial de tachar a Andrés Jaramillo de bestia por sugerir que una minifalda invita a una violación.

Andrés Jaramillo - foto: Cromos (tomado de Blu Radio)

Andrés Jaramillo – foto: Cromos (tomado de Blu Radio)

He repasado las palabras que Andrés Jaramillo expresó en su entrevista en Blu Radio y el título que Blu Radio coloca a su clip: «A qué está jugando una niña que llega en minifalda: Andrés Jaramillo» y me parece que, en el mejor de los casos, el título es amarillista y en el peor malintencionado. Sí, Jaramillo expresó esas palabras. No: ese no fue el punto central de lo que Jaramillo expresó en la entrevista. Es más, el propio Andrés Jaramillo retractó esas palabras. Hay muchas pifias y bestialidades que Jaramillo expresó en esa entrevista: puntos en los que se sostuvo, y por los cuales vale la pena cuestionar a este intelectual empresario, pero reducir todo lo que dijo a que Jaramillo cree que una minifalda justifica una violación es simplificar absurdamente el debate, simplificar absurdamente los hechos y dar pie a que no se planteen los asuntos de fondo.

Andrés Jaramillo discute que se haya tratado de una violación. No, no justifica la violación sino que pone en duda el hecho. Más adelante hablaré de si tiene méritos o no. Su punto es que de acuerdo a las cámaras de vigilancia y al testimonio de un empleado del parqueadero, el sexo que tuvo la joven denunciante con otro cliente mayor fue consensuado. Más adelante hablaré de si se puede hablar de consentimiento o no. Que tras este acto de sexo casual la joven se quedó inconsciente (aparentemente durmiendo la borrachera) y fue encontrada por personal del establecimiento y llamaron al padre para que la recogiera y que la versión de la violación surgió cuando la joven tuvo que responderle al padre por lo sucedido. Jaramillo acusa a los medios de amarillismo y de haber destacado un caso sólo porque la joven es estudiante de Los Andes y los hechos ocurrieron en su establecimiento, mientras que muchos otros hechos de violaciones reales ocurren sin ser visibilizados. Jaramillo también cuestiona a las autoridades insinuando que quieren sacar provecho político de estos hechos.

Lo de la minifalda es apenas una parte del punto de Jaramillo, tras hablar de las muestras de afecto que mostraba la joven con otros clientes de su establecimiento, particularmente con un súbdito español y con el presunto agresor, hace una mención sobre el atuendo (como una forma de apoyar la versión ya presentada), y luego insiste en retirar esas palabras. Mal por Blu Radio de enfocarse en sólo esas palabras en el título del clip y mal por la masa indignada de quedarse en el titular de Blu Radio sin indagar la verdadera razón por la cual las palabras de Andrés Jaramillo son un insulto a nuestra inteligencia.

El primer punto es tratar de minimizar los hechos: defender al establecimiento sembrando una duda sobre la acusación y difamando públicamente el carácter de la joven denunciante en este intento de defensa. Pretender acusar al padre y a la situación familiar de los hechos e insistir en que los medios y las autoridades tienen un interés particular sobre el asunto.

Palabras más sabias pudo haber sido que «es prematuro hablar de violación mientras no se establezcan plenamente los hechos, si bien hay indicios de que pudo haber sido una relación consensuada, estamos colaborando plenamente con las autoridades, hemos entregado las grabaciones de las cámaras de seguridad y la identificación del sospechoso.» Punto. Sin necesidad de estar ventilando por radio el carácter de la joven ni su relación familiar, ni insinuar ensañamiento de la prensa con su local, ni interés político de las autoridades.

Ahora. Dadas las explicaciones no pedidas ¿es posible hablar de una relación consensuada o necesariamente eso fue una violación?

Aclaro que no soy abogado, ni tengo un amplio conocimiento de la jurisprudencia existente. Mi visión es la de un ingeniero que intenta ponerle sentido común a las relaciones entre personas y de estas frente al estado, así que si afirmo algo que va en contra de una sentencia me disculparán los que saben mejor, pero sólo me disculparé cuando me expliquen por qué ahí las leyes tienen más sentido común que yo.

El concepto de consentimiento no aplica sólo para relaciones sexuales (o, según establece el código penal: acceso carnal). Nosotros consentimos o no procedimientos médicos para nosotros o para nuestros hijos. Consentimos o no que nos envíen por correo electrónico información comercial de un servicio al que nos suscribimos. Consentimos o no participar en actividades tales como dar un paseo por el monte con unos muchachos armados. Consentimos o no entregarle nuestra billetera a un desconocido en la calle. Consentimos o no conducir bajo efectos del alcohol. Et cétera.

Do I need to ask you? Mrs. Brown. vía Medical Law

Do I need to ask you? Mrs. Brown. vía Medical Law

En la práctica médica se habla del consentimiento libre informado. He traducido libros de bioética que tratan del tema y por eso podría estar mejor familiarizado con esto que con el consentimiento al acceso carnal. Cuando un paciente va a ser sometido a un procedimiento debe, en principio, aceptar que se le realice ese procedimiento. En el mejor de los casos el médico informa al paciente de qué trata el procedimiento, cuales son los riesgos y posibles beneficios tanto del procedimiento como de no llevarlo a cabo y, una vez plenamente informado y libre de dudas, el paciente libremente acepta o rechaza el procedimiento. Sin el consentimiento del paciente el médico puede verse expuesto a una demanda por mal-praxis. Desde luego, hay muchas razones por las cuales este consentimiento libre informado no puede darse: el paciente sufre considerablemente por una dolencia y no puede pensar con claridad, o el paciente está inconsciente, o el paciente es menor de edad o sufre de una condición por la cual no puede legalmente expresar consentimiento. En muchos casos el personal médico no puede esperar a que el paciente esté en condiciones de ser informado y tenga la libertad de consentir o no un procedimiento, motivo por el cual el consentimiento se delega a un familiar, un juez, un comité médico o, en casos de vida y muerte inminente, al criterio del médico tratante. Un médico no debería ser acusado de mal-praxis si salva a un paciente a punto de morir si morir era el deseo del paciente, salvo que el paciente haya advertido previamente al médico su deseo (y, aún así, hoy en día tal deseo sería invalidado).

En muchos casos el médico tiene que inferir por declaraciones previas o por su criterio médico si ejecuta un procedimiento agresivo y no explícitamente consentido como amputarle una pierna gangrenada a un paciente inconsciente.  (Bueno, muchos dirán que no es lo mismo salvar una vida a un a costa de una mutilación, que penetrar un falo en una vagina.)

El alcohol produce varios efectos en la mente humana. El alcohol adormece, pero suele adormecer primero ciertas áreas del cerebro que nos retienen, que nos hacen ser más cautos de lo que nos sería beneficioso, antes de adormecer por completo el juicio, la capacidad de pensar y coordinar y finalmente adormecer todo el cuerpo. El alcohol desinhibe y por ello muchas personas lo usan para atreverse a hacer cosas que sí quieren hacer pero no se atreven estando sobrios. Por ejemplo para ir a hablarle a una chica desconocida en un bar sin temer al rechazo. En otras dosis no nos permite ser conscientes de nuestros propios actos y en cantidades aún mayores no podremos siquiera defendernos de lo que nos pasa hasta que somos simples pedazos de carne a merced de la intemperie.

Javier Velasco (fuente original requerida)

Javier Velasco (fuente original requerida)

Legalmente no podría, no debería poder usar el alcohol como defensa si cometo un delito bajo su influencia. Cuando Javier Velasco asesinó por primera vez (o lo atraparon por primera vez) el juez consideró la defensa de que su juicio estaba nublado por el alcohol y que por lo tanto no era responsable de sus actos. Lo liberó con una orden de que fuera a rehabilitación. Un par de años después, también bajo influencia del alcohol, asesina a Rosa Elvira Cely. Son incontables las veces que los medios sociales de comunicación se indignan por un nuevo conductor borracho, bien porque es un político o bien porque causó una tragedia. Independientemente de lo que los jueces digan como sociedad no aceptamos que el alcohol sea una excusa para evadir responsabilidades penales. Siempre y cuando el caso nos indigne, porque por otro lado seguimos recurriendo al alcohol para desinhibirnos y pasarla bien en una rumba.

Podría ser una defensa si puedo argumentar que ingerí alcohol sin mi consentimiento, pero, salvo que me hayan sometido a la fuerza e inyectado alcohol directamente en la sangre, ¿podremos aceptar como excusa que ingerí alcohol por presión social pero yo no quería? ¿Y que si yo hubiera estado en mi sano juicio no hubiera aceptado el reto de mis amigos de subirme al carro borracho causando un accidente fatal?

Es un hecho, hay hombres y mujeres que (por presión de grupo o por sus propias razones) van a bares y otros sitios de rumba buscando pareja y relaciones casuales. Es un hecho que muchos de ellos usan el alcohol para desinhibirse y disfrutar mejor del momento y, en ocasiones, para atreverse a establecer contacto con las potenciales parejas.

Es también un hecho que algunas personas inducen a otras a consumir alcohol para dominarlas más fácil.

¿Cómo podemos establecer entonces la diferencia entre una joven que va a un bar con el objetivo de divertirse y tener sexo casual con un apuesto desconocido y obtiene lo que busca pero en el proceso tomó más de la cuenta y termina inconsciente y otra joven que sólo quiere bailar, posiblemente encontrar a alguien interesante con quien establecer una relación seria, pero es inducida a seguir tomando hasta perder el juicio y, cuando esto sucede, es usada y abandonada?

Ni Andrés Jaramillo, ni el padre de la joven mayor de edad, son las personas más idóneas para establecer la diferencia. Muchos de los comportamientos que muestra una cámara de seguridad, o lo que puede ver el vigilante de un parqueadero, son ambiguos.

Mucho menos somos idóneos nosotros de inferir lo que pasó por testimonios de terceros.

Salvo que otros testigos corroboren que escucharon a la víctima decirle que no al tipo, o que corroboren que la denunciante había previamente declarado su intención de tener sexo con cualquiera no sabemos qué pasó.

Podemos tomar una actitud tajante y mecánica con respecto a lo sucedido: si en el momento en el que ocurrió el acto sexual la joven estaba tan borracha como para que su aceptación pudiera considerarse como consentimiento libre informado entonces no hubo consentimiento, entonces fue acceso carnal no consentido, entonces fue violación. Creo que sí hay una sentencia de la corte en el sentido de que ni la forma de vestir ni el comportamiento previo pueden ser tomados como consentimiento si en el momento del acto la mujer no estaba plenamente consciente.

Pero esto sería una diferencia importante a cómo tratamos el alicoramiento en otros casos. Convertimos a la mujer automáticamente en víctima despojándola de cualquier tipo de voluntad (¿responsabilidad?) que haya podido tener en el transcurso de los hechos.

Nos dice Ana Cristina Restrepo que «según cifras oficiales, a octubre de 2013, 178 mujeres han sido asesinadas en Antioquia.» La cifra se ve impresionante así presentada, pero contrastando otras cifras que consulté en sólo el área metropolitana del valle de Aburrá, en el mismo período han sido asesinadas 1.137 personas. No me malinterpreten: una sola mujer asesinada está mal. Una sola persona asesinada está mal. Lo que las cifras solas no llevan a deducir es que el homicidio de mujeres sea un problema preocupante frente al problema del homicidio en general. ¿Es un problema de género? ¿Es el asesinato de mujeres un preocupante problema social que merece una atención especial frente al asesinato en general?

Hay cierta visión feminista de los hechos que debería ser debatible como cualquier otra visión. Es posible que haya razones por las cuales sea necesario resaltar que de las más de un millar de víctimas mortales en Antioquia en lo transcurrido del año algo menos de doscientas hayan sido mujeres; o que si el alcohol no es excusa para pegarle a la mujer sí es excusa de esta para denunciar como no consensuado un acto sexual. Y yo no debería ser acusado de ser misógino o machista por disentir de o cuestionar esta visión.

Y en cuanto al intelectual empresario Andrés Jaramillo, por favor vean más allá de la parte de la minifalda para darse cuenta por qué sí es un imbécil.

La campaña del señor Blanco

Veo que desde ya se está destapando la campaña a favor del voto en blanco en las próximas elecciones presidenciales que tendrán lugar en mayo de 2014.

Ya en otras ocasiones me he referido al voto en blanco, de cómo este tuvo sus orígenes como carta blanca, es decir como un voto de no compromiso, una opción de aceptar que otros decidan por uno, y se ha convertido en una especia de voto de protesta.

Hay tres razones principales para votar en blanco: la primera es de la persona que acepta de antemano el resultado de la elección pero no quiere comprometerse con un nombre o una postura en particular. La segunda es de quien considera que los candidatos o las posturas presentadas no reflejan su propia posición y por lo tanto las rechaza todas. La tercera es de quien simplemente se reusa a pensar y toma la salida fácil: depositar un voto sin valor.

Como todos estos votos en blanco se cuentan con una sola cifra, discernir las razones y, sobre todo darle un significado a esos votos, es prejuicioso, particularmente cuando la votación en blanco se encuentra dentro de los niveles históricos. Ahí hay de los tres tipos de votantes en blanco: los que protestan y los que aceptan, los que pensaron su voto en blanco y los que no quisieron pensar.

Las razones personales por las que una persona puede votar en blanco son muchas. Dentro de las tres básicas mencionadas hay muchos matices y la decantación por el voto en blanco frente a las alternativas de candidatos o propuestas a votar puede ser más o menos razonada. Por ejemplo, alguien puede pensar que ninguno de los candidatos que puntea las encuestas convence y que ninguno de los demás candidatos merece ser considerado. O ninguno de los candidatos que conoce (o cree conocer por referencias o afiliación política) es su candidato y los que no conoce no hay tiempo de conocerlos (o si son desconocidos es porque en principio no convocan y por lo tanto no serán buenos). O repasó las hojas de vidas de todos y ninguno convenció. O, sencillamente, todos tienen el vicio de ser políticos y por lo tanto ninguno merece el voto. O porque siempre vota en blanco.

Si bien es deseable, no podemos exigir que todos nos tomemos el tiempo debido para evaluar todos y cada uno de los candidatos, sus pros y sus contras y decidirnos por el mejor o, en su defecto, por el voto en blanco.

Por lo tanto, si tienes razones personales para votar en blanco, aún cuando no todos los candidatos se han lanzado y han expuesto sus propuestas, no entraré a juzgarlas. Tu voto es tu voto.

Lo que sí desconfío a esta hora de la contienda es de una campaña a favor del voto en blanco.

Para empezar no seamos ingenuos de pensar que toda campaña de voto en blanco está descontaminada de la política tradicional. El Concejo Electoral ofrece espacios de participación política a cargo del erario para las campañas a favor del voto en blanco así como para las campañas a favor de votar por un candidato. No sólo eso sino que las campañas a favor del voto en blanco reciben, al igual que las campañas a favor de candidato, una plata por reposición de votos. Con los solos promedios históricos de votación en blanco, esa reposición está garantizada mucho más fácil que saliendo a competir con propuestas reales.

Pero incluso pensando que las campañas por el voto en blanco son sinceras y no una forma de obtener plata del estado (de los contribuyentes que pagamos IVA y 4‰ y nos descuentan retefuente, etc.) una campaña por el voto en blanco cuando no se han definido la totalidad de candidatos y propuestas es prematura.

La consecuencia política del voto en blanco es la siguiente.

Si el voto en blanco se mantiene dentro del promedio histórico, ese voto no significa mucho en términos políticos. No significa nada. El estado seguirá como siempre y no pasará nada.

Si el voto en blanco sube substancialmente en contra de los candidatos menores pero los candidatos punteros y de la maquinaria política tradicional se mantienen con cifras importantes, entonces el voto en blanco es un castigo a las alternativas. Eso significa que la única forma de ser tenido en cuenta en política no es presentar propuestas novedosas sino pertenecer a la maquinaria. Un castigo a quienes se atreven a presentar propuestas alternativas.

Si el voto en blanco sube substancialmente a costa de la votación de los candidatos punteros (pero no los sobrepasa), es claramente un voto de castigo. El estado seguirá funcionando como siempre pero la importancia de la votación en blanco se incrementa. Significa algo en contra del ganador, significa que este no tiene un apoyo total de parte del electorado.

Si el voto en blanco gana (no recuerdo es si es necesario que el voto en blanco sea mayoría o sólo baste con ser la mayor pluralidad), las elecciones son invalidadas. He aquí el verdadero poder del voto en blanco de acuerdo a la legislación colombiana: obliga a unas segundas elecciones en las que no participen ninguno de los candidatos que no pudieron vencer al voto en blanco. Claramente, cuando ningún candidato ofrece suficientes garantías al electorado (por ejemplo en casos que se han dado a nivel regional en los que hay un candidato único y este no representa a sus ciudadanos) la consecuencia política del voto en blanco como voto mayoritario importa.

Pero, repito, ese no es el escenario aún.

Aun no podemos decir si los candidatos punteros (p. ej. Juan Manuel Santos, Óscar Iván Zuluaga, Clara López) o los candidatos alternativos (p. ej. Camilo Romero, Óscar Naranjo, Antonio Navarro) no merecen ocupar el cargo de Presidente de la República de Colombia.

Adicionalmente, cuando el voto en blanco se convierte en una opción permanente (y no sólo coyuntural), cuando la campaña es a que votemos en blanco esta vez, pero también la próxima, lo que se está es proponiendo otro modelo de política. Se crea una crisis institucional dentro del acontecer político tradicional pues haría imposible la toma de decisiones de acuerdo con la constitución.

No estoy diciendo que eso sea malo. (No creo que sea bueno, pero esto es tan solo una opinión.) Pero esto requiere que el promotor del voto en blanco sea claro en decirnos cual es la propuesta real que hay detrás del voto en blanco: castigar una coyuntura o generar un cambio profundo en la forma de hacer política. ¿Qué es lo que propone si gana el voto en blanco?

Mientras una campaña de promoción del voto en blanco no responda esta pregunta, consideraré que esa campaña es poco seria y su propuesta es por moda o por plata.

Y eso incluye una campaña a favor del voto en blanco por el movimiento político que ayudé a fundar.

Octubre 2013

Abuelita Ana

Ana García vda. de Thompson. 12 de julio de 1922 – 31 de octubre de 2013

Se acaba octubre de 2013 con una noticia triste. Inició octubre de 2013 con una noticia triste.

El accidente de mi hermana fue un pequeño abrebocas: el 1º de octubre frenó en seco en su bicicleta para evitar chocar a un peatón que cruzó sin mirar.  Fractura de rótula que todo parece indicar no necesitará de cirugía.

beatriz-r

Ana Beatriz Cerón de Baquero, 29 de noviembre de 1933 – 2 de octubre de 2013

El 2 de octubre fallece mi suegra, la mujer que en gran medida crió a mis hijos cuando estos eran más pequeños y a quien en abril del presente año le detectaron unas masas en el cerebro.  A veces no sé si el rápido deterioro fue por culpa de la enfermedad o si las hospitalizaciones influyeron, pero finalmente el miércoles 2 de octubre su cuerpo no dio más, tras varios días de apenas responder a estímulos físicos.

Abuelita AnaMi abuelita Ana también venía enferma, y el pasado 29 de octubre, cuando pasé a saludarla por última vez sentí que en cierta forma ya se había ido y que apenas quedaba su cuerpo respondiendo a estímulos físicos básicos como el reflejo de comer cuando le mojaban sus labios, y quejándose del dolor.

Esta mañana falleció.

Y a veces no sé si desde mi distimia este sentimiento de tristeza sea por todo lo que ha venido pasando o por que se espera que este sea mi estado de ánimo.

Pero no ha sido un buen octubre.

Presuponiendo morales

En una de las discusiones que encontré por Internet alguien hacía la siguiente pregunta: ¿Hay alguna razón por la cuál es moralmente malo levantar a un bebé de su cuna, violarlo y luego estamparlo contra el piso hasta reventarle la cabeza? Quien proponía la pregunta luego argumentaba que si la respuesta es eso probaba la existencia de Dios, si la respuesta es no quien así respondiera necesitaba ser internado en un manicomio.

Existe toda una línea de la apologética cristiana que clama que todo lo existente, material o inmaterial, es creado por Dios. El universo, es decir el espacio, el tiempo y todo lo material, es creado por Dios, pero también el conocimiento, la moral (absoluta), el amor y, en general, las cosas inmateriales. La gran mayoría de seres humanos que vivimos en nuestras sociedades modernas sentiremos repulsión por la idea presentada de violar y matar brutalmente a un bebé. Los pocos que no sienten esa repulsión son los psicópatas, aunque muchos psicópatas sabrán reconocer que si bien ellos no sienten que la situación está mal, la pedofilia y el infanticidio no es socialmente aceptado. La mayor parte de los psicópatas no se convierten en asesinos en serie, pedófilos o infanticidas.

La pregunta, sin embargo, no es si sentimos repulsión sino si podemos establecer una línea lógica de pensamiento para decir porqué violar y asesinar brutalmente a un infante está mal.

Si dentro de nuestra visión del mundo, si dentro de nuestra filosofía de las cosas, no podemos establecer una línea lógica para condenar la pedofilia y el infanticidio entonces eso implica, según el apologista, que nuestra visión del mundo está equivocada y que la razón de que (casi) todos sienten repulsión por la imagen mental descrita en la premisa es porque tenemos una moral innata que es parte de la moral objetiva que sólo tiene un origen: el creador de todo lo que existe, incluyendo la moral.

No conozco mucho sobre las visiones del mundo de las filosofías orientales como el budismo zen, por lo tanto no podré establecer qué línea de pensamiento pueda llevar a un seguidor de la mística oriental a rechazar este tipo de pedofilia e infanticidio descritos. Me enfocaré en lo que estoy más familiarizado: el humanismo cristiano v/s el humanismo secular. Algún apologista podría aquí hablar de cristianismo v/s ateísmo/agnosticismo, pero eso es una simplificación: hay corrientes dentro del cristianismo que se apartan del humanismo como la Iglesia Bautista de Westboro (Westboro Babtist Church) que claramente están divorciadas del humanismo, pero si bien ellos son un caso extremo no son un caso único. Por otro lado el humanismo secular ni es seguido por todos los no creyentes, ni es restringido a no creyentes.

El humanismo cristiano se enfoca en el ejemplo y las enseñanzas de Jesucristo como guía moral para respetar y ayudar a los demás seres humanos. Entiende que de las tres virtudes teologales: fé, esperanza y caridad, la caridad es una pieza clave en cómo debemos relacionarnos con las demás personas. Debemos desprendernos de lo material con el objetivo de ayudar a otros, y parábolas como la del buen samaritano o la orden de Jesús de que hagamos a los demás como queramos que nos traten son fundamentales en esta concepción del mundo. Muchas versiones del cristianismo evangélico prefiere enfocarse en la virtud teologal de la fe y en la salvación personal por medio de una relación personal con Jesús, lo que los aparta de un sentido más humanista. El cristianismo en el que me crié y el que aprendí en la escuela hace, sin embargo, mayor énfasis en los valores humanistas pero, clamaba, el verdadero humanismo sólo puede existir desde el cristianismo.

El humanismo cristiano, si bien parte de la caridad cristiana, no se queda ahí. El humanismo tiene sus orígenes en el renacimiento y en gran medida como oposición al papel de la iglesia. El humanismo pone al ser humano como primer punto de la agenda ideológica, pero al dársele una lectura cristiana se encuentra que las enseñanzas de Jesús sustentan el amor a nuestros semejantes. El cristianismo, al menos algunas vertientes del cristianismo, fue adoptando lo que los pensadores humanistas fueron produciendo y lo leyeron desde la biblia y lo adaptaron.

El humanismo secular, por su parte, pone al ser humano como primer punto de la agenda ideológica independiente de las iglesias y confesiones religiosas. La política debe hacerse pensando en las personas, no en los dioses.

Entonces, ahora, desde el humanismo secular debo explicar porqué violar a un bebé y asesinarlo brutalmente está mal. Hay algo que parece casi tautológico: si lo que el humanismo quiere es el bienestar de cada ser humano, claramente causar sufrimiento y muerte a un pequeño ser humano está mal. Pero “claramente” no es un argumento lógico.

Es aquí a dónde recurro a tres pensadores, a tres líneas filosóficas, que pueden dar luz sobre que es justificable o no.

Emanuel Kant pensando sobre el problema de la moral, llega a la conclusión que es un imperativo categórico que los seres humanos no debemos ser medios sino fines. Está mal utilizar a otras personas como medios para un fin, y desde esta perspectiva no hay nada que justifique la cruel violación y brutal asesinato del bebé de nuestro ejemplo. La violación y el asesinato son ofensas máximas contra la integridad de un ser humano, en este caso un bebé, y categóricamente está mal. La línea de pensamiento que elabora Kant no requiere como punto de partida que Dios nos haya dictado que ofender a otros seres humanos esté mal.

De los tiempos de Kant pasamos a nuestros días a una de las figuras que fue incluída entre los así llamados los cuatro jinetes del nuevo ateísmo: Sam Harris. Harris pretende establecer las bases de la existencia de una moral objetiva que no requiera a Dios como punto de partida. Si observamos la naturaleza podemos ver cosas crueles estrellas que explotan o una manada de leones dando muerte a un búfalo, pero no podemos decir que eso es moralmente reprobable porque ni las estrellas, ni los leones ni los búfalos tienen conciencia. Sólo cuando las interacciones involucran personas es que podemos hablar de bien o de mal en términos morales y esto nos da una base lógica para construir una moralidad que Harris resume en buscar el mayor bienestar a los seres racionales. Nuestro bebé de marras como ser racional o miembro de la única especie de seres racionales que conocemos debe ser preservado del daño (falta de bienestar) que nuestro pedófilo infanticida le infligiría.

Peter Singer, otro contemporáneo nuestro, subscribe una escuela llamada personalismo. Extiende el concepto de persona a todo ser que es capaz de sentir y tener aunque sea una rudimentaria conciencia de sí mismo, aunque admite grados de personeidad. Un bebé es menos persona (aunque sí una persona) que un adulto. Los leones y los búfalos tienen algún rango de personeidad. A diferencia de Harris, Singer no se enfoca en maximizar el bienestar sino en reducir el sufrimiento en la capacidad en la que podamos entender el sufrimiento de los demás. Por ello está mal que los seres humanos matemos a un toro para divertirnos así el toro sufra lo mismo que el búfalo atacado por las leonas: el torero puede entender el sufrimiento del toro, las leonas no. El perpetrador el ejemplo puede entender el sufrimiento del bebé por sus actos crueles (si es un psicópata puede entender el sufrimiento, así no sienta empatía con el mismo) y eso nos da una base lógica para concluir que ese comportamiento es moralmente inaceptable.

Tres puntos de vista, completamente seculares, nos llevan a una conclusión lógica de porqué está mal la situación planteada en la pregunta. Ninguna de estas argumentaciones lógicas requieren a Dios. Desde luego, son puntos de vista que parten de premisas (los humanos no somos medios sino fines, hay que maximizar bienestar de los seres racionales o minimizar el sufrimiento de las personas) que no son necesariamente autoevidentes y aquí podrá saltar nuestro apologista para indicar que las premisas son creación de Dios.

Entonces entro a analizar el caso de Dios.

Dice nuestro apologista: si existe una moral objetiva, eso significa que hay un estándar y que hay reglas; si hay un estándar implica un plan; y las reglas un plan no surgen espontáneamente sino que requieren de un hacedor de reglas, de un planeador, y ese planeador es Dios.

Si consideramos, por ello, que la respuesta a la pregunta planteada es sí, estamos aceptando la línea de pensamiento que nos lleva a Dios. Pero esta línea sólo sucede en la cabeza de nuesto apologista y de las personas que piensan como él. Kant, Harris y Singer proponen estándares que no implican un plan. La premisa de que un estándar implica un plan es una proposición que necesita ser probada o verificada. En cuanto a las reglas, éstas pueden ser bien como las leyes de la física: proposiciones que resumen una observación en términos matemáticos y nos permiten predecir eventos y observaciones futuras, o bien corolarios del estandar, deducidos, más que dictados.

Considerar que una moral objetiva implica a Dios es partir de la premisa de que una moral objetiva es el resultado de Dios: una petición de principio.

Pero dentro del humanismo secular, las posiciones de Kant, Harris o Singer (y probablemente muchos otros pensadores que ignoro) no son las únicas. Muchos afirman que no hay tal cosa como una moral objetiva.

La palabra moral viene del latín mores que significa costumbre. La moral no es más que un acuerdo, una construcción social. Lo que consideramos moralmente bueno o malo es lo que aprendemos como tal inmersos en una sociedad donde nuestros padres y otros adultos nos dicen qué es y qué no es aceptable y dónde deducimos por nuestra cuenta del comportamientos y la costumbres de los otros qué es permitido y qué no. Luego podemos estudiar y adquirir una filosofía de la vida que nos lleve a establecer nuestros propios juicios sobre qué está mal y qué esta bien.

Un elemento importante en nuestra construcción de una moral personal es la empatía. El origen de la empatía en el 99% de los seres humanos (y de la falta de empatía de ese 1% que son los psicópatas), puede explicarse desde la teoría de la evolución en caso de que alguien quiera argumentar que la empatía tiene origen divino.

La empatía es lo que nos permite reconocer el sufrimiento de otros manifestándose como un sufrimiento propio y reconocer la felicidad de otros y poder compartir esa felicidad así no seamos beneficiarios de lo que la haya causado.

En nuestra sociedad actual la gente normal no viola niños y mucho menos bebés. La violación en sí misma es anormal pero aún dentro de esa anormalidad la violación de infantes es más anormal aún. Aun donde no sea tan anormal es ilegal. El asesinato, y más el asesinato de infantes, es anormal e ilegal en nuestras sociedades. Eso nos lleva a todos los que no somos psicópatas e incluso a la mayoría de los no psicópatas, a responder sí a la pregunta inicial: está mal. Los no psicópatas tenemos una razón más para decir que está mal, la razón por la cual sentimos repulsión sólo ante la imagen mental que plantea la pregunta: nuestra empatía con la víctima.

Pero si esta tesis es cierta: si es cierto que la moral es relativa a la sociedad, deberíamos ver ejemplos de sociedades donde la pedofilia y el infanticidio sean aceptados o incluso considerados moralmente bien. Para la violación de bebés no se me ocurre ni conozco una justificación pero sí para el infanticidio: en sociedades donde la lucha por la supervivencia es cruel, un pequeño infante puede llegar a ser más una carga que una ayuda y por lo tanto es sacrificable en ciertas condiciones. Los espartanos que abandonaban a sus bebés si estos nacían con algún defecto, los esquimales que mataban al primer nacido si se trataba de una hembra, las familias que huyen de las sequías en el Cuerno de África dejando atrás a los hijos menores para aumentar la probabilidad de que el mayor sobreviva (la alternativa no es salvar al menor sino asegurar que todos mueren). Tan espantosos como nos puedan sonar los casos, dentro de la moral y las condiciones de supervivencia de esas sociedades ese sacrificio es no sólo aceptable sino que es lo correcto.

Ahora, el reconocimiento de la existencia de morales relativas no implica que no pueda existir una moral objetiva. Quienes creen en la existencia de una moral objetiva ven a las morales relativas como aproximaciones a la moral real y objetiva, y las variaciones y desviaciones son o bien malas costumbres que deben extirparse o el reconocimiento a casos extremos (p. ej. el infanticidio como sacrificio para la supervivencia).

El principal inconveniente con considerar a Dios como fuente de la única y verdadera moral objetiva es que no podemos saber cual es el estándar, cuáles son las reglas. Si la moral es innata y plantada por el Creador en cada uno de nosotros no veríamos tantas morales relativas. Si todos tenemos la verdadera y única moral y las morales relativas son perversiones (la idea de Rousseau de que todos nacemos buenos y la sociedad nos corrompe), nos enfrentamos al problema de lo único que podemos deducir se deriva de todas esas morales relativas corruptas.

¿Está esa única y verdadera moral objetiva en la Biblia?

Pues respecto a la pregunta que inicia esta disertación la Biblia dice absolutamente nada. La Biblia no dice nada a favor o en contra de la pedofilia. No condena a la violación de mujeres solteras (sólo ordena que el violador repare a la víctima desposándola) mientras que la violación de mujeres casadas cae dentro de la prohibición del adulterio, pero nada específico con respecto a violar bebés. Fuera del mandamiento de “no matarás” la Biblia no prohíbe asesinar bebés mientras que por otro lado en el libro de Josué ordena matar a los infantes de las ciudades enemigas caídas.

Tal vez sí exista un dios creador de todo lo visible y lo invisible, de lo material y lo inmaterial, y dentro de lo inmaterial haya creado el libro de reglas de la única y verdadera moral objetiva. Pero si no conocemos esa tal moral objetiva es lo mismo que si no existiera y tuviéramos que describir nuestro propio estándar para definirla (como Kant, Harris y Singer), o creer que sólo las morales relativas existen.

Para cualquier efecto práctico, responder a la pregunta planteada no implica un dios, y responder no no nos convierte en psicópatas peligrosos sino en el reconocimiento que así el escenario nos cause repulsión no debemos responder desde nuestros propios prejuicios.

¿Paro o no paro?

Últimamente ando un poco desactualizado de fuentes oficiales de noticias y por ello mismo es posible que me perdí cuando anunciaron cuales son las reivindicaciones que los campesinos colombianos piden y cual es el motivo por el cuál una protesta con paro de actividades, bloqueos a vías y manifestaciones que han desembocado en violencia es la única alternativa que tienen.

He escuchado una voz últimamente: “hay que apoyar el paro” y sin embargo me siento impedido a apoyarlo. La primera razón es que no sé que es lo que piden los organizadores del paro. Hay una que otra cosa clara: el regreso del Idema con sus precios de sustentación o la derogación de la resolución 970 del Ica (por cierto, los arroceros que son protagonistas del Documental 9.70 de Victoria Solano contra esa resolución del Ica no están siendo parte del paro).  ¿O lo que piden es revertir el tlc con los EE.UU. y no importar más comida?

No estoy seguro de estar de acuerdo con todos esos puntos.  Aunque digan que no piden subsidios un precio de sustentación y un mercado cautivo (sin competencia por productos importados) son formas de subsidios.  Si un sector económico no evoluciona no debe exigir que se legisle para que lo protejan.  Por otro lado desproteger al campo en aras de unos principios generales y fríos es un atentado contra nosotros mismos.  Creo que hay algo en el fondo en el modelo económico que debe replantearse porque no pareciera lógico que producir en el exterior e importar (incluyendo costos de transporte) sea monetariamente menos costoso que producir local.  Pero este tipo de replanteamientos del modelo económico global no es algo que se resuelva en una mesa de concertación entre los organizadores de un paro y un gobierno.

Pero aún si estuviere de acuerdo con los puntos y las causas (repito, no los conozco más allá de un par de videos), esto no me lleva necesariamente a apoyar los métodos.

Una manifestación violenta (y el bloqueo de vías es una forma de violencia pues afecta derechos civiles de otras personas, como el derecho a la movilidad y al trabajo, así no necesariamente sea violencia física y letal) debería legitimarse como última opción para una reivindicación legítima cuando se han agotado las opciones no violentas y el asunto a promover supera ampliamente los derechos suspendidos a las demás personas.

Si quiero pedir que me dejen trabajar, como César Pachón expone en su intervención en el Senado, impedir que alguien se desplace para ir a su trabajo (o porque transportar personas y carga es su trabajo) tiene cierto halo de incoherencia.  Este y otros paros que incluyen bloqueos, me han hecho temer por mis hijos.  ¿Exponer la vida de ellos o de los otros menores de edad que son convidados a participar de los bloqueos se justifica frente a la reivindicación?

¿Qué pasa cuando no son sólo bloqueos sino amenazas directas a la integridad física y a la propiedad de quienes no se unen al paro? ¿Cuando se queman camiones y cargas para asegurar el bloqueo de una vía? ¿Cuando se lanzan piedras contra los vehículos de otros transportadores que prefieren trabajar a participar de la huelga?

Si bien no soy partidario de la lucha armada puedo en teoría apoyar el alzamiento en armas (con todas las consecuencias letales que eso implica) cuando las condiciones no se prestan para reclamar derechos de otra forma.  Finalmente así se fundaron naciones como los EE.UU. y Colombia.  Simplemente no creo que la lucha de las Farc se incluyan entre ese tipo de luchas y como tal rechazo su pretensión de que su causa y sus métodos son necesarios.  Las condiciones para justificar el grado extremo de violencia son condiciones extremas.  Pero incluso una violencia pequeña debe estar justificada, y aún no estoy convencido de que la violencia de un bloqueo por vías de hecho sea justificada en este caso.

Pero incluso si creyera que estas vías de hecho están justificadas, eso no implica que apoyaría el paro.

Apoyar el paro es apoyar el medio, no el fin.

Hacer actos simbólicos como salir a marchar con una ruana y una cacerola (o peor aún, con una aplicación de cacerola para mi smartphone) como apoyo al paro es un mensaje equívoco.

Por favor: apoyen primero la causa que motivó al paro.  Y si en serio están convencidos de que el paro es la única forma de promocionar esa causa entonces no apoyen el paro: únanse al paro.

(Y, desde luego, uds. pueden unirse al paro y rechazar las formas más extremas de violencia dentro de la manifestación.  Uds. no necesitan mi autorización para eso, es simple lógica de qué quieren expresar.)