Sacrificando a sus propios hijos

Comenzaré con algunas aclaraciones.

Israel es un estado laico secular que funciona como una democracia parlamentaria. Fue formalmente proclamado en 1948 tras el retiro británico y una resolución de 1947 de la recientemente formada Organización de las Naciones Unidas, reconociendo el derecho de los pueblos judío y árabe a un estado en lo que fuere el Protectorado Británico de Palestina.

Los orígenes del Estado de Israel se remontan al movimiento sionista, un movimiento que en su versión moderna nació en el siglo XIX entre élites judías europeas con la idea de que el pueblo judío tuviere una país propio. Muchos de esos prominentes sionistas de finales del siglo XIX eran ateos, por lo que aquí cabe otra aclaración.

Existe la religión judía. La mayor parte de las personas que hoy profesan la religión judía parten de la tradición rabínica que surgió tras la disolución de Judea en el año 70 de nuestra era. Judea había sido un reino dentro del imperio romano pero tras una serie de levantamientos y rebeliones finalmente los judíos perdieron y el Imperio les negó cualquier identidad nacional. El reino de Judea pasó a convertirse en la provincia de Palestina. Para entonces ya existían comunidades que profesaban la religión judía, principalmente la doctrina farisea, en todo el imperio romano y otros lugares del mundo conocido. Sin estado propio, con la destrucción del templo y la prohibición de entrar a Jerusalén, la tradición rabínica farisea se acentuó y poco a poco fue convirtiéndose en lo que es el judaísmo actual.

Existe, por otro lado, una identidad étnica judía. Realmente varias, pero la más notable es la identidad étnica asquenazí. Creo que no se sabe aún con certeza los primeros asquenazíes de donde surgieron, probablemente de algún lugar entre el Cáucaso y Alemania, y en alguna parte de ese trayecto se convirtieron al judaísmo. Otra comunidad importante fueron los judíos españoles o sefardíes, que prosperaron en la península ibérica durante la ocupación morisca. La identidad étnica asquenazí o sefardí ha sido tan fuerte que muchas personas y comunidades han dejado de practicar la fe judía pero se identifican aún como judíos. Tanto asquenazíes como sefardíes se desarrollaron como identidades étnicas sin patria, apenas ligados por la práctica de la fe y costumbres religiosas judías.

Y como una parte de esa tradición religiosa está la profecía de que eventualmente ellos, el pueblo elegido de Dios, se reuniría nuevamente en Jerusalén, al amparo del monte Sion. Theodor Herzl, un periodista húngaro de origen judío, habla alemana y educación laica liberal, se convirtió a finales del siglo XIX en el principal promotor del sionismo moderno. Lo que fuese Palestina era entonces parte de la Siria Otomana, una división dentro del impero Turco Otomano que corresponde a lo que hoy son los estados de Siria, Líbano, Israel y Jordania, entre otros. Herzl propuso al sultán turco otomano la compra de una parte de ese territorio para la construcción de un estado judío. Si bien no se concretó formalmente el movimiento sionista que surgió en Europa empezó a recaudar fondos para comprar tierras y establecer colonias en el ancestral territorio de Israel.

La población local, predominantemente árabe, empezó a resistirse a lo que consideraban una invasión. No existía, sin embargo, una identidad nacional palestina, sino que eran árabes, asirios y otras etnias, tanto musulmanas como cristianas y judías, viviendo dentro de territorio turco otomano. Colombia recibió una importante migración de árabes cristianos (y algunos musulmanes) de la Siria Otomana, a los que entonces se les llamó turcos (por su pasaporte turco) y que hoy se reconocen como libaneses. El nivel de organización del movimiento sionista fue efectivo en crear colonias judías que desplazaban a la población nativa.

Llegó la primera guerra mundial y el Imperio Otomano se alió a los otros dos imperios que terminaron perdiendo: el Imperio Austro-Húngaro y el Imperio Alemán. El Imperio Turco Otomano cesó de existir y las potencias vencedoras, principalmente Francia y el Imperio Británico, se dedicaron a crear nuevos países y protectorados. El movimiento secular turco promovido por Atatürk, aseguró la continuidad de la nación turca en Anatolia y parte de Tracia y los Balcanes, se crearon los territorios de Siria y Líbano bajo mandato francés y de Irak y Palestina bajo mandato británico y varios reinos independientes en la península arábica.

El problema de los asentamientos sionistas pasó de ser un problema turco a un problema británico. El antisemitismo creciente en Europa central acentuó la colonización judía en en ahora protectorado británico de Palestina. Los sionistas exigían a los británicos que se abriera palestina a una migración judía irrestricta, así como abogaban la creación de un ejército judío.

Vendría la segunda guerra mundial. Aunque los británicos triunfaron, el imperio británico se vio fuertemente golpeado pues la importancia de las colonias británicas se vio fortalecido frente a una metrópoli amenazada. Por otro lado el holocausto judío dentro del Tercer Reich sirvió de propaganda para el movimiento sionista, que obtuvo un importante apoyo financiero de la comunidad judía en Estados Unidos. Los conflictos entre colonos judíos y sus milicias y la población local árabe en el protectorado palestino empezó a ser insostenible para las autoridades del Imperio Británico con una metrópoli en reconstrucción. En 1947 la ONU había propuesto la creación de dos estados, un estado de Israel judío y un estado árabe palestino. Cuando los británicos se retiraron finalmente en 1948 el estado de Israel proclamó su independencia y abrió sus puertas a personas de cualquier identidad étnica judía.

Por otro lado están los árabes palestinos. Si bien el nombre Palestina fue usado por los romanos tras la disolución del reino de Judea, durante gran parte de la historia de estos dos últimos milenios el nombre no fue usado. Los árabes invadieron el territorio de Jerusalén durante la primera fase de expansión del Islam. Más adelante los francos (europeos cristianos) en sus cruzadas tomaron el territorio y establecieron el Reino de Jerusalén. Este fue luego retomado por los musulmanes al mando del kurdo Saladino, recuperado por los francos al mando del rey normando de Inglaterra Ricardo Corazón de León, para ser luego reducido por Saladino a un pequeño territorio alrededor de Acre (sin control de Jerusalén) hasta desaparecer bajo la invasión mongola.

El territorio palestino fue luego ocupado por los mamelucos de Egipto y finalmente por los turcos otomanos. Durante estos años de control por árabes, turcos y francos, el término Palestina no fue usado ni existía una identidad nacional o étnica palestina. La lengua predominante en la región fue el árabe, la religión predominante el islam, principalmente sunita, pero a lo largo de su historia siempre hubo otras etnias que se asentaron (asirios, turcos, judíos sefardíes) y religiones que se permitieron (cristianismo, sobre todo maronita, judaísmo, shiismo, etc.). Con la disolución del Imperio Turco Otomano, los británicos retomaron el nombre de Palestina para referirse al territorio bajo su control, territorio que ya tenía importantes asentamientos sionistas.

Algunas personas consideran que árabes son exclusivamente las personas originarias de la península arábica. Cuando se fundó el Islam en las ciudades árabes de Meca y Medina, este tuvo un carácter expansionista desde el principio, y pronto avanzó sobre un Imperio Romano de Oriente (Imperio Bizantino) en decadencia y otras tierras cristianas en el norte de África hacia el occidente y hacia Mesopotamia, Persia e India hacia el oriente. La lengua del islam es el árabe, por ser esta la lengua en la que se escribió el corán; adicionalmente gran parte del islam fue llevado a punta de espada por ejércitos que se originaron en Arabia y así, en muchos de los sitios donde se estableció el islam, pronto la población empezó a adoptar la lengua de sus líderes y de su libro sagrado. Esto pasó en la gran Siria (Síria, Líbano, Palestina, Jordania), Mesopotamia y el norte de África, mientras que en lugares con identidades culturales más fuertes como Persia y la península Ibérica, conservaron sus lenguas. Hoy en día es común llamar árabes a las personas que hablan árabe o que provienen de países de habla mayoritariamente árabe.

Árabe es entonces el idioma (o conjunto de idiomas altamente relacionados) que se habla desde Marruecos hasta Irak y en toda la península arábiga; la cultura que parte de la península arábiga y se extendió a Mesopotamia (Irak) y el norte de África; y étnicamente es el grupo de pueblos provenientes de la península arábica en su sentido más restrictivo, o de las zonas donde se asentó la lengua árabe en su sentido más amplio. Aun en las zonas de influencia árabe no todos son musulmanes. En Egipto existió siempre una importante comunidad cristiana copta. En Siria y Jerusalén una importante comunidad cristiana maronita. Si bien muchos coptos conservaron su lengua surgieron tanto árabes conversos como coptos que adquirieron la lengua e identidad árabe, y algo similar pasó con los maronitas. Los judíos fueron ampliamente aceptados en territorios musulmanes árabes. Los turcos otomanos permitieron que los sefardíes expulsados de España se asentaran. Tanto en 1948 como hoy en día no todos los que se identifican como árabes son musulmanes, habiendo importantes poblaciones cristianas y judías de lengua árabe, así como, en menor medida, ateos.

La constitución del Estado de Israel es la de una democracia parlamentaria y laica. Si bien el idioma oficial principal es el hebreo, se reconoce el árabe como lengua oficial, y al momento de la independencia cualquier árabe o musulmán que así optara sería reconocido como ciudadano israelí. Muchos lo hicieron, sobre todo dentro de los límites que el mandato de la ONU había establecido.

Pero los árabes fuera de ese límite no quisieron reconocer el mandato de la ONU. Nunca se constituyeron como un estado propio (pues esto era reconocer la partición) y declararon la guerra al estado de Israel. Los israelíes habían venido formando un ejército judío desde antes de la independencia, mientras que los árabes nisiquiera tenían un gobierno y el resultado de la primera guerra árabe-israelí de 1948 fue una amplia reducción del territorio controlado por los árabes palestinos, tanto por los avances territoriales de Israel como por la anexión de Cisjordania por Transjordania (hoy el Reino de Jordania), mientras que Egipto tomó el control de la franja de Gaza. Lo que fuere el protectorado británico de Palestina estaba ahora repartido entre Israel, Egipto y Jordania.

No es que no hubiera una identidad árabe palestina, solo que esta era menor. Muchos árabes de la región se consideraban parte de Siria (corriente baathista) junto con el Líbano. Por otro lado la identidad árabe palestina no se conformó políticamente. Pero con la ocupación Jordana y Egipcia, la identidad palestina empezó a afianzarse y en 1964 se funda la OLP (Organización para la Liberación de Palestina). La OLP pretendía liberar a Palestina tanto de jordanos y egipcios como, principalmente, de los israelíes, de paso se declara contraria al baathismo: Palestina sería un estado independiente. La OLP procuró unir a Siria, Egipto y Jordania en un ataque conjunto a Israel e Israel respondió en lo que se llamó la guerra de los seis días en 1967, tras la cual Israel logró el control territorial total de los territorios palestinos de Gaza y Cisjordania incluyendo a Jerusalén, así como de los Altos del Golán en Siria y la península del Sinaí en Egipto. Israel se anexionó formalmente a Jerusalén Este y tras acuerdos con Egipto devolvió el Sinaí y se retiró de la franja de Gaza; en contraprestación Egipto se convirtió en el primer estado árabe en reconocer a Israel.

En 1993, en los acuerdos de Oslo, Israel y la OLP acuerdan la creación de la Autoridad Nacional Palestina, no como un estado independiente sino como un gobierno propio para Cisjordania y la Franja de Gaza, sin plena soberanía y bajo la supervisión del Estado de Israel, como un paso para la creación eventual de un Estado Palestino.

Aparentemente una solución. La OLP reconoce el statu quo que surge de la partición de Palestina en 1947 más las anexiones por parte de Israel de 1949 (fin de la guerra de 1948) y 1967 (Jerusalén) e Israel se compromete a reconocer eventualmente el estado palestino, una vez la autoridad nacional se consolide como un estado formal que garantice la seguridad de Israel. Pero los problemas no acaban ahí.

Tras los acuerdos de 1993, Yasir Arafat, lider de la OLP y primer presidente de la Autoridad Nacional Palestina siguió conservando un doble discurso de reconocimiento del Estado de Israel y su revindicación inicial de destruirlo; pero, adicionalmente, el partido político Hamás se convirtió en la principal fuerza política en Gaza y Hamás no reconoce al Estado de Israel. Hamás es una organización nacionalista yihadista que pretende crear un estado islamista en lo que fuere el protectorado de Palestina: Franja de Gaza, Cisjordania e Israel. Claramente Hamás como gobierno palestino no ofrecería las garantías que Israel impone para el eventual reconocimiento del estado palestino.

Pero el problema no es solo del lado palestino. No es solo del discurso ambiguo de Al Fatah (el partido que controla Cisjordania y tiene la presidencia de la Autoridad Nacional Palestina) ni el radicalismo anti-israelí de Hamás en Gaza. En contra de casi cualquier solución está el nacionalismo religioso israelí, actualmente en la colisión de gobierno y que comparte el conservador partido Likud del primer ministro Benjamin Netanyahu como del ultranacionalista religioso y sionista partido Hogar Judío (הבית היהודי, ha-Bàyit ha-Yehudí), entre otros partidos contrarios al reconocimiento de un estado palestino.

Los asentamientos judíos en territorio palestino no cesaron con la declaración de independencia en 1948, ni con las anexiones de 1949 y 1967. Muchos movimientos sionistas han venido promoviendo asentamientos judíos en Cisjordania y Gaza aun cuando los gobiernos de Israel han sido contrarios a ellos. El actual gobierno de Likud no es contrario a ellos sino que los promociona. Aun los gobiernos israelíes que han procurado desalentar nuevos asentamientos, han sentido la necesidad de defender a los israelíes que viven en los asentamientos existentes, particularmente desde 1967 cuando Israel tiene el control de facto de los territorios de Gaza y Cisjordania. Tan solo en 2005, el entonces gobierno de Ariel Sharón ordenó el cese de asentamiento judíos y la repatración de israelíes residentes en la Franja de Gaza, acto que exacerbó el nacionalismo judío dentro de Israel y llevó al triunfo de Netanyahu.

Si bien muchos israelíes aprueban la hoja de ruta de 1993 y el eventual reconocimiento de dos estados: un Estado de Israel judío laico y un Estado de Palestina árabe y laico, existe aun una parte de la población que apoya formas más o menos radicales de nacionalismo judío y sionista que esperan la recuperación de todo el Reino de Israel (el supuestamente histórico reino de David) bajo un gobierno israelí y bajo la ley judía. Así como hay palestinos que quieren un estado palestino unificado bajo la sharia y con la expulsión completa de los invasores israelíes (Hamás), también hay israelíes que quieren un Israel unificado bajo la ley judía y sin rastro de cualquier tipo de nacionalismo árabe al occidente del Jordán.

Estos nacionalistas judíos radicales son los que se expresan por medio de la parlamentaria Aleyed Shaked quien pide que los bombardeos a la Franja de Gaza extermine a los palestinos y a sus madres (para que no den luz a más palestinos). Esos judíos radicales son los que, ante la noticia de que cuatro niños palestinos jugando en una playa fueron muertos en un bombardeo israelí, se quejan de que tan solo hayan sido cuatro y no todos los niños palestinos.

Algo de ese tipo de odio me es familiar en personas como la Representante electa María Fernanda Cabal, y todos los que celebran sus declaraciones. Durante el mandato de Uribe varias veces escuché o leí mensajes cargados de odio hacia cualquier tipo de solución al problema de las FARC que no implicara el total exterminio de sus combatientes y seguidores. Y aun se escuchan.

Yo rechazo cualquier tipo de nacionalismo excluyente y por ello rechazo la actitud de Netanyahu. Yo rechazo cualquier intento de teocracia y por ello rechazo las ideas del Hogar Judío y sus mensajes de odio hacia el pueblo palestino.

Pero por ello mismo me veo impedido, en estos momentos, a expresar mi apoyo a Palestina, a pedir una Palestina libre. Hamás es peor que el Hogar Judío. Hamás no solo se alegra por cualquier niño israelita muerto así como los seguidores de Hogar Judío se alegran por cualquier niño palestino muerto. Hamás también se alegra por los niños palestinos muertos porque ellos se convierten en propaganda para que los despistados movimientos progresistas en occidente salgan a pedir una Palestina Libre. Es más, Hamás se esconde entre sus propios niños y les lava el cerebro para que sean escudos humanos y carne de cañón.

Golda Meir decía que la desgracia de los palestinos es que ellos odian más a Israel de lo que aman a sus propios hijos, y lo que muestra Hamás le da razón a Meir. Para Hamás los niños palestinos no son más que escudos humanos e instrumentos de propaganda en contra de Israel.

El problema de una guerra de tantos años es que acentúa estos nacionalismos religiosos. Hay muchos palestinos que sin duda prefieren la paz para poder desarrollarse y abrazarse con sus hermanos israelíes. Hay muchos israelíes que no quieren seguir viviendo en una guerra y que se horrorizan de que su gobierno mate niños. Pero esta guerra de años también produce nacionalismos religiosos como los de Hamás y Hogar Judío. Y palestinos e israelíes siguen votando por ese tipo de partidos. No todos, pero sí los suficientes para que Hamás y Netanyahu sigan en el poder.

Y en Cisjordania Al Fatah sigue manteniendo un discurso ambiguo porque si es más claro en pedir la reconciliación y continuar la hoja de ruta hacia un modelo de dos estados, los palestinos en Cisjordania terminarán votando por Hamás y empeorando la situación.

Quiero paz en Palestina. Bajo un esquema de un estado (un Israel-Palestina secular como el que propone el electo presidente de Israel Reuven Rivlin), dos estados (Estado de Israel + Estado de Palestina, como desarrollo final de la hoja de ruta de 1993) o cualquier otro esquema estudiado o propuesto; pero si soy consecuente con mi mentalidad liberal, estoy impedido a apoyar una Palestina libre bajo una teocracia islamista cuya principal razón de ser es destruir a una democracia.

Y creo que cualquier persona que se considere liberal o progresista debe saber que Hamás es todo lo contrario a lo que dicen defender y que aún con todos los defectos del conservadurismo actual en el gobierno del Estado de Israel, el Estado de Israel junto con Turquía representan lo más parecido al ideal liberal y progresista que hoy hay en oriente medio.

En otras palabras, no caigan en la propaganda de Hamás que está dispuesta a sacrificar a sus propios niños para que occidente los reconozca.

Por los próximos cuatro años

Mi primera reacción el pasado domingo 25 de mayo, cerca de las cuatro y veinticinco de la tarde cuando ya habían publicado el boletín #4 de la registraduría con el preconteo de más del 10% de las mesas y ya era clara la situación, es que no había una verdadera alternativa para la segunda vuelta. El opositor de derecha Óscar Iván Zuluaga Escobar y el presidente en ejercicio Juan Manuel Santos Calderón encabezaban la votación y los siguientes boletines lo fueron confirmando. Zuluaga con casi un 30% de los votos y Santos con poco más del 25% pasarán a votación en segunda vuelta.

No soy antiuribista, pero el uribismo no me gusta. No soy antiuribista porque no me defino en oposición a Álvaro Uribe Vélez y su doctrina y legado. Reconozco logros en su administración. Reconozco la oportunidad histórica de su mandato. Dependiendo de la coyuntura política no vería problema alguno en darle mi voto a Uribe frente a alternativas menos deseables. O en darle mi voto a un candidato uribista. Por ello mismo no tuve una reacción inmediata a que hay que votar por Santos para atajar a Zuluaga. No es mi razón de ser política, ni mucho menos, atajar al uribismo.

Pero hay cosas de la campaña uribista que no me han gustado como las mentiras sistemáticas en contra del gobierno y del proceso de paz de La Habana. No es que yo crea en el proceso de paz en La Habana. Ya antes me había expresado en que no creo que el gobierno de Santos sea el interlocutor ideal de parte de la ciudadanía y la institucionalidad colombiana. Pero una cosa es expresar opiniones, opiniones informadas y hechos basados en evidencia y otra muy distinta es armar hombres de paja y hacer insinuaciones francamente mentirosas como decir que Santos y Timochenco están entregando el país al Castro-chavismo, o jugar a ser la víctima de una conspiración del gobierno que tiene las mismas evidencias que las armas químicas que Bush encontró en Irak.

La satanización de la oposición durante el gobierno de Uribe es otro punto al que, como pirata, me opongo. No he estudiado a fondo las propuestas de Zuluaga, pero el estilo de campaña desarrollado por Uribe y otros de sus escuderos me hacen ver que esto es aún peor que durante su gobierno. El sistemático desconocimiento de la institucionalidad tales como no presentar pruebas a la Fiscalía de las acusaciones presentadas en contra del gobierno o anunciar que se desconocerán las elecciones por fraude del gobierno aun antes de que estas se celebrasen (hablo de la campaña, porque Zuluaga declaró en los debates que sí reconocería los resultados). La promesa de levantar la mesa de negociación en La Habana o de condicionarla a requerimientos que se sabe que las FARC no van a aceptar es otro asunto que juega en contra de Zuluaga y su campaña del uribista y derechista Centro Democrático.

Todas esas son cosas que cuentan para que no me sienta a gusto dándole mi voto a Óscar Iván Zuluaga Escobar, candidato de Centro Democrático.

Por otro lado está el candidato de gobierno, el actual presidente Juan Manuel Santos Calderón. Como con todo gobierno que conozco, Santos ha tenido aciertos y fracasos. Hay actuaciones con las que he estado de acuerdo y actuaciones en las que estoy en franco desacuerdo. Pero, en mi opinión, pesan más los desaciertos que sus logros y, particularmente, que lo que escogió como bandera de su reelección.

Santos tiene un modelo de país en su cabeza y, en muchos aspectos, comparto esa visión. Pero tiene un gran problema de fondo de creer que ese país lo va a lograr a punta de acuerdos y de quedar bien con todo el mundo porque por ese camino lo que logra es prostituir su modelo y quedar mal con todos. Logró mayorías en el congreso en lo que se conoció como la aplanadora: una pieza de maquinaria que le permitía pasar casi todos sus proyectos pero que requiere un mantenimiento enorme; lo que siempre se conoció como aceitada pero que pasó a llamarse la mermelada.

Esa forma de hacer política no es nueva de Santos. Uribe la practicó y por ello suena irónico cuando la campaña del Centro Democrático esgrime a la mermelada como estrategia anti-Santos. Sonaría irónico si no es porque los uribistas lo creen. Y Uribe practicó ese método con Zuluaga de Ministro de Hacienda. Y antes de Uribe, lo usó Pastrana, y Samper, y Gaviria, y los gobiernos anteriores a la constitución de 1991 cuando se reconocían legalmente los así llamados auxilios parlamentarios.

Y sí, Santos ha usado el presupuesto de la nación, tramitado por los congresistas, para que estos dispongan de obras para sus regiones a cambio de pasar proyectos de ley. Juan Manuel Santos ha sistemáticamente criado una clase política que actúe en masa y, aun con ello, ha sido incapaz de lograr reformas claves como la reforma a la Salud, la reforma a la Justicia y la reforma a la Educación porque en su afán de afinar su maquinaria dejó por fuera al ciudadano de a pie, a las personas que reciben la salud, la justicia y la educación y a los profesionales que las aplican.

La implementación del tratado de libre comercio con los EE.UU., negociado durante la administración de Álvaro Uribe, trajo imposiciones sobre propiedad intelectual que favorecen al gran capital estadounidense, mismo gran capital contra el que se alzó el movimiento Occupy Wall Street, y no a los productores locales de semillas o de contenidos digitales, entre otras.

Yo creo en el libre mercado, pero creo que el libre mercado debe ser libre tanto para el gran productor como para el pequeño productor y debe ser libre para el gran consumidor y para el pequeño consumidor. Un libre mercado enfocado a favorecer al gran productor sobre el pequeño consumidor es una perversión del modelo y ahí encuentro diferencias fundamentales entre lo que propone Juan Manuel Santos y lo que yo creo. (Por cierto: una evidencia más de que Santos no es castro-chavista.) La tardanza en implementar sistemas de protección al medio ambiente frente a prácticas predatorias legales (e, incluso, frente a las ilegales), hacen que Santos esté lejos de ser el presidente que quiero gobernando a mi país por cuatro años más.

Y está el tema de la paz. Por un lado se supone que Santos pretendió armar eso como un asunto de estado, no de gobierno, pero luego, pareciera que su único caballo de batalla, su única propuesta para ser reelecto, era que él, Juan Manuel Santos, era el candidato de la paz. Claramente esto era un diferenciador frente a Zuluaga y el uribismo que prometían levantar la mesa de negociación en La Habana, pero los demás candidatos apoyaban plenamente o con reservas, las conversaciones con las FARC fueron así sistemáticamente ignorados.

Mi desilusión viene de antes. De los cinco candidatos que se enfrentaron en primera vuelta todos tenían sus peros. Ninguno lograba enamorar con sus propuestas o su carisma. La candidata conservadora Marta Lucía Ramírez me pareció que representaba a una derecha más seria, pero igual estaba demasiado a la derecha para mi gusto en temas sociales. Si hay alguien a quien creo rescatable en estos momentos en el Polo Democrático es, precisamente, a su candidata Clara López. Pero no veo al Polo, todavía, con la paciencia y liderazgo de Michelle Bachelet, Lula da Silva o Dilma Rouseff, para llevar su visión dentro de un cause democrático y dentro una economía de mercado. En Enrique Peñalosa veo una coherencia en su visión de país, empañada por una serie de saltos y piruetas en su forma de hacer política. Finalmente voté por Peñalosa por el tipo de personas que lo estaban apoyando en esta última etapa, pero tanto López como Ramírez eran para mí una mucho mejor opción para darle mi voto en segunda vuelta que Santos o Zuluaga.

Pero ni Peñalosa, ni López, ni Ramírez lograron llegar a la segunda vuelta.

Mi primera reacción fue que quedaron justamente los dos por los cuales yo no votaría; y dentro de este escenario contemplé abstenerme a votar en segunda vuelta, o esa abstención velada que es ir a la urna a anular el voto. Recuerdo que en 1998 me pasó eso mismo: no confiaba ni en Horacio Serpa ni en Andrés Pastrana y consideré seriamente anular mi voto, pero una vez en el cubículo de votación marqué sólo la casilla de Pastrana y deposité ese voto así.

Esa fue mi sensación durante el resto del domingo y el lunes.

El lunes, adicionalmente, sentí en redes sociales esa sensación de que me obligaban moralmente a votar por Santos para atajar a Uribe. Muchos a querer disfrazar o justificar su voto por Santos como un voto por la Paz. Dentro de mi duelo de no tener una buena opción para votar el 15 de junio próximo, me resentí a ese tipo de manipulación. Particularmente porque ni soy antiuribista, ni creo que Santos sea la Paz.

Pero, la verdad, las elecciones de segunda vuelta presidencial no se tratan de buscar un candidato por el que sí votarías, ni escoger entre el menos malo. Se trata de terminar de definir lo que no se definió en la primera vuelta presidencial.

En la primera vuelta presidencial ya se decidió que el próximo presidente de Colombia será una persona de tendencia económica neoliberal pro-gran-capital y comprometido a lograr la gobernabilidad comprando al congreso. Eso ya no está en juego y en mi opinión es un error si el Polo Democrático o la Alianza Verde pretenden lograr acuerdos programáticos con la campaña de Juan Manuel Santos a cambio de su voto. Lo peor que puede pasar es que Santos gane la segunda vuelta a costa de comprometerse con el Polo, con la Alianza Verde, con los conservadores de Marta Lucía Ramírez, con los congresistas mermelados, con Dios y con el Diablo y que ante una alianza tan disímil sea incapaz de cumplir cualquier cosa.

Esta segunda vuelta es para decidir, entre lo que ya se decidió, cuales puntos diferenciadores son los que deberían primar en el gobierno de los próximos cuatro años.

Y no votar, o anular el voto, es siempre una opción en una democracia libre.

Hoy me inclino por Juan Manuel Santos porque lo que no me ha gustado de Uribe y su campaña pesa más que lo que no me ha gustado de Santos. Porque prefiero un país donde haya paros y no uno donde la gente esté asustada de protestar contra el gobierno (y uds. ya saben que no me gustan los paros). Porque prefiero que se queme la posibilidad de una negociación de Paz en La Habana a, simplemente, levantarse de la mesa.

Pero dije: “Uribe y su campaña” pero el candidato presidencial no es Álvaro Uribe Vélez: el candidato es Óscar Iván Zuluaga Escobar. No he conocido a Zuluaga lo suficiente para realmente sentir cómo es él como persona o como futuro presidente. Si Zuluaga no es más que un títere de Uribe lo veo como una mala cosa porque sería un fusible, una oportunidad del uribismo de ser más radical aún de lo que fue porque al títere lo pueden quemar. Pero sospecho que Zuluaga no es un títere. Podría ser alguien aún más sectario que el expresidente y senador electo Uribe, alguien como Fernando Londoño Hoyos; o un clon ideológico como Andrés Felipe Arias; o podría ser, lo que creo más probable, una persona con criterio propio para tomar sus propias decisiones por fuera de la doctrina. Sospecho que Zuluaga puede ser esto último y, en ese caso, podría ver a Zuluaga como una mejor opción que Santos.

Hablo de una mejor opción no porque me sea ideológicamente afín. Ya perdí en la primera vuelta la posibilidad de tener un presidente ideológicamente afín. Sino una mejor opción de tener en el Palacio de Nariño, por los próximos cuatro años, un presidente que permita unas reglas de juego donde prime la discusión de qué es mejor para el país y no la discusión de quién gana.

Pero no conozco a Zuluaga lo suficiente, y dentro de lo que sí conozco me quedo con Santos sobre Uribe.

Matematicando

Recuerdo hace un par de meses, en una emisora colombiana, comentaban sobre el bajo desempeño de Colombia en unas pruebas internacionales de calidad en la educación. Preocupante era, sobre todo, el muy bajo desempeño en matemáticas.

Una de las periodistas no parecía preocupada. Contaba cómo en su caso particular las matemáticas no le habían servido para nada y hoy se consideraba una exitosa profesional.

Ese tipo de visión me parece peligrosa. Sí, una cosa es el caso personal de cada individuo. No todo el mundo ha de ser igual de excelente en todas las áreas del saber y cada profesión u opción de vida tiene su propio conjunto de destrezas.

Hay cierto tipos de destrezas que son, en mi opinión, básicas para crear una mentalidad y que ayuda a resolver problemas en comunidad: están las competencias en lenguaje, las competencias en ciencias formales y las competencias en el entendimiento sobre el entendimiento. En palabras más concretas: lenguaje, lógica/matemática y filosofía/epistemología.

No todo el mundo los necesita, desde luego. Individualmente podemos triunfar en la vida con apenas el lenguaje oral que aprendimos en la casa y sin saber siquiera multiplicar con una calculadora. Por milenios el hombre ha sobrevivido sin este tipo de conocimientos y formaciones mentales. También estamos hablando de milenios en los que el pensamiento mágico imperaba, la principal causa de muerte en las mujeres era por complicaciones en el parto, llegar a los cincuenta años, ciego, era un privilegio de pocos, y los súbditos éramos propiedad de nuestros señores.

Como individuos podemos ahora vivir de los frutos del progreso y de la democracia y ser exitosos hablando tonterías. Pero cómo sociedad necesitamos que haya más personas con pensamiento crítico, destrezas en solución de conflictos, discernimiento, comprensión de puntos de vista, evaluación de escenarios, etc.

Las matemáticas dan mucho más que la capacidad de contar las vueltas en una tienda; o las destrezas específicas para entrar a una facultad de ingeniería. Las matemáticas generan una estructura mental que benefician también al médico, al comunicador social o al sociólogo, no específicamente para tener éxito en su profesión sino cómo ciudadano en una democracia y como una persona que influye en una sociedad.

Tan importante es que el periodista pueda discernir y evaluar como que el ingeniero o el científico puedan comunicar.

La mentalidad de que porque algo no fue particularmente útil para mí, entonces no es útil, me parece peligrosa, por decirlo de una forma suave, y más aún cuando lo dice sin mayor criterio un formador de opinión.

Pensar que el éxito como nación se mide, no por la capacidad innovadora o por el criterio de trabajar en comunidad y exigirle a nuestros líderes soluciones de crecimiento colectivo sino por lograr éxito individual hablando trivialidades en radio y mostrando las tetas en una revista a un mensaje que no comparto.

De filosofía hablaré otro día.

Divino karma (y el porqué de la existencia)

Pasaron las elecciones y apenas me enteré. Pasaron los premios Oscar y apenas me enteré. Por motivos ajenos a mi voluntad pero voluntariamente aceptados me he apartado de mis habituales distractores sociales lo cual incluye haberme apartado de la forma como normalmente me relaciono con la sociedad; y he dedicado un mayor tiempo y esfuerzo a definirme en mi filosofía personal y cómo esta se relaciona con la filosofía y teología de las personas a mi alrededor.

Justicia y venganza divina (1808) óleo sobre lienzo, por Pierre-Paul Prud'hon

Justicia y venganza divina (1808) óleo sobre lienzo, por Pierre-Paul Prud’hon

Ornamento de cielo raso, Ranakpur, Rajasthan, India. Las líneas interconectadas representan el karma.

He notado que muchas de las cosas que parecen tener sentido para personas a mi alrededor no tienen sentido para mí. Creo que la mayoría de nosotros espera que al final siempre se haga justicia. Finalmente sucede así en las telenovelas, en las series policiacas, en la mayor parte de la ficción de consumo. Pensar que Dios en el juicio final condenará a quienes causaron daño y premiará a los buenos. Pensar que el karma, como una fuerza impersonal del universo, se encargará de castigar nuestros actos malvados y premiar nuestra bondad. Cuando descubrimos que en el mundo no siempre la justicia de los hombres es suficiente, sentimos en la necesidad que creer en una justicia última administrada por el universo o por Dios. Una justicia inescapable. Es reconfortante saber que si alguien nos hace daño tarde o temprano la pagará, si no en esta en otra vida.

Pero ¿el hecho de que deseemos eso lo hace verdad? El mundo que conocemos, el tangible, el real; el mundo que podemos probar es indiferente ante la injusticia. Un terremoto no mira si sus víctimas eran personas virtuosas o malvadas; si creían y temían el poder de Dios o si eran ateos inmorales. La justicia administrada por los hombres puede ser en ocasiones tremendamente injusta para nuestros gustos. ¿Por qué un guerrillero que se alzó en armas contra personas de bien, secuestró, mató, causó daño al patrimonio y al progreso del pueblo, recibirá una pena simbólica y un pase gratis al congreso, mientras que un soldado que defendió a las víctimas será vilmente condenado por haber usado las armas del estado, bajo el mando del estado, para contener a esos hampones? La justicia de los hombres aplicada en Alemania entre 1932 y 1945. La justicia de los hombres aplicada en el sur de los EE.UU. en la primera mitad del siglo XX. Hay muchos ejemplos de la justicia de los hombres que apestan: que son injustas. Pero eso no pasa con la justicia divina, ni con la justicia poética, ni con el karma.

Es reconfortante saber que el mal no prevalecerá. Es reconfortante saber que las víctimas serán resarcidas en el más allá y los victimarios serán castigados. Es reconfortante creer que todo saldrá bien aunque lo que vemos nos indique que todo está saliendo mal. Una fe que nos ayuda a aceptar lo que creemos que está mal porque al final estará bien. ¿O no?

Estamos creyendo con el deseo. Creemos en una justicia final administrada por alguien infalible como Dios o como el universo panteísta, no porque tengamos evidencia de esa justicia sino porque es desesperanzador pensar diferente. Pero la esperanza no hace las cosas verdaderas. El universo no deja de ser indiferente porque esa indiferencia sería desesperanzadora. Dios no existe porque la idea de un mundo sin el administrador final de justicia sea inaceptable. La esperanza, si bien ayuda a mitigar el dolor, también se convierte en abandono. Dejamos de creer que podemos hacer algo para cambiar las cosas porque, finalmente, Dios o el universo se encargarán de rectificar lo que nosotros no logremos.

Pero, incluso cuando sea inevitable pensar que nuestro esfuerzo será futil, la esperanza no convierte nuestros deseos en realidad. El universo seguirá siendo indiferente y Dios, si existe, no será menos indiferente de lo que ha demostrado ser. Las cosas no son como son para nuestra complacencia.

Santo Tomás de Aquinas y sus cinco vías para la fe.

Entre más investigo a Dios y los argumentos y evidencias presentadas a su favor, menos sentido tiene su existencia. Una línea de argumentos son los argumentos de primera causa o argumentos cosmológicos. Tomás de Aquinas presenta un par de ellos: todo lo que se mueve es porque algo causó que se moviera, y ese algo fue causado por otra cosa, y así sucesivamente. Esta regresión de causas no puede ser infinita porque, de lo contrario nunca hubiera comenzado. Hay por tanto una primera causa y esa es la que llamaremos dios. Pero Tomás de Aquinas no cree en un dios impersonal, un primer motor inmóvil. Él cree en un dios personal que nos acompaña en la historia y administrará la justicia última. El apologista cristiano William Lane Craig expone dos tipos de argumentos cosmológicos: el argumento cosmológico desde la contingencia (todo tiene una razón de ser, bien sea causada o como atributo intrínseco de su naturaleza; ser no es un atributo intrínseco del universo por lo tanto debe haber una razón última y esa razón es Dios, quien por necesidad y naturaleza no es causado) y el argumento cosmológico de la teología natural musulmana o kalām (todo lo que comienza a ser es causado, el universo comenzó, por lo tanto el universo es causado y esa causa necesariamente es Dios).

La cosmología de Tomás de Aquinas y del kalām podría ser convincente cuando nuestro marco de referencia era la experiencia diaria humana, cuando nuestra intuición y nuestro sentido común se limitaba a las cosas a nuestro alcance. Aunque aún dentro de este marco de referencia no veo porqué la regresión infinita sea ilógica, aunque es probable que mi aceptación lógica de este concepto venga de mi entrenamiento como matemático e ingeniero donde los cálculos bien pueden hacerse asumiendo un tiempo infinitamente negativo. La física moderna nos trae dos concepto que ni Tomás de Aquinas ni el kalām conocían, pero que William Lane Craig sí los conoce a fondo aunque decide ignorarlos: la concepción B del tiempo de la teoría de la relatividad y la no causalidad de la mecánica cuantica.

En el marco de referencia de la experiencia humana, las cosas son causadas por eventos previos. Pero cuando la relatividad nos dice que no existe la simultaneidad ni, por ende, el concepto de previo; cuando al comparar el universo tal como lo vemos por un telescopio: un universo en expansión, con la probada teoría de la relatividad, concluímos que hace 13,8 mil millones de años el tiempo y la causalidad tal cual la conocemos no tiene sentido en ese punto; cuando la mecánica cuántica nos muestra que las cosas a muy pequeña escala no se comportan como nuestro sentido común lo sugeriría; que las cosas sí pueden aparecer de la nada, sin causa: entonces todas las premisas de los argumentos cosmológicos se desmoronan.

William Lane Craig en sus respuestas a lo que el llama nuevo ateísmo, una y otra vez sigue recurriendo a la falacia de apelar al sentido común cuando el bien sabe que el sentido común no aplica a la existencia del universo.

Una respuesta común de varios apologistas es preguntarse porqué existen las cosas en lugar de no existir. El hecho de que las cosas existan, de que el universo exista, es una prueba de que un dios creador existe. Pero la pregunta sigue estando sin contestar: ¿por qué existe un dios creador en lugar de no existir? Desde luego aquí podemos bien caer en una lógica circular: el dios creador existe porque el universo existe y sabemos que el universo existe porque lo estamos viendo y si no fue creado no existiría. Pero ahí hay un paso extra que bien podemos omitir: si podemos admitir la existencia necesaria de Dios sin que este haya sido creado, bien podemos admitir la existencia necesaria del universo sin que este haya sido creado.

Y peor que cualquier argumento trascendental es el presuposicionalismo bíblico de Sye Ten Bruggencate.

Luego está toda la gama de argumentos trascendentales. El conocimiento existe porque existe Dios, o la moral existe porque existe Dios, o la lógica existe porque existe Dios, etc. Siempre que he discutido esos argumentos encuentro al menos una de dos trabas mentales: la terquedad de no admitir explicaciones diferentes o el deseo de que exista un patrón absoluto del conocimiento, la moral y la lógica. Esto último es pensar con el deseo, con el mismo tipo de deseo con el que deseamos la existencia de la justicia divina, y es creer que las cosas son porque así las deseamos.

Sobre saber y creer

¿Qué diferencia hay entre creer y saber?  [(verdades{conocimiento)creencias}] Según cierto diagrama que he visto circular lo que sabemos (conocimiento) no es más que la intersección entre lo que creemos (creencia) y lo que es (verdades o realidad).  El diagrama parece útil para definir conocimiento pero es inútil para ponerlo en práctica porque desde nuestra perspectiva del mundo no hay forma de saber qué de lo que creemos corresponde a la realidad y qué no.  Al menos no en los niveles más profundos del razonamiento sobre la existencia.

¿Existe la realidad?  Bueno, está ahí, la podemos percibir: es tangible.  ¿Cuál es la naturaleza de tal realidad?  Lo que un físico teórico nos dice sobre el mundo desde su disciplina, lo que nos dice sobre el espacio y el tiempo, sobre el mundo de lo muy pequeño (mecánica cuántica) y lo muy grande (cosmología) es bien distinto de lo que nuestra percepción inmediata nos muestra.  Lo que percibimos como un objeto sólido sería una colección de partículas subatómicas en constante movilidad que en conjunto reaccionan con las partículas subatómicas que reconocemos como nuestro cuerpo.  Si algo pasa después de nuestro presente es algo que pasa en el futuro, pero un observador en adecuado movimiento podrá ver que ese futuro ya existía cuando ocurrió nuestro presente.  El tiempo, dentro de la realidad de un físico teórico, es diferente al tiempo de nuestra experiencia.  Nuestro sentido común nos ayuda a vivir a cierta escala, pero no nos ayuda a entender el universo tal cual lo conocemos a otras escalas.

[Belleza americana] Pero no necesitamos entrar a la minucias de la física teórica.  Basta con ver nuestros propios sueños.  Durante la ensoñación nuestra mente vive una realidad distinta a la que conocemos como la realidad cuando estamos despiertos.  Pero no lo sabemos.  Durante la ensoñación nuestra mente está atrapada percibiendo impulsos de otras partes del cerebro (visión netamente materialista) o de otro tipo de realidades (visión espiritualista) y normalmente ante la duda cualquier prueba ingenua de determinar si estamos soñando o estamos despiertos nos dirá que estamos despiertos.  A veces despertamos y recordamos el sueño y descubrimos lo absurdo que era o algo que nos debió haber dado una pista de que era un sueño y no la realidad.  Pistas como la ausencia de color o de olores, o de la presión de la gravedad sobre nuestros cuerpos.

[Inception Totem] Pero durante el sueño no nos percatábamos de esas pruebas.  Donde surge nuestra pregunta: ¿y si lo que conocemos como realidad cuando estamos en vigila no es más que otro sueño en el que creemos estar despiertos? ¿Cómo podremos saberlo? ¿Cómo sabemos que no somos una simulación en un supercomputador? [The Matrix] ¿Cómo sabemos que no somos entes inconscientes conectados a una matriz?

El solipsismo es la creencia o conjetura de que la realidad no existe, pero dudo mucho que la mayor parte de las personas que alguna vez hayamos esgrimido el argumento solipsista guardemos la convicción de que la realidad efectivamente no existe.  El verdadero peso del argumento no está en creer en el solipsismo sino en reconocer que no hay una forma completamente certera de saber que la realidad existe.  Reconocer esto nos lleva a pensar que definir al conocimiento como el conjunto que creencias que tenemos y que sí corresponde a la realidad es una definición inútil.

René Descartes lo llamaba la duda metódica.  El sabía que nuestros sentidos son falibles.  Si tengo mi mano derecha entre agua halada y la izquierda entre agua hirviendo y tras un rato paso ambas a un recipiente de agua tibia, mi mano derecha me reportará que el agua está caliente y la izquierda nos dirá que está fría.  Existen visiones, alucinaciones, errores, prejuicios y muchos otros factores que obstaculizan nuestra percepción de la realidad así que debemos es usar la razón y no la experiencia como guía de qué es verdadero o falso.  Cogito ergo sum es el latinajo que mejor resume su principal y más aceptada conclusión.  Para mí es una realidad que yo existo porque soy yo quien está percibiendo, dudando, pensando.  La naturaleza de quien soy yo es otra cosa, pero yo existo.  Y en segundo lugar existe un origen de mis percepciones la cual, de acuerdo a la teoría materialista de los sueños, bien puede ser otra área de mi propia existencia, pero por el momento la llamaré realidad.  Este razonamiento no nos dice nada sobre la naturaleza de la realidad, sólo sobre su existencia.

Yo existo y la realidad existe.  Para determinar la naturaleza de la realidad y mi naturaleza el solipsismo, la duda metódica y otros mecanismos dejan de ser útiles.  [External World Excepticism] El youtubero AntiCitizenX nos presenta dos capas adicionales entre la realidad y el yo: la percepción (cómo percibo la realidad) y el lenguaje (cómo describo lo que percibo).  Creo que el modelo es adecuado.

[Longitudes de onda] Si pienso en la realidad como todo el universo (y el universo de acuerdo a las teorías modernas sobre el cosmos), lo que percibo de la realidad directa e indirectamente es apenas una fracción.  Mi visión es limitada a ciertas longitudes de onda y a la existencia de luz y objetos opacos, mi audición se limita a ciertas frecuencias y potencias, mi tacto sólo a lo que está en mi entorno inmediato, etc.  Pero además de mi experiencia inmediata poseo la habilidad de comunicarme y enriquecer mi percepción del mundo con las experiencias, alucinaciones e invenciones de otras personas que me hayan sido comunicadas directamente o a través de lecturas y documentales.

Pues bien, yo creo que la realidad existe, que esa realidad es el universo y que dentro de ese universo en una no muy impresionante galaxia, en un sistema planetario al rededor de una estrella mediana, en un pequeño planeta rocoso, existo y comparto mi existencia con miles de millones de otras personas vivas por no hablar de plantas y animales y objetos creados o no por el hombre.

No tengo forma de probar esta creencia por encima de cualquier duda filosófica, pero es tan fuerte esta convicción que podría apostar mi propia existencia a que esa es la realidad.  Al menos si no entramos en demasiados detalles.

No tengo forma de saber cuales de las cosas que creo corresponden o no a la realidad.  Puedo evaluar si lo que creo contradice o no a la realidad percibida, pero incluso un conflicto en este caso: algo que creo pero se contradice con la realidad percibida, no implica que creo algo falso sino que puede significar que no percibo correctamente la realidad.  Por ejemplo si creo que mi cuerpo y los objetos sólidos con los que interactúo no son más que colecciones de partículas subatómicas gobernadas por fuerzas y que es imposible tocar las cosas (adposición real de las partículas de un objeto con las partículas de mis dedos), eso contradice mi experiencia de tocar objetos, pero lo puedo explicar en que mi percepción de tocar no es más que una percepción útil pero desconectada de la realidad de la física de partículas.

U otra forma de verlo es que “tocar” no significa lo mismo al nivel macro de la experiencia humana que al nivel micro de la física cuántica.

Ahora bien, mi experiencia directa carece de la existencia de Neptuno como un cuerpo celeste.  He visto a Venus, a Marte, a Júpiter y a Saturno.  Por telescopio he visto las lunas galileas de Júpiter.  Desde luego he visto al Sol y a la Luna.  Pero salvo modelos, fotos en libros y en programas de televisión, nunca he tenido una vista directa de Mercurio, Urano o Neptuno, ni, desde luego, Plutón.  Pero doy suficiente credibilidad a las fuentes que me hablan de Neptuno que asumo que es una realidad.  La existencia de Neptuno está dentro de lo que estoy en capacidad de verificar por mi mismo, construyendo un telescopio (para asegurarme que no es una pantalla con gráficos generados) y apuntando a donde deba estar, pero a lo que no dedicaré mi tiempo a intentarlo.  Muchas otras cosas que creo que existen y las que no pongo en duda caen por fuera de lo que podría verificar directamente: la existencia de los átomos y las moléculas; la existencia de planetas extrasolares; la existencia de agua en otras galaxias; la existencia de personajes históricos como George Washington o Simón Bolívar; el origen de la humanidad y de nuestro sistema solar.

[Nara 奈良] He viajado en avión y conocido lugares como Estados Unidos, Europa, China, Australia y Japón.  ¿Qué garantía tengo de que no me metieron en un simulador que fue transportado una corta distancia a un lugar cercano donde actores hablaban diferente y muchas cosas se veían y olían diferente?  Ninguna.  Pero no creo que eso tenga mucho sentido que alguien haya tratado de engañarme de esa forma para que yo crea que el mundo es grande y tiene diferentes husos horarios.  El principio de la navaja de Occam me lleva a pensar que el mundo es real, que mis viajes en avión fueron reales, que esos países existen y están todos en un planeta al que llamamos Tierra, así como son reales los países que aprendí en la escuela y veo en los noticieros.

Estas son creencias que no cuestiono más allá de una especulación filosófica.  Yo existo, el mundo existe, los objetos y las personas a mi alrededor existen y usted, querido lector, existe.  Y creo que existen, que existimos, más o menos como lo percibo haciendo salvedades como qué significa “tocar” y “ver” entre lo que percibo y como una realidad modelada como física de partículas implicaría.

Por otro lado hay una serie de cosas que creo sin mayor fundamento.  Creo que es más favorable para la humanidad el progreso tecnológico dado por el conocimiento compartido que el que surge de motivaciones monopolísticas.  Ésta es una idea política que va a la par de mi ideario pirata pero ¿puedo asegurar que es verdad?  No tengo las herramientas históricas para evaluar información pasada ni los recursos económicos para hacer un experimento social a gran escala que pueda decir si mi opinión sobre la propiedad intelectual es más acertada que la de otros.  Este tipo de creencias es más una opinión que una certeza, aunque tengo bases para creer que ésta en particular es una opinión fundamentada.

¿Es mejor como política de estado propiciar el crecimiento económico para que una economía próspera beneficie a los menos afortunados? ¿O es necesario que se ayude a los menos afortunados primero, aun a costa de retrasar el crecimiento económico, para garantizar luego la masa crítica que propicie un crecimiento real?  ¿O no existe tal cosa como los menos favorecidos sino personas que tomaron decisiones y se atienen a sus consecuencias y la labor del estado no es ayudar a éstos que representan una carga social?  Lo más probable es que la opinión que usted tenga sobre estas preguntas no corresponda a una verdad verificable sino a una opinión que bien puede estar dada por su situación social y conveniencia (me conviene que el estado invierta en mí o no me conviene que el estado tome de mi plata para invertir en otros), prejuicios (desconfío de los liberales/de los conservadores), observaciones no sistemáticas generalizadas (a los pobres cuando le regalan plata se la toman / el origen de la pobreza es el impulso de los ricos de seguir acumulando), el deseo (el mundo sería más placentero si lo que creo que es verdad es verdad), etc.

No implico que toda creencia en ciencias sociales en general y en economía y política en particular carezca de convicción o no tenga bases empíricas pero sí creo que en su gran mayoría las bases empíricas para confirmar o falsear cada una de estas tesis es demasiado poca y, en algunos casos, imposible o, por lo menos, impráctica.

No es que yo carezca de convicción sobre las tesis del partido pirata, sólo que no puedo afirmarlas como verdaderas con la misma certeza con las que afirmo que soy un ser humano que convive con su familia y sus gatos y ocasionalmente escribe en un blog.

Entonces hay cosas que creemos con plena certeza y cosas que creemos por opinión.  Cosas que creemos porque las hemos experimentado de primera mano y cosas que creemos porque damos credibilidad a otras personas.  También, entre las cosas que creemos hay cosas que creemos importantes y otras que creemos triviales y cosas que creemos convencidos y creencias que reconocemos como temporales.

Cuando miro la carta de un restaurante para escoger qué voy a cenar, parte de la decisión es una creencia: ¿me sentiré más satisfecho si ordeno un bistec o si ordeno unas costillitas de cerdo?  La resolución de ese dilema es una creencia temporal.  Hoy siento que tal plato me satisfará más que tal otro.  Tal vez me equivoque en la creencia, pero es importante tomar una decisión.  Cuando estoy evaluando candidatos para votarlos en un puesto público escogeré al que creo mejor (o menos malo, o más afín ideológicamente).  Tal vez me equivoque, pero no tengo el tiempo ni los recursos empíricos para convertir esta creencia temporal en una convicción.

Lo que creemos está lleno de matices.  Entre la certeza y la mera especulación; entre la convicción y la temporalidad de la creencia; entre la importancia de estar en lo correcto y la intrascendencia del tema.  Entre la correcta descripción de la realidad (conocimiento) y la incorrecta (creencia errónea).

El problema con la correspondencia entre nuestras creencias y la realidad, reitero, es que no es falseable.  A lo más puedo corresponder mi visión del mundo (creencia) con la realidad percibida, pero no puedo asegurar que la realidad percibida sea realmente la realidad.  La única herramienta que realmente tengo es el juicio que yo puedo hacer sobre lo que yo creo y el contraste frente a lo que otros me comunican que ellos creen.

AntiCitizenX llama epistemología al valor de verdad que, a la luz de un marco filosófico, puedo dar a una proposición.  El juicio que yo puedo dar a una proposición para saber si creo que es verdadera o es falsa.

Frente a los debates que he visto últimamente con respecto a la nueva era por un lado y el presuposicionalismo apologético al otro frente al escepticismo materialista, puedo ver al menos tres posiciones epistemológicas distintas.

La epistemología sobre la cual se basa el método científico es el pragmatismo.  Una proposición es (temporalmente) verdad si usando tal proposición se obtienen resultados esperados.  El concepto de falseabilidad nos lleva a probar si una proposición temporalmente verdadera es absolutamente verdadera tratando de probar que es falsa, pero la falseabilidad no nos dice que sea absolutamente verdadera si pasa la prueba, solo que sigue siendo temporalmente verdadera.

La ciencia termina hablando de dos tipos de proposiciones: hipótesis falseables y no falseables.  Las primeras pueden ser temporalmente verdaderas o probadas falsas.  Las hipótesis no falseables, por otro lado, son irrelevantes pues no sirven para hacer predicciones.

Un pragmático que se adhiere al materialismo metafísico dirá que las proposiciones no falseables deben ser tomadas como falsas.  Primero: no tienen ningún valor pues las decisiones tomadas con base en esa creencia no tiene efectos medibles.  Segundo: tomar tales proposiciones como verdaderas nos llevan a ignorar proposiciones útiles.  [Isaac Newton] A los 27 años Isaac Newton había inventado el cálculo, formulado las leyes de la mecánica clásica y propuesto la teoría de la gravitación universal.  Corroboró que una fuerza de inverso del cuadrado de la distancia que se derivaría del principio de conservación de la materia, era compatible con el modelo de Keppler de las órbitas de los planetas.  Encontró que el modelo para múltiples cuerpos (p. ej. todo el sistema solar conocido hasta entonces) era demasiado complejo.  Determinó que el problema era irresoluble por métodos matemáticos y concluyó que Dios era necesario para garantizar la harmonía observada.  Dios solucionó el problema para Newton.  El resto de su longeva vida se dedicó a intentar destruir a Leibniz (quien probablemente inventó el cálculo independientemente al mismo tiempo que Newton, o tal vez sólo mejoró la notación), a experimentar con la alquimia y a elucubrar sobre la naturaleza de Dios, sin un solo aporte adicional a la ciencia.

Sin usar nada distinto al cálculo inventado por Newton, Lagrange resolvió el problema de las órbitas harmónicas de los planetas, sin necesidad de recurrir a una explicación externa tal como Dios.  Al introducir una hipótesis no corroborable ni falseable (Dios), Newton resolvió su problema pero no halló la solución al mismo.  El materialismo nos lleva, por lo tanto, a descartar proposiciones que no se pueden corroborar o falsear.
Pero, insisten otros, que no sea falseable no significa que sea falsa.

[El secreto] Existe una realidad más allá de lo que la ciencia puede probar.  Los presuposicionalistas dirán que tal realidad es Dios.  Los esotéricos encontrarán otras posibles verdades tales como El secreto o la Ciencia Espiritual.  Los conspiranoicos insistirán en que el materialismo no es más que una invención de los illuminati para convencernos de esa conspiración llamada ciencia.

[Ken Ham] En la epistemología esotérica, el valor de verdad de una preposición está determinado por la paz mental interior que siente la persona que la observa.  Para un creacionista como Ken Ham la epistemología se reduce a la biblia: ante una contradicción entre el mundo observado y la biblia la biblia siempre tiene la razón y hay que refinar la observación o la hipótesis para que sea conforme a la biblia.

[Sye Ten Bruggencate]

How do you know?

El presuposiocionalismo, o al menos la versión bastardizada del mismo que formula Sye Ten Bruggencate parte de que el único conocimiento posible parte de Dios y que éste es absoluto, conocible únicamente por revelación y todo lo demás que digamos conocer (incluyendo aquello que conocemos por la observación y que contradice aspectos de cierto dios cristiano) es una prueba de Dios (entendiendo por Dios al dios cristiano).

Ninguna de estas epistemologías alternas, sin embargo, muestra el nivel de resultados que muestra la epistemología pragmática.

La ciencia nos ha llevado a la luna.  La fe nos llevará al cielo.  Salvo que no hay evidencia alguna de que exista algo llamado cielo a donde vayan nuestras almas al morir nuestros cuerpos, como tampoco hay evidencia de la existencia de almas por fuera de nuestros cuerpos.  Ni de almas que migren de persona en persona en procesos de reencarnacion, ni almas que abandones nuestros cuerpos mientras dormimos, ni de ninguna interpretación dual de un alma separada de nuestros cuerpos.

Blaise Pascal nos decía que no perdíamos nada con la fe, pues si la hipótesis materialista es real, entonces creyentes y ateos sufrirán la misma suerte después de muertos, pero si la hipótesis cristiana es real los ateos estamos arriesgando una condena eterna.  Pero eso es una falsa dicotomía.  El cristianismo no es la única alternativa al materialismo.  El karma reencarnado de ciertas ideologías orientales dan más peso a nuestros actos en vida para que nuestras almas migrantes avancen que a nuestras creencias.  Si esta hipótesis fuera cierta el cristiano que pide perdón de sus crímenes a un dios inexistente reencarnará en un ser inferior por no haber reparado con las víctimas sus crímenes, mientras que el ateo que busca una vida justa se verá recompensado aún sin haber creído, o muchas otras visiones del mundo nos darán diferentes versiones que cual será la mejor apuesta.

¿Será mejor buscar la paz mental propia aún a costa de nuestra salud y del bienestar de todos los demás?  ¿O buscar el cielo y hacer lo posible por no ir al infierno?  ¿U obrar lo mejor posible para ser recompensados con una mejor vida cuando reencarnemos?  ¿O dejo que mi empatía dicte el curso de lo que considero lo mejor para mis semejantes independientemente de mis consecuencias personales?  ¿Qué sistema de creencias me ayudará mejor a buscar mis propios objetivos?  ¿Qué epistemología me llevará a discernir qué es verdad o no de acuerdo a estos objetivos?

Y, finalmente, ¿si logro mis objetivos aun cuando lo que creí cierto era realmente falso, fue importante insistir en que mi verdad era la verdad?

Y la pregunta más importante de todas: en una pelea entre Hulk y Gokú ¿quién gana? [Goku vs Hulk]

Navidad

En mi casa a veces me han llamado Grinch porque no me gusta decorar la navidad en noviembre, y dada mi poca religiosidad también me lo achacan a que soy un Grinch por ser ateo. La verdad me parece incorrecta esa apreciación porque la navidad sí me gusta (aunque en alguna época si tuve mi periodo Grinch).

Cuando era niño y estudiante en un colegio de calendario A, al terminar el año lectivo a finales de noviembre habían en mi casa (y en la ciudad en general) pocas manifestaciones de la temporada navideña que se avecinaba. Estaba el día de las velitas como un preámbulo, pero la temporada navideña comenzaba el 16 de diciembre junto con la novena de aguinaldos. El 16 de diciembre era el día para tener armado el pesebre y el árbol.

Nuestro pesebre, armado a mediados de noviembre y que no sobrevivió a los gatos.

Entonces estaba la novena de aguinaldos. Nueve días para compartir con la familia y los amigos de la familia el espíritu festivo de la navidad. Para comer natilla y buñuelos, ver cómo habían armado el pesebre en las otras casas. Poner luces en las ventanas y ver los Pesebre (con burro, buey, abeto, menorah y Papá Noel)desorganizados espectáculos de pólvora de los vecinos y de cuando en cuando participar en uno de ellos.

El 24 terminaba la novena y con la gran celebración familiar de nochebuena. Como niño que era lo importante eran los regalos que habían descansado debajo del árbol los días anteriores y que por fín podríamos abrir. Luego, a medida que crecía y mi apetito de adolescente aumentaba la cena navideña empezó a sentirse importante. Los tamales de mi abuelita (que nunca he visto similares en el comercio), el pavo que deshuesaba y rellenaba mi papá, y todas las demás viandas que acompañaban el festejo.

Para mí la navidad siempre ha sido la nochebuena. El 25 era el día de estrenar los juguetes. De desayunar los tamales arriba mencionados, hacer algunas visitas (una importante era a donde mi tío, pues su esposa cumple ese día), o descansar. Por los próximos tres días la dieta giraba alrededor del pavo. Llegaba luego el 28 de diciembre y la celebración del día de los inocentes sin que de mi parte hubiera habido una broma memorable que yo haya perpetrado o me hayan perpetrado.

Cada uno de estos días con mi hermana íbamos al pesebre a colocar a los Reyes Magos cada vez más cerca del nacimiento.

Pasaba la celebración de Año Nuevo (igualmente, lo importante era despedir el año la noche del 31 porque el primero de enero era y es el día de no hacer nada), y poco a poco hacíamos la cuenta final de la temporada navideña cuando el 6 de enero lo Reyes Magos llegaban a dónde el Niño Dios y ya podíamos desmontar el pesebre, el árbol, las luces y toda la demás decoración navideña.

La temporada eran esos 22 días entre el 16 de diciembre y el 6 de enero. Unos días que disfrutaba realmente. Y tal vez en eso influya mi resistencia a que el comercio tenga decorado de navidad desde septiembre y a que los vecinos ya hayan llenado de luces sus casas desde mediados de noviembre.

Si a eso le sumamos mi cumpleaños finalizando noviembre, suficientemente cerca a la navidad como para que uno que otro pariente decidiera que podía matar dos regalos con uno solo, eso contribuye a mi aprehensión hacia las navidades novembrinas. ¡Yo no cumplo en navidad! ¡Yo cumplo en noviembre!

Papá Noel – imagen por Matti Mattila licenciada bajo Creative Commons

La otra cosa que resiento de la navidad hoy en día es cómo la mitología autóctona de la navidad ha venido cediendo a la mitología gringa de Santa Claus, los renos y los muñecos de nieve. Hace un par de años estaba bajando unos villancicos tradicionales de Youtube y encontré una versión de Mi burrito sabanero. En ese momento no le presté mucho cuidado, pero hace poco revisando lo que tenía en mi colección de videos, lo encontré y lo estuve mirando. Y me estuve decepcionando. Estamos hablando de una canción del folclore hispano (no sé de qué país sea originalmente) sin una letra muy profunda: se trata de un burro con el que se quiere ir a Belén (se entendería que al nacimiento de Jesús).

Pero en todo el video de marras no había una sola imagen de un burro, ni de Belén, ni del nacimiento de Jesús, ni de ninguna tradición hispánica de la navidad. Eran puras imágenes de abetos adornados, muñecos de nieve, personajes de Disney con gorros de Santa Claus, renos (realmente venados con cornamentas de reno), Papás Noel, etc.

Ahora, no me malentiendan. En mi casa siempre se ha adornado un abeto artificial y lejos estoy de ser un xenófobo que busca eliminar las invasiones foráneas a nuestras tradiciones. Disfruto de la mitología de Santa Claus tanto como de la mitología del Niño Dios. He vivido un par de navidades en Suecia disfrutando de la nieve y de las galletas de gengibre y el glög (no sólo esas dos navidades), de los muñecos de nieve y las imágenes del Jultomte con renos de verdad (renos lapones y no venados gringos); pero sí existe esa sensación de que algo se pierde cambiando una imaginería por otra.

Supongo que en parte por ello es que aun conservo la esperanza de terminar mi proyecto de la novena de aguinaldos.

Pesebre (con burro, buey, abeto, menorah y Papá Noel)

Para mí la navidad sigue siendo el 24 de diciembre y la temporada navideña esos 22 días que inician con la novena. Donde independientemente de que en la Biblia no se mencione a un burro y a un buey, celebramos ese mito que nos afianzó Fray Fernando de Jesús Larrea donde está María diciéndole fiat al Espíritu Santo, viajando a lomo de burro desde Galilea hasta Belén para cumplir el precepto de un príncipe extranjero y Jesús naciendo entre sus criaturas irracionales porque las racionales le habían negado posada.

Ese mito de un diorama del nacimiento en el que ninguna figura está a escala, hay cisnes nadando en lagos de espejo, ovejas más grandes que las casas, leones y soldados de juguete, y un rey de cada color caminando hacia donde nace el Niño Dios.

Y, una época donde eso que pasó o no pasó en Belén o en el Polo Norte nos recuerda que podemos compartir con los demás, y en la que quienes viven su espiritualidad de una forma diferente a la mía usen también la temporada como pretexto para encontrarse con ella o compartir con los demás.

Sí. Celebro la navidad del Niño Dios, y también la navidad de Papá Noel y del árbol de Navidad. Y de cantar villancicos. Y de reunirnos con familiares y amigos. Y de prepararle la sorpresa a los chicos.

Y aún espero ayuda con mi novena.

La ley de la papaya

A veces termina uno metido en unos estrambóticos debates en Twitter, probablemente porque la tiranía de los 140 caracteres nos lleva a fraccionar o simplificar las ideas y estas no son tan claras como uno quisiera expresarlas, o porque sencillamente tenemos una tendencia a observar el mundo de tal forma que confirmemos el juicio que ya hicimos del mismo y no con la mente abierta de pensar si encontramos nueva información para corregir nuestra preconcepción.

Uno de los temas álgidos del debate que se está dando es de la relación entre lo que algunos percibimos como el sentido común de la prevención y el deseo de poder disfrutar de la vida sin tener que preocuparnos de lo que no debería ser problema.

A mí me gusta caminar por la ciudad y he caminado a diferentes horas en diferentes partes de esta y otras ciudades, en ocasiones con mayor o menor temor de diferentes amenazas como toparme con asaltantes armados en Bogotá o con bandas de muchachos xenófobos en Yokohama.  A veces los temores pudieron haber estado injustificados y a veces mi falta de prevención pudo haber rayado en lo insensato.  Afortunadamente no tengo nada que lamentar, como desafortunadamente muchas otras personas más precavidas que yo sí tienen episodios trágicamente lamentables en sus vidas.

Como padre de un par de muchachos (niño y niña) que estarán entrando a la adolescencia en los próximos diez años entiendo que mi responsabilidad va mucho más allá de las precauciones individuales que tomo o no tomo cuando salgo a caminar, sino que incluyen el poder que tengo como ciudadano de formar la sociedad y más cuando entre las posibles formas que he previsto he considerado la participación directa como hacedor de leyes.

Quiero que mis hijos crezcan y disfruten de la vida con muchos menos temores de los que yo tuve.  Y que disfruten más.  No quiero tenerlos resguardados en una jaula ni en la protección de cuatro paredes sólo para que no les pase nada, sino que salgan y se la gocen.  Pero tampoco quiero que sean insensatamente temerarios y que crean que pueden hacer lo que quieran sin asumir responsabilidades por sus decisiones.

Pero si quiero que disfruten más, teman menos y no les pase nada, hay muchas cosas que puedo hacer como padre y ciudadano.  Debo darles libertad para que vayan y disfruten, pero debo darles límites que por un lado refuercen su confianza y por otro su responsabilidad.  Debo procurar una sociedad que no los trate como delincuentes por ser adolescentes, ni los desampare.  Debo buscar que la sociedad no les sea hostil cuando ellos estén en lo correcto ni cuando ellos se equivoquen.

No quiero que mi hijo el día de mañana sea acusado, falsa o correctamente, por una violación, ni que mi hija sea víctima de una.  Ni al contrario.  Que ninguno de ellos, al calor del alcohol y sus hormonas, no sepa controlarse; ni que actuando correctamente de pie a una falsa acusación; ni que sea víctima de quien no pudo controlarse o de quien creyendo actuar correctamente no lo hizo.  Debo enseñarles donde están sus propios límites porque a partir de ahí están los derechos de las otras personas.  Y debo enseñarles a que establezcan sus límites frente a los demás para que no sean ellos los abusados.  Y debo enseñarles a que sean precavidos sin vivir asustados.  A que puedan explorar y disfrutar más allá de la zona segura que yo pueda construirles.  Quiero que mi hija pueda seguir luciendo sus minifaldas que hoy disfruta en su inocencia infantil sin que eso sea una invitación a que la traten como ella no merece.

Quiero que los otros muchachos y muchachas (y hombres y mujeres más maduros) que mis chicos puedan encontrar no sean una amenaza para ellos.  Que los demás sepan respetar la voluntad de mis hijos.  Que no abusen de mis hijos ni les hagan daño.  Que sepan que si mi hija o mi hijo dicen no, entonces es no.

Quiero que los demás respeten a mis hijos porque lo correcto es respetar a los demás.  Porque, así como espero enseñarles a mis hijos el respeto al otro, a ellos otros también les hayan enseñado a respetar.  Que este mutuo respeto a nuestros mutuos derechos sea por convicción de vivir en una sociedad y no sólo por temor a la policía y los jueces que los condenarán, porque finalmente si la única razón de actuar bien es el temor al castigo, la otra solución es actuar mal y ocultar el hecho.  Pero no soy ingenuo de pensar que todos los demás (o mis propios hijos) se portarán bien sólo por convicción.

Entonces también quiero una legislación que proteja a las víctimas y un estado capaz de hacer cumplir esa protección, tanto preventiva como punitivamente.  Que el potencial agresor de mis hijos se restrinja porque sabe que el riesgo de que lo atrapen es alto.  Que el potencial agresor de mis hijos se restrinja porque sabe que si lo atrapan no tendrá excusas.

Pero esto también es ingenuo.  Es ingenuo en un país donde los ciudadanos normalmente respetan la ley porque siempre hay casos de predadores humanos que creen que pueden salirse con la suya y de predadores humanos a quienes no les importa las consecuencias.  Lo decía arriba.  Si la única razón para no hacer algo es el temor al castigo, muchos interpretarán que el verdadero problema para sí mismos no es cometer el acto prohibido sino dejarse atrapar.  Con suficiente legislación puedo proteger a mis hijos de los ciudadanos temerosos de la ley, pero no los puedo proteger de quienes carecen de ese temor.

Y en la Colombia donde mis hijos viven y probablemente vivirán cuando sean adolescentes y adultos jóvenes, los ciudadanos no nos caracterizamos por nuestro respeto a la ley.  Esto es algo que va mucho más allá del machismo o de una visión machista de la sociedad sino que se ha cimentado en años de guerra y de un estado que por años ha servido más al interés de los agentes de poder que al interés del ciudadano común.

Así yo logre entrar al congreso y desde allí impulsar y lograr aprobar las leyes correctas para que Colombia no sea un país machista donde impere la ley de la papaya no voy a lograr generar el cambio a tiempo para que mis hijos estén 100% seguros.  O 98% seguros.

Para mí no es solamente ingenuo sino que es irresponsable pretender que porque la culpa moral y penal recaiga en el potencial abusador de mis hijos, eso signifique que yo no tenga el deber de enseñarles a ser cuidadosos; porque sé que la culpa moral y penal del potencial abusador no es suficiente para que estén a salvo.

Cerca del 1% de la población humana carece de empatía: el cimiento del comportamiento moral y de que hacer daño a los demás está mal independientemente del posible castigo, y el 1% de 47 millones de colombianos son 470.000 psicópatas que si bien no todos serán violentos, su número no es despreciable.  Sumado a esto una de las más probadas tácticas de reclutamiento de menores para la guerra (también aplicable a adultos jóvenes) es borrar la empatía.  Esto es algo que hace la guerrilla.  Es algo que han hecho los paramilitares.  Es algo que también hace el estado cuando se enfrenta a una guerra, y es algo que hacen las pandillas en las calles.  Demasiadas personas para ser controladas sólo por leyes.

Sumemos la esquizofrenia y su capacidad de ocultar la realidad.  Sumemos la depresión clínica (que podría afectar hasta un 20% de la población) y la capacidad que tiene ésta de que a una persona normal no le importen en algún momento las consecuencias de sus actos.

Y sumemos todos los posibles peligros que no tienen como origen a otra persona como salir a acampar a un sitio seguro (libre de delincuentes humanos) pero perderse en el camino, caer por un barranco o toparse con un animal de presa o una alimaña ponzoñosa.

Ningún esquema de seguridad será 100% efectivo.  A un vecino se le puede escapar la boa que guarda como mascota y asfixiar a nuestro hijo en la seguridad de su habitación.  Puedo vivir en un edificio que resiste temblores de 7,5 pero estar justo el día del terremoto haciendo una vuelta en un edificio que no es sismorresistente.  Puedo prohibirle a mi hija ir a fiestas en minifalda pero justo está viajando en un bus que secuestran delincuentes altamente armados.

Por más que la prevención no sea 100% efectiva.  Por más que la sociedad sea 99% segura frente a amenazas originadas por otras personas, eso no significa que no debo enseñarle a mis hijos normas básicas de prevención.

Y por más que yo les enseñe prevención, ellos también pueden decidir no seguir mis consejos.

A mí no me gusta, aborrezco, la cultura de la papaya en Colombia.  Me parece que un alcalde, como jefe de la policía, no debe limitar su acción frente al crimen al consejo de no dar papaya.  Para mí es inaceptable que un juez absuelva a un victimario porque la víctima dio papaya.  (Si la ley existe que autoriza al juez a hacer esto, díganme, por favor, como demandarla o apoyar la demanda.)

Pero que no me guste la existencia de una ley de la papaya, no me exime de ser cauto y enseñarle a mis hijos precaución.  Y no acepto, salvo razones, que esta forma de pensar sea tachada de machismo.

¿A qué está jugando una indignada tuitera?

A veces tengo la impresión de que cosas que dije ayer en Twitter sobre el debate de Andrés Carne de Res pueden hacerme quedar como un macho misógino sólo porque no me adhiero completamente a la postura de la indignación oficial de tachar a Andrés Jaramillo de bestia por sugerir que una minifalda invita a una violación.

Andrés Jaramillo - foto: Cromos (tomado de Blu Radio)

Andrés Jaramillo – foto: Cromos (tomado de Blu Radio)

He repasado las palabras que Andrés Jaramillo expresó en su entrevista en Blu Radio y el título que Blu Radio coloca a su clip: «A qué está jugando una niña que llega en minifalda: Andrés Jaramillo» y me parece que, en el mejor de los casos, el título es amarillista y en el peor malintencionado. Sí, Jaramillo expresó esas palabras. No: ese no fue el punto central de lo que Jaramillo expresó en la entrevista. Es más, el propio Andrés Jaramillo retractó esas palabras. Hay muchas pifias y bestialidades que Jaramillo expresó en esa entrevista: puntos en los que se sostuvo, y por los cuales vale la pena cuestionar a este intelectual empresario, pero reducir todo lo que dijo a que Jaramillo cree que una minifalda justifica una violación es simplificar absurdamente el debate, simplificar absurdamente los hechos y dar pie a que no se planteen los asuntos de fondo.

Andrés Jaramillo discute que se haya tratado de una violación. No, no justifica la violación sino que pone en duda el hecho. Más adelante hablaré de si tiene méritos o no. Su punto es que de acuerdo a las cámaras de vigilancia y al testimonio de un empleado del parqueadero, el sexo que tuvo la joven denunciante con otro cliente mayor fue consensuado. Más adelante hablaré de si se puede hablar de consentimiento o no. Que tras este acto de sexo casual la joven se quedó inconsciente (aparentemente durmiendo la borrachera) y fue encontrada por personal del establecimiento y llamaron al padre para que la recogiera y que la versión de la violación surgió cuando la joven tuvo que responderle al padre por lo sucedido. Jaramillo acusa a los medios de amarillismo y de haber destacado un caso sólo porque la joven es estudiante de Los Andes y los hechos ocurrieron en su establecimiento, mientras que muchos otros hechos de violaciones reales ocurren sin ser visibilizados. Jaramillo también cuestiona a las autoridades insinuando que quieren sacar provecho político de estos hechos.

Lo de la minifalda es apenas una parte del punto de Jaramillo, tras hablar de las muestras de afecto que mostraba la joven con otros clientes de su establecimiento, particularmente con un súbdito español y con el presunto agresor, hace una mención sobre el atuendo (como una forma de apoyar la versión ya presentada), y luego insiste en retirar esas palabras. Mal por Blu Radio de enfocarse en sólo esas palabras en el título del clip y mal por la masa indignada de quedarse en el titular de Blu Radio sin indagar la verdadera razón por la cual las palabras de Andrés Jaramillo son un insulto a nuestra inteligencia.

El primer punto es tratar de minimizar los hechos: defender al establecimiento sembrando una duda sobre la acusación y difamando públicamente el carácter de la joven denunciante en este intento de defensa. Pretender acusar al padre y a la situación familiar de los hechos e insistir en que los medios y las autoridades tienen un interés particular sobre el asunto.

Palabras más sabias pudo haber sido que «es prematuro hablar de violación mientras no se establezcan plenamente los hechos, si bien hay indicios de que pudo haber sido una relación consensuada, estamos colaborando plenamente con las autoridades, hemos entregado las grabaciones de las cámaras de seguridad y la identificación del sospechoso.» Punto. Sin necesidad de estar ventilando por radio el carácter de la joven ni su relación familiar, ni insinuar ensañamiento de la prensa con su local, ni interés político de las autoridades.

Ahora. Dadas las explicaciones no pedidas ¿es posible hablar de una relación consensuada o necesariamente eso fue una violación?

Aclaro que no soy abogado, ni tengo un amplio conocimiento de la jurisprudencia existente. Mi visión es la de un ingeniero que intenta ponerle sentido común a las relaciones entre personas y de estas frente al estado, así que si afirmo algo que va en contra de una sentencia me disculparán los que saben mejor, pero sólo me disculparé cuando me expliquen por qué ahí las leyes tienen más sentido común que yo.

El concepto de consentimiento no aplica sólo para relaciones sexuales (o, según establece el código penal: acceso carnal). Nosotros consentimos o no procedimientos médicos para nosotros o para nuestros hijos. Consentimos o no que nos envíen por correo electrónico información comercial de un servicio al que nos suscribimos. Consentimos o no participar en actividades tales como dar un paseo por el monte con unos muchachos armados. Consentimos o no entregarle nuestra billetera a un desconocido en la calle. Consentimos o no conducir bajo efectos del alcohol. Et cétera.

Do I need to ask you? Mrs. Brown. vía Medical Law

Do I need to ask you? Mrs. Brown. vía Medical Law

En la práctica médica se habla del consentimiento libre informado. He traducido libros de bioética que tratan del tema y por eso podría estar mejor familiarizado con esto que con el consentimiento al acceso carnal. Cuando un paciente va a ser sometido a un procedimiento debe, en principio, aceptar que se le realice ese procedimiento. En el mejor de los casos el médico informa al paciente de qué trata el procedimiento, cuales son los riesgos y posibles beneficios tanto del procedimiento como de no llevarlo a cabo y, una vez plenamente informado y libre de dudas, el paciente libremente acepta o rechaza el procedimiento. Sin el consentimiento del paciente el médico puede verse expuesto a una demanda por mal-praxis. Desde luego, hay muchas razones por las cuales este consentimiento libre informado no puede darse: el paciente sufre considerablemente por una dolencia y no puede pensar con claridad, o el paciente está inconsciente, o el paciente es menor de edad o sufre de una condición por la cual no puede legalmente expresar consentimiento. En muchos casos el personal médico no puede esperar a que el paciente esté en condiciones de ser informado y tenga la libertad de consentir o no un procedimiento, motivo por el cual el consentimiento se delega a un familiar, un juez, un comité médico o, en casos de vida y muerte inminente, al criterio del médico tratante. Un médico no debería ser acusado de mal-praxis si salva a un paciente a punto de morir si morir era el deseo del paciente, salvo que el paciente haya advertido previamente al médico su deseo (y, aún así, hoy en día tal deseo sería invalidado).

En muchos casos el médico tiene que inferir por declaraciones previas o por su criterio médico si ejecuta un procedimiento agresivo y no explícitamente consentido como amputarle una pierna gangrenada a un paciente inconsciente.  (Bueno, muchos dirán que no es lo mismo salvar una vida a un a costa de una mutilación, que penetrar un falo en una vagina.)

El alcohol produce varios efectos en la mente humana. El alcohol adormece, pero suele adormecer primero ciertas áreas del cerebro que nos retienen, que nos hacen ser más cautos de lo que nos sería beneficioso, antes de adormecer por completo el juicio, la capacidad de pensar y coordinar y finalmente adormecer todo el cuerpo. El alcohol desinhibe y por ello muchas personas lo usan para atreverse a hacer cosas que sí quieren hacer pero no se atreven estando sobrios. Por ejemplo para ir a hablarle a una chica desconocida en un bar sin temer al rechazo. En otras dosis no nos permite ser conscientes de nuestros propios actos y en cantidades aún mayores no podremos siquiera defendernos de lo que nos pasa hasta que somos simples pedazos de carne a merced de la intemperie.

Javier Velasco (fuente original requerida)

Javier Velasco (fuente original requerida)

Legalmente no podría, no debería poder usar el alcohol como defensa si cometo un delito bajo su influencia. Cuando Javier Velasco asesinó por primera vez (o lo atraparon por primera vez) el juez consideró la defensa de que su juicio estaba nublado por el alcohol y que por lo tanto no era responsable de sus actos. Lo liberó con una orden de que fuera a rehabilitación. Un par de años después, también bajo influencia del alcohol, asesina a Rosa Elvira Cely. Son incontables las veces que los medios sociales de comunicación se indignan por un nuevo conductor borracho, bien porque es un político o bien porque causó una tragedia. Independientemente de lo que los jueces digan como sociedad no aceptamos que el alcohol sea una excusa para evadir responsabilidades penales. Siempre y cuando el caso nos indigne, porque por otro lado seguimos recurriendo al alcohol para desinhibirnos y pasarla bien en una rumba.

Podría ser una defensa si puedo argumentar que ingerí alcohol sin mi consentimiento, pero, salvo que me hayan sometido a la fuerza e inyectado alcohol directamente en la sangre, ¿podremos aceptar como excusa que ingerí alcohol por presión social pero yo no quería? ¿Y que si yo hubiera estado en mi sano juicio no hubiera aceptado el reto de mis amigos de subirme al carro borracho causando un accidente fatal?

Es un hecho, hay hombres y mujeres que (por presión de grupo o por sus propias razones) van a bares y otros sitios de rumba buscando pareja y relaciones casuales. Es un hecho que muchos de ellos usan el alcohol para desinhibirse y disfrutar mejor del momento y, en ocasiones, para atreverse a establecer contacto con las potenciales parejas.

Es también un hecho que algunas personas inducen a otras a consumir alcohol para dominarlas más fácil.

¿Cómo podemos establecer entonces la diferencia entre una joven que va a un bar con el objetivo de divertirse y tener sexo casual con un apuesto desconocido y obtiene lo que busca pero en el proceso tomó más de la cuenta y termina inconsciente y otra joven que sólo quiere bailar, posiblemente encontrar a alguien interesante con quien establecer una relación seria, pero es inducida a seguir tomando hasta perder el juicio y, cuando esto sucede, es usada y abandonada?

Ni Andrés Jaramillo, ni el padre de la joven mayor de edad, son las personas más idóneas para establecer la diferencia. Muchos de los comportamientos que muestra una cámara de seguridad, o lo que puede ver el vigilante de un parqueadero, son ambiguos.

Mucho menos somos idóneos nosotros de inferir lo que pasó por testimonios de terceros.

Salvo que otros testigos corroboren que escucharon a la víctima decirle que no al tipo, o que corroboren que la denunciante había previamente declarado su intención de tener sexo con cualquiera no sabemos qué pasó.

Podemos tomar una actitud tajante y mecánica con respecto a lo sucedido: si en el momento en el que ocurrió el acto sexual la joven estaba tan borracha como para que su aceptación pudiera considerarse como consentimiento libre informado entonces no hubo consentimiento, entonces fue acceso carnal no consentido, entonces fue violación. Creo que sí hay una sentencia de la corte en el sentido de que ni la forma de vestir ni el comportamiento previo pueden ser tomados como consentimiento si en el momento del acto la mujer no estaba plenamente consciente.

Pero esto sería una diferencia importante a cómo tratamos el alicoramiento en otros casos. Convertimos a la mujer automáticamente en víctima despojándola de cualquier tipo de voluntad (¿responsabilidad?) que haya podido tener en el transcurso de los hechos.

Nos dice Ana Cristina Restrepo que «según cifras oficiales, a octubre de 2013, 178 mujeres han sido asesinadas en Antioquia.» La cifra se ve impresionante así presentada, pero contrastando otras cifras que consulté en sólo el área metropolitana del valle de Aburrá, en el mismo período han sido asesinadas 1.137 personas. No me malinterpreten: una sola mujer asesinada está mal. Una sola persona asesinada está mal. Lo que las cifras solas no llevan a deducir es que el homicidio de mujeres sea un problema preocupante frente al problema del homicidio en general. ¿Es un problema de género? ¿Es el asesinato de mujeres un preocupante problema social que merece una atención especial frente al asesinato en general?

Hay cierta visión feminista de los hechos que debería ser debatible como cualquier otra visión. Es posible que haya razones por las cuales sea necesario resaltar que de las más de un millar de víctimas mortales en Antioquia en lo transcurrido del año algo menos de doscientas hayan sido mujeres; o que si el alcohol no es excusa para pegarle a la mujer sí es excusa de esta para denunciar como no consensuado un acto sexual. Y yo no debería ser acusado de ser misógino o machista por disentir de o cuestionar esta visión.

Y en cuanto al intelectual empresario Andrés Jaramillo, por favor vean más allá de la parte de la minifalda para darse cuenta por qué sí es un imbécil.

La campaña del señor Blanco

Veo que desde ya se está destapando la campaña a favor del voto en blanco en las próximas elecciones presidenciales que tendrán lugar en mayo de 2014.

Ya en otras ocasiones me he referido al voto en blanco, de cómo este tuvo sus orígenes como carta blanca, es decir como un voto de no compromiso, una opción de aceptar que otros decidan por uno, y se ha convertido en una especia de voto de protesta.

Hay tres razones principales para votar en blanco: la primera es de la persona que acepta de antemano el resultado de la elección pero no quiere comprometerse con un nombre o una postura en particular. La segunda es de quien considera que los candidatos o las posturas presentadas no reflejan su propia posición y por lo tanto las rechaza todas. La tercera es de quien simplemente se reusa a pensar y toma la salida fácil: depositar un voto sin valor.

Como todos estos votos en blanco se cuentan con una sola cifra, discernir las razones y, sobre todo darle un significado a esos votos, es prejuicioso, particularmente cuando la votación en blanco se encuentra dentro de los niveles históricos. Ahí hay de los tres tipos de votantes en blanco: los que protestan y los que aceptan, los que pensaron su voto en blanco y los que no quisieron pensar.

Las razones personales por las que una persona puede votar en blanco son muchas. Dentro de las tres básicas mencionadas hay muchos matices y la decantación por el voto en blanco frente a las alternativas de candidatos o propuestas a votar puede ser más o menos razonada. Por ejemplo, alguien puede pensar que ninguno de los candidatos que puntea las encuestas convence y que ninguno de los demás candidatos merece ser considerado. O ninguno de los candidatos que conoce (o cree conocer por referencias o afiliación política) es su candidato y los que no conoce no hay tiempo de conocerlos (o si son desconocidos es porque en principio no convocan y por lo tanto no serán buenos). O repasó las hojas de vidas de todos y ninguno convenció. O, sencillamente, todos tienen el vicio de ser políticos y por lo tanto ninguno merece el voto. O porque siempre vota en blanco.

Si bien es deseable, no podemos exigir que todos nos tomemos el tiempo debido para evaluar todos y cada uno de los candidatos, sus pros y sus contras y decidirnos por el mejor o, en su defecto, por el voto en blanco.

Por lo tanto, si tienes razones personales para votar en blanco, aún cuando no todos los candidatos se han lanzado y han expuesto sus propuestas, no entraré a juzgarlas. Tu voto es tu voto.

Lo que sí desconfío a esta hora de la contienda es de una campaña a favor del voto en blanco.

Para empezar no seamos ingenuos de pensar que toda campaña de voto en blanco está descontaminada de la política tradicional. El Concejo Electoral ofrece espacios de participación política a cargo del erario para las campañas a favor del voto en blanco así como para las campañas a favor de votar por un candidato. No sólo eso sino que las campañas a favor del voto en blanco reciben, al igual que las campañas a favor de candidato, una plata por reposición de votos. Con los solos promedios históricos de votación en blanco, esa reposición está garantizada mucho más fácil que saliendo a competir con propuestas reales.

Pero incluso pensando que las campañas por el voto en blanco son sinceras y no una forma de obtener plata del estado (de los contribuyentes que pagamos IVA y 4‰ y nos descuentan retefuente, etc.) una campaña por el voto en blanco cuando no se han definido la totalidad de candidatos y propuestas es prematura.

La consecuencia política del voto en blanco es la siguiente.

Si el voto en blanco se mantiene dentro del promedio histórico, ese voto no significa mucho en términos políticos. No significa nada. El estado seguirá como siempre y no pasará nada.

Si el voto en blanco sube substancialmente en contra de los candidatos menores pero los candidatos punteros y de la maquinaria política tradicional se mantienen con cifras importantes, entonces el voto en blanco es un castigo a las alternativas. Eso significa que la única forma de ser tenido en cuenta en política no es presentar propuestas novedosas sino pertenecer a la maquinaria. Un castigo a quienes se atreven a presentar propuestas alternativas.

Si el voto en blanco sube substancialmente a costa de la votación de los candidatos punteros (pero no los sobrepasa), es claramente un voto de castigo. El estado seguirá funcionando como siempre pero la importancia de la votación en blanco se incrementa. Significa algo en contra del ganador, significa que este no tiene un apoyo total de parte del electorado.

Si el voto en blanco gana (no recuerdo es si es necesario que el voto en blanco sea mayoría o sólo baste con ser la mayor pluralidad), las elecciones son invalidadas. He aquí el verdadero poder del voto en blanco de acuerdo a la legislación colombiana: obliga a unas segundas elecciones en las que no participen ninguno de los candidatos que no pudieron vencer al voto en blanco. Claramente, cuando ningún candidato ofrece suficientes garantías al electorado (por ejemplo en casos que se han dado a nivel regional en los que hay un candidato único y este no representa a sus ciudadanos) la consecuencia política del voto en blanco como voto mayoritario importa.

Pero, repito, ese no es el escenario aún.

Aun no podemos decir si los candidatos punteros (p. ej. Juan Manuel Santos, Óscar Iván Zuluaga, Clara López) o los candidatos alternativos (p. ej. Camilo Romero, Óscar Naranjo, Antonio Navarro) no merecen ocupar el cargo de Presidente de la República de Colombia.

Adicionalmente, cuando el voto en blanco se convierte en una opción permanente (y no sólo coyuntural), cuando la campaña es a que votemos en blanco esta vez, pero también la próxima, lo que se está es proponiendo otro modelo de política. Se crea una crisis institucional dentro del acontecer político tradicional pues haría imposible la toma de decisiones de acuerdo con la constitución.

No estoy diciendo que eso sea malo. (No creo que sea bueno, pero esto es tan solo una opinión.) Pero esto requiere que el promotor del voto en blanco sea claro en decirnos cual es la propuesta real que hay detrás del voto en blanco: castigar una coyuntura o generar un cambio profundo en la forma de hacer política. ¿Qué es lo que propone si gana el voto en blanco?

Mientras una campaña de promoción del voto en blanco no responda esta pregunta, consideraré que esa campaña es poco seria y su propuesta es por moda o por plata.

Y eso incluye una campaña a favor del voto en blanco por el movimiento político que ayudé a fundar.

Octubre 2013

Abuelita Ana

Ana García vda. de Thompson. 12 de julio de 1922 – 31 de octubre de 2013

Se acaba octubre de 2013 con una noticia triste. Inició octubre de 2013 con una noticia triste.

El accidente de mi hermana fue un pequeño abrebocas: el 1º de octubre frenó en seco en su bicicleta para evitar chocar a un peatón que cruzó sin mirar.  Fractura de rótula que todo parece indicar no necesitará de cirugía.

beatriz-r

Ana Beatriz Cerón de Baquero, 29 de noviembre de 1933 – 2 de octubre de 2013

El 2 de octubre fallece mi suegra, la mujer que en gran medida crió a mis hijos cuando estos eran más pequeños y a quien en abril del presente año le detectaron unas masas en el cerebro.  A veces no sé si el rápido deterioro fue por culpa de la enfermedad o si las hospitalizaciones influyeron, pero finalmente el miércoles 2 de octubre su cuerpo no dio más, tras varios días de apenas responder a estímulos físicos.

Abuelita AnaMi abuelita Ana también venía enferma, y el pasado 29 de octubre, cuando pasé a saludarla por última vez sentí que en cierta forma ya se había ido y que apenas quedaba su cuerpo respondiendo a estímulos físicos básicos como el reflejo de comer cuando le mojaban sus labios, y quejándose del dolor.

Esta mañana falleció.

Y a veces no sé si desde mi distimia este sentimiento de tristeza sea por todo lo que ha venido pasando o por que se espera que este sea mi estado de ánimo.

Pero no ha sido un buen octubre.