Piratas del Caribe (ese mar entre Colombia y los Estados Unidos)

Uno de los objetivos del Partido Pirata es ser un partido con un propósito principal.  No es nuestro objetivo responder a todos los aspectos de la sociedad y la política y por ello cualquier idea que yo haya expresado en este blog que no tenga que ver con nuestros cuatro puntos fundamentales es una opinión que no compromete a mi partido.

Estos puntos fundamentales son:

  1. Promoción y defensa de los derechos y libertades civiles.
  2. Revisión de los conceptos de propiedad intelectual en búsqueda de un equilibrio entre productores y consumidores de contenidos culturales.
  3. Acceso universal y neutralidad en la red.
  4. Transparencia en la gestión pública y responsabilidad de los funcionarios.

No somos un partido de izquierda o de derecha ni en lo económico (estatización v/s libre mercado) ni en otros aspectos sociales. No somos pro- ni anti-EE.UU.  Como parte de nuestro manifiesto reconocemos a Colombia como un estado de derecho donde es posible la deliberación con ideas y con ello rechazamos las vías violentas para imponer nuestros puntos de vista (y las vías violentas de otros para imponer sus puntos de vista).

Entonces: ¿Dónde estamos frente al Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y Colombia o tlc?

Me siento obligado a escribir esto una vez que en un tweet desde la cuenta del Partido se promocionara la postura del senador Jorge Enrique Robledo del Polo Democrático Alternativo.

No voy a hablar de disensos al interior del Partido porque este no es uno de los temas del Partido y, aclaro, toda opinión que yo reflejo aquí es una opinión personal, precisamente porque no es un tema del Partido.

¿Qué si es tema del Partido?

Las cláusulas de defensa de la propiedad intelectual incluidas en el Tratado y que fueron incluidas a pupitrazo en la ley 201 de 2012 (conocida como #LeyLleras 2.0) van en contra del ideario de nuestro proyecto pues privilegian el control de contenidos sobre la creación y recreación y amenazan el acceso a Internet de los supuestos infractores.  Adicionalmente la aprobación de leyes por pupitrazo va en contra de nuestro principio de transparencia en la gestión pública.

Salvo el punto de protección de derechos de copia y patentes y de los problemas de trámite de la ley, los demás puntos del tlc son accesorios y en muchos puntos mi opinión se aparta de la de Robledo.

Lo que quedó mal

Bajo la tesis de que un tratado de libre comercio no es una panacea pero que es mejor tenerlo que quedarse por fuera, el gobierno de Álvaro Uribe Vélez parecía más ansioso en obtener un tratado que en negociar un buen tratado.  Según varios analistas, el tlc de EE.UU. con Colombia es menos ventajoso para nuestro país que los otros tlc de EE.UU. con otros países como Perú o Centroamérica.

Desde antes de que se terminara la negociación del tratado en 2006, varias voces advirtieron que la falta de infraestructura de transporte en Colombia era un handicap para las exportaciones del país. Dentro de este campo estos dos últimos gobiernos no han hecho avances significativos. En contraste, gran parte del esfuerzo que el país debió hacer para mejorar esta infraestructura fue destinada a hacer lobby en los EE.UU. para que se aprobara el Tratado, aun a costa de incluir nuevas cláusulas que favorecían aun más la posición dominante del país del norte.

Por otro lado

Desde mi punto de vista el concepto de libre comercio es completamente compatible con la Filosofía Pirata. Una barrera arancelaria, al igual que casi todas las medidas proteccionistas, tiene como objeto principal proteger a ciertas élites productoras sobre el grueso de la población consumidora.
¿No sucede lo mismo con las leyes de protección de derechos de copia y derechos de autor?

Desde luego que hay que tener un gran cuidado con esta ortodoxia porque en cierta forma dentro de la economía y el comercio todos somos productores y todos somos consumidores.  Si no tengo garantías como productor (o como empleado de un productor), tendré menos recursos para ser consumidor.

Desde el punto de vista de la producción a largo plazo el proteccionismo puede tener uno de dos efectos: 1) al crear un mercado cautivo los productores tienen menos incentivos para innovar y la producción se estanca, aumentando la brecha entre la producción local y extranjera.  2) cuando una demanda exigente no puede ser cubierta por productos extranjeros aumenta la presión para que la producción local innove.

Hay ejemplos de ambos casos.  La China pre-contemporánea produjo grandes inventos como el ábaco, la pólvora, la imprenta y sin embargo fue superada por Japón y Europa.  Japón se congeló en el tiempo y cuando lo obligaron a abrir sus mercados se aseguró de aprender rápido.

Dentro de la cultura de compartir, nuestra propia innovación parte de copiar y recrear los modelos de los demás y construir sobre ello agregando nuestro aporte, para que este aporte propio sea igualmente tomado por los demás.

Muchos somos productores y consumidores al mismo tiempo y muchos son consumidores netos.

Leyes proteccionistas como las de protección de derechos de autor y derechos de copia en gran medida buscan crear privilegios a unos pocos productores.  Mercados cautivos donde unos pocos se enriquecen y los demás somos tratados como borregos o como delincuentes.

Un acuerdo de libre comercio, en su forma más básica, consiste en eliminar las trabas artificiales que favorecen a ciertas formas de producción.  Aumenta la base sobre la cual podemos comercializar nuestros productos, aumenta la base sobre la cual podemos obtener insumos para nuestros productos y aumenta la competencia.

Por otro lado, si uno de nuestros principios es la universalización del acceso a la red y no somos productores de tecnología de acceso y telecomunicaciones, entonces un esquema económico que facilite la adquisición de tales tecnologías parecerían una buena idea.

Concluyendo

El tlc nos quedó mal hecho y nuestros gobiernos se preocuparon más por hacerlo (así fuese mal hecho) que a prepararnos para su entrada en vigencia.  Una de las cosas que quedaron mal hechas fue dejarnos imponer esquemas de protección de patentes y de derechos de copia que desfavorecen la recreación y la innovación local.

Un tratado de libre comercio es perfectamente compatible con los principios piratas.  Los Piratas en el Caribe en gran medida actuaban ante el proteccionismo que el Imperio Español imponía a sus colonias para su explotación exclusiva.

Si no estamos listos, en este momento nuestro objetivo debe ser alistarnos.  Debemos pensar que nuestros insumos y nuestros mercados son el mundo.  Ver la situación como una oportunidad.

Y sí: denunciar los hechos puntuales que nos afectan.  (Yo por ejemplo denuncio a la Ley Lleras 2.0 y a la falta de infraestructura de transporte, los cuales son dos problemas colombianos y no extranjeros.)

Paz de izquierda o de derecha

A veces usar los términos “derecha” e “izquierda” es una simplificación conveniente de la cual abusé bastante en mi entrada anterior.  A grandes rasgos hay todavía ciertas formas de pensar políticamente que pueden catalogarse como la forma de derecha o la forma de izquierda.

El ideal tradicional de derecha se basa en tres pilares: Dios, Patria y Familia.  (Lo de Dios puede ser reemplazado por los dogmas de la religión mayoritaria o por algún tipo de moral “tradicional”.)  Sugiere una actitud conservadora (respeto a la tradición) y una fuerte referencia a valores considerados tradicionales.

La izquierda, por otra parte, prefiere hacer énfasis en conceptos como “igualdad” y “justicia social”.  En ese sentido trata de rescatar alguna causa que aun parezca ser una parte oprimida por la tradición (la derecha) y reivindicarla.  En alguna época fueron los proletarios pero hoy pueden ser los indígenas, las mujeres que quieren abortar, los homosexuales que quieren formar familia, los toros de lidia masacrados, etc.

Pero este trazado de izquierda y derecha es algo que cambia con el tiempo.  Los cambios que crea la izquierda se convierten en la tradición de nuevas generaciones.  El libre mercado, por ejemplo, base del capitalismo actual, fue un concepto que fue revolucionario en su momento: la izquierda que se oponía a la tradición mercantilista y el control del estado sobre la economía.  Pues bien, esos mercados liberales que se impusieron se han convertido en la nueva derecha.  Durante la administración de George W. Bush se acuñó incluso el término “Neo conservadores” (Newcons) para referirse a los principales defensores de un menor control estatal mientras que las autodenominadas izquierdas insistían en un mayor control para evitar que los predadores del libre mercado pasaran por encima de los pobres.

Las guerrillas colombianas actuales fueron inspiradas en la revolución cubana y se adhirieron a los ideales que en su momento emanaban de la Unión Soviética.  Como tal obtuvieron el remoquete de izquierda, y más adelante para diferenciarlas de los movimientos social-demócratas, se les llamó “extrema izquierda”.

Cuando en los años 1980 y 1990 surgieron grupos armados ilegales antiinsurgentes, se los llamó, en contraste, “extrema derecha”.  Esta denominada extrema derecha incluía a narcotraficantes como Pablo Escobar (quien dejó varios escritos a favor de su interpretación de la “justicia social” en contra del “imperialismo yanqui”), ganaderos (quienes podríamos asumir abrazaban los ideales de Dios, Patria y Familia), militares, etc. a quienes más que una ideología común de cómo manejar el país, los unía un enemigo común.  No me consta qué tan “derechas” y qué tan “extremas” fueron las autodefensas, más allá de combatir a otro enemigo armado.

Y tan poca ideología (¿derecha?) había en general en esos grupos que hoy en día las bacrim que se escindieron del proyecto paramilitar se han aliado a las propias guerrillas para explotar el negocio de la droga mientras que se dedican a matar a quienes reclaman la tradición de títulos de propiedad arrebatados durante la guerra.

Hoy se supone entonces que quien aboga por la solución armada del no-conflicto colombiano es una persona de derecha mientras que quien considera que la solución negociada del conflicto debe ser de izquierda.

Pero qué pasa si yo prefiero establecer otro tipo de valores, por ejemplo decido que mi ideal máximo es la vida, humana o no.  Entonces me opongo a las corridas de toros (izquierdista) y al aborto (derechista) y abogo por la solución negociada del conflicto (izquierdista) y la prohibición de esos venenos llamados drogas (derechista).

O mi ideal máximo es la capacidad de cada ser humano adulto de escoger libremente y como tal no me opongo a las corridas de toros (derechista), apoyo el derecho de la mujer a abortar (izquierdista) y de escoger con qué droga experimentar o intoxicarse (izquierdista) y dado que en los aspectos del no-conflicto armado no es cuestión de libertades individuales simplemente tomo partido por, por ejemplo, un gobierno democrático sobre una insurgencia de ideales absolutistas y abogo por la solución militar (derecha).

Prefiero que sobre cada tema social cada individuo tome una postura propia y no que se autoetiquete y asuma todas las posturas que se supone que tengan que ver con esa etiqueta.

Mi postura frente al hecho de que ciertos colombianos autodenominados guerrilleros estén matando a otros colombianos (sean soldados, ideólogos de derecha o simples transeúntes) es que como sociedad debemos lograr que la matanza pare.  La solución militar o la solución negociada no son más que medios para lograrlo.

El concepto de la impunidad, esgrimido como sagrado tanto por los ideólogos de la derecha (que no quieren que los guerrilleros salgan impunes por haber combatido al estado) como por los ideólogos de la izquierda (que no quieren que los militares salgan impunes de haber combatido a las guerrillas), no me parece en últimas tan importante.

Sí.  Prefiero ver a los asesinos presos.  Pero prefiero ver a un asesino libre con el compromiso de dejar de asesinar que saber que sigue siendo un asesino perseguido pero aún activo y asesinando sólo porque aún no lo logramos capturar o matar.

Pero la ley del Marco Legal para la Paz que actualmente propone el gobierno no creo que sirva tampoco de mucho, sencillamente porque esos asesinos autodenominados guerrilleros no están realmente interesados.

No veo los demás colombianos qué les podamos ofrecer para que ellos dejen voluntariamente de asesinar colombianos.  Ni siquiera entregarles el poder porque con seguridad con el poder seguirán conservando las armas y querrán hacer lo que han hecho todos los revolucionarios victoriosos: matar a los opositores.

Desafortunadamente sólo hay un caso documentado en los cuales un ejército regular venció militarmente a una insurgencia irregular moderna: la Emergencia Malaya que en 12 años, una relación de fuerzas de 40 a 1 y el desplazamiento forzado de medio millón de campesinos a campos de concentración por parte de los británicos, logró que el imperio británico venciera a las guerrillas comunistas.  La derrota de los Tigres Tamiles podría también citarse como un caso de derrota por substracción de materia.

Esto nos muestra que lograr la derrota militar de las Farc y el ELN será un camino largo y violento.  Camino para el cual ocho años de doctrina de seguridad democrática no fueron suficientes.

Pero si recordamos que el objetivo no es derrotarlas, ni el objetivo es apaciguarlas o asimilarlas, sino que el objetivo es neutralizarlas, tal vez se puede buscar alguna otra solución.

El placer de especular

Encapuchados lanzaban papas explosivas, por @presidiario1728

Inició el Tratado de Libre Comercio entre Colombia y los Estados Unidos y, como era previsible, un sector de la sociedad autodenominado como “sectores sociales” o etiquetado como “la izquierda” salió a protestar.  Según reportes que oí hubo encapuchados en la Universidad Nacional amenazando el tráfico en la Carrera 30 y la Calle 26 y otros tantos en la Universidad Distrital haciendo disturbios por la Avenida Circunvalar.   Disturbios que incluían la explosión de las así llamadas “papas bomba”.  Escuché también de disturbios similares en la Universidad de Antioquia.

Por la mañana la noticia era la desactivación de un carro-bomba dirigido al comando de la Policía.  Por un aparente desperfecto mecánico la camioneta cargada de explosivos se averió en el céntrico barrio residencial y comercial Eduardo Santos.  La bomba fue completamente desactivada por las autoridades.

Foto de los vehículos afectados, por @sanchezjuma

El día se puso más “interesante” después.  Antes del medio día explotó una bomba en la Calle 74 con Avenida Caracas en lo que a todas luces fue un atentado contra el abogado, ex Ministro de Interior y Justicia y conductor de radio Luis Fernando Londoño Hoyos.  Una “bomba lapa” fue colocada sobre el capó de la camioneta blindada en la que se transportaba el exministro.  Un escolta retiró el artefacto el cual explotó causando la muerte de este escolta, el conductor del vehículo y causando graves heridas al abogado, a un conductor de buseta que se encontraba al lado y a muchos otros transeúntes.

Carlos Fuentes

Por la tarde se conoció la noticia sobre la muerte del escritor e intelectual mexicano Carlos Fuentes.  Salvo esta última noticia vienen las especulaciones sobre si los hechos anteriores estaban conectados o no.

Fernando Londoño

Londoño Hoyos fue ministro del hoy expresidente Álvaro Uribe Vélez y trabaja actualmente como director y conductor del programa de opinión “La hora de la verdad” de la cadena Radio Super, desde donde defiende las ideas políticas y la gestión del gobierno pasado.  Es reconocido como una de las voces más importantes de “la derecha” colombiana.  Antes de ser ministro fue abogado litigante y representó en muchas ocasiones a demandantes contra el estado.  En su actividad privada se hizo poseedor de acciones de la empresa Invercolsa que en su momento estaban disponibles sólo para empleados.  Londoño, siendo contratista y no empleado, adquirió un importante paquete de acciones en lo que muchos, incluyendo la Procuraduría General de la Nación y el Juzgado 28 Civil de Circuito de Bogotá consideraron ilegal.  Sin duda la lista de enemigos personales e ideológicos de Londoño Hoyos es bastante grande.

Adicionalmente ayer se votaba en la Cámara de Representantes el proyecto de la ley Marco Legal para la Paz, de la cual el expresidente Uribe y varios de sus escuderos, incluido Londoño Hoyos, han sido férreos opositores.

No han faltado las especulaciones sobre si el atentado contra Londoño vendría de sectores obscuros de la derecha para enturbiar el proyecto de ley que permitiría una eventual paz con las guerrillas que supuestamente Uribe y su gobierno estuvieron a punto de derrotar pues si el atentado fuere atribuido a las Farc, como enemigo natural del exministro, no tendría sentido premiar a las guerrillas con una ley de impunidad.

También hay quienes dicen que el atentado no pudo provenir de las Farc por ello mismo: porque sería un tropiezo para demostrar voluntad de paz.

Desde finales de los años 1990 las Farc abrazaron el terrorismo “puro” como una forma más de combate contra el estado.  Antes de ello las guerrillas colombianas no se caracterizaban por ataques indiscriminados contra la sociedad civil o atentados con bombas contra figuras públicas, aunque para la definición de muchos el sólo hecho de alzarse en armas y combatir a la fuerza pública ya los convierte en terroristas.  Con anterioridad los atentados con bombas fueron casi exclusivos de grupos narcoterroristas como la agrupación Los Extraditables del Cartel de Medellín.

En los años 1990, las Farc empezaron a usar dispositivos explosivos improvisados en cilindros de gas vacíos que podían ser arrojados (nunca supe cómo los arrojaban).  Estos cilindros bomba eran arrojados principalmente contra puestos de policía, los cuales por ser primordialmente cuerpos de seguridad ciudadana (y no combatientes antiinsurgentes) se encuentran en los centros urbanos de pequeños municipios.  Los cilindros bomba producen una destrucción indiscriminada lo que unido a los poco precisos mecanismos de lanzamiento producían un gran daño a la población civil cercana a los puestos de policía.

Los defensores de turno de la guerrilla decían que no se les podía pedir a las Farc armas de precisión como las que poseían las fuerzas armadas constitucionales y que era responsabilidad del estado de poner combatientes en medio de la población civil.  (Repito, un Policía no es un combatiente sino un servidor civil.)

En 1999, sin embargo, estalló una bomba frente a las oficinas de la Federación Nacional de Fondos Ganaderos en Bogotá, causando daños en la casa que fungía como oficina y destrucción, heridos y muertos entre las personas que pasaban entonces por la calle.  Las Farc fueron identificadas como los autores de ese atentado y, desde entonces, no han sido tímidas en colocar bombas destinadas a causar daño en instituciones civiles no combatientes y terror en la sociedad.  Uno de los casos más sonados la bomba en el Club El Nogal en pleno gobierno de Uribe y ministerio de Londoño Hoyos.  Uno menos conocido (anterior incluso a la FNFG), fue el atentado de Santo Domingo (Arauca) cuando en medio de combates con las fuerzas armadas las Farc detonaron un carro bomba que mató a varios civiles, incluidos niños, y los hechos fueron luego atribuidos a bombas racimo lanzadas desde aviones de la Fuerza Aérea Colombiana FAC.

La tesis de que el atentado contra Londoño Hoyos no favorece a las Farc porque enturbiaría la aprobación de la ley Marco Legal para la Paz no tiene sentido a la luz de lo que las Farc han demostrado en los últimos años.  En mi opinión a las Farc les vale huevo que aprueben o no esa ley.  Como les vale huevo si con el atentado convertían a Londoño Hoyos en un mártir de la derecha colombiana.  Tampoco creo que las Farc fuesen tan brutas de creer que matando a Londoño callaban a la derecha.

Sin embargo, desde la lógica que han mostrado las Farc este atentado tiene sentido.  A las Farc como grupo extremista no les interesa callar a los extremistas del otro espectro político.  Dentro de la lógica de las Farc es más importante debilitar el centro porque con un centro debilitado las voces moderadas pierden audiencia y son más proclives a gravitar hacia cualquiera de los extremos.

E internacionalmente la extrema derecha, aún hoy, es más rechazada internacionalmente que la extrema izquierda.  Colombia, dividida entre esos dos extremos, estaría en una guerra donde ambas partes recibirían un grado de apoyo moral, económico e, incluso, militar de la comunidad internacional.  Una institucionalidad destruida y, eventualmente, una capacidad de tomarse el estado.

Por el contrario, una democracia fuerte bajo principios políticos liberales, donde el pueblo encuentre solución a sus problemas dentro de la propia institucionalidad, donde se pueda discutir abiertamente de las distintas formas de resolver los problemas sociales y con compromisos y posturas moderadas, deslegitima completamente la lucha armada de los extremistas.

En una democracia funcional las Farc no tendrían otra opción a acabar la guerra que rendirse, lo cual aún con leyes benévolas como las que sugiere el Marco Legal para la Paz, sigue siendo una derrota.

Las Farc nunca estuvieron ni medianamente cerca a ganar la guerra y no lo están hoy.  Pero nunca, ni en los momentos más duros de la doctrina de la Seguridad Democrática del gobierno de Álvaro Uribe Vélez, estuvo cerca de ser completamente derrotada.  Mientras ellos crean que aún tienen una esperanza de continuar su absurda lucha lo seguirán intentando.

Y dentro de ese sentido asesinar a una de las voces más activas de la derecha dura cumple varios objetivos: enviar el mensaje de que los enemigos de su revolución no están a salvo (y de paso declarar a ese tipo de derecha como su enemigo), crear confusión en la población civil (terrorismo) y polarizar el país: una justificación para continuar peleando.

Pero las Farc no son el único enemigo de Fernando Londoño Hoyos.  En estos momentos, con la información que conozco y que han revelado las autoridades no hay plena certeza de que sí hayan sido las Farc los perpetradores de ese atentado.  En mi opinión sí son los más probables autores, pero afirmar que lo son y la justificación que acabo de dar no es más que especulación de mi parte.

Igualmente hay indicios de que el atentado que intentaron por la mañana contra el comando de la Policía hayan sido las Farc y si ambos atentados hubieran cumplido su objetivo el grado de caos que habría hoy en la ciudad sería bastante alto.

En los pasados disturbios contra Transmilenio, de los que hablé en este blog, han surgido evidencias de que las acciones más violentas fueron coordinadas por las Farc.  Probablemente no fueron las Farc las que incitaron las protestas, pero sí aprovecharon para aumentar el caos.

Y esto ata el tercer elemento con los que inicié este post: las protestas en universidades públicas contra el tlc.

Creo firmemente que las acciones más violentas registradas ayer por los protestantes anti-tlc tuvieron participación de las Farc.  Repito: no creo que todos los que se oponen al tlc sean farianos, simpatizantes de las Farc o idiotas útiles de la insurgencia.  (Y, desde luego, mucho menos estoy diciendo que los estudiantes de universidades públicas sean guerrilleros.)  Pero sí creo que las Farc tenían interés en infiltrar esas protestas como una forma de aumentar el caos.

Y si creemos que ayer era una fecha muy especial para el actual gobierno, sin duda la resonancia de todos estos actos juntos hubiera sido un ruidoso (si no muy claro) mensaje.  Un mensaje de que las Farc seguirán luchando y que no se sienten derrotadas.

Ayer quería escribir sobre el tlc.  Sobre cómo veo el Tratado de Libre Comercio entre Colombia y los Estados Unidos a la luz de los motivos por los cuales sigo insistiendo en la creación del Partido Pirata Colombiano.  Pero eso tendrá que esperar.

Campuseando

Una reciente polémica que ha surgido en la comunidad “social” colombiana ha sido la decisión del Distrito de Bogotá de no subvencionar el evento Campus Party Colombia y la consecuente decisión de los organizadores de este evento de buscar una sede diferente a la capital del país.

Cuando escribo esto los organizadores de la Campus Party no han cerrado aún la esperanza de seguir negociando con el Distrito pero me temo que la decisión tomada por la administración capitalina es definitiva y veo improbable un acuerdo.

La decisión del distrito parece tomada: Campus Party es un evento cerrado que no permite la participación de otros operadores de telecomunicaciones diferentes al patrocinador exclusivo Telefónica y que, por su carácter cerrado, no aporta mucho a la inclusión digital de los menos favorecidos.  En su lugar la administración distrital prefiere organizar un evento propio: la Semana TIC.  La razón oficial dada por el Distrito, sin embargo, es sobre un hecho más puntual: los organizadores de Campus Party no permiten la participación de ETB, la empresa de telecomunicaciones de la cual el Distrito es el principal accionista.

Por otro lado la razón social del Campus Party es supuestamente una empresa llamada Futura Networks.  Encuentro que existe una empresa llamada Futura Networks de Colombia S.A.S. (sociedad por acciones simplificada) pero no veo mayor información sobre la organización internacional ni sobre sus accionistas.  A juzgar por mi experiencia Telefónica no es solamente el patrocinador exclusivo sino, para efectos prácticos, el principal organizador de la Campus Party.  Aun cuando no sea Telefónica la dueña del Campus Party, ser patrocinador exclusivo implica que hay un contrato para ello e implica el derecho a vetar a cualquier otra empresa que quiera aparecer como patrocinadora u organizadora.

En otras palabras: Futura Networks de Colombia no puede deshacerse de Telefónica y no puede permitir que la ETB participe, salvo que rescinda el contrato con Telefónica y encuentre alguien que pueda reemplazar su labor técnica, logística y económica.  Cosa que, no sé siquiera si es posible ya que sospecho que Telefónica es también el principal accionista de Futura Networks.

Desde luego que una salida favorable sería que la subvención estatal que hasta ahora había brindado el Distrito fuere reemplazada por fondos privados, bien sean de la propia Telefónica si tal interés tiene en el evento o de parte de otros patrocinadores que no sean competencia de Telefónica.

La pregunta que viene es ¿está bien o está mal que las cosas estén sucediendo así?

[] He sido campusero y como tal me gustaría que se siguiera celebrando el Campus Party en Bogotá. También me gustaría que hubiera otros Campus Party en otras ciudades colombianas, preferiblemente sin que sea una opción exclusiva.  También me gustaría que Campus Party tuviera una mayor proyección social, que si bien siga siendo por esencia un evento exclusivo, pueda igualmente reportar que ha servido efectivamente a la innovación y a la inclusión digital y no un simple escenario donde un pequeño grupo de campuseros pagos y otro grupo similar de invitados especiales llegan a jugar videojuegos y bajar contenidos mientras escuchan una que otra conferencia.

Por otro lado no me opongo a que el Distrito patrocine otro evento como la Semana TIC.  Entre más eventos de tecnología mejor: FLISOL, Bogotech, Social Media Week, Barcamp Bogotá, Domingo en la mañana, TEDxBogotá, TEDxCeiba y muchos más.  Eventualmente con mejores especializaciones, diferentes objetivos y mayores ofertas.

Ahora, que el distrito quiera amarrar un patrocinio a la promoción de una empresa como ETB me parece la peor excusa posible.  Como tampoco me gusta que quiera vender la idea de que la Semana TIC reemplaza al Campus Party porque es más afín al proyecto político de la actual administración capitalina porque eso convierte a la Semana TIC en el proyecto de Gustavo Petro y su Partido Progresista y no como el evento de Bogotá.

Si Telefónica y Futura Networks quieren seguir haciendo la Campus Party en Bogotá con seguridad que encontrarán dentro de sus propios bolsillos o en otros patrocinadores la viabilidad económica de lograrlo.  Si se quieren ir de Bogotá, es parte de la libertad de empresa.

Y bienvenida la Semana TIC mientras esta no se convierta en propaganda de la actual administración distrital.

Reflexiones legalizadas

[taza de café] Salvo cosas como el café o el chocolate no consumo regularmente ninguna substancia química que sea considerada una droga.  No fumo, salvo pasivamente y a regañadientes.  Soy abstemio por gusto frente al alcohol: no me gusta tomar aunque muy ocasionalmente acompañe una comida con un vaso de cerveza (250 cc, no una pinta) o una copa de vino.  Nunca he usado drogas recreativas ilegales y con cierta desidia me tomo las drogas medicinales que me han recetado.  Detesto que fumen al lado mío.

Por otro lado soy padre.  Tengo dos hijos que si bien hoy son lo suficientemente pequeños como para preocuparme en no pocos años podrían ser consumidores de substancias adictivas.  No me gustaría verlos convertidos en alcohólicos, fumadores empedernidos o drogadictos.

Dicho esto creo que pertenezco al segmento demográfico que más se opondría a la legalización de las drogas.  Mi libre desarrollo de la personalidad no se ve amenazada por la prohibición y, por el contrario, una legalización implicaría mayor disponibilidad de que mis hijos terminaran cayendo en la adicción.

Y, sin embargo, no me opongo.

Pensemos en una droga ilegal media como la cocaína y pensemos en los problemas sociales que conlleva su consumo teniendo en cuenta que ni es la más adictiva ni la más inocua.  Distintas drogas tienen distintos efectos y deberían estudiarse caso por caso.

La cocaína es un estimulante y como tal una persona bajo los efectos de la cocaína no tendría mayores dificultades para conducir, manejar maquinaria pesada u otras actividades sociales y productivas que requieran atención.  Cosa que no sucede con alguien bajo la influencia del alcohol.  El cocainómano puede ser más dado a un comportamiento temerario, pero eso también sucede con el alcohol.  En términos generales el consumo y los efectos directos de la cocaína no son más peligrosos para la sociedad que el de otras substancias legales.

A largo plazo, el consumo de cocaína produce problemas para la salud.  Pero, igualmente, si lo comparamos con drogas legales como el alcohol o la nicotina, el efecto no es particularmente mayor.  Así que desde el punto de vista de salubridad pública la cocaína tampoco sería una gran carga para la sociedad frente a lo que ya tenemos.

Los efectos estimulantes y temerarios de la cocaína son utilizados por ciertos delincuentes como una aliciente para cometer delitos como robos o asaltos, no relacionados con el tráfico o consumo del alcaloide.  Podría pensarse que de no haber estado presente habría ciertos delitos que el potencial infractor no hubiera cometido pero es difícil de cuantificar esto cuando nuevamente el alcohol es más utilizado en estos casos, y más disponible dado su aspecto legal.

La mayor parte de los problemas de intoxicación relacionados con la cocaína están realmente relacionados con las sustancias que se utilizan para mezclar el alcaloide y no con el alcaloide en sí.  La disponibilidad de una cocaína legal y regulada bien podría reducir una gran parte de este problema.

[Marlboro] El efecto adictivo de la cocaína es principalmente psicológico.  La abstinencia de la cocaína produce depresión, la cual puede evitarse con la continuación del consumo.  La nicotina, presente en el tabaco legal, es mucho más adictiva haciendo que ciertos centros del placer sean incapaces de funcionar sin una dosis de nicotina.

Sin embargo la depresión producida por la abstinencia de la cocaína puede ser un problema social más notorio que la ansiedad que produce la ausencia de nicotina.

Los otros grandes problemas de la cocaína, fuera de los efectos del consumo en sí, están relacionados con la ilegalidad.  Los productores de cocaína, al no poder disponer de una regulación estatal legal, tienen que acudir a su propia mano para garantizar su negocio.  Esto fomenta la creación de cárteles y de prácticas monopolísticas, las cuales, frente a la ausencia de competencia legal, permiten aumentar los precios y las ganancias.  En la producción y tráfico de cocaína hay mucha plata que se alimenta de la propia ilegalidad.

[Pablo Ecobar] Los altos precios hacen que el consumidor habitual gaste bastante dinero en mantener su vicio.  En ocasiones dinero que no puede obtener de forma lícita lo cual hace que el adicto sea más proclive a cometer delitos (no por el efecto embriagante de la cocaína, sino para obtenerla).  Estas ganancias terminan financiando estructuras ilegales que deben competir entre sí y que al no poder acceder a las estructuras de control de los estados, los lleva a utilizar el asesinato y otros métodos violentos como mecanismo de control.  El dinero se convierte también en poder corruptor, llegando a cooptar al estado.  Un funcionario íntegro podría no hacer mucha diferencia porque lo pueden matar y reemplazar por un funcionario menos escrupuloso o, por lo menos, que aprecie mejor su propia vida sobre sus posibles valores.

¿Por qué mantener la droga como ilegal?

Es claro que una simple reforma en el código penal que elimine como delito la producción y el tráfico de drogas hoy ilegales no ayuda mucho.  El negocio está hoy en manos del crimen organizado y aunque se legalice la droga no cambiará su mentalidad mafiosa.  La legalización bajo este escenario sería quitarle al estado una herramienta, un motivo más, para controlar al crimen organizado.

Mientras tanto habrá mayor oferta.  Tal vez un poco más económica, pero mayor, sin que se garantice una mejor calidad.  La muy legal y regulada industria tabacalera bien nos muestra cómo las ganancias obtenidas por el vicio de la población baja los escrúpulos de los empresarios quienes han buscado productos más adictivos y contratado científicos mercenarios para desvirtuar los estudios que muestran los riesgos del tabaco.

Más oferta, calidad igual de mala y la producción en manos de empresas con mentalidad mafiosa parece ser un caso peor que el actual de prohibición.

La legalización no puede hacerse sin una oferta completamente legal y comprometida que contrarreste cualquier interferencia mafiosa, pero para que esta oferta legal funcione debe haber una demanda que la haga rentable y ese tampoco es un escenario deseable.

Si bien la cocaína en sí no es mucho más peligrosa que el alcohol y el tabaco, está lejos de ser una substancia inocua.  Aumentar el consumo no es deseable.  Si no se aumenta el consumo hay menos incentivos para que un empresario legal quiera entrar a un negocio en el que tendrá que competir con mafiosos, así pueda en teoría contar con la protección del estado.

Las despenalizaciones parciales pueden llegar a ser soluciones aún peores: dejar completamente legal el consumo y la venta al detal pero dejar ilegal la oferta al por mayor (necesaria para suplir a los minoristas) desestimula completamente a cualquier empresario que quiera permanecer 100% en la legalidad.

La persecución actual a la producción y tráfico de estupefacientes no es buena, pero es muy difícil encontrar una alternativa.

 

Bloqueando Transmilenios

[logo TM] Uno de los problemas de cómo transcurrieron las protestas del pasado viernes en contra de Transmilenio, es que los disturbios, la destrucción de propiedad pública y el saqueo de las taquillas, así como la posterior polémica sobre si la foto que El Tiempo publicó en primera plana el sábado fue un montaje o no, desvían la atención sobre los motivos y las formas de la jornada:

  1. los motivos de la propuesta, y
  2. el recurso del bloqueo como método de protesta.

Sobre el recurso del bloqueo expresé algunos puntos en mi anterior artículo.  Entiendo que originalmente se había llamado a un boicot y no a un bloqueo.  Un boicot es la decisión personal de no comprar o utilizar un artículo de origen ofensivo y de convencer a otros de hacer lo mismo.  Un bloqueo es impedir que quienes quieran comprar usar el artículo o servicio lo hagan.

Pero analicemos hoy el otro punto: los motivos que produjeron la protesta (haya sido un boicot, un bloqueo, o vandalismo): el servicio que presta Transmilenio.

[foto: subiendo al bus][foto: bus cebollero][foto: buses] Primero quiero aclarar que el servicio de transporte público colectivo tradicional es mucho peor que el servicio de Transmilenio, pero los usuarios no protestan ante este por varios motivos entre los que destaco:

  1. Transmilenio es mucho más fácil de bloquear que el caos del transporte público colectivo tradicional.
  2. Transmilenio es más reconocible como institución que el montón de instituciones que forman el transporte público colectivo tradicional.

Se dice, por ejemplo, que Transmilenio es manejado por solo 20 familias.  Pero si vamos a ver son las mismas 20 familias que manejan el transporte público colectivo tradicional.

Hace poco más de 10 años escribía sobre las diferencias entre el enfoque de negocio y el enfoque de servicio público en cuanto al transporte público.  Pero de una forma u otra todo servicio público debe buscar ser económicamente viable.  Prestar el servicio produce costos (combustible, salarios, arreglos y reposición de bienes de capital, etc.) y estos costos serán cobrados a los usuarios por medio de las tarifas, o serán cobrados a personas interesadas por medio de publicidad, o serán cobrados los ciudadanos por medio de impuestos que entran como subsidios o como operación directa por el estado.

En el transporte público colectivo tradicional son operadores privados los que se encargan de todos los detalles de la operación y el estado (el Distrito) tan solo está para otorgar rutas.  Para la empresa operadora el negocio está en tener muchos buses trabajando en cada una de sus rutas, pues cobra por afiliación del bus.  Para el conductor el negocio está en recoger muchos pasajeros porque cobra una fracción del pasaje.  Los otros conductores que cubren la misma ruta son competencia para el chofer del bus, y este debe planear los tiempos de recorrido para procurar que se acumulen muchos pasajeros pero que el siguiente conductor no lo rebase y los recoja.  El dueño del bus, si no es operador ni conductor, maximiza sus ingresos cuando cada bus es rentable (recogiendo muchos pasajeros con pocos recorridos).  La combinación de todos estos factores tienden a perjudicar más que a favorecer al usuario.

En Transmilenio hay otra serie de actores en el negocio.  Está el Distrito como dueño de la infraestructura: vías, estaciones, equipos de comunicación, etc.  Están los operadores privados, los dueños de los buses, los conductores, etc. Y el operador del recaudo.

Para el Distrito Transmilenio no es rentable.  Para los operadores el negocio está en maximizar el número de pasajeros por bus, aunque tienen obligaciones de cumplir ciertos horarios.  Para los conductores los detalles de la operación no deben ser negocio: ellos reciben un salario fijo.

Claramente para el operador sigue siendo mejor negocio no prestar el mejor servicio, aunque en un sentido contrario al caso del transporte público colectivo tradicional.

¿Qué pasa si el sistema no es rentable para el operador?  Pues que muchos operadores preferirán invertir en otras cosas.  ¿Cómo lograr que el operador se mantenga en el negocio?  Subsidiando parte de la operación.  La otra opción es dejar que el operador de vaya y sea el estado quien asuma la operación.

El principal problema de Transmilenio en cuanto a operación es que se requiere que los buses vayan llenos.  (Eso también le pasa a los dueños de buses en el transporte público colectivo tradicional.)  Y eso es percibido por el usuario como largas esperas, acumulación de personas en los vagones de las estaciones  y buses llenos donde el usuario es estrujado.

Pero creo que hay otros problemas con Transmilenio que no obedecen a la operación.  Uno de los peores: la cultura ciudadana.

[foto: subiendo al articulado][foto: esperando articulado] En casi todos los sistemas de transporte masivo, los usuarios han aprendido que es mejor dejar salir a quienes se bajan del bus o del tren antes de subirse. Pero eso no funciona en Transmilenio en Bogotá. Al usar el sistema en horas pico, fácilmente uno comprueba que el civismo individual no sirve. Si uno no empuja a los demás no puede entrar. Si uno se pone a esperar a que los otros salgan, alguien más se colará al atiborrado bus. Y si uno es el que necesita salir tiene que salir empujando porque quienes quieren entrar, o quienes están esperando el siguiente bus, bloquean la puerta.

Algunos detalles de la operación contribuyen a este panorama: la utilización de las mismas puertas para recorridos diferentes, por ejemplo.  Puedes estar de primero en la fila para entrar, pero si para el bus que no te sirve quedas estorbando.  Diera la impresión de que el sistema no está diseñado para que los usuarios sean decentes entre ellos.

El viernes hablaba que el bloqueo a Transmilenio afectaba a los otros usuarios.  En cierta forma me parece absurdo que para exigir la mejora de un servicio tengamos que dañarle el servicio a los demás.  Pero si somos los ciudadanos los culpables del caos, tal vez el bloqueo si estaba justificado.  El objetivo era molestar a uno de los principales agentes de que Transmilenio funcione mal: el usuario de Transmilenio.

Mi derecho de pasar por encima tuyo

Uno de los puntos de discusión interna dentro del Partido Pirata Colombiano (en formación) ha sido el tema de la utilización de situaciones de hecho como forma válida de expresar nuestra opinión.  Algunos de nosotros creemos que si queremos ser un partido legítimo dentro del que reconocemos como un estado de derecho nuestro mensaje será más claro y coherente si nos atenemos a los canales de expresión legales.  Queremos que nuestra voz se escuche en la calle pero también en el Congreso.  Sin embargo, por muy de derecho que el estado pretenda ser, muchas personas en todo el mundo llegan a la conclusión de que de vez en cuando su legítima protesta tiene que hacerse escuchar ocupando Wall Street, bloqueando Transmilenio o tumbando la página web de una institución gubernamental.

Como ante toda causa, suelen ser más los elementos subjetivos que los objetivos que me llevan a simpatizar con ella o no o con sus métodos.  He sentido cierta simpatía por los movimientos que en 2011 ocuparon las plazas de Tahrir en El Cairo o del Sol en Madrid.  Igualmente suelo sentir cierto regocijo cuando Anonymous desfasa temporalmente la página de un promotor de censurar Internet bajo la excusa de unos derechos de autor que se quedan en manos de grandes corporaciones.  Pero esa simpatía personal no debe nublar mi juicio sobre lo que es justo o válido.

Bueno.  Debo reconocer que lo que puede ser justo o válido bajo una filosofía política puede ser injusto o inválido por otra.  Hay ciertos aspectos de la filosofía política con la cual simpatizo: el hombre debe ser libre y el estado, bajo unas reglas muy claras, debe entrar a mediar donde esas libertades entran en conflicto.

Está mi libertad de expresión, por ejemplo.  Mi libertad de expresión bien me podría llevar a publicar un artículo en mi blog en defensa del régimen Nazi.  O en contra de la comunidad LGBT.  O a favor de la legalización de las drogas blandas.  O en contra de Jota Mario Valencia.  O a favor de Jota Mario Valencia.  Pero mi libertad de expresión no solo me permite escribir en mi blog.  Me permite publicar eso en un medio impreso, o decirlo públicamente en una calle.  O de tatuármelo en mi cuerpo.  Pero no sólo eso.  Yo puedo cantar a grito herido en una fiesta una canción con derechos de autor reservados.  O mi libertad de expresión me permite pintar una pared.  O desfasar una página web.  O verter pintura indeleble sobre un abrigo de piel que porta otra persona. O… o tomarme Transmilenio y evitar que otros usuarios puedan desplazarse.

Está también mi libertad de locomoción.  La libertad que yo tenga de moverme libremente en el mundo sin que haya muros o fronteras que me lo impidan.  La libertad que tengo de entrar a tu casa y abandonarla cuando me plazca.  O, por lo menos, el derecho que tengo de poder desplazarme entre el lugar que habito y el lugar donde trabajo por medio de vías públicas y servidumbres.

Está también la libertad de poseer.  El derecho a la propiedad.  El derecho a que yo tenga algo llamado mi casa donde yo decido quien entra o no.  El derecho a considerar que toda una laguna es mía y que sólo pueden beber de ella las personas que me paguen por un derecho sobre mi propiedad.  El derecho a que nos reunamos todos los de la aldea para establecer una línea imaginaria que los de la aldea vecina no puedan cruzar.  El derecho a que si yo pongo siete palabras juntas puedo acusar de robo de propiedad intelectual a cualquier otra persona que use juntas esas siete palabras.

Todos estos derechos y libertades entran en conflicto en algún momento y las sociedades tienen una serie de reglas implícitas y explícitas para dirimir muchos de esos conflictos y mecanismos formales e informales para resolver otros casos donde tales reglas no existen.

Si dos suecos discuten sobre quién es el dueño de una cabra, irán ante un juez adjuntando testigos y documentos.  Si dos yemenitas tienen la misma discusión se dirime por quién saca primero su fusil.  Distintas sociedades tienen distintos mecanismos para resolver sus problemas.  Pero dentro de mi filosofía política debo establecer cuáles son mis límites entre lo válido y lo que no lo es.

Esta mañana un personaje que se presentaba como representante de una asociación de usuarios de Transmilenio decía que no podía condenar el derecho de expresión de los usuarios que aburridos por el mal servicio bloqueaban las estaciones.  La libertad de expresión, como cualquier otro derecho o libertad tiene algún límite cuanto se enfrenta a otras libertades y derechos, como la buena honra de una persona difamada, el derecho a obtener información de una página web desfasada o tumbada, o el derecho de un trabajador de regresar a su casa tras una jornada de trabajo.

Alguna sociedad o alguna filosofía política dirá que es más importante la libertad de expresión.

Pues bien.  Dentro de mi filosofía, no toda forma de expresión es válida cuando se afectan los derechos de otras personas.  Es válido decir que el servicio de Transmilenio es un asco cuando lo es (y porque lo es).  Es válido buscar mecanismos para amplificar nuestra denuncia cuando nuestra denuncia es válida.  Pero en mi libro no es válido que ese mecanismo para amplificar nuestra voz sea convertir en víctimas a las mismas personas que decimos representar.

Y esas divagaciones vinieron antes de que me enterara en qué habían terminado las protestas: en destrucción de propiedad pública (pública significa que pertenece al pueblo, no que no pertenece a nadie) y en vulgar robo de dinero.

Foto: Protestas en Transmilenio - Saqueo de las cajas en la Estación Calle 72Foto: Protestas en Transmilenio - Destrucción de estación Calle 72

Nota: Ninguna de las fotos es mía. Fueron publicadas por usuarios de Twitter y haciendo clic sobre ellas llega a sus sitios originales de publicación.

Nothing Worse Than Wasted Talent

Sé que estoy haciendo algo mal.  Lo sé.  Si no no sabría cómo explicar que las personas a mi alrededor estén felices y contentas insertadas como miembros productivos de la sociedad mientras yo me estrello una y otra vez con mi incapacidad de lograr lo que se espera de mí.

The saddest thing in life is wasted talent. — Lorenzo Anello a su hijo C. en A Bronx Tale

Esta percepción de fracaso constante se ha ido apoderando cada vez más de mí.  No siempre fue así.  Cuando estaba en el colegio yo no era el mejor alumno, pero tenía mis fuertes en los que me destacaba y que me hacían ver como ese genio que triunfará en la vida por encima de sus compañeros.  Un talento por el que me destacaba.  Un talento que me haría grande.

Nunca estudié bien.  Llegaba a los exámenes con lo que había retenido de clases y no con lo que había estudiado la noche anterior.  No hacía la mitad de mis tareas ni el trabajo en clase.  Me ponía a dibujar laberintos en el cuaderno en lugar de tomar apuntes.  Pero no me iba tan mal.  De alguna forma en los exámenes lograba sacar notas aceptables y buenas que me permitían finalmente pasar el año.  Recordaba.  Relacionaba.  Analizaba.

Las matemáticas fueron mi fuerte probablemente porque allá pesa más la capacidad de pensar que la de recordar.  O tal vez porque mi mente fue particularmente diestra en la forma de pensar de las matemáticas que en cierta forma se extendía a todo lo demás.  Las matemáticas me dieron para viajar a otros países a representar a Colombia en las Olimpiadas y para haber obtenido medallas en esas competencias.

Un talento que me haría triunfar.

Pero un talento que no me ha servido de mucho en mi vida adulta.  No me ha servido de mucho el talento de recordar, relacionar y analizar.

No sé si aún tengo la mente brillante que tenía cuando era joven.  No he tenido muchas oportunidades de ejercitarla porque las exigencias de la vida adulta me piden otros talentos.  Talentos que no tuve, que no crié, que no cultivé.  El talento de cumplir.  El talento de pensar en forma práctica.

Mi capacidad de analizar me lleva a darme cuenta de muchas de mis fallas.  Darme cuenta de todas esas pequeñas decisiones que me hacen fracasar.  Pero ser capaz de ver a posteriori esto; ser capaz incluso de predecirlo a veces; no me ayudan a lograrlo.

Para actuar correctamente uno no necesita pensar nada.  No es más que una cuestión de entrenamiento.  Es una cuestión de automatizar las respuestas.  Una cuestión de olvidarte de lo que no conlleve a su fin.

No tengo la disciplina de ser disciplinado y ante eso no existe fuerza de voluntad posible que me lleve a cambiar la situación.  Puedo analizar todo hasta encontrar mis errores, pero eso no me sirve para prevenirlos.  Y tal vez ni siquiera necesite tanto análisis para prevenirlo.  Necesito disciplina para adquirir disciplina.  Y ahí hay una trampa conceptual.  Un Catch-22.

Es algo que no puedo hacer solo.  Tampoco es algo que alguien pueda hacer por mí.  Necesito un entrenador.  Ni siquiera necesito un guía.  Necesito alguien que me acostumbre a actuar correctamente sin pensar.  Todo lo demás será carreta, lo tomaré como carreta y lo desecharé como carreta.

We have a misconception that if we only cared enough about something, we would do something about it. But that’s not true.

Motivation is in the mind; follow-through is in the practice. Motivation is conceptual; follow-through is practical. In fact, the solution to a motivation problem is the exact opposite of the solution to a follow through problem. The mind is essential to motivation. But with follow through, it’s the mind that gets in the way.

Peter Bergman

Uno de los problemas de este sobreanálisis es que empiezo a reconocer el fracaso de mis expectativas y mis acciones.  Me siento cada vez más incapaz de actuar dentro de una sociedad a la que le importa muy poco mi talento y sí mucho los talentos que no tengo.

Recuerdo que, cuando trabajé en Huawei, mi supervisor inmediato me decía que apreciaba mucho esos momentos en los que mi talento había ayudado a resolver más eficazmente ciertos problemas.  Esos momentos en los que utilicé mi habilidad para pensar por fuera de la caja y aplicar esos conocimientos que tenía, pero por los cuales no me habían contratado.  Pero a pesar de esos momentos, en el día a día yo simplemente no era confiable.  Y yo sabía entonces y sigo sabiendo ahora que mi jefe tenía razón.

Son pocos los empleadores, o posibles socios, que confíen en mí sólo por mis momentos de inspiración.  Creo aun que tengo un gran talento para dar.  Oxidado, tal vez.  Pero la falta de otros talentos: la falta de disciplina, principalmente, me llevan a seguir desperdiciando mi potencial.

O tal vez sólo deba olvidarme de lo que podría ser capaz.

Emplearme en algo que no sólo no requiera pensar sino que me impida pensar.  Finalmente pensar no me ha servido de mucho en mi vida adulta.

El problema es que sí creo que hay algo peor que el talento desperdiciado y es tener que matar tu único talento sólo para adaptarte a los demás.

Escepticando

Pasaba por un sitio web dedicado al escepticismo y en los foros me encontraba con una discusión recurrente: ¿puede uno declararse cristiano (o creyente de cualquier religión) y a la vez escéptico? ¿O es el escepticismo una actitud exclusiva del ateísmo?

Crecí dentro de una tradición católica. Aprendí mis bases científicas y filosóficas de parte de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (Hermanos Lasallistas). Me hice profesional en una universidad regida por la Compañía de Jesús. Tomé a conciencia mi confirmación a los 16 años. Me casé por la iglesia y bauticé a mis hijos quienes ahora estudian en un colegio laico de orientación católica. Me creo, sin embargo, escéptico. Un escepticismo que me lleva a considerarme agnóstico más que ateo entre otras cosas porque no dejo de considerarme católico pues, aunque no tomo el dogma con fe de carbonero, siento una relación fuerte con todo este sistema da valores que enmarca mi educación cristiana.

¿Qué es una religión? Una religión tiene un componente mitológico. Cuando hablo de mitología no me refiero a que sea falso sino en el sentido de aquella forma como dentro de la religión se explica cómo llegó a ser el mundo y cómo este es. Como escéptico pongo en duda la veracidad de la mitología cristiana y sé que hay personas mucho más creyentes que yo que hacen esto mismo.

La posición oficial del catolicismo es que la creación en siete días tiene un significado mucho más simbólico que literal. La falta de una estructura vertical hace que otras iglesias cristianas tomen mucho más literal la Biblia en contra de la evidencia científica, pero igual hay creacionistas dentro del catolicismo como hay evolucionistas que se consideran cristianos no papistas. Mis dudas sobre la mitología cristiana tocan al mismo Jesús histórico.

La existencia misma del Jesús histórico es discutible. No hay mayores corroboraciones contemporáneas de la existencia de Jesús. No hay crónicas de su juicio y ejecución, o de los demás detalles que marcan su existencia. El historiador Josefo parece mencionar a Jesús indirectamente en un párrafo de Antigüedades Judías, párrafo del que hay evidencias de alteración en las transcripciones subsiguientes. Todos los demás documentos antiguos sobre Jesús son documentos cristianos escritos después de su muerte.

Asumiendo la historicidad de Jesús:  ¿Nació de una virgen?  ¿Esta virgen es a su vez hija de otra virgen?  ¿Resucitó en cuerpo y carne a los tres días de su muerte?  ¿Ascendió al cielo? Hoy sabemos que no existe un lugar en las alturas llamado cielo ¿Exáctamente a dónde ascendió Jesús?  ¿Ocurrieron realmente los milagros narrados en los evangelios?  ¿Es hijo único de Dios?  ¿Es Dios?

Además del componente mitológico, una religión es también una filosofía de vida, un conjunto de valores. Incluso he leído a miembros de la curia católica decir que elementos de la religión tales como la divinidad de Jesús no son realmente el eje de nuestra religión sino los valores que Jesús (histórico o literario) nos revela. Los valores propios del cristianismo, aquellos que lo hicieron original en su época, se centran en la fe, la esperanza y la caridad.

¿Son estos valores los que mejor nos convienen como seres humanos? Los romanos habían adoptado de la cultura griega valores como la razón que en gran medida se contrapone a la fe. Friedrich Nietzsche, entre muchos otros pensadores, nos lleva a rechazar valores como la fe y la esperanza por la forma como estos se oponen al progreso y la razón. Karl Marx llama a la religión el opio del pueblo porque esto valores de fe y esperanza han sido utilizados para someter al grueso de los súbditos y fieles. La caridad cristiana también recibe críticas de pensadores quienes ven ahí una falta de incentivos para el progreso humano.

Poner en duda los principios mitológicos y de valores de mi religión ¿me hacen un apóstata o un hereje? O, por el contrario, ¿no desecharlos me hace un mal escéptico?

En principio un escéptico es una persona que pone en duda todo y saca sus propias conclusiones a partir de la información que puede probar. Pero todos, por más escépticos que seamos, tenemos una serie de creencias.

Yo creo más en la evolución que en la creación del mundo. Tiene más sentido para mí con todo lo que he leído el universo antiguo propuesto por la biología evolucionista y la astrofísica que el universo joven descrito por la Biblia. Pero, la verdad, no tengo corroboración de lo uno o lo otro. Ante la imposibilidad de hacer mis propios experimentos tengo que recurrir a distintas autoridades de uno u otro campo, como Richard Dawkins y Stephen Hawking por el universo antiguo y la vida evolucionada o quien quiera que haya escrito el libro del Génesis en la Biblia o sus equivalentes en otras religiones a favor del universo joven y creado.

A decir verdad, desde mi punto de vista, el universo pudo haber aparecido hace cinco minutos y que todo lo que yo recuerdo que pasó en mis casi 40 años de vida no sean más que recuerdos implantados.

Pero ¿quién me implantó esos recuerdos? ¿Por qué? ¿Qué sentido tiene que todo el universo no sea más que algo que existe en mi mente y ha existido tan solo por unos pocos minutos? Si bien no tengo una prueba de que esto no sea así, las otras teorías, incluyendo la creación judeocristiana, tienen más sentido. Un mundo que percibo como más antiguo que mi propia existencia tiene más sentido que un mundo completamente imaginado por mí.

Y, bajo ese mismo criterio, prefiero creerle a un Dawkings y un Hawking que han pensado el universo con la ayuda de toda una comunidad científica que los nutre y los cuestiona que lo que dice un libro escrito hace más de dos mil años por personas sin credenciales científicas a menos que acepte la hipótesis de que un dios que lo sabe todo dictó tales libros.

Pero, que yo prefiera creerle a estos personajes científicos no me hacen necesariamente un creyente ciego de cierta interpretación de la ciencia.

Dawkings y Hawking bien pueden estar equivocados. Probablemente sí existe un dios todopoderoso que creó todo incluyendo la fabricación de las evidencias que Dawkings y Hawking usan como base de sus teorías. Ellos también han tenido críticas dentro de la propia comunidad científica y hay científicos reconocidos que ponen en duda sus conclusiones, no por un sesgo religioso sino porque la esencia de la ciencia es controvertir lo que se conoce para ponerlo a prueba y aproximarnos a la verdad.

Así que aunque creo en estos científicos no tengo una fe ciega en ellos. Si ellos niegan a Dios no quiere decir que Dios no existe. Es decir, Dios no deja de existir porque Nietzsche, Dawkings, Hawking y otros lo nieguen. Tampoco existe porque la Biblia lo diga. Pero, incluso, la interpretación de un universo autocontenido de Hawking, o de la existencia medible de genes y memes de Dawkings, o los valores que propone Nietzsche en contrapeso a la fe, esperanza y caridad tiene que ser así sólo porque ellos lo digan.

Para mí son simplemente interpretaciones más creíbles. Pero en últimas es eso, una creencia.

Creo que lo esencial de ser escéptico no está en renunciar a toda creencia sino en saber que lo que uno cree no es la verdad absoluta y por ende estar dispuesto a aceptar otras hipótesis como posibilidades.

Tomando SOPA

[The Producers poster] Un productor musical es una persona que acompaña al artista y lo complementa en sus falencias. Provee al cantante de una orquesta y provee a la banda de otros instrumentos que harán que su música suene más profesional. Graba, edita, crea un producto musical más allá de lo que el artista es capaz de hacer por sus propios medios. El productor acompaña al artista. Le aconseja qué temas tocar. Le sugiere nuevos autores. Conoce lo que el público quiere y aconseja al artista a lograrlo. Crea esa conexión entre el artista y el público. Trabaja de mano con las emisoras para que roten la música del artista. Lleva los CD a las tiendas de música. Conoce los canales de consumo para llegar a ellos liberando al artista de esa tediosa promoción y lograr que estos puedan pensar mejor en seguir creando y mejorando su presentación.

Un artista sin productor tiene que costear la grabación de su propia música. Tiene que usar sus propias uñas para promocionar su creación. Llamar a las emisoras, a las tiendas y a los demás canales de distribución para que su música se conozca. Sin poder contratar músicos que lo acompañen instrumentalmente ni editores musicales profesionales su trabajo no tendrá nunca el sonido de estudio profesional que el público requiere.

El productor es necesario en la industria y si desaparece frente a las nuevas amenazas tecnológicas los artistas y los consumidores perderán. El artista perderá oportunidades y el consumidor de música perderá calidad.

¿O no?

Hoy en día un buen computador personal puede convertirse en un estudio de grabación y un puesto de edición con calidad profesional. Los artistas pueden compartir pistas entre sí y un cantante puede recibir la colaboración de un guitarrista en algún otro lugar del ciberespacio. Las estaciones de radio y la televisión pública abierta no son los únicos espacios de promoción. Un buen producto o un producto que llegue al corazón de un público se puede promocionar a sí mismo gracias al voz a voz de las redes sociales.

En los años precedentes a la última revolución digital el sueño de un artista musical era contratar con una casa disquera, con un productor que hiciera todo lo que describí en el primer párrafo. Pero ese sueño estaba reservado para pocos. El negocio del productor consistía en tener pocos productos que pudiera comercializar masivamente. Tener estrellas. Fabricar estrellas.

El productor trabajaba también con unos pocos medios cerrados y controlados de distribución: emisoras de radio, televisión, tiendas de música.

El grueso de los músicos se veía rezagado a trabajar por su propia cuenta. Sin un productor. Como se describió en el segundo párrafo. Sin acceso casi a los pocos medios de distribución existentes. Sin sonar en la radio ni vender en las tiendas.

Las herramientas provistas tras la última revolución digital han abierto la posibilidad de que más artistas puedan acceder a medios alternos de distribución. Muchos artistas, incluso, han redescubierto que su posibilidad de obtener una subsistencia a partir de su música no viene de la cantidad de temas vendidos sino de la capacidad de ser contratados para tocar en vivo. Y con las nuevas tecnologías y los nuevos medios ya pueden obviar a la disquera para lograr ese reconocimiento.

Desde luego que el productor pierde.

O, más bien, el productor que basaba su modelo de negocio en la capacidad de controlar unos pocos y escasos medios pierde.

También pierde la estrella musical. Aquel que, gracias a sus productores, lograba un alto reconocimiento y contratos cautivos y que, gracias a ello, podía renegociar las condiciones para obtener un poco más de lo que el productor reserva para el grueso de sus artistas.

Esta tecnología que permite a los nuevos artistas tener canales alternos de distribución permite también otra cosa: que los usuarios generales compartan. Desafortunadamente para la industria fonográfica tradicional, los usuarios no se limitan a compartir la música independiente: también comparten la música de estrellas musicales.

Desde el inicio de la industria editorial los consumidores siempre han compartido. Los libros impresos se prestan entre amigos. Cuando la música empezó a grabarse y a distribuirse por medio de discos, los usuarios se prestaban e intercambiaban los acetatos. El cine logró un mejor control porque no vendía un producto que el público pudiera conservar para reproducir más tarde. [HTIKM campaign poster] Con la aparición de cassette (originalmente de audio y luego de video) el usuario tuvo la capacidad de hacer copias tanto para uso personal como para compartir con familiares y amigos. Y sí, también vinieron empresarios independientes que decidieron hacer copias para comercializarlas por fuera del control de las disqueras y los estudios.

Pero la industria de contenidos se mueve. Ese cassette que amenazaba la venta de un disco de acetato también provocó la aparición del walkman y la industria musical descubrió que era rentable vender los LP también en cinta. Los estudios descubrieron que después de la presentación en teatros de sus películas podían seguir obteniendo ganancias por el alquiler de VHS en las videotiendas. (Antes habían descubierto que la televisión no solo era una amenaza sino que podían venderle a las cadenas los derechos de transmisión de películas que ya habían terminado su ciclo en los teatros.)

Hoy los consumidores tienen más y mejores formas de compartir e Internet ha logrado que los usuarios establezcan conexiones con personas que no conocen pero comparten intereses. Yo conozco pocas personas en mi circulo social inmediato que se interesen en la construcción de lenguas o la historia alterna, pero gracias a Internet pude establecer contacto con personas en todo el mundo que comparten esos intereses. Y un interés que muchas personas comparten es el consumo de contenidos culturales como la música.

Pero los productores temen.

El negocio se les está escapando.

La capacidad de la gente de compartir permite a los nuevos artistas promocionar más fácil sus nuevas creaciones y buscar colaboración para llevarlas a niveles más profesionales sin la necesidad del productor. Pero también visibiliza la cantidad de extraños que comparten entre sí y de forma anónima productos cuya comercialización antes controlaban.

Es una falacia llamar piratería a este esquema.

La industria editorial y fonográfica siempre ha sabido que los consumidores que comparten se convierten en promotores que generan nuevas ventas. Ayudando muchas veces a conquistar mercados nuevos. El Jazz y el Rock no se convirtieron en música universal porque las disqueras de EE.UU. hubieran promocionado sus discos en tiendas y emisoras de todo el mundo sino porque los consumidores viajaban con su música y llegaban a nuevas regiones donde la música empezaba a gustar, originalmente sin ganancia para los productores pero eventualmente creaban el mercado donde estos productores podían tener ganancias adicionales.

El problema que enfrentaban los productores era cuando comerciantes independientes copiaban y vendían las copias dentro de los nuevos mercados o incluso en casa, capturando el mercado que el productor hubiera deseado.

Fueron estos empresarios independientes a quienes la industria editorial y fonográfica empezó a llamar piratas y a exigir a sus gobiernos y a gobiernos foráneos una legislación que protegiera sus propios intereses frente a estos piratas.

La industria no temía al usuario que compartía un libro o un disco, sino al que copiaba y vendía la copia al por mayor.

Pero llegamos ahora a una nueva revolución tecnológica. Una que favorece al usuario y al artista y productor independiente sobre una industria basada en controlar medios de distribución.

Esa industria que quiere llamarnos ahora a todos nosotros piratas. Una industria que pretende destruir cualquier medio de distribución que no pueda controlar. Y quiere hacerlo no porque sea el nido de empresarios independientes (piratas) que se lucren por fuera de su esquema de distribución sino porque ellos mismos se han quedado obsoletos.

Y de ahí viene la SOPA y la PIPA. Y viene el SINDE, el HADOPI, la #LeyLleras y demás legislación que bajo el pretexto de proteger a los propietarios intelectuales y combatir la piratería no son más que lobistas quieren obtener ganancias por demandar a los usuarios que promocionan gratis sus productos.

Leyes que no hacen nada, siquiera, para combatir a los empresarios que distribuyen por lucro obras copiadas sin el permiso de la industria de contenidos. Esos empresarios que acaso serían lo que podríamos llamar propiamente piratas.