Un año

Hace un año participé en la gran marcha en contra de las FARC y tangencialmente en su organización, y ante la crítica de algunos sectores sobre la visión limitada de esa iniciativa, mi posición es que había algo que decir, así no fuera todo lo que hubiera que decir.

Hoy recibimos este aniversario tras una serie de eventos.  Las muertes de Raúl Reyes (abatido en confusos hechos), Iván Ríos (asesinado) y Manuel Marulanda (por causas naturales) en marzo.  El rescate de 4 rehenes civiles y 11 uniformados en la Operación Jaque, incluyendo la así llamada joya de la corona: Íngrid Betancourt.  Deserciones como la de Karina primero, y luego las de cuidadores de reenes que le garantizaron la libertad a Óscar Tulio Lizcano, entre otros.  Hay muchos signos que apuntan a un debilitamiento de la guerrilla.

Hoy asistimos a la liberación “unilateral” de seis secuestrados, que dejarán a la guerrilla sin rehenes políticos y tan solo con oficiales, suboficiales y retenidos (secuestrados extorsivos).  Cuando escribo esto llevamos ya dos de tres actos: la liberación de los uniformados el domingo y la de Alan Jara el martes.  Este jueves será la liberación de Sigifredo López si no hay contratiempos.  Dos actos llenos de espectáculos.  Los periodistas Jorge Enrique Botero y Hollman Morris se encargaron de amenizar el domingo.  No sabemos si intencionalmente o utilizados por la guerrilla; y en el caso de Morris, aumentado por la actitud del gobierno quien pretendió enmendar su falta de objetividad por medio de la censura y no del rebatimiento de argumentos.

Ayer, martes, Alan Jara en sus declaraciones libres no fue en momento alguno elogioso con el gobierno y acusó a Uribe de prolongar innecesariamente la situación de los secuestrados canjeables.  No estoy de acuerdo con Jara y su tesis de homicidio por omisión, pues considero en este caso al gobierno responsable mas no culpable.  Y no más responable que todos nosotros como sociedad.

Sí algo he aprendido en este año es a que mi respeto por Álvaro Uribe Vélez (la persona que ocupa el cargo de Presidente de la República, no el cargo en sí) ha venido disminuyendo.  Salvo su política de seguridad y el micromanagement de los consejos comunitarios, ese hombre no tiene propuestas políticas claras, sino que improvisa a cada rato.  No tiene una política clara siquiera en si sigue desbaratando la constitución de 1991 para reelegirse.  Considera que su principal virtud es no oir consejos.  Pero si hay algo que me asusta más que un presidente así, es el seguimiento ciego al caudillo. Es tal el punto de ese seguimiento ciego que personas que han sido ideológicamente afines con Uribe pero se han distanciado de él ante la propuesta segunda reelección, tales como Germán Vargas Lleras y Gina Parody, son tratados como traidores.

Y en cuanto a las FARC.  Hoy las FARC son mucho menos de lo que eran en el año 2000, en número de combatientes, control territorial, poder armamentista, capacidad de hacer daño, etc.  Pero hoy las FARC son todavía más de lo que eran en 1980, con un posible agravante: quienes aun están (los que no se han fugado) están políticamente más comprometidos que nunca.

Las FARC nunca han estado a punto de tomarse el poder en Colombia.  Ni en su punto más fuerte en 1997-99.  Pero tampoco están a punto de ser derrotadas.  Creo que todavía es posible la derrota militar de las FARC, a un muy alto costo.  A muchos desde la comodidad de nuestras ciudades o de las carreteras despejadas no nos importa asumir ese costo.  Particularmente porque, sin una derrota de las FARC, ellos no querrán nada distinto a acomodar la constitución a su antojo como parte de una negociación.

Desafortunadamente tras un año de haberles dicho ¡No a las FARC!, aun no veo el fin del problema y sí una polarización creciente entre los que no quieren a las FARC y por ello apoyan a Uribe y los que no quieren a las FARC pero tampoco al costo de más Uribe.

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