Aunque nos llamen piratas

A continuación va el borrador del manifiesto del Partido Pirata de Colombia:

Reconocemos que Colombia es un estado social de derecho, constituido como una democracia representativa y regido por una constitución garantista de origen popular. Defendemos la Constitución y los derechos y libertades civiles que de ella emanan. Defendemos firmemente el derecho a la libertad de expresión y a la libertad de asociación.

Se reconocen los derechos constitucionales y la constitución en sí misma.  El Partido Pirata no desconoce ni desafía al estado colombiano ni a su constitución.

Consideramos que dentro de una democracia la deliberación con argumentos es la vía idónea para expresar nuevas ideas y lograr cambios políticos. Rechazamos los métodos violentos para imponer nuevas ideas políticas. Rechazamos así las vías de hecho tales como el sabotaje, las restricciones a la libertad de locomoción como forma de protesta y al alzamiento en armas.

El Partido Pirata defiende las vías de derecho considerando que la Constitución Política de Colombia garantizan el libre debate, y nos oponemos por una parte a la lucha armada subversiva, pero también a otras vías de hecho como los ataques a sitios web y otras formas de ciberterrorismo, a los bloqueos de vías y a manifestaciones que atenten contra la libertad de otros ciudadanos así estos no compartan nuestras ideas.

Siempre se discutió si como partido debemos oponernos explícitamente a la lucha armada subversiva, como en el sentido de que eso sobre y se cae de su peso, pero este es un eje común en los manifiestos de otros partidos piratas y se requeriría de una buena razón de fondo para excluir este punto de nuestra propia manifestación.

Defendemos y promovemos el derecho a la privacidad. Defendemos el derecho a la igualdad ante la ley y a que nadie sea discriminado por su lugar de nacimiento, su raza, su sexo, su religión, su afiliación política, su opinión o por otras condiciones sociales o circunstancias personales.

Hasta el momento nada en nuestra declaración de principios que riña con nuestra constitución ¿cierto?  Pues eso.

Defendemos el derecho a la vida y a la integridad física y moral: ninguna persona puede ser sometida a tratamientos o castigos degradantes o inhumanos o a ningún tipo de tortura.

Otra cosa que sobraría decirla, pues ya está en nuestra constitución.  Eso somos.

Creemos que las leyes, incluyendo leyes penales y aquellas enmarcadas en la lucha contra la sedición y el terrorismo, deben estar enmarcadas bajo los derechos y libertades civiles reconocidos por la Constitución de Colombia y defendidos por el Partido Pirata.

Y sobra decirlo ¿cierto?

Obvio.

Pero llevamos tantos años creyendo que todo vale cuando se trata de combatir a la subversión apátrida que nos olvidamos que los guerrilleros también son sujetos a la Constitución de Colombia y a sus garantías.

Pero no debemos ir tan lejos.

Todos los días dejamos que nos vulneren nuestros derechos constitucionales cuando consentimos una requisa o identificarnos con nuestra cédula o dejar nuestras huellas dactilares en cualquier formulario trivial.

El terrorismo, que rechazamos como Partido Pirata, nos ha hecho aceptar como algo muy normal el antiterrorismo.  Cedemos a nuestros miedos de buscar que alguien nos proteja así sea a cambio de nuestros derechos básicos tales como el derecho a nuestra intimidad.  Este miedo es muy difícil de vencer, pero es nuestra obligación vencerlo y superarlo y que nuestras vidas no dependan de seguir renunciando a nuestras libertades individuales a cambio de seguir viviendo bajo el miedo.

Buscamos la transparencia del estado y exigimos que los agentes del gobierno y los representantes ante cuerpos colegiados sean responsables política y legalmente por sus acciones y omisiones. Requerimos la transparencia sobre los actos públicos que garanticen esta responsabilidad.

Y sí.  Exigimos y requerimos.  El control político es un derecho ciudadano y facilitarlo es un deber del estado.

Manifestamos que nuestra causa política se centra en promover el conocimiento y el disfrute de los descubrimientos y creaciones de la humanidad y que consideramos que la humanidad y la democracia se benefician del flujo irrestricto del conocimiento que permita seguir creando y construyendo. Manifestamos que en ningún momento nuestro ideario busca limitar los beneficios que reciben los creadores aunque reconocemos que los esquemas de negocios basados en las restricciones actuales pueden verse afectados por nuestras creencias.

Aquí sí comienzan los verdaderos puntos diferenciadores del Partido Pirata frente a otros movimientos políticos y organizaciones sociales.  El conocimiento y la cultura deben ser tan libres como esto nos permita crecer.

Hoy existen muchos negocios legales basados en las restricciones a la libertad de compartir el conocimiento.  Sin duda un triunfo de las tesis del Partido Pirata entran en conflicto con varios de estos esquemas de negocio.

Pero también hay negocios y oportunidades cuando estas restricciones se levanten.  Y creemos que serán más las oportunidades que surgen de compartir que las oportunidades que surgen de restringir.

Rechazamos el concepto de “propiedad intelectual” por ser un término impreciso que abarca conceptos distintos y se presta para abusos en contra de los derechos y libertades civiles. Las patentes, derechos de autor y registros de marca son conceptos dispares que deben tener un tratamiento diferencial en la ley.

El término “propiedad intelectual” incluye al menos tres conceptos que son diferentes en sí mismos y por lo tanto da lugar a transferir, a capricho del lobbista de turno, las protecciones restrictivas de un concepto a los otros.  Una patente es un beneficio que se otorga a una persona natural o jurídica para restringir la comercialización de una tecnología si esta no beneficia al dueño de la patente, y el dueño de la patente puede ser o no el creador de una nueva tecnología.  El derecho de autor es el derecho que tiene un creador sobre su obra para protegerla o usufructuarse y no puede ser cedido, pues el autor es el autor, no quien compre sus derechos.  Una marca, si bien puede implicar un acto creativo, se protege no por su valor artístico o “intelectual” sino por su representación de un producto u organización.

Manifestamos que el sistema de patentes, si bien fue creado para fomentar la investigación y el desarrollo proveyendo derechos y ventajas para los inventores, se ha convertido en una forma de control monopolista y que este control, antes que fomentar, restringe la investigación y desarrollo por terceros. Consideramos que los términos de las patentes deben reducirse y nos oponemos a que se patenten ideas o descubrimientos que en sí mismos no sean creaciones materiales producto de la invención.

Dos puntos aquí.  El alcance y los términos de las patentes y lo que puede ser patentado.

Crear, investigar, descubrir y desarrollar cuesta.  En un esquema capitalista —y somos capitalistas o por lo menos no somos anticapitalistas— muchas veces el creador espera cubrir sus costos de investigación y desarrollo comercializando el producto comercializado.  Hasta ahí bien.

Pero luego viene otra persona y copia nuestro producto, sin haber invertido en investigación y desarrollo y, por ello, produciendo un producto más barato.  Eso es injusto.  Y por ello existen las patentes.  La patente permite proteger mi investigación y desarrollo obligando a que ese otro productor me reconozca un pago por la misma.

Y todo bien.

El problema es que así como protege a un investigador, también puede ser usado para abusos y prácticas restrictivas.  Una empresa puede bien comprar la patente de una tecnología innovadora que compite con la propia, no para desarrollar esa tecnología sino para evitar que otros la usen y mantener así un monopolio con su tecnología obsoleta.

El otro punto es la patente sobre ideas u otros conceptos que no implican productos tangibles.  Como autor de ficción podría imaginarme una tecnología aun no inventada pero factible en principio y patentarla sin mayores estudios de cómo hacerla realmente posible.  Eventualmente si alguien —inspirado o no por mi obra de ficción— investiga y consigue hacer práctica esa tecnología tendrá que retribuirme económicamente de acuerdo a los términos de mi patente.

La patente, cuando se extiende a ideas y no sólo a desarrollos concretos, antes que alentar a la investigación la penaliza.

Consideramos que las biopatentes (patentes sobre descubrimientos biológicos tales como semillas, especies, seres vivos, sus partes y genes, incluyendo modificaciones inducidas) son nocivas como concepto, pues privatizan la investigación y el acceso al conocimiento; de tal forma las biopatentes deben ser abolidas. Rechazamos las patentes a algoritmos o piezas de software; la protección al software puede ser garantizada por los derechos de autor.

Lo de las biopatentes se explica por sí mismo.  Y, de nuevo, los derechos de autor y las patentes cubren conceptos distintos.  El software es un proceso creativo que puede ser amparado por derechos de autor y no requiere de ser protegido por patentes.

Creemos que las patentes sobre productos farmacéuticos no deben limitar la distribución de medicamentos o tratamientos a grupos sociales ni a poblaciones vulnerables, y mucho menos en casos de emergencias naturales, epidemias o pandemias.

Pues eso.

Planteamos como uno de los objetivos del Partido Pirata suprimir los monopolios basados en patentes.

Buscamos que las patentes protejan la investigación y el desarrollo, no que restrinjan el acceso de la investigación y el desarrollo a la comunidad y a nuevos investigadores y desarrolladores.

Consideramos que el registro de marcas no corresponden a una actividad creativa y como tal las marcas no deben estar protegidas por derechos de autor. La legislación de protección de marcas debe ser suficiente para proteger las marcas frente al fraude, la confusión deliberada, la injuria o el mal uso.

Si bien algunos logos y distintivos pueden provenir de un proceso creativo, las marcas en sí mismas, pero también sus manifestaciones gráficas, son ya protegidas de forma adecuada para lo que las marcas han sido hechas.

Manifestamos que promovemos la cultura y consideramos que un incremento en las formas de compartir la cultura es positivo para la sociedad en conjunto. Compartir la cultura no debe ser restringida por medio de gravámenes. Buscamos una reducción de los términos de los derechos de autor. Consideramos que debe buscarse un balance entre el derecho de los creadores de beneficiarse de sus obras y el derecho del público de disfrutar de las mismas. Objetamos la gestión de derechos digitales (DRM). Propugnamos por la libertad de la distribución no comercial de obras culturales.

Esto es lo que nos concede el título de piratas por la forma como se ha querido demonizar por parte de la industria a las actividades que ponen en riesgo sus monopolios.

No nos oponemos  a que los creadores puedan obtener un beneficio por su creación mientras esta no limite la posibilidad de que su obra sea difundida.

Buscamos la universalización del acceso a Internet con el objetivo de eliminar la brecha digital. Consideramos que debe preservarse la neutralidad de la red, esto es que no existan aplicaciones, contenidos o tecnologías que sean restringidas por los proveedores de servicio o por el estado, más allá de garantizar el acceso de otros usuarios. La neutralidad tecnológica debe garantizarse en oficinas públicas y organismos del estado mediante el uso obligatorio de estándares abiertos.

Y sí, todos los partidos dicen querer la universalización del acceso a Internet y eliminar la brecha digital.

Lo que no todos proponen es que la red sea igualmente accesible para todos independiente de su aplicación y mantener los estándares que garanticen que las aplicaciones sean interoperables entre sí y ver esto tanto como una forma de empoderar a la ciudadanía, sino como una forma de preservar la transparencia del oficio público.

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