El tirano de los minutos

A veces me decía que cómo es posible esto si ya no estamos en los ochenta… luego recordaba que en los ochenta los buses de colegio tenían su propio servicio de radio.

El pasado martes 23 de noviembre de 2010 cayó en Bogotá la lluvia represada de un fin de semana relativamente seco en medio de esta temporada invernal.  Inundaciones en varios puntos de la ciudad y uno de los sitios afectados fue el paso de la Avenida Boyacá sobre el río Juan Amarillo.  Esta inundación se interpuso en medio de la ruta de regreso de mi hijo del colegio.  Un recorrido que normalmente toma 75 minutos tardó este día 190.  No vale la pena quejarnos del Fenómeno de la Niña, o de la falta de infraestructura adecuada o de otros temas estructurales y complejos, porque eso se llevaría muchos bytes y palabras que uds. no me irán a leer.  Quiero enfocarme en el problema de la comunicación.

Como padres entregamos a mi hijo a las 7:30 a la responsabilidad del colegio y reasumimos la responsabilidad a las 16:30 cuando el colegio nos lo entrega en la puerta de nuestra casa.  En esas nueve horas uno espera que el colegio sea responsable y con el fin de no interferir con los procesos de formación ni causar caos innecesario a los esquemas programados no sabemos realmente que está pasando.  Esperamos que el colegio en su responsabilidad nos informe de cualquier incidente importante tales como si el niño se enferma (y ellos tienen nuestros números telefónicos de casa, oficina y celular).  Los horarios a los que pasan los buses del colegio no son muy exactos pues estos están sujetos a condiciones de tráfico cambiantes en la ciudad, a que uno de los niños tardare en salir de clase retrasando a los demás o a que un padre no esté atento a recoger al niño retrasando el recorrido mientras lo esperan; y en más de una ocasión la hora de entrega se ha acercado a las 17:00… un retraso entendible, por el que nisiquiera vale la pena pedir explicaciones.

Pero el martes el retraso exedió por mucho la media hora y nosotros, como padres, no sabíamos qué era lo que sucedía.  Ya era preocupante, y nuestra primera reacción fue comenzar por llamar al colegio.  El problema, es que la jornada termina a las 17:00 y después de esa hora no había quién atendiera los teléfonos.  Finalmente y tras una larga cadena de llamadas, sobre las 18:00 nos enteramos que la ruta estaba buscando vías alternas al paso de la Boyacá con Juan Amarillo y que se reportaba que los tres niños faltantes estaban bien.  Hoy en día, en que en Colombia hay casi tantos teléfonos móviles como habitantes, parecería inconcebible que no fuera posible contar con información sobre este tipo de incidentes que pudieran tranquilizar a los angustiados padres o avisarles de algún tipo de inconveniente.

Desde luego que hay problemas de protocolos y descuidos.  El colegio no permite que los padres tengan el número del coordinador de rutas para evitar abusos tales como aquellos padres que se la pasan llamando para cambiar el lugar en donde el bus deberá entregar al hijo.  A nosotros nos dieron el número celular de la directora de grupo (profesora) de nuestro hijo para inquietudes como esta, pero ese número se quedó perdido junto con el teléfono de mi esposa cuando se lo robaron.  En fin, varios elementos conspiraron para que la comunicación no fluyera de una forma efectiva para nuestra pronta tranquilidad.

Sin embargo sí había protocolos para estos casos.  El coordinador de rutas es un empleado del colegio que debe estar atento a cualquier incidente que suceda con los buses del colegio y como tal no está sujeto a los horarios de oficina del conmutador principal del colegio.  Cuando sucede un incidente, la monitora de ruta (el adulto responsable de los niños mientras el conductor maneja) debe reportarlo al coordinador de rutas y tiene también el número telefónico de los papás.  La monitora podría llamar directamente a los papás para anunciarles del motivo del retraso o pedir al coordinador de rutas que se encargue de estas comunicaciones.  Parece que todo está solucionado.

Hasta que nos enfrentamos al tirano de los minutos.  La monitora de ruta no podía llamar ni a los papás ni al coordinador de rutas para anunciar la novedad porque no tenía saldo en su teléfono móvil.  No tenía minutos.

Como padres no podíamos llamar a la monitora de ruta (porque por los protocolos destinados a evitar abusos por parte de los padres, el número de su teléfono móvil no nos lo dejan saber) ni la monitora podía llamar a los padres porque no tenía saldo.  No tenía minutos.  Como padres tampoco pudimos llamar al coordinador de rutas, porque los mismos protocolos nos prohiben su número, ni el coordinador de rutas podía llamar a los padres porque no estaba enterado, porque la monitora de ruta no se había comunicado porque no tenía saldo.  No tenía minutos.

Mi experiencia me lleva a pensar que los planes de telefonía prepago o los postpago control no son convenientes en un gran número de casos.  No sirven para una persona que necesita en cualquier momento tener que generar una llamada.  Una llamada que no puede estar sujeta a la excusa de que no tenía minutos.  Mientras esperaba este martes a que llegara mi hijo, y aun sin saber qué pasaba, reflexionaba sobre el problema de la comunicación.  Cuando yo era estudiante los buses de mi colegio contaban con tranceptores de radio con frecuencias privadas del operador de los buses.  Si hubiera habido un incidente el chofer podía comunicarlo a su empresa, esta al colegio y este a los padres, sin estar pendientes del saldo del teléfono móvil (aunque no sé si los protocolos existían e, igual, como no existían los celulares, nuestros padres no estaban tan acostumbrados como nosotros a que si algo pasa podemos saberlo YA).  Hoy en día muchas personas están sujetas al tirano de los minutos.  A que sus comunicaciones dependen de cuántos minutos llevan gastados en el mes o a si la recarga de su teléfono prepago ha sido suficiente.

Yo nunca tuve teléfono prepago, aunque por algún tiempo tuve un plan control, esto es un plan donde yo acuerdo con el operador que este no me deje pasar de un determinado saldo mensual y que, una vez lo supere, o no podré seguir haciendo llamadas o tendré que comprar una recarga de saldo prepago.  No fueron todos los meses (yo soy una persona que hablo poco por celular), pero los meses que me exedí sufrí del tirano de los minutos.  No poder hacer una llamada, o tomar la decisión de comprar minutos extra, minutos que probablemente no gastaré en su totalidad.  Aun cuando yo no tengo una obligación legal de tener que efectuar una llamada en cualquier momento, estoy convencido de una cosa: uno debería tener un plan de telefonía que le permita hacer la llamada que necesite, cuando la necesite y sin estarse preguntando cuánto le costará.

En mi caso tengo el plan postpago (crédito) más bajo de Movistar, y pocas veces lo excedo.  Símplemente hablo poco por celular, pero cada vez que necesito hablar por celular simplemente llamo, sin preocupaciones, sin tener que estar pendiente de cual es el operador de mi conferente (porque esa es la otra, las personas a las que se les vence el saldo para llamar a otros operadores, así no tengan restricciones para el propio), sin estar pidiendo que me devuelvan la llamada.  Para mí eso es tranquilidad.

Pero igual no tengo obligaciones legales de tener que llamar.  Lo que me funciona para mí, como usuario particular, podría no serlo para otro tipo de usuarios particulares.  Usuarios que prefieren controlarse por medio de prepagos o de postpagos controlados.

Pero personas que sí tienen esa obligación legal o contractual de llamar definitivamente no pueden estar sujetas al tirano de los minutos.

Habiendo trabajado anteriormente en coordinación de obras se presentaba otro problema: llegaba una cuadrilla de trabajo a un sitio remoto y encontraba que no estaban los materiales listos.  Con su teléfono prepago y sin minutos el jefe no tenía otra que sentarse a esperar con toda la cuadrilla a que terminara el día o a que lo llamaran y poder así comunicar la situación, reportar la falta de materiales y que los coordinadores pudieramos gestionar ante proveedores y clientes los retrasos generados.  Tras varias jornadas perdidas por ese tipo de causas (el presupuesto no nos daba para pagarles de la cooperativa un plan abierto a todos los jefes de cuadrilla) finalmente nos tocaba a los coordinadores ponernos a hacer rondas de llamadas de sondeo para enterarnos de las novedades de los diferentes sitios; llamadas que en su gran mayoría eran para saber que todo iba bien.

Por ley, los operadores celulares no pueden restringir las llamadas a los servicios de emergencia, como el 112 o el 123, así sea de un teléfono prepago sin minutos; o incluso un teléfono sin SIM o un postpago con la cuenta vencida.  En caso de un accidente, la monitora de ruta de mi hijo pudo haber llamado a la línea de emergencias del distrito 123 y reportarlo, aún sin saldo. Pero la línea de emergencias del distrino no se va a poner a llamar a los padres para avisarles que sus hijos se encuentran bien en un trancón.  Esa es la labor del coordinador de rutas, pero el número del coordinador de rutas del colegio de mi hijo no es un servicio de emergencias.

Hay varios tipos de soluciones alternativas a que una empresa pague a sus empleados planes abiertos o los obligue a que se lo paguen ellos mismos.  Una es que el operador permita llamadas con cobro revertido (llamadas por cobrar) originadas aún desde teléfonos sin saldo, así sea a ciertos números específicos.

¿Alguna otra idea?

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4 thoughts on “El tirano de los minutos

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  2. Yo tengo entendido que el transporte escolar tiene la obligación de tener un medio de comunicación, sea radio o avantel o celular… obiamente con minutos, porque sin minutos es igual que no tener nada. En el colegio que estan mis sobrinos sí sabemos el telefono del coordinador de rutas, y para cambiar de lugar para recoger los niños no basta con una llamada, el permiso debe ser con anticipacion y por escrito y cumpiendo algunas reglas. Y aunque no todo ha sido perfecto, si hay comunicación con alguien. Como tus hijos son pequeños no tienen celular todavía como otros más grandes, Pero es OBLIGACION que la ruta escolar tenga su sistema de comunicación, para cosas graves y no tan graves, por ejemplo el bus se puede varar o pinchar en un sitio en el que no venden recargas ni minutos, y eso tampoco es una emergencia para llamar al 123. Deberias quejarte al colegio, que ni la monitora del bus ni el conductor tengan celular con minutos es una absoluta irresponsabilidad. Afortunadamente esta vez solo fue una demora y un susto.

    • Sí, desde luego que con el colegio ya se habló. No sé si el correctivo que aplicaron fue el más adecuado pero no se quedaron quietos. Si bien uno no espera que se presenten casos graves esperemos que de ocurrir no salgan con la excusa de que no había minutos.

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