José, Jaime, Jacobo y Joaquim

De la mano (padre e hijo)

“De la mano (padre e hijo)” por Pedro Villarrubia (CC-by-nc-sa)

Los siguientes testimonios son ficticios, pero también reflejan dudas que a veces uno como padre se hace. ¿Estaré haciendo las cosas bien? ¿Sirve la misma fórmula siempre?

José:

«Siempre recuerdo a mi padre como una persona afable pero seria, estricta pero correcta. A él le debo todo lo que he logrado en la vida. Recuerdo cuando me enseño a nadar. Yo tendría unos siete años cuando nos convidó al río. No era la primera vez en ese río, pero siempre nos habíamos bañado en una ensenada con playa arenosa que se formaba entre las rocas. Ese día, sin embargo, me obligó a ir con el al muelle y me hizo saltar. Estaba muy asustado. Ahí el río era más profundo que en la ensenada. Pero la estricta voz de mi padre me dio confianza para saltar. Al principio sentí que me ahogaba, pero mi padre me alentaba a sacar la cabeza. A duras penas lo lograba. Finalmente el saltó también y me ayudó a salir. Me dijo que lo intentara de nuevo y esa vez me fue mejor. Ya no le temía al río ni a ahogarme. Que mi padre me haya echado al agua fue una valiosa lección que me a ayudado a enfrentar los problemas por más difíciles que parezcan.»

Jaime:

«Yo creo que mi padre era un psicópata. Con sus amigos era afable y hasta correcto, pero conmigo siempre fue extremadamente estricto. Creo que muchos de los problemas que he tenido en la vida han sido culpa de cómo mi padre me trató de niño. Recuerdo cuando tenía siete años y fuimos al río. Esta vez no me llevó a una ensenada tranquila donde siempre nos bañábamos sino que me llevó al muelle. El muy desgraciado a punta de gritos me hizo saltar al agua. ¡Yo no sabía nadar! ¡Casi me ahogo! Y mi padre no hacía sino gritar que sacara la cabeza. ¡Como si yo mismo no supiera que tenía que sacar la cabeza! No sé cuanto tiempo me hizo sufrir ahí antes de que él se metiera a sacarme. ¡Y el maldito tuvo el descaro de decirme que me volviera a meter! Nunca más pude volver al río y siempre tengo esa imagen cuando tengo que enfrentar algo nuevo que implique riesgos.»

Jacobo:

«Una de las cosas que más recuerdo de mi padre fue que siempre estuvo ahí para apoyarme. En todos los problemas que tuve, mi papá siempre estaba allí tendiéndome la mano y dándome una voz de apoyo. Él me generó la confianza en mi mismo, pues de niño nunca me sentí desamparado. A medida que yo crecía y mi papá se iba haciendo viejo, no podía estar tan pendiente de mis cosas pero siempre me hizo saber que seguía ahí, que yo podía recurrir a él. El sólo saber que podía recurrir a él me generaba confianza y me producía confianza en mi mismo. Sabía que no podía defraudar a mi padre tras tantos años de acompañarme. Yo tenía que mostrarle a mi padre lo orgulloso que estaba de él y que el pudiera enorgullecerse de su hijo. Hoy, que mi padre está lejos, aún siento que siempre me acompaña y me da confianza en todo lo que me he propuesto.»

Joaquim:

«Cuando mi padre se enfermó fue un gran trauma para mí. Papá siempre me había apoyado y acompañado en todo y, de repente, ya no estaba ahí. No es que sucediera de un día para otro, pero cada vez que no podía ayudarme con una tarea de la escuela sentía yo una gran angustia. Hoy siento que no me dejó crecer, que me volví tan dependiente de él que cuando papá no pudo seguir apoyándome quedé desamparado. Recuerdo sus ojos tristes por no poder seguir protegiéndome, por lo mal que me iba en la escuela y sentir su desilusión por no poder acompañarme con la misma frecuencia. Siento que mi vida ha sido una decepción para él. O tal vez su tristeza sea más de culpa por no haberme dejado crecer, ni permitir que yo cometiera mis propios errores. Hoy sigo enfrentando la angustia de tener que hacer las cosas solo y eso me ha limitado bastante. Sí puedo entender a mi papá y su sentimiento de que por querer protegerme me terminó haciendo daño.»

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