Sobre medicina alternativa

Tim Minchin on Alternative Medicine

«Por definición, la medicina alternativa o bien no se ha probado que funciona o bien se ha probado que no funciona. ¿Sabes cómo se le dice a la medicina alternativa que funciona? “medicina”»

fragmento del poema Storm, por Tim Minchin.

Tal vez todos hemos escuchado historias, y hasta tenemos una propia, de un familiar enfermo que pasó por todos los doctores y siguió varios tratamientos farmacológicos y no mejoraba, pero llegó al médico alternativo Pepito y las dolencias terminaron sin necesidad de seguir tomando fármacos.

Hay otras historias que no escuchamos: el familiar que intentó de todo con la medicina convencional y de todo con la medicina alternativa y no mejoró con ninguna. O el familiar que fue curado con sólo medicina convencional. O el que después de buscar curas mágicas fue a donde un MD titulado que le recetó un fármaco y un estilo de vida que sí lo curó. No los escuchamos no porque no pasen, sino porque no son buenas historias. Enfermarse, ir al médico, que te recete unas pastas y unas recomendaciones sobre tu estilo de vida y curarse es tan normal que ni siquiera es una historia. Enfermarse muy gravemente y que los doctores no encuentren una cura también es normal y tampoco es una historia.

Las historias personales que contamos. Las que vemos en los noticieros de la televisión o en la prensa. Las que leemos en libros. Las que compartimos en Facebook y Twitter, etc. son las historias no ordinarias. Son las excepciones a la normalidad.

Pero hay otros dos aspectos detrás de la evidencia anecdótica sobre nuestro familiar que fue curado por la medicina alernativa cuando los doctores no pudieron.

Uno es entender que nuestro cuerpo es un todo. En esta historia, cuando el doctor alternativo llega, ya hay procesos curativos en curso. Muchos de esos procesos no son inmediatos. Toman tiempo y cuando el doctor alternativo llega al paciente, aunque suspenda los fármacos el tratamiento viejo sigue en el sistema terminando de curar al paciente. Todos los tratamientos acumulados contribuyeron al desarrollo y desenlace de la enfermedad y no sólo el último tratamiento alternativo.

El otro factor tiene que ver más con las personas que con el tipo de medicina involucrado.

Y está el efecto placebo.

El efecto placebo, y su contra parte, el efecto nocebo, nos muestra que podemos curarnos o enfermarnos si creemos que algo nos está ayudando a curarnos o enfermarnos. Y no se trata sólo de que creamos estar mejorando o desmejorando, sino que se han medido cambios reales en la salud de un paciente (no sólo en sus síntomas) como efecto de lo que el paciente cree sobre su propio tratamiento.

Se han hecho varios estudios sobre el efecto placebo y el efecto nocebo. No sé si exista ya un consenso sobre qué lo causa pero aquí presento una conjetura.

Nuestro cuerpo tiene varios mecanismos para repararse a sí mismo y combatir las enfermedades. Si nos cortamos un dedo, pronto la hemorragia para mientras se forma una costra, varios días después la costra se cae revelando nueva piel. Meses después por mucho se notará un ligero cambio en el tono de la piel. Nuestro cuerpo repara los huesos. Nuestro cuerpo combate enfermedades infecciosas e intenta aislar toxinas que nos hacen daño. Nuestro cuerpo no es infalible pero tiene sus propios mecanismos y funcionan. Con enfermedades como la gripe estacionaria y accidentes leves, el cuerpo regularmente se cura a sí mismo sin problemas.

Kudus en estado de alertaNuestro cuerpo también tiene dos modos de operar. Uno es cuando estamos tranquilos en nuestra vida diaria, preocupados por estar felices o hacer nuestras faenas. Pero cuando se nos presenta una situación de peligro inminente, se produce una descarga de adrenalina. Nuestro cuerpo se prepara para luchar o huir. Las funciones corporales que no son necesarias para salvaguardar nuestro cuerpo ante el peligro inminente pasan a segundo plano, por ejemplo, la digestión. En este estado prevenir una hemorragia es más importante que combatir una infección. Cuando el peligro se conjura, el cuerpo debe normalizarse. De nuevo se retoma a las funciones vitales normales como digerir nuestros alimentos o combatir nuestras dolencias. Hay un tercer estado: un estado de alerta ante el peligro, donde el cuerpo está en un estado intermedio entre la normalidad y la crisis: ante la expectativa de si tiene que luchar o huír, o si ya puede relajarse nuevamente.

Este estado intermedio, cuando se prolonga indefinidamente, es lo que conocemos como stress. Las preocupaciones sobre nuestra vida diaria: el trabajo, el dinero, nuestra salud, nos mantienen en un estado en el que el cuerpo no funciona a plena normalidad. Nuestro sistema inmunológico y otros mecanismos de reparación del cuerpo no funcionan correctamente. Nuestra digestión se compromete. Nuestra presión sanguínea se mantiene anormalmente alta. Nuestra mente afecta a nuestro cuerpo.

El estrés no sólo enferma, sino que también compromete nuestra capacidad de sanar. Muchas veces unas gotas de agua, o una pastilla de excipientes: un placebo, pueden ser suficientes para relajarnos lo suficiente para que nuestro cuerpo haga su trabajo de repararse a sí mismo. Lo único que necesitamos es que nuestra mente crea que eso sí es una cura.

Independientemente de los tratamientos acumulados, es posible que un tratamiento homeopático sí haya curado a varias personas, no porque sea más efectivo, sino porque la persona sí creyó que esos frasquitos de sólo agua que cuestan miles de pesos y de los que sólo se toman unas pocas gotas, y esos granulitos de sacarosa, tenían el remedio para su mal; a diferencia de esos fármacos de laboratorio llenos de advertencias sobre efectos secundarios y contraindicaciones.

Pero, a pesar de todo mi escepticismo frente a las medicinas alternativas, hay una razón por la cual hallo mérito ir a dónde un médico alternativo, sobre un médico convencional. (Ojo, hablo de un MD alternativo, no de un charlatán sin título.)

Por encima de la calidad y la eficacia comprobada de los medicamentos farmacológicos y los tratamientos de la medicina convencional, existe un sistema de administración de salud. Un médico convencional, que trabaja para una EPS o un seguro, debe atender pacientes bajo un sistema de producción en masa: tiene veinte minutos para ver el paciente, completar (o hacer) la historia, preguntarle sus dolencias y ordenar exámenes y recetar. No tiene el tiempo suficiente para conocer al paciente y su historial, indagar por síntomas secundarios y establecer un diagnóstico preciso. En muchas ocasiones no tiene la libertad de ordenar un examen específico para descartar un posible problema si no puede justificar plenamente que el problema sí es relevante, porque ese examen lo tiene que asumir el seguro médico. El médico no siempre tiene la capacidad de recetar el tratamiento más adecuado (o abstenerse de recetar), teniendo en cuenta antecedentes, porque ni tiene tiempo para tener en cuenta todos los antecedentes, ni el seguro cubre todos los posibles medicamentos. El seguro puede sancionar a un médico que se toma con un paciente más tiempo del asignado, que ordena exámenes de más o que receta medicamentos caros.

En países como Colombia, para que un médico alternativo pueda ejercer legalmente debe tener un título en medicina y tener vigente su licencia médica. Por ello un médico alternativo suficientemente serio (sí, es discutible si es serio y se dedica a la medicina alternativa), sabe que si suspende o no administra un tratamiento convencional probado con un paciente en crisis y este empeora o muere, puede perder su licencia y enfrentar cargos penales. Por ende, el médico alternativo sólo entrará con sus tratamientos alternativos una vez conjurada la crisis o como complemento al tratamiento convencional.

Pero la otra ventaja que tienen los médicos alternativos, aún los que trabajan dentro de seguros, es que tienen tiempo para conocer al paciente: una gran ventaja que el médico convencional de seguro no tiene. Conocer al paciente le permite también tener un mejor criterio para ajustar un tratamiento convencional: ajustar las dosis, prever efectos secundarios, recomendar un mejor estilo de vida. Tiene tiempo para desarrollar un vínculo de confianza con el paciente que ayuda a bajar el estrés y a creer en su tratamiento.

Más que el tipo de medicina, entre convencional y alternativa, es el sistema donde estos tratamientos se administran.

Siendo así, tal vez la solución no está en que podamos ir a un médico alternativo, sino en contar con un médico serio que tenga tiempo para conocerme como paciente y me genere la confianza suficiente sobre un tratamiento.

Y la otra gran ventaja que tiene el médico alternativo, es nuestro propio sesgo. Si un médico alternativo no nos curó, será parte de los muchos médicos convencionales y alternativos que no nos curaron. Si mi cuerpo finalmente se curó a sí mismo después de ver a un médico alternativo, le contaremos a amigos y familiares cómo la medicina alternativa me curó donde la medicina convencional no pudo.

En su poema Storm, Tim Minchin no sólo nos expone todo lo que el ve como basura en la nueva era y la medicina alternativa y demás: al final admite admiración por Storm, su forma de ser y de pensar y por el diálogo interesante que suscitó.

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One thought on “Sobre medicina alternativa

  1. Estamos de acuerdo! Ya le compartí el link a un amigo médico. Yo también creo que en muchos casos, estos tratamientos alternativos no entran en el negocio de los farmacos y por tanto, son marginados. Este asunto de la medicina y los medicamentos se ha vuelto una mafia más en el mundo.

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