Hay cierto revuelo

Se ha hablado mucho y con seguridad se seguirá hablando de este tema. Y ya en varias ocasiones he dejado clara mi posición, pero la repito por si no ha quedado clara: no creo que la orientación sexual de una persona sea causal suficiente para creer que será mal padre y los niños tienen el derecho de que los adultos que fungen como padres sean legalmente reconocidos como tales.

Familia homoparental

Familia homoparental, CC-by Stephanie Haynes en Flickr

Poder realizar un estudio serio y significativo sobre cómo influye la adopción de niños por parejas homosexuales, como cualquier estudio sobre crianza de los niños, posee un problema inherente a todas las ciencias sociales: de una forma u otra los sujetos de estudio son conejillos de indias humanos, y entre mejor se quiera tener un grupo de control, mayor será la despersonalización de los estudiados. En estudios de largo rato se requiere que el investigador explote alguna coyuntura, tal como que un gobierno en algún país, por una ideología no estudiada lo suficiente, abra la puerta a un experimento social.

En el colegio de mis hijos varias veces me han contado sobre un experimento que se hizo: a un grupo de niños se les propuso a resolver problemas, pequeños rompecabezas de distintos grados de complejidad, comenzando con los más fáciles. Cuando terminaban correctamente su tarea a unos niños les decían «¡Qué bien!, ¡eres muy inteligente!» a los otros niños les decían «¡Qué bien!, ¡prueba hacerlo mejor!». En los rompecabezas más difíciles, los niños del segundo grupo se esforzaban más para completarlos mientras que los del primer grupo preferían seguir completando los rompecabezas más fáciles. Dentro del experimento eso estuvo bien. Fue un experimento de corto plazo y las consecuencias quedaron confinadas al estudio. Salvo que, tras hacer un seguimiento por varios años, notaron que los niños a los que le habían alabado su inteligencia tendían a esforzarse menos que aquellos a quienes los habían conminado a superarse. ¿Pudo el estudio haber afectado las vidas de varios niños y sus perspectivas en la vida adulta? ¿Fueron esos niños afectados un sacrificio para que nuevas generaciones de padres y educadores críen personas más sanas en el futuro?

Así que ante estudios insuficientes y ante la necesidad de que por un lado se hagan estudios y por otro lado se resuelvan situaciones como las de niños abandonados o maltratados que no están siendo adoptados, hay demasiada ideología y prejuicios. Es inevitable que el debate sea ideologizado. Es necesario que lo sea. En algún momento debemos saber si para un niño abandonado es mejor vivir en un orfanato, un hogar substituto o un hogar adoptante monoparental, un hogar adoptante homosexual o un hogar adoptante heterosexual. Es probable que lo mejor para cada niño dependa de la personalidad y edad del menor, así como de la seriedad y el compromiso, y la estabilidad emocional de los adoptantes o substitutos.

Benoit Talleu

Benoit Talleu, tomado del blog de Cordinacion Nacional Pro-Familia (Conafam)

Casi parece una perogrullada pensar que lo mejor para un niño es ser adoptado por una pareja heterosexual emocionalmente estable y realmente comprometida con su decisión y con el hecho de que no están adquiriendo un niño para llenar un vacío. Leo las palabras de Benoit Talleu y tienen mucho sentido. Cada vez que una pareja que no está dispuesta a darle al menor un papá y una mamá, sino en adquirir un trofeo para sí, adopta a un niño, está negando a este niño niño su oportunidad de encontrar a su papá y mamá adoptivos. Lo que no estoy seguro es en la afirmación de Talleu de que sobren las parejas heterosexuales dispuestas a adoptar por los motivos correctos.

Padre e hijo. Tomada de Pixabay

Padre e hijo. Tomada de Pixabay

Lo otro que no sé es si la tal necesidad de un papá y una mamá es real o es sólo una expectativa social. A todo lo largo de la historia de la humanidad una proporción significativa de infantes fueron criados sin un papá y una mamá: la monogamia no siempre fue la norma; bastardos hay a todo lo largo de la historia y las guerras y las pandemias han creado miles de millones de huérfanos. Ninguno de nuestros compañeros homínidos (orangutantes, gorilas, chimpancés y bonobos) forman familias monógamas; y como especie hemos sobrevivido y prosperado. Muchos hemos escuchado de nuestros padres o abuelos historias de papás que nunca jugaban con sus hijos sino que llegaban a ser atendidos por sus esposas quienes debían procurar que los críos no molestaran al señor de la casa. El concepto del papá que comparte su tiempo libre con sus hijos (y que busca ese tiempo libre) es un concepto relativamente reciente y en algunas sociedades como las orientales, es un concepto que se ha normalizado sólo en la última generación.

Familia Jolie Pitt, tomado de Saidi Beauty

Familia Jolie Pitt, tomado de Saidi Beauty

Y como especie hemos prosperado, tras generaciones de niños sin papá y mamá, o con alguno de sus padres ausente o distante. La necesitad de un papá y una mamá puede ser tan ilusoria como Talleu critica la necesidad de las parejas infértiles de tener un hijo adoptado.

Pero la adopción no es siempre sobre el hecho de que una pareja que no puede tener hijos cumpla su derecho de tener un niño en casa. Y no siempre es para que un niño huérfano, abandonado o maltratado que vive en un orfanato o un hogar substituto pueda tener padres de verdad que velen por él o ella. La adopción no siempre es entre un niño y un adulto o una pareja que no se conocían desde antes de iniciar el proceso, sino que la adopción es, muchas veces, la normalización de una situación de hecho.

Una madre soltera se enamora y su nueva pareja establece un vínculo sentimental con el menor. (O un padre divorciado o viudo.) Una familia rescata o acoge a un niño abandonado y lo cría como propio (o al sobrino o al ahijado huérfano). En estos casos la adopción es la normalización legal de una situación de hecho y del vínculo ya existente entre un adulto o una pareja de adultos y un menor de edad.

En estos últimos casos, establecer la orientación sexual de los adultos adoptantes como criterio para no permitir la adopción es, en mi opinión, un absurdo jurídico donde prima un componente ideológico por encima del bien del menor. El argumento de Talleu no aplica aquí porque ya hay un vínculo de padre e hijo entre ese adulto y ese menor, y sólo se requiere que el estado reconozca ese estatus.

En los otros casos, creo que pocos tenemos algo más que opiniones. Yo puedo opinar que lo mejor para un niño es tener una familia estable que se comprometa con su crianza, sin distingo de si la familia se arma frente a un matrimonio heterosexual, un padre o madre divorciados, una pareja homosexual o un matrimonio plural. No estoy de acuerdo con parejas heterosexuales, homosexuales, o adultos solteros que pretenden llenar un vacío afectivo con un niño, sea adoptado o concebido y desde luego rechazo la actitud de activistas LGBT+ que tratan la legislación sobre adopción igualitaria, o la adopción propia, más como un trofeo que como un compromiso. [Supongo que la mayoría de los activistas LGBT+ no lo ven así, pero algunos así suenan.]

Pero aún más que ese subgrupo de activistas LGBT+ que parecen más interesados en desarrollar una agenda que en un interés legítimo por el bienestar de la sociedad, me causan escozor aquellos que se oponen con argumentos que claramente parten más de un prejuicio ideológico que de un interés por comprender la sociedad y buscar lo mejor para todos.

Respeto las palabras de Benoit Talleu. No estoy seguro de que sus argumentos sean del todo sólidos, pero claramente parten de una experiencia antes que de una ideología. Tal vez yo me equivoco al pensar que no hay suficientes parejas heterosexuales (y homosexuales) dispuestas a adoptar a todos los niños huérfanos y abandonados. Tal vez me equivoco al pensar que una pareja homosexual estable es mejor que un orfanato o que una pareja heterosexual disfuncional, y tal vez me equivoco al pensar que lo que puede ser lo mejor para un niño pueda no ser lo mejor para todos los niños, y he visto unos pocos argumentos que se refieren a esas dudas.

Pero la gran mayoría de argumentos que he visto en contra de la adopción por homosexuales, repito, denotan un prejuicio ideológico, y eso incluye todos los argumentos sacados de citas bíblicas.

Familias ha habido de todas las formas y colores. El concepto de familia no se va a acabar porque el estado reconozca formas no tradicionales de familia. Yo crecí en el seno de una familia tradicional y estoy formando una: papá, mamá e hijos, y en ningún momento siento que mi familia vale menos o esté amenazada porque existan familias constituidas de forma diferente.

Y si tememos que a los niños los van a matonear en la escuela, que eso no suene a justificación del acoso escolar, propiciado por los prejuicios que padres y maestros puedan crear en los niños que se sentirán justificados a temer a lo diferente.

Por otro lado, tildar de homofóbico a todo el que piensa diferente, independientemente de lo buen o mal sustentado que sea un argumento, no es el camino para acabar prejuicios sociales.

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