No nacemos hombre o mujer: Nacemos bebés

No se nace hombre ni se nace mujer: se nace bebé. Una de las primeras cosas que hace un obstetra o una partera cuando nace un bebé es observar sus genitales y declarar si nació un varón o una hembra, aunque con el creciente uso del ultrasonido esto dejó de ser una sorpresa tras el parto.p19

Excepto por esos genitales, son muy pocas las diferencias corporales entre un bebé varón y una bebé hembra. Luego los niños crecen y llegan a la pubertad y las diferencias fisiológicas se acrecientan: la voz, el vello púbico y el vello facial, el crecimiento en estatura y masa corporal. La identidad sexual comienza antes de la pubertad: las hembras aprenden a reconocerse como niñas y como futuras mujeres; los varones aprenden a reconocerse como niños y como futuros hombres. Niños y niñas se visten diferente, tienen juguetes diferentes, desarrollan gustos diferentes.

Nuestra sociedad tiene dos casillas importantes para las personas adultas: los hombres y las mujeres. Y entre estas dos casillas hay diferencias fisiológicas internas y externas y diferencias en el comportamiento personal y frente a la sociedad, tales como la forma de vestir, de relacionarnos con los hijos, y en menor medida, de escoger profesión.

Un hombre, es un individuo cuyo par cromosómico sexual es XY y tiene mayores niveles de testosterona que de estrógenos y otras características hormonales. Sus organos sexuales son externos y constan de un pene y unos testículos. El pene, además de su función sexual, le permite apuntar al orinar. Los testículos, además de su función sexual, lo obligan a abrir ligeramente (o no tan ligeramente) las piernas al sentarse. Su pubertad tiende a comenzar después de los 12 años, y durante esta etapa de crecimiento desarrolla mayor estatura final y mayor masa muscular que las mujeres. El hombre tiene vello facial grueso. En nuestra sociedad tradicionalmente se esperaba que el hombre use menos adornos corporales, lo cual incluye llevar el pelo corto, no usar aretes ni pulseras, vestir trajes poco llamativos, etc. En distintas épocas ha variado la costumbre de afeitar o no el vello facial.

La mujer, por otro lado, es un individuo con par cromosómico XX y mayores niveles de estrógeno que de testosterona. Sus organos sexuales son internos: la vagina y los ovarios. Siendo nosotros mamíferos placentarios, macrocéfalos y bípedos, los huesos púbicos se ensanchan para permitir el eventual parto. Su pubertad suele comenzar antes de los 12 años, desarrollando menos estatura final y menor masa muscular que los hombres. El vello facial de la mujer es delgado, corto, y apenas distinguible de la vellosidad normal. En nuestra sociedad la mujer se arregla por medio de pelo largo y peinados, aretes, collares, pulseras y vestidos, maquillaje, entre otros.

La mayor parte de la vida pública está dominada por los hombres. Se espera que el hombre salga de su casa para obtener recursos y alimentar a su familia y para dirigir a la sociedad. De las mujeres se espera que cuiden a la familia y a los hijos aun cuando tengan que también salir a la vida pública.

En trabajos pesados como el arado de la tierra, la ganadería, la construcción, el uso de maquinaria pesada, etc. predominan los hombres. Las mujeres deben adaptarse a ese ritmo. En trabajos que impliquen cuidar a otras personas: enfermería, guarderías, escuela primara, predominan los hombres las mujeres. En países como Estados Unidos el trabajo de limpieza de edificios grandes se considera un trabajo pesado y por ello la mayoría de conserjes son varones, pero en Colombia se considera más afín al cuidado del hogar y la mayoría de las empleadas de aseo son mujeres. Colombia también tiene una gran fuerza de trabajo femenina en manufacturas y agricultura (principalmente recolección y cosecha) en contraste con otros países. También las colombianas se han dedicado a ciencia e ingeniería en números importantes en comparación con otros países, pero esto es relativamente reciente. Hace un par de generaciones las ingenierías eran campo exclusivo de los hombres.

En Colombia hay una gran variedad cultural en cuanto al papel del hombre y la mujer dentro del hogar. En la familia tradicional costeña, el hombre es el rey y la mujer es su propiedad. Cuando el hombre regresa a la casa la mujer debe servirlo y complacerlo y los niños deben aprender a respetar a su papá por encima de cualquier otra persona. Los niños varones aprenden a ser servidos por sus mamás y hermanas, y las niñas aprenden a servir a los hombres de la casa. En contraste, en la familia tradicional antioqueña la mujer de mayor jerarquía (p. ej. la madre en familias nucleares) es la jefe del hogar. La función del padre es traer a la casa la comida pero dentro del hogar quien lleva las riendas es la mujer. Los hijos aprenden a hacer respetar a su mamá por encima de cualquier cosa, incluyendo por encima del papá. En el resto del país hay cierta variedad, pero una relación un poco más igualitaria entre padres y madres. Esta relación en el hogar no se refleja necesariamente en la vida pública: tanto el hombre costeño como el hombre antioqueño dominan la vida pública.

Entre estas diferencias entre hombres y mujeres, confluyen diferentes factores. La producción de testosterona y estrógenos está relacionada con el par cromosómico sexual (XX o XY). El cuerpo de la madre gestante produce también mayores niveles de testosterona cuando está embarazada de un varón. La testosterona influye en el comportamiento. A mayor testosterona más competitivo es el individuo. Pero también se ha observado que el nivel de testosterona, sobre todo en el bebé gestante, influye en algunas habilidades tales como la facilidad de trabajar con números o las formas de percibir el espacio. Por ello los varones suelen destacarse más que las hembras en matemáticas. Esto, junto con la mayor agresividad, hacen que el individuo con testosterona prefiera salir del hogar y buscar riesgos, mientras que los individuos con menos testosterona sean más dados a la empatía y al cuidado. También el estrógeno y la testosterona influyen en cuándo y cómo se desarrolla la pubertad: el desarrollo de la cadera en las mujeres, el vello facial en los hombres, el desarrollo de masa muscular, el engrosamiento de la voz, etc.

La testosterona, si bien influenciada por la genética, también se dispara o disminuye por factores externos. La actividad física, sobre todo competitiva, incrementa la producción de testosterona, sin embargo cuando el individuo se reconoce en desventaja, los niveles de testosterona bajan, haciendo al individuo más empático y colaborador.

En la mayor parte de los casos, todos estos factores fisiológicos coinciden. El individuo XY tiene órganos sexuales externos y mayores niveles de testosterona, lo cual lo lleva a comportamientos más masculinos que suelen ser reforzados por lo que la sociedad espera de los hombres. Por otro lado el individuo XX tiene órganos sexuales internos, mayores niveles de estrógenos, lo cual lo lleva a comportamientos más femeninos que suelen ser reforzados por lo que la sociedad espera de las mujeres.

Pero no siempre sucede.

Primero, cerca de uno de cada mil individuos, no tiene uno de los pares cromosómicos sexuales normales, sino que presenta formas XXX, XXY, XYY, X0, y otros. Normalmente XXX presenta rasgos femeninos, y XYY razgos masculinos, mientras que XXY presentan rasgos ambiguos.

Aún entre los individuos XX y XY, los organos sexuales pueden ser ambiguos o reversados con una incidencia de uno entre cada diez mil. ¿Qué significa esto? Que en cerca de 5000 colombianos sus genitales son diferentes a lo que sus cromosomas dicen.

Los niveles de testosterona en el útero dependen de la madre, su capacidad biológica, su entorno (ya vimos que el ambiente puede aumentar o disminuir el nivel de testosterona), y cómo el feto indica a la madre que es un varón o una hembra. Como tal es apenas una tendencia que estos niveles sean mayores cuando el feto es varón que cuando es hembra, y hay muchos casos reversos. Una vez nacido, y hasta la pubertad y la edad adulta, varios factores ambientales pueden variar la producción de testosterona, adicional a diferencias genéticas no relacionadas con el par cromosómico sexual.

La sociedad juega un papel en la definición sexual. Esta relación es de doble vía. La teoría feminista de que es exclusivamente el patriarcado el que impone los roles sexuales no es apoyado por las observaciones ni por la lógica. La relación entre agresividad y empatía está en gran parte determinada por los cromosomas las hormonas, las cuales están en gran parte determinadas por el sexo, lo cual crea estructuras sociales que aprovechan y refuerzan ese comportamiento agresivo de los varones y la empatía de las hembras. Dependiendo de qué tan estricta es la sociedad, este adoctrinamiento conductual es rígido o laxo. En el último par de generaciones muchas cosas han cambiado en Colombia, sobre todo en las clases medias y altas, haciendo que más mujeres entren a trabajos tradicionalmente masculinos y más hombres aceptando trabajos y actitudes antes reservados para las mujeres. La longitud del pelo, el uso de adornos externos como aretes, collares y pulseras, y el uso de prendas llamativas son cada vez más aceptados. Pero hace un par de generaciones esto sólo se veía como parte de la contracultura (jipis), y una generación atrás era impensable. Aún hay estereotipos masculinos y femeninos impuestos culturalmente y por ello parece una gran ofensa la sugerencia del borrador de la cartilla Ambientes escolares libres de discriminación de sugerir que los niños varones no sean sancionados por preferir usar falda o las niñas pantalón.

Bandera transgénero499 de cada 500 individuos no presenta ambigüedades cromosómicas o genitales. Y la gran mayoría de estas personas no tienen dificultad para identificarse como hombres o como mujeres en concordancia con esta situación. Aún las mujeres que toman trabajos tradicionalmente masculinos se saben mujeres y la mayor parte de los hombres que toman oficios tradicionalmente femeninos se saben hombres. Pero dentro de estos casos de hombres y mujeres bien definidos, hay una pequeña fracción que no concuerda. La verdad la mayor parte de nosotros somos personas multidimensionales. Todos tenemos testosterona y estrógenos. Todos tenemos vello facial (varía el grosor). Nuestro cerebro y capacidad de decisión fácilmente pueden sobreescribir la tendencia genética, y cada uno de nosotros, entre las cosas que nos gusta hacer, hay algunas cosas tradicionalmente femeninas y otras cosas tradicionalmente masculinas. Todos tenemos algunas actitudes tradicionalmente femeninas y otras actitudes tradicionalmente masculinas. En ocasiones nuestros gustos y actitudes discordantes generan algo de angustia, p. ej. el niño varón que le gusta jugar y vestir a sus muñecos, pero que no se enteren sus amigos. Otros generan menos angustia y no nos da temor admitirlo. Nos adaptamos. Suprimimos nuestros gustos vergonzantes. Nos hacemos más hombres o más mujeres adaptándonos a lo que la sociedad y nuestros compañeros esperan de nosotros. Pero en unos pocos casos estas discordancias son tantas o tan profundas que para algunos individuos es más fácil adaptarse a lo que se espera del género opuesto. Son individuos XY de genitales externos que se identifican como niñas o mujeres, e individuos XX de genitales internos que se identifican como niños u hombres.

La mayor parte de las sociedades occidentales actuales, incluyendo la colombiana, son dicótomas en la identificación sexual. Tenemos una casilla para hombres y una casilla para mujeres. La gran mayoría de los varones nos identificamos como hombres y la gran mayoría de las hembras se identifican como mujeres. Y la gran mayoría de esa pequeña fracción que no se identifica en concordancia se identifica en el otro grupo: varones identificados como mujeres transexuales y hembras identificadas como hombres transexuales. Hay otras sociedades donde se distinguen distintos tipos de tercer género (y donde estos terceros géneros tienen distintos niveles de aceptación).

Pero estamos en Colombia con nuestras dos casillas. O somos hombres o somos mujeres. El 2 por mil de individuos intersexuales (con ambigüedad cromosómica o genital) terminan presentándose en la sociedad bien como hombres o bien como mujeres. Del 99,8% de los individuos no ambiguos, cerca del 99% tienen concordancia en su identificación sexual: varones que se identifican como hombres y hembras que se identifican como mujeres. Pero hay cerca de un 1% de individuos sin ambigüedad fisiológica que no se identifican dentro de su género concordante. Medio millón de colombianos que nacieron XY pero se identifican como mujeres o nacieron XX pero se identifican como hombres.

En sociedades muy rígidas, estas casillas son tan fuertes que los individuos transexuales deben o bien conformarse y adaptarse al genero concordante con su sexo fisiológico, con toda la angustia que esto causa, o mentir y vivir bajo su género psicológico ocultando su sexo fisiológico, lo cual también genera angustia de ser descubiertos. Con suerte, y gracias a la tecnología actual, pueden reasignarse: tomar hormonas y someterse a cirugía para que las características sexuales fisiológicas concuerden con su género psicológico, pero la reasignación no siempre es posible. Aun así hay suficientes individuos que no pueden aceptar aquello que se sale de sus casillas mentales, que los individuos transexuales viven en permanente riesgo de ser asaltados por su condición.

Y aun no he tocado el trasvestismo y la orientación sexual. Un trasvesti es una persona que se identifica primariamente con un género (generalmente concordante) pero pretende en ocasiones ser del otro género. Por ejemplo hombres que se visten como mujeres y viceversa. El trasvestismo puede ser un caso de identificación de género ambiguo o incompleto, o puede ser un juego de interpretación. El primer caso sería, por ejemplo, un individuo fisiológicamente varón (XY y genitales externos), que no se identifica plenamente como hombre o como mujer, pero normalmente se presenta a la sociedad bajo su género concordante (hombre) y, cuando la circunstancias lo permiten, cambia su presentación al género discordante (mujer en el ejemplo). El segundo caso es un individuo quien se identifica plenamente con un genero, generalmente en concordante, pero le gusta ocasionalmente aparentar o fingir ser del otro género.

Dentro del ~99% de individuos no ambiguos concordantes, una mayoría siente atracción sexual primaria hacia individuos del sexo opuesto. Los hombres varones en su mayoría sienten atracción sexual hacia las mujeres. Las mujeres hembras en su mayoría sienten atracción sexual hacia los hombres. En un número importante de ocasiones sentimos afecto hacia el tipo de personas al cual nos sentimos sexualmente atraídos, y en sociedades monógamas solemos buscar como compañeros permanentes de vida a una persona que a la vez nos atraiga sexualmente y por la cual sentimos afecto. Cerca del 90% de los individuos tenemos plena concordancia: o somos varones hombres que sentimos atracción y afecto hacia las mujeres (y de decidir casarnos lo haríamos con una mujer) o somos hembras mujeres que sentimos atracción y afecto hacia los hombres (y de decidir casarnos lo haríamos con un hombre). Y esto es evolutivamente bueno porque permite la preservación de la especie humana.

Aberración (pero no del tipo que hablamos aquí)

Aberración (pero no del tipo que hablamos aquí)

Y como los individuos heterosexuales cisgénero (concordantes) no ambiguos son la gran mayoría, es fácil ver por qué nuestra sociedad, y la mayoría de sociedades, establecen estas dos casillas: o somos hombres o somos mujeres. Y lo que se salga de esas casillas se considera una aberración. En sociedades rígidas es más fácil pensar que esas son aberraciones a pensar que existan otras casillas o que las casillas no estén bien definidas.

Y las aberraciones, o bien se encasillan en una de las dos categorías existentes, o bien deben excluirse de la sociedad. Los individuos ambiguos, trasngénero y homosexuales tienen mayor índice de suicidio que los no-ambiguos, cisgénero u heterosexuales, en gran medida porque no tienen una sociedad que los obliga a conformarse en una casilla incorrecta. Muchos lo hacen. Muchos se conforman. Muchos homosexuales se casan con personas del sexo opuesto sólo porque así lo espera la sociedad, muchas veces sin siquiera saber o reconocerse como homosexuales, reprimiendo la atracción y el afecto a otros individuos del mismo sexo. Muchas personas transgénero o bien ocultan su género psicológico o bien ocultan su sexo fisiológico. Las personas sexualmente ambiguas, con suerte pueden elegir: en muchos casos fueron sus médicos o sus padres quienes decidieron por ellos.

Como mayoría podemos decir que las aberraciones no son importantes. Ese 10% de homosexuales que se adapten. Ese 1% de trasngéneros que se definan (preferiblemente asumiendo su género en concordancia con el sexo fisiológico). Ese 1‰ de ambiguos ¡¿qué importan?! ¿Por qué debe la sociedad adaptarse a una ínfima minoría?

En muchos casos todo son decisiones. Yo no puedo decidir quién me atrae sexualmente pero sí puedo decidir con quién entablar una relación afectiva. Así como el heterosexual puede decidirse a ser célibe y reprimir sus impulsos sexuales, el homosexual debe decidirse a reprimir sus impulsos homosexuales. El individuo transexual, esa minoría, puede tomar la decisión de adaptarse. Muchos hemos hecho sacrificios, niños que aprendieron a no jugar a vestir a sus muñecos, hombres y mujeres que han aprendido a no fumar en el trabajo, o a no hablar mal del expresidente en ciertos círculos. ¿Por qué no pueden los individuos de esa minoría hacer ese sacrificio y reprimir su género psicológico? Es más, ni siquiera deben reprimir nada, con seguridad que identificarse como transgénero no es más que una moda, un deseo de llamar la atención.

Sí, como sociedad podemos decidir que las aberraciones, que lo anormal, no es importante. Podemos decidir que no hay más que dos casillas: hombres y mujeres, y que todo el mundo debe adaptarse a ellas en función a su sexo fisiológico. Finalmente casi todos somos normales. La mayoría no tenemos que decidir cómo adaptarnos y nunca fue un dilema.

O como sociedad podemos reconocer que las minorías existen y son respetables. Para empezar los individuos sexualmente ambiguos e intersexuales no lo son por decisión propia. En una sociedad que decide ser incluyente, no tiene justificación ignorarlos sólo porque son una ínfima minoría. Ahora, si bien existe transexualismos por moda, en su gran mayoría es un problema real de autoidentificación. Un niño que pueda hablar abiertamente de sus dudas, sin temor a ser intimidado por sus compañeros, maestros y padres, podrá entender mejor su identificación de género. Probablemente esto lo lleve a que no necesite definirse como trasnsexual, sino que se acepte como cisgénero con actutudes, gustos y comportamientos no concordantes pero no por ello aberrantes, o a que se defina plenamente transgénero sin temores ni rechazos. Esto no es afín a los sacrificios que conlleva dejar temporalmente el cigarrillo o no expresar nuestras opiniones políticas en ciertas circunstancias, porque usualmente fumar o tomar una postura política no es parte de nuestra identidad como persona, y porque eventualmente podemos salir a prender un cigarrillo o desfogar nuestro pensamiento político en foros de Internet.

Nos asustan muchas cosas.

Gina Parody y Cecilia ÁlvarezEntender que esas casillas tradicionales de hombre y mujer no son únicas, ni plenamente definidas; comprender que lo que llamábamos aberraciones son sólo condiciones no ordinarias, representan un cambio de paradigma y estos cambios de paradigmas asustan. Nos asusta más cuando se trata de nuestros hijos. ¿Qué tal que mi hijo resulte una aberración? ¡No! ¡mi hijo no puede ser una aberración y si pasa es por malas influencias! ¡Quieren confundir a nuestros hijos! ¡Esa ministra LGBTI!

Confundimos la aceptación a la diversidad como promoción de la anormalidad. Reconocer y aceptar que hay personas que no se encasillan o que se encasillan al revés de nuestras expectativas, no significa que los encasillados terminemos saliéndonos de nuestras categorías. La mayoría de los varones seguirán identificándose como hombres y la mayoría de ellos seguirán sintiéndose atraídos por mujeres y la mayoría de las hembras seguirán identificándose como mujeres y en su mayoría enamorándose de hombres. La especie humana no desaparecerá de la faz de la tierra. ¿Y nuestros hijos? Si nuestros hijos crecen como transexuales o como homosexuales, lo más probable es que la tendencia ya existiese. No nos convirtieron a nuestros hijos, sino que ellos ya lo eran y tan sólo lo están aceptando. Si creemos que eso es una aberración, no es que nos hayan corrompido a nuestros hijos, sino que así crecieron. Cabe preguntarnos en estos casos ¿qué pasaría si nuestro hijo crece con esa tendencia, pero debe ocultarla por temor a sus compañeros, maestros y padres? ¿estamos realmente dispuestos a que nuestros hijos crezcan desdichados con tal de no cambiar nuestro paradigma?

Pero no. Si realmente estamos convencidos de que es una aberración, es inconcebible que nuestros hijos lo sean y si lo son fue porque le llenaron la cabeza de basura o porque no merece existir.

Pero entonces no digamos mentiras. No digamos que nos interesan nuestros hijos. Nos interesa es conservar nuestro paradigma. O tal vez soy yo el anormal de creer que prefiero hijos felices a hijos encasillados.

Lo otro que nos asusta no es que nuestros hijos crezcan confundidos (porque para eso estoy yo) sino que otros niños, los hijos de otros, aberrantes o confundidos, agredan a nuestros hijos. Que otro niño varón intente besar a nuestro hijo varón. Que otra niña confunda a mi niña.

Para mí es claro que una buena educación sexual, y un buen manual de convivencia, no debe estar basado sólo en la aceptación de las diferencias minoritarias y la autoaceptación, sino en el respeto a la autonomía de los demás y la protección a la misma. Un beso no consentido es eso: un acto sexual no consentido. No importa si quien agrede es homosexual o transgénero o si es heterosexual y cisgénero. La agresión es agresión y la víctima debe ser protegida, con le exclusión del agresor si es el caso; pero antes de ello se le debe enseñar a los niños y niñas el respeto a la autonomía del otro, para que nunca vayan a ser los agresores.

No nacemos hombre o mujer. Nacemos bebés, y en su gran mayoría nacemos bebés varones o bebés hembras. Crecemos luego y nos hacemos hombres o mujeres (ocasionalmente andróginos u otra cosa), en una gran mayoría los varones creceremos como hombres y las hembras como mujeres; y diversos factores biológicos, ambientales y culturales contribuyen a la tendencia de que los varones crezcan como hombres y las hembras como mujeres.

Ignorar que esa tendencia es una tendencia y no un mandato rígido es tan peligroso como ignorar nuestra biología y el componente biológico de tales tendencias.

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