Sobre congresos y democracias

Constantemente circulan propuestas para reducir el número de congresistas y sus salarios. Cada congresista cuesta cierta plata al país, plata que en su mayoría viene de nuestros impuestos y si los impuestos no alcanzan de deuda pública. Un congresista tiene un salario de cerca de 40 veces el salario mínimo mensual legal vigente. Tiene que asistir a sesiones tres veces a la semana por algo así como 8 meses al año. Tiene derechos a un vehículo con su gasolina paga y la opción de quedarse con el mismo cuando este esté contablemente depreciado. Tiene derecho a dos tiquetes aéreos a la semana. Tiene cerca de 50 millones de pesos para contratar secretarios y asesores y en más de una ocasión se ha denunciado que sus asesores reciben menos de lo que cobran y la diferencia se va al bolsillo del propio congresista. Cada senador cuesta mucho. Sumando una cosa y otra un congresista le cuesta al estado más de dos mil millones de pesos al año. Con eso se pueden construir 100 casas de interés social.

Reducir el número de congresistas desde la escandalosa cifra de 280, hasta algo más razonable como 32 parece una buena idea. Reducir el salario y las prebendas es otra buena idea. Finalmente son personas que apenas trabajan. Se ganan el sueldo fácil mientras duermen o juegan solitario en las sesiones. Son corruptos. No nos representan.

Panorama Senado Colombia
Panorámica del Senado de Colombia, por Miguel Olaya, vía Wikimedia Commons

En papel Colombia es una democracia representativa. Democracias han existido desde hace mucho tiempo. Probablemente las primeras organizaciones humanas ya tenían algún concepto de democracia y estos conceptos surgen espontáneamente cuando se crean grupos nuevos. Muchas comunidades de piratas tienen principios democráticos: las decisiones importantes las discuten todos los hombres libres de esa asociación y el líder: el capitán, el jefe, ejecuta lo que el consenso decide. Desde luego que los líderes no son simples peones: ellos llegan a esas posiciones porque logran convencer, por inspiración o coacción, que son las personas adecuadas para ejecutar acciones cuando no sea conveniente o efectivo lograr los consensos democráticos. En sociedades pequeñas esto más o menos funciona y se conoce como democracia directa. Todos los hombres libres tienen voz y todos los hombres libres tienen voto. En algunos casos por hombres se entiende tanto hombres como mujeres. En otros hombres ha sido sólo varones. En ocasiones es un solo voto por familia: el jefe de hogar es quien va y discute y toma las decisiones públicas. Usualmente siervos y esclavos no tienen voz. El significado de hombre libre varía de sociedad a sociedad, así como el peso específico de su voto, pero el principio es más o menos universal.

Funciona en sociedades pequeñas: una aldea, un club, el sindicato de una empresa, una banda de piratas. La democracia directa no funciona bien en sociedades demasiado grandes. Entre más voces, más complicada se hace la discusión, más tiempo se lleva para llegar a consensos y más complejo se toma contar votos por cada discusión. Hay dos modelos principales para escalar el sistema cuando pasamos de una aldea con 50 familias a una nación con 50 millones de individuos.

Un primer modelo es el modelo asambletario. En este modelo cada aldea, cada barrio; o si lo preferimos cada gremio, cada sindicato; en general cada comuna forma una asamblea siguiendo los principios de una democracia directa. Cada miembro libre de la comuna tiene voz y voto en una asamblea que es soberana y puede tomar cualquier decisión con respecto a la comuna. Pero por encima de esta asamblea hay una asamblea mayor que reúne a todas las asambleas de la ciudad. Las asambleas comunales eligen representantes para la asamblea de la ciudad, y cada representante es plenipotenciario para discutir dentro de esta asamblea todos los asuntos de la ciudad. A su vez las ciudades dentro de cada región elige a sus representantes para la asamblea regional; las asambleas regionales para las asambleas provinciales; estatales; nacionales; y si llegare el caso: la gran asamblea internacional. Este es el principio que está detrás de los modelos comunistas. La palabra comunismo viene de comuna que es el origen de la soberanía del pueblo. La palabra rusa para asamblea es soviet. En español también se usa la palabra cabildo.

Las democracias directas no son perfectas. Como dije arriba, algunos líderes pueden cooptar el poder y en la práctica terminan tomando decisiones imponiendo sus ideas, muchas veces por coacción. El líder puede tomar decisiones sin consultar cuando no resulta efectivo deliberar. Una vez logre cierto poder, puede terminar desconociendo por completo a la asamblea y se crean así las autocracias. En el caso de una democracia asambletaria esto puede ocurrir a cualquier nivel, y al final, casi siempre, el poder nacional efectivo queda en mano de unos pocos que puede ignorar, a voluntad, lo que decide cada asamblea. Y es por eso que en la práctica los modelos comunistas han terminado en autocracias o oligocracias.

El otro modelo es la democracia representativa. Los ciudadanos no participan directamente en las decisiones, salvo en su comuna respectiva. En su lugar votan directamente por unos representantes para que estos tomen las decisiones a nivel municipal, departamental y nacional. Como los ciudadanos no participan directamente de las discusiones y decisiones, sus representantes tienen plena autonomía para tomar estas decisiones.

Aquí hay otra distinción entre las democracias representativas y es la elección del líder. Como en un a democracia directa el líder debe ejecutar los mandatos de la asamblea, pero tiene también el poder autónomo de tomar ciertas decisiones. Las democracias representativas pueden ser parlamentarias o presidencialistas. En una democracia parlamentaria la asamblea nacional (generalmente llamada Parlamento en este caso) determina quien será el líder ejecutivo; directamente por medio del voto, o indirectamente por medio de la aprobación o censura del líder propuesto por otra persona. En una democracia presidencialista la ciudadanía vota directamente por el líder ejecutivo de la misma forma que vota por sus representantes en la asamblea; en este caso el presidente (o gobernador, o alcalde), no depende de la asamblea (p. ej. el Congreso) y no rinde cuentas ante la misma.

En papel Colombia es una democracia representativa presidencialista; y esto sucede a nivel nacional (Presidente + Congreso), departamental (Gobernador + Asamblea) y municipal (Alcalde + Concejo).

El Presidente es independiente del Congreso y como tal tiene gran autonomía; pero el presidente no puede promulgar leyes y hay limitaciones en los alcances de los decretos presidenciales. Así que, finalmente, el Congreso ejerce dos papeles importantes: crea las leyes bajo las cuales se rige la nación, y ejerce control sobre el ejecutivo. En ambos casos representando a la ciudadanía que los eligió. El congreso debate los proyectos de ley, y si los aprueba los promulga, creando así nuevas leyes que rigen sobre la nación y sobre los funcionarios del estado. Y todo esto lo hace en representación nuestra.

Viene ahora la pregunta: ¿nos representa el Congreso?

Composición Senado 2018-2022Composición Cámara de Representantes 2018-2022

Ese es su papel. El papel de un congresista es que sea nuestra voz en una deliberación, y nuestro voto cuando se votan proyectos de ley. Personalmente la persona por quien yo voté para Cámara de Representantes quedó elegida, y su desempeño en distintas votaciones y debates ha estado en concordancia con mi propio sentir (no al 100%, pero sí en gran parte de lo que considero importante). En la actual legislación, por lo tanto, sí tengo a alguien que me representa. Desafortunadamente no hay un mecanismo de comunicación directa por medio del cual las diferentes personas que votamos por este representante podamos decirle qué pensamos de cada nuevo reto. Pero así como yo tengo un representante, muchos colombianos no lo tienen. Si mal no recuerdo la cifra, el candidato de más de dos terceras partes de los colombianos que votaron no salió elegido al Congreso. Muchos de ellos igual tienen algún representante del partido por el que votaron. Yo me siento bien representado por otros miembros del partido por el que voté pero no por todos.

No puedo aspirar a que todos los congresistas me representen. Sólo a tener una voz que me represente en cada debate y en cada votación al interior del Congreso. ¿Qué condiciones debería tener mi representante? Deberá tener una ideología política afín a la mía. Deberá representar a mi región geográfica. Deberá representar mis intereses gremiales, por ejemplo con respecto al desarrollo de tecnologías de información y comunicaciones.

Hoy muchas personas no tienen un representante que cubra todo eso. Varios departamentos no tienen representación en el Senado. Varios partidos no tienen representantes ni senadores. Muchos gremios no tienen quién hable por ellos. Disminuir el número de congresistas y esta situación empeora. Si nadie me representa en el Congreso significa que no tengo voz en el Congreso. Menos congresistas son más colombianos sin voz en el Congreso.

Ahora. Dirán que lo mismo pasa con el Presidente. El presidente actual fue elegido por 10,8 millones de votos. 8 millones votaron en contra. Más de 15 millones de colombianos aptos para votar no votaron por distintos motivos. Otros tantos colombianos no pueden votar por ser menores de edad, miembros de la fuerza pública o otras razones. Sólo 1 de cada 5 colombianos votó por Duque, pero Duque es el presidente de todos los 50 millones de colombianos. Nos sintamos representados o no por el Presidente, es igual nuestro presidente y en él delegamos su efectiva ejecución de los asuntos del Estado que le competen: bajo el mandato de los más de 10 millones de colombianos que votaron por él y en beneficio de todos los colombiano.

Si aceptamos eso con el presidente, ¿Por qué no lo acepto con los representantes en el Congreso? Porque la función del presidente es ejecutar, no representar. La función de los congresistas es deliberar y tomar decisiones en representación de la ciudadanía.

Suena muy bonito eso de castigar el mal comportamiento del Congreso reduciendo el número de congresistas, bajándole los salarios y bajándole a las prebendas. Pero si seguimos esa línea, realmente lo que estaríamos haciendo es bajar la representación de la ciudadanía en la toma de decisiones del país. Por ejemplo en una propuesta que he visto: un congresista por departamento, ya un presidente no tendrá que pactar con 5 o 6 partidos de 10, y con 56 senadores y 85 representantes para que le aprueben una ley: bastará con comprarse 17 congresistas. Algo mucho más barato, y el poder real del Presidente frente al legislativo será aún mayor. ¿Recuerdan arriba cuando decía que un líder puede cooptar la toma de decisiones? Si lo logra eso se llama dictadura.

Si lo que nos preocupa es que los congresistas son corruptos, la solución no es disminuir el número de congresistas: eso sería concentrar la corrupción en menos personas. Lo que se necesita es buscar mecanismos efectivos para combatir la corrupción. No hay que buscar la enfermedad en las sábanas. Si lo que nos preocupa es que los Congresistas a la larga no nos representan, hacer que nos representen menos no es en absoluto la solución.

¿El salario? El salario de un Congresista es muy alto con respecto al colombiano asalariado promedio. Pero está cercano al salario de un alto ejecutivo en una gran empresa. Si queremos a las mejores personas como nuestros representantes, el tiempo que dedican para hacerlo debería compensar lo que dejarían de recibir en el sector privado. Este es un argumento debatible porque igual las aptitudes que se necesitan para triunfar en la política no son las mismas que para triunfar en el sector privado. No muchos altos ejecutivos que hoy ganan 30 millones de pesos se endeudarán en una campaña política para obtener un salario de senador de 35 millones.

¿Las otras prebendas? Un congresista que represente a un departamento diferente a Bogotá, se espera que sea un residente en el departamento que representa, pero tendrá que trabajar en Bogotá. Eso implicaría un desplazamiento necesario y permanente entre su lugar de residencia (dónde ejerce parte de su labor como congresista) y la capital. De ahí sus dos pasajes aéreos semanales. Toda empresa que requiera eso paga a sus empleados estos desplazamientos. Los tres días a la semana de sesiones no es una buena medida del trabajo que se supone que deben hacer los congresistas para prepararse para esas sesiones, consultar a los líderes de sus regiones y a sus equipos de trabajo, equipos que tienen también una razón de ser. Si estas prebendas son demasiadas o suficientes, si sobran algunas o deberían regularse más otras, es una buena discusión. Pero pensar que encontramos la solución a todos los problemas pensando que hay que reducir el Congreso, bajar sueldos y eliminar prebendas es desconocer cómo puede funcionar una democracia representativa para un país de 50 millones de habitantes.

Pero la discusión hay que darla, y exigirle luego a nuestros representantes que atiendan las inquietudes de la ciudadanía.

Por cierto, ¿alguien tiene alguna idea de cómo podría funcionar una democracia directa con 36 millones de colombianos y colombianas hábiles y mayores de edad?

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