El hombre es un animal que conspira. Conspirar significa respirar juntos. Son pocas las especies animales que sabemos que conspiran, que son capaces de unirse para lograr un objetivo en contra de otros animales de su misma u otra especie, más allá de los grupos de caza. Ponerse de acuerdo, planear, preparar, y luego atacar. Así conspiramos los seres humanos, los chimpancés y los delfines nariz de botella. La guerra no es más que una manifestación de nuestras conspiraciones: la confabulación máxima. (more…)
Archive for the ‘estado’ Category
Homo conspirator
July 9th, 2008 by Carlos Th.No hay conflicto
February 20th, 2008 by Carlos Th.Soy un agnóstico político. No creo que exista un sistema político único y perfecto que sirva a todas las situaciones y creo que todos los sistemas políticos existentes han sido respuesta a una realidad.
Creo que lo más parecido a un modelo político perfecto es la democracia constitucional liberal, entendiendo por democracia un modelo de estado en el que se consulta al pueblo sobre sus destinos, por constitucional que es regida por una serie de principios y por liberal que es incluyente y basada en el respeto a las libertades individuales; pero con todo tengo mis dudas que una democracia constitucional liberal se adapte a todas las situaciones y convenga a todos. (more…)
Modelos de estado
November 28th, 2007 by Carlos Th.Si hubiera una sola visión válida de la vida todo sería sencillo y el juego político simplemente se ceñiría a ella, pero la vida es muy compleja y los intereses de cada uno de nosotros se complementan, se alinean, chocan o nos separan de los intereses de nuestros semejantes.
Estoy con un compañero de viaje por la campiña y vemos, tal vez yo primero, una manzana en lo alto de un árbol. No tengo hambre pero me provocó la manzana, trepo y la bajo, y la guardo para más tarde. Mi compañero, por el contrario no hizo nada para conseguir la manzana, lo más probable fue porque fui yo quien tomó la iniciativa y el sólo observó, o tal vez porque estaba débil. Observó con hambre pues hacía tiempos no comía. ¿Quién tiene más derecho a esa manzana? ¿él que la necesita pero no la pudo conseguir o yo que hice el esfuerzo? Tal vez yo debería ser generoso y dársela, pero ese debe ser un acto mío libre y no una imposición. (more…)
La policía por fuera del ministerio de defensa
July 24th, 2001 by Carlos Th.Algunas propuestas:
La policía por fuera del ministerio de defensa.
Es de suponer que el objetivo del ministerio de defensa (antes llamado ministerio de guerra) es el de defender a la nación colombiana de un ataque, generalmente externo. Como tal bajo su cargo se encuentran las fuersas militares que son las que ejecutan esta misión.
El objetivo de la policía no es propiamente defender a la nación sino proteger a la ciudadanía como una parte del sistema de administración de justicia, aquello que en inglés llaman law enforcement.
Ahora, hay cosas en las que los papeles de un cuerpo policial y un cierpo militar se encuentran: el uso de las armas. Una milicia sin armas carece de los instrumentos para defender una nación se es atacada por un enemigo armado. Una policía sin armas carece de los instrumentos para someter a un criminal si este está armado. Pero el objetivo de las armas es diferente para cada cuerpo. Un cuerpo militar se prepara para hacer la guerra mientras que la policía se prepara para mantener el orden.
Sólo cuando “el orden” es igual a la guerra, es que ambas funciones se entremezclan… y es aquí donde toca abrir un paréntesis para ver la realidad de nuestra nación.
En Colombia el problema del bandolerismo y de la insurgencia se ha tratado como un problema militar. Gracias a nuestra tradición de guerras civiles durante el siglo XIX, las milicias se han creado, más que para combatir las amenazas extranjeras, como un instrumento para imponer una política y de esos ejércitos partidistas es que nace nuestro ejército nacional y nuestra policía.
Casi no hemos tenido conflictos externos. La misma independencia tuvo mucho de guerra civil y eso es claro con las denominaciones que se daban en la época: no era una lucha de criollos o americanos contra españoles sino de patriotas contra realistas. Alguna incursión ecuatoriana, la guerra contra el Perú a principios del siglo XX, la declaración nominal de guerra a Alemania durante la segunda guerra mundial que no se reflejó en el envío de tropas a luchar en Europa y la participación de Colombia en Corea como parte de las Naciones Unidas.
Por eso nuestas fuerzas militares han estado muy entretenidas en la problemática interna y que fácilmente los gobiernos han usado para combatir o controlar a los bandoleros, a los del partido de oposición o, más adelante, a las autodefensas de Marquetalia.
Las fuerzas militares se preparan para la guerra. Si decidimos que hay que controlar el crimen como si fuera una guerra: la guerra contra el crimen, la guerra contra el narcotráfico, etc. entonces tiene sentido que sean las fuerzas militares las que se encargan del control del crimen.
Por otro lado, si se tiene en cuenta que el crimen no es una amenaza externa a la nación, sino que el crimen es un acto privado de los ciudadanos contra los ciudadanos, entonces al crimen no se le hace la guerra sino que se le somete a la justicia. Es aquí donde interviene todo el aparato de sometimiento a la justicia: la policía y la fiscalía que investigan, la fiscalía que acusa, la policía que detiene, los jueces que juzgan, los defensores del pueblo que se encargan de evitar que los diferentes organizmos se extralimiten, las prisiones que contienen a los criminales convictos, etc.
En este aparato de sometimiento a la justicia interviene el poder judicial, sin duda, pero también el ejecutivo. En el caso colombiano actual, vemos al ejecutivo a través del ministerio de defensa como jefe de la policía, y el ministerio de justicia como el encargado de las prisiones y vemos al poder judicial en los jueces, en los fiscales y en la policía judicial (CTI: Cuerpo Técnico de Investigación) adscrita a la fiscalía.
Personalmente creo que el ordenamiento del aparato de sometimiento a al justicia es un tema bastante complejo. Me parece útil la independencia de la fiscalía frente al ejecutivo, pero preferiría ver a la policía judicial y a la policía nacional en una sola institución por fuera del ministerio de defensa.
En últimas, preferiría tener una policía más civil y menos militar, que asegure el cumplimiento de la ley tanto en el campo como en las ciudades y las cabeceras municipales. Y, desde luego, que no existan guerrillas ni paramilitares y si hay grupos terroristas y criminales que masacran y dezplazan campesinos, la policía esté en capacidad de combatirlos, no como una guerra sino como una forma de controlar el orden para el servicio de los ciudadanos.
Aún hay un camino largo para llegar a ese entonces… en la situación actual sacar al ejercito de la lucha contra la insurgencia, el paramilitarismo y el narcotráfico es algo medio utópico. Dejar de llamarlos “soldados” por “policías” y decir que ya no son parte del ministerio de defensa sino del de justicia es sólo cambiarle de nombre a la situación.
¿Opiniones?
— Carlos Th
Un estado fuerte…
July 23rd, 2001 by Carlos Th.Algunas propuestas:
Fortalecimiento del estado. El estado debe ser lo suficientemente fuerte para combatir las amenazas que surjan para la población. Un estado fuerte que se evidencie en, por ejemplo, una oficina de atención a desastres que pueda reaccionar ante un terremoto, rescatando a las víctimas, dando albergue decente a los damnificados mientras reconstruye la infraestructura dañada, canalizando los recursos para que la reconstrucción sea rápida, etc. Un estado fuerte que se refleje en la pronta respuesta a la injusticia, tanto la cometida por los delincuentes comunes como por los mismos funcionarios corruptos del estado.
El fortalecimiento del estado significa un fortalecimiento de las fuerzas armadas del estado, tanto de la policía como de las fuerzas militares. La policía debe garantizar a los ciudadanos la protección ante la delincuencia mientras que las fuerzas militares deben prestar a los ciudadanos protección ante amenazas externas y, en casos extremos, apoyo a la policía cuando un problema delicuencial se agrave.
El fortalecimiento del estado significa también un fortalecimiento de los organizmos de control: de la fiscalía, de la procuraduría, de la contraloría, de la defensoría del pueblo y de las cortes y juzgados. También del sistema penal. De esta forma podemos garantizarle a la ciudadanía que puede vivir a salvo de la delincuencia y de la corrupción. Garantizarles también que el estado mismo no se va a convertir en el opresor. Buscar que porque el vecino me tiene envidia no me vaya a acusar de bruja y me quemen en la hoguera sin que me hayan realizado un juicio justo.
El fortalecimiento del estado no significa un crecimiento desordenado del estado. No significa que se aumenten sin control el número de puestos que devengarán un salario público de debe salir de los bolsillos de los contribuyentes. No. El fortalecimiento del estado significa que los procesos deben hacerse más eficientes y más eficaces y que lo que sobra sobra.
El fortalecimeinto del estado no significa que sea el estado el bien último. Es el pueblo (ricos y pobres), son las personas, los individuos, el bien último. Un estado fuerte no es sinónimo de fascismo… no necesariamente. El estado tiene una función: servir, y esta es también la función de los funcionarios del estado, de los servidores públicos: servir.
Y esto lleva a que el estado deba ser transparente. Las personas no deben trabajar para el estado, sino el estado para las personas. No hay que trabajar para pagar impuestos y llenar papeles, sino para uno mismo, y los mismos funcionarios del estado no deben trabajar para el estado sino para el pueblo que legitimiza al estado.
Porque algo importante, la fortaleza del estado debe partir de su legitimación y de su legitimización por el pueblo. Cuando el estado no representa al pueblo no es fuerte, o es fuerte sólo por la fuerza física, por el temor que las armas producen. Se tienen así estados débiles como el colombiano, o caemos en el extremo de los estados absolutistas como la Alemania nazi o la Unión Soviética.
El estado debe partir del pueblo quien en elecciones libres escoge a sus gobernantes y a sus representantes, quienes se encargarán de la cosa pública (res publica >república), con la legitimidad que el pueblo les da y para servicio del pueblo todo, no como una masa sino como la reunión de todos los ciudadanos, de todas las personas, de todos y cada uno de los individuos.
Ahora bien: ¿quién señala cuáles de estos puntos son de izquierda y cuáles de derecha?
— Carlos Th
¿Delincuencia enemiga del estado?
May 30th, 2001 by Carlos Th.Definamos el estado como ese conjunto de organizaciones que controlan institucionalmente a un país. El estado está compuesto, así, por el gobierno, el congreso, las fuersas armadas, los organismos de control, etc.
El estado no incluye a las grandes empresas ni a la insurgencia, que aunque puedan controlar a su modo un país, no son instituciones creadas para ello (no lo controlan institucionalmente).
El otro componente de un país es el pueblo, no como antagonista del estado, ya que las personas que trabajan con el estado son parte del pueblo, sino como complemento.
El objetivo del estado debe ser garantizar que los ciudadanos, que el pueblo, puedan vivir bajo ciertas garantías. Que un ciudadano no tenga que temer que los del pueblo de al lado lo linchen, sólo por vivir en otro poblado. Que un ciudadano sepa que puede realizar un negocio, por ejemplo comprar papa, sin que lo estafen, o sin que le peguen un tiro porque al otro no le gustó la oferta. Desde esas pequeñas cosas que damos por hechas, hasta otras que deberíamos dar por hechas, como que yo pueda disfrutar de un café al lado de un parque sin que me maten con una bomba, sólo porque Menganito había matado a Fulanito y yo no conozco a ninguno de los dos.
Bien. La sociedad: el conjunto de las personas del pueblo, de los ciudadanos de un país, tiene amenazas. Una de las principales amenazas es la delincuencia, entendiendo por delincuencia los actos que individuos realizan y que afectan negativamente a la sociedad. En otras palabras, un delincuente es el que comete un delito y un delito es algo que se ha estipulado como una amenaza a la sociedad. Y la delincuencia es el conjunto de personas que cometen delitos y el conjunto de delitos cometidos.
Bajo este punto de vista, un funcionario corrupto del estado es un delincuente y la corrupción es delincuencia. También es delincuente el ratero que deja a la víctima sin plata y sin papeles y sin la cadenita que le regaló la mamá. También es delincuente el que toma un fusil, se va para el monte y se pone a matar policías y campesinos disque porque está luchando contra un estado corrupto. También es delincuente el sargento que envía sus tropas a retener civiles sin justificación disque porque está buscando insurgentes y a ejecutar, extrajudicialmente, a todo retenido que le huela a rojo.
Bien, si el objetivo del estado es garantizarle seguridad a los ciudadanos, el objetivo del estado debe ser eliminar las amenazas a la sociedad, más no, convertirse él mismo en una amenaza a la sociedad. Lo último que debe hacer el estado, y mucho menos la fuerza pública (la parte del estado destinada a controlar la delincuencia, o _law enforcement_ en inglés), es personalizar la lucha contra la delincuencia o contra ciertas manifestaciones de la delincuencia.
En otras palabras, la estado y la fuerza pública no deben considerar ciertas amenazas a la sociedad como “enemigos del estado”. Y este es un error que ha cometido el estado colombiano durante mucho tiempo.
Y es claro. Si la lucha contra la insurgencia es tomada por el estado, no como una lucha para proteger a la sociedad de una amenaza, sino como una guerra para aniquilar a un enemigo, se ha dejado a la sociedad de lado. Y así como ignoramos a la sociedad, en el afán de combatir a la insurgencia bien puede el estado convertirse en una amenaza a la sociedad.
La lucha contra la delincuencia no debe ser nunca una guerra contra los delincuentes. El papel que debe asumir el estado es el de contar con una policía que pueda vigilar y actuar como proyección del estado cuando un delito se comete, pero también debe contar con un fiscal que investigue y acuse, un procurador que se encargue de que el estado funcione bajo sus propias reglas, un defensor del pueblo que controle que el estado no se convierta en una amenaza a la sociedad, un juez que dictamine las culpas y un carcelero que se encargue de evitar que los individuos que amenacen a la sociedad lo sigan haciendo.
El estado para cumplir con su labor no debe confiarse exclusivamente de la fuersa pública sino que debe tener una presencia permanente, pero a la vez discreta, en todos los ámbitos de la sociedad. Desde el notario que atestigua por los negocios celebrados o el alcalde que decide cual vía se va a pavimentar, es estado debe garantizar a los ciudadanos su bienestar.
Si el estado es demasiado omnipresente ahoga; está así la burocracia que exige un montón de papeles sólo para que pueda abrir una tienda. Por otro lado si el estado está ausente, las amenazas a la sociedad crecen y obligan a la larga a que los individuos empiecen a tomar, sin preparación ni control, funciones que corresponden al estado garantizar.
Es así como se forman las milicias antisubersivas como reacción a un estado que no está presente, y apoyadas por una fuerza pública que, incapaz de ganar una guerra contra la delincuencia, recurre a estos grupos de vigilancia, no como una extensión de su labor de proteger, sino como una extensión de su guerra.
Las autodefensas, o paramilitares (según la versión que cada uno acoge), son el resultado de un estado que esta en parte ausente y que tan sólo se proyecta, si acaso, como una fuerza pública que ha olvidado su objetivo de proteger a la sociedad por el objetivo de ganar una guerra.
La misma insurgencia es también una causa de un estado deficiente. Un estado que se ha puesto al servicio de una oligarquía en lugar de la totalidad del pueblo. Un estado que no es capaz de controlar la corrupción de sus funcionarios. Un estado que no es capaz de garantizar a los ciudadanos unas mínimas condiciones de igualdad y dignidad, es lo que ha generado y que mantiene viva a la insurgencia.
La solución a los problemas de Colombia no consisten en luchar contra el estado, o en crear paraestados. La solución de los problemas de Colombia debe partir del estado mismo y de la responsabilidad que como ciudadanons ejercemos sobre el estado que tenemos. Bien sea que el estado se cambie o que los ciudadanos lo cambiemos, pero el objetivo debe ser claro: necesitamos un estado que esté a servicio del pueblo y de la sociedad.
No necesitamos un estado ausente.
No necesitamos un estado paralelo.
No necesitamos un estado sumido en una guerra contra una de las manifestaciones de la falta de estado.
Necesitamos un estado que nos sirva. Un estado que permita que yo pueda vivir tranquilo y progresando en mi vida personal. Un estado que me permita educar a mis hijos. Un estado que me permita reír, disfrutar de una película, llorar por mi bisabuelita que se murió de vieja, tomarme mi salario en una parranda, ahorrar para tener mi casita propia, trabajar mi tierra, comprar la papa y la yuca de la comida de mañana, enamorarme, escribir un poema, disfrutar un cielo estrellado, conocer la maravillas naturales de mi país, empaparme en un aguacero porque olvidé el paraguas o arruinarme en un juego de pocker. Pero tambien un estado que no me permita sobrepasarme. Un estado que no me permita pisotear a mis conciudadanos. Un estado que no me permita olvidarme de mi responsabilidad como miembro de una sociedad.
Necesitamos un estado que le permita al jornalero del campo obtener un pago justo por su trabajo. Que le permita al ganadero producir su carne y exportarla. Que le permita a la multinacional petrolera que pueda entregarle energía al mundo, no sin una justa contraprestación a la nación dueña de las reservas. Que permita opinar a quienes creen que ciertas personas tienen demasiados privilegios y a quienes creen que ciertas otras tienen demasiadas ayudas y a quienes creen que están en el sandwish de la clase media sin privilegios ni ayudas. Y que le permita a cualquiera protegerse de los abusos del estado.
Necesitamos en fin un estado que no le dé papaya a la guerrilla para justificar su guerra, ni le dé papaya a los paramilitares de justificar su guerra. Y que tenga la fuerza suficiente para que si la guerrilla y los paras continúan con su injustificada guerra contra la sociedad, el estado pueda combatir la amenaza en al que estos grupos delincuenciales se han convertido.
— Carlos Th




