Un frágil futuro

El No ganó con un 50,21%, el perdió con un 49,78%, menos de medio punto porcentual de diferencia. Ese margen tan escaso, de menos de 60 mil votos frente a una votación de más de 12 millones y medio de votos válidos, hace pensar que casi cualquier cosa pudo haber cambiado el resultado.

«Qué pereza salir a votar con este clima.»

«Qué pereza salir a votar con este clima.»

En la Costa Caribe el ganó, pero también hubo la mayor abstención, en gran parte promovida por el paso del huracán Matthew. Si la participación en el Caribe hubiera sido similar a la del resto del país, conservando las tendencias de voto de la región, ese medio punto porcentual se hubiera revertido fácilmente.

Muchos pastores evangélicos y muchos curas católicos hicieron una fuerte campaña en contra del plebiscito porque los acuerdos tenían enfoque de género («nos van a colar la ideología de género» decían), o porque en el acto inaugural de la firma de los acuerdos, en el espíritu de inclusión del gobierno con comunidades indígenas, hubo actos que consideraron anti-cristianos, satanistas. Si estas feligresías hubieran votado libremente, sin la guía espiritual que les mintió sobre la ideología de género, ese medio punto porcentual se hubiera revertido fácilmente.

El destino de Colombia si esos jipis del Sí hubieran ganado.

El destino de Colombia si esos jipis del Sí hubieran ganado.

Muchos promotores del No vendieron la equivocada idea de que los acuerdos implicaban que el comunismo se tomaría al país y que nos convertiríamos en Cuba o en Venezuela si pasaba el plebiscito. Que en dos años se acabaría el papel higiénico y tendríamos que hacer largas filas para comprar leche en polvo. Claramente nada de eso se desprende de la letra de los acuerdos, ni de la realidad del país, pero ese discurso de miedo caló. Sin esas mentiras, con un voto más libre, ese medio punto porcentual se hubiera revertido fácilmente.

Pero también hubo varios curas católicos que apoyaron abiertamente el , y sé de líderes evangélicos que también se mostraron favorables al mensaje cristiano del perdón. También muchos promotores del amenazaron que la consecuencia del No era regresar a la guerra, incluso a una guerra peor, a una guerra urbana. ¿Cuántos votos del fueron influenciados por estos líderes espirituales y estas mentiras apocalípticas? Si estos votos hubieran sido más libres el margen del No pudo haber sido más alto, más claro.

Y están los votos nulos, y la abstención general. Muchos votos nulos son sin duda personas que anularon su voto intencionalmente. Un amigo de Facebook comentaba que no lo convencían los acuerdos, pero tampoco quería avalar las mentiras de los del No, así que su intención era votar en blanco, pero como no existía esa opción iría a anular su voto. Conceptualmente el es el voto que cuenta. La pregunta era si apoyábamos un acuerdo, así que todo abstencionista intencional, toda anulación intencional, fue un acto democrático contrario a apoyar ese acuerdo. De forzar esos votos hubieran sido votos por el No y el No hubiera sido más claro.

ctz-fiqwaaafnf5Noté en mis redes sociales, en Twitter, pero sobre todo en Facebook, que quienes exponían sus argumentos por el No, válidos o no tanto, eran atacados. Unos pocos, después de varias semanas de discusión expresaban una incertidumbre con argumentos que en el fondo expresaban más incredulidad hacia la campaña a favor del que hacia los promotores del No. Otros muchos sólo se expresaron finalmente ayer después de las 5 de la tarde cuando el No ya era un hecho. No eran personas que temieran a la ideología de género, ni que creyeran que nos convertiríamos en Venezuela, pero sí personas que no se convencieron de la viabilidad de los acuerdos o desconfiaban de Santos y las Farc por igual. Pero, sobre todo, personas que no se sintieron libres de expresar sus inquietudes. Quienes se atrevían a expresarse por el No antes de las elecciones fueron atacados, descalificados, por muchos de los que íbamos por el . También lo vi al revés pero en una escala mucho menor.

El Sí (verde) y No (naranja) en Antioquia.

El Sí (verde) y No (naranja) en Antioquia.

Este tipo de plebiscitos deben ganarse con votaciones cercanas al 67% o más. En muchos de los pueblos que sufrieron la guerra, el apoyo fue de ese orden o superior, porque son personas que prefieren perdonar al victimario ante la perspectiva de conocer la verdad y que esta no se repita, que pensar en conceptos abstractos como la no impunidad. En 1992, en Sudáfrica, el 68,73% de los blancos apoyaron algo incluso más incierto que nuestro plebiscito: iniciar negociaciones con los negros. Sí, conversaciones con antiguos grupos terroristas como el Concejo Nacional Africano, conversaciones que podrían convertir a un país de ciudadanos blancos en un país donde los blancos serían una minoría perseguida. Y aun así dos de cada tres blancos consideró que era lo mejor.

¿Por qué dos de cada tres colombianos no apoyamos el plebiscito por la paz? Porque la pregunta es esa. No es sobre como revertir medio punto porcentual. Jurídicamente hubiera sido suficiente con revertir ese medio punto porcentual, pero la legitimidad de lo aprobado hubiera quedado en entredicho en contraste con un contundente, con una mayoría clara de colombianos que hubiéramos apoyado ese acuerdo.

El Camarada Santiago con el Comandante Fidel

El Camarada Santiago con el Comandante Fidel.

Una parte fue la propaganda del No que pintaba a Colombia como una futura Venezuela. Los que llegaron a decir, con no más evidencia que una foto, que el presidente Santos era un agente de Fidel Castro, un Caballo de Troya para infiltrar al establecimiento e implantar el comunismo. La propaganda que nos convenció que las Farc son un cartel multimillonario que estaba escondiendo sus bienes para comprar votos más adelante. Otra fueron esos líderes cristianos (católicos y evangélicos) que nos prevenían frente al satanismo y la ideología de género. Pero ese tipo de argumentos también pesaron en la Sudáfrica blanca de 1992, y aún así 2 de cada 3 sudafricanos blancos apoyaron el inicio de negociaciones con la Sudáfrica negra.

El perdió esa contundencia que debió haber tenido, y lo dejó al borde de que unos pastores manipuladores o un huracán hubieran logrado esa pírrica victoria del No, por los acuerdos mismos y la misma campaña del . Sencillamente ni el gobierno ni quienes creíamos en el , fuimos capaces de convencer a los suficientes colombianos de que apoyar estos acuerdos era lo mejor para el país.

Influyó la negociación misma. Muchos sectores se sintieron excluidos de la negociación, el más importante de ellos fue el expresidente Uribe y su caudal político. Tengo versiones encontradas, unas que dicen que Santos los invitó a participar y no aceptaron, y otras que dicen que ellos propusieron ir y Santos no aceptó. Sea la razón real, el uribismo, quien hizo posible que las Farc se sentaran a negociar, no participó y no se sintió incluido en el acuerdo final. El acuerdo final fue de otros, de un gobierno (no de un estado) con un grupo guerrillero, donde una parte importante del país (ellos, el uribismo), fueron excluidos. Uribe dice que sólo lo querían para la foto, para avalar un acuerdo en el que no tuvo injerencia, y que por ello no fue. ¿Hubiera sido posible un acuerdo con la participación del uribismo en la mesa? Tal vez no. O tal vez sí, y si el acuerdo se hubiera logrado, así hubiere sido el mismo acuerdo, el uribismo no lo hubiera estado desprestigiando con la contundencia con que lo hizo.

Influyó el acuerdo mismo. 297 páginas donde entran en mucho detalles en ciertos puntos pero dejan otros demasiado vagos. No dicen (y en mi opinión no tendrían que haberlo dicho) qué pasa con la plata que las Farc supuestamente tienen, o con los menores de edad reclutados. ¿Son los cuerpos de seguridad creados para evitar que masacren a los guerrilleros desmovilizados un disfraz de la guerrilla para no dejar las armas? ¿Qué pasará con unos pocos campesinos que adquirieron de buena fe unas tierras despojadas? El acuerdo mismo no fue lo suficientemente claro para dilucidar esas inquietudes, así que en últimas se leía bajo nuestros presupuestos: desconfío de Santos y la guerrilla, entonces esas incertidumbres son huecos para implementar el peor escenario posible; o tengo esperanza, entonces esas incertidumbres se solucionarán positivamente en su debido momento. Una lectura que pudo haber convencido a muchos, sólo sirvió para confirmar nuestros preconceptos.

Influyeron las contradicciones del gobierno. Santos dijo que iba a haber cárcel y el acuerdo permitía que cualquier guerrillero pudiera salir sin conocer el interior de una prisión. Dijo que no participarían en política y nada en el acuerdo impide que los líderes de las Farc participen en política. Y todo ello mella en la credibilidad de un gobierno y de las políticas que intenta impulsar. Repito. Es muy probable que si el uribismo hubiera estado en la mesa desde el principio, el acuerdo hubiera sido muy similar. La misma alternatividad penal que permitiera que los líderes de las Farc, sin conocer el interior de una prisión llegaran más adelante elegidos al Congreso. El rechazo no fue porque ello pasara, sino porque pasó a pesar de la promesa de que no pasaría.

Influyó que vendieran el plebiscito como el «plebiscito por la paz». La paz es multidimensional y el acuerdo lo reconoce. El acuerdo va más allá de las condiciones para que un solo grupo guerrillero, las Farc, se desmovilicen y pretende reivindicaciones sociales y política antidroga que, en mi opinión, contribuyen a esa paz multidimensional. Pero excluye (y no tendría por qué incluirlo) a otros grupos. Excluye a nuestro comportamiento intolerante frente a las diferencias. Por muy buena intención del acuerdo, y por más alcances adicionales que pretenda, no puede garantizar la paz, así que no era un plebiscito por la paz. Y, por otro lado, se vende al No como la guerra. Y claramente no es así. El No era una incertidumbre, es una incertidumbre, pero no es garantía de guerra. Ni las Farc, ni el gobierno, ni la oposición de derecha, están interesados en que las negociaciones y la tregua terminen (aunque creo que sí está en el deseo de algunos, lejos de la mayoría pero sí algunos, de quienes votaron No). Y lo vemos. Llevamos un año largo en tregua. Un mes desde que se anunció que la tregua era indefinida, y hoy no amanecimos matándonos.

Influyeron los gestos de las mismas Farc. Si no pedían perdón, los colombianos no podríamos votar , porque no tienen voluntad de reconciliación. Cuando pidieron perdón, entonces los colombianos podremos votar No porque el perdón ya los comprometió a que no regresarán a la guerra. Si negocian estando armados es porque nos están amenazando, pero si se desarman, ya el estado logró su objetivo y no hay nada que negociar. Y como las Farc no son tontas, no han declarado todos sus bienes, ni revelado todas sus verdades, ni se desarmarán antes de tener algo seguro.

Aprender a negociar es conocer al otro. Lograr la paz es entender al otro. O no. Depende qué entendamos por paz. La eliminación del otro significa también la paz para mí. Muchos de los promotores del estaríamos contentos con que no existiera el uribismo y esos otros obstáculos para implementar la paz con las Farc. Así como muchos promotores del No estarían contentos con que no existieran las Farc y así lograr la paz entre todos los que no somos Farc. Queremos una paz que no nos implique reconocer al otro, al que piensa distinto. Que no nos exija tener que conocer qué anhela, qué piensa, qué quiere, qué desea. Entonces la negociación es sólo yo qué quiero. Quiero que las Farc se desmovilicen y paguen cárcel, y que la plata de las Farc sirva para que no me cobren más impuestos. Quiero que Uribe y Cabal y Pachito Santos se callen y dejen de oponerse a todo sólo porque ellos no son los protagonistas. Y cuando escuchamos al otro, es sólo con la intención de buscar cómo rebatirlo. Leer el acuerdo para encontrar una palabra ambigua e inventarme unas consecuencias desfavorables. Buscar qué tan infundado es cada argumento por el No. Y luego pregonar sin pena que no estoy obligado a entender al otro, porque el otro es un intolerante.

Quisiera ser optimista y que este No sea un punto de partida para una renegociación más incluyente, en la que al final se logre un mejor acuerdo para el futuro del país.

Pero soy pesimista. Para las Farc su mejor interés es no apresurarse. Para el gobierno su mejor interés es invitar real y no simbólicamente al uribismo y otros sectores políticos adversos. Pero para el uribismo su mejor interés es no apresurarse. El gobierno depositó la mayor parte de su caudal político en esta negociación y en este plebiscito y lo perdió. Las Farc ya saben que no es con Santos con quien tienen que negociar. Y está la tregua. Eso es bueno. Por ahora. Pero eso significa también que no hay afán. Las Farc pueden seguir haciendo actos políticos, que a la larga servirán para recoger las banderas del Polo Democrático y, cuando prospere finalmente un acuerdo, si es que prospera, estarán políticamente más fortalecidas. El Centro Democrático puede seguir alargando el proceso con la esperanza de lograr retomar el poder en 2018 y ahí sí acabarlo. Y mientras tanto, el ELN podrá seguir con sus ambigüedades sabiendo que con el gobierno de Santos no se va a negociar. Sabiendo que la tregua entre las Farc y el gobierno es frágil y que eso les permite cierto grado de impunidad. Y algo similar pasa con las bacrim herederas del paramilitarismo.

Voté , porque consideré que era lo mejor para el país. Sabiendo que no era la paz. Sabiendo que había cosas que no me gustaban en esos acuerdos. Sabiendo que el No no implicaría la reanudación de la guerra. Algunos decían que como no se puede confiar ni en Santos ni en las Farc, había que votar No. Mi desconfianza en Santos y las Farc fueron parte de mi decisión por el , porque el era comprometer a ese Santos y esas Farc con la letra de unos acuerdos que, aunque imperfectos, eran medibles. Hoy no caímos en el peor escenario: la reanudación de la guerra, pero nos enfrentamos a más años de negociación en medio de una frágil tregua que le conviene más al ELN y las bacrim. Y al final uno de dos desenlaces posibles: llegar a un acuerdo que sea escencialmente lo mismo que ayer rechazamos, o que eventualmente la tregua se rompa, por ejemplo el día que un candidato de la derecha asuma como presidente el 7 de agosto de 2018 y no pasó nada, excepto que el ELN y las bacrim se fortalecieron.

En el mejor de los casos: Álvaro Uribe Vélez, Humberto de La Calle Lombana y Rodrigo Londoño Echeverry estarán en Oslo el 10 de diciembre de 2017 recibiendo el premio Nobel de la Paz. No soy tan optimista.

Inadmisibles

2245170100_331066e3ca_bQue quede claro: las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Farc, que negociaron con el gobierno del Presidente Juan Manuel Santos Calderón, no estaban derrotadas hace cuatro años cuando iniciaron las conversaciones, ni hace seis años cuando Álvaro Uribe terminó su segundo mandato. Estaban muy golpeadas, eso sí, al punto que entendieron que continuar la lucha armada era vano. Pero no estaban derrotadas y por ello los diálogos en La Habana no se trataban de un sometimiento a la justicia, ni una rendición, sino una salida negociada.

Muchos hubiéramos preferido una rendición, pero a veces no se trata de lo que se quiere sino de lo que se puede lograr. Las Farc fueron muy golpeadas durante el gobierno de Uribe y su cambio de estrategia. Durante los primeros dos años de la presidencia de Santos, las Farc continuaron recibiendo golpes, incluyendo las muertes en combate de Jorge Briceño (Mono Jojoy) y Alfonso Cano. Juan Manuel Santos, como Ministro de Defensa y después como Presidente, acabó con toda la cúpula militar de las Farc de 2006. Bueno, Manuel Marulanda (Tirofijo) murió enfermo, en una cueva, incapaz de recibir atención médica.

Pero a pesar de esos golpes, aún había frentes activos. En 2010, cuando Uribe dejó su presidencia, las Farc seguían combatiendo y seguían reclutando y extorsionando y emboscando soldados. Nunca dejaron de hacerlo durante los ocho años del gobierno de Uribe. Pero Uribe y los dos primeros años de Santos sí los convencieron de que la insurrección armada era inútil, y por ello mismo estuvieron dispuestos a negociar.

IMAGEN-11192182-1.pngNo es que no estuvieran dispuestos antes. No creo que el Caguán haya sido una farsa. Uribe también les ofreció diálogos. Pero Andrés Pastrana Arango y Álvaro Uribe Vélez se equivocaron en leer a su interlocutor. Fueron dos gobiernos y una guerrilla enfrascados en determinar inamovibles de lado y lado. En la mentalidad de Uribe sólo había una condición: que las Farc dejaran de ser Farc. Viendo el trato con alias Karina (antes y después de su entrega) se ve que Uribe pudo haber entregado todo sólo con que renunciaran a su nombre.

Pero lo que está acabando, el acuerdo al que se llegó el pasado 24 de agosto, no fue una rendición, ni las Farc renunciaron a ser ellas. Fue una negociación donde las Farc discutieron con el gobierno condiciones para dejar las armas.

Y hubo dos tipos de condiciones: las que competen a las Farc directamente, a sus combatientes y su futuro en la vida civil y política del país, y las que se extienden a los demás colombianos.

jaime-pardo-Leal-2Dentro de las primeras condiciones están los detalles de cómo dejar las armas, quién los protege mientras se desarman, qué pasará con los crímenes pendientes que van más allá de la rebelión (prisión, penas alternativas), cómo se reinsertarán a la vida civil, qué garantías de representación política tendrán, etc. En los años 1980, a raíz de las negociaciones entre el gobierno de Belisario Betancur y las guerrillas de entonces, se creó la Unión Patriótica, como una alternativa política a las Farc y sus militantes fueron sistemáticamente masacrados por el naciente fenómeno del paramilitarismo. El M-19 tras su reinserción a la vida civil y política enfrentó el asesinato de su líder y candidato presidencial Carlos Pizarro Leongómez (en la misma campaña presidencial en las que Luis Carlos Galán Sarmiento y Bernardo Jaramillo Ossa perdieron sus vidas). Es entendible que las Farc estén reacias a firmar un acuerdo que las deje vulnerables.

Las Farc entienden que no pueden ganar ya la guerra, pero pueden seguir luchándola. Si no tienen garantías, bien podrían escoger morir en combate a asesinados en la plaza pública.

14055159_10154520976814312_2901167662871245980_nLas otras condiciones tienen que ver con el país y con nosotros como colombianos. Se habla de reforma agraria, de repensar la estrategia contra las drogas, de redibujar el mapa político del país. Es lograr en la negociación parte de lo que las motivó a alzarse en armas hace 52 años. No es todo: es apenas una parte. Es también parte de lo que algunos presidentes colombianos han querido hacer en estos 52 años. A la hora de la verdad no es una concesión del estado de derecho a las Farc, sino una oportunidad de hacer propuestas.

Desde luego, como en toda reforma agraria, si soy un hacendado que ha acumulado riqueza especulando con finca raíz improductiva, esa reforma agraria me será desfavorable; pero si soy un campesino desplazado me puede favorecer. Podremos leer los detalles para saber si es buena o mala, pero no es una imposición fariana que se encuentre por fuera de lo que distintos gobiernos colombianos ya había formulado y propuesto. Y similar pasa con las drogas y demás puntos.

También hay acuerdos sobre víctimas y reparación y sobre otros actores armados y sus víctimas.

¿Habrá impunidad?

Sí. En cierta forma. Se habla de penas alternativas que no implican prisión, así que si lo que queremos ver es a los responsables de crímenes tras las rejas no lo iremos a ver, salvo que a alguien le prueben un crimen que no está dispuesto a confesar. También habrá impunidad para los agentes del estado que se sobrepasaron de sus funciones y propiciaron una guerra sucia, salvo que les prueben un crimen que no estén dispuestos a confesar.

¿Tendrán representación en el congreso sin todos los requisitos de los partidos políticos?

Sí. Es una medida temporal y no permanente, pero se extenderá por dos legislaturas. Además de la representación política tendrán derecho a las garantías que el estado otorga a los demás partidos políticos, incluyendo recursos del estado para llevar a cabo sus campañas políticas. La representación política en el congreso está condicionada a que quienes ocupen curules no tengan procesos penales pendientes.

¿El estado pagará una subvención a los guerrilleros rasos?

Sí. Las mismas ayudas que hoy ya reciben los desmovilizados que desertaron de las guerrilla o las que recibieron los paramilitares que se reincorporaron a la vida civil tras los procesos de Ralito.

¿Dejarán las armas pero no entregarán bienes?

Los bienes de las Farc quedaron por fuera del acuerdo. Esto significa que las Farc no entregarán bienes como parte del acuerdo, pero igualmente todo bien que hoy tengan las Farc serán susceptibles de ser confiscados por el estado si fueron adquiridos con plata de secuestro o narcotráfico. Las leyes de extinción de dominio siguen vigentes.

¿Es esto inadmisible?

Tú dirás. No es una rendición ni una entrega de armas condicionada. Mucho menos una rendición incondicional. No es un sometimiento a la justicia. Si para ti no es admisible algo menos que un sometimiento a la justicia, entonces es claro que este acuerdo no es admisible.

3d7ad50da8a25ccbe2698a5738893e49Que las Autodefensas Unidas de Colombia sí se sometieron a la justicia sin estar derrotadas. Sí. Los líderes de las Auc consideraron, en su momento, que eso era lo mejor para ellos y sus grupos. Era también claro que para la comunidad internacional sería inadmisible aceptar cualquier carácter político a las Auc y otros grupos paramilitares. Las Farc y el Eln piensan diferente y tienen expectativas diferentes.

¿Era y es posible derrotar a las Farc? ¿Llevarlas al punto en el que no vean más opción que el sometimiento a la justicia?

Tal vez, pero el costo en dinero, vidas humanas, desplazamiento interno y desprestigio del país era y sería muy alto. En ocho años de Uribe y su Seguridad Democrática no se lograron derrotar. Durante el último año de Uribe, las Farc estaban ya retomando una ofensiva, se estaban adaptando a la nueva estrategia.

Puedo recordar tres casos en que unas fuerzas armadas regulares derrotaron a grupos guerrilleros. La Emergencia Malaya, los Jemeres Rojos y los Tigres Tamil. Y no estoy muy seguro en cuanto a los Jemeres. Básicamente Pol Pot y sus seguidores se murieron de viejos en las selvas camboyanas y algo similar pasó con los Tigres Tamil en Sri Lanka.

Avro Lincoln Bomber A73-33 of No. 1 Squadron RAAF on a bombing mission over the Malayan jungle. Two 500 pound bombs can be seen falling from the aircraft.

Avro Lincoln Bomber A73-33 of No. 1 Squadron RAAF on a bombing mission over the Malayan jungle. Two 500 pound bombs can be seen falling from the aircraft.

En la Emergencia Malaya el gobierno británico y sus aliados combatieron las guerrillas que pretendían liberar la Malasia Británica (hoy la parte Malaya de la Península de Malaca) del Impero Británico y su proceso de descolonización. Cuarenta mil soldados de la Mancomunidad, un cuarto de millón de soldados Malayos aliados de los británicos y más de cincuenta mil hombres armados combatieron a una guerrilla de ocho mil individuos (en su mayoría chinos étnicos). Una relación de fuerzas de 40 a 1 y 12 años después los guerrilleros fueron derrotados, con grandes bajas en la población civil, principalmente debido al desplazamiento.

Ese es el tipo de costos que Colombia debería enfrentar. La estrategia de Seguridad Democrática de Uribe, apoyado en el Plan Colombia que Andrés Pastrana Arango negoció con los Estados Unidos para combatir el narcotráfico, en algo se acercaron pero fueron insuficientes.

Una derrota militar, tal vez llegare a parecerse más a las derrotas de los Tigres Tamiles y los Jemeres Rojos, combatiéndolos por años y años hasta que se volvieron insignificantes, que a una rendición como la de las fuerzas del Partido Comunista Malayo tras 12 años de fallida revolución.

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Imagen que circula en Facebook. Las cifras no las he verificado.

Así que nos enfrentamos a dos escenarios inadmisibles:

Se acaba la lucha entre el estado y las Farc al costo inadmisible de algo de impunidad y participación política (y una que otra cosa positiva a favor de víctimas y reforma agraria).

O seguimos combatiendo a las Farc hasta que se rindan o se mueran, o abandonen, o sean insignificantes, con un costo inadmisible de vidas de colombianos.

Yo prefiero tomar la opción práctica. Prefiero que mueran menos colombianos y que los recursos que económicos y de personal hoy en día se han dedicado a combatir a las Farc, se destinen a otros frentes como reconstrucción, reparación de víctimas y educación.

si-a-la-pazNo digo que votaré por el «SÍ» en el referendo. Aún falta terminar de revisar los acuerdos y tal vez encuentre algo que sea tan inadmisible que me incline a recular mi decisión. Pero, por ahora, en mi decisión de voto el «SÍ» lleva la delantera.

Cuestión de garantías

Es a veces frustrante para uno, como ciudadano de bien, saber que el estado ofrece tantas garantías a los delincuentes: dizque derecho a la defensa, dizque derecho a la casa por cárcel, dizque el derecho a que la prensa no los trate como culpables hasta no ser vencidos en juicio y una serie de derechos más que parecen más destinados a poner a los delincuentes en la calle que a protegernos.

Foto de Víctor Solano

Entonces nos indignamos.  Sucede un crimen atroz y exigimos que el autor de tal abominación se pudra en la cárcel.  Exigimos al estado que se encargue de todo aquello que nos produce inquietud o miedo, sea un abusador de niños o una montaña que se nos viene encima.  Miedo que es usado muchas veces por nuestros propios gobernantes para mantener y aumentar su poder.  Miedo que también tumba gobiernos cuando creemos que no es capaz de copar nuestras temerosas expectativas o simplemente nos deja desamparados.

Nuestra posición frente al estado es ambivalente.  Queremos un estado que nos proteja, pero rechazamos un estado que nos imponga tributos o nos imponga reglas.  Desde luego que nuestros propios principios y nuestros propios temores nos hacen sacrificar uno de los lados de esta ambivalencia.  Podemos sacrificar nuestra libertad por un poco de más seguridad, o sacrificar nuestra comodidad amparada por el estado por el derecho a que el estado no se entrometa en nuestras vidas.

Pero cuando delegamos en el estado la responsabilidad por nuestra seguridad; ¿sí estamos entregando nuestra confianza a una institución en la que realmente confiamos?

Captura de un video de la Policía

Nos indignamos por los senadores que abusan de su posición.  Nos sentimos legitimados en eludir impuestos porque los políticos y los funcionarios son corruptos y se robarán la plata que como contribuyentes pagamos.  Hacemos cruzadas en medios de comunicación sociales porque unos policías incineran perros y recordamos todos los abusos de la policía.  Nos quejamos de la burocracia inútil.  Ese estado formado por políticos, funcionarios y fuerza pública nos causa desconfianza.  Un estado que estorba.  Que no nos deja trabajar y emprender.  Que nos roba.  Que abusa de nosotros.

Un estado en el que no confiamos, pero al que aún así le exigimos que nos ayude.  Que nos reconstruya la casa tras un desastre ecológico.  Que encierre a los delincuentes.  Que acabe con los terroristas.  Que nos dé educación gratis.  Que castigue duramente a los que maltratan animalitos.  Que nos subsidie el desempleo.

Un día criticamos a la policía por sus reiterados abusos contra animales y contra personas desposeídas.  Al día siguiente exigimos más policías que nos protejan de los predadores sexuales y de los vagabundos que atentan contra el disfrute de nuestros parques.

Sí.  Tal vez no sea una contradicción.  Queremos policías que se dediquen a atrapar a verdaderos delincuentes y no a maltratar a pobres perritos.

Nos quejamos de todas las garantías que el estado de derecho le otorga a los delincuentes pero esto es porque olvidamos que esas garantías no están allá para proteger a los malvados delincuentes de la justicia punitiva, sino que estas garantías están allá para proteger a todos los ciudadanos de los abusos del estado.  Sí.  Para protegernos de esos representantes que se creen con derecho de pasar por encima de nosotros.  Para protegernos de esos oficiales de policía que no tienen recelos en tratar a las patadas a unos pobres indigentes e incinerar a sus perros.  Para protegernos de los abusos de los funcionarios estatales.

¿Hasta qué punto queremos que el estado se entrometa en nuestras vidas con el fin de protegernos?  ¿Qué tipo de estado es el que queremos que se entrometa?  ¿Ese estado lleno de políticos interesados, funcionarios corruptos y fuerza pública abusadora?  ¿O un estado dirigido por las personas más capaces y moralmente correctas?  ¿Creemos realmente que esto últimos es posible?

(fuente original requerida)

Y no.  No quiero ver a Javier Velasco (de comprobarse autor de todo lo que lo acusan) libre sólo porque pobrecito, está enfermo y no sabe lo que hace.  No quiero ver al confeso asesino serial Luis Alfredo Garavito libre sólo porque haber confesado, haberse portado bien en la cárcel y decir que encontró a Dios en prisión sea algo que se mete en una calculadora de rebaja de penas.  Esas son personas que desde mi lega opinión no representan garantías a la sociedad.

¿Entonces?

Tampoco quiero un estado que por su afán de encontrar delincuentes se meta en mi conexión de Internet, en mi correspondencia, en mis relaciones sociales.

No quiero un estado formado por individuos poco confiables, que roban el erario y abusan de su poder y, para rematar, entregarles a ellos la función de vigilarme a mí y a los míos.

No quiero a un estado que, respondiendo exclusivamente a la indignación social, entregue más uniformes de policía a personas poco capacitadas y legisle aumentando penas y llenando las cárceles a límites tales que es imposible pensar que estas tengan un papel resocializador.

Quiero, como ciudadano, garantías frente al estado, así esas garantías también apliquen a mis indeseables conciudadanos.

Estados fallidos

[Soldados estadounidenses en Haití] Tras el terremoto de Haití en enero de 2010 escuché muchas voces denunciando el hecho de que el gobierno de facto (quien garantizaba el orden público, distribuía las ayudas, organizaba a los escuadrones de rescate, etc.) era el ejército de los Estados Unidos y no las autoridades haitianas.  Pero esas críticas no llegaban a la descalificación del hecho.  Las críticas venían de una declaración de principios antiimperialistas pero parecían razonables en reconocer que de otra forma no hubiera funcionado.

Tal vez las críticas más duras venían del propio interior de los Estados Unidos y no por el temor imperialista sino por los recursos gastados, -aunque, igual, esas personas parecían reconocer que si no se actuaba así tendrían luego a sus puertas un problema de refugiados—. Continue reading

Por el verde que soñamos

Cuando se discutía la reforma constitucional que permitiría la reelección de Uribe en 2006, no faltaban algunos personajes que se declaraban como uribistas no reeleccionistas.  El más notable de ellos fue el columnista de El Tiempo Juan Manuel Santos.  Pero, finalmente, el congreso aprobó la reforma constitucional y la Corte Constitucional declaró exequible esa reforma.  Sin ningún reparo Santos se convirtió en el jefe de un partido político nuevo, el Partido Social de Unión Nacional, que reuniría a varios políticos afines al presidente a reelegir Álvaro Uribe Vélez.

Para las elecciones de 2010, muchos políticos afines al uribismo se declararon en contra de otra reforma más para permitir una segunda reelección.  Varios de ellos incluso expresaron abiertamente aspiraciones presidenciales que los llevarían a competir contra Uribe si la reelección se permitía.  Entre estos uribistas que se atreverían a competir con Uribe estaban Marta Lucía Ramírez (senadora por el Partido de la U), Enrique Peñalosa (ex candidato al senado por el partido Por el país que soñamos), Germán Vargas Lleras (senador por el partido Cambio Radical) y Noemí Sanin (embajadora ante el Reino Unido y ex candidata presidencial en 2002 por el movimiento político Sí, Colombia). Continue reading

De bandas, mafias e insurgencias

Anoche en Hora 20 se daba una discusión sobre la naturaleza de las ahora llamadas bacrim (por bandas criminales), término acuñado por el gobierno anterior para distinguir estas nuevas modalidades de violencia de los hasta entonces llamados paramilitares o autodefensas.  Según María Jimena Duzan, las bacrim no son más que paramilitares, mientras que otros panelistas buscaban otras formas de denominarlos, sin faltar la comparación con los maras.

Difiero en cierta forma de la apreciación de Duzan, no tanto en el fondo sino más bien en la forma.  Yo creo que las Autodefensa Unidas de Colombia (AUC), sus grupos previos y adjuntos no eran más que bandas criminales con una pretención de discurso político, y que técnicamente no eran paramilitares.

La mayor parte de los grupos de delincuencia organizada poseen ciertos elementos en común.

  1. Poseen una base social con la que pretenden algún tipo de identificación y de la que muchas veces esta identificación es real.  Esta base social es también base del reclutamiento.
  2. Se convierten en el estado de facto dentro de esta clase social, permeando también al estado de jure por intimidación, compra o infiltración de los agentes estatales formales.
  3. Usan la violencia letal como una forma de preservar el poder tanto al interior como frente a grupos rivales de delincuencia organizada y frente a la autoridad formal.
  4. Se financian por medio de actividades ilegales como la extorsión, el contrabando, el hurto, la creación de monopolios y contratos fraudulentos con el estado.

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De tragedia en tragedia

[]La primera vez que supe que había un pueblo llamado Armero fue el 13 de noviembre de 1985, cuando escuchaba esa madrugada en la radio los primeros reportes de las poblaciones afectadas por el deshielo del volcán Nevado del Ruiz. No había reportes de Armero hasta que un piloto que sobrevolaba el área dijo al aire desconcertado “Armero no existe”.

Armero era una ciudad próspera. El eje del desarrollo del norte del Departamento del Tolima, una región de gran riqueza agrícola y ganadera. Riqueza que en gran parte se debe al fértil suelo producto de erupciones anteriores del volcán Nevado del Ruiz y otros volcanes aledaños. En 1985, pronto a cumplir mis 13 años, ignoraba todo esto. Supe de Armero por la tragedia y tendrían que pasar varios años para entender que gran parte de esa tragedia pudo haber sido evitada aunque, tal vez, fue necesaria para mostrar las fallas que permitirían más adelante prevenir otras tragedias.

25 años después Colombia vive otra tragedia. Tragedia en muchos casos evitable, pero que, al igual que en Armero, es muy fácil decir ex post facto cuales fueron todas las fallas, pero muy difícil determinar cómo se hubieran podido prevenir.  Año tras año en Colombia hay tragedias producto del invierno.  Tragedias que por su regularidad no deben atribuirse a los caprichos de la naturaleza sino a la imprevisión humana.  Las lluvias causan que los ríos y aroyos se extiendan a sus máximos pero muchas personas insisten en construir sus viviendas y sembrar sus cultivos al margen de la extensión media de su caudal.  Cuando el río recupera su máximo se tragará estas viviendas y esos cultivos.  En algunos casos, como en Barranquilla, se llega incluso a pavimentar a los aroyos secos e incluirlos en la nomenclatura urbana como calles. Continue reading

Sobre el regocijo por la muerte

Ya varias veces lo he dicho: rechazo completamente a las FARC y su pretensión de ser nuestras fuerzas armadas y nuestro ejército.  No creo en la economía planificada, ni la dictadura del proletariado, ni la lucha de clases, ni ninguna de esos otros ideales de izquierda.

Soy humanista.  Creo en el valor de cualquier vida humana, aún la de aquellos que desprecian la vida de los demás.  Y espero que se entienda que lo que voy a decir lo digo desde esta perspectiva y no como una admirador de las guerrillas.

No me alegro por la muerte de alias el Mono Jojoy.  No felicito a las Fuerzas Armadas.  No comparto la alegría colectiva de todos los que veo en mi timeline de Twitter.

Creo que si se requirieron 50 bombas sobre el campamento de alias el Mono Jojoy para darle de baja es porque faltaron más recursos, más imaginación y más determinación para garantizar su captura o su rendición incondicional. Continue reading

Análisis asimétrico

«La guerra es la continuación de la política por otros medios», decía Carl von Clausewitz. Carl Schmitt respondía que «la política es la continuación de la guerra por otros medios». Nuestro gran filósofo político José Obdulio Gaviria simplemente nos propone que aquí no hay guerra.

Cuando se habla de guerras se propone el concepto de guerra asimétrica, esto es un conflicto bélico entre una parte que posee un ejército regular y otra que dice que no puede financiar tal, y por ende ajusta sus prácticas a obtener mayores beneficios con pocos gastos: emboscadas, sabotaje, apoyo (y mimetismo) en la población civil, etc.  En otras palabras guerra de guerrillas y terrorismo.  Desde luego que hablar de guerra asimétrica implica reconocer cierta legitimidad al combatiente menor.  Quien resta tal legitimidad preferirá hablar de amenaza terrorista.

Así que no sólo existen guerras asimétricas, sino también un uso asimétrico del lenguaje en el análisis de un conflicto. Continue reading

Esta ficción de la realidad

Que por un lado tembló, que por otro confirmaron la muerte de Tirofijo, que la farcpolítica, que el abrazo entre Uribe y Chávez con la UNASUR, que está haciendo un hermoso sol afuera mientras que tengo que dedicarme a los atrasados proyectos finales de la maestría… en fín, pasa mucho y ya no quedan muchas ganas de hablar de eso. Pero sí hay ganas de hablar, de todas formas.

Alguna vez, en mis épocas de wikipedista (y últimamente en la acción malpensante) me preguntaba porqué mis contribuciones en temas de mi ámbito profesional habían sido mínimas. Poco hablo de mi trabajo o de mis temas de interés en mi blog, o en Wikipedia, o en mis demás ámbitos de expresión. Continue reading