Moi si, je suis Charlie

No sé. De alguna forma intuía que las principales voces de disenso frente a la indignación por el asesinato de los periodistas de Charlie Hebdo vendría de dos frentes distintos: la derecha cristiana y la izquierda progresista.

Sin duda hay muchas razones para no estar de acuerdo con la línea editorial del semanario francés. Ellos eran iconoclastas. Provocadores. No importa lo que creas, es muy probable que ellos se hallan burlado de ello. En algunos medios de derecha he visto cómo sacan a relucir, no sólo las portadas y caricaturas contra el Islam, sino caricaturas contra el cristianismo, contra la iglesia, contra Le Pen y su Frente Nacional; en fin, contra todo lo que represente los valores tradicionales y la derecha y fácilmente concluyen que Charlie Hebdo nunca atacó o ridiculizó a la izquierda. Pero ni François Mitterrand, Lionil Jospin, Ségolène Royal ni François Hollande han estado a salvo de la crítica y las caricaturas.

Escribo esto, sin embargo, no como respuesta a esas derechas que piden todo el peso de la ley para los terroristas que perpetraron el atentado, pero que los de Charlie Hebdo se lo buscaron. Esa derecha que se regocija en pensar que se mataron dos pájaros de un solo tiro: los mamertos iconoclastas del semanario satírico francés y los musulmanes que invaden occidente.

Charlie Herbo Nº 1099. 10 de julio de 2013

Charlie Herbo Nº 1099. 10 de julio de 2013

Escribo esto como respuesta al artículo recientemente escrito por José Antonio Gutiérrez Dantón y publicado por varios medios de izquierda latinoamericanos incluyendo Voz, Prensa Rural, Aporrea, Tercera Información, Pelusa Radical, Anarkismo.net, etc. y titulado Je ne suis pas Charlie (Yo no soy Charlie).

Al igual que los medios de derecha, parte rechazando la atrocidad del atentado antes de ir al pero. Textualmente: Pero no creo que censurar el ataque en contra de Charlie Hebdo sea sinónimo de celebrar una revista que es, fundamentalmente, un monumento a la intolerancia, al racismo y a la arrogancia colonial.

Si hay alguien a quien Charlie Hebdo ha atacado más que a las razas no europeas es, precisamente, a los europeos racistas. He tratado de buscar, en vano, alguna caricatura de Charlie Hebdo contra la inmigración o el multiculturalismo. En cambio sí veo fuertes caricaturas contra Le Pen y el Frente Nacional, o contra Romney y sus políticas migratorias propuestas en el pasado debate presidencial en los EE.UU. Y por ello mismo, pensar en que Charlie Hebdo representa a la arrogancia colonial es mear fuera del tiesto.

El concepto de tolerancia o intolerancia es un poco más complejo y depende mucho de cómo definamos esos términos. En física e ingeniería, la tolerancia es la capacidad de un objeto de resistir una condición extrema conservando sus propiedades. Extrapolado a las ciencias sociales, la tolerancia consiste en no inmutarse o en poderse recuperar frente a una idea opuesta o un comportamiento indeseado. Uno no tolera las cosas que uno acepta de los demás, sino las cosas que uno no acepta pero que soporta. Así, la intolerancia puede ser vista como poner un límite en lo que uno está dispuesto a soportar; pero hay una gran diferencia en cómo se establece ese límite: buscando la eliminación del comportamiento indeseado o denunciándolo.

Tanto la derecha francesa (y, en general toda su clase política) como el islam, el vaticano, el estado de Israel, etc. están llenos de comportamientos e ideas que muchas personas consideran indeseables. Uno de esos comportamientos es, precisamente su incapacidad de aceptar a los demás. Muchas de las caricaturas de Charlie Hebdo claramente provocan al mostrar personas de ideologías opuestas aceptándose: como la portada del primero de noviembre de 2011, justo después del primer atentado que sufrieron, donde un caricaturista de Charlie Hebdo se besa con un musulmán bajo la leyenda de que el amor es más fuerte que el odio, o el 19 de septiembre de 2012 donde un judío ortodoxo empuja a un viejo musulmán mientras dicen que de eso no se deben burlar.

La intolerancia expuesta en las caricaturas de Charlie Hebdo es denunciar las ideas enquistadas en el islamismo, en el Vaticano, en las derechas francesas, estadounidenses o israelíes, etc. que impiden la convivencia. Es la intolerancia a la intolerancia. Pero Gutiérrez Dantón sólo ve que hay caricaturas contra el islam y simplemente asume que es intolerancia contra los árabes.

Guitiérrez Dantón sigue, más adelante:

No me identifico con la representación degradante y “caricaturesca” que hace del mundo islámico, en plena época de la llamada “Guerra contra el Terrorismo”, con toda la carga racista y colonialista que esto conlleva.

Mi primera cruzada.

Mi primera cruzada.

Sí. Sin duda muchos de los que promueven la “Guerra contra el Terrorismo” son racistas y colonialistas; aunque creo que más que racistas son xenófobos, aunque también hay una simplificación grande en ello. Pero Charlie Hebdo también ha sido crítico de la guerra contra el terrorismo, como lo muestra en su libro Ma première croisade, una biografía de George Bush dibujada por Riss y publicada por Charlie Hebdo.

Entonces tenemos un sector de la población que, simplificable bajo epitetos de xenofobia y colonialismo, se enfrentan a los Taliban, Al-Qaeda, Gadafi y el Estado Islámico con el apoyo de los gobiernos de Paquistán, Arabia Saudita, algunas fracciones de la Hermandad Musulmana, etc. y por causa de ellos no nos es permitido caricaturizar la intolerancia musulmana. Ese modo de pensar es, para mí, un pusilanismo izquierdoso pendejo. El mismo tipo de pusilanismo izquierdoso por el cual el partido comunista francés, durante la drôle de guerre (el período entre la declaración de guerra de Francia al tercer Reich y la invasión del Reich a Francia) saboteó, bajo órdenes de Moscú, el esfuerzo bélico francés contra Hitler: inventarse enemigos y aliados que ni siquiera corresponden a su afinidad política.

No puedo ver con buena cara esa constante agresión simbólica que tiene como contrapartida una agresión física y real, mediante los bombardeos y ocupaciones militares a países pertenecientes a este horizonte cultural.

Sí, porque claramente Charlie Hebdo no es más que la cara presentable de la derecha occidental que bombardea y ocupa al medio oriente. Salvo porque no son una cara presentable y no tienen nada de derecha. Querer ver una contrapartida ahí es equivocar aliados y enemigos, nuevamente.

Tampoco puedo ver con buenos ojos estas caricaturas y sus textos ofensivos, cuando los árabes son uno de los sectores más marginados, empobrecidos y explotados de la sociedad francesa, (…)

Salvo porque las caricaturas no son contra los árabes y argelinos que viven en Francia: son contra el Islam y algunas de sus ideas. Y no ver eso, o no querer ver eso es pendejada. El resto del párrafo es la misma bobada.

Más adelante continúa Gutiérrez Dantón:

No me olvido de la carátula del N°1099 de Charlie Hebdo, en la cual se trivializaba la masacre de más de mil egipcios por una brutal dictadura militar, que tiene el beneplácito de Francia y de EEUU, mediante una portada que dice algo así como “Matanza en Egipto. El Corán es una mierda: no detiene las balas”.

Esto fue el 10 de julio de 2013 en referencia a los enfrentamientos en el cuartel de la Guardia Republicana, el 8 de julio, entre seguidores del depuesto presidente Morsi y las fuerzas militares egipcias, en el que murieron 51 manifestantes y más de cuatrocientos fueron heridos.

Árabes pertenecientes a la Hermandad Musulmana pro-Morsi, quien estaba buscando la islamización de Egipto, se enfrentaron contra árabes de las fuerzas armadas egipcias quienes, en ese momento, por el ultraconservador partido islamista Al-Nour, así como grupos seculares árabes y los coptos.

Sí. Tal vez Charlie Hebdo trivializó los eventos, en los cuales las fuerzas armadas egipcias se excedieron en la respuesta en fuerza a una toma a los cuarteles de la Guardia Republicana. Fácilmente yo veo un mensaje ahí: la religión no sirve de escudo. El mensaje puede no haber sido oportuno ahí. Pero querer ver eso como un enfrentamiento cultural entre la Francia blanca y los árabes es permanecer miope por nuestros propios juicios previos.

(…) ¿Qué ocurriría si yo hiciera ahora una revista cuya portada tuviera el siguiente lema: “Matanza en París. Charlie Hebdo es una mierda: no detiene las balas” e hiciera una caricatura del fallecido Jean Cabut acribillado con una copia de la revista en sus manos?

Hágala.

¡Oh! En Pelusa Radical ya la hicieron.

¡Oh! En Pelusa Radical ya la hicieron.

Yo estoy ejerciendo mi derecho a la libre expresión escribiendo esta respuesta y defendiendo el derecho de Gutiérrez Dantón de escribir lo que quiera, así me parezca estúpido, y de hacer la caricatura que le plazca. Creeré que es de mal gusto, como creo que muchas de las caricaturas de Charlie Hebdo son de mal gusto. Tal vez me sienta ofendido, como me ofenden muchas de las caricaturas de Charlie Hebdo. Pero es algo que, creo, el propio Cabut habría defendido.

Porque de eso se trata cuando yo digo que Je suis Charlie. No se trata de decir que estoy de acuerdo con todo lo que Charlie Hebdo ha hecho o publicado sino que hoy, tal vez aun con la sangre caliente de los hechos ocurridos y la seguridad que me otorga Internet, digo que defiendo el derecho de ridiculizar y ser ridiculizado y de no tener a ninguna idea por intocable, bien sea por temor y pusilanimería, bien sea por que me identifico con ellas.

Cuatro temas

Tema uno: La libertad de expresión.

People have rightsCuando replico una imagen que dice que las personas tienen derechos y las ideas no, también quiero decir que las personas tienen dignidad y merecen un respeto intrínseco que las ideas no merecen. Las personas deben estar por encima de las ideas. La libertad de poder criticar una idea es lo que permite que una idea no esté por encima de la dignidad humana.

Muchas veces nos identificamos con lo que pensamos. Dejamos que nuestras ideas se conviertan en nosotros y si alguien critica o intenta ridiculizar esa idea sentimos como si fuera una afrenta personal. Pero en el momento en el que dejo que eso pase, en el momento en el que crea que es un irrespeto conmigo cuando alguien critica o se burla de mi idea, estoy poniendo esa idea por encima de mi mismo. Estoy cediendo mi dignidad como persona a esa creencia.

Pero bien. La libertad de expresión es una idea. La tesis de que las ideas no tienen derecho es una idea. La propuesta de que no debo anteponer mis creencias a mi mismo es una idea. Y si he de ser consecuente estas ideas deben ser libres de ser escrutadas, ridiculizadas y probadas.

La libertad de expresión es un vehículo para que el mal gusto, la ofensa y la irresponsabilidad se propaguen. Hacer apología del nazismo, contar chistes racistas, promover ideas sexistas o denigrar de la honra de una persona estarían cobijados por la libertad de expresión. Por otro lado, la libertad de expresión es también el vehículo para contrarrestar esas apologías, criticar el chiste racista, exponer el sexismo de las ideas y defender a la persona denigrada.

Cada uno de nosotros cree que sus creencias son las correctas. Si no lo creyéramos es porque creemos otra cosa. Pero si todos creemos algo diferente y todos creemos estar en lo cierto, necesariamente varios de nosotros estaremos errados.

Cuando justifico la censura, generalmente estoy justificando restringir la libertad de expresión de quien no piensa como yo. ¿Pero si soy yo el equivocado? Así yo crea estar en lo correcto, así yo crea que la idea expresada por el otro es perniciosa, entonces cuando cayo a los demás o justifico que los callen, nunca podré saber cuando yo soy el equivocado.

Tal vez mi defensa a la libertad de expresión sea la idea equivocada, y por ello defenderé tu derecho a que intentes convencerme. Y ejerceré mi derecho a intentar convencerte.

Tema dos: libertad.

LibertinajeUno de los temas que me inculcaron en el colegio es que libertad no es libertinaje. La libertad no es poder hacer lo que se me de la gana, sino que hay ciertas limitaciones. La libertad consiste en poder escoger dentro de esas limitaciones (que, por lo general, incluyen el respeto a la libertad de los otros.)

Toda decisión es limitante.

Si voy a un restaurante y en la carta ofrecen bandeja paisa y cocido boyacence, si pido la bandeja no habré disfrutado el cocido. Y viceversa. O puedo pedir los dos, lo cual limita luego mi presupuesto para el postre.

Algunas decisiones limitan más que otras.

Si tengo una entrega para mañana, puedo decidir hacerla o descansar. Si decido descansar y no entrego el compromiso, perderé mis estudios o a mi cliente, lo cual limita mi futuro profesional y mi capacidad de tener opciones para elegir en un futuro.

Así las cosas, si yo evito que alguien tome malas decisiones estoy limitando su libertad hoy para garantizar su libertad mañana.

Regreso al restaurante y a su carta. Me dicen que la bandeja paisa es un delicioso manjar que combina la exquisitez de una fruta como el aguacate, el valor nutricional de las legumbres y cereales, la maravilla nutritiva del plátano maduro, un delicado embutido, la exoticidad de la carne en polvo y todo coronado de un fenomenal cuero procesado de cerdo mientras que el cocido boyacence son unas insípidas raíces ahí desleídas en agua en una olla; hay claramente una intención de guiar mi selección. La forma como se me manipula o esconde información es una forma de coartar mi libertad.

Cuando un mismo tipo de personas producen la prensa, la televisión y están a cargo del gobierno, tienen toda la posibilidad de limitar y manipular la información para inducir al pueblo a tomar ciertas decisiones; y así las decisiones de este pueblo dejan de ser libres. Poner a todas las personas y a todas las posibles alternativas en igualdad de condiciones otorga, entonces, una mayor libertad. Así se coarte la libertad del que quiere manipular.

Realmente no hay una sola forma de ver a la libertad. Es por ello que desde la izquierda y desde la derecha, ambos dicen defender la libertad que el otro coarta. El ateo se siente libre de las imposiciones de las religiones mientras que el cura o el pastor pregona que sólo Dios nos lleva a ser realmente libres.

Probablemente todos son sinceros en que están promoviendo la libertad. Sólo que cada uno define la libertad de forma diferente.

Tema tres: el islam cómplice.

KabaaTal vez en mi artículo de ayer dije una inexactitud: que todo musulmán sabe que el extremista está cumpliendo un mandato coránico.

El corán conmina a hacer la paz cuando la paz es posible. También llama a hacer la guerra cuando la paz es amenazada. Conmina a convivir con el infiel (pagano, cristiano, judío, ateo; aunque dice preferir a las religiones del libro: cristianismo y judaísmo) cuando la convivencia es posible y obliga a convertir al infiel cuando sea necesario para asegurar la convivencia. Determinar cuando es posible la paz y la convivencia es cuestión de interpretación.

Pero hay dos mil millones de musulmanes, y es irresponsable pensar que todos piensan igual. Muchos de esos musulmanes son sólo nominalmente musulmanes que viven su vida diaria sin pensar constantemente en Dios y en el profeta. Probablemente ni siquiera crean, o la cuestión de si creen o no es irrelevante. Algunos podrían ser incluso ateos, pero no apostatan por temor o costumbre. Otros viven su religión en el fuero privado. Creen, tal vez no en todos los preceptos del Islam, pero al menos en la existencia de un ser superior que da sentido a sus vidas; y oran o meditan de acuerdo a su formación musulmana. Otros se adhieren a una de las muchas escuelas y conocen y pregonan su fe. Muchos la estudian a fondo. Otros se ven en misión de obedecer lo que el corán ordena hacer cuando la fe es atacada; cuando la convivencia y la paz no es posible (porque creen que la convivencia y la paz no está siendo posible).

Estos últimos, los yihadistas, son los autores materiales de las atrocidades del Islam.

Y muchos musulmanes los condenan. Muchos musulmanes no se identifican con los yihadistas, bien porque creen que la convivencia y la paz es posible y es un mandato de nuestros tiempos, bien porque en el fondo reconocen que el corán no es una excusa para la barbarie mientras que rescatan el valor espiritual, la guía o el sentido de vida del ser superior en el que creen.

Pero otros muchos musulmanes que tampoco son yihadistas piensan distinto. No se identifican con los yihadistas. No los apoyan. No creen que los yihadistas le estén haciendo un bien a su religión y a sos correligionarios. Pero saben lo que el corán dice y saben que, de una forma u otra, el yihadista tiene razón.

Cientos de millones de musulmanes se sienten más ofendidos por los yihadistas que por las caricaturas de Mahoma. Otros cientos de millones saben que la sangre es el precio que debieron pagar quienes caricaturizaron a su profeta, así no sean ellos mismos yihadistas.

¿Cuántos? No sé. ¿Cuál es la mayoría entre esos dos grupos? No lo sé.

Pero encuestas que se han realizado en el Reino Unido muestran que si bien la mayoría de musulmanes viviendo allá no son yihadistas, la mayoría creen que los yihadistas están cumpliendo con los mandatos del corán.

Cuarto tema: el buen cristiano.

MegaiglesiaSi tomamos cualquier medio internacional de noticias, la gran mayoría de actos atroces producidos por la religión son causados por musulmanes.

No todos.

Las acciones de Israel contra Hamás. La violencia en Myanmar perpetradas por budistas contra sus minorías musulmanas. Los linchamientos de homosexuales y cazas de niños brujos en el África cristiana, son algunos ejemplos de actos violentos perpetrados bajo una excusa más o menos religiosa. Están además todos los actos violentos cometidos por creyentes de una u otra religión (o no creyentes) pero que no se esconden en un pretexto religioso.

Pero la mayoría de los actos atroces que con pretexto religioso pululan en las noticias, vienen del islam.

Esto genera la creencia de que el cristianismo, si bien en su pasado tiene a las Cruzadas y a la Inquisición, y la quema de brujas en los países protestantes, son actos del pasado. Que el cristianismo de hoy ya superó esa etapa de violencia y que los únicos violentos son los musulmanes. El cristianismo no es tan malo como el islam.

Lo he visto más en los evangélicos que en otros protestantes o en los católicos, probablemente por la concepción teológica de que la salvación se da exclusivamente por la gracia de Dios con la aceptación de Jesús como señor y salvador.

Dentro de esa teología, un infiel, por ejemplo un ateo, que vive justamente, hace actos de caridad, salva vidas, no es egoísta y en general cumple todas las obras de una persona buena pero no acepta a Jesús, terminará en el infierno. Que lo crea, vaya y venga. Es parte de sus creencias, de sus ideas.

Por otro lado tal cristiano cree que Dios es omnibenevolente. Dios es todo amor y que es por amor que nos envía a los ateos al infierno. Perdón. Dios no nos envía al infierno. Dios quiere nuestra salvación, pero somos nosotros, por no creer, quienes merecemos el infierno.

Que de una forma u otra pueda hacer la gimnasia mental para creer que su Dios es bueno por enviar a la mayoría de su creación a la condenación eterna, vaya y venga.

Pero en muchos de ellos he notado cierta complacencia con sigo mismos, cierto deseo, de querer ver a todos los infieles en el infierno.

Es ahí, en esa actitud, donde no veo diferencia entre la mentalidad de este cristiano y la mentalidad de un musulmán yihadista. Y si bien es más común en los cristianos evangélicos, también la he percibido en otros protestantes y en católicos.

La mentalidad es la misma. La diferencia es que el uno me disparará con una kalisnikova mientras el otro solo deseará que su dios lo haga.

La religión de la paz

Haber hecho parte del debate religioso-ateo en un país mayoritariamente católico y un contexto mayoritariamente cristiano me ha expuesto a todo tipo de críticas a la iglesia y al cristianismo. Cuando niño, cuando creía que todos los colombianos eramos católicos, no era extraño escuchar críticas hacia la curia, hacia la iglesia o, incluso, hacia la religión y hacia Dios; muchas proferidas por personas que eran nominalmente católicos. Muchas veces me sentí ofendido por tales críticas pero, por otro lado, eran tan normales que nunca esa ofensa se convirtió en un dolor del alma que sólo pudiere ser reivindicado por la sangre.

Je sui CharlieHoy, mucho ha pasado, mucho he aprendido sobre el mundo y sobre mí mismo. Aprendí que no solo no todos los colombianos eran católicos sino que yo mismo tampoco lo soy y últimamente he estado inmerso en el debate entre religión y ateísmo, expuesto a los buenos y malos argumentos de cada una de las partes.

A veces aun me siento ofendido por uno que otro ataque al catolicismo, particularmente cuando siento que es un ataque injusto o estereotípicamente facilista. Pero he visto todo tipo de burlas, caricaturas y ataques al cristianismo y cómo, en la mayor parte de los casos, los cristianos pueden sentirse ofendidos o no pero basta. Pocas veces he visto que los cristianos ofendidos promuevan leyes para meter en la cárcel a esos infieles blasfemos, o envíen amenazas de muerte a los directores de medios que publican esas ofensas.

La religión y la iglesia ha sido blanco de burla hasta por sus propios fieles que ofenderse no tiene mayor sentido para los cristianos mismos.

Hoy sería impensable que en un país como el Reino Unido o como Suecia, un cristiano ofendido demandara a un caricaturista, o sea absuelto por el homicidio de un ateo que critique al cristianismo. Sería impensable que en sus parlamentos cursara una ley antiblasfemia que acalle la libertad de expresión de quien quiera burlarse de la religión.

Y me parece bien. Creo en la libertad de expresión, tal cual la pensaron los pensadores franceses de la ilustración y la plasmaron los padres fundadores de los Estados Unidos en su constitución. Cuando me defino como liberal es porque me identifico con los derechos y libertades civiles: libertad de culto, libertad de conciencia, libertad de expresión, libertad de empresa, libertad de asociación, libertad de trabajar en mi oficio, de desplazarme a donde quiero o necesito, etc. Sí, también la libertad de ofender y de sentirme ofendido.

En contraste hay otras personas que creen que sí debería haber leyes antiblasfemia. Que creen que su religión es tan sagrada que el estado civil debería tener la obligación de protegerlos. Que creen que la nación debe estar consagrada a Dios y la legislación debe ir de la mano de los preceptos de su fe. Las libertades y derechos civiles deben estar supeditados a lo que la iglesia o la biblia indique. Son personas con el poder suficiente de evitar que se reconozca el matrimonio igualitario o se legalice el aborto, pero ya no con el poder de ir en contra de la libertad de expresión.

Estas personas, usualmente llamadas conservadores porque prefieren la conservación de un status quo sobre las libertades civiles, suelen identificarse con una religión que en estos países suele ser el cristianismo o, más específicamente, el catolicismo.

Pero no sólo los liberales (quienes defendemos los derechos y libertades civiles) se oponen al conservadurismo. El comunismo, entre otras muchas y posibles ideologías, también se oponen al status quo conservador, no en defensa de las libertades sino en la imposición de un status quo diferente.

El Islam es una religión mayoritaria en varios países, pero minoritaria en Colombia, Estados Unidos y Europa. Los conservadores cristianos en estos países (aunque en Colombia son tan pocos los musulmanes que no son realmente relevantes dentro de la discusión pública), se oponen al Islam. Finalmente cristianismo e islam han estado enfrentados desde el principio. Si repasamos nombres de lugares geográficos en el nuevo testamento y el cristianismo primitivo: Efeso (de las cartas paulinas), Esmirna (cuna de Papá Noel), Nicea (primer concilio cristiano), etc. veremos una cantidad de lugares que hoy son de mayoría musulmana. Los conservadores en EE.UU. se identifican con el libre mercado, el nacionalismo y el imperialismo económico yanqui y todo ello es algo que ofende, per se, a ciertos grupos islámicos, de ahí el 11-S. Y tras el 11-S, esos mismos conservadores cristianos estadounidenses no piensan callar en impedir que el islam se tome a su nación. Esa mezcla de nacionalismo y cristianismo con valores conservadores se da en el Reino Unido y otros países europeos, formando partidos políticos minoritarios pero vociferantes que odian al Islam y odian a las feministas, y odian a los inmigrantes y particularmente odian a los inmigrantes musulmanes y detestan a los homosexuales, etc. Nacionalismo, xenofobia, racismo, conservadurismo religioso y otras características van de la mano en estos partidos y sus seguidores.

Entonces les introduzco a los progresistas. Usaré ese término aunque no faltará quien diga que lo estoy usando mal. El progresista, en su origen, es alguien que busca la igualdad tal cual lo interpreta un comunista: igualdad sin oligarquías; pero no participa de la toma violenta del poder que propone un comunista, sino de una toma progresiva (de ahí su nombre). Si hay una minoría que no goza de plena libertad, entonces esa es su causa. Por ejemplo, la minoría de las mujeres (51% de la población) debe ser protegida por leyes como las cuotas políticas. La minoría de los homosexuales (así que apoyamos el matrimonio igualitario). La minoría de los no cristianos (no importa si son ateos, paganos o musulmanes). La minoría de los toros de lidia. Desde luego que el término termina abarcando casi toda causa que se oponga al status quo; todo agrupado bajo el término de justicia social.

Y desde luego que los progresistas se oponen a los conservadores.

Y como los liberales se oponen a los conservadores, entonces liberales y progresistas son una misma cosa.

El Islam en el Reino Unido, en Suecia y en otros países europeos donde reina cierto pensamiento progresista, se ha enquistado. Llegan como minorías perseguidas, y gracias a los conservadores que se oponen a ellos son protegidos por los progresistas. Los conservadores, sin miedo a lo que los progresistas piensen, seguirán atacando lo que vean mal del islam, sea verdadero o sea falso. Pero quien pretende ser ecuánime no puede criticar a esa pobre minoría. Sí, una minoría donde la gran mayoría no tiene problemas en respetar las leyes civiles del país que los acoge y de gozar de las libertades y derechos civiles, como la libertad de culto o la libertad de expresión. Pero una minoría cuya gran mayoría está entre el dilema de occidentalizarse o preservar los mandatos de su fe.

Hay dos corrientes principales del Islam. Todos reconocen al Corán, el libro del profeta, como su máxima guía. Adicionalmente existe una recopilación de historias sobre la vida de Mahoma (el profeta), llamadas las sunas. La mayoría de los musulmanes consideran que la vida de Mahoma es ejemplar y por lo tanto reconocen a las sunas como parte de su tradición: son los sunitas. Una fracción minoritaria (pero mayoritaria en Irán) no aceptan las sunas, pero claman la sucesión de Mahoma en Alí, son los chiitas. Dentro del islam, y particularmente dentro del sunismo, existen varias escuelas filosóficas. Una de las razones de tales escuelas es interpretar el Corán. Como todo texto antiguo (y la biblia cristiana no es excepción), lo que un autor quiso decir en su época no necesariamente corresponde con lo que un lector casual interpretaría. Muchos estudiosos dentro del Islam y el cristianismo se dedican a estudiar cual es la verdadera interpretación a la luz de los tiempos. Pero las escuelas filosóficas del Islam se consolidaron cuando la expansión del Islam las puso en contacto con la tradición filosófica griega.

Vœux.

Deseos. A al-Baghdadi también: “y sobre todo la salud.”

Un clérigo musulmán del siglo XVIII, llamado Wahhab, consideró que las escuelas filosóficas eran una tradición foránea al islam y propuso que debían ser abandonadas en recuperación de una forma más pura de sumisión. Un caso extremo de wahhabismo es el Estado Islámico quien considera que es un mandato islámico decapitar a todo el que no sea un buen musulmán. Incluyendo chiitas y sunnitas que se adhieren a escuelas filosóficas.

Sunitas, chiitas y wahhabitas tienen algunas cosas en común. El Corán es un mandato. El Corán obliga al buen musulmán a convivir con los extranjeros en paz cuando lo dejan vivir en paz, pero también obliga al buen musulmán a combatir y expandir el islam cuando la paz no es posible. Lo que no dice el Corán es cuando se dan las condiciones de uno u otro.

En el islam hay varios tipos de obligaciones. Algunas las debe cumplir todo buen musulmán, tales como orar cinco veces al día y guardar el ayuno durante el ramadán. Otras, como defender la fe, no tienen que ser ejecutadas personalmente, siempre y cuando alguien más lo haga.

Esto quiere decir que si un caricaturista ofende al islam, un buen musulmán no está obligado a matar al caricaturista, siempre y cuando otro buen musulmán lo haga.

Estoy casi seguro que la gran mayoría de musulmanes que viven en Europa occidental, no harían ni promoverían un atentado como el de esta mañana contra Charlie Hebdo. Pero esa gran mayoría saben que eso es parte del mandato del Corán y no pueden rechazarlo aunque quisieran.

Mis principios liberales me llevan a ser firme en mi condena a este ataque y en defensa de la libertad de expresión. No puedo ser un progresista pusilánime justificando que Charlie Hebdo ofendió a una minoría y que hay límites que no se deben cruzar. Menos puedo ser un conservador complaciente de que los musulmanes tuvieron las agallas que por ley no pueden tener los cristianos de vengar las blasfemias del semanario francés.

Ejemplo de portada de Charlie Hebdo.

Ejemplo de portada de Charlie Hebdo.

No vengan ahora los islamistas a decir el el islam es la religión de la paz y que no debo juzgar a todos los musulmanes por lo que unos cafres hacen, a menos que ellos, en su gran mayoría, sean capaces de decir públicamente que la ley francesa que le otorgaba a Charlie Hebdo su derecho a la libertad de expresión prima sobre los mandatos del Corán. Si no son capaces de decirlo que no se vengan a lavar las manos y que ni progresistas ni conservadores cristianos se hagan los de la vista gorda justificando a la religión de la paz.

Y la madre a cualquier progresista que crea que no ofender debe ser un mandato.