Un pez viendo el agua

Wat Suan Dok

Wat Suan Dok, primer templo visitado y un dejavu a los templos japoneses con un feeling de templo católico.

Puedo ver un contraste en la forma como se vive el budismo en Tailandia frente a lo que vi en Japón; pero dado que no investigué a fondo, probablemente mi percepción esté bastante desfasada de la realidad.

Crecí en un país mayoritariamente católico, cuando aún el catolicismo era la religión oficial y había un concordato con la Santa Sede. En ese sentido, por lo general se daba por contado que tu vecino o el extraño en la calle era católico y la mayor diferencia era qué tan devoto era cada quien. Desde la beata rezandera que iba cinco veces por semana a misa, hasta el que nunca asistía y hablaba mal de los curas. Lo que cada persona en particular creyera sobre cosmología o teología era irrelevante: todos eramos católicos.

Wat Phra That Doi Suthep

Wat Phra That Doi Suthep. Mientras unos toman fotos, otros van en procesión recitando oraciones y dando vueltas al monumento central.

Salvo la región sur de Tailandia donde hay importantes grupos musulmanes, y pequeñas minorías cristianas salpicando la geografía, en Tailandia todos son budistas. Y todos son budistas como en Colombia eramos católicos. Algunos muy devotos y otros que viven como si la religión no existiera o no fuera importante. A la hora de la verdad, y mientras no se ofendan los símbolos o las creencias, a nadie le importa si el otro cree más o menos o si es o no un budista de verdad.

Estar entre los templos de Tokyo, Kyoto o Kamakura siento que prima el espacio sobre la gente. Muchos de quienes van lo hacen con devoción para pedir o pagar favores a los espíritus, para meditar u orar. Otros, incluyendo muchos japoneses, van para admirar el espacio, la arquitectura o las obras de arte que se exponen; y usualmente convive el respeto entre el turista y devoto. Algo parecido se nota en los templos tailandeses, pero la gente se siente más que los espacios. En algunos aspectos me sentía como cuando uno recorre iglesias turísticas en el sur de Europa o Colombia, donde la devoción y el turismo se agolpan en un mismo espacio.

Altar en el hotel

Altar en el hotel. Se observa cómo dejan ofrendas en monedas, collares hechos con billetes tejidos y comida.

Creo que lo que quiero decir es que en Tailandia, la práctica budista me recuerda mucho del catolicismo popular. Ese catolicismo que para muchos protestantes ni siquiera es cristiano, sino que está lleno de imágenes de santos, ofrendas para pedir favores, rezos y manifestaciones físicas y públicas; tal vez cierta dosis de paganismo disfrazado de monoteísmo; y que no es algo que recuerde haber vivido o sentido en Japón, aún en sus templos, donde la manifestación religiosa más parece un ritual de vida, como el rito del té o los saludos elaborados entre amigos.

Personalmente me gusta observar la expresión cultural que se manifiesta en los rituales religiosos, mientras estos no maltraten a otras personas. Cuando asumí mi irreligiosidad no lo hice porque los dioses me cayeran en desgracia o porque detestara la práctica religiosa, sino porque no concibo lo sobrenatural como una necesidad para entender el mundo y porque el dios que por muchos años intentaron explicarme siempre fue para mí una variable más que hoy veo redundante.

Common respect... to Buddha

Common respect… to Buddha. Un pedido a respetar la sensibilidad religiosa y no usar imágenes de Buda como decoración.

Veo la expresión religiosa como una expresión cultural. Y como toda expresión cultural, hay cosas que me disgustan, tales como las corridas de toros, y cosas que gustan. Cosas que me parecen pintorescas y cosas que me parecen necesarias como aglutinante social. Bien sea el budismo al estilo tailandés o el catolicismo al estilo colombiano; bien sea el cristianismo evangélico o el luteranismo sueco; bien sea el islam o el budismo japonés, encuentro algo fascinante en la religión y la religiosidad independientemente de que no crea en sus dogmas.

Finalmente la vida no se trata de probar que lo que creo es más o menos cierto de lo que creen los demás. Es vivir, es sentir la experiencia e interpretarla de acuerdo a cómo hemos aprendido a interpretar las cosas. A pesar de todos los problemas que veo que las religiones causan, creo que es algo tan integral a la cultura humana que no soñaría con abolirla.

Cuatro temas

Tema uno: La libertad de expresión.

People have rightsCuando replico una imagen que dice que las personas tienen derechos y las ideas no, también quiero decir que las personas tienen dignidad y merecen un respeto intrínseco que las ideas no merecen. Las personas deben estar por encima de las ideas. La libertad de poder criticar una idea es lo que permite que una idea no esté por encima de la dignidad humana.

Muchas veces nos identificamos con lo que pensamos. Dejamos que nuestras ideas se conviertan en nosotros y si alguien critica o intenta ridiculizar esa idea sentimos como si fuera una afrenta personal. Pero en el momento en el que dejo que eso pase, en el momento en el que crea que es un irrespeto conmigo cuando alguien critica o se burla de mi idea, estoy poniendo esa idea por encima de mi mismo. Estoy cediendo mi dignidad como persona a esa creencia.

Pero bien. La libertad de expresión es una idea. La tesis de que las ideas no tienen derecho es una idea. La propuesta de que no debo anteponer mis creencias a mi mismo es una idea. Y si he de ser consecuente estas ideas deben ser libres de ser escrutadas, ridiculizadas y probadas.

La libertad de expresión es un vehículo para que el mal gusto, la ofensa y la irresponsabilidad se propaguen. Hacer apología del nazismo, contar chistes racistas, promover ideas sexistas o denigrar de la honra de una persona estarían cobijados por la libertad de expresión. Por otro lado, la libertad de expresión es también el vehículo para contrarrestar esas apologías, criticar el chiste racista, exponer el sexismo de las ideas y defender a la persona denigrada.

Cada uno de nosotros cree que sus creencias son las correctas. Si no lo creyéramos es porque creemos otra cosa. Pero si todos creemos algo diferente y todos creemos estar en lo cierto, necesariamente varios de nosotros estaremos errados.

Cuando justifico la censura, generalmente estoy justificando restringir la libertad de expresión de quien no piensa como yo. ¿Pero si soy yo el equivocado? Así yo crea estar en lo correcto, así yo crea que la idea expresada por el otro es perniciosa, entonces cuando cayo a los demás o justifico que los callen, nunca podré saber cuando yo soy el equivocado.

Tal vez mi defensa a la libertad de expresión sea la idea equivocada, y por ello defenderé tu derecho a que intentes convencerme. Y ejerceré mi derecho a intentar convencerte.

Tema dos: libertad.

LibertinajeUno de los temas que me inculcaron en el colegio es que libertad no es libertinaje. La libertad no es poder hacer lo que se me de la gana, sino que hay ciertas limitaciones. La libertad consiste en poder escoger dentro de esas limitaciones (que, por lo general, incluyen el respeto a la libertad de los otros.)

Toda decisión es limitante.

Si voy a un restaurante y en la carta ofrecen bandeja paisa y cocido boyacence, si pido la bandeja no habré disfrutado el cocido. Y viceversa. O puedo pedir los dos, lo cual limita luego mi presupuesto para el postre.

Algunas decisiones limitan más que otras.

Si tengo una entrega para mañana, puedo decidir hacerla o descansar. Si decido descansar y no entrego el compromiso, perderé mis estudios o a mi cliente, lo cual limita mi futuro profesional y mi capacidad de tener opciones para elegir en un futuro.

Así las cosas, si yo evito que alguien tome malas decisiones estoy limitando su libertad hoy para garantizar su libertad mañana.

Regreso al restaurante y a su carta. Me dicen que la bandeja paisa es un delicioso manjar que combina la exquisitez de una fruta como el aguacate, el valor nutricional de las legumbres y cereales, la maravilla nutritiva del plátano maduro, un delicado embutido, la exoticidad de la carne en polvo y todo coronado de un fenomenal cuero procesado de cerdo mientras que el cocido boyacence son unas insípidas raíces ahí desleídas en agua en una olla; hay claramente una intención de guiar mi selección. La forma como se me manipula o esconde información es una forma de coartar mi libertad.

Cuando un mismo tipo de personas producen la prensa, la televisión y están a cargo del gobierno, tienen toda la posibilidad de limitar y manipular la información para inducir al pueblo a tomar ciertas decisiones; y así las decisiones de este pueblo dejan de ser libres. Poner a todas las personas y a todas las posibles alternativas en igualdad de condiciones otorga, entonces, una mayor libertad. Así se coarte la libertad del que quiere manipular.

Realmente no hay una sola forma de ver a la libertad. Es por ello que desde la izquierda y desde la derecha, ambos dicen defender la libertad que el otro coarta. El ateo se siente libre de las imposiciones de las religiones mientras que el cura o el pastor pregona que sólo Dios nos lleva a ser realmente libres.

Probablemente todos son sinceros en que están promoviendo la libertad. Sólo que cada uno define la libertad de forma diferente.

Tema tres: el islam cómplice.

KabaaTal vez en mi artículo de ayer dije una inexactitud: que todo musulmán sabe que el extremista está cumpliendo un mandato coránico.

El corán conmina a hacer la paz cuando la paz es posible. También llama a hacer la guerra cuando la paz es amenazada. Conmina a convivir con el infiel (pagano, cristiano, judío, ateo; aunque dice preferir a las religiones del libro: cristianismo y judaísmo) cuando la convivencia es posible y obliga a convertir al infiel cuando sea necesario para asegurar la convivencia. Determinar cuando es posible la paz y la convivencia es cuestión de interpretación.

Pero hay dos mil millones de musulmanes, y es irresponsable pensar que todos piensan igual. Muchos de esos musulmanes son sólo nominalmente musulmanes que viven su vida diaria sin pensar constantemente en Dios y en el profeta. Probablemente ni siquiera crean, o la cuestión de si creen o no es irrelevante. Algunos podrían ser incluso ateos, pero no apostatan por temor o costumbre. Otros viven su religión en el fuero privado. Creen, tal vez no en todos los preceptos del Islam, pero al menos en la existencia de un ser superior que da sentido a sus vidas; y oran o meditan de acuerdo a su formación musulmana. Otros se adhieren a una de las muchas escuelas y conocen y pregonan su fe. Muchos la estudian a fondo. Otros se ven en misión de obedecer lo que el corán ordena hacer cuando la fe es atacada; cuando la convivencia y la paz no es posible (porque creen que la convivencia y la paz no está siendo posible).

Estos últimos, los yihadistas, son los autores materiales de las atrocidades del Islam.

Y muchos musulmanes los condenan. Muchos musulmanes no se identifican con los yihadistas, bien porque creen que la convivencia y la paz es posible y es un mandato de nuestros tiempos, bien porque en el fondo reconocen que el corán no es una excusa para la barbarie mientras que rescatan el valor espiritual, la guía o el sentido de vida del ser superior en el que creen.

Pero otros muchos musulmanes que tampoco son yihadistas piensan distinto. No se identifican con los yihadistas. No los apoyan. No creen que los yihadistas le estén haciendo un bien a su religión y a sos correligionarios. Pero saben lo que el corán dice y saben que, de una forma u otra, el yihadista tiene razón.

Cientos de millones de musulmanes se sienten más ofendidos por los yihadistas que por las caricaturas de Mahoma. Otros cientos de millones saben que la sangre es el precio que debieron pagar quienes caricaturizaron a su profeta, así no sean ellos mismos yihadistas.

¿Cuántos? No sé. ¿Cuál es la mayoría entre esos dos grupos? No lo sé.

Pero encuestas que se han realizado en el Reino Unido muestran que si bien la mayoría de musulmanes viviendo allá no son yihadistas, la mayoría creen que los yihadistas están cumpliendo con los mandatos del corán.

Cuarto tema: el buen cristiano.

MegaiglesiaSi tomamos cualquier medio internacional de noticias, la gran mayoría de actos atroces producidos por la religión son causados por musulmanes.

No todos.

Las acciones de Israel contra Hamás. La violencia en Myanmar perpetradas por budistas contra sus minorías musulmanas. Los linchamientos de homosexuales y cazas de niños brujos en el África cristiana, son algunos ejemplos de actos violentos perpetrados bajo una excusa más o menos religiosa. Están además todos los actos violentos cometidos por creyentes de una u otra religión (o no creyentes) pero que no se esconden en un pretexto religioso.

Pero la mayoría de los actos atroces que con pretexto religioso pululan en las noticias, vienen del islam.

Esto genera la creencia de que el cristianismo, si bien en su pasado tiene a las Cruzadas y a la Inquisición, y la quema de brujas en los países protestantes, son actos del pasado. Que el cristianismo de hoy ya superó esa etapa de violencia y que los únicos violentos son los musulmanes. El cristianismo no es tan malo como el islam.

Lo he visto más en los evangélicos que en otros protestantes o en los católicos, probablemente por la concepción teológica de que la salvación se da exclusivamente por la gracia de Dios con la aceptación de Jesús como señor y salvador.

Dentro de esa teología, un infiel, por ejemplo un ateo, que vive justamente, hace actos de caridad, salva vidas, no es egoísta y en general cumple todas las obras de una persona buena pero no acepta a Jesús, terminará en el infierno. Que lo crea, vaya y venga. Es parte de sus creencias, de sus ideas.

Por otro lado tal cristiano cree que Dios es omnibenevolente. Dios es todo amor y que es por amor que nos envía a los ateos al infierno. Perdón. Dios no nos envía al infierno. Dios quiere nuestra salvación, pero somos nosotros, por no creer, quienes merecemos el infierno.

Que de una forma u otra pueda hacer la gimnasia mental para creer que su Dios es bueno por enviar a la mayoría de su creación a la condenación eterna, vaya y venga.

Pero en muchos de ellos he notado cierta complacencia con sigo mismos, cierto deseo, de querer ver a todos los infieles en el infierno.

Es ahí, en esa actitud, donde no veo diferencia entre la mentalidad de este cristiano y la mentalidad de un musulmán yihadista. Y si bien es más común en los cristianos evangélicos, también la he percibido en otros protestantes y en católicos.

La mentalidad es la misma. La diferencia es que el uno me disparará con una kalisnikova mientras el otro solo deseará que su dios lo haga.

Presuponiendo morales

En una de las discusiones que encontré por Internet alguien hacía la siguiente pregunta: ¿Hay alguna razón por la cuál es moralmente malo levantar a un bebé de su cuna, violarlo y luego estamparlo contra el piso hasta reventarle la cabeza? Quien proponía la pregunta luego argumentaba que si la respuesta es eso probaba la existencia de Dios, si la respuesta es no quien así respondiera necesitaba ser internado en un manicomio.

Existe toda una línea de la apologética cristiana que clama que todo lo existente, material o inmaterial, es creado por Dios. El universo, es decir el espacio, el tiempo y todo lo material, es creado por Dios, pero también el conocimiento, la moral (absoluta), el amor y, en general, las cosas inmateriales. La gran mayoría de seres humanos que vivimos en nuestras sociedades modernas sentiremos repulsión por la idea presentada de violar y matar brutalmente a un bebé. Los pocos que no sienten esa repulsión son los psicópatas, aunque muchos psicópatas sabrán reconocer que si bien ellos no sienten que la situación está mal, la pedofilia y el infanticidio no es socialmente aceptado. La mayor parte de los psicópatas no se convierten en asesinos en serie, pedófilos o infanticidas.

La pregunta, sin embargo, no es si sentimos repulsión sino si podemos establecer una línea lógica de pensamiento para decir porqué violar y asesinar brutalmente a un infante está mal.

Si dentro de nuestra visión del mundo, si dentro de nuestra filosofía de las cosas, no podemos establecer una línea lógica para condenar la pedofilia y el infanticidio entonces eso implica, según el apologista, que nuestra visión del mundo está equivocada y que la razón de que (casi) todos sienten repulsión por la imagen mental descrita en la premisa es porque tenemos una moral innata que es parte de la moral objetiva que sólo tiene un origen: el creador de todo lo que existe, incluyendo la moral.

No conozco mucho sobre las visiones del mundo de las filosofías orientales como el budismo zen, por lo tanto no podré establecer qué línea de pensamiento pueda llevar a un seguidor de la mística oriental a rechazar este tipo de pedofilia e infanticidio descritos. Me enfocaré en lo que estoy más familiarizado: el humanismo cristiano v/s el humanismo secular. Algún apologista podría aquí hablar de cristianismo v/s ateísmo/agnosticismo, pero eso es una simplificación: hay corrientes dentro del cristianismo que se apartan del humanismo como la Iglesia Bautista de Westboro (Westboro Babtist Church) que claramente están divorciadas del humanismo, pero si bien ellos son un caso extremo no son un caso único. Por otro lado el humanismo secular ni es seguido por todos los no creyentes, ni es restringido a no creyentes.

El humanismo cristiano se enfoca en el ejemplo y las enseñanzas de Jesucristo como guía moral para respetar y ayudar a los demás seres humanos. Entiende que de las tres virtudes teologales: fé, esperanza y caridad, la caridad es una pieza clave en cómo debemos relacionarnos con las demás personas. Debemos desprendernos de lo material con el objetivo de ayudar a otros, y parábolas como la del buen samaritano o la orden de Jesús de que hagamos a los demás como queramos que nos traten son fundamentales en esta concepción del mundo. Muchas versiones del cristianismo evangélico prefiere enfocarse en la virtud teologal de la fe y en la salvación personal por medio de una relación personal con Jesús, lo que los aparta de un sentido más humanista. El cristianismo en el que me crié y el que aprendí en la escuela hace, sin embargo, mayor énfasis en los valores humanistas pero, clamaba, el verdadero humanismo sólo puede existir desde el cristianismo.

El humanismo cristiano, si bien parte de la caridad cristiana, no se queda ahí. El humanismo tiene sus orígenes en el renacimiento y en gran medida como oposición al papel de la iglesia. El humanismo pone al ser humano como primer punto de la agenda ideológica, pero al dársele una lectura cristiana se encuentra que las enseñanzas de Jesús sustentan el amor a nuestros semejantes. El cristianismo, al menos algunas vertientes del cristianismo, fue adoptando lo que los pensadores humanistas fueron produciendo y lo leyeron desde la biblia y lo adaptaron.

El humanismo secular, por su parte, pone al ser humano como primer punto de la agenda ideológica independiente de las iglesias y confesiones religiosas. La política debe hacerse pensando en las personas, no en los dioses.

Entonces, ahora, desde el humanismo secular debo explicar porqué violar a un bebé y asesinarlo brutalmente está mal. Hay algo que parece casi tautológico: si lo que el humanismo quiere es el bienestar de cada ser humano, claramente causar sufrimiento y muerte a un pequeño ser humano está mal. Pero “claramente” no es un argumento lógico.

Es aquí a dónde recurro a tres pensadores, a tres líneas filosóficas, que pueden dar luz sobre que es justificable o no.

Emanuel Kant pensando sobre el problema de la moral, llega a la conclusión que es un imperativo categórico que los seres humanos no debemos ser medios sino fines. Está mal utilizar a otras personas como medios para un fin, y desde esta perspectiva no hay nada que justifique la cruel violación y brutal asesinato del bebé de nuestro ejemplo. La violación y el asesinato son ofensas máximas contra la integridad de un ser humano, en este caso un bebé, y categóricamente está mal. La línea de pensamiento que elabora Kant no requiere como punto de partida que Dios nos haya dictado que ofender a otros seres humanos esté mal.

De los tiempos de Kant pasamos a nuestros días a una de las figuras que fue incluída entre los así llamados los cuatro jinetes del nuevo ateísmo: Sam Harris. Harris pretende establecer las bases de la existencia de una moral objetiva que no requiera a Dios como punto de partida. Si observamos la naturaleza podemos ver cosas crueles estrellas que explotan o una manada de leones dando muerte a un búfalo, pero no podemos decir que eso es moralmente reprobable porque ni las estrellas, ni los leones ni los búfalos tienen conciencia. Sólo cuando las interacciones involucran personas es que podemos hablar de bien o de mal en términos morales y esto nos da una base lógica para construir una moralidad que Harris resume en buscar el mayor bienestar a los seres racionales. Nuestro bebé de marras como ser racional o miembro de la única especie de seres racionales que conocemos debe ser preservado del daño (falta de bienestar) que nuestro pedófilo infanticida le infligiría.

Peter Singer, otro contemporáneo nuestro, subscribe una escuela llamada personalismo. Extiende el concepto de persona a todo ser que es capaz de sentir y tener aunque sea una rudimentaria conciencia de sí mismo, aunque admite grados de personeidad. Un bebé es menos persona (aunque sí una persona) que un adulto. Los leones y los búfalos tienen algún rango de personeidad. A diferencia de Harris, Singer no se enfoca en maximizar el bienestar sino en reducir el sufrimiento en la capacidad en la que podamos entender el sufrimiento de los demás. Por ello está mal que los seres humanos matemos a un toro para divertirnos así el toro sufra lo mismo que el búfalo atacado por las leonas: el torero puede entender el sufrimiento del toro, las leonas no. El perpetrador el ejemplo puede entender el sufrimiento del bebé por sus actos crueles (si es un psicópata puede entender el sufrimiento, así no sienta empatía con el mismo) y eso nos da una base lógica para concluir que ese comportamiento es moralmente inaceptable.

Tres puntos de vista, completamente seculares, nos llevan a una conclusión lógica de porqué está mal la situación planteada en la pregunta. Ninguna de estas argumentaciones lógicas requieren a Dios. Desde luego, son puntos de vista que parten de premisas (los humanos no somos medios sino fines, hay que maximizar bienestar de los seres racionales o minimizar el sufrimiento de las personas) que no son necesariamente autoevidentes y aquí podrá saltar nuestro apologista para indicar que las premisas son creación de Dios.

Entonces entro a analizar el caso de Dios.

Dice nuestro apologista: si existe una moral objetiva, eso significa que hay un estándar y que hay reglas; si hay un estándar implica un plan; y las reglas un plan no surgen espontáneamente sino que requieren de un hacedor de reglas, de un planeador, y ese planeador es Dios.

Si consideramos, por ello, que la respuesta a la pregunta planteada es sí, estamos aceptando la línea de pensamiento que nos lleva a Dios. Pero esta línea sólo sucede en la cabeza de nuesto apologista y de las personas que piensan como él. Kant, Harris y Singer proponen estándares que no implican un plan. La premisa de que un estándar implica un plan es una proposición que necesita ser probada o verificada. En cuanto a las reglas, éstas pueden ser bien como las leyes de la física: proposiciones que resumen una observación en términos matemáticos y nos permiten predecir eventos y observaciones futuras, o bien corolarios del estandar, deducidos, más que dictados.

Considerar que una moral objetiva implica a Dios es partir de la premisa de que una moral objetiva es el resultado de Dios: una petición de principio.

Pero dentro del humanismo secular, las posiciones de Kant, Harris o Singer (y probablemente muchos otros pensadores que ignoro) no son las únicas. Muchos afirman que no hay tal cosa como una moral objetiva.

La palabra moral viene del latín mores que significa costumbre. La moral no es más que un acuerdo, una construcción social. Lo que consideramos moralmente bueno o malo es lo que aprendemos como tal inmersos en una sociedad donde nuestros padres y otros adultos nos dicen qué es y qué no es aceptable y dónde deducimos por nuestra cuenta del comportamientos y la costumbres de los otros qué es permitido y qué no. Luego podemos estudiar y adquirir una filosofía de la vida que nos lleve a establecer nuestros propios juicios sobre qué está mal y qué esta bien.

Un elemento importante en nuestra construcción de una moral personal es la empatía. El origen de la empatía en el 99% de los seres humanos (y de la falta de empatía de ese 1% que son los psicópatas), puede explicarse desde la teoría de la evolución en caso de que alguien quiera argumentar que la empatía tiene origen divino.

La empatía es lo que nos permite reconocer el sufrimiento de otros manifestándose como un sufrimiento propio y reconocer la felicidad de otros y poder compartir esa felicidad así no seamos beneficiarios de lo que la haya causado.

En nuestra sociedad actual la gente normal no viola niños y mucho menos bebés. La violación en sí misma es anormal pero aún dentro de esa anormalidad la violación de infantes es más anormal aún. Aun donde no sea tan anormal es ilegal. El asesinato, y más el asesinato de infantes, es anormal e ilegal en nuestras sociedades. Eso nos lleva a todos los que no somos psicópatas e incluso a la mayoría de los no psicópatas, a responder sí a la pregunta inicial: está mal. Los no psicópatas tenemos una razón más para decir que está mal, la razón por la cual sentimos repulsión sólo ante la imagen mental que plantea la pregunta: nuestra empatía con la víctima.

Pero si esta tesis es cierta: si es cierto que la moral es relativa a la sociedad, deberíamos ver ejemplos de sociedades donde la pedofilia y el infanticidio sean aceptados o incluso considerados moralmente bien. Para la violación de bebés no se me ocurre ni conozco una justificación pero sí para el infanticidio: en sociedades donde la lucha por la supervivencia es cruel, un pequeño infante puede llegar a ser más una carga que una ayuda y por lo tanto es sacrificable en ciertas condiciones. Los espartanos que abandonaban a sus bebés si estos nacían con algún defecto, los esquimales que mataban al primer nacido si se trataba de una hembra, las familias que huyen de las sequías en el Cuerno de África dejando atrás a los hijos menores para aumentar la probabilidad de que el mayor sobreviva (la alternativa no es salvar al menor sino asegurar que todos mueren). Tan espantosos como nos puedan sonar los casos, dentro de la moral y las condiciones de supervivencia de esas sociedades ese sacrificio es no sólo aceptable sino que es lo correcto.

Ahora, el reconocimiento de la existencia de morales relativas no implica que no pueda existir una moral objetiva. Quienes creen en la existencia de una moral objetiva ven a las morales relativas como aproximaciones a la moral real y objetiva, y las variaciones y desviaciones son o bien malas costumbres que deben extirparse o el reconocimiento a casos extremos (p. ej. el infanticidio como sacrificio para la supervivencia).

El principal inconveniente con considerar a Dios como fuente de la única y verdadera moral objetiva es que no podemos saber cual es el estándar, cuáles son las reglas. Si la moral es innata y plantada por el Creador en cada uno de nosotros no veríamos tantas morales relativas. Si todos tenemos la verdadera y única moral y las morales relativas son perversiones (la idea de Rousseau de que todos nacemos buenos y la sociedad nos corrompe), nos enfrentamos al problema de lo único que podemos deducir se deriva de todas esas morales relativas corruptas.

¿Está esa única y verdadera moral objetiva en la Biblia?

Pues respecto a la pregunta que inicia esta disertación la Biblia dice absolutamente nada. La Biblia no dice nada a favor o en contra de la pedofilia. No condena a la violación de mujeres solteras (sólo ordena que el violador repare a la víctima desposándola) mientras que la violación de mujeres casadas cae dentro de la prohibición del adulterio, pero nada específico con respecto a violar bebés. Fuera del mandamiento de “no matarás” la Biblia no prohíbe asesinar bebés mientras que por otro lado en el libro de Josué ordena matar a los infantes de las ciudades enemigas caídas.

Tal vez sí exista un dios creador de todo lo visible y lo invisible, de lo material y lo inmaterial, y dentro de lo inmaterial haya creado el libro de reglas de la única y verdadera moral objetiva. Pero si no conocemos esa tal moral objetiva es lo mismo que si no existiera y tuviéramos que describir nuestro propio estándar para definirla (como Kant, Harris y Singer), o creer que sólo las morales relativas existen.

Para cualquier efecto práctico, responder a la pregunta planteada no implica un dios, y responder no no nos convierte en psicópatas peligrosos sino en el reconocimiento que así el escenario nos cause repulsión no debemos responder desde nuestros propios prejuicios.