Colectivos de individuos

Pasa un insuceso, como el de Yuliana Andrea Samboní y la novela de su sindicado perpetrador Rafael Uribe Noguera. Todo el mundo se indigna, y no es para menos. Esos casos no deben pasar. El secuestro, abuso y muerte de Yuliana es un hecho que no debe pasar ni tiene justificación alguna. En un estado de derecho un presunto delincuente debe tener garantías procesales, pero en una democracia no es admisible que los apellidos se conviertan en excepciones que brinden privilegios extraordinarios. De todas las orillas ideológicas no he visto la primera justificación hacia la suerte de Yuliana: la opinión pública la condena unánimemente.

Lo que sí he visto es la apropiación del hecho como caballo de batalla de muchas otras causas. Hay quien no puede decir «condeno el asesinato de Yuliana» sin convertirlo en «condeno el asesinato de niños natos y no natos». Hay quien no puede decir «rechazamos los privilegios de Uribe Noguera» sin anteponer el rechazo a la supuesta impunidad a las FARC. Tal vez, yo mismo, al usar el hecho como entrada a este artículo, me estoy aprovechando de él.

En este caso, de todas las apropiaciones, la que menos me molesta es la hecha por activistas feministas y similares. El hecho en sí: secuestro, violación y muerte de una menor de edad, es muy acorde a su causa. Podemos discutir si el concepto de violencia de género es válido o no, o si aplica a este caso o no, pero englobar este caso bajo su bandera no es oportunismo.

esperanza-gomezPasemos a otro caso. Hace un par de días, la estrella porno colombiana Esperanza Gómez se dejó manosear en un desfile en Yopal. Hay un video donde se muestra cómo uno de los asistentes le mete la mano por su vagina desnuda sin que la modelo y actriz se inmute. El debate aquí lo vi dentro del seno del movimiento feminista. Por un lado hay quienes consideran que Esperanza Gómez está en su pleno derecho de aceptar ese trato. Es ella, como mujer, quien toma una decisión y como tal no debe ser juzgada. Por otro lado otras voces condenan el hecho. Su acción perpetúa el concepto de la mujer como objeto de deseo carnal del hombre y el derecho que los hombres se arrogan al uso de la mujer. Aun cuando Esperanza Gómez no sea una victima (algunas aseguran que sí), potencia el que haya víctimas, como Yuliana, producto de un hombre que se creyó con derecho sobre ella.

El diálogo que he visto, entre feministas y mansplainers, o entre feministas pro y anti-prostitución, etc. parece a veces un diálogo de sordos. Cada parte tiene una opinión pero, sobre todo, invalida completamente la opinión de la otra parte porque ellos son incapaces de entender el punto; porque ellos son incapaces de ver la evidencia.

Los seres humanos somos animales racionales y sociales. Cada uno de nosotros se entiende desde lo individual y desde lo colectivo. Tomamos decisiones desde y sobre lo personal, y desde y sobre lo colectivo. Una pregunta válida es si lo individual incide sobre lo colectivo o lo colectivo sobre lo individual; o, más bien, si predomina la incidencia de lo individual sobre lo colectivo o predomina la incidencia de lo colectivo sobre lo individual.

No sé si es posible una respuesta definitiva. Pero sí hay dos concepciones mentales diferentes entre quienes creen que lo determinante es lo colectivo y quienes creen que lo determinante es lo individual. Podemos llamarlos mentalidad colectivista y mentalidad individualista. Cuando vemos la realidad y la interpretamos para comprenderla, nuestra mentalidad colectivista o individualista incide en esa interpretación. La otra interpretación, normalmente nos parecerá ajena, producto de la ignorancia o de una agenda.

Una aclaración, antes de seguir. Toda persona medianamente versada entiende que existen responsabilidades individuales y que nuestros actos individuales están enmarcados en un trasfondo cultural (colectivo) y tienen repercusiones sociales (colectivas); y en asuntos puntuales, una persona que muestra una mentalidad individualista puede tener una lectura colectivista o viceversa.

En la mentalidad individualista, se considera al colectivo (la sociedad, la cultura, el sistema) como una simple agrupación de individuos y al estado como un grupo de individuos que ejercen control sobre otros, y el papel del estado (si se acepta), es preservar las libertades individuales. Cada individuo es responsable de sus actos (salvo que haya sido coaccionado). Rafael Uribe Noguera es responsable de secuestrar, violar y asesinar a una niña. Él no podría defenderse diciendo que la sociedad lo abandonó, o que la cultura machista lo hizo así y que una familia que lo sobreprotegió no le permitió aprender a asumir sus responsabilidades. Puede ser que esto haya pasado pero no es una defensa. Si se encuentra que el fue el perpetrador el es el principal y único responsable. Esperanza Gómez es responsable de subirse a esa tarima y permitir que la manosearan. Dejarse manosear no es un delito, por lo tanto ella no es culpable. El tipo que la manoseó es responsable de sus actos. Como no hubo denuncia de abuso, no es legalmente culpable de los hechos registrados. A menos que se compruebe que Gómez es una víctima coaccionada (p. ej. su agente la obligó a subirse a esa tarima y a permanecer sonriente mientras la manoseaban) ahí no hay un hecho punible.

En la mentalidad colectivista, el individuo es un producto del colectivo y los actos del individuo ayudan a preservar el sistema del colectivo o a cambiarlo. Todo acto individual es producto del colectivo y tiene consecuencias sobre el colectivo, y son válidos o no de acuerdo a estas consecuencias colectivas. El estado es parte del sistema y su papel es preservar el sistema o servir de catalizador para el cambio del mismo. Antes que su responsabilidad individual, Rafael Uribe Noguera representa a una sociedad que permite que esos hechos pasen. El castigo que merece Uribe Noguera no es tanto por las acciones de su libre albedrío sino porque representarían un mensaje de que esas conductas no deben permitirse: la sociedad debe mutar de ser un colectivo donde tales conductas pasan, a un colectivo donde esas conductas se condenan. Por su parte, Esperanza Gómez es responsable de perpetuar este tipo de colectivo perverso. Al venderse ella como un objeto (asumiendo que sí es ella y no una imposición de su agente, en cuyo caso ella también sería víctima del sistema) perpetúa la noción de que la mujer es un objeto a servicio de la masculinidad. Perpetúa la noción de que el macho tiene derecho sobre el cuerpo de la hembra.

Ambas mentalidades condenan a Uribe Noguera. Una por que lo responsabiliza de sus actos individuales. La otra por lo que esos actos representan. Ambas mentalidades condenan los primeros intentos de la familia y allegados de minimizar los hechos. Una porque no le permiten al perpetrador asumir su responsabilidad. La otra porque muestran cómo el sistema permite la impunidad y esa es una parte perversa del sistema que debe demolerse. En este caso ambas mentalidades coinciden en lo que hay que hacer y, si acaso, discutirán sobre las arandelas. Arandelas tales como qué exactamente significa que ese caso será tratado como un caso de violencia de género.

En otros casos, como el de Esperanza Gómez, ambas mentalidades chocan entre sí. Incluso en personas que comparten una misma causa, como el feminismo, la mentalidad individualista y la mentalidad colectivista dan lecturas completamente diferentes.

individualism-vs-collectivism-pictureAhora. Usé las palabras individualista y colectivista en gran medida porque cuadran en el objeto del énfasis, pero también porque ambas suenan mal, sobre todo suenan mal a quien tiene la mentalidad contraria. El individualismo se relaciona con egoísmo. Es anteponer nuestro propio individuo sobre el bien colectivo. El colectivista ve al individualista como a alguien que antepone su bienestar individual sobre el bien común. Por otro lado el individualista ve al colectivista como a alguien que se opone a los derechos individuales y a la propiedad privada. Alguien que expropia, es decir que roba a nombre de un estado, o que niega la identidad individual para pasar una agenda colectiva.

Por ello, quien tiene mentalidad individualista no le interesa entender que su contraparte en la discusión solo tiene un punto de vista diferente. Su contraparte es un colectivista; es decir, un marxista cultural, un expropiador, un ladrón a nombre de un supuesto bien común; o un idiota útil al servicio de asesinos y ladrones.

Por ello, quien tienen mentalidad colectivista no le interesa endender que su contraparte en la discusión solo tienen un punto de vista diferente. Su contraparte es un individualista; es decir, un egoista que antepone sus intereses particulares por encima del bien común y por lo tanto un ignorante que perpetúa las perversidades del sistema.

Desde luego esta es una sola de las muchas dimensiones sobre las que nos movemos los seres humanos y nuestras diferencias ideológicas. Si creemos o no en la existencia de un orden natural. Si creemos o no en la necesidad de un estado. Si creemos que las sociedades deben adaptarse a los individuos o los individuos a las sociedades. Si deben primar los acuerdos entre personas libres o si debe primar la voluntad divina. Si las diferencias deben preservarse o deben abolirse y cuáles diferencias deben preservarse o abolirse. En fin.

Pero, tal vez la próxima vez que entres al debate no asumas que tu contraparte está equivocada, o es un ignorante/un idiota útil; o es perversa. Tal vez, simplemente, ve al mundo bajo una mentalidad diferente.

Entre machitos y mamertos

Admitiré primero que no he escuchado a las fuentes directas, ni noticias, ni declaraciones, sino tan solo el ruido que se generó en Twitter y, en menor medida, en Facebook. Por lo tanto no hablaré de los hechos sino de la conversación generada.

Yo, hoy en día, no me considero feminista. Creo en el principio feminista de buscar la igualdad, pero no comparto muchas de las cosas que dicen y proponen las y los feministas, bien porque creo que están erradas, bien porque creo que parten de una lectura no falsable, o porque parecen tomar un enfoque dogmático sobre una situación y en muchos casos niegan la expresión de otros puntos de vista. Reconozco que no existe un solo feminismo ni una sola forma de interpretar la realidad desde el feminismo, pero aquella parte que observo y escucho me genera reservas para adoptar el feminismo como mi causa.

Pero si bien no es mi causa, sí creo que es una causa que aun deben luchar las personas que se ven afectadas y quienes se compadecen de ellas. En mi opinión el feminismo tiene aun cabida como también tienen cabida causas que se oponen a la forma como el feminismo se ha metido ya en las legislaciones y en el discurso mediático. Creo que en un diálogo entre intereses pueden crearse acuerdos.

160125195607_astrid_helena_cristancho_624x351_revistasemana_nocreditPero dentro del caso en cuestión. La abogada Astrid Helena Cristancho Palacio renunció a su cargo como secretaria privada del director general de la Defensoría del Pueblo Jorge Armando Otálora, alegando acoso laboral y acoso sexual. Las acusaciones no fueron instauradas originalmente en la Fiscalía u órganos similares, sino que fue expuesta por el periodista Daniel Coronell. Y ahí comenzó toda una telenovela de versiones, de periodistas amigos de Otálora o críticos a Coronell, de morbo y de versiones en redes sociales.

No tengo claridad sobre los hechos. Ni me interesa tenerla al escribir este artículo porque no son relevantes. Es posible que Cristancho se haya inventado el acoso para obtener algún beneficio por medio de una demanda. Esto sería un caso de falsa denuncia. Es posible que Cristancho si haya tenido una relación consensuada con su jefe y luego haya salido a decir que fue acoso. Bajo el esquema de presunción de inocencia, no puedo partir de que Otálora es culpable. Pero por lo poco que he visto, tanto de la acusación como de la defensa, le creo a Cristancho. Pero, aunque no le creyera, sería yo igualmente irresponsable y hasta más, que por defender la presunción de inocencia de Otálora convierta una posibilidad en presunción de culpabilidad de Cristancho.

Por ahora, la mayor parte de lo que he visto en Twitter, Facebook y demás, es una sociedad dividida entre la presunción de culpabilidad de Otálora y la presunción de culpabilidad de Cristancho. Y en esto noto, más que una reacción a las declaraciones de uno u otro, a un prejuicio ideológico. Las y los feministas ya juzgaron a Jorge Otálora como culpable y los y las antifeministas ya juzgaron a Astrid Cristancho como culpable. Las declaraciones y notas periodísticas no son más que una confirmación de como miente una de las partes, la que ya prejuzgamos como culpable.

Me inclino a pensar que, a pesar de la presunción de inocencia, Otálora debe renunciar. No estamos frente a un caso de una simples declaraciones sino que estas se han sustentado con pruebas que, si bien deben ser evaluadas por los peritos, representan una acusación seria y no un simple chisme. En el momento en el que la Fiscalía abra formalmente una investigación, y en razón de las funciones que Otálora tiene como director general de la Defensoría del Pueblo, el acusado no podrá desempeñar su labor como funcionario y defenderse sin que una cosa se confunda con la otra. «La mujer del César no sólo debe ser casta sino parecerlo,» dice un viejo refrán. El cargo que Otálora tiene no es un simple empleo.

En cuanto a Cristancho, coincido con muchas de las cosas que las feministas están diciendo. Una gran parte de la sociedad está cuestionándola. Una gran parte de la sociedad, aun creyendo que Otálora puede ser culpable de los cargos, justifican los hechos. Astrid Helena Cristancho Palacio es una profesional que estaba ejerciendo un cargo profesional, pero muchos de los medios prefieren presentarla como una exreina de belleza y en las notas de prensa sobre el caso muestran fotos de cuando era reina o trabajaba como modelo. Sus méritos (o falta de méritos si no los hubiera) como profesional son invisibilizados. Es la cara bonita que trabajaba como secretaria de Otálora. Es la seductora. Es la culpable.

Y lo que Otálora hizo, si es que sí lo hizo como se le acusa, es normal. ¿Cómo puede resistirse un hombre ante semejante belleza? Y más si en algún momento le sonrió o le agradeció un cumplido. Yo he estudiado y trabajado con mujeres hermosas tanto física como personalmente. Entiendo lo que es enamorarse; finalmente me enamoré y me casé con una de ellas; y si no fuere por ella me habría enamorado de muchas más. Es imposible no sentir la atracción o no alegrarse cuando devuelven una sonrisa o agradecen un cumplido. Pero nunca he sentido que esto me de derecho sobre ellas. Nunca la posibilidad de que me acepten o no determinó mi trato hacia ellas como compañero de estudios o de trabajo. Cualquier cosa que haya pasado en mis fantasías no me da derecho a desconocerlas como personas y como profesionales.

Cuando reducimos a que Astrid Cristancho es bonita y fue reina de belleza, la estamos desconociendo como persona y como profesional. Y lo que me sorprende es la cantidad de personas que parecen estar de acuerdo con que eso es normal. Insinuar que Cristancho llegó a ese cargo y se mantuvo porque era bonita, porque le respondió o, incluso, se lo dio a su jefe. (Expresión bien fea esa de “se lo dio”.) Y lo que pasó es normal. Se asume que es normal que un jefe se enamore y seduzca a una mujer bonita a su cargo. Y se asume que es normal que así deba pasar:

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«Si su jefe se lo pide y Ud. no se lo quiere dar, renuncie y listo.»

En otras palabras: es normal que entre las funciones del cargo esté dárselo al jefe si este se lo pide. Porque para eso es la renuncia: por la incapacidad de cumplir con las funciones del cargo.

O tal vez Cristancho no es culpable de falsa denuncia (los hechos ocurrieron), ni es culpable de ser bonita (es normal: déjese o renuncie), sino de hacer un show. Y vemos titulares en los medios o tuits como el anterior:

La exreina que tiene en aprietos al Defensor del Pueblo

La exreina que tiene en aprietos al Defensor del Pueblo (lo cambiaron a La exreina que acusa al Defensor del Pueblo de acoso sexual)

Y así.

No creo en la existencia de un Patriarcado como dicen muchas y muchos feministas, ni que todo lo que afecta a una mujer en este país sea necesariamente por culpa del machismo. Pero el machismo y la misoginia siguen presentes. Siguen presentes en esa actitud de que el acoso es normal. O que ni siquiera es acoso. De que si una mujer bonita está en un buen cargo es porque es una trepadora que usó la seducción o le alimentó las fantasías al jefe mientras le fuera de provecho. Sí, eso es normal y por ello Cristancho debe permanecer callada.

Y Otálora. Pobrecito, no es más que la víctima de un escándalo.

Pobrecito: se enamoró.

Pobrecito: ahora debe renunciar por la presión de las redes sociales. O mantenerse firme para mostrarle al mundo que las mamertas aun no tienen tanto poder.

Porque es eso: un juego de poder entre misóginos reaccionarios y feministas mamertos (social justice warriors); y no lo que es: una denuncia de acoso laboral y sexual.

Entre libertarios y progres

Entender el mundo de una forma objetiva, sin ideologías, no es fácil. En las ciencias naturales existe todo un marco epistemológico que nos lleva a una forma de comprender el conocimiento, de tal forma que dos científicos de diferentes orígenes culturales o formativos pueden comparar sus conclusiones y admitir si se equivocaron.

En las ciencias sociales esto no es tan fácil, en gran medida porque aislar variables para controlar un experimento social tiene el desafío de la complexidad de la mente humana o presenta problemas éticos; incluyendo la propia definición de qué es la ética y cuales son los imperativos morales. Es complejo pero tal vez podamos hacer un estudio que nos muestre qué modelo político produce mayor crecimiento económico con un grado de certeza similar a las ciencias naturales, pero esto no nos aclara si este crecimiento es deseable, cuando al tiempo se producen desequilibrios e inequidad.

Open Carry

Open Carry

College Liberal

College Liberal. En EE. UU. el término “liberal” es usualmente usado en forma despectiva para referirse a algo entre socialismo, progresismo y hipismo.

Hace algún tiempo he estado observando y participando en una discusión entre dos formas de ver el mundo. Podemos pensar en dos opuestos, ambos dentro de una gran sombrilla de pensamiento liberal: los progresistas a un lado y los libertarios en el otro. Estaré usando los términos de una forma más o menos libre que iré definiendo sobre la marcha, y aclarando que ante diferentes dilemas sociales, algunas personas toman el papel progresista frente a algunas preguntas y el papel libertario frente a otras.

Existe algo que podemos llamar la sociedad, el estado, el sistema. Es un ente etéreo en el cual nos movemos. La sociedad la conformamos todos y el sistema son las reglas formales e informales que determinan las relaciones sociales, y el estado es la formalidad de tales reglas. Y existimos los individuos: cada uno de los miembros de la sociedad.

El libertario cree en la responsabilidad individual. Cada individuo es responsable de sus actos y de las consecuencias de estos actos y esos actos son igualmente loables o condenables independientemente del modelo social o del sistema. Los problemas que enfrenta un individuo son culpa de las decisiones de este o de otros individuos. El problema también puede venir de un estado, entendiendo que este es un grupo de personas que, por decisiones individuales, se abrogan derechos sobre los demás. En el caso más radical de pensamiento libertario todo estado es ilegítimo y todo acto del estado (producto de las decisiones de los usurpadores que se autodenominan estado) coarta las libres decisiones de los individuos produciendo problemas.

El progresista tiende a ver el problema en el sistema. La verdadera libertad se logra cuando cada individuo actúa entre iguales, pero el sistema actual no permite esa igualdad. No es posible lograr la igualdad, y por ende la libertad, mientras exista desigualdad en las relaciones entre individuos y tanto los mecanismos formales pero, sobre todo, los informales que rigen a la sociedad contribuyen o no a lograr esta igualdad. Si el sistema promueve la desigualdad es un sistema opresor, y cada individuo se define frente a cómo se define frente al sistema. El individuo debe estar dispuesto a acabar con el sistema opresor: la revolución; de lo contrario está contribuyendo a mantener el sistema opresor: el reaccionario.

Para el libertario, el estado debe inmiscuirse lo menos posible en las relaciones entre individuos. Para los libertarios radicales el estado debe desaparecer. Para el progresista el estado es o bien parte del problema (estado reaccionario) o parte de la solución (estado progresista). Un estado que no tome parte activa en acabar con el sistema opresor, incluyendo el no estado del ideal libertario, es reaccionario: parte del problema.

En una forma simplista, el libertario favorece la igualdad de oportunidades, mientras que el progresista favorece la igualdad de resultados. El libertario resiente cuando el progresista, en aras de su meta de libertad, restringe las oportunidades de unos individuos y favorece a otros. El progresista resiente cuando la libertad esgrimida por el libertario crea desigualdades aduciendo que las oportunidades no fueron tan libres desde un principio.

El sentido de privilegio es también diferente para el libertario que para el progresista. El libertario ve un privilegio donde un individuo obtiene un favor especial de parte de la sociedad. Un subsidio de desempleo es así un privilegio: un individuo está recibiendo una paga por no trabajar, a diferencia de los demás que deben trabajar por conseguir su paga. Para el progresista el privilegio es no ser cuestionado dentro del sistema. El empleado es privilegiado porque el sistema no cuestiona su posición mientras que el desempleado será cuestionado por no ser productivo, así haya quedado cesante por decisiones de otros, del sistema. (El subsidio no sería más que una compensación frente a su falta de privilegio.)

Pensemos en el racismo (como muchas otras formas de discriminación, incluyendo el sexismo, el clasismo, etc.).

Para el libertario el racismo es una cuestión personal. Una persona es racista si se siente superior a otra persona por el hecho de pertenecer a una raza, o por el hecho de no pertenecer a otra raza. También existe el racismo inverso: la persona que se cree menos debido a su raza. Para el libertario es tan racista una persona como George Wallace, gobernador de Alabama que mantenía alianzas con el Ku Klux Klan durante la época de la lucha por los derechos civiles; como es racista una persona como Malcolm X quien luchaba por un espacio para los negros separado del demonio blanco. (Tanto Wallace como X cambiaron de posición. Wallace rechazó sus puntos de vista racistas hacia el final de su carrera política y X cambió su visión segregacionista tras visitar la Meca).

Para el progresista es el sistema el que es racista. Cuando el sistema está formal o informalmente diseñado para que los miembros de las razas menos privilegiadas no puedan progresar de la misma forma que los más privilegiados. Cuando las casas de un barrio pierden valor cuando se muda una familia negra y al final se convierte en un barrio pobre después de que se van los blancos. Sí, tal vez algún individuo se destaque, pero el grueso de la población es sistemática o sistémicamente discriminado. El individuo es por lo tanto racista si está de acuerdo con que el sistema no debe cambiarse. Y nunca un miembro de la raza menos privilegiada será racista frente a la raza más privilegiada. Un negro que exprese desdén hacia el hombre blanco no es racista sino que se expresa desde la opresión: se resiste al racismo.

Esta visión se extiende a otras formas tradicionales de discriminación, y una de las discusiones que he visto últimamente se da frente a lo que algunas personas llaman anti-feminismo.

Aclararé primero que existen dos tipos de feminismos: un feminismo libertario y un feminismo progresista. El feminismo libertario propone la eliminación de cualquier tipo de trabas, sobre todo formales, que la sociedad y el estado imponen, y promueve el empoderamiento de la mujer para que ella escoja la opción de vida que prefiera. La mujer puede escoger si ser ama de casa o profesional de carrera, o combinar ambas facetas. En inglés se le llama también choice feminism, o feminismo de escogencia. El feminismo progresista, muchas veces basado en la teoría interseccional, considera que la discriminación hacia la mujer es un problema sistémico de la sociedad y que no basta con que unas pocas mujeres puedan decidir cuando la sociedad las lleva, en su gran mayoría, a escoger un papel subyugado frente al hombre: la mujer de carrera que tiene que hacer igual el trabajo en la casa y aún así será juzgada cuando falle en combinar perfectamente ambos valores, mientras que pocos juzgan al varón que descuida su hogar por perseguir una ambición profesional.

Karen Straughan

Karen Straughan, vocera de los derechos del varón, quien considera que el feminismo se basa en que la mujer asuma su papel de víctima para lograr privilegios.

Aunque existen personas que se oponen a ambos tipos de feminismos (por ahora los llamaré conservadores), muchas de las personas que se consideran anti-feministas rechazan, sobre todo, el feminismo progresista. Es una visión libertaria frente al feminismo.

El libertario anti-feminista no es una persona que quiera mantener una situación de subyugación de la mujer, sino que es una persona que cree que el feminismo, y particularmente el feminismo progresista, busca crear privilegios no compensados que van más allá de la igualdad. No busca que la mujer sea igual al hombre (en el sentido de libertad de oportunidades) sino que esté por encima del hombre (ley de cuotas, acción afirmativa o discriminación positiva) incluso en contra de las decisiones individuales que las mujeres puedan querer. El libertario anti-feminista cree que el fiel de la balanza de discriminación hoy en día ha cambiado de sentido; y que en la actualidad, en los países más desarrollados, es la mujer la que goza de privilegios mientras el hombre es oprimido.

Es un hecho, en casi todos los lugares del planeta, mueren más hombres que mujeres, sobre todo en muertes violentas, tanto en accidentes como en homicidios. Aun la mayoría de soldados que mueren en las guerras son varones, así como los criminales y los policías, así como operarios de maquinaria pesada y personas que trabajan en medio de tal maquinaria. La mayor parte de los empleos peligrosos son aun hoy casi que exclusivos de los varones, y por ello mismo, los varones están más expuestos que las mujeres a muertes violentas lo cual se refleja en las estadísticas. La mujer ya goza de un privilegio al ser eximida del servicio militar o no ser expuesta a trabajos peligrosos: un privilegio que le protege la vida.

Para un mismo nivel de preparación, un trabajo peligroso es, en muchos casos, mejor remunerado que un empleo menos peligroso. En parte esto es una compensación por el riesgo. Esto también está en concordancia con una visión tradicional de familia donde la mujer se dedica al hogar y el hombre provee las necesidades del hogar. En muchas sociedades la decisión del gasto de la casa corre por cuenta de la mujer, aún cuando quien haya recibido el sueldo sea el hombre. Dentro de esta lógica tradicional basada en el hogar, no es el varón quien gana sino es la familia quien presta al varón para obtener los ingresos de la familia, mientras la mujer también trabaja dentro del hogar. Una mujer disciplinada puede salir a obtener ingresos extra, los cuales en muchas sociedades no está obligada a compartir.

La sociedad cambió. No sólo por el feminismo, pero hoy en día es casi que una obligación que tanto el padre como la madre salgan a trabajar. Pero aún se mantienen esquemas tradicionales. En los casos de separación casi siempre los jueces tienden a dar la custodia de los hijos a la mujer mientras el padre es obligado a seguir aportando, aún cuando ambos padres tengan niveles salariales similares. Para el anti-feminista, la sociedad tradicional estaba basada en en equilibrio en donde ambos, hombre y mujer, se sacrificaban, mientras que la sociedad moderna mantiene el sacrificio del hombre (quien sigue desempeñando los trabajos más peligrosos) mientras la mujer a adquirido privilegios que no tiene que compensar.

Por otro lado, esa mujer que recibe la custodia de los hijos, y trabaja por fuera de la casa (ganando algo similar a su exmarido) está haciendo un doble trabajo; y será cuestionada en el trabajo cada vez que pida un tiempo para atender a sus hijos y cuestionada en el hogar por salir a trabajar. El esquema tradicional de familia aún juzga sus decisiones, así la ley esté de su lado. Si continuaran casados, en un esquema de familia igualitaria, ambos trabajarían para sus gastos personales y para las obligaciones del hogar, el cual compartirían. Tras la separación toda la carga del hogar queda en el padre custodiante, generalmente la mujer, quien, si no recibe ayuda económica del padre de sus hijos, estará haciendo un doble trabajo, tendrá una doble carga, y además será juzgada por ello.

Hace varios años, la mayoría de los casos de custodia los ganaba el varón, quien usualmente era quien podía aportar mejor a mantener el hogar por ser quien ganaba más, y porque la sociedad ponía un estigma mayor a la divorciada que al divorciado. Una de las luchas feministas en esos tiempos fue buscar rescatar la importancia del papel de la madre en el desarrollo de los hijos y eso ha llevado a la situación actual donde la custodia primaria recae generalmente en la mujer. Hoy hay feministas que buscan reversar eso. La situación no parece ideal para ninguna de las partes: al padre se le obliga a pagar por educar unos hijos que no puede disfrutar y sobre los cuales pierde poder de decisión; la madre tiene que hacer sola el trabajo del hogar y un trabajo remunerado por fuera que no se compensa con la obligación económica del padre. La feminista tiene argumentos. El anti-feminista tiene argumentos. Son diferentes formas de ver el concepto de libertad y de igualdad entre una mentalidad libertaria y una mentalidad progresista.

Pero libertarios y progresistas son dos extremos del pensamiento liberal, porque existen más formas de ver el mundo y una que se opone a ambos es el conservadurismo.

El conservador favorece una visión tradicional de la sociedad. Mientras el libertario y el progresista discuten quién lleva la peor parte entre el hombre y la mujer en el caso de una separación con hijos, el conservador considera que el problema es la separación y no a quién favoreció el juez. El libertario quiere un estado que no se inmiscuya frente a las decisiones personales de los individuos. El progresista quiere un estado que se involucre en el cambio del sistema opresor a uno más igualitario. El conservador considera que el problema no está en el estado y que el estado debe activamente mantener el orden: evitar el libertinaje del libertario y la subversión del progresista.

Cuando la banca se quiebra, el libertario se opone a que el estado tome sus impuestos (y no sólo cuando la banca se quiebra) para favorecer a una banca que quebró por su ineficiencia y su ineficacia. El progresista se opone a que el estado salve a la banca llena de plutócratas en lugar de favorecer programas sociales. El conservador considera que donde se quiebre la banca la sociedad se jode y ni el libertario tendrá su anhelada libertad ni el progresista tendrá sus recursos para sus programas sociales.

Hay matices y hay más de estos tres puntos de vista. Ante diferentes dilemas un individuo puede mostrarse más progresista o más libertario o más conservador. Y mi uso de la terminología en este artículo ha sido un poco libre. Por libertario me refiero a un grupo más amplio que el objetivismo anarco-capitalista y por progresista puedo estar metiendo en un mismo saco a un anarco-socialista y a un comunista. Pero uds. entienen, ¿cierto?

¿A qué está jugando una indignada tuitera?

A veces tengo la impresión de que cosas que dije ayer en Twitter sobre el debate de Andrés Carne de Res pueden hacerme quedar como un macho misógino sólo porque no me adhiero completamente a la postura de la indignación oficial de tachar a Andrés Jaramillo de bestia por sugerir que una minifalda invita a una violación.

Andrés Jaramillo - foto: Cromos (tomado de Blu Radio)

Andrés Jaramillo – foto: Cromos (tomado de Blu Radio)

He repasado las palabras que Andrés Jaramillo expresó en su entrevista en Blu Radio y el título que Blu Radio coloca a su clip: «A qué está jugando una niña que llega en minifalda: Andrés Jaramillo» y me parece que, en el mejor de los casos, el título es amarillista y en el peor malintencionado. Sí, Jaramillo expresó esas palabras. No: ese no fue el punto central de lo que Jaramillo expresó en la entrevista. Es más, el propio Andrés Jaramillo retractó esas palabras. Hay muchas pifias y bestialidades que Jaramillo expresó en esa entrevista: puntos en los que se sostuvo, y por los cuales vale la pena cuestionar a este intelectual empresario, pero reducir todo lo que dijo a que Jaramillo cree que una minifalda justifica una violación es simplificar absurdamente el debate, simplificar absurdamente los hechos y dar pie a que no se planteen los asuntos de fondo.

Andrés Jaramillo discute que se haya tratado de una violación. No, no justifica la violación sino que pone en duda el hecho. Más adelante hablaré de si tiene méritos o no. Su punto es que de acuerdo a las cámaras de vigilancia y al testimonio de un empleado del parqueadero, el sexo que tuvo la joven denunciante con otro cliente mayor fue consensuado. Más adelante hablaré de si se puede hablar de consentimiento o no. Que tras este acto de sexo casual la joven se quedó inconsciente (aparentemente durmiendo la borrachera) y fue encontrada por personal del establecimiento y llamaron al padre para que la recogiera y que la versión de la violación surgió cuando la joven tuvo que responderle al padre por lo sucedido. Jaramillo acusa a los medios de amarillismo y de haber destacado un caso sólo porque la joven es estudiante de Los Andes y los hechos ocurrieron en su establecimiento, mientras que muchos otros hechos de violaciones reales ocurren sin ser visibilizados. Jaramillo también cuestiona a las autoridades insinuando que quieren sacar provecho político de estos hechos.

Lo de la minifalda es apenas una parte del punto de Jaramillo, tras hablar de las muestras de afecto que mostraba la joven con otros clientes de su establecimiento, particularmente con un súbdito español y con el presunto agresor, hace una mención sobre el atuendo (como una forma de apoyar la versión ya presentada), y luego insiste en retirar esas palabras. Mal por Blu Radio de enfocarse en sólo esas palabras en el título del clip y mal por la masa indignada de quedarse en el titular de Blu Radio sin indagar la verdadera razón por la cual las palabras de Andrés Jaramillo son un insulto a nuestra inteligencia.

El primer punto es tratar de minimizar los hechos: defender al establecimiento sembrando una duda sobre la acusación y difamando públicamente el carácter de la joven denunciante en este intento de defensa. Pretender acusar al padre y a la situación familiar de los hechos e insistir en que los medios y las autoridades tienen un interés particular sobre el asunto.

Palabras más sabias pudo haber sido que «es prematuro hablar de violación mientras no se establezcan plenamente los hechos, si bien hay indicios de que pudo haber sido una relación consensuada, estamos colaborando plenamente con las autoridades, hemos entregado las grabaciones de las cámaras de seguridad y la identificación del sospechoso.» Punto. Sin necesidad de estar ventilando por radio el carácter de la joven ni su relación familiar, ni insinuar ensañamiento de la prensa con su local, ni interés político de las autoridades.

Ahora. Dadas las explicaciones no pedidas ¿es posible hablar de una relación consensuada o necesariamente eso fue una violación?

Aclaro que no soy abogado, ni tengo un amplio conocimiento de la jurisprudencia existente. Mi visión es la de un ingeniero que intenta ponerle sentido común a las relaciones entre personas y de estas frente al estado, así que si afirmo algo que va en contra de una sentencia me disculparán los que saben mejor, pero sólo me disculparé cuando me expliquen por qué ahí las leyes tienen más sentido común que yo.

El concepto de consentimiento no aplica sólo para relaciones sexuales (o, según establece el código penal: acceso carnal). Nosotros consentimos o no procedimientos médicos para nosotros o para nuestros hijos. Consentimos o no que nos envíen por correo electrónico información comercial de un servicio al que nos suscribimos. Consentimos o no participar en actividades tales como dar un paseo por el monte con unos muchachos armados. Consentimos o no entregarle nuestra billetera a un desconocido en la calle. Consentimos o no conducir bajo efectos del alcohol. Et cétera.

Do I need to ask you? Mrs. Brown. vía Medical Law

Do I need to ask you? Mrs. Brown. vía Medical Law

En la práctica médica se habla del consentimiento libre informado. He traducido libros de bioética que tratan del tema y por eso podría estar mejor familiarizado con esto que con el consentimiento al acceso carnal. Cuando un paciente va a ser sometido a un procedimiento debe, en principio, aceptar que se le realice ese procedimiento. En el mejor de los casos el médico informa al paciente de qué trata el procedimiento, cuales son los riesgos y posibles beneficios tanto del procedimiento como de no llevarlo a cabo y, una vez plenamente informado y libre de dudas, el paciente libremente acepta o rechaza el procedimiento. Sin el consentimiento del paciente el médico puede verse expuesto a una demanda por mal-praxis. Desde luego, hay muchas razones por las cuales este consentimiento libre informado no puede darse: el paciente sufre considerablemente por una dolencia y no puede pensar con claridad, o el paciente está inconsciente, o el paciente es menor de edad o sufre de una condición por la cual no puede legalmente expresar consentimiento. En muchos casos el personal médico no puede esperar a que el paciente esté en condiciones de ser informado y tenga la libertad de consentir o no un procedimiento, motivo por el cual el consentimiento se delega a un familiar, un juez, un comité médico o, en casos de vida y muerte inminente, al criterio del médico tratante. Un médico no debería ser acusado de mal-praxis si salva a un paciente a punto de morir si morir era el deseo del paciente, salvo que el paciente haya advertido previamente al médico su deseo (y, aún así, hoy en día tal deseo sería invalidado).

En muchos casos el médico tiene que inferir por declaraciones previas o por su criterio médico si ejecuta un procedimiento agresivo y no explícitamente consentido como amputarle una pierna gangrenada a un paciente inconsciente.  (Bueno, muchos dirán que no es lo mismo salvar una vida a un a costa de una mutilación, que penetrar un falo en una vagina.)

El alcohol produce varios efectos en la mente humana. El alcohol adormece, pero suele adormecer primero ciertas áreas del cerebro que nos retienen, que nos hacen ser más cautos de lo que nos sería beneficioso, antes de adormecer por completo el juicio, la capacidad de pensar y coordinar y finalmente adormecer todo el cuerpo. El alcohol desinhibe y por ello muchas personas lo usan para atreverse a hacer cosas que sí quieren hacer pero no se atreven estando sobrios. Por ejemplo para ir a hablarle a una chica desconocida en un bar sin temer al rechazo. En otras dosis no nos permite ser conscientes de nuestros propios actos y en cantidades aún mayores no podremos siquiera defendernos de lo que nos pasa hasta que somos simples pedazos de carne a merced de la intemperie.

Javier Velasco (fuente original requerida)

Javier Velasco (fuente original requerida)

Legalmente no podría, no debería poder usar el alcohol como defensa si cometo un delito bajo su influencia. Cuando Javier Velasco asesinó por primera vez (o lo atraparon por primera vez) el juez consideró la defensa de que su juicio estaba nublado por el alcohol y que por lo tanto no era responsable de sus actos. Lo liberó con una orden de que fuera a rehabilitación. Un par de años después, también bajo influencia del alcohol, asesina a Rosa Elvira Cely. Son incontables las veces que los medios sociales de comunicación se indignan por un nuevo conductor borracho, bien porque es un político o bien porque causó una tragedia. Independientemente de lo que los jueces digan como sociedad no aceptamos que el alcohol sea una excusa para evadir responsabilidades penales. Siempre y cuando el caso nos indigne, porque por otro lado seguimos recurriendo al alcohol para desinhibirnos y pasarla bien en una rumba.

Podría ser una defensa si puedo argumentar que ingerí alcohol sin mi consentimiento, pero, salvo que me hayan sometido a la fuerza e inyectado alcohol directamente en la sangre, ¿podremos aceptar como excusa que ingerí alcohol por presión social pero yo no quería? ¿Y que si yo hubiera estado en mi sano juicio no hubiera aceptado el reto de mis amigos de subirme al carro borracho causando un accidente fatal?

Es un hecho, hay hombres y mujeres que (por presión de grupo o por sus propias razones) van a bares y otros sitios de rumba buscando pareja y relaciones casuales. Es un hecho que muchos de ellos usan el alcohol para desinhibirse y disfrutar mejor del momento y, en ocasiones, para atreverse a establecer contacto con las potenciales parejas.

Es también un hecho que algunas personas inducen a otras a consumir alcohol para dominarlas más fácil.

¿Cómo podemos establecer entonces la diferencia entre una joven que va a un bar con el objetivo de divertirse y tener sexo casual con un apuesto desconocido y obtiene lo que busca pero en el proceso tomó más de la cuenta y termina inconsciente y otra joven que sólo quiere bailar, posiblemente encontrar a alguien interesante con quien establecer una relación seria, pero es inducida a seguir tomando hasta perder el juicio y, cuando esto sucede, es usada y abandonada?

Ni Andrés Jaramillo, ni el padre de la joven mayor de edad, son las personas más idóneas para establecer la diferencia. Muchos de los comportamientos que muestra una cámara de seguridad, o lo que puede ver el vigilante de un parqueadero, son ambiguos.

Mucho menos somos idóneos nosotros de inferir lo que pasó por testimonios de terceros.

Salvo que otros testigos corroboren que escucharon a la víctima decirle que no al tipo, o que corroboren que la denunciante había previamente declarado su intención de tener sexo con cualquiera no sabemos qué pasó.

Podemos tomar una actitud tajante y mecánica con respecto a lo sucedido: si en el momento en el que ocurrió el acto sexual la joven estaba tan borracha como para que su aceptación pudiera considerarse como consentimiento libre informado entonces no hubo consentimiento, entonces fue acceso carnal no consentido, entonces fue violación. Creo que sí hay una sentencia de la corte en el sentido de que ni la forma de vestir ni el comportamiento previo pueden ser tomados como consentimiento si en el momento del acto la mujer no estaba plenamente consciente.

Pero esto sería una diferencia importante a cómo tratamos el alicoramiento en otros casos. Convertimos a la mujer automáticamente en víctima despojándola de cualquier tipo de voluntad (¿responsabilidad?) que haya podido tener en el transcurso de los hechos.

Nos dice Ana Cristina Restrepo que «según cifras oficiales, a octubre de 2013, 178 mujeres han sido asesinadas en Antioquia.» La cifra se ve impresionante así presentada, pero contrastando otras cifras que consulté en sólo el área metropolitana del valle de Aburrá, en el mismo período han sido asesinadas 1.137 personas. No me malinterpreten: una sola mujer asesinada está mal. Una sola persona asesinada está mal. Lo que las cifras solas no llevan a deducir es que el homicidio de mujeres sea un problema preocupante frente al problema del homicidio en general. ¿Es un problema de género? ¿Es el asesinato de mujeres un preocupante problema social que merece una atención especial frente al asesinato en general?

Hay cierta visión feminista de los hechos que debería ser debatible como cualquier otra visión. Es posible que haya razones por las cuales sea necesario resaltar que de las más de un millar de víctimas mortales en Antioquia en lo transcurrido del año algo menos de doscientas hayan sido mujeres; o que si el alcohol no es excusa para pegarle a la mujer sí es excusa de esta para denunciar como no consensuado un acto sexual. Y yo no debería ser acusado de ser misógino o machista por disentir de o cuestionar esta visión.

Y en cuanto al intelectual empresario Andrés Jaramillo, por favor vean más allá de la parte de la minifalda para darse cuenta por qué sí es un imbécil.