Matematicando

Recuerdo hace un par de meses, en una emisora colombiana, comentaban sobre el bajo desempeño de Colombia en unas pruebas internacionales de calidad en la educación. Preocupante era, sobre todo, el muy bajo desempeño en matemáticas.

Una de las periodistas no parecía preocupada. Contaba cómo en su caso particular las matemáticas no le habían servido para nada y hoy se consideraba una exitosa profesional.

Ese tipo de visión me parece peligrosa. Sí, una cosa es el caso personal de cada individuo. No todo el mundo ha de ser igual de excelente en todas las áreas del saber y cada profesión u opción de vida tiene su propio conjunto de destrezas.

Hay cierto tipos de destrezas que son, en mi opinión, básicas para crear una mentalidad y que ayuda a resolver problemas en comunidad: están las competencias en lenguaje, las competencias en ciencias formales y las competencias en el entendimiento sobre el entendimiento. En palabras más concretas: lenguaje, lógica/matemática y filosofía/epistemología.

No todo el mundo los necesita, desde luego. Individualmente podemos triunfar en la vida con apenas el lenguaje oral que aprendimos en la casa y sin saber siquiera multiplicar con una calculadora. Por milenios el hombre ha sobrevivido sin este tipo de conocimientos y formaciones mentales. También estamos hablando de milenios en los que el pensamiento mágico imperaba, la principal causa de muerte en las mujeres era por complicaciones en el parto, llegar a los cincuenta años, ciego, era un privilegio de pocos, y los súbditos éramos propiedad de nuestros señores.

Como individuos podemos ahora vivir de los frutos del progreso y de la democracia y ser exitosos hablando tonterías. Pero cómo sociedad necesitamos que haya más personas con pensamiento crítico, destrezas en solución de conflictos, discernimiento, comprensión de puntos de vista, evaluación de escenarios, etc.

Las matemáticas dan mucho más que la capacidad de contar las vueltas en una tienda; o las destrezas específicas para entrar a una facultad de ingeniería. Las matemáticas generan una estructura mental que benefician también al médico, al comunicador social o al sociólogo, no específicamente para tener éxito en su profesión sino cómo ciudadano en una democracia y como una persona que influye en una sociedad.

Tan importante es que el periodista pueda discernir y evaluar como que el ingeniero o el científico puedan comunicar.

La mentalidad de que porque algo no fue particularmente útil para mí, entonces no es útil, me parece peligrosa, por decirlo de una forma suave, y más aún cuando lo dice sin mayor criterio un formador de opinión.

Pensar que el éxito como nación se mide, no por la capacidad innovadora o por el criterio de trabajar en comunidad y exigirle a nuestros líderes soluciones de crecimiento colectivo sino por lograr éxito individual hablando trivialidades en radio y mostrando las tetas en una revista a un mensaje que no comparto.

De filosofía hablaré otro día.

Materialismo apático

[La creación de Adán] En mi anterior post sobre mi viaje personal en cuestiones de fe explicaba el papel que el creacionismo de tierra joven jugó en el descubrimiento de mi posición filosófica frente a la religión. Paradójico en mi caso es que la versión de cristianismo en la cual fui criado es una versión abierta a la ciencia, motivo por el cual nunca hubo una crisis personal en mí entre tener que aceptar la realidad científica por un lado y la fe cristiana por el otro. Pero la sola exposición de esa otra versión de cristianismo me hizo concentrarme en un debate en el cual mis conclusiones personales no fueron favorables a la catequesis.

Bible BeltDesde los años 1960 en el cinturón bíblico de los EE.UU. hubo un resurgimiento del cristianismo evangélico, una versión del cristianismo de origen protestante basada en la experiencia personal de aceptación de Jesús, la lectura de la biblia, y la guía de figuras carismáticas que sirven como pastores o evangelistas. Hay un par de versículos en la biblia, cuya cita no recuerdo ni me interesa, que dicen que si la escritura (la biblia), o la palabra (Jesús) no es confiable en términos del mundo real, no sería confiable en términos de fe.

La ciencia moderna, sin embargo, contradice muchas de las cosas que figuran en la biblia tales como una tierra plana en el centro del universo y un firmamento de agua bajo el cual giran el sol, la luna y las estrellas. Muchas de las grandes iglesias cristianas, incluida la Iglesia Católica, la Iglesia Anglicana y varias de las grandes denominaciones protestantes, han concluido que la base de la revelación cristiana no está en una lectura literal de la biblia. Que la biblia es inefable como documento teológico y no debe ser tomado como un texto de ciencia o de historia.

Dentro del cristianismo evangélico (que muchas veces rechaza el término “evangélico” para denominarse simplemente “cristianismo” como si las demás corrientes cristianas no fueran lo verdadero) surgen ideólogos que comparten otra visión. La aparente contradicción entre la biblia y la ciencia es el resultado de una comunidad científica que se ha alejado de Dios por culpa de la arrogancia de sus miembros y la guía de figuras satánicas como Charles Darwin.

En conclusión, el creacionismo de tierra joven, de origen evangélico pero que ha trascendido a otras denominaciones cristianas, incluidos sectores “conservadores” del catolicismo, y del judaísmo se ha puesto a la tarea de crear su propia ciencia, teniendo entre sus más notables exponentes a Ken Ham de Answers in Genesis y Kent Hovind.

Kent Hovind

Ken Ham

La ciencia promocionada por Ham, Hovind y demás líderes de la tierra joven, es contraria al consenso científico en física, astrofísica, cosmología, geología, paleontología, antropología, biología y casi cualquier otra rama de la ciencia; aunque, desde su punto de vista todo a lo que se oponen lo enmarcan dentro del nombre de evolucionismo o darwinismo. Darwin y su legado es el principal escollo a vencer, y por ello el debate que pretenden entablar se suele titular como “creación v/s evolución”.

La comunidad científica no guarda mayor respeto por lo que la ciencia creacionista propone; así como tampoco considera científicas las hipotesis de la astrología, el espiritismo, la ufología, la dianética, la homeopatía y muchas otras propuestas que normalmente enmarcan bajo el título de pseudociencia.

Pero ¿qué es la ciencia?

La ciencia es, principalmente, un método. La ciencia consiste en formular hipótesis que tratan de describir cómo funciona el mundo. Estas hipótesis deben estar basadas en observaciones. Estas hipótesis deben permitir hacer predicciones. Estas hipótesis deben ser falsables, esto es que sobre las predicciones, existen resultados sujetos a prueba que pueden corroborar falsa la hipótesis. Si los resultados de las pruebas de laboratorio u observaciones posteriores para probar las predicciones no contradicen la hipótesis y no hay otras hipótesis falsables y probadas que expliquen mejor el fenómeno, la hipótesis es reconocida por la comunidad científica como una teoría. La teoría está abierta, sin embargo, a que más adelante nuevos datos, nuevas observaciones y nuevas hipótesis contradigan o mejoren la teoría.

Existen mecanismos tales como la revisión por pares y requisitos de publicación a las que deben someterse las teorías científicas antes de ser aceptadas como tales.

Las pseudociencias se escapan de este método, estableciendo hipótesis no falsables y evitando el escrutinio de la comunidad científica, casi siempre bajo la excusa de que la comunidad científica es una comunidad cerrada a ideas poco convencionales, contaminada por ideas fijas (como el darwinismo, según los creacionistas de tierra joven), arrogante frente a la disidencia.

Las ciencias, y particularmente las ciencia naturales, tienen bajo su base de trabajo lo que se conoce como naturalismo o materialismo científico. El materialismo científico es una limitación del alcance de las ciencias naturales. Básicamente significa que las ciencias sólo se ocupan del mundo material ofreciendo respuestas sobre el mundo material.

Las ciencias sociales tratan sobre el hombre y dada las complejidades de las interacciones humanas y la dificultad de predicciones, algunos científicos catalogan a la economía, la psicología y otras ciencias sociales como pseudociencias.

Otro tipo de ciencias, como las ciencias formales tales como la matemática y la lógica, por ejemplo no nos dicen mucho sobre el mundo material, pero ofrecen un lenguaje con el cual se puede describir, entre otras cosas, las ciencias naturales.

La filosofía no es una ciencia. Parte de la filosofía es una metaciencia que valida lo que es el conocimiento y a la ciencia y su método como una respuesta a qué es la verdad sobre el mundo material, pero abarca más elementos de la existencia humana como la validación o no de la política, la ética y la práctica humana.

conocimientoEn un diagrama que vi en la escuela, mostraban a la teología como una capa superior a la filosofía, una justificación trascendental de que el conocimiento humano: filosofía, ciencias naturales y formales y las prácticas humanas son válidos por provenir de Dios, pero esta es una visión claramente teísta y como tal no sería compartible con personas que tienen otra idea sobre el sentir, práctica y filosofía religiosos.

Regresando a las ciencias naturales, el materialismo científico considera que todo lo no material, por ejemplo lo sobrenatural, es irrelevante para la ciencia pues no agrega nada al conocimiento científico. Una explicación no falsable sobre la causa o propósito último de un fenómeno no permite una mejor comprensión sobre el cómo, que es de lo que trata la ciencia.

Hace 400 años, cuando el método científico empezaba a desarrollarse, aun eran muchas las cosas que la ciencia no podía explicar y esto dejaba un gran espacio a la teología para justificar una intervención directa de Dios como causa próxima de muchos fenómenos, pero a medida que el conocimiento científico se ha desarrollado gran parte de ese espacio se ha venido cerrando. Newton, uno de los más grandes científicos de todos los tiempos, no pudo resolver el problema de la estabilidad del sistema solar y apeló a Dios como la mano invisible que permitía que todo funcionara y a los 36 años dejó de pensar en el problema para dedicarse a la alquimia y la meditación metafísica. Cien años después y usando las mismas fórmulas y la misma matemática que desarrolló Newton, Laplace completó el problema sin necesidad de recurrir a la hipótesis de Dios.

La cada vez menor intervención de una causa divina como explicación del mundo material ha desarrollado una visión que podemos llamar naturalismo o materialismo filosófico o materialismo metafísico.

El materialismo científico nos dice que la ciencia sólo establece verdades sobre el mundo natural apelando a explicaciones naturales. El materialismo filosófico nos dice que no existe nada más que el mundo natural. Como la hipótesis de Dios no tiene poder explicativo, entonces se descarta la existencia de Dios.

Hasta donde tengo entendido Charles Darwin no se adhirió al materialismo filosófico y adoptó el termino acuñado por su amigo Thomas Henry Huxley de agnosticismo para describir su visión personal. El principal exponente de la evolución darwiniana en la actualidad: Richard Dawkins, sí es un adherente del materialismo filosófico. Claramente el materialismo filosófico lleva a una conclusión: Dios no existe. Todo lo que esté por fuera del mundo natural, todo lo que no tenga un efecto cuantificable sobre el mundo natural no existe y un concepto sobre un dios o un conjunto de deidades que no sean falsables ni medibles no tienen efectos cuantificables sobre el mundo material.

Hay, sin embargo, dos falacias a evitar. La primera es obvia: el materialismo científico no es equivalente al materialismo filosófico. El materialismo científico habla sobre los alcances y los límites de las ciencias naturales (y probablemente de las ciencias sociales), pero no nos dice nada sobre lo trascendente, y ello da lugar a que personas de distintos credos religiosos puedan hacer ciencia de verdad, salvo que sus propios principios religiosos se lo impidan. El materialismo filosófico niega la trascendencia.

La otra falacia consiste en creer que si bien el materialismo filosófico lleva al ateísmo, el ateísmo se base en el materialismo filosófico.

El ateísmo es simplemente la falta de creencia en la existencia de deidades en general y de Dios en particular. Una de las manifestaciones de la falta de creencia es la negación de la existencia. La afirmación de que Dios y las deidades no existen. Y una de las razones para llegar a esta negación es la adherencia al materialismo filosófico. Sin embargo podría negarse la existencia de Dios sin necesitad de adoptar el materialismo; bien sea por rebeldía, creencia en algo distinto a deidades teístas como el panteísmo, falta de exposición a la hipótesis de deidades, etc.

Otra manifestación de la falta de creencia en Dios o en deidades es simplemente falta de creencia. No se niega a Dios, simplemente no se requiere asumir su existencia. No necesariamente el materialismo filosófico lleva a una negación de Dios, porque si bien declara que lo que está por fuera del mundo material no existe, podría aceptarse que eventualmente logre demostrarse por medio de hipótesis explicativas y falsables que hay atributos de Dios con efectos predictivos y cuantificables en el mundo material. Simplemente que mientras tal evidencia aparezca, la posición más razonable, para los adherentes de esta doctrina, es no creer en la existencia de deidades o de Dios.

Pero también hay muchas otras razones para carecer de una creencia en la existencia de Dios, además del materialismo. Se puede ser simplemente irreligioso. Una persona que no ha sido criada dentro de dogmas religiosos podría no adoptar una idea sobre la existencia de seres supremos. Estoy pendiente de confirmar estudios que sugieren una predisposición a crecer con la idea de un dios, pero la observación no científica a la que he tenido acceso es que hijos de padres que no inculcan una idea de un dios parece que dejan hijos sin idea de un dios. También existe una apatía pasiva: personas que si bien han sido expuestas a la idea de un dios, no piensan en su vida diaria en ello y en la práctica no forman o han perdido la creencia en la existencia de dioses. Y está la apatía activa, entre otras muchas razones para simplemente no creer.

Es claro que la existencia del materialismo filosófico pueda ser visto por los creyentes en alguna religión como una creencia en algo. Muchos creyentes acusan al ateísmo de ser una fe religiosa. Que así como existen religiones politeístas (con varios dioses) y religiones monoteístas (con un solo dios), existen religiones ateístas (con cero dioses). Un ejemplo de una religión ateísta son ciertas vertientes del budismo. Otro ejemplo, aseguran algunos creyentes, es el materialismo. El ateísmo derivado de la adherencia al materialismo filosófico sería una fe religiosa, y muchos religiosos monoteístas atacan al ateísmo como una creencia religiosa.

Pero al no distinguir el materialismo científico y el materialismo filosófico, para un grupo de creyentes la ciencia es también una manifestación de esa falsa religión que es el materialismo. El creacionismo de tierra joven es muy dado a este tipo de ataques: atacar a la ciencia materialista para tratar de imponer su propia versión de qué es la ciencia: una serie de conjeturas sobre cómo funciona el mundo ajustada a cierto tipo de interpretación literal de la biblia.

Otros muchos apologistas del cristianismo (así como de otros teísmos) [que no se unen a la doctrina de tierra joven] atacan al materialismo filosófico, en parte porque su labor es defender al cristianismo de los ataques que los materialistas filosóficos hacen a la religión. Si bien he visto a apologistas con una buena comprensión del método científico y que defienden el materialismo científico, muchos de estos apologistas son más filósofos que científicos y son dados a considerar que toda crítica a la fe desde la ciencia parte de un materialismo filosófico y no de otro tipo de objeciones.

Hasta donde entiendo William Lane Craig no se adhiere a la doctrina de tierra joven.

Muchas veces me he visto tentado a considerar a los apologistas y a los creacionistas como una misma clase de individuos y en muchas de las discusiones y debates que he observado pareciera que se confunden. Y pareciera que muchos ateos también los confunden y los cuentan en un mismo saco y por extensión a cualquier versión del cristianismo.

Personalmente creo que es una visión válida observar un método materialista en la práctica científica manteniendo una concepción religiosa sea esta teísta o no teísta. Muchas personas religiosas que hacen ciencia ven a la ciencia como el cómo, como la explicación de las causas próximas, mientras que relegan su visión religiosa a la teleología o explicación de las causas últimas. Muchos ateos reconocen que el materialismo científico no implica un materialismo filosófico y no tienen inconveniente con compartir la ciencia con colegas religiosos.

Es dentro de ciertas filosofías, como la filosofía religiosa de los creacionistas o la filosofía antireligiosa de los materialistas que la ciencia y la religión no combinan.

Pero en todas estas. ¿Dónde estoy yo?

Arriba mencionaba a la apatía activa como una de las causas de la falta de creencia en la existencia de dioses. Creo que la apatía activa es la mejor descripción de mi sentir sobre el tema.

En la ciencia Dios carece de valor explicativo como causa próxima. Si Dios o algo similar tiene sentido como causa última no es una cuestión científica. Por mucho tiempo traté de compaginar mi cristianismo con mi agnosticismo y dentro de ese diálogo mental he llegado a varias conclusiones, muchas de las cuales han venido tomando forma aun después de que abandoné mi pretensión de ser cristiano.

La idea de un dios necesario como causa última requiere que yo crea en la existencia o necesidad de una causa última. Tampoco requiero de un dios como causa de una moral objetiva, ni requiero de un dios como causa epistemológica. Para mí tiene más sentido considerar a las ciencias formales como una creación humana que como una realidad trascendente que sólo podemos conocer a partir de un dios. No hay un solo motivo en mi sistema de creencias que me lleven a necesitar a un dios.

No porque yo me adhiera a la filosofía materialista. Creo que el materialismo científico es un límite y que hay muchas cosas que la ciencia no puede descartar como falsas, sólo como innecesarias. Y un dios es parte de eso. Si nuestra auto-conciencia es tan sólo un producto de nuestras mentes o se trata de algo más que opera sobre nuestras mentes, creo que no lo puede resolver la ciencia. La paradoja del cuarto chino nos dice por qué la hipótesis no es falsable. Lo que sí parece claro es que no existe un alma que opere independiente a nuestra mente y que tenga efectos sobre el mundo material.

Todo mi sistema de creencias me lleva entonces a una conclusión: la existencia de Dios me es irrelevante. No es que no haya pensado el problema. No es que no entienda el concepto. Creo incluso que hoy tengo una mejor explicación de qué es la trinidad de la que pude haber tenido cuando aún tenía una fe vaga. Y no rechazo a Dios por se trascendente o por ser trinitario, o porque me decepcioné de la teología o me decepcioné de la biblia. Simplemente no creo. No tiene sentido en mi sistema de creencias. No tiene lugar en mi concepción del mundo.

Más que un materialismo filosófico lo mío es una filosofía de materialismo apático. Lo sobrenatural me es irrelevante. Lo sobrenatural para mí son conjeturas interesantes y aun tengo un interés en los dogmas de las religiones. Pero, para mí, esos dogmas, esas mitologías, son casi indistinguibles de la ciencia ficción y de la fantasía como géneros literarios. Me interesa conjeturar lo posible. Pero separo lo posible de lo que creo que es la realidad, y la hipótesis de Dios, para mí, está en la primera parte.

A journey

For many years I was attempting to conciliate my agnostic internal philosophy on the supernatural and my Christian culture. I was risen by a Catholic family, in a Catholic country and attended to Catholic school. Despite whatever system of believes I hold internally the Christian Catholicism is part of my cultural heritage and cultural self-identity.

When I was a little kid I had personal questions on the afterlife. The both alternatives I could grasp as a kid were unsettling, disturbing: that my being were finite (v. g. eternal nothingness after you die) or my being were eternal (regardless of heaven or hell). Now, looking in retrospective, it seems I never had a deep believe on heaven, limbo or hell.

Yes, I was worried that my acts and thoughts lead me to hell, but I could not actually picture in my mind the eternal torment of hell, or the eternal glory of heaven. My thoughts, speculations and fears only lead me to the judgment after death, not actually to the eternal suffering or eternal wellbeing.

Reincarnation seemed less disturbing but yet. The idea that my being would start over again and again, probably for eternity but without memory of an eternal past. There was however a disturbing thought, anyway: if my future me would not remember my present me it would mean that my present me would be finished, dead. My future me would not be an afterlife. Anyhow, while less disturbing, I did not actually believed in reincarnation.

So that was me as a kid, immersed in a Christian culture, being taught at home, at mass and at school what to believe on the nature of humankind, history, morality and afterlife from a Catholic point of view.

Unlike other Christian denominations, mainstream Catholicism does not hold a fight against Science and evidence-based understanding of the natural world and human history. I went to a confessional school, ruled by the Brothers of the Christian Schools (Lasallian Brothers), since fourth grade. (I took third grade in a lay-ruled confessional school; before that, I went to public school in a secular country.)

At school I was taught both the myth of creation and the theory of evolution, as well as a few theories on the origin of the Universe. Evolution and creation were not taught as a controversy. Evolution was taught in science class, where we were exposed to the origins of Darwin thesis as opposed to Lamarck, and how spontaneous generation was discarded. We learned on Mendelian inheritance and DNA, and the possible origin of life from natural processes. We were taught on the origin of Earth and the solar system. On how to prove that the Earth is round and orbits around the Sun. We were exposed to some thesis on the existence of the Universe including the thesis of the static Universe and the expanding Universe, and how probably it all begun in an event called the Big Bang.

I was taught the biblical creation story in religion class in third grade, before any scientific theory on the origin of the universe or the diversity of life. But when the conflict came between the biblical story and what we were exposed in science class we were taught the official position of the Catholic Church after Vatican II: the Bible is not a book of science and history, but the Bible is infallible in theological matters. The creation story in the Bible is allegorical.

There was no controversy. I never heard a priest negating the scientific theses. I never heard a science professor claiming that the Bible was wrong.

Religion class in La Salle school was not only catechesis. We were taught on the origin and existence of religions, including some of the theses of other religions. We were taught on the question of historicity of Jesus (of course, it was a confessional school so the conclusion was that Jesus indeed existed as a human being).

There was no controversy between science and religion in my mind either. I accepted most of what I learned in school on scientific matters, probably because that was also consisting with one of my favorite TV shows: Carl Sagan‘s Cosmos. I did question a little more what I was taught in religion class. I didn’t question religion for the magic. I had already conciliated that part. I didn’t question the history of ancient Israel, probably because there was no much to compare it against. What I questioned was the theology.

I remember, when I was 14, our religion teacher challenged us to express what we believed and what we didn’t believe. I don’t recall what exactly I believed back then but I do remember what I claimed and why. I said I was an atheist and my main supporting thesis was the problem of evil. How could an omnipotent, omniscient, omnibenevolent god allow evil? Another question was the scope of the revelation. Why isn’t the revelation universal? Why are there other religions? It seemed to me that God were rather a human construct rather than humans a creation from God.

Religions have a mythical aspect and I accepted part of the Christian myth (v. g. the history of the Kingdom of Israel) and rejected other (the literal biblical creation). But according to post-Vatican II, the believe in the myth is not fundamental. Religions have theological aspect, v. g. what’s the nature of God. I’m not sure what I accepted or what I rejected, in theological terms, back when I was 14. Religions have a ritual aspect, and when I was 14 I was a reluctantly practicing Roman Catholic. Religions have a cultural aspect, and I deeply identified myself a Catholic and a Christian back then, and probably I currently do. Religions have a moral aspect, however I am not sure how separated is this aspect from the cultural one. Religions have a spiritual aspect, the personal feelings a human being experiments as interpreted by the theology, the practice and the culture of a religion. I guess I held that spiritual aspect back then when I claimed to be and atheist, and those feelings have been one of the main reasons I had rejected the label of “atheist” later in my adult life.

But, as I said, my school was a confessional Catholic school, and one of the requirements for taking my high school degree was that I were confirmed as a Catholic. So when I was 16, I took the confirmation catechesis and confirmation ceremony with a mixed feeling. I rationalized that if I was indeed an atheist, the confirmation would not hurt me. On the other hand I would put my best to sincerely commit as a good Catholic.

So I took the confirmation. Later that year I took my high-school degree, and the next year my family moved back to Sweden. I had lived in Sweden when I was 6–7, and previously in this post I described it as a secular country. I’m not sure if Sweden pass a strict definition of secular as the Church of Sweden was an integral part of the Swedish state and hold the registration of every Swedish citizen, but for practical matters it behaved as a secular country with freedom of religion and freedom from religion.

Of all religions’ aspects (mythical, theological, ritual, cultural, moral, spiritual) the cultural aspect was a key element when I was 18–19 years old living in Sweden. I became a less-reluctant practicing Catholic, and when I was 19 I joined a youth group at church. I committed to renew my theology and my morality. I wanted to be a good Catholic Christian.

I had friends from different religious backgrounds and different commitment on their own believes, and different cultural expectations.  One thing is to know from textbooks other religions exists, another one is to share with them.

I eventually came back and began college in a Jesuit ruled University. While at the beginning I wanted to continue my religious renewal and to join some religious student group in College (there were plenty) I didn’t (I later joined a student group that had no religious purpose in their chart).

However I kept realizing that I didn’t hold a deep believe in God. No matter my attempts to be a good Christian, I was relegating the myth on God (father) to the same drawer I had relegated the myth of Creation, the myth of Abraham, the myth of Moses, and the myth of Jesus. (If you are offended by my use of the word “myth” I am not claiming that a myth is a falsehood, but rather a story, a narrative.) I guess I never internalized the mystery of the Holy Trinity or understood what exactly the Holy Spirit was.

For many Christian theologians (including many Catholic theologians) no part of the biblical myth is sacred. Even Episcopal Bishop John Shelby Spong claims that the myth, including the God’s myth, is a burden to Christianity (but I hadn’t read Spong’s thesis back then). Just as the creation myth was proved false any other myth could be proven false and the Christian faith should not be invalidated.

I still praised the Christian morality based on the (alleged) teachings of Jesus. I still felt the cultural communion with my fellow Christians, and while my reason was telling me that God was not necessary, my feelings kept me thinking that there should still be something out there.

So I rediscovered the term “agnosticism”. I didn’t have a strong believe in the supernatural, including the Christian myths but I couldn’t prove them false, either. I still felt identified as a Catholic. I still felt that there might be something out there. I would not embrace the term “atheist” as it would have meant a rejection, rather than an incredulity of the myths, and would have meant resigning as a Catholic.

I found many meanings of what agnosticism was, and somehow I adhered (or reinterpreted) Thomas H. Huxley‘s original definition of the term: I lacked an enough feeling of certainty on the trueness or falsehood of the thesis of a supreme being.

I was 27 or 28 when I reached this conclusion. I didn’t need a supreme being to understand the universe. I didn’t need a supreme being to explain my feelings on spirituality. I didn’t need a supreme being to identify myself as a Catholic Christian. I didn’t need a supreme being to justify morality. A supreme being has not been proved by science, and a supreme being has not been disproved by science (and it seemed to be unknowable by science). So I was still a non-practicing Roman Catholic Christian and I was an agnostic.

I knew about Richard Dawkins by his work The Selfish Gen. I read that book when I was younger, and found a compelling case on how Evolution works. I didn’t knew and didn’t care that Dawkins was an atheist. I also read The Universe in a Nutshell by Stephen Hawking, and I found intriguing the concept of a Universe without a clear beginning in the singularity as a plausible thesis that left no room for a creator.

While I didn’t came to The God Delusion or the later works by Dawkins, when I first learned he advocated that religious belief is incompatible with science my reaction was that Dawkins failed. After all, there are many people who hold a religious belief and do good science. I also respected the Amazing Randi for his works against pseudoscience and debunking charlatans, so I felt somehow betrayed when I realized Randi included organized religion into the things he was against.

The first time I found a Young Earth Creationism website my reaction was one of incredulity. How can people still believe on the creation myth and claim evidence-based prof on that? Wasn’t the whole Creation/Evolution polemic solved in the US back in late 19th century or early 20th century?

Of course, I knew there was people who believed literally in the Bible, people who refused medicine preferring praying instead. I knew Ned Flanders in The Simpsons reflected a reality. What I didn’t knew is that some of these people were attempting to fight science in scientific matters and posing as scientists.

As a young Catholic I grew up without that dichotomy between science and religion. Even if I chose a less religious path in my life many of my classmates became later more religious people (inside and outside the Catholic Church). I know of priests and pastors doing hard science. So why should these (mostly evangelical) Christians need to undermine science to promote their religiousness?

During the last year I joined the debate. What is the motivation of Dawkins and Randi to fight religion? What is the motivation of evangelical Christianity to undermine science? What does that mean for my understanding of the World.

I still disagree with Dawkins: a person can hold a religious belief and engage in hard evidence-based science. I still disagree with fundamental skepticism that claim religious based believes incompatible with skepticism (you can believe whatever you want, religious or non-religious, as longer as you are willing to question your believes). I cannot respect the position of some religious leaders and apologetics who engage in undermining evidence-based science (I would respect a position that science is mundane and therefore unimportant, even if you consume the fruits of science). I find fascinating the thesis by Spong on a non-theistic Christianity. I don’t find contradictory my last years in which I tried to conciliate a Christian identity and an agnostic philosophy on the supernatural and the supreme beings.

But that’s not me anymore.

While I still appreciate and hold some Christian values, I cannot relate to the whole Christian morality (whatever version) in a way I cannot honestly claim to be Christian any more. I cannot relate to some of the teachings from Jesus (or alleged to Jesus the Christ).

I now recognize that my spiritual feeling that there might be something out there is just an internal feeling. I realize that finding an spiritual meaning of my life might be more comfortable and might help me overcome some personal problems. But I cannot trust a comfortable lie. A comfortable idea in which I cannot believe.

I’m still culturally Christian. I’m still culturally Roman Catholic. I relate to the myths and stories. I relate to the celebration of Christmas and I love the myth of the manger. But cultural identity in absence of any other religious element is not enough for me to call myself a Christian.

I’m not a Christian. I’m not a theist. Neither hold I a pantheistic world view or any other non-theistic religious world view.

I have realized that when I claim I don’t need a superior being to understand my world, my epistemology, my ethic and moral code, etc. while not having a personal connection to the idea of a supreme being, that’s quite much the definition of an atheist: someone who lacks a believe in a god or gods.

I am still an agnostic, as I described myself some 13 years ago. I have no comfortable amount of certainty on the trueness or falsehood of the thesis of existence of supreme beings. But for any practical purpose that also mean that I lack believe in a supreme being. I embrace the term “atheist” without the need to dash it with me being an agnostic.

Is this the end of the road in my personal search for my world view? Probably not. From that little Catholic boy who found uneasy the idea of an eternal afterlife (even in Heaven) to the 40 year old who still struggles to accept he being an atheist rather than a Christian, my life has brought me several ways to look at the religious question and probably will bring me some other challenges in my worldview.

Un yo agnóstico

Hace ya mucho tiempo que he tendido a definirme como agnóstico y uno de los grandes temas que surge es si detrás de mi agnosticismo lo que hay es un ateísmo que no me atrevo a hacer público mientras que por otro lado mantengo una postura ambigua frente a la religión dentro de la cual me crié: el cristianismo católico de rito romano.

La otra vez me autodefinía como formalmente cristiano católico, ritualmente católico no practicante y filosóficamente agnóstico, pero siento que ya es hora de hacer una introspección y confesarme como no cristiano. No lo soy porque no sólo no comparto los dogmas del cristianismo (posición antidogmática que es compartida por muchos otros cristianos) y dudo de la historicidad de Jesús (cosa que incluso algunos clérigos consideran irrelevante) sino que he dejado de ver a los valores cristianos como guía para mi propia vida.

Uno no decide ser creyente o no. Uno va descubriendo sus propias creencias y los fundamentos de las mismas. No es que un día yo haya decidido ser agnóstico sino que un día reconocí en mi sistema de creencias lo que Thomas Henry Huxley denominó agnosticismo, mientras que por otro lado reconocía los valores que mi formación cristiana me había conferido junto con la falta de sustento empírico sobre los dogmas. Otras personas tendrán otras experiencias que los habrá llevado a una postura más gnóstica sobre la existencia de un ser supremo y su alcance.

Pero la verdad, incluso en los creyentes en un ser supremo en particular, llamémosle Dios y reconozcámoslo como el dios de la Biblia (¿El? ¿Yavé?), o cualquier otra idea de dios o dioses, no aceptan todo ese conjunto de definiciones y normas en el todo de las escrituras. La mayoría de los obispos de las grandes religiones cristianas organizadas, comenzando por el catolicismo y el Papa consideran que la Biblia es más alegórica que históricamente factual, pero incluso los evangélicos que claman una interpretación más literal de la Biblia escogen qué mandamientos seguir y cuales no. Sólo unos pocos fanáticos hoy en día considerarían, por ejemplo, que la lapidación es un justo castigo por deshonrar el sábado trabajando.

A lo largo de la biblia, tanto el antiguo como el nuevo testamento, encontramos lecciones de vida positivas y otras cuestionables. Un apologista dirá que lo cuestionable puede ser un problema de interpretación: que obedece a otros tiempos o que era un mensaje a otras culturas o que, simplemente, no tenemos la capacidad y sabiduría suficiente para entender el verdadero significado de esas normas.

Hay otra explicación y es creer que la biblia es un conjunto de escritos, redactado por diferentes seres humanos que reflejan sus históricos y culturales puntos de vista. Una obra humana que sería luego traducida, transcrita y corregida por otros seres humanos en otros contextos históricos.

Sigo creyendo que en la biblia hay buenas lecciones de vida y varios sabios consejos. Pero también sucede esto con El Conde de Montecristo, o El llamado de la selva, o Cien años de soledad, o Juventud en éxtasis, o ¿Quién se ha llevado mi queso?, o mi blog. Así como en todas estas obras hay elementos cuestionables tanto en la presentación fáctica como en los valores presentados.

Hay muchos elementos por los cuales tengo aún un apego emocional con el cristianismo en general y el catolicismo en particular. Confesarme no cristiano es un proceso doloroso. Pero, por otro lado, es una realidad si analizo mi sistema de creencias y valores. Los valores que comparto con el cristianismo son realmente valores humanistas mientras que no puedo esconder mi rechazo a valores bíblicos como la condena al conocimiento y la razón presentados en la fábula de la serpiente en el Edén o en el desprecio que se muestra a Tomás por su escepticismo.

Pero descubrirme no cristiano no me convierte en ateo. Ni me lleva a abrazar a alguna otra religión. Mi postura sigue siendo agnóstica así personajes que admiro como Richard Dawkins consideren el agnosticismo como una postura pobre.

No soy agnóstico en materia religiosa porque crea que tal vez exista alguna religión válida, o porque considere igualmente probable la existencia o no existencia de un dios en particular o de cualquier tipo de dios… lo que me lleva a la siguiente pregunta: ¿qué es un dios?

Los deístas creen en un universo creado por un ser superior, pero no creen que ese ser superior sea una persona que continúe acompañándonos a lo largo de la historia. ¿Pudo un elemento “consciente”, “racional” o “personal” haber dado origen al Big bang? ¿O haber creado la primera forma de vida? ¿O crear (o formar) ese elemento metafísico que reside en nuestras mentes y que llamamos alma?

Mi última discusión interna tiene que ver con el concepto del yo y la continuidad del yo. Tal vez estoy demasiado contaminado por el concepto cartesiano pero para mí es clara una cosa: puedo dudar de todo, incluyendo de la misma composición material de mi cuerpo y mi mente. Pero existe un yo que se plantea esta duda y que percibe una continuidad entre un pasado que recuerdo y un futuro que espero o temo vivir.

A partir de este convencimiento de que yo existo construyo todo lo demás como un sistema de creencias: mi cuerpo existe así como las cosas y personas a mi alrededor. Estas cosas que percibo son consistentes o no con lo que otras personas me dicen a través de las conversaciones de la vida diaria, los libros, la televisión o Internet. Estas creencias las tomo por ciertas y se convierten en lo que sé. Otras de mis creencias permanecen como conjeturas: cosas que creo que son así pero estaría abierto a que me demuestren otra cosa. Otras creencias son más bien esperanzas: las cosas deberían ser así porque así el mundo sería un mejor lugar para mí.

Así como existe este yo y creo firmemente (al punto de decir que sé que es así) que este yo reside dentro de una mente físicamente localizada en el cerebro del cuerpo de un animal humano (mi cuerpo tal cual lo percibo), también creo, también sé que existes, como una persona que es capaz de tener estos mismos pensamientos bien sea que efectivamente así lo pienses o no. Sé que eres una persona que resides en un cuerpo humano. Que tienes un punto de vista, una propia continuidad, una propia expectativa y unos propios recuerdos. Eres tu propio yo.

Es ese yo (el tuyo, el mío, el de los demás) uno de los desafíos de mi mente. ¿Es algo netamente natural o corresponde a una sustancia metafísica?

Si es algo netamente natural cabe la duda de qué elementos naturales llevan a esta condición. ¿Qué tanto yo tiene un animal? ¿Podrá un robot alguna vez tener un yo?

Si, por el contrario, existe un yo metafísico. ¿De dónde proviene? ¿qué tanto se parece o no al alma inmortal que nos enseñan en el catequismo?

Creo que una respuesta completamente naturalista no será completamente satisfactoria. La neurociencia nos podrá mostrar el cómo de nuestra mente y nuestra percepción y eventualmente nos dirá el cómo del yo, pero ¿puede la neurociencia explicar el qué del yo?

No es que crea que un teólogo pueda explicar el yo mejor que un neurocientífico. No es que en mi conjunto de creencias de qué es y qué no es yo de igual peso a la posible existencia de lo metafísico que a su probable inexistencia. Mi agnosticismo lo que me dicta es la creencia de que no habrá una respuesta completamente satisfactoria.

En cuanto a si creo que existe un ser personal que dio origen al universo y a la vida dentro de la tierra y que nos acompaña todos los días de cada una de nuestras vidas y que es supremamente poderoso, lo conoce todo y es toda bondad y que se nos manifiesta en tres personas distintas, una de ellas que nació y creció como un ser humano y murió como un ser humano pero resucitó y sigue vivo en cuerpo y alma tras casi dos mil años…, lo siento: en ese no creo.

Suspensión de la incredulidad y realidad secundaria

Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana…

Así comienza cada una de las películas de una de las sagas de ficción más populares del cine.  Por unas dos horas de cada una de las seis películas estamos invitados a olvidarnos de nuestro mundo, nuestros problemas e, incluso, de las leyes de la física tal cual la conocemos para sumergirnos en el mundo de los caballeros Jedi, los imperios estelares y los viajes interplanetarios.

En esos momentos la realidad no es lo que hemos aprendido en la escuela sino lo que el cineasta nos muestra.  El cineasta nos redefine el mundo.  Ese mundo ya no es una mentira sino una realidad secundaria y dentro de esa realidad secundaria sabemos que Obi Wan Kenobi le miente a Luke Skywalker cuando afirma que Darth Vader asesinó a su amigo Anakin, padre de Luke.

Sabemos que toda la historia de Luke, Obi Wan y Anakin es ficticia.  Es una creación.  Usualmente no la llamaremos una mentira tal vez porque hacemos una distinción entre contar una historia para engañar (mentira) y contar una historia para entretener (ficción).  Cuando George Lucas nos presenta esa historia no quiere hacernos creer que eso es una verdad fáctica sino que quiere que por unos instantes nos adentremos dentro de su creación y establezcamos qué es verdad y qué es mentira dentro de ese mundo.

Muchos autores se han puesto a discutir sobre si el Imperio es realmente tan malvado como el sesgo de las películas lo muestran o si no es la resistencia los verdaderos malos de la película.  Una discusión que sin duda va más allá del universo presentado por Lucas y que en últimas es una discusión sobre algo inexistente en nuestra realidad.

La Galaxia de los Sith y los Jedi existe en nuestra imaginación; así como existe la Tierra Media de J. R. R. Tolkien, o existe el Hogwarts de J. K. Rowling.  Y no sólo en la fantasía y la ciencia ficción, sino en toda obra de ficción, desde una comedia romántica hasta una telenovela.

No solo es nuestra mente capaz de suspender nuestra realidad para adentrarnos en la creación de un autor, sino que podemos hacerlo muchas veces durante un mismo período de tiempo y mantener todavía nuestra conexión con el mundo real.  Podemos seguir varias series de televisión y telenovelas que se desarrollan durante meses y al mismo tiempo leer uno o dos libros de ficción y cumplir con las obligaciones de nuestro trabajo o nuestra escuela.

¿Tiene algún beneficio esto?

Las especies más inteligentes del reino animal, como los delfines, lobos y chimpancés, son también las que presentan estructuras sociales más complejas, apartándose de un solo modelo de manada.  Los seres humanos hemos desarrollado múltiples modelos de estructura familiar y de organización social a nivel de aldea, tribu, clan, ciudad, gremio, club y nación.  Gran parte de nuestra capacidad cerebral está dedicada a entender las complejidades sociales que nos rodean.

Pero esta complejidad social la compartimos con ancestros como el Homo habilis y un caso muy significativo fue el que ocurrió en Eurasia al final de la penúltima glaciación.

El hombre de Neanderthal apareció hace unos 400.000 años.  Tenía un cerebro más grande que el nuestro y era físicamente más formidable y adaptado a los inviernos euroasiáticos.  La población euroasiática de neandertales divergió de los homínidos que poblaban África en esa época y hace unos 100.000 años hubo una catástrofe climática que devastó a casi la totalidad de la población homínida de África.

Los que sobrevivieron fueron aquellos capaces de inventar mundos mágicos e historias.  Aquellos que tuvieron esa capacidad adicional de innovar, de recrear, de pensar más allá de lo aprendido y de comunicar este pensamiento.

Tras esta cercana extinción sobrevivió lo que hoy conocemos como el hombre anatómicamente moderno: el Homo sapiens.  El hombre moderno con su capacidad de crear historias y de mantener activa su imaginación salió de África y llegó no sólo al territorio de los neandertales en Eurasia sino que eventualmente llegaría a Australia y a América.

El hombre de Cromañón, como hoy conocemos a los primeros hombres modernos que llegaron a Europa, convivió con el hombre de Neandertal, llevando finalmente a este último a la extinción justo durante la era climática que era más apta para el Homo neanderthalis.

Los neandertales eran ya suficientemente inteligentes para sobrevivir en un invierno euroasiático y más aptos físicamente que los hombres africanos que acababan de llegar.  Pero la nueva concepción del mundo potenciada por el uso de la imaginación y por la capacidad de crear y narrar historias, llevó a que fueran estos recién llegados los que sobrevivieran y se convirtieran en nosotros.

Las historias y los mitos no son mentiras cuando podemos reconocerlos como tales.  La ficción y nuestra capacidad para suspender la incredulidad y retomarla, nuestra capacidad para reconocer realidades secundarias y mantenernos en nuestra realidad primaria, ha sido una de las grandes capacidades que el hombre tuvo, no sólo con respecto a los otros animales sino con respecto a los demás homínidos.

Pero hay un riesgo.  Podemos creer tanto en una realidad secundaria que no sólo convertimos los mitos en realidades sino que rechazamos las evidencias que la realidad nos presenta en contra de ese mito.