La saga de Ugenito

Ugenito estaba invitado a ayudar a coordinar un evento al otro lado del mundo. ¡Yupi por Ugenito! Pero la invitación sólo cubría pasajes hasta por x cantidad de money. Así que Ugenito se metió a googlear todas las combinaciones posibles de vuelos y nada salía por menos de x. Tal vez Ugenito no podría ir, o sólo podría ir si completaba la diferencia. ¡Pobre Ugenito!

Pero surgió un plan de unas vacaciones en Disney para Ugenito y su familia. Ugenito pensó: si igual está el gasto de los pasajes para las vacaciones, tal vez el resto del pasaje para el evento saliera por menos de x. De nuevo Google flights a probar combinaciones. Pero nada cuadraba bien. Lo mejor que Ugenito encontró fue volar Bogotá–Nueva York, Nueva York–Florida, Florida–Bogotá, en un tiquete, y Nueva York–Tailandia, Tailandia–Nueva York en el otro; este último con escala en Moscú u otro puerto en Europa o el nororiente de Asia.

Pero aun faltaban las visas y la financiación, porque esa x cantidad de money, se la pagaban a Ugenito una vez llegara a Tailandia. Así que tocaba esperar. Y tocaba decirle a los organizadores que invitaban a Ugenito a que esperaran, hasta que hubiera una luz verde.

Pero los organizadores sólo podían esperar hasta el 15 de mayo, 50 días antes del inicio del evento, y para ese día Ugenito aun no tenía la visa USA en sus manos. Los gringos tenían el pasaporte de Ugenito, lo que significaba que casi seguro se la daban, pero casi seguro no es lo mismo que tenerla en la mano. Además el 15 de mayo en Tailandia es el 14 en Bogotá. Así que el 14 en la noche Ugenito se metió de nuevo a Google flights, para comprobar que las tarifas supereconómicas de pasajes a Nueva York y de Nueva York a Tailandia ya no estaban disponibles. ¡Pobre Ugenito! Pero probando combinaciones y combinaciones encontró algo casi igual de bueno: volar por Houston, con escala en Miami. Ugenito se arriesgó: sin tener claridad de la financiación y de la visa USA, Ugenito compró el pasaje Bogotá–Miami–Houston, Houston–Miami, Miami–Bogotá por American Airlines; y el pasaje Houston–Beijing–Bangkok, Bangkok–Beijing–Houston por Air China; con apenas los tiempos necesarios para bajarse de un vuelo y tomar el otro. Fort Lauderdale u Orlando hubieran sido mejor que Miami, pensaba Ugenito. Pero la tarifa por Miami estaba mejor. Incluso que una tarifa directa a Houston.

El evento no era en Bangkok sino en Chiang Mai, así que aún faltaba el tramo Bangkok–Chiang Mai, pero Ugenito sólo lo compraría cuando tuviera más claridad en el viaje.

Lo otro era que la decisión de Ugenito de comprar los pasajes así, imponía las fechas para las vacaciones familiares en Disney.

14 de mayo fue un jueves. El sábado 16 de mayo llegaron los pasaportes a la oficina de DHL, pero cuando Ugenito comprobó, la oficina estaba pronta a cerrar y no alcanzaba a desplazarse. El 18 de mayo era festivo, así que Ugenito tuvo que esperar hasta el martes a primera hora para ir a la oficina y reclamar los pasaportes. Primer alivio para Ugenito: las visas a USA aprobadas para todo el grupo familiar. Al menos no se perdió esa platica.

Con el pasaporte y la claridad, Ugenito fue a sacar la visa a Tailandia. Sin problemas. Pero el problema fue cuadrar ahora las vacaciones familiares. Ugenito regresaba el 17 de julio a Miami y el 28 regresaba de Miami a Bogotá. Tal vez lo mejor era que el resto de la familia de Ugenito volara el 18 a Orlando y regresara el 28 desde Miami, pero mientras se tomaban las decisiones los pasajes para esas fechas se subieron. Finalmente se cuadraron los pasajes: la familia llegaba el 19 a Orlando (directo a Disney) y regresaba el 29 de Fort Lauderdale.

Eso dejaba a Ugenito con todo el sábado 18 de julio solo en Miami, y buscando alternativas para llegar el 19 a Orlando. Por otro lado estaba el transporte familiar. Todo sugería que lo mejor era alquilar una Minivan en Orlando cuando acabara el plan Disney y regresarla en Miami. Habría transporte para los planes Universal, Sea World, Legoland, Sarasota, y para hacer vueltas en Miami. Otra alternativa era alquilar en Miami y devolver en Miami y dejar el carrito parqueado en Disney (gratis) durante esos días.

Indagando en los siempre cambiantes precios de alquileres de autos Ugenito encontró una super oferta: una minivan tomada en Miami el 19 (lejos del aeropuerto) y entregada el 28, por debajo de 400 dólares. Pero Ugenito se olvidó de reservarla. Cuando fue a ver nuevamente la opción ya no existía. La siguiente mejor opción: tomar una minivan en Disney el 24 y devolverla el 28 en Miami International. Esta vez Ugenito aseguraría la reserva. Detalles aún por cuadrar, pero todo se veía bien. Ugenito estaba satisfecho.

Con ya casi todo listo, hablando con amigos habría plan para el sábado 18 en Miami. En cuanto a las conexiones faltantes: Bangkok–Chiang Mai podría hacerlo en tren nocturno (se ahorraba una noche de hotel) y Chiang Mai–Bangkok en un vuelo económico. Quedaban pendientes las noches en Miami y el viaje Miami–Orlando, pero eso ya se cuadraría en su debido momento.

Día antes del viaje, sobre las 9 de la noche a preparar finalmente la maleta. La señora de Ugenito fue generosa en tomar el liderazgo y empacó varios pantalones, varias camisetas tipo polo, unos zapatos formales y, a manera de equipaje de mano, una maleta de rodachines un poco más pequeña. Ugenito no estaba seguro de la maleta de rodachines, pues se sentía más cómodo con un morral, pero bueno.

A bordo y sin ventanaLlegó el día del viaje: 1o de julio por la tarde. Ugenito había reservado la ventana que tanto le gusta porque Ugenito es curioso y le gusta identificar puntos en tierra mientras estos sean visibles. Pero cuando Ugenito llegó a su silla estaba ocupada. Una niña con escarapela de menor de edad viajando sin compañía le hizo ojitos para que la dejara en la ventana. Ugenito no pudo decirle que no. Pero luego comprobó que el pasillo tenía una ventaja: a la hora de salir era más fácil sacar el equipaje de mano del cosito de arriba y estar en el pasillo listo para correr y no perder la conexión, a esperar que quien estuviera en la silla de pasillo se moviera primero.

Primer retraso: congestión aérea en El Dorado y el vuelo sale con casi media hora de retraso. ¡La conexión! pensaba Ugenito. Pero esa congestión estaba prevista en la hora de llegada, y efectivamente el avión aterrizó en Miami 15 minutos antes de lo previsto. Tranquilidad: se salva la conexión.

Pero el muelle de desembarco estaba ocupado. El avión esperó en zona de carreteo hasta que estuvo libre: 20 minutos después de la hora de llegada. ¡La conexión! Apenas pudo Ugenito salió a paso veloz a inmigración y aduanas. Comprobando por el camino, Miami International no tiene WiFi de cortesía y la WiFi paga cuesta unos cinco dólares. Bueno, después me encargo de avisar a la familia si me fue bien o mal. Mientras tanto: una enorme fila de inmigración. ¡Damn!

90 minutos viendo como lentamente avanzaba la fila de inmigración, y cuando toca la fila final, una vez uno escoge la ventanilla, los cuatro gatos que estaban adelante se demoraban con el oficial eternidades. ¡Me tocó con el más lento! Pensó Ugenito. Finalmente llegó el turno y Ugenito mientras pasaba los papeles le dijo al oficial que tenía una conexión casi inmediata. Todo en orden y fue rápido. ¿Por qué se habrá demorado tanto con los otros? No importa: a buscar la maleta y lograr la conexión: ¡queda casi media hora!

La maleta estaba en la banda (sería el colmo si no tras tanta demora en inmigración). Ugenito agarra la maleta y sale directo a conexiones. Houston está cerrado, le dice el funcionario de American. ¡Pero tengo conexión internacional en Houston! dice Ugenito. De malas, dice el funcionario. Bueno, a correr al módulo de tiquetes para ver qué opciones hay. El vuelto está cerrado pero aún quedan 20 minutos para que despegue el avión. Tal vez Ugenito cuente con suerte.

Ugenito salió, se le cayeron los papeles que tenía a la mano, los recogió como pudo y llegó al módulo de tiquetes: ¡fila!

Ugenito desolado en MIA Finalmente lo atendieron. Nada que hacer. El avión acabada de despegar y era el último vuelo a Houston. Con gusto reprogramaban a Ugenito para el primer vuelo de la mañana y le daban alojamiento y comida en Miami. ¿Qué voy a hacer en Houston si ya perdí la conexión? pensaba Ugenito. Ugenito le dijo a la dependiente que lo pensaría.

Bueno: a comprar los 5 dólares de WiFi porque ¡qué más! Igual serían útiles por un mes y más adelante tendría que usar de nuevo Miami International.

Lo primero: llamar a casa para informar la situación. Lo segundo, llamar a Air China para ver qué acuerdo se puede lograr. Skype sobre la WiFi no estaba tan bueno así que Ugenito buscó teléfono público, pero igual el dependiente de Air China, en inglés con acento chino, no solucionó gran cosa. En Miami no hay oficina de Air China así que, cualquier cosa, sería mejor arreglarla al día siguiente en Houston. Además, perder la conexión a Houston era perder también el pasaje de regreso. Ugenito regresó al punto de tiquetación y tomó la oferta de American: el 2 salía a primera hora a Houston y, mientras, tomaba la oferta de comida, habitación y desayuno.

En el hotel, Ugenito tomó la decisión de ver cómo era la cancelación y el desembolso de Air China. Ugenito pensó que cualquier cosa era mejor iniciar el trámite antes de que despegara el avión de Houston y así lo hizo. Mirar alternativas. La más económica era volar por Korean Air via Seul (Incheon). La República de Corea no exige visa a los colombianos, así que sí es opción. Entre todas las alternativas, la más barata era volar, saliendo el 2 por la mañana de Houston, vía Seul a Singapur (Singapur tampoco pide visa), luego Singapur–Chiang Mai en una aerolínea de bajo costo (igual en cualquier alternativa perdería el tren desde Bangkok) y regresar desde Bangkok llegando el 18 por la mañana a Houston. Ugenito llamó a American y le confirmaron que no habría problema de mover el vuelo del 17 de Houston a Miami, pues era parte de los inconvenientes causados por el atraso.

Ugenito se vio tentado a comprarla, pero tenía dos problemas: la escala en Houston era muy justa y la tarjeta de crédito estaba ya al límite. Consultando con la familia, le dijeron que esperara y que en Houston intentara hablar nuevamente con Air China.

Vuelos atrasados Mañana siguiente: Ugenito llega a tiempo a la sala de espera para comprobar que el vuelo está atrasado. El copiloto se había enfermado y tenían que esperar un reemplazo. ¡Menos mal Ugenito no se apresuró a comprar por Korean!

Un par de horas después despegó finalmente el avión. (No, ni modo, definitivamente no hubiera alcanzado al vuelo de Korean). Y, sobre el medio día, estaba ya Ugenito en el megaaeropuerto tejano. Primera ventaja: en el George Bush Intercontinental Airport de Houston hay WiFi gratis; sin límite de tiempo. Lo primero: buscar una oficina de Air China en el aeropuerto. Y no la hay. En Air China, dentro del aeropuerto, sólo atienden desde 4 horas antes del vuelo que es a la una de la madrugada. Buscar si hay una oficina cercana al aeropuerto: Air China tiene dos oficinas en Houston, pero una es en el centro de Houston, a 50 dólares en taxi, (36 en Uber) y la otra, un poco más cerca al aeropuerto, tampoco estaba tan cerca. Lo mejor era llamar. Al menos esta vez, al otro lado de la línea, no era un chino macheteando inglés sino alguien que entendía el chapuceado inglés de Ugenito y a quien Ugenito entendía sin mayores problemas.

George BushEl aeropuerto de Houston tiene un problema. Fuera de la zona de seguridad no hay nada. Cero comercio. Ningún lugar dónde adquirir una SIM de datos o un teléfono desechable. Nada de restaurantes salvo un par de cafeterías pequeñas. Siempre que Ugenito preguntaba por cualquier cosa, la única respuesta es que fuera al Walmart más cercano (20 dólares en taxi).

Ugenito miraba su aplicación de Uber. Podía estimar tarifas pero no podía usarla porque no había alcanzado a confirmar el número telefónico en Bogotá, y no tenía cómo recibir mensajes de confirmación en Estados Unidos. También la dependiente de Air China hubiera preferido un número en Estados Unidos para devolver la llamada, así Ugenito no estaría esperando a llamar cada media hora a ver si había ya una solución.

Tras mucho pensarlo, la decisión fue salir del Aeropuerto. La pregunta era ¿a dónde? Había buses a la ciudad, pero sin comunicaciones no era buena idea. ¿Un centro comercial? Google maps mostraba uno pegado al aeropuerto. Bueno, allá podría conseguir un almuerzo y con suerte una SIM o un teléfono desechable para permanecer comunicado.

Pero estaba el problema de las maletas. Andar con dos maletas es incómodo en un aeropuerto, pero es más incómodo aún andando en la ciudad o por un centro comercial. Como pudo, Ugenito terminó sacando un morral que traía dentro de la maleta pequeña, empacó la maleta pequeña dentro de la grande como pudo y, con un morral y una maleta los movimientos eran más cómodos.

Buscar un taxi al Mall. ¡23 dólares! El área del aeropuerto Intercontinental de Houston es enorme y lo que se ve en el mapa pegado al aeropuerto está realmente apartado. Primer paso en el Mall: buscar dónde adquirir una SIM o un teléfono desechable. Un Best Buy Mobile pareció ser la solución. ¡Listo! 1GB por 30 días. Un poco caro frente a estándares internacionales, pero eso es lo que ofrece los Estados Unidos a sus visitantes. Al menos Ugenito ya tendría un número telefónico para recibir llamadas y mensajes de texto (p. ej. para terminar de registrar el Uber), y para no estar dependiendo de las WiFi de los aeropuertos, hoteles y centros comerciales.

Segundo paso: almorzar. Cualquier basura, no importa, mientras la panza se sienta satisfecha.

Tercer paso: averiguar que pasó con Air China: malas noticias, cualquier cambio saldría por más de tres mil dólares (cuando el tiquete original había sido por USD 1.033,00).

Cuarto paso: averiguar alternativas. Bueno, de eso se encargó la familia en Bogotá y finalmente consiguieron Korean Air hasta y desde Bangkok, pero el regreso de Bangkok sería dos días después y así mismo la llegada a Houston: ya no sería el 18 sino el 19. ¡Oops! Ugenito llamó a American nuevamente para ver si el vuelo Houston–Miami se lo corrían dos días después. Que no, que por políticas sólo se puede un día, pero sí, que sí podían hacer una excepción. Como parte del proceso, Ugenito aprovechó para correr el vuelo a Bogotá del 28 al 29 (y coincidir con el plan familiar).

Lo otro: estar completa y positivamente seguros de que en Seul no le pedirían visa a Ugenito. Ugenito googleo, encontró el número del consulado de Corea en Los Angeles y llamó. Sí, confirmado: no necesita visa. (Igual, Ugenito comprobaría luego, que nisiquiera necesitaba pasar inmigración en Incheon en conexión internacional).

Listo, salió el pasaje Houston–Seul–Bangkok saliendo el 3, Bangkok–Seul–Houston saliendo el 18 y llegando el 19 y un tiquete Bangkok–Chiang Mai el 5 (con una noche en Bangkok).

Quinto paso: buscar una noche en Houston. Una alternativa que parecía la mejor, un hotelito económico cerca al mall, y al día siguiente un taxi o un Uber (9 dólares, frente a los 23 del taxi) al aeropuerto. El problema es que al lado del mall significaba cruzar una avenida de suburbio gringo: es decir, algo casi imposible de hacer sin carro. Segunda alternativa: un hotel más cercano al aeropuerto (8 dólares en Uber, ni quise averiguar cuanto en taxi) y al día siguiente usar el shuttle del hotel. Por web resultaba mejor el precio que yendo directamente así que Ugenito reservó. Ya con la tranquilidad de tener solucionado todo hasta Chiang Mai, ida y vuelta. Bueno, seguía faltando el tramo Miami–Orlando, pero eso sería problema para otro día.

Sexto paso: cancelar el tiquete de tren de Bangkok a Chiang Mai. Pero ya ese día y a esa hora no le devolvían a Ugenito nada. 18 dólares a la basura. No importa. Ugenito pidió su Uber y estrenó el sistema. En el hotel reorganizaría de nuevo las maletas para asegurarse que la maleta aforada estuviera por debajo de los 20 kilos y la de mano debajo de los 7 que exigiría Thai Smile, la aerolínea de Bangkok a Chaing Mai.

Almuerzo en IncheonSin contratiempos, salió Ugenito el 3 por la mañana a Seul, comprobando que es un vuelo que apenas sí sobrevuela mar, y le hace un quite a Corea del Norte. Llegó Ugenito el 4 a Incheon, almorzó en el aeropuerto y tomó el vuelo a Bangkok que llegaba ese mismo 4 por la noche. Todo bien salvo que al entrar a la fila de inmigración en Tailandia le dijero que tenía que pasar primero por control de salubridad. Okay. Ugenito se devolvió y cuando llegó lo primero que le pidieron fue el certificado de vacunación de fiebre amarilla. ¡Oops! Ugenito tenía su certificado de vacunación junto con el pasaporte desde que le entregaron la visa a Tailandia, pero un par de días antes de salir, los separó y el certificado se quedó en Bogotá en la mesita de noche. ¿Qué hacer? Ugenito buscó entre los papeles, los que se le habían caído en Miami y que algunos no volvió a ver, y encontró la copia del certificado de vacunación que había usado para la visa. El funcionario de salubridad de Tailandia quedó satisfecho y Ugenito pudo ir a inmigración y a reclamar la última maleta que seguía en la banda. Ningún inconveniente en aduanas.

Primer plan de Ugenito: cambiar plata, conseguir una SIM y alojamiento. En ese orden. En últimas una opción sería dormir en el aeropuerto, pero la SIM de datos era para Ugenito artículo de primera necesidad. Tras cambiar 50 dólares, pasó Ugenito por un punto de información. Que no se preocupara por la SIM, pero mire estas alternativas de hoteles. Ugenito insistió que el más económico así no tuviera tantas prestaciones. Que no se preocupara por la SIM que cerca del hotel podría salir más económico. Bueno, está bien. Ugenito esperó el shuttle al hotel y una vez registrado y dejada las maletas salió a buscar una SIM y algo de comer.

Sí. Tal vez cerca del hotel hubiera conseguido una SIM más económica que en aeropuerto, pero no a esa hora. (Adicionalmente por web ese mismo hotel le hubiera salido un 33% más económico: conclusión, la próxima vez asegure la SIM primero y luego sí busque el alojamiento por web. O antes, pero por web.) Igual en el aeropuerto y en el hotel había WiFi, así que la falta de SIM no fue crítica.

Regresando al hotel esa noche, y cruzando la avenida por un paso peatonal señalizado, Ugenito pidió el verde y empezó a cruzar cuando el semáforo cambió. Un taxi le frenó en seco pitando y otro se mostró desesperado. Conclusión: bienvenidos de nuevo al tercer mundo y a los automovilistas que no respetan pasos peatonales. (Nunca más en Tailandia Ugenito se preocupó por hacerle caso a los semáforos peatonales y los cruces demarcados, igual a como veía hacer a los demás tailandeses: bienvenidos a la Bogotá pre-Mockus).

Songthaew en Chiang Mai, los de Bangkok son más chatarritas Aeropuerto Suvarnabhumi, en BangkokDía 5. Juicioso Ugenito tras desayunar una pequeña caminata matutina donde vio que el transporte público en ese sector era a punto de Songthaew (pickups adaptadas) se fue juicioso al aeropuerto, a checkear su viaje, conseguir finalmente la SIM (que sí consiguió: 1GB por 30 días, a la quinta parte de lo que le costó en Estados Unidos) y tomar el vuelo a Chiang Mai, con tiempo para no estar corriendo.

Ugenito llega a Chiang Mai, lo recogen de la organización y lo llevan al hotel. Muy buen hotel el Holliday Inn de Chiang Mai y una habitación espectacular. De eso Ugenito no tuvo nada que quejarse. Excepto que esa primera noche se le olvidó apagar el aire acondicionado y entre los cambios de clima y los aires acondicionados, el resfrío que venía incubando se exacerbó la mañana del 6 y tras tomar el desayuno, Ugenito se acercó a la enfermería por cualquier pasta para el alivio de los síntomas. ¿De dómde viene? Preguntaron los enfermeros. De Bogotá, pero pasé por Estados Unidos y Corea del Sur, contestó Ugenito. ¿Corea del Sur? preguntaron los enfermeros con los ojos abiertos. Resulta que por esos días hay una amenaza del Síndrome Respiratorio del Medio Oriente, Coronavirus (MERS-CoV por sus siglas en inglés) que en Tailandia quieren contener (como que hubo un caso en Bangkok que no trascendió y aun no habían casos en Chiang Mai), pero los viajeros que venían del Medio Oriente o de Corea del Sur, con síntomas de resfrío, eran personas de interés. Así que a Ugenito lo enviaron remitido al hospital más cercano (cruzando la calle del hotel), le tomaron muestras de fluídos, y lo regresaron al hotel con la orden de que permaneciera en cuarentena en la habitación mientras llegaban los resultados de los exámenes.

Y llegaron por la noche: resfrío común. Ya Ugenito estaba finalmente listo para continuar sus labores como coordinador de la 56a Olimpiada Internacional de Matemáticas.

A propósito del Día de la Raza

La conquista (leyenda rosa)

La conquista (leyenda rosa)

La historia blanca (o rosa) nos cuenta que en 1492 los europeos descubrieron a América y nos trajeron la civilización. A grandes rasgos esta es la historia que aprendí en la escuela: un encuentro de dos mundos donde los europeos aportaron la lengua y la religión, la escritura, los caballos y el ganado y, en general, los elementos que permitieron crear, eventualmente, naciones modernas en el continente americano; por otro lado América aportó la papa y otros cultivos. Sí, también aprendí que la varicela le permitió a Cortés conquistar México, que muchas tribus indígenas fueron destruidas durante la conquista, y luego relegadas durante la colonia, aunque gracias al trabajo de Fray Bartolomé de Las Casas la corona eventualmente protegería a los indios, aunque esto diera pie a la esclavitud de africanos.

La conquista (leyenda negra)

La conquista (leyenda negra)

Está por otro lado la historia negra que pinta a los españoles (y demás europeos) como invasores que llegaron a matar, saquear y asentarse sobre las tumbas de indios muertos. Que nos describe que América ya estaba poblada por civilizaciones, algunas más avanzadas que los europeos de la época. Si nuestra civilización actual tiene más de herencia hispánica que amerindia es porque los españoles violaron a nuestras madres y les robaron la cultura. Hablamos la lengua del invasor. Adoramos al dios impuesto por quienes nos violaron y saquearon.

Castillo de San Felipe de Barajas

Castillo de San Felipe de Barajas

Acabo de regresar de Cartagena de Indias y siendo la primera visita de mis hijos la idea era introducirlos en el porqué de las murallas y fortificaciones y siempre hay una pregunta sobre cual historia contar. Una de las historias más prominentes de la Cartagena colonial fue el sitio de 1741 cuando las tropas británicas comandadas por Edward Vernon intentaron tomarse a la ciudad defendida por Blas de Lezo. Cartagena era parte del sistema defensivo de España en el Caribe, junto con las plazas fuertes de Porto Bello, Veracruz y La Habana, siendo parte de la ruta de la flota española que transportaba el oro y la plata sudamericanos a España y el principal puerto de aguas profundas en el Caribe sudamericano. También fue parte de la ruta de esclavos que venían de África hacia la América del Sur.

Cartagena (vista desde el Castillo de San Felipe de Barajas)

Cartagena (vista desde el Castillo de San Felipe de Barajas)

Esta posición hacía a Cartagena blanco de ataques corsarios, de los cuales los dos más exitosos fueron los del inglés Francis Drake (1585) y el francés Baron de Pointis (1697); quienes se interesaban más en la interrupción del funcionamiento español y el saqueo que en lograr ventajas estratégicas, pero la campaña británica durante la Guerra del Asiento (1739-1748) estaba encaminada a lograr ventajas estratégicas a largo plazo con la captura permanente de las plazas fuertes de Porto Bello, Veracruz, Cartagena de Indias y La Habana. Edward Vernon no llegó a saquear a Cartagena sino a capturarla en lo que fuere el mayor ataque anfibio del Imperio Británico antes del desembarco de Normandía en 1944.

Una visión que escuché con cierta frecuencia es que no había ningún nosotros en esa guerra. Esa fue una guerra europea, peleada por imperios europeos defendiendo o buscando intereses europeos. Pero la verdad esa guerra, sobre todo en su fase inicial, involucró los intereses coloniales de dos coronas europeas, en respuesta a intereses de colonos americanos, con americanos defendiendo y atacando a Cartagena, con negros libres, nacidos en América, defendiendo y atacando a Cartagena. Los habitantes de Cartagena y sus defensores incluían criollos, mestizos, pardos, indios y negros. Los habitantes de Cartagena y sus defensores en 1741 fueron los ancestros de los cartageneros que el 11 de noviembre de 1811 declararían la independencia total de España y de los cartageneros que en 1815 serían fusilados o pasados a cuchillo por defender esa independencia.

Cartagena (Centro histórico visto desde Bocagrande)

Cartagena (Centro histórico visto desde Bocagrande)

La corona española en América estaba interesada en el oro que se almacenaba en Cartagena mientras se formaban las flotas de galeones que lo transportaría a España. Como americano puedo ver ahí una parte del despojo de España en América. Pero no era solo el oro el único interés. Antes de 1810, los americanos eramos súbditos de la corona española que requeríamos que el rey nos protegiera de los británicos que también llegaban a saquear y a matar y a desplazar a nuestros indios y a preservar e incrementar la esclavitud.  En 1761, en otra de las interminables guerras entre España y Gran Bretaña, los británicos (incluyendo americanos) capturaron finalmente La Habana e introdujeron las plantaciones de caña de azúcar en Cuba, junto con toda la tradición esclavista que se asociaba con la caña en esa época.

Contar la historia como una historia de ellos y nosotros no es adecuado. Si por nosotros hablamos de la nacionalidad colombiana, pues ese nosotros no existía en 1492, ni en 1741. Si por nosotros hablamos de los americanos, pues los americanos eran indios antes de 1492 y hoy somos otra cosa, con muy poca continuidad entre esos americanos y nosotros. No soy ni español ni indio; como no lo somos la mayoría de los colombianos. En mi caso particular, si algún ancestro negro mío (o su hermano) murió en Cartagena en 1741, es más probable que fuera un machetero jamaicano que un negro libre cartagenero. No es una historia de ellos contra ellos y nosotros de espectadores, o de ellos contra nosotros. Simplemente es historia. Una historia que nos lleva a dónde estamos y a lo que somos.

Lo que pasó a partir del 12 de octubre de 1492 es inadecuado verlo como un hecho heroico de conquista o como una malvada invasión. Muchos actos fueron crueles, tanto los perpetrados por los conquistadores como en los intentos de los indios por defenderse. La historia de La Gaitana y su venganza contra Pedro de Añazco es una representación de la crueldad de la época. El desenlace final era casi que inevitable: la pólvora, los gérmenes y el acero (tal cual lo titula Desmon Jared en su obra cumbre), pero igual la tradición de historia escrita, los caballos y toda la tecnología y tradición guerrera del viejo mundo no tenían rival en la tecnología y tradición guerrera de los indígenas americanos.

Primera acción de gracias

Primera acción de gracias

Batalla de Little Big Horn

Batalla de Little Big Horn

Cuando los ingleses llegaron a América del Norte, ya gran parte del territorio indio había sido diezmado por la enfermedades del antiguo continente; y aunque no tuvieron un período de conquista similar al de los españoles, la tradición de tenencia de la tierra creó un diferencial motivacional que favoreció a los colonos anglos sobre los indios. Cuando la frontera de los Estados Unidos se cerró sobre las tribus indias de las planicies norteamericanas ya era simplemente una cuestión de números.

Todas la invasiones del pasado: los europeos en América, los germanos, eslavos, hunos y mongoles en Europa, los romanos en África septentrional, los mongoles en China, los bantúes en África central y meridional, y todos los et céteras que haya, son parte de nuestro pasado. Cada uno de nosotros tiene un ancestro invasor y, en muchos casos, un ancestro invadido; por cada una de nuestras líneas ancestrales.

Esto no significa que esté bien. Que las crueldades del pasado estén perdonadas o justificadas. Creo que hemos llegado a un punto de la historia donde podemos ver esas atrocidades y pensar que existe una mejor opción. Donde podamos ver la conquista de América, no como una leyenda rosa o una leyenda negra, sino como una lección de historia sobre la cual construir.

EIIL

Estado Islámico de Iraq y el Levante

Hoy persisten varias amenazas a la paz mundial. El conflicto entre Israel y Palestina, la situación en Siria e Iraq, la guerra en Libia nos muestran lo que tradiciones literalistas del Islam junto con retórica nacionalista pueden acarrear; pero el problema árabe-israelí no es sólo culpa del Islam. La situación en Ucrania y en Myanmar. La eterna guerra de la cual no salimos en Colombia. Los conflictos en el centro y oriente de África. En últimas hoy está pasando lo que pasó en siglos anteriores: hay poblaciones que buscan sobrevivir expandiéndose o resistiendo la expansión de otras. Hay ideas que se propagan e ideas que se resisten a ser reemplazadas. Hay crueldad y tal vez cierta dosis de inevitabilidad. Y hay formas de aprender a resolver estos conflictos. Conflictos que, en proporción, no son tan grandes como los del pasado y hoy sabemos más de nosotros mismos como personas, como seres humanos, que es más fácil que nunca buscar acuerdos de mutuo beneficio.

Suspensión de la incredulidad y realidad secundaria

Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana…

Así comienza cada una de las películas de una de las sagas de ficción más populares del cine.  Por unas dos horas de cada una de las seis películas estamos invitados a olvidarnos de nuestro mundo, nuestros problemas e, incluso, de las leyes de la física tal cual la conocemos para sumergirnos en el mundo de los caballeros Jedi, los imperios estelares y los viajes interplanetarios.

En esos momentos la realidad no es lo que hemos aprendido en la escuela sino lo que el cineasta nos muestra.  El cineasta nos redefine el mundo.  Ese mundo ya no es una mentira sino una realidad secundaria y dentro de esa realidad secundaria sabemos que Obi Wan Kenobi le miente a Luke Skywalker cuando afirma que Darth Vader asesinó a su amigo Anakin, padre de Luke.

Sabemos que toda la historia de Luke, Obi Wan y Anakin es ficticia.  Es una creación.  Usualmente no la llamaremos una mentira tal vez porque hacemos una distinción entre contar una historia para engañar (mentira) y contar una historia para entretener (ficción).  Cuando George Lucas nos presenta esa historia no quiere hacernos creer que eso es una verdad fáctica sino que quiere que por unos instantes nos adentremos dentro de su creación y establezcamos qué es verdad y qué es mentira dentro de ese mundo.

Muchos autores se han puesto a discutir sobre si el Imperio es realmente tan malvado como el sesgo de las películas lo muestran o si no es la resistencia los verdaderos malos de la película.  Una discusión que sin duda va más allá del universo presentado por Lucas y que en últimas es una discusión sobre algo inexistente en nuestra realidad.

La Galaxia de los Sith y los Jedi existe en nuestra imaginación; así como existe la Tierra Media de J. R. R. Tolkien, o existe el Hogwarts de J. K. Rowling.  Y no sólo en la fantasía y la ciencia ficción, sino en toda obra de ficción, desde una comedia romántica hasta una telenovela.

No solo es nuestra mente capaz de suspender nuestra realidad para adentrarnos en la creación de un autor, sino que podemos hacerlo muchas veces durante un mismo período de tiempo y mantener todavía nuestra conexión con el mundo real.  Podemos seguir varias series de televisión y telenovelas que se desarrollan durante meses y al mismo tiempo leer uno o dos libros de ficción y cumplir con las obligaciones de nuestro trabajo o nuestra escuela.

¿Tiene algún beneficio esto?

Las especies más inteligentes del reino animal, como los delfines, lobos y chimpancés, son también las que presentan estructuras sociales más complejas, apartándose de un solo modelo de manada.  Los seres humanos hemos desarrollado múltiples modelos de estructura familiar y de organización social a nivel de aldea, tribu, clan, ciudad, gremio, club y nación.  Gran parte de nuestra capacidad cerebral está dedicada a entender las complejidades sociales que nos rodean.

Pero esta complejidad social la compartimos con ancestros como el Homo habilis y un caso muy significativo fue el que ocurrió en Eurasia al final de la penúltima glaciación.

El hombre de Neanderthal apareció hace unos 400.000 años.  Tenía un cerebro más grande que el nuestro y era físicamente más formidable y adaptado a los inviernos euroasiáticos.  La población euroasiática de neandertales divergió de los homínidos que poblaban África en esa época y hace unos 100.000 años hubo una catástrofe climática que devastó a casi la totalidad de la población homínida de África.

Los que sobrevivieron fueron aquellos capaces de inventar mundos mágicos e historias.  Aquellos que tuvieron esa capacidad adicional de innovar, de recrear, de pensar más allá de lo aprendido y de comunicar este pensamiento.

Tras esta cercana extinción sobrevivió lo que hoy conocemos como el hombre anatómicamente moderno: el Homo sapiens.  El hombre moderno con su capacidad de crear historias y de mantener activa su imaginación salió de África y llegó no sólo al territorio de los neandertales en Eurasia sino que eventualmente llegaría a Australia y a América.

El hombre de Cromañón, como hoy conocemos a los primeros hombres modernos que llegaron a Europa, convivió con el hombre de Neandertal, llevando finalmente a este último a la extinción justo durante la era climática que era más apta para el Homo neanderthalis.

Los neandertales eran ya suficientemente inteligentes para sobrevivir en un invierno euroasiático y más aptos físicamente que los hombres africanos que acababan de llegar.  Pero la nueva concepción del mundo potenciada por el uso de la imaginación y por la capacidad de crear y narrar historias, llevó a que fueran estos recién llegados los que sobrevivieran y se convirtieran en nosotros.

Las historias y los mitos no son mentiras cuando podemos reconocerlos como tales.  La ficción y nuestra capacidad para suspender la incredulidad y retomarla, nuestra capacidad para reconocer realidades secundarias y mantenernos en nuestra realidad primaria, ha sido una de las grandes capacidades que el hombre tuvo, no sólo con respecto a los otros animales sino con respecto a los demás homínidos.

Pero hay un riesgo.  Podemos creer tanto en una realidad secundaria que no sólo convertimos los mitos en realidades sino que rechazamos las evidencias que la realidad nos presenta en contra de ese mito.

gunning, germing, and steeling

Casi una semana de lectura (entre otras ocupaciones), para terminar de leer mi último libro: devorarme las quinientas y pico de páginas de «Armas, gérmenes y acero» de Jared Diamond.

Pienso que debería leer más. Mi repertorio de libros leídos, sin incluir los que he tenido que estudiar (o aún ellos), es relativamente bajo. En gran parte lo que leo y ese conocimiento general con la que descresto a amigos e incautos (los que me aguantan) es por todo lo que fragmentariamente he leído por Internet o visto por televisión.

Reviso entonces los tres últimos libros que he comprado y leído. Además de «Armas, gérmenes y acero» están «Ursúa» de William Ospina y «Cuentos chinos» de Andrés Oppenheimer. ¿Hay un patrón no intencional que vincule a todos ellos?

«Ursúa» es un tratado sobre la conquista de Sudamérica septentrional bajo la excusa de una biografía novelada de Pedro de Ursúa. Cómo la cultura y la ambición de los españoles choca ante la cultura indígena de las Américas para desgracia de esta última. Choque que se intenta revisar desde otra óptica, más científica, por Diamond en su obra ganadora del premio Pulitzer.

¿Era inevitable esta suerte?

Lo poco que sé de mi historia personal es que nací en una sociedad que habla español, una lengua indoeuropea (con raíces, tal vez, en la moderna Ucrania) desarrollada en Iberia central tras siglos de dominación romana (latín), visogoda (germanos que ya no hablaban germano) y árabe. Que mi abuelo hablaba inglés, siendo él descendiente de negros africanos que adquirieron el inglés trabajando como esclavos para los ingleses en las Antillas. Bautizado yo dentro del catolicismo: religión que se remonta al creciente fértil cuando este ya estaba poblado de afroasiáticos originarios, tal vez, de Etiopía. Mi abuela, de fenotipo bastante indígena, chibcha presumo, se apellida García, en toda su vida sólo ha hablado español y practicado la fe católica.

Por los lados de mi madre y sólo juzgando fenotípicamente, habrá algún grado de mestizaje pero predomina la ascendencia europea (visigoda? romana? mora? fenicia? íbera?) que son más evidentes en los ojos verdes que tenía mi abuela. Siglos y milenios de mestizaje que convergen en mí, quien ama el pan y la pasta (trigo del creciente fertil), el arroz (otro pasto, esta vez de china meridional), las arepas y tortillas (maíz mesoamericano), la papa (tubérculo centroandino), la carne (de los descendientes de los uros domesticados por aparte en India y en el creciente fértil), etc.

Y todos mis compatriotas, comparten historias similares. Personas que hemos convergido en la esquina noroccidental de América del Sur, con distintas historias genealógicas, y compartiendo un futuro para nosotros y nuestros hijos.

Es ahí donde converge el tercer libro. Oppenheimer compara varias culturas actuales para descubrir porqué están generando o no crecimiento. Hay muchos elementos entre lo que este argentino nacionalizado estadounidense nos cuenta que complementa la línea argumental de Diamond. Diamond nos habla de la influencia ecológica y geográfica como motor de la historia, por encima de consideraciones raciales. En «Cuentos chinos» Oppenheimer nos propone dejar de lado el color político y analizar, más bien, las decisiones de los pueblos y sus gobernantes. Muchos elementos del determinismo geográfico (Diamond odiaría esta alocución), podrían considerarse borrados hoy cuando las telecomunicaciones y los medios de transporte nos liberan de las barreras geográficas que hicieron inevitable que Pedro de Ursúa y sus contemporáneos españoles se hiciesen a estas tierras, pero aún hoy América Latina tiene una desventaja frente a otros continentes con miras al futuro.

Nuestra desventaja está en nuestra mentalidad. Una mentalidad que nos lleva a que nos estemos peleando entre si debemos extender TransMilenio, crear un tren de cercanías o construir un metro, discusión en donde no he escuchado aún si finalmente ampliaremos la trocha de nuestros ferrocarriles. Donde la discusión una reforma política se hunde por una silla vacía y si esta conviene o no al cálculo político del gobierno. Donde a los que no somos uribistas nos tachan de chavistas… o donde a los que no son chavistas los tratan de oligarcas vendidos a los intereses del Imperio. .

Donde está el futuro nuestro como colombianos o como latinoamericanos. Ya muchos de mis amigos de Facebook votaron con los pies. Los que aquí permanecemos… ¿nos tocará como pueblo la suerte de Pedro de Ursúa quien se hizo grande frente a quienes le precedieron en este rincón del mundo, para morir finalmente en medio de la selva y de las intrigas políticas? ¿Hicieron mal nuestros antepasados, indios o españoles, ante el futuro nuestro y de nuestro pueblo, en asentarse en este país geográfica y económicamente quebrado?