Indocumentado

El cuento comenzó en 2005. Mi cédula original, aquella que tengo desde 1991 (hagan cuentas de qué tan viejo soy) ya presentaba un deterioro apreciable ya que no era un documento que se adaptara a los tarjeteros de las billeteras y tocaba sacarla cada vez que uno entraba a cualquier edificio para identificarse. —Esos coletazos de la cultura mafiosa y de cómo la ciudadanía se adapta a ella.

Mi cédula ya hasta tenía bolsillo propio.

En 2005 ya se tenía previsto que el nuevo modelo de cédulas sería el «definitivo» y que eventualmente el proceso de renovación sería gratuito, pero entonces tocaba pagar $33.000 para renovar la cédula. Así que tras una larga espera pagué en junio y en octubre fui a la Registraduría local de Usaquén para hacer el trámite. Sin mayores novedades, la nueva cédula estaría lista en máximo 18 meses.

Todo iba bien. Con mi cédula original seguía identificándome ante cada instancia en la que requerían tal documento. La última vez que ello sucedió fue el 28 de diciembre de 2006. Continue reading