Cuestión de garantías

Es a veces frustrante para uno, como ciudadano de bien, saber que el estado ofrece tantas garantías a los delincuentes: dizque derecho a la defensa, dizque derecho a la casa por cárcel, dizque el derecho a que la prensa no los trate como culpables hasta no ser vencidos en juicio y una serie de derechos más que parecen más destinados a poner a los delincuentes en la calle que a protegernos.

Foto de Víctor Solano

Entonces nos indignamos.  Sucede un crimen atroz y exigimos que el autor de tal abominación se pudra en la cárcel.  Exigimos al estado que se encargue de todo aquello que nos produce inquietud o miedo, sea un abusador de niños o una montaña que se nos viene encima.  Miedo que es usado muchas veces por nuestros propios gobernantes para mantener y aumentar su poder.  Miedo que también tumba gobiernos cuando creemos que no es capaz de copar nuestras temerosas expectativas o simplemente nos deja desamparados.

Nuestra posición frente al estado es ambivalente.  Queremos un estado que nos proteja, pero rechazamos un estado que nos imponga tributos o nos imponga reglas.  Desde luego que nuestros propios principios y nuestros propios temores nos hacen sacrificar uno de los lados de esta ambivalencia.  Podemos sacrificar nuestra libertad por un poco de más seguridad, o sacrificar nuestra comodidad amparada por el estado por el derecho a que el estado no se entrometa en nuestras vidas.

Pero cuando delegamos en el estado la responsabilidad por nuestra seguridad; ¿sí estamos entregando nuestra confianza a una institución en la que realmente confiamos?

Captura de un video de la Policía

Nos indignamos por los senadores que abusan de su posición.  Nos sentimos legitimados en eludir impuestos porque los políticos y los funcionarios son corruptos y se robarán la plata que como contribuyentes pagamos.  Hacemos cruzadas en medios de comunicación sociales porque unos policías incineran perros y recordamos todos los abusos de la policía.  Nos quejamos de la burocracia inútil.  Ese estado formado por políticos, funcionarios y fuerza pública nos causa desconfianza.  Un estado que estorba.  Que no nos deja trabajar y emprender.  Que nos roba.  Que abusa de nosotros.

Un estado en el que no confiamos, pero al que aún así le exigimos que nos ayude.  Que nos reconstruya la casa tras un desastre ecológico.  Que encierre a los delincuentes.  Que acabe con los terroristas.  Que nos dé educación gratis.  Que castigue duramente a los que maltratan animalitos.  Que nos subsidie el desempleo.

Un día criticamos a la policía por sus reiterados abusos contra animales y contra personas desposeídas.  Al día siguiente exigimos más policías que nos protejan de los predadores sexuales y de los vagabundos que atentan contra el disfrute de nuestros parques.

Sí.  Tal vez no sea una contradicción.  Queremos policías que se dediquen a atrapar a verdaderos delincuentes y no a maltratar a pobres perritos.

Nos quejamos de todas las garantías que el estado de derecho le otorga a los delincuentes pero esto es porque olvidamos que esas garantías no están allá para proteger a los malvados delincuentes de la justicia punitiva, sino que estas garantías están allá para proteger a todos los ciudadanos de los abusos del estado.  Sí.  Para protegernos de esos representantes que se creen con derecho de pasar por encima de nosotros.  Para protegernos de esos oficiales de policía que no tienen recelos en tratar a las patadas a unos pobres indigentes e incinerar a sus perros.  Para protegernos de los abusos de los funcionarios estatales.

¿Hasta qué punto queremos que el estado se entrometa en nuestras vidas con el fin de protegernos?  ¿Qué tipo de estado es el que queremos que se entrometa?  ¿Ese estado lleno de políticos interesados, funcionarios corruptos y fuerza pública abusadora?  ¿O un estado dirigido por las personas más capaces y moralmente correctas?  ¿Creemos realmente que esto últimos es posible?

(fuente original requerida)

Y no.  No quiero ver a Javier Velasco (de comprobarse autor de todo lo que lo acusan) libre sólo porque pobrecito, está enfermo y no sabe lo que hace.  No quiero ver al confeso asesino serial Luis Alfredo Garavito libre sólo porque haber confesado, haberse portado bien en la cárcel y decir que encontró a Dios en prisión sea algo que se mete en una calculadora de rebaja de penas.  Esas son personas que desde mi lega opinión no representan garantías a la sociedad.

¿Entonces?

Tampoco quiero un estado que por su afán de encontrar delincuentes se meta en mi conexión de Internet, en mi correspondencia, en mis relaciones sociales.

No quiero un estado formado por individuos poco confiables, que roban el erario y abusan de su poder y, para rematar, entregarles a ellos la función de vigilarme a mí y a los míos.

No quiero a un estado que, respondiendo exclusivamente a la indignación social, entregue más uniformes de policía a personas poco capacitadas y legisle aumentando penas y llenando las cárceles a límites tales que es imposible pensar que estas tengan un papel resocializador.

Quiero, como ciudadano, garantías frente al estado, así esas garantías también apliquen a mis indeseables conciudadanos.

Una enredada sociedad civil

Hace poco publiqué comentado el borrador del manifiesto del Partido Pirata de Colombia.  Personalmente creo que muchos de los principios allí expuestos son principios que nos interesa a todos los que usamos Internet para trabajar o divertirnos y que tales propuestas son propuestas que trascienden a un proyecto político en particular.  Estamos hablando de lo que nos afecta a todos los que usamos la Internet y servicios adjuntos.

[A map of the world by the countries with the most internet hosts]Internet funciona gracias a los esfuerzos de los gobiernos, empresarios, organizaciones internacionales y nacionales y todos los usuarios que producimos contenidos.

Los gobiernos ejecutan políticas de inclusión digital —o de restricción digital—, establecen leyes que regulan la actividad, convocan licitaciones para prestadores de servicios y, en muchos casos, financian directamente parte del servicio.

La empresa, pública o privada, se manifiesta prestando servicios de acceso o de carrier, creando el hardware y el software que mueven a Internet a lo largo de todas sus capas y caminos.  También, desde luego, creando la necesidad que permite que Internet se desarrolle.

Todos nosotros, cuando reenviamos mensajes inspiradores en correo electrónico, publicamos en Facebook o en Twitter, cuando escribimos un blog, subimos nuestras fotos a Flickr, jugamos en línea pocker o Farmville, etc. estamos creando Internet. Continue reading

La retórica de la libertad

Recordemos que Internet fue originalmente diseñado por el Departamento de Defensa (DoD) de los Estados Unidos con el objetivo de que fuese un sistema de comunicaciones de datos que siguiera funcionando aún cuando gran parte de la infraestructura fuere destruída ante una catástrofe o un ataque nuclear. La solución fue crear una red abierta, descentralizada y ubicua.

El DoD pronto cedió el control de Internet a la academia y a principios de los años 1990 entró con fuerza la empresa privada a seguir creciendo el Internet. El DoD se beneficiaría de Internet aunque no lo controlara. Es más, se beneficia de Internet porque no lo controla. Son las universidades, los grandes empresarios, los gomosos, quienes construyen Internet para el servicio del DoD o de cualquier otra persona que lo quiera usar. Con Internet se inventaron el medio, el aire, que todos —incluídos ellos— podemos usar para transmitir nuestra voz y escuchar a los demás.

El carácter libre de Internet es lo que hace que funcione. Es lo que lleva a que los empresarios quieran invertir en él, a que los usuarios creen contenidos, pagando o no servicios de hospedaje, y busquen información, pagando o no su conexión. Los que conocemos el medio nos encontramos con un terreno anárquico, donde puede encontrarse de todo: desde un manual para fabricar bombas hasta compilaciones de poemas cursis; desde pornografía de todos los gustos y todos los precios hasta noticias y opinión sobre los sucesos mundiales; desde tiernas y chistosas fotos de gatitos hasta imágenes explícitas de la última masacre.

¿Debe Internet ser regulada o controlada? ¿o su espíritu libre debe predominar sobre todas las cosas? Continue reading

Modelos de estado

Si hubiera una sola visión válida de la vida todo sería sencillo y el juego político simplemente se ceñiría a ella, pero la vida es muy compleja y los intereses de cada uno de nosotros se complementan, se alinean, chocan o nos separan de los intereses de nuestros semejantes.

Estoy con un compañero de viaje por la campiña y vemos, tal vez yo primero, una manzana en lo alto de un árbol. No tengo hambre pero me provocó la manzana, trepo y la bajo, y la guardo para más tarde. Mi compañero, por el contrario no hizo nada para conseguir la manzana, lo más probable fue porque fui yo quien tomó la iniciativa y el sólo observó, o tal vez porque estaba débil. Observó con hambre pues hacía tiempos no comía. ¿Quién tiene más derecho a esa manzana? ¿él que la necesita pero no la pudo conseguir o yo que hice el esfuerzo? Tal vez yo debería ser generoso y dársela, pero ese debe ser un acto mío libre y no una imposición. Continue reading

Conocimiento libre

Sin duda muchos de los que colaboran actualmente en Wikipedia lo hacen por el amor al conocimiento libre. Otros muchos lo hacen por vanidad. En mi caso particular es más por afición o, como dicen por ahí, por amor al arte.

Pero en el proceso me he vuelto medio adicto al conocimiento libre y al legalismo que hay detrás del mismo. El conocimiento libre contrasta enormemente con la libertad de opinión, aunque ambos son pilares de un sistema que, muchos de los defensores de la libertad aborrecen: el capitalismo. Continue reading