Entre machitos y mamertos

Admitiré primero que no he escuchado a las fuentes directas, ni noticias, ni declaraciones, sino tan solo el ruido que se generó en Twitter y, en menor medida, en Facebook. Por lo tanto no hablaré de los hechos sino de la conversación generada.

Yo, hoy en día, no me considero feminista. Creo en el principio feminista de buscar la igualdad, pero no comparto muchas de las cosas que dicen y proponen las y los feministas, bien porque creo que están erradas, bien porque creo que parten de una lectura no falsable, o porque parecen tomar un enfoque dogmático sobre una situación y en muchos casos niegan la expresión de otros puntos de vista. Reconozco que no existe un solo feminismo ni una sola forma de interpretar la realidad desde el feminismo, pero aquella parte que observo y escucho me genera reservas para adoptar el feminismo como mi causa.

Pero si bien no es mi causa, sí creo que es una causa que aun deben luchar las personas que se ven afectadas y quienes se compadecen de ellas. En mi opinión el feminismo tiene aun cabida como también tienen cabida causas que se oponen a la forma como el feminismo se ha metido ya en las legislaciones y en el discurso mediático. Creo que en un diálogo entre intereses pueden crearse acuerdos.

160125195607_astrid_helena_cristancho_624x351_revistasemana_nocreditPero dentro del caso en cuestión. La abogada Astrid Helena Cristancho Palacio renunció a su cargo como secretaria privada del director general de la Defensoría del Pueblo Jorge Armando Otálora, alegando acoso laboral y acoso sexual. Las acusaciones no fueron instauradas originalmente en la Fiscalía u órganos similares, sino que fue expuesta por el periodista Daniel Coronell. Y ahí comenzó toda una telenovela de versiones, de periodistas amigos de Otálora o críticos a Coronell, de morbo y de versiones en redes sociales.

No tengo claridad sobre los hechos. Ni me interesa tenerla al escribir este artículo porque no son relevantes. Es posible que Cristancho se haya inventado el acoso para obtener algún beneficio por medio de una demanda. Esto sería un caso de falsa denuncia. Es posible que Cristancho si haya tenido una relación consensuada con su jefe y luego haya salido a decir que fue acoso. Bajo el esquema de presunción de inocencia, no puedo partir de que Otálora es culpable. Pero por lo poco que he visto, tanto de la acusación como de la defensa, le creo a Cristancho. Pero, aunque no le creyera, sería yo igualmente irresponsable y hasta más, que por defender la presunción de inocencia de Otálora convierta una posibilidad en presunción de culpabilidad de Cristancho.

Por ahora, la mayor parte de lo que he visto en Twitter, Facebook y demás, es una sociedad dividida entre la presunción de culpabilidad de Otálora y la presunción de culpabilidad de Cristancho. Y en esto noto, más que una reacción a las declaraciones de uno u otro, a un prejuicio ideológico. Las y los feministas ya juzgaron a Jorge Otálora como culpable y los y las antifeministas ya juzgaron a Astrid Cristancho como culpable. Las declaraciones y notas periodísticas no son más que una confirmación de como miente una de las partes, la que ya prejuzgamos como culpable.

Me inclino a pensar que, a pesar de la presunción de inocencia, Otálora debe renunciar. No estamos frente a un caso de una simples declaraciones sino que estas se han sustentado con pruebas que, si bien deben ser evaluadas por los peritos, representan una acusación seria y no un simple chisme. En el momento en el que la Fiscalía abra formalmente una investigación, y en razón de las funciones que Otálora tiene como director general de la Defensoría del Pueblo, el acusado no podrá desempeñar su labor como funcionario y defenderse sin que una cosa se confunda con la otra. «La mujer del César no sólo debe ser casta sino parecerlo,» dice un viejo refrán. El cargo que Otálora tiene no es un simple empleo.

En cuanto a Cristancho, coincido con muchas de las cosas que las feministas están diciendo. Una gran parte de la sociedad está cuestionándola. Una gran parte de la sociedad, aun creyendo que Otálora puede ser culpable de los cargos, justifican los hechos. Astrid Helena Cristancho Palacio es una profesional que estaba ejerciendo un cargo profesional, pero muchos de los medios prefieren presentarla como una exreina de belleza y en las notas de prensa sobre el caso muestran fotos de cuando era reina o trabajaba como modelo. Sus méritos (o falta de méritos si no los hubiera) como profesional son invisibilizados. Es la cara bonita que trabajaba como secretaria de Otálora. Es la seductora. Es la culpable.

Y lo que Otálora hizo, si es que sí lo hizo como se le acusa, es normal. ¿Cómo puede resistirse un hombre ante semejante belleza? Y más si en algún momento le sonrió o le agradeció un cumplido. Yo he estudiado y trabajado con mujeres hermosas tanto física como personalmente. Entiendo lo que es enamorarse; finalmente me enamoré y me casé con una de ellas; y si no fuere por ella me habría enamorado de muchas más. Es imposible no sentir la atracción o no alegrarse cuando devuelven una sonrisa o agradecen un cumplido. Pero nunca he sentido que esto me de derecho sobre ellas. Nunca la posibilidad de que me acepten o no determinó mi trato hacia ellas como compañero de estudios o de trabajo. Cualquier cosa que haya pasado en mis fantasías no me da derecho a desconocerlas como personas y como profesionales.

Cuando reducimos a que Astrid Cristancho es bonita y fue reina de belleza, la estamos desconociendo como persona y como profesional. Y lo que me sorprende es la cantidad de personas que parecen estar de acuerdo con que eso es normal. Insinuar que Cristancho llegó a ese cargo y se mantuvo porque era bonita, porque le respondió o, incluso, se lo dio a su jefe. (Expresión bien fea esa de “se lo dio”.) Y lo que pasó es normal. Se asume que es normal que un jefe se enamore y seduzca a una mujer bonita a su cargo. Y se asume que es normal que así deba pasar:

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«Si su jefe se lo pide y Ud. no se lo quiere dar, renuncie y listo.»

En otras palabras: es normal que entre las funciones del cargo esté dárselo al jefe si este se lo pide. Porque para eso es la renuncia: por la incapacidad de cumplir con las funciones del cargo.

O tal vez Cristancho no es culpable de falsa denuncia (los hechos ocurrieron), ni es culpable de ser bonita (es normal: déjese o renuncie), sino de hacer un show. Y vemos titulares en los medios o tuits como el anterior:

La exreina que tiene en aprietos al Defensor del Pueblo

La exreina que tiene en aprietos al Defensor del Pueblo (lo cambiaron a La exreina que acusa al Defensor del Pueblo de acoso sexual)

Y así.

No creo en la existencia de un Patriarcado como dicen muchas y muchos feministas, ni que todo lo que afecta a una mujer en este país sea necesariamente por culpa del machismo. Pero el machismo y la misoginia siguen presentes. Siguen presentes en esa actitud de que el acoso es normal. O que ni siquiera es acoso. De que si una mujer bonita está en un buen cargo es porque es una trepadora que usó la seducción o le alimentó las fantasías al jefe mientras le fuera de provecho. Sí, eso es normal y por ello Cristancho debe permanecer callada.

Y Otálora. Pobrecito, no es más que la víctima de un escándalo.

Pobrecito: se enamoró.

Pobrecito: ahora debe renunciar por la presión de las redes sociales. O mantenerse firme para mostrarle al mundo que las mamertas aun no tienen tanto poder.

Porque es eso: un juego de poder entre misóginos reaccionarios y feministas mamertos (social justice warriors); y no lo que es: una denuncia de acoso laboral y sexual.

¿A qué está jugando una indignada tuitera?

A veces tengo la impresión de que cosas que dije ayer en Twitter sobre el debate de Andrés Carne de Res pueden hacerme quedar como un macho misógino sólo porque no me adhiero completamente a la postura de la indignación oficial de tachar a Andrés Jaramillo de bestia por sugerir que una minifalda invita a una violación.

Andrés Jaramillo - foto: Cromos (tomado de Blu Radio)

Andrés Jaramillo – foto: Cromos (tomado de Blu Radio)

He repasado las palabras que Andrés Jaramillo expresó en su entrevista en Blu Radio y el título que Blu Radio coloca a su clip: «A qué está jugando una niña que llega en minifalda: Andrés Jaramillo» y me parece que, en el mejor de los casos, el título es amarillista y en el peor malintencionado. Sí, Jaramillo expresó esas palabras. No: ese no fue el punto central de lo que Jaramillo expresó en la entrevista. Es más, el propio Andrés Jaramillo retractó esas palabras. Hay muchas pifias y bestialidades que Jaramillo expresó en esa entrevista: puntos en los que se sostuvo, y por los cuales vale la pena cuestionar a este intelectual empresario, pero reducir todo lo que dijo a que Jaramillo cree que una minifalda justifica una violación es simplificar absurdamente el debate, simplificar absurdamente los hechos y dar pie a que no se planteen los asuntos de fondo.

Andrés Jaramillo discute que se haya tratado de una violación. No, no justifica la violación sino que pone en duda el hecho. Más adelante hablaré de si tiene méritos o no. Su punto es que de acuerdo a las cámaras de vigilancia y al testimonio de un empleado del parqueadero, el sexo que tuvo la joven denunciante con otro cliente mayor fue consensuado. Más adelante hablaré de si se puede hablar de consentimiento o no. Que tras este acto de sexo casual la joven se quedó inconsciente (aparentemente durmiendo la borrachera) y fue encontrada por personal del establecimiento y llamaron al padre para que la recogiera y que la versión de la violación surgió cuando la joven tuvo que responderle al padre por lo sucedido. Jaramillo acusa a los medios de amarillismo y de haber destacado un caso sólo porque la joven es estudiante de Los Andes y los hechos ocurrieron en su establecimiento, mientras que muchos otros hechos de violaciones reales ocurren sin ser visibilizados. Jaramillo también cuestiona a las autoridades insinuando que quieren sacar provecho político de estos hechos.

Lo de la minifalda es apenas una parte del punto de Jaramillo, tras hablar de las muestras de afecto que mostraba la joven con otros clientes de su establecimiento, particularmente con un súbdito español y con el presunto agresor, hace una mención sobre el atuendo (como una forma de apoyar la versión ya presentada), y luego insiste en retirar esas palabras. Mal por Blu Radio de enfocarse en sólo esas palabras en el título del clip y mal por la masa indignada de quedarse en el titular de Blu Radio sin indagar la verdadera razón por la cual las palabras de Andrés Jaramillo son un insulto a nuestra inteligencia.

El primer punto es tratar de minimizar los hechos: defender al establecimiento sembrando una duda sobre la acusación y difamando públicamente el carácter de la joven denunciante en este intento de defensa. Pretender acusar al padre y a la situación familiar de los hechos e insistir en que los medios y las autoridades tienen un interés particular sobre el asunto.

Palabras más sabias pudo haber sido que «es prematuro hablar de violación mientras no se establezcan plenamente los hechos, si bien hay indicios de que pudo haber sido una relación consensuada, estamos colaborando plenamente con las autoridades, hemos entregado las grabaciones de las cámaras de seguridad y la identificación del sospechoso.» Punto. Sin necesidad de estar ventilando por radio el carácter de la joven ni su relación familiar, ni insinuar ensañamiento de la prensa con su local, ni interés político de las autoridades.

Ahora. Dadas las explicaciones no pedidas ¿es posible hablar de una relación consensuada o necesariamente eso fue una violación?

Aclaro que no soy abogado, ni tengo un amplio conocimiento de la jurisprudencia existente. Mi visión es la de un ingeniero que intenta ponerle sentido común a las relaciones entre personas y de estas frente al estado, así que si afirmo algo que va en contra de una sentencia me disculparán los que saben mejor, pero sólo me disculparé cuando me expliquen por qué ahí las leyes tienen más sentido común que yo.

El concepto de consentimiento no aplica sólo para relaciones sexuales (o, según establece el código penal: acceso carnal). Nosotros consentimos o no procedimientos médicos para nosotros o para nuestros hijos. Consentimos o no que nos envíen por correo electrónico información comercial de un servicio al que nos suscribimos. Consentimos o no participar en actividades tales como dar un paseo por el monte con unos muchachos armados. Consentimos o no entregarle nuestra billetera a un desconocido en la calle. Consentimos o no conducir bajo efectos del alcohol. Et cétera.

Do I need to ask you? Mrs. Brown. vía Medical Law

Do I need to ask you? Mrs. Brown. vía Medical Law

En la práctica médica se habla del consentimiento libre informado. He traducido libros de bioética que tratan del tema y por eso podría estar mejor familiarizado con esto que con el consentimiento al acceso carnal. Cuando un paciente va a ser sometido a un procedimiento debe, en principio, aceptar que se le realice ese procedimiento. En el mejor de los casos el médico informa al paciente de qué trata el procedimiento, cuales son los riesgos y posibles beneficios tanto del procedimiento como de no llevarlo a cabo y, una vez plenamente informado y libre de dudas, el paciente libremente acepta o rechaza el procedimiento. Sin el consentimiento del paciente el médico puede verse expuesto a una demanda por mal-praxis. Desde luego, hay muchas razones por las cuales este consentimiento libre informado no puede darse: el paciente sufre considerablemente por una dolencia y no puede pensar con claridad, o el paciente está inconsciente, o el paciente es menor de edad o sufre de una condición por la cual no puede legalmente expresar consentimiento. En muchos casos el personal médico no puede esperar a que el paciente esté en condiciones de ser informado y tenga la libertad de consentir o no un procedimiento, motivo por el cual el consentimiento se delega a un familiar, un juez, un comité médico o, en casos de vida y muerte inminente, al criterio del médico tratante. Un médico no debería ser acusado de mal-praxis si salva a un paciente a punto de morir si morir era el deseo del paciente, salvo que el paciente haya advertido previamente al médico su deseo (y, aún así, hoy en día tal deseo sería invalidado).

En muchos casos el médico tiene que inferir por declaraciones previas o por su criterio médico si ejecuta un procedimiento agresivo y no explícitamente consentido como amputarle una pierna gangrenada a un paciente inconsciente.  (Bueno, muchos dirán que no es lo mismo salvar una vida a un a costa de una mutilación, que penetrar un falo en una vagina.)

El alcohol produce varios efectos en la mente humana. El alcohol adormece, pero suele adormecer primero ciertas áreas del cerebro que nos retienen, que nos hacen ser más cautos de lo que nos sería beneficioso, antes de adormecer por completo el juicio, la capacidad de pensar y coordinar y finalmente adormecer todo el cuerpo. El alcohol desinhibe y por ello muchas personas lo usan para atreverse a hacer cosas que sí quieren hacer pero no se atreven estando sobrios. Por ejemplo para ir a hablarle a una chica desconocida en un bar sin temer al rechazo. En otras dosis no nos permite ser conscientes de nuestros propios actos y en cantidades aún mayores no podremos siquiera defendernos de lo que nos pasa hasta que somos simples pedazos de carne a merced de la intemperie.

Javier Velasco (fuente original requerida)

Javier Velasco (fuente original requerida)

Legalmente no podría, no debería poder usar el alcohol como defensa si cometo un delito bajo su influencia. Cuando Javier Velasco asesinó por primera vez (o lo atraparon por primera vez) el juez consideró la defensa de que su juicio estaba nublado por el alcohol y que por lo tanto no era responsable de sus actos. Lo liberó con una orden de que fuera a rehabilitación. Un par de años después, también bajo influencia del alcohol, asesina a Rosa Elvira Cely. Son incontables las veces que los medios sociales de comunicación se indignan por un nuevo conductor borracho, bien porque es un político o bien porque causó una tragedia. Independientemente de lo que los jueces digan como sociedad no aceptamos que el alcohol sea una excusa para evadir responsabilidades penales. Siempre y cuando el caso nos indigne, porque por otro lado seguimos recurriendo al alcohol para desinhibirnos y pasarla bien en una rumba.

Podría ser una defensa si puedo argumentar que ingerí alcohol sin mi consentimiento, pero, salvo que me hayan sometido a la fuerza e inyectado alcohol directamente en la sangre, ¿podremos aceptar como excusa que ingerí alcohol por presión social pero yo no quería? ¿Y que si yo hubiera estado en mi sano juicio no hubiera aceptado el reto de mis amigos de subirme al carro borracho causando un accidente fatal?

Es un hecho, hay hombres y mujeres que (por presión de grupo o por sus propias razones) van a bares y otros sitios de rumba buscando pareja y relaciones casuales. Es un hecho que muchos de ellos usan el alcohol para desinhibirse y disfrutar mejor del momento y, en ocasiones, para atreverse a establecer contacto con las potenciales parejas.

Es también un hecho que algunas personas inducen a otras a consumir alcohol para dominarlas más fácil.

¿Cómo podemos establecer entonces la diferencia entre una joven que va a un bar con el objetivo de divertirse y tener sexo casual con un apuesto desconocido y obtiene lo que busca pero en el proceso tomó más de la cuenta y termina inconsciente y otra joven que sólo quiere bailar, posiblemente encontrar a alguien interesante con quien establecer una relación seria, pero es inducida a seguir tomando hasta perder el juicio y, cuando esto sucede, es usada y abandonada?

Ni Andrés Jaramillo, ni el padre de la joven mayor de edad, son las personas más idóneas para establecer la diferencia. Muchos de los comportamientos que muestra una cámara de seguridad, o lo que puede ver el vigilante de un parqueadero, son ambiguos.

Mucho menos somos idóneos nosotros de inferir lo que pasó por testimonios de terceros.

Salvo que otros testigos corroboren que escucharon a la víctima decirle que no al tipo, o que corroboren que la denunciante había previamente declarado su intención de tener sexo con cualquiera no sabemos qué pasó.

Podemos tomar una actitud tajante y mecánica con respecto a lo sucedido: si en el momento en el que ocurrió el acto sexual la joven estaba tan borracha como para que su aceptación pudiera considerarse como consentimiento libre informado entonces no hubo consentimiento, entonces fue acceso carnal no consentido, entonces fue violación. Creo que sí hay una sentencia de la corte en el sentido de que ni la forma de vestir ni el comportamiento previo pueden ser tomados como consentimiento si en el momento del acto la mujer no estaba plenamente consciente.

Pero esto sería una diferencia importante a cómo tratamos el alicoramiento en otros casos. Convertimos a la mujer automáticamente en víctima despojándola de cualquier tipo de voluntad (¿responsabilidad?) que haya podido tener en el transcurso de los hechos.

Nos dice Ana Cristina Restrepo que «según cifras oficiales, a octubre de 2013, 178 mujeres han sido asesinadas en Antioquia.» La cifra se ve impresionante así presentada, pero contrastando otras cifras que consulté en sólo el área metropolitana del valle de Aburrá, en el mismo período han sido asesinadas 1.137 personas. No me malinterpreten: una sola mujer asesinada está mal. Una sola persona asesinada está mal. Lo que las cifras solas no llevan a deducir es que el homicidio de mujeres sea un problema preocupante frente al problema del homicidio en general. ¿Es un problema de género? ¿Es el asesinato de mujeres un preocupante problema social que merece una atención especial frente al asesinato en general?

Hay cierta visión feminista de los hechos que debería ser debatible como cualquier otra visión. Es posible que haya razones por las cuales sea necesario resaltar que de las más de un millar de víctimas mortales en Antioquia en lo transcurrido del año algo menos de doscientas hayan sido mujeres; o que si el alcohol no es excusa para pegarle a la mujer sí es excusa de esta para denunciar como no consensuado un acto sexual. Y yo no debería ser acusado de ser misógino o machista por disentir de o cuestionar esta visión.

Y en cuanto al intelectual empresario Andrés Jaramillo, por favor vean más allá de la parte de la minifalda para darse cuenta por qué sí es un imbécil.