Entre libertarios y progres

Entender el mundo de una forma objetiva, sin ideologías, no es fácil. En las ciencias naturales existe todo un marco epistemológico que nos lleva a una forma de comprender el conocimiento, de tal forma que dos científicos de diferentes orígenes culturales o formativos pueden comparar sus conclusiones y admitir si se equivocaron.

En las ciencias sociales esto no es tan fácil, en gran medida porque aislar variables para controlar un experimento social tiene el desafío de la complexidad de la mente humana o presenta problemas éticos; incluyendo la propia definición de qué es la ética y cuales son los imperativos morales. Es complejo pero tal vez podamos hacer un estudio que nos muestre qué modelo político produce mayor crecimiento económico con un grado de certeza similar a las ciencias naturales, pero esto no nos aclara si este crecimiento es deseable, cuando al tiempo se producen desequilibrios e inequidad.

Open Carry

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College Liberal

College Liberal. En EE. UU. el término “liberal” es usualmente usado en forma despectiva para referirse a algo entre socialismo, progresismo y hipismo.

Hace algún tiempo he estado observando y participando en una discusión entre dos formas de ver el mundo. Podemos pensar en dos opuestos, ambos dentro de una gran sombrilla de pensamiento liberal: los progresistas a un lado y los libertarios en el otro. Estaré usando los términos de una forma más o menos libre que iré definiendo sobre la marcha, y aclarando que ante diferentes dilemas sociales, algunas personas toman el papel progresista frente a algunas preguntas y el papel libertario frente a otras.

Existe algo que podemos llamar la sociedad, el estado, el sistema. Es un ente etéreo en el cual nos movemos. La sociedad la conformamos todos y el sistema son las reglas formales e informales que determinan las relaciones sociales, y el estado es la formalidad de tales reglas. Y existimos los individuos: cada uno de los miembros de la sociedad.

El libertario cree en la responsabilidad individual. Cada individuo es responsable de sus actos y de las consecuencias de estos actos y esos actos son igualmente loables o condenables independientemente del modelo social o del sistema. Los problemas que enfrenta un individuo son culpa de las decisiones de este o de otros individuos. El problema también puede venir de un estado, entendiendo que este es un grupo de personas que, por decisiones individuales, se abrogan derechos sobre los demás. En el caso más radical de pensamiento libertario todo estado es ilegítimo y todo acto del estado (producto de las decisiones de los usurpadores que se autodenominan estado) coarta las libres decisiones de los individuos produciendo problemas.

El progresista tiende a ver el problema en el sistema. La verdadera libertad se logra cuando cada individuo actúa entre iguales, pero el sistema actual no permite esa igualdad. No es posible lograr la igualdad, y por ende la libertad, mientras exista desigualdad en las relaciones entre individuos y tanto los mecanismos formales pero, sobre todo, los informales que rigen a la sociedad contribuyen o no a lograr esta igualdad. Si el sistema promueve la desigualdad es un sistema opresor, y cada individuo se define frente a cómo se define frente al sistema. El individuo debe estar dispuesto a acabar con el sistema opresor: la revolución; de lo contrario está contribuyendo a mantener el sistema opresor: el reaccionario.

Para el libertario, el estado debe inmiscuirse lo menos posible en las relaciones entre individuos. Para los libertarios radicales el estado debe desaparecer. Para el progresista el estado es o bien parte del problema (estado reaccionario) o parte de la solución (estado progresista). Un estado que no tome parte activa en acabar con el sistema opresor, incluyendo el no estado del ideal libertario, es reaccionario: parte del problema.

En una forma simplista, el libertario favorece la igualdad de oportunidades, mientras que el progresista favorece la igualdad de resultados. El libertario resiente cuando el progresista, en aras de su meta de libertad, restringe las oportunidades de unos individuos y favorece a otros. El progresista resiente cuando la libertad esgrimida por el libertario crea desigualdades aduciendo que las oportunidades no fueron tan libres desde un principio.

El sentido de privilegio es también diferente para el libertario que para el progresista. El libertario ve un privilegio donde un individuo obtiene un favor especial de parte de la sociedad. Un subsidio de desempleo es así un privilegio: un individuo está recibiendo una paga por no trabajar, a diferencia de los demás que deben trabajar por conseguir su paga. Para el progresista el privilegio es no ser cuestionado dentro del sistema. El empleado es privilegiado porque el sistema no cuestiona su posición mientras que el desempleado será cuestionado por no ser productivo, así haya quedado cesante por decisiones de otros, del sistema. (El subsidio no sería más que una compensación frente a su falta de privilegio.)

Pensemos en el racismo (como muchas otras formas de discriminación, incluyendo el sexismo, el clasismo, etc.).

Para el libertario el racismo es una cuestión personal. Una persona es racista si se siente superior a otra persona por el hecho de pertenecer a una raza, o por el hecho de no pertenecer a otra raza. También existe el racismo inverso: la persona que se cree menos debido a su raza. Para el libertario es tan racista una persona como George Wallace, gobernador de Alabama que mantenía alianzas con el Ku Klux Klan durante la época de la lucha por los derechos civiles; como es racista una persona como Malcolm X quien luchaba por un espacio para los negros separado del demonio blanco. (Tanto Wallace como X cambiaron de posición. Wallace rechazó sus puntos de vista racistas hacia el final de su carrera política y X cambió su visión segregacionista tras visitar la Meca).

Para el progresista es el sistema el que es racista. Cuando el sistema está formal o informalmente diseñado para que los miembros de las razas menos privilegiadas no puedan progresar de la misma forma que los más privilegiados. Cuando las casas de un barrio pierden valor cuando se muda una familia negra y al final se convierte en un barrio pobre después de que se van los blancos. Sí, tal vez algún individuo se destaque, pero el grueso de la población es sistemática o sistémicamente discriminado. El individuo es por lo tanto racista si está de acuerdo con que el sistema no debe cambiarse. Y nunca un miembro de la raza menos privilegiada será racista frente a la raza más privilegiada. Un negro que exprese desdén hacia el hombre blanco no es racista sino que se expresa desde la opresión: se resiste al racismo.

Esta visión se extiende a otras formas tradicionales de discriminación, y una de las discusiones que he visto últimamente se da frente a lo que algunas personas llaman anti-feminismo.

Aclararé primero que existen dos tipos de feminismos: un feminismo libertario y un feminismo progresista. El feminismo libertario propone la eliminación de cualquier tipo de trabas, sobre todo formales, que la sociedad y el estado imponen, y promueve el empoderamiento de la mujer para que ella escoja la opción de vida que prefiera. La mujer puede escoger si ser ama de casa o profesional de carrera, o combinar ambas facetas. En inglés se le llama también choice feminism, o feminismo de escogencia. El feminismo progresista, muchas veces basado en la teoría interseccional, considera que la discriminación hacia la mujer es un problema sistémico de la sociedad y que no basta con que unas pocas mujeres puedan decidir cuando la sociedad las lleva, en su gran mayoría, a escoger un papel subyugado frente al hombre: la mujer de carrera que tiene que hacer igual el trabajo en la casa y aún así será juzgada cuando falle en combinar perfectamente ambos valores, mientras que pocos juzgan al varón que descuida su hogar por perseguir una ambición profesional.

Karen Straughan

Karen Straughan, vocera de los derechos del varón, quien considera que el feminismo se basa en que la mujer asuma su papel de víctima para lograr privilegios.

Aunque existen personas que se oponen a ambos tipos de feminismos (por ahora los llamaré conservadores), muchas de las personas que se consideran anti-feministas rechazan, sobre todo, el feminismo progresista. Es una visión libertaria frente al feminismo.

El libertario anti-feminista no es una persona que quiera mantener una situación de subyugación de la mujer, sino que es una persona que cree que el feminismo, y particularmente el feminismo progresista, busca crear privilegios no compensados que van más allá de la igualdad. No busca que la mujer sea igual al hombre (en el sentido de libertad de oportunidades) sino que esté por encima del hombre (ley de cuotas, acción afirmativa o discriminación positiva) incluso en contra de las decisiones individuales que las mujeres puedan querer. El libertario anti-feminista cree que el fiel de la balanza de discriminación hoy en día ha cambiado de sentido; y que en la actualidad, en los países más desarrollados, es la mujer la que goza de privilegios mientras el hombre es oprimido.

Es un hecho, en casi todos los lugares del planeta, mueren más hombres que mujeres, sobre todo en muertes violentas, tanto en accidentes como en homicidios. Aun la mayoría de soldados que mueren en las guerras son varones, así como los criminales y los policías, así como operarios de maquinaria pesada y personas que trabajan en medio de tal maquinaria. La mayor parte de los empleos peligrosos son aun hoy casi que exclusivos de los varones, y por ello mismo, los varones están más expuestos que las mujeres a muertes violentas lo cual se refleja en las estadísticas. La mujer ya goza de un privilegio al ser eximida del servicio militar o no ser expuesta a trabajos peligrosos: un privilegio que le protege la vida.

Para un mismo nivel de preparación, un trabajo peligroso es, en muchos casos, mejor remunerado que un empleo menos peligroso. En parte esto es una compensación por el riesgo. Esto también está en concordancia con una visión tradicional de familia donde la mujer se dedica al hogar y el hombre provee las necesidades del hogar. En muchas sociedades la decisión del gasto de la casa corre por cuenta de la mujer, aún cuando quien haya recibido el sueldo sea el hombre. Dentro de esta lógica tradicional basada en el hogar, no es el varón quien gana sino es la familia quien presta al varón para obtener los ingresos de la familia, mientras la mujer también trabaja dentro del hogar. Una mujer disciplinada puede salir a obtener ingresos extra, los cuales en muchas sociedades no está obligada a compartir.

La sociedad cambió. No sólo por el feminismo, pero hoy en día es casi que una obligación que tanto el padre como la madre salgan a trabajar. Pero aún se mantienen esquemas tradicionales. En los casos de separación casi siempre los jueces tienden a dar la custodia de los hijos a la mujer mientras el padre es obligado a seguir aportando, aún cuando ambos padres tengan niveles salariales similares. Para el anti-feminista, la sociedad tradicional estaba basada en en equilibrio en donde ambos, hombre y mujer, se sacrificaban, mientras que la sociedad moderna mantiene el sacrificio del hombre (quien sigue desempeñando los trabajos más peligrosos) mientras la mujer a adquirido privilegios que no tiene que compensar.

Por otro lado, esa mujer que recibe la custodia de los hijos, y trabaja por fuera de la casa (ganando algo similar a su exmarido) está haciendo un doble trabajo; y será cuestionada en el trabajo cada vez que pida un tiempo para atender a sus hijos y cuestionada en el hogar por salir a trabajar. El esquema tradicional de familia aún juzga sus decisiones, así la ley esté de su lado. Si continuaran casados, en un esquema de familia igualitaria, ambos trabajarían para sus gastos personales y para las obligaciones del hogar, el cual compartirían. Tras la separación toda la carga del hogar queda en el padre custodiante, generalmente la mujer, quien, si no recibe ayuda económica del padre de sus hijos, estará haciendo un doble trabajo, tendrá una doble carga, y además será juzgada por ello.

Hace varios años, la mayoría de los casos de custodia los ganaba el varón, quien usualmente era quien podía aportar mejor a mantener el hogar por ser quien ganaba más, y porque la sociedad ponía un estigma mayor a la divorciada que al divorciado. Una de las luchas feministas en esos tiempos fue buscar rescatar la importancia del papel de la madre en el desarrollo de los hijos y eso ha llevado a la situación actual donde la custodia primaria recae generalmente en la mujer. Hoy hay feministas que buscan reversar eso. La situación no parece ideal para ninguna de las partes: al padre se le obliga a pagar por educar unos hijos que no puede disfrutar y sobre los cuales pierde poder de decisión; la madre tiene que hacer sola el trabajo del hogar y un trabajo remunerado por fuera que no se compensa con la obligación económica del padre. La feminista tiene argumentos. El anti-feminista tiene argumentos. Son diferentes formas de ver el concepto de libertad y de igualdad entre una mentalidad libertaria y una mentalidad progresista.

Pero libertarios y progresistas son dos extremos del pensamiento liberal, porque existen más formas de ver el mundo y una que se opone a ambos es el conservadurismo.

El conservador favorece una visión tradicional de la sociedad. Mientras el libertario y el progresista discuten quién lleva la peor parte entre el hombre y la mujer en el caso de una separación con hijos, el conservador considera que el problema es la separación y no a quién favoreció el juez. El libertario quiere un estado que no se inmiscuya frente a las decisiones personales de los individuos. El progresista quiere un estado que se involucre en el cambio del sistema opresor a uno más igualitario. El conservador considera que el problema no está en el estado y que el estado debe activamente mantener el orden: evitar el libertinaje del libertario y la subversión del progresista.

Cuando la banca se quiebra, el libertario se opone a que el estado tome sus impuestos (y no sólo cuando la banca se quiebra) para favorecer a una banca que quebró por su ineficiencia y su ineficacia. El progresista se opone a que el estado salve a la banca llena de plutócratas en lugar de favorecer programas sociales. El conservador considera que donde se quiebre la banca la sociedad se jode y ni el libertario tendrá su anhelada libertad ni el progresista tendrá sus recursos para sus programas sociales.

Hay matices y hay más de estos tres puntos de vista. Ante diferentes dilemas un individuo puede mostrarse más progresista o más libertario o más conservador. Y mi uso de la terminología en este artículo ha sido un poco libre. Por libertario me refiero a un grupo más amplio que el objetivismo anarco-capitalista y por progresista puedo estar metiendo en un mismo saco a un anarco-socialista y a un comunista. Pero uds. entienen, ¿cierto?