Un yo agnóstico

Hace ya mucho tiempo que he tendido a definirme como agnóstico y uno de los grandes temas que surge es si detrás de mi agnosticismo lo que hay es un ateísmo que no me atrevo a hacer público mientras que por otro lado mantengo una postura ambigua frente a la religión dentro de la cual me crié: el cristianismo católico de rito romano.

La otra vez me autodefinía como formalmente cristiano católico, ritualmente católico no practicante y filosóficamente agnóstico, pero siento que ya es hora de hacer una introspección y confesarme como no cristiano. No lo soy porque no sólo no comparto los dogmas del cristianismo (posición antidogmática que es compartida por muchos otros cristianos) y dudo de la historicidad de Jesús (cosa que incluso algunos clérigos consideran irrelevante) sino que he dejado de ver a los valores cristianos como guía para mi propia vida.

Uno no decide ser creyente o no. Uno va descubriendo sus propias creencias y los fundamentos de las mismas. No es que un día yo haya decidido ser agnóstico sino que un día reconocí en mi sistema de creencias lo que Thomas Henry Huxley denominó agnosticismo, mientras que por otro lado reconocía los valores que mi formación cristiana me había conferido junto con la falta de sustento empírico sobre los dogmas. Otras personas tendrán otras experiencias que los habrá llevado a una postura más gnóstica sobre la existencia de un ser supremo y su alcance.

Pero la verdad, incluso en los creyentes en un ser supremo en particular, llamémosle Dios y reconozcámoslo como el dios de la Biblia (¿El? ¿Yavé?), o cualquier otra idea de dios o dioses, no aceptan todo ese conjunto de definiciones y normas en el todo de las escrituras. La mayoría de los obispos de las grandes religiones cristianas organizadas, comenzando por el catolicismo y el Papa consideran que la Biblia es más alegórica que históricamente factual, pero incluso los evangélicos que claman una interpretación más literal de la Biblia escogen qué mandamientos seguir y cuales no. Sólo unos pocos fanáticos hoy en día considerarían, por ejemplo, que la lapidación es un justo castigo por deshonrar el sábado trabajando.

A lo largo de la biblia, tanto el antiguo como el nuevo testamento, encontramos lecciones de vida positivas y otras cuestionables. Un apologista dirá que lo cuestionable puede ser un problema de interpretación: que obedece a otros tiempos o que era un mensaje a otras culturas o que, simplemente, no tenemos la capacidad y sabiduría suficiente para entender el verdadero significado de esas normas.

Hay otra explicación y es creer que la biblia es un conjunto de escritos, redactado por diferentes seres humanos que reflejan sus históricos y culturales puntos de vista. Una obra humana que sería luego traducida, transcrita y corregida por otros seres humanos en otros contextos históricos.

Sigo creyendo que en la biblia hay buenas lecciones de vida y varios sabios consejos. Pero también sucede esto con El Conde de Montecristo, o El llamado de la selva, o Cien años de soledad, o Juventud en éxtasis, o ¿Quién se ha llevado mi queso?, o mi blog. Así como en todas estas obras hay elementos cuestionables tanto en la presentación fáctica como en los valores presentados.

Hay muchos elementos por los cuales tengo aún un apego emocional con el cristianismo en general y el catolicismo en particular. Confesarme no cristiano es un proceso doloroso. Pero, por otro lado, es una realidad si analizo mi sistema de creencias y valores. Los valores que comparto con el cristianismo son realmente valores humanistas mientras que no puedo esconder mi rechazo a valores bíblicos como la condena al conocimiento y la razón presentados en la fábula de la serpiente en el Edén o en el desprecio que se muestra a Tomás por su escepticismo.

Pero descubrirme no cristiano no me convierte en ateo. Ni me lleva a abrazar a alguna otra religión. Mi postura sigue siendo agnóstica así personajes que admiro como Richard Dawkins consideren el agnosticismo como una postura pobre.

No soy agnóstico en materia religiosa porque crea que tal vez exista alguna religión válida, o porque considere igualmente probable la existencia o no existencia de un dios en particular o de cualquier tipo de dios… lo que me lleva a la siguiente pregunta: ¿qué es un dios?

Los deístas creen en un universo creado por un ser superior, pero no creen que ese ser superior sea una persona que continúe acompañándonos a lo largo de la historia. ¿Pudo un elemento “consciente”, “racional” o “personal” haber dado origen al Big bang? ¿O haber creado la primera forma de vida? ¿O crear (o formar) ese elemento metafísico que reside en nuestras mentes y que llamamos alma?

Mi última discusión interna tiene que ver con el concepto del yo y la continuidad del yo. Tal vez estoy demasiado contaminado por el concepto cartesiano pero para mí es clara una cosa: puedo dudar de todo, incluyendo de la misma composición material de mi cuerpo y mi mente. Pero existe un yo que se plantea esta duda y que percibe una continuidad entre un pasado que recuerdo y un futuro que espero o temo vivir.

A partir de este convencimiento de que yo existo construyo todo lo demás como un sistema de creencias: mi cuerpo existe así como las cosas y personas a mi alrededor. Estas cosas que percibo son consistentes o no con lo que otras personas me dicen a través de las conversaciones de la vida diaria, los libros, la televisión o Internet. Estas creencias las tomo por ciertas y se convierten en lo que sé. Otras de mis creencias permanecen como conjeturas: cosas que creo que son así pero estaría abierto a que me demuestren otra cosa. Otras creencias son más bien esperanzas: las cosas deberían ser así porque así el mundo sería un mejor lugar para mí.

Así como existe este yo y creo firmemente (al punto de decir que sé que es así) que este yo reside dentro de una mente físicamente localizada en el cerebro del cuerpo de un animal humano (mi cuerpo tal cual lo percibo), también creo, también sé que existes, como una persona que es capaz de tener estos mismos pensamientos bien sea que efectivamente así lo pienses o no. Sé que eres una persona que resides en un cuerpo humano. Que tienes un punto de vista, una propia continuidad, una propia expectativa y unos propios recuerdos. Eres tu propio yo.

Es ese yo (el tuyo, el mío, el de los demás) uno de los desafíos de mi mente. ¿Es algo netamente natural o corresponde a una sustancia metafísica?

Si es algo netamente natural cabe la duda de qué elementos naturales llevan a esta condición. ¿Qué tanto yo tiene un animal? ¿Podrá un robot alguna vez tener un yo?

Si, por el contrario, existe un yo metafísico. ¿De dónde proviene? ¿qué tanto se parece o no al alma inmortal que nos enseñan en el catequismo?

Creo que una respuesta completamente naturalista no será completamente satisfactoria. La neurociencia nos podrá mostrar el cómo de nuestra mente y nuestra percepción y eventualmente nos dirá el cómo del yo, pero ¿puede la neurociencia explicar el qué del yo?

No es que crea que un teólogo pueda explicar el yo mejor que un neurocientífico. No es que en mi conjunto de creencias de qué es y qué no es yo de igual peso a la posible existencia de lo metafísico que a su probable inexistencia. Mi agnosticismo lo que me dicta es la creencia de que no habrá una respuesta completamente satisfactoria.

En cuanto a si creo que existe un ser personal que dio origen al universo y a la vida dentro de la tierra y que nos acompaña todos los días de cada una de nuestras vidas y que es supremamente poderoso, lo conoce todo y es toda bondad y que se nos manifiesta en tres personas distintas, una de ellas que nació y creció como un ser humano y murió como un ser humano pero resucitó y sigue vivo en cuerpo y alma tras casi dos mil años…, lo siento: en ese no creo.

Dios te quiere muerto

[portada: God Wants You Dead] Hagamos un ejercicio mental muy sencillo.  Digamos que tú tienes una idea.  Me cuentas esa idea y a mí me gusta y la adopto.  Entonces tú y yo tenemos una misma idea.  O si vemos la idea como nuestro objeto de estudio la idea existe en dos personas, en dos anfitriones: tú y yo.  Si compartimos la idea con más personas y a estas le gusta la idea, esa buena idea residirá ahora en muchas más personas.  Si la idea es suficientemente atractiva la idea incluso podrá sobrevivirnos.  Las buenas ideas entonces se propagan.  Pero ¿qué es una buena idea? O más exactamente ¿qué es una idea que se va a propagar y sobrevivir?

No entraré a detallar qué es una idea.  Por ejemplo “lávate las manos antes de comer” es una idea.  Con nuestros actuales conocimientos sobre los gérmenes sabemos que es buena idea y sabemos por qué.  Los que estén familiarizados con la Biblia cristiana saben que Jesús rechazaba esa idea lo que nos dice tres cosas: 1) la idea ya existía en tiempos bíblicos, 2) Jesús no sabía de gérmenes, 3) Jesús sí sabía lo que era la perversión de una idea.  Los judíos en la época de Jesús no sabían para qué se lavaban las manos antes de comer.  Lo hacían sólo porque era un dogma de fe.  Probablemente algunos antepasados de los judíos eran más escrupulosos con respecto a comer la tierra en sus manos junto con sus alimentos y enseñaron este escrúpulo a sus hijos mientras que otros no.  Los que no vivían más enfermos y sus hijos morían por cualquier infección.  Así la idea de lavarse las manos prosperó, pues los anfitriones de la idea eran más saludables y se reproducían más.  La idea quedó así escrita en el código de Hammurabi atribuido luego a Moisés y convirtiéndose en parte de la ley judía.

Algunas ideas nos ayudan a sus anfitriones a sobrevivir.  Es bueno para el que tiene la idea y para las personas a quien este inspira porque, bueno, sobreviven.  Es bueno para la idea porque prospera.  Si pensamos en la idea como un organismo, estas ideas serían organismos simbióticos.  Otras ideas no favorecen directamente al individuo.  La idea de “no robarás” puede poner al individuo en desventaja frente a la idea contraria cuando hay un botín apetecible.  Pero cuando vivimos en sociedad y dentro de la sociedad todos compartimos la idea nos va mejor en conjunto que a cada uno individualmente.  No obtendré un botín, pero mis bienes no se convertirán tampoco en botín de otros.  Este beneficio mutuo aún en contra del beneficio individual inmediato es lo que convierte a esta idea en una idea altruista.

Las ideas simbióticas y altruistas son buenas ideas.  Nos ayudan a mantenernos vivos y a convivir en sociedad.  Y por eso esas ideas se propagan y permanecen.  Pero no son las únicas ideas.  En ocasiones una mala idea también se propaga.  El rechazo de Jesús al dogmatismo lo llevó a descartar el lavado de manos como una buena idea.  Pero no sólo eso.  Esas palabras fueron escritas e incluidas en los libros sagrados del cristianismo y tomadas como dogma.  Cuando los primeros médicos dotados de microscopios descubrieron los gérmenes y su relación con las enfermedades, los demás médicos rechazaban la idea de lavarse las manos cuando abrían pacientes y realizaban operaciones causando la muerte por infecciones de sus pacientes.  ¿Cuántas personas habrán muerto antes de que se consolidara la teoría del germen por intervenciones quirúrgicas sucias y descuidadas?

Una mala idea que nos muestran Sean Hastings y Paul Rosemberg en su libro God Wants You Dead [copia, 4GB] [torrent] es el de agrupar ideas.  Digo.  Si yo tengo una serie de buenas ideas ¿no es buena idea ponerlas juntas y convertirlas en un decálogo?

Decálogo para ser feliz

  1. Mira el cielo
  2. Huele las flores
  3. Pasa más tiempo con tus padres, tu pareja o tus hijos
  4. Aleja a las personas negativas de tu vida
  5. No dependas de cosas externas que deseas
  6. Piensa en lo que tienes, no en lo que te falta
  7. Si caes once veces levántate doce
  8. Comparte siempre una sonrisa
  9. Celebra tus triunfos, olvídate de tus derrotas
  10. Comparte este decálogo: las personas felices a tu alrededor te harán sentir más feliz.

Son diez ideas que parecen buenas.  Ponerlas juntas y darle un nombre es también una buena idea porque así podremos referirnos más fácilmente a ellas.  Es más, si tengo varios decálogos (el de ser feliz, el de estar a paz con Dios, el de ser exitoso, el del buen amigo, etc.) podemos estar definiendo todo un estilo de vida.

El problema es que al agrupar las cosas no sólo nos ayuda a organizar nuestra mente, sino que al empaquetar las ideas las convertimos en ideas complejas (compuestas) y podemos así seguir hasta tener toda una ideología.  Y cada una de estas ideas complejas serán aceptadas o rechazadas en bloque.  Si analizamos por separado cada una de las ideas de mi decálogo para ser feliz podemos ver que algunas parecen muy buenas ideas, otras no tanto, y tal vez alguna parezca, incluso, una mala idea.  La idea 6 y más en combinación con la 5 tal vez no promuevan la felicidad sino el conformismo.  Pero no porque haya malas ideas en la lista significa que todas las ideas de la lista sean malas.   Convertidas en un decálogo está la tendencia de aceptarlas todas en bloque así haya basura entre las ideas individuales, o a rechazarlas todas así haya ideas realmente buenas en la mezcla.

Las ideologías y anti-ideologías, así como sus íconos, junto con algunas ideas simbióticas y altruistas, tienen también una carga de ideas parásitas.  Ideas que no cumplen un papel directo de preservación del individuo o indirecto de preservación de la sociedad sino que simplemente están ahí para garantizar la perpetuación de la idea y de la ideología.  Ideas que nos llevan al sacrificio.  Ideas como que debemos sentirnos culpables por tener sentimientos egoístas.  Ideas como que es heroico morir por la patria.  Ideas que nos hacen sentir que sólo somos una parte sacrificable de un colectivo.

No es que los colectivos en sí sean malos.  Finalmente somos animales sociables y cualquier cosa que nos permita vivir dentro de la sociedad (ideas como “no matarás” o “no robarás”) son aceptables.  Pero cuando el colectivo se sacraliza y nos demanda sacrificios, entonces esa idea del colectivo, esa ideología, es parásita.  Jesús (ícono de ese colectivo que son las iglesias cristianas) nos enseñaba  que no se hizo el hombre para la ley sino la ley para el hombre.  (Y claramente sabemos ya que la ley es un conjunto de ideas empaquetadas, y que claramente la ley la podemos convertir también en un ícono: La Ley.)

La vida y ejemplo de Jesús nos muestra una persona que reivindicaba a las otras personas. “Levántate y anda”: los milagros son ejemplo de la superación del individuo. “Al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios”: cuando colectivos como el estado nos ofrece medios de pago como las monedas pues estas son del colectivo y no debemos mezclarlas con lo que nos piden otros colectivos o nuestra sociedad. “Con la vara que midas serás medido” y “has a otros lo que quieras que te hagan” son llamados a la integridad y a la reflexión. (Alguien dirá que la regla de oro “no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan”  es mucho más antigua que Jesús, pero su forma positiva aparece por primera vez en el cristianismo.) “Da la otra mejilla” y “ama a tu enemigo” nos invitan a detener cualquier ciclo de violencia.  Ahora bien, cuando una iglesia (o un clérigo) sale a juzgarnos a todos nosotros sin admitir críticas, podemos ver cómo el colectivo que pregona a Jesús como ícono se aparta de lo que Jesús (asumiendo su existencia) nos enseñó.

Hastings y Rosemberg nos enumeran una serie de colectivos e íconos, comenzando por la religión y Dios (no el creador cuya existencia es debatible, sino la idea de Dios o dioses que nos imponen las religiones, cuya existencia (de la idea) es verificable) y continuando por el Estado-Nación.  Íconos y colectivos como La Ley (que se sobrepone al sentido de justicia), las corporaciones, el concepto de El Pueblo, o La Raza, o La Clase.  Incluso La Familia o La Pareja se convierten en ideas colectivas con elementos parásitos.  Yo agregaría otros colectivos e íconos como La Universidad, la Educación Pública y La Mujer.  En el discurso político de ciertos grupos también se evidencia la colectivización del oponente y surgen términos como La Oligarquía, El Patriarcado, El Neoliberalismo.

En el proceso de construcción del Partido Pirata Colombiano, una de las cosas que hemos cuidado y discutido es cómo ser un partido político sin hacer lo que criticamos de los partidos políticos.  Esto incluye cómo vender un discurso positivo de liberación y empoderamiento del individuo cuando es más fácil vender un discurso de miedo para que los votantes nos acojan sin cuestionar.  El miedo nos dice que una serie de criminales roban a nuestros artistas y que por ello debemos pasar leyes de protección a los derechos de autor, y que una serie de depravados van por nuestros hijos y por ello es necesario vigilar los contenidos que publicamos en Internet para perseguir la pornografía infantil.  También podemos apelar al miedo y decir que el gobierno quiere meterse en nuestras vidas para controlarnos y usar la excusa de la lucha antipiratería y anti pornografía infantil como un medio para censurarnos.  Pero esto no sería justo con ustedes.  Sería traicionarnos a nosotros mismos.  No es porque un ogro llamado El Gobierno conspire con otros demonios llamados La Industria de Contenidos para someternos a nosotros y maximizar las ganancias de unos pocos y aumentar el control sobre nuestras vidas.  Simplemente es porque por temor cedemos el control de nuestras vidas a un control colectivo y, por ello mismo, irresponsable.

Pero es más fácil vender el miedo.

La inocencia de los musulmanes

(via InterAksyon)

Así se titula una supuesta película (y digo supuesta porque no tengo evidencia de que existan más de los 15 minutos filtrados por Internet) cuyo objetivo es mostrar que la sumisión del islam (lo cual es un pleonasmo: islam significa sumisión y musulmán significa sumiso) es lo que convierte a los hombres en fanáticos.  Como parte del argumento pretende mostrar una vida de Mahoma, el profeta de la sumisión quien tomó elementos del judaísmo y el cristianismo que convivía con el paganismo de la península arábiga cuando vivió.  Esta representación de Mahoma es en mi opinión ofensiva y de mal gusto, como toda la película en general que dista de la calidad de una cinta hollywoodense.  (No que el cine de Hollywood sea de alta calidad, pero al menos suele ser de buena factura.)

No tengo idea si el Mahoma de La inocencia de los musulmanes esté basado en alguna investigación más o menos seria o si no es más que inventos del guionista y el tratamiento del director.  Si tiene una base seria sin duda el tratamiento fílmico lo convierte en una caricatura lo que añade a la afrenta del sólo hecho de mostrar una imagen humana del Profeta (del cual ni siquiera debe haber imágenes).

(via de-avanzada.blogspot.com)

Yo confieso que no fui capaz de ver siquiera la mitad de esos 15 minutos que han circulado por Internet, simplemente porque como película es mala.  Lo que me lleva a rechazar aún más la reacción de los fanáticos sumisos en contra de las delegaciones diplomáticas de los EE.UU. y de otros países “occidentales”.  Claramente ese tipo de películas no corresponden a una política del gobierno estadounidense contra el Islam.  No es una afrenta del pueblo de los EE.UU. contra la religión de la sumisión.  Es la obra de un productor independiente, de algo así como un youtubero, con una opinión.  Opinión que no por ser pésimamente producida puede ser prohibida o censurada dentro de la legislación de los EE.UU.

¿Qué significa en últimas esto?  Que estas recientes protestas del fundamentalismo musulmán contra los EE.UU. son realmente una protesta del fundamentalismo religioso en contra el concepto de la libertad de expresión.

Y lo irónico del asunto es que estas protestas le están dando la razón a lo que los autores de La inocencia de los musulmanes acusan: el islam enceguece, impide pensar libremente y reacciona fanática y violentamente contra el libre diálogo.

Una obscura película de bajo presupuesto de la cual nadie se hubiera enterado termina siendo promocionada por los mismos que pretenden acallarla y termina dándole la razón a sus productores.


Mientras terminaba de redactar esto me metí en un intercambio twittero sobre la pertinencia de algún medio francés de publicar unas caricaturas de Mahoma.

Por un lado no conviene torear a los fanáticos y en el estado actual de las cosas publicar caricaturas del Profeta es sin duda un acto provocador e irresponsable (infantil dijo mi interlocutor).  Por otro lado ¿por qué hemos de plegar nuestros principios civiles tales como la libertad de expresión al veto de fanáticos?

(por Chlewey)

Creo que mis principios y la defensa de ellos no debe plegarse a quienes lo amenazan sólo porque son más peligrosos que uno.  Sin duda existe la autocensura.  Sin duda en muchas ocasiones vale más mi vida y la de los míos que la defensa de unos principios abstractos y que la necesidad de someter esos principios a prueba.  Pero si tú, yo o cualquier otra persona tenemos algo que decir, tenemos el derecho moral de poderlo hacer.  Es éticamente correcto hacerlo.  No somos los culpables ni los responsables éticos o jurídicos de las acciones que nuestras palabras generen en los fanáticos.  Incluso si no tenemos que decirlo sino que simplemente queremos hacerlo, bien para probar si nuestros gobiernos son serios al garantizar nuestra libertad, bien porque queremos evidenciar una reacción.

Mis creencias

Como defines tus creencias? Crees que hay diferencia entre tus creencias y las de una religion organizada?

por @dvigitt

Soy agnóstico, es decir que creo que la realidad metafísica no puede ser conocida por la ciencia y como tal cualquier afirmación al respecto no deja de ser una opinión o un deseo que no puede probarse.

La ciencia, y en particular el método científico, nos puede dar una aproximación a cómo funciona el mundo y tal parece ser que la teoría científica no precisa de soluciones mágicas o metafísicas para explicar el mundo físico.

La pregunta que intentan responder las religiones (organizadas o no) o la religiosidad personal, más que el cómo es el porqué de las cosas. El propósito. Si una religión se mete con el cómo muy probablemente entrará en contradicciones con lo científicamente probable lo que significará una de dos cosas: la religión miente o algún fenómeno metafísico impide que el método científico conozca el cómo que nos dicta ese dogma religioso. El principio de la navaja de Ockham me hace pensar que es lo primero.

Por otro lado si alguien desde la ciencia intenta responder el porqué, sin duda no entendió de qué trata el método científico y es aquí donde hay espacio para las doctrinas religiosas o la religiosidad personal.

Es posible que exista un ser superior que haya creado el universo con un propósito y que nuestra existencia en el mundo sea parte de ese propósito. O es posible que la conciencia colectiva de la humanidad sea un ente metafísico superior, que se creó con la humanidad y que se manifiesta a través de las religiones. Hay muchas posibles conjeturas que subordinan al hombre frente a un ente metafísico que da un propósito a nuestras vidas.

O, tal vez, no haya ninguno y todas esas concepciones metafísicas no sean más que un deseo más o menos colectivo de nuestras mentes de tener un propósito.

La religión organizada, por regla general, no sería más que una doctrina (no muy disímil a las doctrinas políticas) que procuran encausar la necesidad humana de propósito dentro de unos parámetros que faciliten la convivencia entre los semejantes.

Tal vez exista una religión organizada que parta de los principios agnósticos, pero tal no sería realmente una religión.


Addenum
Entrdas varias sobre creencias y religión