Incluyentes pero segregados

InclusiónFrente a la polémica de esta semana, una amiga de Twitter comentaba porqué no se habla de inclusión de niños en condición de discapacidad. Por otro lado una amiga de mi hermana comentaba sobre el caso de niños genios y cómo la escuela normal no responde a ellos (no sé si a raíz o no de la polémica).

normal1La campana de Gauß nos muestra lo que es una distribución normal. Si tomamos una medida de la población con, por ejemplo su coeficiente intelectual, o su estatura en centímetros, y graficamos el número de individuos que hay por cada puntaje, formarán gráficas de distribución y la distribución gaussiana o campana de Gauß es una de las más comunes. Las distribuciones gaussianas tienen dos parámetros: la media μ (que en una distribución gaussiana coincide con la mediana y con la moda), y la desviación estándar σ. En esta distribución, el 68.2% de la población difiere de la media en menos de la desviación estándar, esto es, entre μ−σ y μ+σ.

En el ejemplo del coeficiente intelectual (CI), este ha sido normalizado de tal forma que 100 sea la media y 15 la desviación estándar. Así, el 68.2% de la población está entre un CI de 85 y 115. El restante 31.8% está por encima o por debajo (15.9% mayor a 115, y otro 15.9% menor a 85).

2000px-standard_deviation_diagram_svg
El 95% de la población está difieren en menos de dos veces la desviación estándar, es decir entre μ−2σ y μ+2σ. En el ejemplo del CI, el 95% está entre 70 y 130. Tan sólo un 2.5% está por debajo de 70 y otro 2.5% por encima de 130. El 99,7% está a menos de tres veces la desviación estándar. Casi todos están entre μ−3σ y μ+3σ (entre un CI de 55 y 145), y sólo una ínfima parte por fuera. Un 0,15% por debajo de 55 y un 0,15% por encima de 145.

Digamos, ahora, que soy el administrador de un colegio, o un ministro de educación, a cargo de definir las políticas sobre qué se espera enseñarle a cada alumno, y veámoslo sólo desde el punto de vista de capacidad intelectual medida por el CI (que es una simplificación). Si diseño los currículos para alumnos que estén dentro de la desviación estándar (alumnos entre 85 y 115 normalizados para la edad), estoy cubriendo las necesidades de cerca de 14 de cada 20 alumnos. Pero estos currículos serán demasiado avanzados para 3 de cada 20 alumnos, y demasiado triviales para otros 3. Los profesores atenderán bien a los 14 alumnos de la media, pero deficientemente a 6 de ellos. Tres de ellos les irá tan mal que no progresan. Otros tres se aburrirán sin poder exigirse en sus capacidades y, o se adaptan a la “mediocridad” de la mayoría de sus alumnos, o acompañarán a los 3 quedados.

Pero si diseño el plan curricular y la formación docente para tener en cuenta al 99,7% de los alumnos (aquellos entre 55 y 145) nos enfrentamos a un gran desgaste. El profesor debe atender en una misma clase a niños avanzados que exigen más de lo normal, y a niños muy quedados que requieren otro tipo de atención especial. Y, además, atender a la mayoría.

Dado que esta opción de hiperpersonalización es desgastadora e irrealizable, a la larga hay tres opciones básicas, donde se parte diseñando para la mayoría. Digamos que es la escuela general, que está bien para el 70% de los alumnos, para la mayoría, que son lo suficientemente parejos (aunque con diferencias) como para que currículos y profesores puedan responder a todos con la debida atención.

La primera opción es ignorar a todos los demás. O se adaptan a la mayoría, o se excluyen. Muchas veces esto se racionaliza en que las minorías no son importantes si estas se convierten en un lastra para la mayoría. Igual los niños bruticos no importan. No se van a volver inteligentes por más educación especial. Igual siempre han estado marginados de la sociedad. Los genios, también que se adapten. Si quieren y si son tan genios que se adelanten y vayan a un curso más avanzado. Si no, se supone que deben ser inteligentes para adaptarse a la mayoría.

specialeducation

Video: New Brunswick forbids segregated education | Canada

La segunda opción es similar. Se sigue diseñando un currículo único y unas políticas de clase únicas. Pero a los niños especiales de lado y lado se les acompaña. Se dan refuerzos para los niños de menor CI y se les ponen retos extra a los de mayor CI, pero dentro del salón de clases general, a todos los niños se los trata por igual.

La tercera opción es crear escuelas especiales. Está la escuela general para la gran mayoría de niños promedio. Pero hay escuelas especiales para los niños con atraso, y escuelas especiales para los niños genio. No es necesario que estas escuelas especiales sean tan homogéneas, pues el número de casos especiales es lo suficientemente pequeño que un profesor puede atender sin muchos problemas tanto a un alumno 116, como a un 145, repartiendo su tiempo entre ambos y adaptando los retos a cada uno de ellos. Mientras que en la escuela general, el profesor diseña un programa único que cubra toda la gama de normalidad sin necesidad de acompañamiento especializado.

Estas son simplificaciones. El coeficiente intelectual es tan sólo uno de los factores que marcan a los niños especiales. Hay otros tipos de discapacidad, como la discapacidad motriz que plantean sus propios retos. Las identidades de género no hegemónicas son otro. Las minorías étnicas y los inmigrantes son otro reto.

La primera opción es la opción excluyente. Dictada por las mayorías, las minorías o que se adapten o que se vayan. La escuela, la sociedad, no tiene por qué hacer excepciones hacia esos copos de nieve especiales.

La segunda opción es la opción incluyente integradora, donde el objetivo es que las minorías se integren a las mayorías, pero igual son las mayorías las que definen el modelo. Se busca explotar los talentos de quienes se destacan, pero sin perjudicar a las mayorías. Se busca atender a quienes se rezagan pero con el objetivo de que se integren. El que es simplemente diferente, se le acompaña para que se adapte.

xavier_87030La tercera opción es la opción incluyente segregada. Lo que se sale de la norma se atiende, pero en espacios separados a la mayoría. Para los niños especiales es bueno porque tienen una atención más personalizada y pensada para ellos, pero, por otro lado, no aprenden a convivir con la sociedad mayoritaria y pueden tener problemas de socialización. El otro riesgo es que estas escuelas especializadas pueden costar más y atienden menos personas que la escuela general. Y en la escuela general está la mayoría. Si toca recortar recursos, la escuela especial corre el riesgo de desaparecer y se puede caer en la opción excluyente.

Y esto no sucede solo con niños con discapacidad cognitiva y niños genios. Ocurre con minorías étnicas. Ocurre con inmigrantes. Ocurre con la homosexualidad y la transexualidad.

Colombia es un país donde la educación privada es un segmento bastante grande. Donde casi toda familia que puede pagar un colegio privado hace el deber de pagarlo, en gran medida por el desprestigio de la educación pública. Y la educación privada, como toda empresa privada, puede definir sus propias políticas dentro de ciertos límites. Muchos colegios privados son confesionales y la religión y los valores que esta religión profesa son parte importante del currículo y la formación. Muchos colegios privados se orientan a educación elitista, con colegiaturas costosas que sirven de filtro. Otros se definen como colegios de clase media. Algunos buscan ser incluyentes frente a discapacidades. Otros prefieren definir que la inclusión de discapacidades no son su propósito, pero que, dentro de la oferta general de colegios, no es un problema: los alumnos especiales pueden buscar otras alternativas. Otros colegios son especializados para niños genios. Otras instituciones se dedican a distintos tipos de discapacidades, bien cobrándole a los padres, o recibiendo ayudas del estado para atender a los niños más pobres con tales discapacidades.

Este esquema produce una segregación bastante grande. No es propiamente exclusión. Y a la larga existe una educación pública que se define como incluyente, pero limitada en recursos para ser activamente incluyente.

Independientemente de qué tan excluyente o segregada sea la educación privada. Un estado que se defina como incluyente (Colombia es un estado social de derecho, de acuerdo con la constitución de 1991), debe buscar que su educación pública sea incluyente. Pero la limitación de recursos atenta contra una correcta inclusión (integrada o segregada).

Ahora. Existiendo una escuela pública incluyente (y asumiendo que puede realmente ser incluyente), puede la escuela privada definirse como excluyente y segregada? Y hasta qué punto son estas exclusiones y segregaciones admisibles.

Si definimos que el estado debe velar por la educación de todos los niños, no sólo debe velar por ofrecer una escuela incluyente para quienes no pueden o no quieren tomar una opción privada. Debe velar también porque esta educación privada mantenga ciertos estándares. Que sean centros de formación y no centros de adoctrinamiento ideológico, o sistemas de explotación infantil. Por ejemplo, que un colegio especializado en educación a niños con discapacidad, efectivamente los eduque en lugar de simplemente reunirlos en un salón, asumir que son casos perdidos y cobrar las ayudas del gobierno o las pensiones de los padres.

Pero el estado tiene un límite en este esquema. Si el estado se entromete en cada aspecto de una escuela privada, esta pierde autonomía y no es más que un instrumento del estado.

En el ideal socialista, el estado es el único responsable de la educación. No debería haber escuela privada y todas las necesidades especiales, bien sean integradas o segregadas, las asume el mismo estado. En el ideal libertario, toda escuela es privada y puede definir su nicho, y las condiciones de demanda laboral hacen que el mejor interés de los empresarios sea invertir en la educación de toda la población por medio de la caridad voluntaria. En un modelo de tercera vía, el estado suple el papel de la caridad, permitiendo la escuela privada libre y ofreciendo una educación pública para todos los demás. Colombia es una extraña mezcla de elementos de estos distintos ideales, pero donde gran parte de la oferta de educación privada se basa en ideologías que no se refieren ni al mejor interés económico (libertario) ni social (socialista), sino doctrinario.

La polémica de esta semana es realmente una lucha entre esta educación privada doctrinaria y un estado que busca regular la educación privada desde otra ideología, y dentro de esta ideología hay grupos de presión fuertes que pugnan por una visión doctrinaria de sus propios intereses. Está tan arraigado el sistema privado segregado que es casi imposible que el estado pueda imponerse como regulador del mismo. En colegios grandes y serios, saben que no hay forma que el estado imponga una ideología doctrinaria contraria a su propia doctrina, porque esto atentaría contra las libertades liberales consagradas en la constitución. Porque en un estado laico, no sólo se evita que la iglesia y la religión se inmiscuya en el estado sino que el estado no puede inmiscuirse en las iglesias y la religión. Pero, también, estos colegios grandes y serios saben cómo afrontar los retos de la diversidad, dentro de un sistema general de inclusión segregada.

Entonces. ¿Por qué la polémica?

La cuestión es política. Cuando hablé sobre la diversidad sexual en mi entrada anterior, siempre sostuve que hay una norma. Que la gran mayoría de seres humanos caemos dentro de dos casillas, más o menos bien definidas. La gran mayoría de personas que trabajan en igualdad e inclusión lo saben, pero hay grupos que o bien lo desconocen o bien hablan como si lo desconocieran, el papel de la biología en la construcción de la identidad de género. Asumen en su discurso que las dos casillas de género: la de hombre y la de mujer, son exclusivamente culturales y que sólo puede haber inclusión verdadera cuando las casillas desaparezcan. Este discurso es lo que llaman identidad de género. La mayoría de personas que trabajan en inclusión e igualdad saben que esas casillas seguirán existiendo y tan sólo advierten que hay más casillas (minoritarias pero existentes) y que no son determinísticas.

En contraste, hay un sector religioso en el que prima su visión del mundo obtenida de la biblia o el corán sobre la realidad científicamente demostrable. Dice la biblia que Dios nos creó hombre y mujer (aunque no dice que exclusivamente hombre y mujer) por lo tanto no existen más categorías, ni siquiera minoritarias. La ciencia que avala una ínfima zona gris entre estas dos casillas, es la misma ciencia que nos muestra que somos simios y que tenemos un ancestro en común con los chimpancés, y la misma ciencia que declara que fue científicamente imposible un diluvio universal. Dependiendo el nivel de literalismo bíblico, la ciencia ha venido mostrando que ciertos fundamentos religiosos o bien son infundados o bien son falsos. Y, con base a interpretaciones y actitudes frente a la ciencia, el control de las iglesias sobre la población ha disminuído. La teoría de la evolución implica que la fábula de Adán y Eva es eso, una fábula, y si la biblia nos miente sobre eso, nos miente sobre otras cosas. Incluso iglesias abiertas a los descubrimientos científicos, como la Iglesia Católica, trata de convencernos que Adán y Eva son una alegoría y muchos católicos así lo entienden y siguen en la iglesia, pero otros terminamos no tomando a la biblia en serio.

La pérdida de poder de las iglesias, junto con cambios demográficos y de actitudes frente a la familia nuclear (que nunca fue definida antes por la iglesia, ni por la biblia), ha hecho que ciertos sectores del cristianismo se opongan a cualquier cambio de actitudes que se derive de un conocimiento que depende cada vez menos de la biblia. La aceptación social de la homosexualidad es uno de ellos. La homosexualidad siempre existió. Desde mucho antes de que existiera la iglesia cristiana y luego dentro del mismo seno de la iglesia. Pero, durante la hegemonía moral cristiana la homosexualidad no era aceptada: era condenada, ilegal, escondida dentro de seminarios y monasterios; o dentro de cortes; o dentro de los hogares. Hoy es pública, y para la gran mayoría de personas que vivieron sin ver la homosexualidad escondida, lo que hay hoy parece un fenómeno nuevo. ¿Qué cambió? Que hoy hay activistas que buscan la aceptación social de tal forma de vida, y la iglesia que pierde poder pinta a tales activistas como promotores. Y estos promotores son el enemigo que se necesita para mantener el discurso.

Las cartillas que no

Las cartillas que no

Cuando la ministra de educación Gina Parody salió a una rueda de prensa el pasado lunes, a explicar que ciertas cartillas de supuesta educación sexual no eran del Ministerio, en el chat de la transmisión en vivo vi un comentario que más o menos decía: «Señora ministra, por nuestros hijos no nos dejamos manipular por usted,» insinuando que Parody estaba mintiendo. Mi reacción es que por sus hijos esta señora se estaba dejando manipular por otros. Alguien, tal vez su pastor, le pintó que había un demonio llamado ideología de género y que el ministerio, encabezado por una ministra lesbiana, quería imponer aun en las escuelas privadas confesionales.

Sé que hay activistas feministas y por los derechos LGBT* que desconocen realidades científicas tales como el dimorfismo sexual, porque desde su punto de vista es más fácil culpar a factores netamente sociales de la desigualdad. Porque reconocer la ciencia da la falsa impresión de que esta es determinista. También sé que hay personas dentro del cristianismo que desconocen las realidades científicas porque estas amenazan bien los fundamentos del cristianismo (en sus lecturas más literales), bien el poder y la pretensión de un orden natural liderado por Dios y sustentado por la iglesia. Y entre ellos hay un montón de personas o bien manipuladas o bien reactivamente polarizadas frente a estas dos posturas. Sí, no todos los que marcharon en contra de las políticas (supuestas) del ministerio, lo hicieron desde un fundamentalismo religioso. Muchos, incluyendo cristianos moderados y libertarios ateos, lo hicieron como reacción a la ideología de género o a la concepción socialista de un estado que impone políticas.

Personalmente soy crítico frente a ese activismo feminista y pro-LGBT* que usa la ciencia sólo cuando le conviene. Algunas de las cosas que contiene el documento Ambientes escolares libres de discriminación, son muy cercanas al discurso de este tipo de activismo, y creo que si aceptamos el principio de escuela privada, esta debe estar libre de intromisiones del estado que atenten la libertad de cátedra, más allá de una regulación que asegure ciertos principios básicos de formación y de no explotación infantil.

13876684_10154375964874664_836378319071312466_nPero el documento Ambientes escolares libres de discriminación, no es un panfleto de esa tal ideología de género. Es un documento guía para que un colegio con criterio suficiente pueda preguntarse si su manual de convivencia es incluyente integrado o no, y definirse de acuerdo a sus principios y proyecto. Es un llamado a los colegios a que en sus manuales de convivencia reconozcan el acoso escolar tanto por otros alumnos, así como por profesores y padres. Pero para ver esto se necesita leer el documento de 99 páginas, no el resumen preparado por grupos activistas que se oponen a una supuesta ideología. Sí. Está redactado bajo un marco ideológico, lo cual alguien con suficiente criterio debe ser capaz de discernir. ¡Que nuestros hijos no están preparados para discernir eso y les crea confusión! Es irrelevante. Eso no está hecho para que los niños lo lean como parte de una clase de educación sexual. Está para que adultos con criterio lo lean y vean qué tanto aceptan o no.

Entre machitos y mamertos

Admitiré primero que no he escuchado a las fuentes directas, ni noticias, ni declaraciones, sino tan solo el ruido que se generó en Twitter y, en menor medida, en Facebook. Por lo tanto no hablaré de los hechos sino de la conversación generada.

Yo, hoy en día, no me considero feminista. Creo en el principio feminista de buscar la igualdad, pero no comparto muchas de las cosas que dicen y proponen las y los feministas, bien porque creo que están erradas, bien porque creo que parten de una lectura no falsable, o porque parecen tomar un enfoque dogmático sobre una situación y en muchos casos niegan la expresión de otros puntos de vista. Reconozco que no existe un solo feminismo ni una sola forma de interpretar la realidad desde el feminismo, pero aquella parte que observo y escucho me genera reservas para adoptar el feminismo como mi causa.

Pero si bien no es mi causa, sí creo que es una causa que aun deben luchar las personas que se ven afectadas y quienes se compadecen de ellas. En mi opinión el feminismo tiene aun cabida como también tienen cabida causas que se oponen a la forma como el feminismo se ha metido ya en las legislaciones y en el discurso mediático. Creo que en un diálogo entre intereses pueden crearse acuerdos.

160125195607_astrid_helena_cristancho_624x351_revistasemana_nocreditPero dentro del caso en cuestión. La abogada Astrid Helena Cristancho Palacio renunció a su cargo como secretaria privada del director general de la Defensoría del Pueblo Jorge Armando Otálora, alegando acoso laboral y acoso sexual. Las acusaciones no fueron instauradas originalmente en la Fiscalía u órganos similares, sino que fue expuesta por el periodista Daniel Coronell. Y ahí comenzó toda una telenovela de versiones, de periodistas amigos de Otálora o críticos a Coronell, de morbo y de versiones en redes sociales.

No tengo claridad sobre los hechos. Ni me interesa tenerla al escribir este artículo porque no son relevantes. Es posible que Cristancho se haya inventado el acoso para obtener algún beneficio por medio de una demanda. Esto sería un caso de falsa denuncia. Es posible que Cristancho si haya tenido una relación consensuada con su jefe y luego haya salido a decir que fue acoso. Bajo el esquema de presunción de inocencia, no puedo partir de que Otálora es culpable. Pero por lo poco que he visto, tanto de la acusación como de la defensa, le creo a Cristancho. Pero, aunque no le creyera, sería yo igualmente irresponsable y hasta más, que por defender la presunción de inocencia de Otálora convierta una posibilidad en presunción de culpabilidad de Cristancho.

Por ahora, la mayor parte de lo que he visto en Twitter, Facebook y demás, es una sociedad dividida entre la presunción de culpabilidad de Otálora y la presunción de culpabilidad de Cristancho. Y en esto noto, más que una reacción a las declaraciones de uno u otro, a un prejuicio ideológico. Las y los feministas ya juzgaron a Jorge Otálora como culpable y los y las antifeministas ya juzgaron a Astrid Cristancho como culpable. Las declaraciones y notas periodísticas no son más que una confirmación de como miente una de las partes, la que ya prejuzgamos como culpable.

Me inclino a pensar que, a pesar de la presunción de inocencia, Otálora debe renunciar. No estamos frente a un caso de una simples declaraciones sino que estas se han sustentado con pruebas que, si bien deben ser evaluadas por los peritos, representan una acusación seria y no un simple chisme. En el momento en el que la Fiscalía abra formalmente una investigación, y en razón de las funciones que Otálora tiene como director general de la Defensoría del Pueblo, el acusado no podrá desempeñar su labor como funcionario y defenderse sin que una cosa se confunda con la otra. «La mujer del César no sólo debe ser casta sino parecerlo,» dice un viejo refrán. El cargo que Otálora tiene no es un simple empleo.

En cuanto a Cristancho, coincido con muchas de las cosas que las feministas están diciendo. Una gran parte de la sociedad está cuestionándola. Una gran parte de la sociedad, aun creyendo que Otálora puede ser culpable de los cargos, justifican los hechos. Astrid Helena Cristancho Palacio es una profesional que estaba ejerciendo un cargo profesional, pero muchos de los medios prefieren presentarla como una exreina de belleza y en las notas de prensa sobre el caso muestran fotos de cuando era reina o trabajaba como modelo. Sus méritos (o falta de méritos si no los hubiera) como profesional son invisibilizados. Es la cara bonita que trabajaba como secretaria de Otálora. Es la seductora. Es la culpable.

Y lo que Otálora hizo, si es que sí lo hizo como se le acusa, es normal. ¿Cómo puede resistirse un hombre ante semejante belleza? Y más si en algún momento le sonrió o le agradeció un cumplido. Yo he estudiado y trabajado con mujeres hermosas tanto física como personalmente. Entiendo lo que es enamorarse; finalmente me enamoré y me casé con una de ellas; y si no fuere por ella me habría enamorado de muchas más. Es imposible no sentir la atracción o no alegrarse cuando devuelven una sonrisa o agradecen un cumplido. Pero nunca he sentido que esto me de derecho sobre ellas. Nunca la posibilidad de que me acepten o no determinó mi trato hacia ellas como compañero de estudios o de trabajo. Cualquier cosa que haya pasado en mis fantasías no me da derecho a desconocerlas como personas y como profesionales.

Cuando reducimos a que Astrid Cristancho es bonita y fue reina de belleza, la estamos desconociendo como persona y como profesional. Y lo que me sorprende es la cantidad de personas que parecen estar de acuerdo con que eso es normal. Insinuar que Cristancho llegó a ese cargo y se mantuvo porque era bonita, porque le respondió o, incluso, se lo dio a su jefe. (Expresión bien fea esa de “se lo dio”.) Y lo que pasó es normal. Se asume que es normal que un jefe se enamore y seduzca a una mujer bonita a su cargo. Y se asume que es normal que así deba pasar:

bbb

«Si su jefe se lo pide y Ud. no se lo quiere dar, renuncie y listo.»

En otras palabras: es normal que entre las funciones del cargo esté dárselo al jefe si este se lo pide. Porque para eso es la renuncia: por la incapacidad de cumplir con las funciones del cargo.

O tal vez Cristancho no es culpable de falsa denuncia (los hechos ocurrieron), ni es culpable de ser bonita (es normal: déjese o renuncie), sino de hacer un show. Y vemos titulares en los medios o tuits como el anterior:

La exreina que tiene en aprietos al Defensor del Pueblo

La exreina que tiene en aprietos al Defensor del Pueblo (lo cambiaron a La exreina que acusa al Defensor del Pueblo de acoso sexual)

Y así.

No creo en la existencia de un Patriarcado como dicen muchas y muchos feministas, ni que todo lo que afecta a una mujer en este país sea necesariamente por culpa del machismo. Pero el machismo y la misoginia siguen presentes. Siguen presentes en esa actitud de que el acoso es normal. O que ni siquiera es acoso. De que si una mujer bonita está en un buen cargo es porque es una trepadora que usó la seducción o le alimentó las fantasías al jefe mientras le fuera de provecho. Sí, eso es normal y por ello Cristancho debe permanecer callada.

Y Otálora. Pobrecito, no es más que la víctima de un escándalo.

Pobrecito: se enamoró.

Pobrecito: ahora debe renunciar por la presión de las redes sociales. O mantenerse firme para mostrarle al mundo que las mamertas aun no tienen tanto poder.

Porque es eso: un juego de poder entre misóginos reaccionarios y feministas mamertos (social justice warriors); y no lo que es: una denuncia de acoso laboral y sexual.

Entre libertarios y progres

Entender el mundo de una forma objetiva, sin ideologías, no es fácil. En las ciencias naturales existe todo un marco epistemológico que nos lleva a una forma de comprender el conocimiento, de tal forma que dos científicos de diferentes orígenes culturales o formativos pueden comparar sus conclusiones y admitir si se equivocaron.

En las ciencias sociales esto no es tan fácil, en gran medida porque aislar variables para controlar un experimento social tiene el desafío de la complexidad de la mente humana o presenta problemas éticos; incluyendo la propia definición de qué es la ética y cuales son los imperativos morales. Es complejo pero tal vez podamos hacer un estudio que nos muestre qué modelo político produce mayor crecimiento económico con un grado de certeza similar a las ciencias naturales, pero esto no nos aclara si este crecimiento es deseable, cuando al tiempo se producen desequilibrios e inequidad.

Open Carry

Open Carry

College Liberal

College Liberal. En EE. UU. el término “liberal” es usualmente usado en forma despectiva para referirse a algo entre socialismo, progresismo y hipismo.

Hace algún tiempo he estado observando y participando en una discusión entre dos formas de ver el mundo. Podemos pensar en dos opuestos, ambos dentro de una gran sombrilla de pensamiento liberal: los progresistas a un lado y los libertarios en el otro. Estaré usando los términos de una forma más o menos libre que iré definiendo sobre la marcha, y aclarando que ante diferentes dilemas sociales, algunas personas toman el papel progresista frente a algunas preguntas y el papel libertario frente a otras.

Existe algo que podemos llamar la sociedad, el estado, el sistema. Es un ente etéreo en el cual nos movemos. La sociedad la conformamos todos y el sistema son las reglas formales e informales que determinan las relaciones sociales, y el estado es la formalidad de tales reglas. Y existimos los individuos: cada uno de los miembros de la sociedad.

El libertario cree en la responsabilidad individual. Cada individuo es responsable de sus actos y de las consecuencias de estos actos y esos actos son igualmente loables o condenables independientemente del modelo social o del sistema. Los problemas que enfrenta un individuo son culpa de las decisiones de este o de otros individuos. El problema también puede venir de un estado, entendiendo que este es un grupo de personas que, por decisiones individuales, se abrogan derechos sobre los demás. En el caso más radical de pensamiento libertario todo estado es ilegítimo y todo acto del estado (producto de las decisiones de los usurpadores que se autodenominan estado) coarta las libres decisiones de los individuos produciendo problemas.

El progresista tiende a ver el problema en el sistema. La verdadera libertad se logra cuando cada individuo actúa entre iguales, pero el sistema actual no permite esa igualdad. No es posible lograr la igualdad, y por ende la libertad, mientras exista desigualdad en las relaciones entre individuos y tanto los mecanismos formales pero, sobre todo, los informales que rigen a la sociedad contribuyen o no a lograr esta igualdad. Si el sistema promueve la desigualdad es un sistema opresor, y cada individuo se define frente a cómo se define frente al sistema. El individuo debe estar dispuesto a acabar con el sistema opresor: la revolución; de lo contrario está contribuyendo a mantener el sistema opresor: el reaccionario.

Para el libertario, el estado debe inmiscuirse lo menos posible en las relaciones entre individuos. Para los libertarios radicales el estado debe desaparecer. Para el progresista el estado es o bien parte del problema (estado reaccionario) o parte de la solución (estado progresista). Un estado que no tome parte activa en acabar con el sistema opresor, incluyendo el no estado del ideal libertario, es reaccionario: parte del problema.

En una forma simplista, el libertario favorece la igualdad de oportunidades, mientras que el progresista favorece la igualdad de resultados. El libertario resiente cuando el progresista, en aras de su meta de libertad, restringe las oportunidades de unos individuos y favorece a otros. El progresista resiente cuando la libertad esgrimida por el libertario crea desigualdades aduciendo que las oportunidades no fueron tan libres desde un principio.

El sentido de privilegio es también diferente para el libertario que para el progresista. El libertario ve un privilegio donde un individuo obtiene un favor especial de parte de la sociedad. Un subsidio de desempleo es así un privilegio: un individuo está recibiendo una paga por no trabajar, a diferencia de los demás que deben trabajar por conseguir su paga. Para el progresista el privilegio es no ser cuestionado dentro del sistema. El empleado es privilegiado porque el sistema no cuestiona su posición mientras que el desempleado será cuestionado por no ser productivo, así haya quedado cesante por decisiones de otros, del sistema. (El subsidio no sería más que una compensación frente a su falta de privilegio.)

Pensemos en el racismo (como muchas otras formas de discriminación, incluyendo el sexismo, el clasismo, etc.).

Para el libertario el racismo es una cuestión personal. Una persona es racista si se siente superior a otra persona por el hecho de pertenecer a una raza, o por el hecho de no pertenecer a otra raza. También existe el racismo inverso: la persona que se cree menos debido a su raza. Para el libertario es tan racista una persona como George Wallace, gobernador de Alabama que mantenía alianzas con el Ku Klux Klan durante la época de la lucha por los derechos civiles; como es racista una persona como Malcolm X quien luchaba por un espacio para los negros separado del demonio blanco. (Tanto Wallace como X cambiaron de posición. Wallace rechazó sus puntos de vista racistas hacia el final de su carrera política y X cambió su visión segregacionista tras visitar la Meca).

Para el progresista es el sistema el que es racista. Cuando el sistema está formal o informalmente diseñado para que los miembros de las razas menos privilegiadas no puedan progresar de la misma forma que los más privilegiados. Cuando las casas de un barrio pierden valor cuando se muda una familia negra y al final se convierte en un barrio pobre después de que se van los blancos. Sí, tal vez algún individuo se destaque, pero el grueso de la población es sistemática o sistémicamente discriminado. El individuo es por lo tanto racista si está de acuerdo con que el sistema no debe cambiarse. Y nunca un miembro de la raza menos privilegiada será racista frente a la raza más privilegiada. Un negro que exprese desdén hacia el hombre blanco no es racista sino que se expresa desde la opresión: se resiste al racismo.

Esta visión se extiende a otras formas tradicionales de discriminación, y una de las discusiones que he visto últimamente se da frente a lo que algunas personas llaman anti-feminismo.

Aclararé primero que existen dos tipos de feminismos: un feminismo libertario y un feminismo progresista. El feminismo libertario propone la eliminación de cualquier tipo de trabas, sobre todo formales, que la sociedad y el estado imponen, y promueve el empoderamiento de la mujer para que ella escoja la opción de vida que prefiera. La mujer puede escoger si ser ama de casa o profesional de carrera, o combinar ambas facetas. En inglés se le llama también choice feminism, o feminismo de escogencia. El feminismo progresista, muchas veces basado en la teoría interseccional, considera que la discriminación hacia la mujer es un problema sistémico de la sociedad y que no basta con que unas pocas mujeres puedan decidir cuando la sociedad las lleva, en su gran mayoría, a escoger un papel subyugado frente al hombre: la mujer de carrera que tiene que hacer igual el trabajo en la casa y aún así será juzgada cuando falle en combinar perfectamente ambos valores, mientras que pocos juzgan al varón que descuida su hogar por perseguir una ambición profesional.

Karen Straughan

Karen Straughan, vocera de los derechos del varón, quien considera que el feminismo se basa en que la mujer asuma su papel de víctima para lograr privilegios.

Aunque existen personas que se oponen a ambos tipos de feminismos (por ahora los llamaré conservadores), muchas de las personas que se consideran anti-feministas rechazan, sobre todo, el feminismo progresista. Es una visión libertaria frente al feminismo.

El libertario anti-feminista no es una persona que quiera mantener una situación de subyugación de la mujer, sino que es una persona que cree que el feminismo, y particularmente el feminismo progresista, busca crear privilegios no compensados que van más allá de la igualdad. No busca que la mujer sea igual al hombre (en el sentido de libertad de oportunidades) sino que esté por encima del hombre (ley de cuotas, acción afirmativa o discriminación positiva) incluso en contra de las decisiones individuales que las mujeres puedan querer. El libertario anti-feminista cree que el fiel de la balanza de discriminación hoy en día ha cambiado de sentido; y que en la actualidad, en los países más desarrollados, es la mujer la que goza de privilegios mientras el hombre es oprimido.

Es un hecho, en casi todos los lugares del planeta, mueren más hombres que mujeres, sobre todo en muertes violentas, tanto en accidentes como en homicidios. Aun la mayoría de soldados que mueren en las guerras son varones, así como los criminales y los policías, así como operarios de maquinaria pesada y personas que trabajan en medio de tal maquinaria. La mayor parte de los empleos peligrosos son aun hoy casi que exclusivos de los varones, y por ello mismo, los varones están más expuestos que las mujeres a muertes violentas lo cual se refleja en las estadísticas. La mujer ya goza de un privilegio al ser eximida del servicio militar o no ser expuesta a trabajos peligrosos: un privilegio que le protege la vida.

Para un mismo nivel de preparación, un trabajo peligroso es, en muchos casos, mejor remunerado que un empleo menos peligroso. En parte esto es una compensación por el riesgo. Esto también está en concordancia con una visión tradicional de familia donde la mujer se dedica al hogar y el hombre provee las necesidades del hogar. En muchas sociedades la decisión del gasto de la casa corre por cuenta de la mujer, aún cuando quien haya recibido el sueldo sea el hombre. Dentro de esta lógica tradicional basada en el hogar, no es el varón quien gana sino es la familia quien presta al varón para obtener los ingresos de la familia, mientras la mujer también trabaja dentro del hogar. Una mujer disciplinada puede salir a obtener ingresos extra, los cuales en muchas sociedades no está obligada a compartir.

La sociedad cambió. No sólo por el feminismo, pero hoy en día es casi que una obligación que tanto el padre como la madre salgan a trabajar. Pero aún se mantienen esquemas tradicionales. En los casos de separación casi siempre los jueces tienden a dar la custodia de los hijos a la mujer mientras el padre es obligado a seguir aportando, aún cuando ambos padres tengan niveles salariales similares. Para el anti-feminista, la sociedad tradicional estaba basada en en equilibrio en donde ambos, hombre y mujer, se sacrificaban, mientras que la sociedad moderna mantiene el sacrificio del hombre (quien sigue desempeñando los trabajos más peligrosos) mientras la mujer a adquirido privilegios que no tiene que compensar.

Por otro lado, esa mujer que recibe la custodia de los hijos, y trabaja por fuera de la casa (ganando algo similar a su exmarido) está haciendo un doble trabajo; y será cuestionada en el trabajo cada vez que pida un tiempo para atender a sus hijos y cuestionada en el hogar por salir a trabajar. El esquema tradicional de familia aún juzga sus decisiones, así la ley esté de su lado. Si continuaran casados, en un esquema de familia igualitaria, ambos trabajarían para sus gastos personales y para las obligaciones del hogar, el cual compartirían. Tras la separación toda la carga del hogar queda en el padre custodiante, generalmente la mujer, quien, si no recibe ayuda económica del padre de sus hijos, estará haciendo un doble trabajo, tendrá una doble carga, y además será juzgada por ello.

Hace varios años, la mayoría de los casos de custodia los ganaba el varón, quien usualmente era quien podía aportar mejor a mantener el hogar por ser quien ganaba más, y porque la sociedad ponía un estigma mayor a la divorciada que al divorciado. Una de las luchas feministas en esos tiempos fue buscar rescatar la importancia del papel de la madre en el desarrollo de los hijos y eso ha llevado a la situación actual donde la custodia primaria recae generalmente en la mujer. Hoy hay feministas que buscan reversar eso. La situación no parece ideal para ninguna de las partes: al padre se le obliga a pagar por educar unos hijos que no puede disfrutar y sobre los cuales pierde poder de decisión; la madre tiene que hacer sola el trabajo del hogar y un trabajo remunerado por fuera que no se compensa con la obligación económica del padre. La feminista tiene argumentos. El anti-feminista tiene argumentos. Son diferentes formas de ver el concepto de libertad y de igualdad entre una mentalidad libertaria y una mentalidad progresista.

Pero libertarios y progresistas son dos extremos del pensamiento liberal, porque existen más formas de ver el mundo y una que se opone a ambos es el conservadurismo.

El conservador favorece una visión tradicional de la sociedad. Mientras el libertario y el progresista discuten quién lleva la peor parte entre el hombre y la mujer en el caso de una separación con hijos, el conservador considera que el problema es la separación y no a quién favoreció el juez. El libertario quiere un estado que no se inmiscuya frente a las decisiones personales de los individuos. El progresista quiere un estado que se involucre en el cambio del sistema opresor a uno más igualitario. El conservador considera que el problema no está en el estado y que el estado debe activamente mantener el orden: evitar el libertinaje del libertario y la subversión del progresista.

Cuando la banca se quiebra, el libertario se opone a que el estado tome sus impuestos (y no sólo cuando la banca se quiebra) para favorecer a una banca que quebró por su ineficiencia y su ineficacia. El progresista se opone a que el estado salve a la banca llena de plutócratas en lugar de favorecer programas sociales. El conservador considera que donde se quiebre la banca la sociedad se jode y ni el libertario tendrá su anhelada libertad ni el progresista tendrá sus recursos para sus programas sociales.

Hay matices y hay más de estos tres puntos de vista. Ante diferentes dilemas un individuo puede mostrarse más progresista o más libertario o más conservador. Y mi uso de la terminología en este artículo ha sido un poco libre. Por libertario me refiero a un grupo más amplio que el objetivismo anarco-capitalista y por progresista puedo estar metiendo en un mismo saco a un anarco-socialista y a un comunista. Pero uds. entienen, ¿cierto?

Glosario de etiquetas y otros términos

Cada vez que usamos una etiqueta para describir quienes somos y quienes y cómo son con quienes interactuamos existen dos problemas principales: 1) el encasillamiento y 2) el equívoco.

El encasillamiento consiste en reducir a la persona etiquetada a que su todo se reduce a esa etiqueta. Si digo que soy colombiano, entonces se supone que debo bailar salsa bien y ser un gran rebuscador, aunque algo desordenado e impuntual. La, verdad, sólo estoy haciendo alusión a mi estado legal y (en mi caso coincide) a mi auto-identificación nacional.

El equívoco cosiste cuando dos interlocutores (o una sola persona en dos instancias diferentes) usan diferentes definiciones o acepciones. En algunos casos son acepciones comúnmente aceptadas, pero en algunos casos son también usos personales que se salen de lo que los demás entienden por un término. Por ello, en muchas obras académicas es importante el glosario. El glosario indica lo que el autor entiende por un término que procurará usar consistentemente en su obra.

Cuando los términos hacen alusión a un pensamiento político, las etiquetas también pueden ser interpretadas como descriptoras de una opinión o como descriptoras de una causa. Yo puedo creer que la sociedad (o un sector de la sociedad) estaría mejor si se gobernara desde cierta ideología, pero no actúo en ese sentido, no necesariamente por apatía, sino porque prefiero dedicar mis esfuerzos a otro tipo de causas; o porque reconozco que mi opinión puede estar equivocada y prefiero no comprometerme con un posible error.

Así que aquí intentaré un glosario sobre cómo suelo usar o entender ciertos términos.

agnóstico, -a adj., 1) persona que cree que no es posible el conocimiento práctico definitivo en un área del saber, sobre todo cuando se aplica a fenómenos supernaturales y, en particular, a la existencia de un dios o dioses (u t c s). Este agnosticismo podría ser “en principio temporal” (no podemos responder con el conocimiento actual) o “en principio permanente” (no será posible responder porque la pregunta es elusiva por naturaleza). 2) persona que no tiene una posición definida sobre un tema, sobre todo cuando se aplica a fenómenos supernaturales y, en particular, a la existencia de un dios o dioses; o que expresa una duda sobre su propia opinión (u t c s). Este agnosticismo puede ser transitorio (p. ej. una crisis de fe) o conclusivo.

Nota: la acepción 1 es la que se considera normalmente cono agnosticismo fuerte y la acepción 2 es el agnosticismo débil. Otros usos que evito pero que encuentro:

3) persona que no cree en la existencia de dios o dioses pero no se asume como ateo por el estigma que tiene esa palabra, o porque no reconoce la acepción 2 de la misma (u t c s). 4) la creencia de que la existencia de dios es comparable o igualmente probable a la no existencia de dios (u t c s). 5) usada en frases como “todos somos agnósticos”, quien no puede tener un certeza absoluta (en contraste con conocimiento práctico) en algún tema (u t c s). 6) persona que no se compromete con una postura ideológica (u t c s). 7) ignorante.

anarquista adj. 1) persona que cree que la existencia de un estado limita la deseable libertad de las personas (u t c s).

Lo que el anarquista entiende por libertad da lugar a dos corrientes principales:

anarco-capitalista 2) adj. anarquista que cree que las personas son agentes libres que pueden tomar decisiones sobre sus propiedades en busqueda de su mejor bienestar (u t c s).

anarco-socialista 3) adj. anarquista que cree que las personas son seres sociales quienes son libres cuando se eliminan las dependencias causadas por la desigualdad y a través del consenso pueden buscar su mejor bienestar (u t c s).

ateo, -a s., 1) persona que está convencida de que no existen dioses. 2) persona que no está convencida que existan dioses y por ende asume que no existen o, en general, no incorpora pensamientos o actos teístas en su vida. 3) básicamente lo mismo que las acepciones 1 o 2 pero en particular con respecto a la idea de un solo dios personal. 4) persona que si bien reconoce la probable existencia de un ser superior (o seres superiores), no considera esta existencia como relevante y vive como si no existiera.

Nota: la acepción 1 corresponde al ateísmo fuerte, y la acepción 2 al también llamado ateísmo débil. Otros usos que evito pero que encuentro:

5) persona que no pertenece a ninguna religión organizada ni expresa rituales de tipo religioso. 6) persona inmoral. 7) persona que sabe (cree) que Dios existe pero lo niega. 8) cualquier cosa que no sea una persona que cree en la existencia de Dios o dioses.

ciencia (ciencias naturales) s. (s. pl.) 1) método por el cual se adquiere conocimiento práctico, basado generalmente en el pragmatismo, evidencialismo y el materialismo metodológico. 2) el cuerpo de conocimientos adquiridos por el método científico. 3) la práctica de la ciencia. 4) (poco usado), el conocimiento adquirido por métodos prácticos en contraste con la sapiencia o sabiduría, el cual es el conocimiento adquirido por la reflexión interna o la revelación.
ciencias sociales s. pl. 1) el estudio que busca dar respuesta a problemas humanos y de sociedad. 2) La acepción 1, pero en particular cuando los problemas no pueden ser resueltos utilizando la metodología de las ciencias naturales (acepción 1 de ciencia).

Nota de traductor: generalmente cuando veo estos conceptos en inglés, la palabra science se reserva normalmente para las ciencias naturales mientras que las ciencias sociales se conocen como social studies. En ese sentido, mientras en español suelo distinguir ciencias naturales de ciencias sociales, en inglés distingo entre science y social studies.

deísta adj. 1) persona que cree que debe existir un ser superior, generalmente un dios creador, pero que este ser superior no es relevante en nuestra vida diaria (u t c s).
feminista adj. 1) persona que ante la observación de que las mujeres sufren de algún tipo de discriminación, propone o trabaja para reducir, eliminar o compensar tal discriminación (u t c s). 2) persona que se adhiere a la teoría feminista o alguna de sus formas (u t c s).

3) teoría ~ s. marco conceptual en las ciencias sociales (véase teoría en ciencias sociales) que propone que la sociedad actual está dominada por un sistema autoperpetuable denominado patriarcado, que fomenta divisiones de roles entre lo masculino y lo femenino en detrimento de las libertades individuales.

humanismo s. 1) corriente filosófica que propone que los problemas humanos deben resolverse desde el conocimiento humano en contraste con las respuestas reveladas de una religión. 2) corriente filosófica, social o política, que propone que el ser humano (y cada ser humano) es el fin último de cualquier acción moral.
liberal adj. 1) en el sentido más general, persona que cree que el estado debe estar al servicio de la ciudadanía sin injerencias que favorezcan a un grupo privilegiado en particular sobre el resto de la población (u t c s). 2) en economía: persona que favorece el libre mercado dentro del cual el estado establece, por mucho, un papel regulador limitado (u t c s).

3) s. pastel, generalmente una cuca o un brazo de reina, tinturado con anilina roja.

Nota: los siguientes usos los he visto pero no los uso.

adj. 4) progresista (u t c s). 5) socialista (u t c s). 6) en economía: persona que favorece la intervención del estado sobre los mercados para garantizar la redistribución de la riqueza (u t c s).

libertarianismo s. 1) ideología política que propone que el estado es un agente que no agrega valor y que toda intervención estatal penaliza a la economía evitando la libre interacción entre los agentes particulares. (contraste con socialismo; véase también anarco-capitalismo).
machista adj. 1) persona que cree que el varón es o debe ser superior a la mujer (u t c s) [véase más extenso en my tumblr].
matriarcado s. 1) sistema político en el que formalmente se establece que las posiciones de poder deben ser ocupadas por mujeres. 2) organización social en la cual normalmente se reconoce ante la vida pública como cabeza y representante de un hogar o una familia a la mujer de mayor jerarquía. 3) organización familiar en la cual la voluntad de la mujer de mayor jerarquía se impone generalmente como decisión final.
patriarcado s. 1) sistema político en el que formalmente se establece que las posiciones de poder deben ser ocupadas por varones. 2) organización social en la cual normalmente se reconoce ante la vida pública como cabeza y representante de un hogar o una familia al varón de mayor jerarquía. 3) organización familiar en la cual la voluntad del varón de mayor jerarquía se impone generalmente como decisión final.

Nótese que en muchas sociedades se evidencia un matriarcado familiar y un patriarcado social donde claramente la mujer es la jefe del hogar pero ante la vida pública el varón es reconocido como la cabeza de la familia.

No lo uso pero es una definición común:

4) sistema social en el cual se impone una división de roles que perpetúa el concepto de que en la vida pública el varón es reconocido antes que la mujer.

progresista adj. 1) persona que trabaja progresivamente hacia un ideal socialista o comunista, en contraste con un revolucionario. 2) persona que persigue el progreso integral del individuo en un ambiente de igualdad, libertad y justicia.
pseudociencia s. 1) conjunto de ideas que pretende ser una ciencia natural, pero que falla en la rigurosidad del método, en muchas ocasiones negando el que método científico sea adecuado para entender el orden natural.

Nota: no me interesa aquí definir el debate de si economía o psicología son ciencias naturales, ciencias sociales o pseudociencias.

religión s. 1) sistema de creencias que abarca ideas sobre el significado de la vida, propósito, origen del mundo, usualmente conteniendo (a) la idea de que existe al menos un ser superior sobrenatural, (b) la idea de que las personas podemos trascender la muerte física (p. ej. dualismo cuerpo-alma); así como un conjunto de rituales para reconocer la existencia del ser superior, obtener favores del mismo o afectar nuestra trascendencia. 2) el conjunto de las religiones.

~ organizada 3) sistema de creencias religiosas que han sido formalizadas y posee una jerarquía de personas que la sustentan, promueven o perpetúan.

secular adj. 1) institución o idea que no es religiosa. 2) institución o idea que parte del principio de separación entre el estado y la religión. 3) institución o idea que se contrapone a una institución o idea afín de origen religioso.
secularismo s. 1) corriente filosófica que propone que el estado y la política debe mantenerse separado de las creencias e instituciones religiosas (iglesia). Usualmente esta separación es en dos vías: ni las iglesias deciden sobre el funcionamiento del estado ni el estado interviene en el funcionamiento interno de las iglesias. 2) la creencia de que el estado debe estar completamente libre de cualquier manifestación religiosa.
socialismo s. 1) ideología política que propone que los agentes particulares (personas) tienen la tendencia a concentrar la riqueza y que es papel del estado intervenir para controlar, regular y redistribuir tal riqueza. (contraste con libertarianismo; véase también anarco-socialismo).
teoría s. 1) en ciencias naturales: conjunto de explicaciones falsables (hipótesis) que han sido repetidamente puestas a prueba mostrando que sus predicciones son consistentemente acertadas y, como tales, se utilizan como base para continuar adquiriendo más conocimiento. p. ej. la teoría de la gravedad, la teoría de los gérmenes. 2) en ciencias sociales: marco conceptual por medio del cual puede analizarse un fenómeno social o humano. p. ej. teoría de las ventanas rotas, teoría interseccional. 3) en lenguaje coloquial: conjetura.

Ahora, si crees que alguna de mis definiciones es errónea, ahí está la sección de comentarios.

Matematicando

Recuerdo hace un par de meses, en una emisora colombiana, comentaban sobre el bajo desempeño de Colombia en unas pruebas internacionales de calidad en la educación. Preocupante era, sobre todo, el muy bajo desempeño en matemáticas.

Una de las periodistas no parecía preocupada. Contaba cómo en su caso particular las matemáticas no le habían servido para nada y hoy se consideraba una exitosa profesional.

Ese tipo de visión me parece peligrosa. Sí, una cosa es el caso personal de cada individuo. No todo el mundo ha de ser igual de excelente en todas las áreas del saber y cada profesión u opción de vida tiene su propio conjunto de destrezas.

Hay cierto tipos de destrezas que son, en mi opinión, básicas para crear una mentalidad y que ayuda a resolver problemas en comunidad: están las competencias en lenguaje, las competencias en ciencias formales y las competencias en el entendimiento sobre el entendimiento. En palabras más concretas: lenguaje, lógica/matemática y filosofía/epistemología.

No todo el mundo los necesita, desde luego. Individualmente podemos triunfar en la vida con apenas el lenguaje oral que aprendimos en la casa y sin saber siquiera multiplicar con una calculadora. Por milenios el hombre ha sobrevivido sin este tipo de conocimientos y formaciones mentales. También estamos hablando de milenios en los que el pensamiento mágico imperaba, la principal causa de muerte en las mujeres era por complicaciones en el parto, llegar a los cincuenta años, ciego, era un privilegio de pocos, y los súbditos éramos propiedad de nuestros señores.

Como individuos podemos ahora vivir de los frutos del progreso y de la democracia y ser exitosos hablando tonterías. Pero cómo sociedad necesitamos que haya más personas con pensamiento crítico, destrezas en solución de conflictos, discernimiento, comprensión de puntos de vista, evaluación de escenarios, etc.

Las matemáticas dan mucho más que la capacidad de contar las vueltas en una tienda; o las destrezas específicas para entrar a una facultad de ingeniería. Las matemáticas generan una estructura mental que benefician también al médico, al comunicador social o al sociólogo, no específicamente para tener éxito en su profesión sino cómo ciudadano en una democracia y como una persona que influye en una sociedad.

Tan importante es que el periodista pueda discernir y evaluar como que el ingeniero o el científico puedan comunicar.

La mentalidad de que porque algo no fue particularmente útil para mí, entonces no es útil, me parece peligrosa, por decirlo de una forma suave, y más aún cuando lo dice sin mayor criterio un formador de opinión.

Pensar que el éxito como nación se mide, no por la capacidad innovadora o por el criterio de trabajar en comunidad y exigirle a nuestros líderes soluciones de crecimiento colectivo sino por lograr éxito individual hablando trivialidades en radio y mostrando las tetas en una revista a un mensaje que no comparto.

De filosofía hablaré otro día.

La ley de la papaya

A veces termina uno metido en unos estrambóticos debates en Twitter, probablemente porque la tiranía de los 140 caracteres nos lleva a fraccionar o simplificar las ideas y estas no son tan claras como uno quisiera expresarlas, o porque sencillamente tenemos una tendencia a observar el mundo de tal forma que confirmemos el juicio que ya hicimos del mismo y no con la mente abierta de pensar si encontramos nueva información para corregir nuestra preconcepción.

Uno de los temas álgidos del debate que se está dando es de la relación entre lo que algunos percibimos como el sentido común de la prevención y el deseo de poder disfrutar de la vida sin tener que preocuparnos de lo que no debería ser problema.

A mí me gusta caminar por la ciudad y he caminado a diferentes horas en diferentes partes de esta y otras ciudades, en ocasiones con mayor o menor temor de diferentes amenazas como toparme con asaltantes armados en Bogotá o con bandas de muchachos xenófobos en Yokohama.  A veces los temores pudieron haber estado injustificados y a veces mi falta de prevención pudo haber rayado en lo insensato.  Afortunadamente no tengo nada que lamentar, como desafortunadamente muchas otras personas más precavidas que yo sí tienen episodios trágicamente lamentables en sus vidas.

Como padre de un par de muchachos (niño y niña) que estarán entrando a la adolescencia en los próximos diez años entiendo que mi responsabilidad va mucho más allá de las precauciones individuales que tomo o no tomo cuando salgo a caminar, sino que incluyen el poder que tengo como ciudadano de formar la sociedad y más cuando entre las posibles formas que he previsto he considerado la participación directa como hacedor de leyes.

Quiero que mis hijos crezcan y disfruten de la vida con muchos menos temores de los que yo tuve.  Y que disfruten más.  No quiero tenerlos resguardados en una jaula ni en la protección de cuatro paredes sólo para que no les pase nada, sino que salgan y se la gocen.  Pero tampoco quiero que sean insensatamente temerarios y que crean que pueden hacer lo que quieran sin asumir responsabilidades por sus decisiones.

Pero si quiero que disfruten más, teman menos y no les pase nada, hay muchas cosas que puedo hacer como padre y ciudadano.  Debo darles libertad para que vayan y disfruten, pero debo darles límites que por un lado refuercen su confianza y por otro su responsabilidad.  Debo procurar una sociedad que no los trate como delincuentes por ser adolescentes, ni los desampare.  Debo buscar que la sociedad no les sea hostil cuando ellos estén en lo correcto ni cuando ellos se equivoquen.

No quiero que mi hijo el día de mañana sea acusado, falsa o correctamente, por una violación, ni que mi hija sea víctima de una.  Ni al contrario.  Que ninguno de ellos, al calor del alcohol y sus hormonas, no sepa controlarse; ni que actuando correctamente de pie a una falsa acusación; ni que sea víctima de quien no pudo controlarse o de quien creyendo actuar correctamente no lo hizo.  Debo enseñarles donde están sus propios límites porque a partir de ahí están los derechos de las otras personas.  Y debo enseñarles a que establezcan sus límites frente a los demás para que no sean ellos los abusados.  Y debo enseñarles a que sean precavidos sin vivir asustados.  A que puedan explorar y disfrutar más allá de la zona segura que yo pueda construirles.  Quiero que mi hija pueda seguir luciendo sus minifaldas que hoy disfruta en su inocencia infantil sin que eso sea una invitación a que la traten como ella no merece.

Quiero que los otros muchachos y muchachas (y hombres y mujeres más maduros) que mis chicos puedan encontrar no sean una amenaza para ellos.  Que los demás sepan respetar la voluntad de mis hijos.  Que no abusen de mis hijos ni les hagan daño.  Que sepan que si mi hija o mi hijo dicen no, entonces es no.

Quiero que los demás respeten a mis hijos porque lo correcto es respetar a los demás.  Porque, así como espero enseñarles a mis hijos el respeto al otro, a ellos otros también les hayan enseñado a respetar.  Que este mutuo respeto a nuestros mutuos derechos sea por convicción de vivir en una sociedad y no sólo por temor a la policía y los jueces que los condenarán, porque finalmente si la única razón de actuar bien es el temor al castigo, la otra solución es actuar mal y ocultar el hecho.  Pero no soy ingenuo de pensar que todos los demás (o mis propios hijos) se portarán bien sólo por convicción.

Entonces también quiero una legislación que proteja a las víctimas y un estado capaz de hacer cumplir esa protección, tanto preventiva como punitivamente.  Que el potencial agresor de mis hijos se restrinja porque sabe que el riesgo de que lo atrapen es alto.  Que el potencial agresor de mis hijos se restrinja porque sabe que si lo atrapan no tendrá excusas.

Pero esto también es ingenuo.  Es ingenuo en un país donde los ciudadanos normalmente respetan la ley porque siempre hay casos de predadores humanos que creen que pueden salirse con la suya y de predadores humanos a quienes no les importa las consecuencias.  Lo decía arriba.  Si la única razón para no hacer algo es el temor al castigo, muchos interpretarán que el verdadero problema para sí mismos no es cometer el acto prohibido sino dejarse atrapar.  Con suficiente legislación puedo proteger a mis hijos de los ciudadanos temerosos de la ley, pero no los puedo proteger de quienes carecen de ese temor.

Y en la Colombia donde mis hijos viven y probablemente vivirán cuando sean adolescentes y adultos jóvenes, los ciudadanos no nos caracterizamos por nuestro respeto a la ley.  Esto es algo que va mucho más allá del machismo o de una visión machista de la sociedad sino que se ha cimentado en años de guerra y de un estado que por años ha servido más al interés de los agentes de poder que al interés del ciudadano común.

Así yo logre entrar al congreso y desde allí impulsar y lograr aprobar las leyes correctas para que Colombia no sea un país machista donde impere la ley de la papaya no voy a lograr generar el cambio a tiempo para que mis hijos estén 100% seguros.  O 98% seguros.

Para mí no es solamente ingenuo sino que es irresponsable pretender que porque la culpa moral y penal recaiga en el potencial abusador de mis hijos, eso signifique que yo no tenga el deber de enseñarles a ser cuidadosos; porque sé que la culpa moral y penal del potencial abusador no es suficiente para que estén a salvo.

Cerca del 1% de la población humana carece de empatía: el cimiento del comportamiento moral y de que hacer daño a los demás está mal independientemente del posible castigo, y el 1% de 47 millones de colombianos son 470.000 psicópatas que si bien no todos serán violentos, su número no es despreciable.  Sumado a esto una de las más probadas tácticas de reclutamiento de menores para la guerra (también aplicable a adultos jóvenes) es borrar la empatía.  Esto es algo que hace la guerrilla.  Es algo que han hecho los paramilitares.  Es algo que también hace el estado cuando se enfrenta a una guerra, y es algo que hacen las pandillas en las calles.  Demasiadas personas para ser controladas sólo por leyes.

Sumemos la esquizofrenia y su capacidad de ocultar la realidad.  Sumemos la depresión clínica (que podría afectar hasta un 20% de la población) y la capacidad que tiene ésta de que a una persona normal no le importen en algún momento las consecuencias de sus actos.

Y sumemos todos los posibles peligros que no tienen como origen a otra persona como salir a acampar a un sitio seguro (libre de delincuentes humanos) pero perderse en el camino, caer por un barranco o toparse con un animal de presa o una alimaña ponzoñosa.

Ningún esquema de seguridad será 100% efectivo.  A un vecino se le puede escapar la boa que guarda como mascota y asfixiar a nuestro hijo en la seguridad de su habitación.  Puedo vivir en un edificio que resiste temblores de 7,5 pero estar justo el día del terremoto haciendo una vuelta en un edificio que no es sismorresistente.  Puedo prohibirle a mi hija ir a fiestas en minifalda pero justo está viajando en un bus que secuestran delincuentes altamente armados.

Por más que la prevención no sea 100% efectiva.  Por más que la sociedad sea 99% segura frente a amenazas originadas por otras personas, eso no significa que no debo enseñarle a mis hijos normas básicas de prevención.

Y por más que yo les enseñe prevención, ellos también pueden decidir no seguir mis consejos.

A mí no me gusta, aborrezco, la cultura de la papaya en Colombia.  Me parece que un alcalde, como jefe de la policía, no debe limitar su acción frente al crimen al consejo de no dar papaya.  Para mí es inaceptable que un juez absuelva a un victimario porque la víctima dio papaya.  (Si la ley existe que autoriza al juez a hacer esto, díganme, por favor, como demandarla o apoyar la demanda.)

Pero que no me guste la existencia de una ley de la papaya, no me exime de ser cauto y enseñarle a mis hijos precaución.  Y no acepto, salvo razones, que esta forma de pensar sea tachada de machismo.

Dios te quiere muerto

[portada: God Wants You Dead] Hagamos un ejercicio mental muy sencillo.  Digamos que tú tienes una idea.  Me cuentas esa idea y a mí me gusta y la adopto.  Entonces tú y yo tenemos una misma idea.  O si vemos la idea como nuestro objeto de estudio la idea existe en dos personas, en dos anfitriones: tú y yo.  Si compartimos la idea con más personas y a estas le gusta la idea, esa buena idea residirá ahora en muchas más personas.  Si la idea es suficientemente atractiva la idea incluso podrá sobrevivirnos.  Las buenas ideas entonces se propagan.  Pero ¿qué es una buena idea? O más exactamente ¿qué es una idea que se va a propagar y sobrevivir?

No entraré a detallar qué es una idea.  Por ejemplo “lávate las manos antes de comer” es una idea.  Con nuestros actuales conocimientos sobre los gérmenes sabemos que es buena idea y sabemos por qué.  Los que estén familiarizados con la Biblia cristiana saben que Jesús rechazaba esa idea lo que nos dice tres cosas: 1) la idea ya existía en tiempos bíblicos, 2) Jesús no sabía de gérmenes, 3) Jesús sí sabía lo que era la perversión de una idea.  Los judíos en la época de Jesús no sabían para qué se lavaban las manos antes de comer.  Lo hacían sólo porque era un dogma de fe.  Probablemente algunos antepasados de los judíos eran más escrupulosos con respecto a comer la tierra en sus manos junto con sus alimentos y enseñaron este escrúpulo a sus hijos mientras que otros no.  Los que no vivían más enfermos y sus hijos morían por cualquier infección.  Así la idea de lavarse las manos prosperó, pues los anfitriones de la idea eran más saludables y se reproducían más.  La idea quedó así escrita en el código de Hammurabi atribuido luego a Moisés y convirtiéndose en parte de la ley judía.

Algunas ideas nos ayudan a sus anfitriones a sobrevivir.  Es bueno para el que tiene la idea y para las personas a quien este inspira porque, bueno, sobreviven.  Es bueno para la idea porque prospera.  Si pensamos en la idea como un organismo, estas ideas serían organismos simbióticos.  Otras ideas no favorecen directamente al individuo.  La idea de “no robarás” puede poner al individuo en desventaja frente a la idea contraria cuando hay un botín apetecible.  Pero cuando vivimos en sociedad y dentro de la sociedad todos compartimos la idea nos va mejor en conjunto que a cada uno individualmente.  No obtendré un botín, pero mis bienes no se convertirán tampoco en botín de otros.  Este beneficio mutuo aún en contra del beneficio individual inmediato es lo que convierte a esta idea en una idea altruista.

Las ideas simbióticas y altruistas son buenas ideas.  Nos ayudan a mantenernos vivos y a convivir en sociedad.  Y por eso esas ideas se propagan y permanecen.  Pero no son las únicas ideas.  En ocasiones una mala idea también se propaga.  El rechazo de Jesús al dogmatismo lo llevó a descartar el lavado de manos como una buena idea.  Pero no sólo eso.  Esas palabras fueron escritas e incluidas en los libros sagrados del cristianismo y tomadas como dogma.  Cuando los primeros médicos dotados de microscopios descubrieron los gérmenes y su relación con las enfermedades, los demás médicos rechazaban la idea de lavarse las manos cuando abrían pacientes y realizaban operaciones causando la muerte por infecciones de sus pacientes.  ¿Cuántas personas habrán muerto antes de que se consolidara la teoría del germen por intervenciones quirúrgicas sucias y descuidadas?

Una mala idea que nos muestran Sean Hastings y Paul Rosemberg en su libro God Wants You Dead [copia, 4GB] [torrent] es el de agrupar ideas.  Digo.  Si yo tengo una serie de buenas ideas ¿no es buena idea ponerlas juntas y convertirlas en un decálogo?

Decálogo para ser feliz

  1. Mira el cielo
  2. Huele las flores
  3. Pasa más tiempo con tus padres, tu pareja o tus hijos
  4. Aleja a las personas negativas de tu vida
  5. No dependas de cosas externas que deseas
  6. Piensa en lo que tienes, no en lo que te falta
  7. Si caes once veces levántate doce
  8. Comparte siempre una sonrisa
  9. Celebra tus triunfos, olvídate de tus derrotas
  10. Comparte este decálogo: las personas felices a tu alrededor te harán sentir más feliz.

Son diez ideas que parecen buenas.  Ponerlas juntas y darle un nombre es también una buena idea porque así podremos referirnos más fácilmente a ellas.  Es más, si tengo varios decálogos (el de ser feliz, el de estar a paz con Dios, el de ser exitoso, el del buen amigo, etc.) podemos estar definiendo todo un estilo de vida.

El problema es que al agrupar las cosas no sólo nos ayuda a organizar nuestra mente, sino que al empaquetar las ideas las convertimos en ideas complejas (compuestas) y podemos así seguir hasta tener toda una ideología.  Y cada una de estas ideas complejas serán aceptadas o rechazadas en bloque.  Si analizamos por separado cada una de las ideas de mi decálogo para ser feliz podemos ver que algunas parecen muy buenas ideas, otras no tanto, y tal vez alguna parezca, incluso, una mala idea.  La idea 6 y más en combinación con la 5 tal vez no promuevan la felicidad sino el conformismo.  Pero no porque haya malas ideas en la lista significa que todas las ideas de la lista sean malas.   Convertidas en un decálogo está la tendencia de aceptarlas todas en bloque así haya basura entre las ideas individuales, o a rechazarlas todas así haya ideas realmente buenas en la mezcla.

Las ideologías y anti-ideologías, así como sus íconos, junto con algunas ideas simbióticas y altruistas, tienen también una carga de ideas parásitas.  Ideas que no cumplen un papel directo de preservación del individuo o indirecto de preservación de la sociedad sino que simplemente están ahí para garantizar la perpetuación de la idea y de la ideología.  Ideas que nos llevan al sacrificio.  Ideas como que debemos sentirnos culpables por tener sentimientos egoístas.  Ideas como que es heroico morir por la patria.  Ideas que nos hacen sentir que sólo somos una parte sacrificable de un colectivo.

No es que los colectivos en sí sean malos.  Finalmente somos animales sociables y cualquier cosa que nos permita vivir dentro de la sociedad (ideas como “no matarás” o “no robarás”) son aceptables.  Pero cuando el colectivo se sacraliza y nos demanda sacrificios, entonces esa idea del colectivo, esa ideología, es parásita.  Jesús (ícono de ese colectivo que son las iglesias cristianas) nos enseñaba  que no se hizo el hombre para la ley sino la ley para el hombre.  (Y claramente sabemos ya que la ley es un conjunto de ideas empaquetadas, y que claramente la ley la podemos convertir también en un ícono: La Ley.)

La vida y ejemplo de Jesús nos muestra una persona que reivindicaba a las otras personas. “Levántate y anda”: los milagros son ejemplo de la superación del individuo. “Al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios”: cuando colectivos como el estado nos ofrece medios de pago como las monedas pues estas son del colectivo y no debemos mezclarlas con lo que nos piden otros colectivos o nuestra sociedad. “Con la vara que midas serás medido” y “has a otros lo que quieras que te hagan” son llamados a la integridad y a la reflexión. (Alguien dirá que la regla de oro “no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan”  es mucho más antigua que Jesús, pero su forma positiva aparece por primera vez en el cristianismo.) “Da la otra mejilla” y “ama a tu enemigo” nos invitan a detener cualquier ciclo de violencia.  Ahora bien, cuando una iglesia (o un clérigo) sale a juzgarnos a todos nosotros sin admitir críticas, podemos ver cómo el colectivo que pregona a Jesús como ícono se aparta de lo que Jesús (asumiendo su existencia) nos enseñó.

Hastings y Rosemberg nos enumeran una serie de colectivos e íconos, comenzando por la religión y Dios (no el creador cuya existencia es debatible, sino la idea de Dios o dioses que nos imponen las religiones, cuya existencia (de la idea) es verificable) y continuando por el Estado-Nación.  Íconos y colectivos como La Ley (que se sobrepone al sentido de justicia), las corporaciones, el concepto de El Pueblo, o La Raza, o La Clase.  Incluso La Familia o La Pareja se convierten en ideas colectivas con elementos parásitos.  Yo agregaría otros colectivos e íconos como La Universidad, la Educación Pública y La Mujer.  En el discurso político de ciertos grupos también se evidencia la colectivización del oponente y surgen términos como La Oligarquía, El Patriarcado, El Neoliberalismo.

En el proceso de construcción del Partido Pirata Colombiano, una de las cosas que hemos cuidado y discutido es cómo ser un partido político sin hacer lo que criticamos de los partidos políticos.  Esto incluye cómo vender un discurso positivo de liberación y empoderamiento del individuo cuando es más fácil vender un discurso de miedo para que los votantes nos acojan sin cuestionar.  El miedo nos dice que una serie de criminales roban a nuestros artistas y que por ello debemos pasar leyes de protección a los derechos de autor, y que una serie de depravados van por nuestros hijos y por ello es necesario vigilar los contenidos que publicamos en Internet para perseguir la pornografía infantil.  También podemos apelar al miedo y decir que el gobierno quiere meterse en nuestras vidas para controlarnos y usar la excusa de la lucha antipiratería y anti pornografía infantil como un medio para censurarnos.  Pero esto no sería justo con ustedes.  Sería traicionarnos a nosotros mismos.  No es porque un ogro llamado El Gobierno conspire con otros demonios llamados La Industria de Contenidos para someternos a nosotros y maximizar las ganancias de unos pocos y aumentar el control sobre nuestras vidas.  Simplemente es porque por temor cedemos el control de nuestras vidas a un control colectivo y, por ello mismo, irresponsable.

Pero es más fácil vender el miedo.

Escandalitos e indignaciones

La última gran indignación nacional, cual la refleja Twitter, fue el perricidio cometido por tres agentes de la policía y que quedara grabado en un video aficionado. Y la twynch mob se vino con todo: descrédito a la policía como institución; recordar las torturas a los toros; renegar de la especie humana…

Hay varias reflexiones que surgen.

La primera es esa capacidad de armar escándalos. Porquerías suceden todos los días. Niños mueren de hambre, crían y cazan a zorros por sus pieles, lluvias excesivas generan la pérdida de hábitat de especies salvajes y domésticas, los leones matan leopardos y hienas, nos enfermamos, evitamos enfermarnos asesinando bacterias con armas de destrucción masivaantibióticos, mueren estrellas engulléndose a civilizaciones de las que nunca supimos: guerras, desastres naturales, gaia expresándose. Continue reading