Inclusivismos y fundamentalismos

Tomémonos un tiempo para contestar las siguientes preguntas:

  1. ¿Qué tan diferente puedo aceptar que sea mi vecino, el que vive en la casa de al lado, o en el mismo piso en mi edificio? ¿Puedo aceptar que sea de otra raza? ¿Puedo aceptar que sea venezolano o estadounidense? ¿Puedo aceptar que sea homosexual? ¿Una pareja homosexual? ¿Un transexual? ¿Puedo aceptar que sea de otra extracción social? ¿Que hable como ñero? ¿Puedo aceptar que sea un fundamentalista cristiano? ¿un musulmán devoto? ¿un ateo? ¿puedo aceptar que sea uribista? ¿petrista? ¿marxista-leninista? ¿social-bacano? ¿centro extremo? ¿Puedes aceptar que sea un costeño ruidoso? ¿un político corrupto? ¿un pedófilo? ¿un ladrón de bancos? ¿un líder social? ¿un marihuanero? ― no tienes que responderme a mí. Yo también tengo mis límites en lo que considero tolerable y confortable. Sólo piensa en cuaes son esos límites.
  2. ¿Qué hay de mi barrio o pueblo? No mi vecino de al lado, pero sí alguien con quien puedo toparme cuando salgo a la calle. ¿A quienes no quisiera ver?
  3. ¿Qué hay de mi ciudad (para aquellos que vivimos en ciudades grandes), con respecto a quienes viven en otros barrios? ¿Hay alguien que no sea tolerable
  4. ¿Qué hay de mi potencial pareja o de mis hijos? ¿Qué decisión de mis hijos cuando crezcan me harán sentir fracasado como padre o madre? ¿drogadicto? ¿homosexual? ¿ateo? ¿comunista?

En serio, no tienes que contestarme a mí, porque este ejercicio no se trata de juzgar a los demás. Respóndete a ti mismo con la mayor sinceridad posible.

  1. Si hay alguien que no toleras en las preguntas de arriba: ¿sientes que tu rechazo es justificado? ¿sientes vergüenza? ― No sería raro que sientas que rechazar a cierta gente está bien (p. ej. un pedófilo), pues no son personas útiles a la sociedad, y que con otro tipo de personas (p. ej. un japonés) sientas que tu prejuicio es algo que podrías superar. Tal vez en algunos casos tengas sentimientos encontrados: crees que no deberías discriminar contra ese tipo de personas (p. ej. el costeño bullicioso) pero aprecias más tu tranquilidad.

Ahora sí.

  1. ¿Hasta donde el estado debe protegerte de que tu vecino de al lado no sea un indeseable? ¿Hasta dónde debe el estado llegar para que no haya indeseables en tu barrio? ¿Qué tipo de indeseables el estado debe evitar que existan en tu país?
  2. ¿Qué harías si eres el indeseable de alguien más? ¿Tiene el estado el derecho de evitar que incomodes a esos otros?
  3. Si lo que te ofende es el comportamiento ¿debería la sociedad regular esos comportamientos indeseados? – por ejemplo que los homosexuales no se besen en público o que las musulmanas no usen velo en la calle.
  4. ¿Cuáles de tus comportamientos, signos de identidad o mandatos religiosos estarías dispuesto a ocultar para convivir en sociedad?

Ahora sí, responderé con lo mío.

  1.  No me gustaría que mi vecino de al lado sea alguien demasiado ruidoso, o un predador pedófilo, o alguien amenazado. No me gustaría tampoco alguien que haga escándalos o los atraiga. Creo que me sentiría algo incómodo que mi vecino sea de un nivel sociocultural muy por debajo del mío (v.g. ñero). Si nuestros apartamentos comparten ventilación, no me gustaría que fuera fumador, bien de cigarrillos o de porros.
  2. No me gustaría vivir cerca de un centro de reciclaje, ni que hubiera una cede política del PCC, o del partido FARC. No me gustaría vivir cerca de un batallón del ejército en zona roja (aunque, a decir verdad, no me gustaría vivir en zona roja, en general). En cuanto a personas individuales no me molesta en general que vivan cerca siempre y cuando no sean demasiado cerca para mi seguridad o tranquilidad (ver punto anterior).
  3. No tengo reparo con alguien que viva en mi ciudad si vive suficientemente lejos. Aunque los criminales, principalmente los recurrentes, deberían vivir en mi ciudad pero en sus cárceles o prisiones.
  4. Definitivamente soy heteropreferente, y no me sentiría cómodo con una potencial pareja varón. Aunque debo aclarar que no estoy buscando: ya tengo pareja. No me gustaría que mis hijos salieran delincuentes. O racistas, xenófobos, fundamentalistas religiosos o sectarios políticos. Igual los amaré.
  5. No me siento plenamente justificado en casi ningún rechazo, pero en muchos reconozco que prefiero mi seguridad y tranquilidad sobre la posible injusticia de mi rechazo.
  6. No creo que el estado esté al servicio de mis prejuicios, o que deba mantener a mis indeseables lejos de mí. Sí, espero que mantenga a los delincuentes lejos de las calles y los montes.
  7. Si soy el indeseable de alguien más que se aguante. O que tenga la gentileza de explicarme por qué mi existencia le causa perjuicio. Si entiendo la razón podría ser yo quien se apartara. Esperaría que el estado no se inmiscuya en estos asuntos.
  8. Sí. Los ladrones tienen el derecho de ser ladrones siempre y cuando no roben. Los pedófilos tienen el derecho a ser pedófilos mientras no violen niños (y sí, el estupro es una violación, así el menor supuestamente consienta). Sí creo que la sociedad, por medio del estado, tiene el derecho y obligación de impedir que las personas que comprobadamente hacen daño real no lo siguan haciendo.
  9. Estoy dispuesto a no decirle a las personas lo que no me gusta de ellas, salvo que pregunten, en aras de una sana convivencia. A menos, claro está, que lo que no me gusta de ellas sea el daño real que causen.

A mi no me molesta tu religión. Definitivamente no en tu ámbito privado, y no me molesta (en general) los signos externos de tu religión que exhibas en público. ¿Quieres llevar un velo? llévalo. ¿Lucir una cruz? bien puedas. ¿Persinarte? No hay problema. No me gusta la «música cristiana»™, así que preferiría que usaras los audífonos si la escuchas en Transmilenio, pero lo mismo aplica al vallenato. Me gusta el gospel, y mucha música de inspiración religiosa, mi problema es la música popular con letras cristianas. Con gusto canto villancicos. En diciembre, por favor dejen vivir a noviembre. Desde luego, lo que escuches en tus audífonos no es mi incumbencia. ¿Sientes la necesidad de invocar a Dios en cada frase que dices? Supongo que en algún momento me sonará molesto, pero no porque sea Dios: es que toda muletilla es molesta. Si me dices frases como «que Dios te bendiga», «que la virgen te acompañe», o «que alá te proteja», daré las gracias por tue buenos deseos. Si eres mi médico tratante y decides orar en lugar de tratarme, te demandaré por malpráxis. Si oras además de tratarme no tengo problemas.

Considero que la libertad de asociación religiosa es parte de la práctica privada. Privada no es solo al interior de tu hogar, también es en templos y edificaciones construídos para la practica religiosa. También son estadios, centros de convenciones y otras instalaciones de uso general alquiladas o prestadas para una ceremonia religiosa. No tengo problemas con procesiones, misas campales, u otras manifestaciones religiosas en espacio público siempre y cuando no se exija a los no creyentes (o creyentes en otras fes) a participar. Una procesión religiosa tradicional, así corte la libertad de locomoción, tiene para mi el mismo derecho a existir que una procesión de carnaval, o que una marcha sindical del 1º de mayo.

Definitivamente rechazo un estado que atente contra la práctica religiosa privada y resiento un estado que atente contra los signos de identidad personal religiosa. No quiero un estado que discrimine a los ciudadanos por razones religiosas, bien para acceder a servicios del estado o para ser funcionarios. Considero aceptable prohibir indumentarias que oculten el rostro para la identificación en un banco o para la foto de la cédula o el pasaporte. Así como puestos de control en inmigración. Si es razonable estoy de acuerdo con puestos de control privados para quienes tengan alguna objeción religiosa a descubrirse en público.

Mi modelo ideal de estado es un estado laico donde se respete la práctica religiosa privada, la libertad de asociación religiosa, y la objeción de conciencia. Que no obligue a la laicidad. Que no promulgue un ateísmo de estado. Un ateísmo de estado sería tan perjudicial, desde mi punto de vista, como una teocracia fundamentalista.

En general rechazo cualquier modelo de estado que intente imponer un conjunto de valores sobre las posibles diversidades. No me preocupa que un dirigente tenga valores religioso fuertes, pero sí que considere que estos valores religiosos deben ser impuestos sobre las personas que no comparten su fe.

Cuando veo imágenes de Luis Fernando Camacho, líder de la oposición en Bolívia, entrando al palacio de La Quemada, biblia en mano para reemplazar con esta la wiphala; o imágenes de oficiales del ejército boliviano consagrando a Bolivia a Jesús, no veo una manifestación válida de su propio sentir religioso: veo un claro deseo de imponer una ideología fundamentalista religiosa sobre una sociedad donde no todos comparten esos valores. Y el problema que tiene el fundamentalismo religioso en la política, así como el ateísmo de estado, es que son excluyentes.

Y no me gusta la mentalidad excluyente. Mucho menos cuando tal mentalidad se convierte en política de estado.