Glosario de etiquetas y otros términos

Cada vez que usamos una etiqueta para describir quienes somos y quienes y cómo son con quienes interactuamos existen dos problemas principales: 1) el encasillamiento y 2) el equívoco.

El encasillamiento consiste en reducir a la persona etiquetada a que su todo se reduce a esa etiqueta. Si digo que soy colombiano, entonces se supone que debo bailar salsa bien y ser un gran rebuscador, aunque algo desordenado e impuntual. La, verdad, sólo estoy haciendo alusión a mi estado legal y (en mi caso coincide) a mi auto-identificación nacional.

El equívoco cosiste cuando dos interlocutores (o una sola persona en dos instancias diferentes) usan diferentes definiciones o acepciones. En algunos casos son acepciones comúnmente aceptadas, pero en algunos casos son también usos personales que se salen de lo que los demás entienden por un término. Por ello, en muchas obras académicas es importante el glosario. El glosario indica lo que el autor entiende por un término que procurará usar consistentemente en su obra.

Cuando los términos hacen alusión a un pensamiento político, las etiquetas también pueden ser interpretadas como descriptoras de una opinión o como descriptoras de una causa. Yo puedo creer que la sociedad (o un sector de la sociedad) estaría mejor si se gobernara desde cierta ideología, pero no actúo en ese sentido, no necesariamente por apatía, sino porque prefiero dedicar mis esfuerzos a otro tipo de causas; o porque reconozco que mi opinión puede estar equivocada y prefiero no comprometerme con un posible error.

Así que aquí intentaré un glosario sobre cómo suelo usar o entender ciertos términos.

agnóstico, -a adj., 1) persona que cree que no es posible el conocimiento práctico definitivo en un área del saber, sobre todo cuando se aplica a fenómenos supernaturales y, en particular, a la existencia de un dios o dioses (u t c s). Este agnosticismo podría ser “en principio temporal” (no podemos responder con el conocimiento actual) o “en principio permanente” (no será posible responder porque la pregunta es elusiva por naturaleza). 2) persona que no tiene una posición definida sobre un tema, sobre todo cuando se aplica a fenómenos supernaturales y, en particular, a la existencia de un dios o dioses; o que expresa una duda sobre su propia opinión (u t c s). Este agnosticismo puede ser transitorio (p. ej. una crisis de fe) o conclusivo.

Nota: la acepción 1 es la que se considera normalmente cono agnosticismo fuerte y la acepción 2 es el agnosticismo débil. Otros usos que evito pero que encuentro:

3) persona que no cree en la existencia de dios o dioses pero no se asume como ateo por el estigma que tiene esa palabra, o porque no reconoce la acepción 2 de la misma (u t c s). 4) la creencia de que la existencia de dios es comparable o igualmente probable a la no existencia de dios (u t c s). 5) usada en frases como “todos somos agnósticos”, quien no puede tener un certeza absoluta (en contraste con conocimiento práctico) en algún tema (u t c s). 6) persona que no se compromete con una postura ideológica (u t c s). 7) ignorante.

anarquista adj. 1) persona que cree que la existencia de un estado limita la deseable libertad de las personas (u t c s).

Lo que el anarquista entiende por libertad da lugar a dos corrientes principales:

anarco-capitalista 2) adj. anarquista que cree que las personas son agentes libres que pueden tomar decisiones sobre sus propiedades en busqueda de su mejor bienestar (u t c s).

anarco-socialista 3) adj. anarquista que cree que las personas son seres sociales quienes son libres cuando se eliminan las dependencias causadas por la desigualdad y a través del consenso pueden buscar su mejor bienestar (u t c s).

ateo, -a s., 1) persona que está convencida de que no existen dioses. 2) persona que no está convencida que existan dioses y por ende asume que no existen o, en general, no incorpora pensamientos o actos teístas en su vida. 3) básicamente lo mismo que las acepciones 1 o 2 pero en particular con respecto a la idea de un solo dios personal. 4) persona que si bien reconoce la probable existencia de un ser superior (o seres superiores), no considera esta existencia como relevante y vive como si no existiera.

Nota: la acepción 1 corresponde al ateísmo fuerte, y la acepción 2 al también llamado ateísmo débil. Otros usos que evito pero que encuentro:

5) persona que no pertenece a ninguna religión organizada ni expresa rituales de tipo religioso. 6) persona inmoral. 7) persona que sabe (cree) que Dios existe pero lo niega. 8) cualquier cosa que no sea una persona que cree en la existencia de Dios o dioses.

ciencia (ciencias naturales) s. (s. pl.) 1) método por el cual se adquiere conocimiento práctico, basado generalmente en el pragmatismo, evidencialismo y el materialismo metodológico. 2) el cuerpo de conocimientos adquiridos por el método científico. 3) la práctica de la ciencia. 4) (poco usado), el conocimiento adquirido por métodos prácticos en contraste con la sapiencia o sabiduría, el cual es el conocimiento adquirido por la reflexión interna o la revelación.
ciencias sociales s. pl. 1) el estudio que busca dar respuesta a problemas humanos y de sociedad. 2) La acepción 1, pero en particular cuando los problemas no pueden ser resueltos utilizando la metodología de las ciencias naturales (acepción 1 de ciencia).

Nota de traductor: generalmente cuando veo estos conceptos en inglés, la palabra science se reserva normalmente para las ciencias naturales mientras que las ciencias sociales se conocen como social studies. En ese sentido, mientras en español suelo distinguir ciencias naturales de ciencias sociales, en inglés distingo entre science y social studies.

deísta adj. 1) persona que cree que debe existir un ser superior, generalmente un dios creador, pero que este ser superior no es relevante en nuestra vida diaria (u t c s).
feminista adj. 1) persona que ante la observación de que las mujeres sufren de algún tipo de discriminación, propone o trabaja para reducir, eliminar o compensar tal discriminación (u t c s). 2) persona que se adhiere a la teoría feminista o alguna de sus formas (u t c s).

3) teoría ~ s. marco conceptual en las ciencias sociales (véase teoría en ciencias sociales) que propone que la sociedad actual está dominada por un sistema autoperpetuable denominado patriarcado, que fomenta divisiones de roles entre lo masculino y lo femenino en detrimento de las libertades individuales.

humanismo s. 1) corriente filosófica que propone que los problemas humanos deben resolverse desde el conocimiento humano en contraste con las respuestas reveladas de una religión. 2) corriente filosófica, social o política, que propone que el ser humano (y cada ser humano) es el fin último de cualquier acción moral.
liberal adj. 1) en el sentido más general, persona que cree que el estado debe estar al servicio de la ciudadanía sin injerencias que favorezcan a un grupo privilegiado en particular sobre el resto de la población (u t c s). 2) en economía: persona que favorece el libre mercado dentro del cual el estado establece, por mucho, un papel regulador limitado (u t c s).

3) s. pastel, generalmente una cuca o un brazo de reina, tinturado con anilina roja.

Nota: los siguientes usos los he visto pero no los uso.

adj. 4) progresista (u t c s). 5) socialista (u t c s). 6) en economía: persona que favorece la intervención del estado sobre los mercados para garantizar la redistribución de la riqueza (u t c s).

libertarianismo s. 1) ideología política que propone que el estado es un agente que no agrega valor y que toda intervención estatal penaliza a la economía evitando la libre interacción entre los agentes particulares. (contraste con socialismo; véase también anarco-capitalismo).
machista adj. 1) persona que cree que el varón es o debe ser superior a la mujer (u t c s) [véase más extenso en my tumblr].
matriarcado s. 1) sistema político en el que formalmente se establece que las posiciones de poder deben ser ocupadas por mujeres. 2) organización social en la cual normalmente se reconoce ante la vida pública como cabeza y representante de un hogar o una familia a la mujer de mayor jerarquía. 3) organización familiar en la cual la voluntad de la mujer de mayor jerarquía se impone generalmente como decisión final.
patriarcado s. 1) sistema político en el que formalmente se establece que las posiciones de poder deben ser ocupadas por varones. 2) organización social en la cual normalmente se reconoce ante la vida pública como cabeza y representante de un hogar o una familia al varón de mayor jerarquía. 3) organización familiar en la cual la voluntad del varón de mayor jerarquía se impone generalmente como decisión final.

Nótese que en muchas sociedades se evidencia un matriarcado familiar y un patriarcado social donde claramente la mujer es la jefe del hogar pero ante la vida pública el varón es reconocido como la cabeza de la familia.

No lo uso pero es una definición común:

4) sistema social en el cual se impone una división de roles que perpetúa el concepto de que en la vida pública el varón es reconocido antes que la mujer.

progresista adj. 1) persona que trabaja progresivamente hacia un ideal socialista o comunista, en contraste con un revolucionario. 2) persona que persigue el progreso integral del individuo en un ambiente de igualdad, libertad y justicia.
pseudociencia s. 1) conjunto de ideas que pretende ser una ciencia natural, pero que falla en la rigurosidad del método, en muchas ocasiones negando el que método científico sea adecuado para entender el orden natural.

Nota: no me interesa aquí definir el debate de si economía o psicología son ciencias naturales, ciencias sociales o pseudociencias.

religión s. 1) sistema de creencias que abarca ideas sobre el significado de la vida, propósito, origen del mundo, usualmente conteniendo (a) la idea de que existe al menos un ser superior sobrenatural, (b) la idea de que las personas podemos trascender la muerte física (p. ej. dualismo cuerpo-alma); así como un conjunto de rituales para reconocer la existencia del ser superior, obtener favores del mismo o afectar nuestra trascendencia. 2) el conjunto de las religiones.

~ organizada 3) sistema de creencias religiosas que han sido formalizadas y posee una jerarquía de personas que la sustentan, promueven o perpetúan.

secular adj. 1) institución o idea que no es religiosa. 2) institución o idea que parte del principio de separación entre el estado y la religión. 3) institución o idea que se contrapone a una institución o idea afín de origen religioso.
secularismo s. 1) corriente filosófica que propone que el estado y la política debe mantenerse separado de las creencias e instituciones religiosas (iglesia). Usualmente esta separación es en dos vías: ni las iglesias deciden sobre el funcionamiento del estado ni el estado interviene en el funcionamiento interno de las iglesias. 2) la creencia de que el estado debe estar completamente libre de cualquier manifestación religiosa.
socialismo s. 1) ideología política que propone que los agentes particulares (personas) tienen la tendencia a concentrar la riqueza y que es papel del estado intervenir para controlar, regular y redistribuir tal riqueza. (contraste con libertarianismo; véase también anarco-socialismo).
teoría s. 1) en ciencias naturales: conjunto de explicaciones falsables (hipótesis) que han sido repetidamente puestas a prueba mostrando que sus predicciones son consistentemente acertadas y, como tales, se utilizan como base para continuar adquiriendo más conocimiento. p. ej. la teoría de la gravedad, la teoría de los gérmenes. 2) en ciencias sociales: marco conceptual por medio del cual puede analizarse un fenómeno social o humano. p. ej. teoría de las ventanas rotas, teoría interseccional. 3) en lenguaje coloquial: conjetura.

Ahora, si crees que alguna de mis definiciones es errónea, ahí está la sección de comentarios.

Sobre medicina alternativa

Tim Minchin on Alternative Medicine

«Por definición, la medicina alternativa o bien no se ha probado que funciona o bien se ha probado que no funciona. ¿Sabes cómo se le dice a la medicina alternativa que funciona? “medicina”»

fragmento del poema Storm, por Tim Minchin.

Tal vez todos hemos escuchado historias, y hasta tenemos una propia, de un familiar enfermo que pasó por todos los doctores y siguió varios tratamientos farmacológicos y no mejoraba, pero llegó al médico alternativo Pepito y las dolencias terminaron sin necesidad de seguir tomando fármacos.

Hay otras historias que no escuchamos: el familiar que intentó de todo con la medicina convencional y de todo con la medicina alternativa y no mejoró con ninguna. O el familiar que fue curado con sólo medicina convencional. O el que después de buscar curas mágicas fue a donde un MD titulado que le recetó un fármaco y un estilo de vida que sí lo curó. No los escuchamos no porque no pasen, sino porque no son buenas historias. Enfermarse, ir al médico, que te recete unas pastas y unas recomendaciones sobre tu estilo de vida y curarse es tan normal que ni siquiera es una historia. Enfermarse muy gravemente y que los doctores no encuentren una cura también es normal y tampoco es una historia.

Las historias personales que contamos. Las que vemos en los noticieros de la televisión o en la prensa. Las que leemos en libros. Las que compartimos en Facebook y Twitter, etc. son las historias no ordinarias. Son las excepciones a la normalidad.

Pero hay otros dos aspectos detrás de la evidencia anecdótica sobre nuestro familiar que fue curado por la medicina alernativa cuando los doctores no pudieron.

Uno es entender que nuestro cuerpo es un todo. En esta historia, cuando el doctor alternativo llega, ya hay procesos curativos en curso. Muchos de esos procesos no son inmediatos. Toman tiempo y cuando el doctor alternativo llega al paciente, aunque suspenda los fármacos el tratamiento viejo sigue en el sistema terminando de curar al paciente. Todos los tratamientos acumulados contribuyeron al desarrollo y desenlace de la enfermedad y no sólo el último tratamiento alternativo.

El otro factor tiene que ver más con las personas que con el tipo de medicina involucrado.

Y está el efecto placebo.

El efecto placebo, y su contra parte, el efecto nocebo, nos muestra que podemos curarnos o enfermarnos si creemos que algo nos está ayudando a curarnos o enfermarnos. Y no se trata sólo de que creamos estar mejorando o desmejorando, sino que se han medido cambios reales en la salud de un paciente (no sólo en sus síntomas) como efecto de lo que el paciente cree sobre su propio tratamiento.

Se han hecho varios estudios sobre el efecto placebo y el efecto nocebo. No sé si exista ya un consenso sobre qué lo causa pero aquí presento una conjetura.

Nuestro cuerpo tiene varios mecanismos para repararse a sí mismo y combatir las enfermedades. Si nos cortamos un dedo, pronto la hemorragia para mientras se forma una costra, varios días después la costra se cae revelando nueva piel. Meses después por mucho se notará un ligero cambio en el tono de la piel. Nuestro cuerpo repara los huesos. Nuestro cuerpo combate enfermedades infecciosas e intenta aislar toxinas que nos hacen daño. Nuestro cuerpo no es infalible pero tiene sus propios mecanismos y funcionan. Con enfermedades como la gripe estacionaria y accidentes leves, el cuerpo regularmente se cura a sí mismo sin problemas.

Kudus en estado de alertaNuestro cuerpo también tiene dos modos de operar. Uno es cuando estamos tranquilos en nuestra vida diaria, preocupados por estar felices o hacer nuestras faenas. Pero cuando se nos presenta una situación de peligro inminente, se produce una descarga de adrenalina. Nuestro cuerpo se prepara para luchar o huir. Las funciones corporales que no son necesarias para salvaguardar nuestro cuerpo ante el peligro inminente pasan a segundo plano, por ejemplo, la digestión. En este estado prevenir una hemorragia es más importante que combatir una infección. Cuando el peligro se conjura, el cuerpo debe normalizarse. De nuevo se retoma a las funciones vitales normales como digerir nuestros alimentos o combatir nuestras dolencias. Hay un tercer estado: un estado de alerta ante el peligro, donde el cuerpo está en un estado intermedio entre la normalidad y la crisis: ante la expectativa de si tiene que luchar o huír, o si ya puede relajarse nuevamente.

Este estado intermedio, cuando se prolonga indefinidamente, es lo que conocemos como stress. Las preocupaciones sobre nuestra vida diaria: el trabajo, el dinero, nuestra salud, nos mantienen en un estado en el que el cuerpo no funciona a plena normalidad. Nuestro sistema inmunológico y otros mecanismos de reparación del cuerpo no funcionan correctamente. Nuestra digestión se compromete. Nuestra presión sanguínea se mantiene anormalmente alta. Nuestra mente afecta a nuestro cuerpo.

El estrés no sólo enferma, sino que también compromete nuestra capacidad de sanar. Muchas veces unas gotas de agua, o una pastilla de excipientes: un placebo, pueden ser suficientes para relajarnos lo suficiente para que nuestro cuerpo haga su trabajo de repararse a sí mismo. Lo único que necesitamos es que nuestra mente crea que eso sí es una cura.

Independientemente de los tratamientos acumulados, es posible que un tratamiento homeopático sí haya curado a varias personas, no porque sea más efectivo, sino porque la persona sí creyó que esos frasquitos de sólo agua que cuestan miles de pesos y de los que sólo se toman unas pocas gotas, y esos granulitos de sacarosa, tenían el remedio para su mal; a diferencia de esos fármacos de laboratorio llenos de advertencias sobre efectos secundarios y contraindicaciones.

Pero, a pesar de todo mi escepticismo frente a las medicinas alternativas, hay una razón por la cual hallo mérito ir a dónde un médico alternativo, sobre un médico convencional. (Ojo, hablo de un MD alternativo, no de un charlatán sin título.)

Por encima de la calidad y la eficacia comprobada de los medicamentos farmacológicos y los tratamientos de la medicina convencional, existe un sistema de administración de salud. Un médico convencional, que trabaja para una EPS o un seguro, debe atender pacientes bajo un sistema de producción en masa: tiene veinte minutos para ver el paciente, completar (o hacer) la historia, preguntarle sus dolencias y ordenar exámenes y recetar. No tiene el tiempo suficiente para conocer al paciente y su historial, indagar por síntomas secundarios y establecer un diagnóstico preciso. En muchas ocasiones no tiene la libertad de ordenar un examen específico para descartar un posible problema si no puede justificar plenamente que el problema sí es relevante, porque ese examen lo tiene que asumir el seguro médico. El médico no siempre tiene la capacidad de recetar el tratamiento más adecuado (o abstenerse de recetar), teniendo en cuenta antecedentes, porque ni tiene tiempo para tener en cuenta todos los antecedentes, ni el seguro cubre todos los posibles medicamentos. El seguro puede sancionar a un médico que se toma con un paciente más tiempo del asignado, que ordena exámenes de más o que receta medicamentos caros.

En países como Colombia, para que un médico alternativo pueda ejercer legalmente debe tener un título en medicina y tener vigente su licencia médica. Por ello un médico alternativo suficientemente serio (sí, es discutible si es serio y se dedica a la medicina alternativa), sabe que si suspende o no administra un tratamiento convencional probado con un paciente en crisis y este empeora o muere, puede perder su licencia y enfrentar cargos penales. Por ende, el médico alternativo sólo entrará con sus tratamientos alternativos una vez conjurada la crisis o como complemento al tratamiento convencional.

Pero la otra ventaja que tienen los médicos alternativos, aún los que trabajan dentro de seguros, es que tienen tiempo para conocer al paciente: una gran ventaja que el médico convencional de seguro no tiene. Conocer al paciente le permite también tener un mejor criterio para ajustar un tratamiento convencional: ajustar las dosis, prever efectos secundarios, recomendar un mejor estilo de vida. Tiene tiempo para desarrollar un vínculo de confianza con el paciente que ayuda a bajar el estrés y a creer en su tratamiento.

Más que el tipo de medicina, entre convencional y alternativa, es el sistema donde estos tratamientos se administran.

Siendo así, tal vez la solución no está en que podamos ir a un médico alternativo, sino en contar con un médico serio que tenga tiempo para conocerme como paciente y me genere la confianza suficiente sobre un tratamiento.

Y la otra gran ventaja que tiene el médico alternativo, es nuestro propio sesgo. Si un médico alternativo no nos curó, será parte de los muchos médicos convencionales y alternativos que no nos curaron. Si mi cuerpo finalmente se curó a sí mismo después de ver a un médico alternativo, le contaremos a amigos y familiares cómo la medicina alternativa me curó donde la medicina convencional no pudo.

En su poema Storm, Tim Minchin no sólo nos expone todo lo que el ve como basura en la nueva era y la medicina alternativa y demás: al final admite admiración por Storm, su forma de ser y de pensar y por el diálogo interesante que suscitó.

Secularizando religiones

Christopher Hitchens

Christopher Hitchens

Dentro de las personas que son vocales en su ateísmo existe un grupo de personas que se oponen a la religión como concepto. Christopher Hitchens se definía anti-teísta abrazando esta tesis, aunque el término anti-teísta tiene otros significados, lo usaré aquí como alguien que cree que la religión es inherentemente perversa y debe ser abolida.

Hitchens nunca propuso, sin embargo, prohibir la religión. La mayoría de los anti-teístas no esperan que sea la ley o la fuerza la que acabe con la religión sino la educación; ese tipo de comportamiento se reserva a quienes pretenden reemplazar la religión por otro tipo de filosofía tal como el comunismo marxista. La gran mayoría de los anti-teístas modernos como Hitchens esperan más bien desenmascarar la religión de sus falsedades y que esta muera así de la vida pública de los seres humanos.

Pro-Life vs Pro-ChoiceEn muchos de los debates sociales de la actualidad, la religión juega un papel importante como argumento. La mayoría de las iglesias cristianas, incluyendo el catolicismo, se oponen al matrimonio homosexual, a la eutanasia y al aborto usando como justificación principal su doctrina. En el debate social, donde las personas involucradas e interesadas comparten variedad de cultos, filosofías y creencias, el argumento exclusivamente doctrinario es irrelevante.

Ahora bien, no todos los que se oponen al matrimonio igualitario, a la eutanasia y al aborto son religiosos. No todos los argumentos en contra de estos hechos son doctrinarios. En mi visión de un mundo ideal, estos debates deberían darse con base en argumentos basados en evidencia real y un diálogo social sobre el modelo de sociedad que es mejor para todos y no por temores religiosos que no puedan ser defendidos por fuera de la respectiva fe. Pero la fuerza que tienen las religiones en la vida pública es aún muy alto, imponiendo un criterio dogmático sobre los ciudadanos que no comparten el dogma bien por ser de otra fe o carecer de esta.

Titular del tabloide ugandés Rolling Stone que regularmente publica los nombres de ciudadanos homosexuales.

Titular del tabloide ugandés Rolling Stone que regularmente publica los nombres de ciudadanos homosexuales.

Tal vez en el caso de Colombia estamos lejos aún de que pase como en Uganda, donde el cabildeo cristiano, patrocinado por iglesias evangélicas de los Estados Unidos, recientemente pasó una ley para penalizar con la muerte el homosexualismo. Pero aquí tenemos a un Procurador General de la Nación que hace todo lo posible para que los mandatos de la Corte Constitucional relacionados con el aborto terapéutico no se cumplan y su motivación es, claramente, su fe religiosa y no su apego a la constitución.

Ahora, no digo que la religión sea mala porque no está de acuerdo conmigo. En mi visión de sociedad el aborto no debería existir tampoco, ya que el dilema mismo del aborto es prevenible en la mayor parte de los casos. Mi objeción es a que el argumento ofrecido por una iglesia que se opone al aborto casi nunca está basado en hechos constatables por fuera de su propia fe; sin embargo los fieles creen que ese argumento es suficiente.

La iglesia católica es apostólica. Considera que la biblia es un texto infalible en su teología, pero su procesión de fe no es la biblia sino el credo y considera que la escritura debe ser constantemente interpretada en respuesta a las necesidades de las personas en los distintos lugares y tiempos y esta es la labor del apóstol que sigue existiendo en la figura del Papa. Desde hace un tiempo la iglesia aceptó que la mejor visión de cómo es el mundo material lo puede ofrecer la ciencia y, como tal, todo lo que los científicos descubran sobre el origen del Universo, la formación de la tierra, la aparición de la vida y su adaptación y diversificación, es algo que la comunidad científica puede responder mejor que la biblia misma. Martín Lutero introdujo el concepto de sola scriptura. Esto fue en un tiempo donde la biblia católica sólo podía escribirse en latín y su lectura estaba prohibida para los fieles corrientes: solo las personas autorizadas por Roma podían interpretar la biblia a la feligresía. Lutero tradujo la biblia al alemán y la distribuyó con el objetivo de que todos pudieran leerla, y concluyó que el cristiano no necesita un intermediario entre él y la palabra de Dios: la biblia. SolaScripturaWordleEl concepto de sola scriptura nos dice que la biblia es lo único que un cristiano necesita saber, sin interpretaciones por un Papa. El luteranismo y varias de las iglesias nacionales que se derivaron de la reforma protestante siguieron, aún así, reservándose el derecho a interpretar la escritura, pero luego vendría el gran renacer espiritual en los Estados Unidos y, con él, el surgimiento del movimiento evangélico.

Lo que los científicos han venido descubriendo sobre física, cosmología, cosmogonía, formación planetaria, geología, biología, formación de la vida, evolución, etc., no se parece en mucho al relato bíblico. Esto crea dos relatos: por un lado están personas que han concluido que nuestro universo se formó hace trece mil ochocientos millones de años, nuestro planeta hace cuatro mil setecientos millones, la vida en la tierra apareció hace tres mil y medio millones y la vida multicelular lleva casi mil millones de años de existencia sobre nuestro planeta y, desde entonces, ha evolucionado para crear todas las formas actuales incluyendo a los seres humanos. Otras personas creen que el universo y la tierra fueron creados hace poco más de seis mil años y que todo era perfecto hasta que el único hombre y la única mujer comieron del fruto prohibido; y creen que hace algo más de cuatro mil años toda la vida del planeta fue erradicada excepto por ocho personas y unos cuantos miles de parejas de animales.

[Ken Ham]

Creacionista Ken Ham, quien cree que todas las respuestas a todo lo que necesitamos saber se encuentra en el libro del Génesis.

Cuando estas personas enfrentan su mitología bíblica a la evidencia real, sólo tienen una conclusión para hacer: la evidencia es errónea o está mal interpretada.

Cuando los miembros del culto Heaven’s Gate, que creían que una nave espacial venía tras el cometa Halley, compraron un telescopio para localizar tal nave y no la pudieron ver, llegaron a la única conclusión lógica: el telescopio estaba defectuoso. Finalmente, haciendo caso omiso de toda evidencia, los seguidores de Heaven’s Gate dejaron sus envoltorios terrestres (se suicidaron) para reunirse con los alienígenas de la nave que el telescopio defectuoso no les dejó ver.

hqdefaultPara la mayoría de nosotros es fácil concluir que la gente de Heaven’s Gate estaba equivocada. En su gran mayoría eran personas estudiadas, pero cayeron en una espiral de autoconvencimiento que les llevó a no pensar de forma racional. Al menos no racional desde nuestro punto de vista. Es fácil para nosotros concluir que el culto de Heaven’s Gate no estaba basado en ningún tipo de realidad y eso los llevó a una acción que carece de lógica para nosotros.

Pero los de Heaven’s Gate sólo se suicidaron ellos mismos. Los perpetradores de los atentados del 11 de septiembre de 2001 mataron a miles de personas en su acto suicida. Su interpretación del islamismo sufista los llevó a justificar la destrucción de vidas de fieles e infieles. _77966129_77959544La demencia de Boko Haram en Nigeria y de Estado Islámico en Iraq y Siria son muestra de esa mentalidad donde los yijadistas se ven a sí mismos luchando una guerra cósmica a favor de su dios. Si bien el islam nos ofrece los ejemplos más claros, muchos niños en Liberia mueren abandonados porque algún pastor cristiano cree que son brujos y monjes budistas han cometido masacres en Myanmar.

Muchas ideologías políticas y filosóficas se resisten a ser cuestionadas, pero la religión es más profunda que cualquier ideología política pues genera una identidad trascendente. Cuestionar su propia fe es cuestionar su propia identidad y por ello es inadmisible cuestionarse. Si el telescopio no muestra la nave detrás del cometa, entonces es el telescopio el que está mal. Si los científicos miden que una roca se formó hace miles de millones de años, es la medición la que está mal porque el mundo no puede tener más de diez mil años. Si todos los demás concluyen que podemos convivir en un estado secular con libertad de cultos y libertad de expresión, están mal porque el único camino de salvación es la sumisión al islam.

La religión es más que malas excusas para cometer suicidio, asesinar a miles o depositar un voto. Esas son, tan solo, perversiones de la religión.

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Malcolm X y sus hijas junto a Cassius Clay (Mohamed Ali) ca 1963

La verdad es que la gran mayoría de musulmanes que viven en el occidente secular o en otros países donde son minorías no perseguidas viven en paz. Algunos justifican, otros no, los actos de los fundamentalistas; pero, en general, no están interesados en suspender los derechos liberales para imponer la sharía. La religión, para ellos, es más un acto privado y social. Ellos validan el mundo desde una perspectiva que derivan del corán. La religión les da consuelo en caso de duelo, ánimo cuando se sienten desfallecer, sentido de comunidad. La religión les da respuesta a muchas de las preguntas que ellos se hacen para poder seguir con sus vidas.

Y lo mismo sucede con los cristianos, judíos, hindúes, neopaganos y toda la variedad de religiones que existen.

Matías. Foto tomada el 26 de diciembre de 2014 por la mañana.

Matías. Foto tomada el 26 de diciembre de 2014 por la mañana.

En muchos casos, y para muchas personas, esas respuestas son importantes y es difícil obtenerlas por otros medios. La ciencia nos puede describir el cómo de un proceso de duelo, pero no el por qué. Aun me duele cada vez que pienso en Matías, mi gato que desapareció el pasado 26 de diciembre y presuntamente murió atropellado y botado como basura a un barranco, porque me parece absurdo que eso haya sucedido así. Quisiera creer que su esencia aún perdura. Quisiera que alguien me responda por qué pasaron los hechos. Mis abuelas. Los amigos que ya nos dejaron.

Yo puedo vivir y continuar viviendo sin esas respuestas, sin ese porqué. De alguna forma puedo asumir mi duelo sin el consuelo que aporta una religión. Puedo tomar mis decisiones políticas sin la guía de un libro sagrado o de un pastor. Puedo asumir posiciones éticas y morales sin recurrir a dogmas. No digo que yo no me pueda equivocar, pero el equivocado seré yo y, por tanto, no será mi biblia, ni la sociedad o el diablo a quien yo vaya a culpar. Pero esto no es así para todo el mundo, y para muchas personas su religiosidad es importante.

Pero, incluso en esta visión benigna de la religión, hay un peligro. La religión nos está ofreciendo aquí respuestas rápidas y efectivas pero no necesariamente correctas. Y las religiones están llenas de respuestas incorrectas. Tal vez no tu religión, pero sí todas las demás. Cuando se pierde la capacidad de cuestionar las respuestas que la religión ofrece nunca sabremos cuando la respuesta incorrecta dejó de ser válida, y culparemos al telescopio porque no podemos ver la nave. Pero cuando cuestionamos la religión deja de ser religión.

KabaaA diferencia de Hitchens yo no espero ver abolida la religión. Primero, porque es culturalmente interesante. Segundo, porque creo que, para muchas personas, las respuestas que da la religión son importantes; y si bien creo que casi todas estas respuestas las puede proveer la ciencia y los acuerdos entre las personas, los consensos tardan más que la necesidad de esa respuesta.

Pero sí espero ver una mayor secularización del creyente. Si espero ver una sociedad donde podamos llegar a acuerdos basados, cuando sea posible, en evidencia empírica, y cuando no, en acuerdos entre personas que puedan debatir en igualdad de condiciones, sin que se imponga dogmáticamente una ideología. Donde el creyente reconozca que su interlocutor lee el corán y no la biblia, o ha interpretado la biblia de forma diferente. Donde el creyente reconozca que no se trata de imponer sus creencias o que le sean impuestas las creencias o descreencias de otro, sino que los problemas sociales se resuelven a través de un diálogo social y los problemas políticos a través de un debate político.

O, en otras palabras, no quiero ver al político religioso que vota en contra de una iniciativa para prevenir el calentamiento global porque cree que la segunda venida de Jesús será pronta o porque Dios le prometió a Noé que no habría un segundo diluvio universal.

A propósito del Día de la Raza

La conquista (leyenda rosa)

La conquista (leyenda rosa)

La historia blanca (o rosa) nos cuenta que en 1492 los europeos descubrieron a América y nos trajeron la civilización. A grandes rasgos esta es la historia que aprendí en la escuela: un encuentro de dos mundos donde los europeos aportaron la lengua y la religión, la escritura, los caballos y el ganado y, en general, los elementos que permitieron crear, eventualmente, naciones modernas en el continente americano; por otro lado América aportó la papa y otros cultivos. Sí, también aprendí que la varicela le permitió a Cortés conquistar México, que muchas tribus indígenas fueron destruidas durante la conquista, y luego relegadas durante la colonia, aunque gracias al trabajo de Fray Bartolomé de Las Casas la corona eventualmente protegería a los indios, aunque esto diera pie a la esclavitud de africanos.

La conquista (leyenda negra)

La conquista (leyenda negra)

Está por otro lado la historia negra que pinta a los españoles (y demás europeos) como invasores que llegaron a matar, saquear y asentarse sobre las tumbas de indios muertos. Que nos describe que América ya estaba poblada por civilizaciones, algunas más avanzadas que los europeos de la época. Si nuestra civilización actual tiene más de herencia hispánica que amerindia es porque los españoles violaron a nuestras madres y les robaron la cultura. Hablamos la lengua del invasor. Adoramos al dios impuesto por quienes nos violaron y saquearon.

Castillo de San Felipe de Barajas

Castillo de San Felipe de Barajas

Acabo de regresar de Cartagena de Indias y siendo la primera visita de mis hijos la idea era introducirlos en el porqué de las murallas y fortificaciones y siempre hay una pregunta sobre cual historia contar. Una de las historias más prominentes de la Cartagena colonial fue el sitio de 1741 cuando las tropas británicas comandadas por Edward Vernon intentaron tomarse a la ciudad defendida por Blas de Lezo. Cartagena era parte del sistema defensivo de España en el Caribe, junto con las plazas fuertes de Porto Bello, Veracruz y La Habana, siendo parte de la ruta de la flota española que transportaba el oro y la plata sudamericanos a España y el principal puerto de aguas profundas en el Caribe sudamericano. También fue parte de la ruta de esclavos que venían de África hacia la América del Sur.

Cartagena (vista desde el Castillo de San Felipe de Barajas)

Cartagena (vista desde el Castillo de San Felipe de Barajas)

Esta posición hacía a Cartagena blanco de ataques corsarios, de los cuales los dos más exitosos fueron los del inglés Francis Drake (1585) y el francés Baron de Pointis (1697); quienes se interesaban más en la interrupción del funcionamiento español y el saqueo que en lograr ventajas estratégicas, pero la campaña británica durante la Guerra del Asiento (1739-1748) estaba encaminada a lograr ventajas estratégicas a largo plazo con la captura permanente de las plazas fuertes de Porto Bello, Veracruz, Cartagena de Indias y La Habana. Edward Vernon no llegó a saquear a Cartagena sino a capturarla en lo que fuere el mayor ataque anfibio del Imperio Británico antes del desembarco de Normandía en 1944.

Una visión que escuché con cierta frecuencia es que no había ningún nosotros en esa guerra. Esa fue una guerra europea, peleada por imperios europeos defendiendo o buscando intereses europeos. Pero la verdad esa guerra, sobre todo en su fase inicial, involucró los intereses coloniales de dos coronas europeas, en respuesta a intereses de colonos americanos, con americanos defendiendo y atacando a Cartagena, con negros libres, nacidos en América, defendiendo y atacando a Cartagena. Los habitantes de Cartagena y sus defensores incluían criollos, mestizos, pardos, indios y negros. Los habitantes de Cartagena y sus defensores en 1741 fueron los ancestros de los cartageneros que el 11 de noviembre de 1811 declararían la independencia total de España y de los cartageneros que en 1815 serían fusilados o pasados a cuchillo por defender esa independencia.

Cartagena (Centro histórico visto desde Bocagrande)

Cartagena (Centro histórico visto desde Bocagrande)

La corona española en América estaba interesada en el oro que se almacenaba en Cartagena mientras se formaban las flotas de galeones que lo transportaría a España. Como americano puedo ver ahí una parte del despojo de España en América. Pero no era solo el oro el único interés. Antes de 1810, los americanos eramos súbditos de la corona española que requeríamos que el rey nos protegiera de los británicos que también llegaban a saquear y a matar y a desplazar a nuestros indios y a preservar e incrementar la esclavitud.  En 1761, en otra de las interminables guerras entre España y Gran Bretaña, los británicos (incluyendo americanos) capturaron finalmente La Habana e introdujeron las plantaciones de caña de azúcar en Cuba, junto con toda la tradición esclavista que se asociaba con la caña en esa época.

Contar la historia como una historia de ellos y nosotros no es adecuado. Si por nosotros hablamos de la nacionalidad colombiana, pues ese nosotros no existía en 1492, ni en 1741. Si por nosotros hablamos de los americanos, pues los americanos eran indios antes de 1492 y hoy somos otra cosa, con muy poca continuidad entre esos americanos y nosotros. No soy ni español ni indio; como no lo somos la mayoría de los colombianos. En mi caso particular, si algún ancestro negro mío (o su hermano) murió en Cartagena en 1741, es más probable que fuera un machetero jamaicano que un negro libre cartagenero. No es una historia de ellos contra ellos y nosotros de espectadores, o de ellos contra nosotros. Simplemente es historia. Una historia que nos lleva a dónde estamos y a lo que somos.

Lo que pasó a partir del 12 de octubre de 1492 es inadecuado verlo como un hecho heroico de conquista o como una malvada invasión. Muchos actos fueron crueles, tanto los perpetrados por los conquistadores como en los intentos de los indios por defenderse. La historia de La Gaitana y su venganza contra Pedro de Añazco es una representación de la crueldad de la época. El desenlace final era casi que inevitable: la pólvora, los gérmenes y el acero (tal cual lo titula Desmon Jared en su obra cumbre), pero igual la tradición de historia escrita, los caballos y toda la tecnología y tradición guerrera del viejo mundo no tenían rival en la tecnología y tradición guerrera de los indígenas americanos.

Primera acción de gracias

Primera acción de gracias

Batalla de Little Big Horn

Batalla de Little Big Horn

Cuando los ingleses llegaron a América del Norte, ya gran parte del territorio indio había sido diezmado por la enfermedades del antiguo continente; y aunque no tuvieron un período de conquista similar al de los españoles, la tradición de tenencia de la tierra creó un diferencial motivacional que favoreció a los colonos anglos sobre los indios. Cuando la frontera de los Estados Unidos se cerró sobre las tribus indias de las planicies norteamericanas ya era simplemente una cuestión de números.

Todas la invasiones del pasado: los europeos en América, los germanos, eslavos, hunos y mongoles en Europa, los romanos en África septentrional, los mongoles en China, los bantúes en África central y meridional, y todos los et céteras que haya, son parte de nuestro pasado. Cada uno de nosotros tiene un ancestro invasor y, en muchos casos, un ancestro invadido; por cada una de nuestras líneas ancestrales.

Esto no significa que esté bien. Que las crueldades del pasado estén perdonadas o justificadas. Creo que hemos llegado a un punto de la historia donde podemos ver esas atrocidades y pensar que existe una mejor opción. Donde podamos ver la conquista de América, no como una leyenda rosa o una leyenda negra, sino como una lección de historia sobre la cual construir.

EIIL

Estado Islámico de Iraq y el Levante

Hoy persisten varias amenazas a la paz mundial. El conflicto entre Israel y Palestina, la situación en Siria e Iraq, la guerra en Libia nos muestran lo que tradiciones literalistas del Islam junto con retórica nacionalista pueden acarrear; pero el problema árabe-israelí no es sólo culpa del Islam. La situación en Ucrania y en Myanmar. La eterna guerra de la cual no salimos en Colombia. Los conflictos en el centro y oriente de África. En últimas hoy está pasando lo que pasó en siglos anteriores: hay poblaciones que buscan sobrevivir expandiéndose o resistiendo la expansión de otras. Hay ideas que se propagan e ideas que se resisten a ser reemplazadas. Hay crueldad y tal vez cierta dosis de inevitabilidad. Y hay formas de aprender a resolver estos conflictos. Conflictos que, en proporción, no son tan grandes como los del pasado y hoy sabemos más de nosotros mismos como personas, como seres humanos, que es más fácil que nunca buscar acuerdos de mutuo beneficio.

Sacrificando a sus propios hijos

Comenzaré con algunas aclaraciones.

Israel es un estado laico secular que funciona como una democracia parlamentaria. Fue formalmente proclamado en 1948 tras el retiro británico y una resolución de 1947 de la recientemente formada Organización de las Naciones Unidas, reconociendo el derecho de los pueblos judío y árabe a un estado en lo que fuere el Protectorado Británico de Palestina.

Los orígenes del Estado de Israel se remontan al movimiento sionista, un movimiento que en su versión moderna nació en el siglo XIX entre élites judías europeas con la idea de que el pueblo judío tuviere una país propio. Muchos de esos prominentes sionistas de finales del siglo XIX eran ateos, por lo que aquí cabe otra aclaración.

Existe la religión judía. La mayor parte de las personas que hoy profesan la religión judía parten de la tradición rabínica que surgió tras la disolución de Judea en el año 70 de nuestra era. Judea había sido un reino dentro del imperio romano pero tras una serie de levantamientos y rebeliones finalmente los judíos perdieron y el Imperio les negó cualquier identidad nacional. El reino de Judea pasó a convertirse en la provincia de Palestina. Para entonces ya existían comunidades que profesaban la religión judía, principalmente la doctrina farisea, en todo el imperio romano y otros lugares del mundo conocido. Sin estado propio, con la destrucción del templo y la prohibición de entrar a Jerusalén, la tradición rabínica farisea se acentuó y poco a poco fue convirtiéndose en lo que es el judaísmo actual.

Existe, por otro lado, una identidad étnica judía. Realmente varias, pero la más notable es la identidad étnica asquenazí. Creo que no se sabe aún con certeza los primeros asquenazíes de donde surgieron, probablemente de algún lugar entre el Cáucaso y Alemania, y en alguna parte de ese trayecto se convirtieron al judaísmo. Otra comunidad importante fueron los judíos españoles o sefardíes, que prosperaron en la península ibérica durante la ocupación morisca. La identidad étnica asquenazí o sefardí ha sido tan fuerte que muchas personas y comunidades han dejado de practicar la fe judía pero se identifican aún como judíos. Tanto asquenazíes como sefardíes se desarrollaron como identidades étnicas sin patria, apenas ligados por la práctica de la fe y costumbres religiosas judías.

Y como una parte de esa tradición religiosa está la profecía de que eventualmente ellos, el pueblo elegido de Dios, se reuniría nuevamente en Jerusalén, al amparo del monte Sion. Theodor Herzl, un periodista húngaro de origen judío, habla alemana y educación laica liberal, se convirtió a finales del siglo XIX en el principal promotor del sionismo moderno. Lo que fuese Palestina era entonces parte de la Siria Otomana, una división dentro del impero Turco Otomano que corresponde a lo que hoy son los estados de Siria, Líbano, Israel y Jordania, entre otros. Herzl propuso al sultán turco otomano la compra de una parte de ese territorio para la construcción de un estado judío. Si bien no se concretó formalmente el movimiento sionista que surgió en Europa empezó a recaudar fondos para comprar tierras y establecer colonias en el ancestral territorio de Israel.

La población local, predominantemente árabe, empezó a resistirse a lo que consideraban una invasión. No existía, sin embargo, una identidad nacional palestina, sino que eran árabes, asirios y otras etnias, tanto musulmanas como cristianas y judías, viviendo dentro de territorio turco otomano. Colombia recibió una importante migración de árabes cristianos (y algunos musulmanes) de la Siria Otomana, a los que entonces se les llamó turcos (por su pasaporte turco) y que hoy se reconocen como libaneses. El nivel de organización del movimiento sionista fue efectivo en crear colonias judías que desplazaban a la población nativa.

Llegó la primera guerra mundial y el Imperio Otomano se alió a los otros dos imperios que terminaron perdiendo: el Imperio Austro-Húngaro y el Imperio Alemán. El Imperio Turco Otomano cesó de existir y las potencias vencedoras, principalmente Francia y el Imperio Británico, se dedicaron a crear nuevos países y protectorados. El movimiento secular turco promovido por Atatürk, aseguró la continuidad de la nación turca en Anatolia y parte de Tracia y los Balcanes, se crearon los territorios de Siria y Líbano bajo mandato francés y de Irak y Palestina bajo mandato británico y varios reinos independientes en la península arábica.

El problema de los asentamientos sionistas pasó de ser un problema turco a un problema británico. El antisemitismo creciente en Europa central acentuó la colonización judía en en ahora protectorado británico de Palestina. Los sionistas exigían a los británicos que se abriera palestina a una migración judía irrestricta, así como abogaban la creación de un ejército judío.

Vendría la segunda guerra mundial. Aunque los británicos triunfaron, el imperio británico se vio fuertemente golpeado pues la importancia de las colonias británicas se vio fortalecido frente a una metrópoli amenazada. Por otro lado el holocausto judío dentro del Tercer Reich sirvió de propaganda para el movimiento sionista, que obtuvo un importante apoyo financiero de la comunidad judía en Estados Unidos. Los conflictos entre colonos judíos y sus milicias y la población local árabe en el protectorado palestino empezó a ser insostenible para las autoridades del Imperio Británico con una metrópoli en reconstrucción. En 1947 la ONU había propuesto la creación de dos estados, un estado de Israel judío y un estado árabe palestino. Cuando los británicos se retiraron finalmente en 1948 el estado de Israel proclamó su independencia y abrió sus puertas a personas de cualquier identidad étnica judía.

Por otro lado están los árabes palestinos. Si bien el nombre Palestina fue usado por los romanos tras la disolución del reino de Judea, durante gran parte de la historia de estos dos últimos milenios el nombre no fue usado. Los árabes invadieron el territorio de Jerusalén durante la primera fase de expansión del Islam. Más adelante los francos (europeos cristianos) en sus cruzadas tomaron el territorio y establecieron el Reino de Jerusalén. Este fue luego retomado por los musulmanes al mando del kurdo Saladino, recuperado por los francos al mando del rey normando de Inglaterra Ricardo Corazón de León, para ser luego reducido por Saladino a un pequeño territorio alrededor de Acre (sin control de Jerusalén) hasta desaparecer bajo la invasión mongola.

El territorio palestino fue luego ocupado por los mamelucos de Egipto y finalmente por los turcos otomanos. Durante estos años de control por árabes, turcos y francos, el término Palestina no fue usado ni existía una identidad nacional o étnica palestina. La lengua predominante en la región fue el árabe, la religión predominante el islam, principalmente sunita, pero a lo largo de su historia siempre hubo otras etnias que se asentaron (asirios, turcos, judíos sefardíes) y religiones que se permitieron (cristianismo, sobre todo maronita, judaísmo, shiismo, etc.). Con la disolución del Imperio Turco Otomano, los británicos retomaron el nombre de Palestina para referirse al territorio bajo su control, territorio que ya tenía importantes asentamientos sionistas.

Algunas personas consideran que árabes son exclusivamente las personas originarias de la península arábica. Cuando se fundó el Islam en las ciudades árabes de Meca y Medina, este tuvo un carácter expansionista desde el principio, y pronto avanzó sobre un Imperio Romano de Oriente (Imperio Bizantino) en decadencia y otras tierras cristianas en el norte de África hacia el occidente y hacia Mesopotamia, Persia e India hacia el oriente. La lengua del islam es el árabe, por ser esta la lengua en la que se escribió el corán; adicionalmente gran parte del islam fue llevado a punta de espada por ejércitos que se originaron en Arabia y así, en muchos de los sitios donde se estableció el islam, pronto la población empezó a adoptar la lengua de sus líderes y de su libro sagrado. Esto pasó en la gran Siria (Síria, Líbano, Palestina, Jordania), Mesopotamia y el norte de África, mientras que en lugares con identidades culturales más fuertes como Persia y la península Ibérica, conservaron sus lenguas. Hoy en día es común llamar árabes a las personas que hablan árabe o que provienen de países de habla mayoritariamente árabe.

Árabe es entonces el idioma (o conjunto de idiomas altamente relacionados) que se habla desde Marruecos hasta Irak y en toda la península arábiga; la cultura que parte de la península arábiga y se extendió a Mesopotamia (Irak) y el norte de África; y étnicamente es el grupo de pueblos provenientes de la península arábica en su sentido más restrictivo, o de las zonas donde se asentó la lengua árabe en su sentido más amplio. Aun en las zonas de influencia árabe no todos son musulmanes. En Egipto existió siempre una importante comunidad cristiana copta. En Siria y Jerusalén una importante comunidad cristiana maronita. Si bien muchos coptos conservaron su lengua surgieron tanto árabes conversos como coptos que adquirieron la lengua e identidad árabe, y algo similar pasó con los maronitas. Los judíos fueron ampliamente aceptados en territorios musulmanes árabes. Los turcos otomanos permitieron que los sefardíes expulsados de España se asentaran. Tanto en 1948 como hoy en día no todos los que se identifican como árabes son musulmanes, habiendo importantes poblaciones cristianas y judías de lengua árabe, así como, en menor medida, ateos.

La constitución del Estado de Israel es la de una democracia parlamentaria y laica. Si bien el idioma oficial principal es el hebreo, se reconoce el árabe como lengua oficial, y al momento de la independencia cualquier árabe o musulmán que así optara sería reconocido como ciudadano israelí. Muchos lo hicieron, sobre todo dentro de los límites que el mandato de la ONU había establecido.

Pero los árabes fuera de ese límite no quisieron reconocer el mandato de la ONU. Nunca se constituyeron como un estado propio (pues esto era reconocer la partición) y declararon la guerra al estado de Israel. Los israelíes habían venido formando un ejército judío desde antes de la independencia, mientras que los árabes nisiquiera tenían un gobierno y el resultado de la primera guerra árabe-israelí de 1948 fue una amplia reducción del territorio controlado por los árabes palestinos, tanto por los avances territoriales de Israel como por la anexión de Cisjordania por Transjordania (hoy el Reino de Jordania), mientras que Egipto tomó el control de la franja de Gaza. Lo que fuere el protectorado británico de Palestina estaba ahora repartido entre Israel, Egipto y Jordania.

No es que no hubiera una identidad árabe palestina, solo que esta era menor. Muchos árabes de la región se consideraban parte de Siria (corriente baathista) junto con el Líbano. Por otro lado la identidad árabe palestina no se conformó políticamente. Pero con la ocupación Jordana y Egipcia, la identidad palestina empezó a afianzarse y en 1964 se funda la OLP (Organización para la Liberación de Palestina). La OLP pretendía liberar a Palestina tanto de jordanos y egipcios como, principalmente, de los israelíes, de paso se declara contraria al baathismo: Palestina sería un estado independiente. La OLP procuró unir a Siria, Egipto y Jordania en un ataque conjunto a Israel e Israel respondió en lo que se llamó la guerra de los seis días en 1967, tras la cual Israel logró el control territorial total de los territorios palestinos de Gaza y Cisjordania incluyendo a Jerusalén, así como de los Altos del Golán en Siria y la península del Sinaí en Egipto. Israel se anexionó formalmente a Jerusalén Este y tras acuerdos con Egipto devolvió el Sinaí y se retiró de la franja de Gaza; en contraprestación Egipto se convirtió en el primer estado árabe en reconocer a Israel.

En 1993, en los acuerdos de Oslo, Israel y la OLP acuerdan la creación de la Autoridad Nacional Palestina, no como un estado independiente sino como un gobierno propio para Cisjordania y la Franja de Gaza, sin plena soberanía y bajo la supervisión del Estado de Israel, como un paso para la creación eventual de un Estado Palestino.

Aparentemente una solución. La OLP reconoce el statu quo que surge de la partición de Palestina en 1947 más las anexiones por parte de Israel de 1949 (fin de la guerra de 1948) y 1967 (Jerusalén) e Israel se compromete a reconocer eventualmente el estado palestino, una vez la autoridad nacional se consolide como un estado formal que garantice la seguridad de Israel. Pero los problemas no acaban ahí.

Tras los acuerdos de 1993, Yasir Arafat, lider de la OLP y primer presidente de la Autoridad Nacional Palestina siguió conservando un doble discurso de reconocimiento del Estado de Israel y su revindicación inicial de destruirlo; pero, adicionalmente, el partido político Hamás se convirtió en la principal fuerza política en Gaza y Hamás no reconoce al Estado de Israel. Hamás es una organización nacionalista yihadista que pretende crear un estado islamista en lo que fuere el protectorado de Palestina: Franja de Gaza, Cisjordania e Israel. Claramente Hamás como gobierno palestino no ofrecería las garantías que Israel impone para el eventual reconocimiento del estado palestino.

Pero el problema no es solo del lado palestino. No es solo del discurso ambiguo de Al Fatah (el partido que controla Cisjordania y tiene la presidencia de la Autoridad Nacional Palestina) ni el radicalismo anti-israelí de Hamás en Gaza. En contra de casi cualquier solución está el nacionalismo religioso israelí, actualmente en la colisión de gobierno y que comparte el conservador partido Likud del primer ministro Benjamin Netanyahu como del ultranacionalista religioso y sionista partido Hogar Judío (הבית היהודי, ha-Bàyit ha-Yehudí), entre otros partidos contrarios al reconocimiento de un estado palestino.

Los asentamientos judíos en territorio palestino no cesaron con la declaración de independencia en 1948, ni con las anexiones de 1949 y 1967. Muchos movimientos sionistas han venido promoviendo asentamientos judíos en Cisjordania y Gaza aun cuando los gobiernos de Israel han sido contrarios a ellos. El actual gobierno de Likud no es contrario a ellos sino que los promociona. Aun los gobiernos israelíes que han procurado desalentar nuevos asentamientos, han sentido la necesidad de defender a los israelíes que viven en los asentamientos existentes, particularmente desde 1967 cuando Israel tiene el control de facto de los territorios de Gaza y Cisjordania. Tan solo en 2005, el entonces gobierno de Ariel Sharón ordenó el cese de asentamiento judíos y la repatración de israelíes residentes en la Franja de Gaza, acto que exacerbó el nacionalismo judío dentro de Israel y llevó al triunfo de Netanyahu.

Si bien muchos israelíes aprueban la hoja de ruta de 1993 y el eventual reconocimiento de dos estados: un Estado de Israel judío laico y un Estado de Palestina árabe y laico, existe aun una parte de la población que apoya formas más o menos radicales de nacionalismo judío y sionista que esperan la recuperación de todo el Reino de Israel (el supuestamente histórico reino de David) bajo un gobierno israelí y bajo la ley judía. Así como hay palestinos que quieren un estado palestino unificado bajo la sharia y con la expulsión completa de los invasores israelíes (Hamás), también hay israelíes que quieren un Israel unificado bajo la ley judía y sin rastro de cualquier tipo de nacionalismo árabe al occidente del Jordán.

Estos nacionalistas judíos radicales son los que se expresan por medio de la parlamentaria Aleyed Shaked quien pide que los bombardeos a la Franja de Gaza extermine a los palestinos y a sus madres (para que no den luz a más palestinos). Esos judíos radicales son los que, ante la noticia de que cuatro niños palestinos jugando en una playa fueron muertos en un bombardeo israelí, se quejan de que tan solo hayan sido cuatro y no todos los niños palestinos.

Algo de ese tipo de odio me es familiar en personas como la Representante electa María Fernanda Cabal, y todos los que celebran sus declaraciones. Durante el mandato de Uribe varias veces escuché o leí mensajes cargados de odio hacia cualquier tipo de solución al problema de las FARC que no implicara el total exterminio de sus combatientes y seguidores. Y aun se escuchan.

Yo rechazo cualquier tipo de nacionalismo excluyente y por ello rechazo la actitud de Netanyahu. Yo rechazo cualquier intento de teocracia y por ello rechazo las ideas del Hogar Judío y sus mensajes de odio hacia el pueblo palestino.

Pero por ello mismo me veo impedido, en estos momentos, a expresar mi apoyo a Palestina, a pedir una Palestina libre. Hamás es peor que el Hogar Judío. Hamás no solo se alegra por cualquier niño israelita muerto así como los seguidores de Hogar Judío se alegran por cualquier niño palestino muerto. Hamás también se alegra por los niños palestinos muertos porque ellos se convierten en propaganda para que los despistados movimientos progresistas en occidente salgan a pedir una Palestina Libre. Es más, Hamás se esconde entre sus propios niños y les lava el cerebro para que sean escudos humanos y carne de cañón.

Golda Meir decía que la desgracia de los palestinos es que ellos odian más a Israel de lo que aman a sus propios hijos, y lo que muestra Hamás le da razón a Meir. Para Hamás los niños palestinos no son más que escudos humanos e instrumentos de propaganda en contra de Israel.

El problema de una guerra de tantos años es que acentúa estos nacionalismos religiosos. Hay muchos palestinos que sin duda prefieren la paz para poder desarrollarse y abrazarse con sus hermanos israelíes. Hay muchos israelíes que no quieren seguir viviendo en una guerra y que se horrorizan de que su gobierno mate niños. Pero esta guerra de años también produce nacionalismos religiosos como los de Hamás y Hogar Judío. Y palestinos e israelíes siguen votando por ese tipo de partidos. No todos, pero sí los suficientes para que Hamás y Netanyahu sigan en el poder.

Y en Cisjordania Al Fatah sigue manteniendo un discurso ambiguo porque si es más claro en pedir la reconciliación y continuar la hoja de ruta hacia un modelo de dos estados, los palestinos en Cisjordania terminarán votando por Hamás y empeorando la situación.

Quiero paz en Palestina. Bajo un esquema de un estado (un Israel-Palestina secular como el que propone el electo presidente de Israel Reuven Rivlin), dos estados (Estado de Israel + Estado de Palestina, como desarrollo final de la hoja de ruta de 1993) o cualquier otro esquema estudiado o propuesto; pero si soy consecuente con mi mentalidad liberal, estoy impedido a apoyar una Palestina libre bajo una teocracia islamista cuya principal razón de ser es destruir a una democracia.

Y creo que cualquier persona que se considere liberal o progresista debe saber que Hamás es todo lo contrario a lo que dicen defender y que aún con todos los defectos del conservadurismo actual en el gobierno del Estado de Israel, el Estado de Israel junto con Turquía representan lo más parecido al ideal liberal y progresista que hoy hay en oriente medio.

En otras palabras, no caigan en la propaganda de Hamás que está dispuesta a sacrificar a sus propios niños para que occidente los reconozca.

Por los próximos cuatro años

Mi primera reacción el pasado domingo 25 de mayo, cerca de las cuatro y veinticinco de la tarde cuando ya habían publicado el boletín #4 de la registraduría con el preconteo de más del 10% de las mesas y ya era clara la situación, es que no había una verdadera alternativa para la segunda vuelta. El opositor de derecha Óscar Iván Zuluaga Escobar y el presidente en ejercicio Juan Manuel Santos Calderón encabezaban la votación y los siguientes boletines lo fueron confirmando. Zuluaga con casi un 30% de los votos y Santos con poco más del 25% pasarán a votación en segunda vuelta.

No soy antiuribista, pero el uribismo no me gusta. No soy antiuribista porque no me defino en oposición a Álvaro Uribe Vélez y su doctrina y legado. Reconozco logros en su administración. Reconozco la oportunidad histórica de su mandato. Dependiendo de la coyuntura política no vería problema alguno en darle mi voto a Uribe frente a alternativas menos deseables. O en darle mi voto a un candidato uribista. Por ello mismo no tuve una reacción inmediata a que hay que votar por Santos para atajar a Zuluaga. No es mi razón de ser política, ni mucho menos, atajar al uribismo.

Pero hay cosas de la campaña uribista que no me han gustado como las mentiras sistemáticas en contra del gobierno y del proceso de paz de La Habana. No es que yo crea en el proceso de paz en La Habana. Ya antes me había expresado en que no creo que el gobierno de Santos sea el interlocutor ideal de parte de la ciudadanía y la institucionalidad colombiana. Pero una cosa es expresar opiniones, opiniones informadas y hechos basados en evidencia y otra muy distinta es armar hombres de paja y hacer insinuaciones francamente mentirosas como decir que Santos y Timochenco están entregando el país al Castro-chavismo, o jugar a ser la víctima de una conspiración del gobierno que tiene las mismas evidencias que las armas químicas que Bush encontró en Irak.

La satanización de la oposición durante el gobierno de Uribe es otro punto al que, como pirata, me opongo. No he estudiado a fondo las propuestas de Zuluaga, pero el estilo de campaña desarrollado por Uribe y otros de sus escuderos me hacen ver que esto es aún peor que durante su gobierno. El sistemático desconocimiento de la institucionalidad tales como no presentar pruebas a la Fiscalía de las acusaciones presentadas en contra del gobierno o anunciar que se desconocerán las elecciones por fraude del gobierno aun antes de que estas se celebrasen (hablo de la campaña, porque Zuluaga declaró en los debates que sí reconocería los resultados). La promesa de levantar la mesa de negociación en La Habana o de condicionarla a requerimientos que se sabe que las FARC no van a aceptar es otro asunto que juega en contra de Zuluaga y su campaña del uribista y derechista Centro Democrático.

Todas esas son cosas que cuentan para que no me sienta a gusto dándole mi voto a Óscar Iván Zuluaga Escobar, candidato de Centro Democrático.

Por otro lado está el candidato de gobierno, el actual presidente Juan Manuel Santos Calderón. Como con todo gobierno que conozco, Santos ha tenido aciertos y fracasos. Hay actuaciones con las que he estado de acuerdo y actuaciones en las que estoy en franco desacuerdo. Pero, en mi opinión, pesan más los desaciertos que sus logros y, particularmente, que lo que escogió como bandera de su reelección.

Santos tiene un modelo de país en su cabeza y, en muchos aspectos, comparto esa visión. Pero tiene un gran problema de fondo de creer que ese país lo va a lograr a punta de acuerdos y de quedar bien con todo el mundo porque por ese camino lo que logra es prostituir su modelo y quedar mal con todos. Logró mayorías en el congreso en lo que se conoció como la aplanadora: una pieza de maquinaria que le permitía pasar casi todos sus proyectos pero que requiere un mantenimiento enorme; lo que siempre se conoció como aceitada pero que pasó a llamarse la mermelada.

Esa forma de hacer política no es nueva de Santos. Uribe la practicó y por ello suena irónico cuando la campaña del Centro Democrático esgrime a la mermelada como estrategia anti-Santos. Sonaría irónico si no es porque los uribistas lo creen. Y Uribe practicó ese método con Zuluaga de Ministro de Hacienda. Y antes de Uribe, lo usó Pastrana, y Samper, y Gaviria, y los gobiernos anteriores a la constitución de 1991 cuando se reconocían legalmente los así llamados auxilios parlamentarios.

Y sí, Santos ha usado el presupuesto de la nación, tramitado por los congresistas, para que estos dispongan de obras para sus regiones a cambio de pasar proyectos de ley. Juan Manuel Santos ha sistemáticamente criado una clase política que actúe en masa y, aun con ello, ha sido incapaz de lograr reformas claves como la reforma a la Salud, la reforma a la Justicia y la reforma a la Educación porque en su afán de afinar su maquinaria dejó por fuera al ciudadano de a pie, a las personas que reciben la salud, la justicia y la educación y a los profesionales que las aplican.

La implementación del tratado de libre comercio con los EE.UU., negociado durante la administración de Álvaro Uribe, trajo imposiciones sobre propiedad intelectual que favorecen al gran capital estadounidense, mismo gran capital contra el que se alzó el movimiento Occupy Wall Street, y no a los productores locales de semillas o de contenidos digitales, entre otras.

Yo creo en el libre mercado, pero creo que el libre mercado debe ser libre tanto para el gran productor como para el pequeño productor y debe ser libre para el gran consumidor y para el pequeño consumidor. Un libre mercado enfocado a favorecer al gran productor sobre el pequeño consumidor es una perversión del modelo y ahí encuentro diferencias fundamentales entre lo que propone Juan Manuel Santos y lo que yo creo. (Por cierto: una evidencia más de que Santos no es castro-chavista.) La tardanza en implementar sistemas de protección al medio ambiente frente a prácticas predatorias legales (e, incluso, frente a las ilegales), hacen que Santos esté lejos de ser el presidente que quiero gobernando a mi país por cuatro años más.

Y está el tema de la paz. Por un lado se supone que Santos pretendió armar eso como un asunto de estado, no de gobierno, pero luego, pareciera que su único caballo de batalla, su única propuesta para ser reelecto, era que él, Juan Manuel Santos, era el candidato de la paz. Claramente esto era un diferenciador frente a Zuluaga y el uribismo que prometían levantar la mesa de negociación en La Habana, pero los demás candidatos apoyaban plenamente o con reservas, las conversaciones con las FARC fueron así sistemáticamente ignorados.

Mi desilusión viene de antes. De los cinco candidatos que se enfrentaron en primera vuelta todos tenían sus peros. Ninguno lograba enamorar con sus propuestas o su carisma. La candidata conservadora Marta Lucía Ramírez me pareció que representaba a una derecha más seria, pero igual estaba demasiado a la derecha para mi gusto en temas sociales. Si hay alguien a quien creo rescatable en estos momentos en el Polo Democrático es, precisamente, a su candidata Clara López. Pero no veo al Polo, todavía, con la paciencia y liderazgo de Michelle Bachelet, Lula da Silva o Dilma Rouseff, para llevar su visión dentro de un cause democrático y dentro una economía de mercado. En Enrique Peñalosa veo una coherencia en su visión de país, empañada por una serie de saltos y piruetas en su forma de hacer política. Finalmente voté por Peñalosa por el tipo de personas que lo estaban apoyando en esta última etapa, pero tanto López como Ramírez eran para mí una mucho mejor opción para darle mi voto en segunda vuelta que Santos o Zuluaga.

Pero ni Peñalosa, ni López, ni Ramírez lograron llegar a la segunda vuelta.

Mi primera reacción fue que quedaron justamente los dos por los cuales yo no votaría; y dentro de este escenario contemplé abstenerme a votar en segunda vuelta, o esa abstención velada que es ir a la urna a anular el voto. Recuerdo que en 1998 me pasó eso mismo: no confiaba ni en Horacio Serpa ni en Andrés Pastrana y consideré seriamente anular mi voto, pero una vez en el cubículo de votación marqué sólo la casilla de Pastrana y deposité ese voto así.

Esa fue mi sensación durante el resto del domingo y el lunes.

El lunes, adicionalmente, sentí en redes sociales esa sensación de que me obligaban moralmente a votar por Santos para atajar a Uribe. Muchos a querer disfrazar o justificar su voto por Santos como un voto por la Paz. Dentro de mi duelo de no tener una buena opción para votar el 15 de junio próximo, me resentí a ese tipo de manipulación. Particularmente porque ni soy antiuribista, ni creo que Santos sea la Paz.

Pero, la verdad, las elecciones de segunda vuelta presidencial no se tratan de buscar un candidato por el que sí votarías, ni escoger entre el menos malo. Se trata de terminar de definir lo que no se definió en la primera vuelta presidencial.

En la primera vuelta presidencial ya se decidió que el próximo presidente de Colombia será una persona de tendencia económica neoliberal pro-gran-capital y comprometido a lograr la gobernabilidad comprando al congreso. Eso ya no está en juego y en mi opinión es un error si el Polo Democrático o la Alianza Verde pretenden lograr acuerdos programáticos con la campaña de Juan Manuel Santos a cambio de su voto. Lo peor que puede pasar es que Santos gane la segunda vuelta a costa de comprometerse con el Polo, con la Alianza Verde, con los conservadores de Marta Lucía Ramírez, con los congresistas mermelados, con Dios y con el Diablo y que ante una alianza tan disímil sea incapaz de cumplir cualquier cosa.

Esta segunda vuelta es para decidir, entre lo que ya se decidió, cuales puntos diferenciadores son los que deberían primar en el gobierno de los próximos cuatro años.

Y no votar, o anular el voto, es siempre una opción en una democracia libre.

Hoy me inclino por Juan Manuel Santos porque lo que no me ha gustado de Uribe y su campaña pesa más que lo que no me ha gustado de Santos. Porque prefiero un país donde haya paros y no uno donde la gente esté asustada de protestar contra el gobierno (y uds. ya saben que no me gustan los paros). Porque prefiero que se queme la posibilidad de una negociación de Paz en La Habana a, simplemente, levantarse de la mesa.

Pero dije: “Uribe y su campaña” pero el candidato presidencial no es Álvaro Uribe Vélez: el candidato es Óscar Iván Zuluaga Escobar. No he conocido a Zuluaga lo suficiente para realmente sentir cómo es él como persona o como futuro presidente. Si Zuluaga no es más que un títere de Uribe lo veo como una mala cosa porque sería un fusible, una oportunidad del uribismo de ser más radical aún de lo que fue porque al títere lo pueden quemar. Pero sospecho que Zuluaga no es un títere. Podría ser alguien aún más sectario que el expresidente y senador electo Uribe, alguien como Fernando Londoño Hoyos; o un clon ideológico como Andrés Felipe Arias; o podría ser, lo que creo más probable, una persona con criterio propio para tomar sus propias decisiones por fuera de la doctrina. Sospecho que Zuluaga puede ser esto último y, en ese caso, podría ver a Zuluaga como una mejor opción que Santos.

Hablo de una mejor opción no porque me sea ideológicamente afín. Ya perdí en la primera vuelta la posibilidad de tener un presidente ideológicamente afín. Sino una mejor opción de tener en el Palacio de Nariño, por los próximos cuatro años, un presidente que permita unas reglas de juego donde prime la discusión de qué es mejor para el país y no la discusión de quién gana.

Pero no conozco a Zuluaga lo suficiente, y dentro de lo que sí conozco me quedo con Santos sobre Uribe.

Sobre saber y creer

¿Qué diferencia hay entre creer y saber?  [(verdades{conocimiento)creencias}] Según cierto diagrama que he visto circular lo que sabemos (conocimiento) no es más que la intersección entre lo que creemos (creencia) y lo que es (verdades o realidad).  El diagrama parece útil para definir conocimiento pero es inútil para ponerlo en práctica porque desde nuestra perspectiva del mundo no hay forma de saber qué de lo que creemos corresponde a la realidad y qué no.  Al menos no en los niveles más profundos del razonamiento sobre la existencia.

¿Existe la realidad?  Bueno, está ahí, la podemos percibir: es tangible.  ¿Cuál es la naturaleza de tal realidad?  Lo que un físico teórico nos dice sobre el mundo desde su disciplina, lo que nos dice sobre el espacio y el tiempo, sobre el mundo de lo muy pequeño (mecánica cuántica) y lo muy grande (cosmología) es bien distinto de lo que nuestra percepción inmediata nos muestra.  Lo que percibimos como un objeto sólido sería una colección de partículas subatómicas en constante movilidad que en conjunto reaccionan con las partículas subatómicas que reconocemos como nuestro cuerpo.  Si algo pasa después de nuestro presente es algo que pasa en el futuro, pero un observador en adecuado movimiento podrá ver que ese futuro ya existía cuando ocurrió nuestro presente.  El tiempo, dentro de la realidad de un físico teórico, es diferente al tiempo de nuestra experiencia.  Nuestro sentido común nos ayuda a vivir a cierta escala, pero no nos ayuda a entender el universo tal cual lo conocemos a otras escalas.

[Belleza americana] Pero no necesitamos entrar a la minucias de la física teórica.  Basta con ver nuestros propios sueños.  Durante la ensoñación nuestra mente vive una realidad distinta a la que conocemos como la realidad cuando estamos despiertos.  Pero no lo sabemos.  Durante la ensoñación nuestra mente está atrapada percibiendo impulsos de otras partes del cerebro (visión netamente materialista) o de otro tipo de realidades (visión espiritualista) y normalmente ante la duda cualquier prueba ingenua de determinar si estamos soñando o estamos despiertos nos dirá que estamos despiertos.  A veces despertamos y recordamos el sueño y descubrimos lo absurdo que era o algo que nos debió haber dado una pista de que era un sueño y no la realidad.  Pistas como la ausencia de color o de olores, o de la presión de la gravedad sobre nuestros cuerpos.

[Inception Totem] Pero durante el sueño no nos percatábamos de esas pruebas.  Donde surge nuestra pregunta: ¿y si lo que conocemos como realidad cuando estamos en vigila no es más que otro sueño en el que creemos estar despiertos? ¿Cómo podremos saberlo? ¿Cómo sabemos que no somos una simulación en un supercomputador? [The Matrix] ¿Cómo sabemos que no somos entes inconscientes conectados a una matriz?

El solipsismo es la creencia o conjetura de que la realidad no existe, pero dudo mucho que la mayor parte de las personas que alguna vez hayamos esgrimido el argumento solipsista guardemos la convicción de que la realidad efectivamente no existe.  El verdadero peso del argumento no está en creer en el solipsismo sino en reconocer que no hay una forma completamente certera de saber que la realidad existe.  Reconocer esto nos lleva a pensar que definir al conocimiento como el conjunto que creencias que tenemos y que sí corresponde a la realidad es una definición inútil.

René Descartes lo llamaba la duda metódica.  El sabía que nuestros sentidos son falibles.  Si tengo mi mano derecha entre agua halada y la izquierda entre agua hirviendo y tras un rato paso ambas a un recipiente de agua tibia, mi mano derecha me reportará que el agua está caliente y la izquierda nos dirá que está fría.  Existen visiones, alucinaciones, errores, prejuicios y muchos otros factores que obstaculizan nuestra percepción de la realidad así que debemos es usar la razón y no la experiencia como guía de qué es verdadero o falso.  Cogito ergo sum es el latinajo que mejor resume su principal y más aceptada conclusión.  Para mí es una realidad que yo existo porque soy yo quien está percibiendo, dudando, pensando.  La naturaleza de quien soy yo es otra cosa, pero yo existo.  Y en segundo lugar existe un origen de mis percepciones la cual, de acuerdo a la teoría materialista de los sueños, bien puede ser otra área de mi propia existencia, pero por el momento la llamaré realidad.  Este razonamiento no nos dice nada sobre la naturaleza de la realidad, sólo sobre su existencia.

Yo existo y la realidad existe.  Para determinar la naturaleza de la realidad y mi naturaleza el solipsismo, la duda metódica y otros mecanismos dejan de ser útiles.  [External World Excepticism] El youtubero AntiCitizenX nos presenta dos capas adicionales entre la realidad y el yo: la percepción (cómo percibo la realidad) y el lenguaje (cómo describo lo que percibo).  Creo que el modelo es adecuado.

[Longitudes de onda] Si pienso en la realidad como todo el universo (y el universo de acuerdo a las teorías modernas sobre el cosmos), lo que percibo de la realidad directa e indirectamente es apenas una fracción.  Mi visión es limitada a ciertas longitudes de onda y a la existencia de luz y objetos opacos, mi audición se limita a ciertas frecuencias y potencias, mi tacto sólo a lo que está en mi entorno inmediato, etc.  Pero además de mi experiencia inmediata poseo la habilidad de comunicarme y enriquecer mi percepción del mundo con las experiencias, alucinaciones e invenciones de otras personas que me hayan sido comunicadas directamente o a través de lecturas y documentales.

Pues bien, yo creo que la realidad existe, que esa realidad es el universo y que dentro de ese universo en una no muy impresionante galaxia, en un sistema planetario al rededor de una estrella mediana, en un pequeño planeta rocoso, existo y comparto mi existencia con miles de millones de otras personas vivas por no hablar de plantas y animales y objetos creados o no por el hombre.

No tengo forma de probar esta creencia por encima de cualquier duda filosófica, pero es tan fuerte esta convicción que podría apostar mi propia existencia a que esa es la realidad.  Al menos si no entramos en demasiados detalles.

No tengo forma de saber cuales de las cosas que creo corresponden o no a la realidad.  Puedo evaluar si lo que creo contradice o no a la realidad percibida, pero incluso un conflicto en este caso: algo que creo pero se contradice con la realidad percibida, no implica que creo algo falso sino que puede significar que no percibo correctamente la realidad.  Por ejemplo si creo que mi cuerpo y los objetos sólidos con los que interactúo no son más que colecciones de partículas subatómicas gobernadas por fuerzas y que es imposible tocar las cosas (adposición real de las partículas de un objeto con las partículas de mis dedos), eso contradice mi experiencia de tocar objetos, pero lo puedo explicar en que mi percepción de tocar no es más que una percepción útil pero desconectada de la realidad de la física de partículas.

U otra forma de verlo es que “tocar” no significa lo mismo al nivel macro de la experiencia humana que al nivel micro de la física cuántica.

Ahora bien, mi experiencia directa carece de la existencia de Neptuno como un cuerpo celeste.  He visto a Venus, a Marte, a Júpiter y a Saturno.  Por telescopio he visto las lunas galileas de Júpiter.  Desde luego he visto al Sol y a la Luna.  Pero salvo modelos, fotos en libros y en programas de televisión, nunca he tenido una vista directa de Mercurio, Urano o Neptuno, ni, desde luego, Plutón.  Pero doy suficiente credibilidad a las fuentes que me hablan de Neptuno que asumo que es una realidad.  La existencia de Neptuno está dentro de lo que estoy en capacidad de verificar por mi mismo, construyendo un telescopio (para asegurarme que no es una pantalla con gráficos generados) y apuntando a donde deba estar, pero a lo que no dedicaré mi tiempo a intentarlo.  Muchas otras cosas que creo que existen y las que no pongo en duda caen por fuera de lo que podría verificar directamente: la existencia de los átomos y las moléculas; la existencia de planetas extrasolares; la existencia de agua en otras galaxias; la existencia de personajes históricos como George Washington o Simón Bolívar; el origen de la humanidad y de nuestro sistema solar.

[Nara 奈良] He viajado en avión y conocido lugares como Estados Unidos, Europa, China, Australia y Japón.  ¿Qué garantía tengo de que no me metieron en un simulador que fue transportado una corta distancia a un lugar cercano donde actores hablaban diferente y muchas cosas se veían y olían diferente?  Ninguna.  Pero no creo que eso tenga mucho sentido que alguien haya tratado de engañarme de esa forma para que yo crea que el mundo es grande y tiene diferentes husos horarios.  El principio de la navaja de Occam me lleva a pensar que el mundo es real, que mis viajes en avión fueron reales, que esos países existen y están todos en un planeta al que llamamos Tierra, así como son reales los países que aprendí en la escuela y veo en los noticieros.

Estas son creencias que no cuestiono más allá de una especulación filosófica.  Yo existo, el mundo existe, los objetos y las personas a mi alrededor existen y usted, querido lector, existe.  Y creo que existen, que existimos, más o menos como lo percibo haciendo salvedades como qué significa “tocar” y “ver” entre lo que percibo y como una realidad modelada como física de partículas implicaría.

Por otro lado hay una serie de cosas que creo sin mayor fundamento.  Creo que es más favorable para la humanidad el progreso tecnológico dado por el conocimiento compartido que el que surge de motivaciones monopolísticas.  Ésta es una idea política que va a la par de mi ideario pirata pero ¿puedo asegurar que es verdad?  No tengo las herramientas históricas para evaluar información pasada ni los recursos económicos para hacer un experimento social a gran escala que pueda decir si mi opinión sobre la propiedad intelectual es más acertada que la de otros.  Este tipo de creencias es más una opinión que una certeza, aunque tengo bases para creer que ésta en particular es una opinión fundamentada.

¿Es mejor como política de estado propiciar el crecimiento económico para que una economía próspera beneficie a los menos afortunados? ¿O es necesario que se ayude a los menos afortunados primero, aun a costa de retrasar el crecimiento económico, para garantizar luego la masa crítica que propicie un crecimiento real?  ¿O no existe tal cosa como los menos favorecidos sino personas que tomaron decisiones y se atienen a sus consecuencias y la labor del estado no es ayudar a éstos que representan una carga social?  Lo más probable es que la opinión que usted tenga sobre estas preguntas no corresponda a una verdad verificable sino a una opinión que bien puede estar dada por su situación social y conveniencia (me conviene que el estado invierta en mí o no me conviene que el estado tome de mi plata para invertir en otros), prejuicios (desconfío de los liberales/de los conservadores), observaciones no sistemáticas generalizadas (a los pobres cuando le regalan plata se la toman / el origen de la pobreza es el impulso de los ricos de seguir acumulando), el deseo (el mundo sería más placentero si lo que creo que es verdad es verdad), etc.

No implico que toda creencia en ciencias sociales en general y en economía y política en particular carezca de convicción o no tenga bases empíricas pero sí creo que en su gran mayoría las bases empíricas para confirmar o falsear cada una de estas tesis es demasiado poca y, en algunos casos, imposible o, por lo menos, impráctica.

No es que yo carezca de convicción sobre las tesis del partido pirata, sólo que no puedo afirmarlas como verdaderas con la misma certeza con las que afirmo que soy un ser humano que convive con su familia y sus gatos y ocasionalmente escribe en un blog.

Entonces hay cosas que creemos con plena certeza y cosas que creemos por opinión.  Cosas que creemos porque las hemos experimentado de primera mano y cosas que creemos porque damos credibilidad a otras personas.  También, entre las cosas que creemos hay cosas que creemos importantes y otras que creemos triviales y cosas que creemos convencidos y creencias que reconocemos como temporales.

Cuando miro la carta de un restaurante para escoger qué voy a cenar, parte de la decisión es una creencia: ¿me sentiré más satisfecho si ordeno un bistec o si ordeno unas costillitas de cerdo?  La resolución de ese dilema es una creencia temporal.  Hoy siento que tal plato me satisfará más que tal otro.  Tal vez me equivoque en la creencia, pero es importante tomar una decisión.  Cuando estoy evaluando candidatos para votarlos en un puesto público escogeré al que creo mejor (o menos malo, o más afín ideológicamente).  Tal vez me equivoque, pero no tengo el tiempo ni los recursos empíricos para convertir esta creencia temporal en una convicción.

Lo que creemos está lleno de matices.  Entre la certeza y la mera especulación; entre la convicción y la temporalidad de la creencia; entre la importancia de estar en lo correcto y la intrascendencia del tema.  Entre la correcta descripción de la realidad (conocimiento) y la incorrecta (creencia errónea).

El problema con la correspondencia entre nuestras creencias y la realidad, reitero, es que no es falseable.  A lo más puedo corresponder mi visión del mundo (creencia) con la realidad percibida, pero no puedo asegurar que la realidad percibida sea realmente la realidad.  La única herramienta que realmente tengo es el juicio que yo puedo hacer sobre lo que yo creo y el contraste frente a lo que otros me comunican que ellos creen.

AntiCitizenX llama epistemología al valor de verdad que, a la luz de un marco filosófico, puedo dar a una proposición.  El juicio que yo puedo dar a una proposición para saber si creo que es verdadera o es falsa.

Frente a los debates que he visto últimamente con respecto a la nueva era por un lado y el presuposicionalismo apologético al otro frente al escepticismo materialista, puedo ver al menos tres posiciones epistemológicas distintas.

La epistemología sobre la cual se basa el método científico es el pragmatismo.  Una proposición es (temporalmente) verdad si usando tal proposición se obtienen resultados esperados.  El concepto de falseabilidad nos lleva a probar si una proposición temporalmente verdadera es absolutamente verdadera tratando de probar que es falsa, pero la falseabilidad no nos dice que sea absolutamente verdadera si pasa la prueba, solo que sigue siendo temporalmente verdadera.

La ciencia termina hablando de dos tipos de proposiciones: hipótesis falseables y no falseables.  Las primeras pueden ser temporalmente verdaderas o probadas falsas.  Las hipótesis no falseables, por otro lado, son irrelevantes pues no sirven para hacer predicciones.

Un pragmático que se adhiere al materialismo metafísico dirá que las proposiciones no falseables deben ser tomadas como falsas.  Primero: no tienen ningún valor pues las decisiones tomadas con base en esa creencia no tiene efectos medibles.  Segundo: tomar tales proposiciones como verdaderas nos llevan a ignorar proposiciones útiles.  [Isaac Newton] A los 27 años Isaac Newton había inventado el cálculo, formulado las leyes de la mecánica clásica y propuesto la teoría de la gravitación universal.  Corroboró que una fuerza de inverso del cuadrado de la distancia que se derivaría del principio de conservación de la materia, era compatible con el modelo de Keppler de las órbitas de los planetas.  Encontró que el modelo para múltiples cuerpos (p. ej. todo el sistema solar conocido hasta entonces) era demasiado complejo.  Determinó que el problema era irresoluble por métodos matemáticos y concluyó que Dios era necesario para garantizar la harmonía observada.  Dios solucionó el problema para Newton.  El resto de su longeva vida se dedicó a intentar destruir a Leibniz (quien probablemente inventó el cálculo independientemente al mismo tiempo que Newton, o tal vez sólo mejoró la notación), a experimentar con la alquimia y a elucubrar sobre la naturaleza de Dios, sin un solo aporte adicional a la ciencia.

Sin usar nada distinto al cálculo inventado por Newton, Lagrange resolvió el problema de las órbitas harmónicas de los planetas, sin necesidad de recurrir a una explicación externa tal como Dios.  Al introducir una hipótesis no corroborable ni falseable (Dios), Newton resolvió su problema pero no halló la solución al mismo.  El materialismo nos lleva, por lo tanto, a descartar proposiciones que no se pueden corroborar o falsear.
Pero, insisten otros, que no sea falseable no significa que sea falsa.

[El secreto] Existe una realidad más allá de lo que la ciencia puede probar.  Los presuposicionalistas dirán que tal realidad es Dios.  Los esotéricos encontrarán otras posibles verdades tales como El secreto o la Ciencia Espiritual.  Los conspiranoicos insistirán en que el materialismo no es más que una invención de los illuminati para convencernos de esa conspiración llamada ciencia.

[Ken Ham] En la epistemología esotérica, el valor de verdad de una preposición está determinado por la paz mental interior que siente la persona que la observa.  Para un creacionista como Ken Ham la epistemología se reduce a la biblia: ante una contradicción entre el mundo observado y la biblia la biblia siempre tiene la razón y hay que refinar la observación o la hipótesis para que sea conforme a la biblia.

[Sye Ten Bruggencate]

How do you know?

El presuposiocionalismo, o al menos la versión bastardizada del mismo que formula Sye Ten Bruggencate parte de que el único conocimiento posible parte de Dios y que éste es absoluto, conocible únicamente por revelación y todo lo demás que digamos conocer (incluyendo aquello que conocemos por la observación y que contradice aspectos de cierto dios cristiano) es una prueba de Dios (entendiendo por Dios al dios cristiano).

Ninguna de estas epistemologías alternas, sin embargo, muestra el nivel de resultados que muestra la epistemología pragmática.

La ciencia nos ha llevado a la luna.  La fe nos llevará al cielo.  Salvo que no hay evidencia alguna de que exista algo llamado cielo a donde vayan nuestras almas al morir nuestros cuerpos, como tampoco hay evidencia de la existencia de almas por fuera de nuestros cuerpos.  Ni de almas que migren de persona en persona en procesos de reencarnacion, ni almas que abandones nuestros cuerpos mientras dormimos, ni de ninguna interpretación dual de un alma separada de nuestros cuerpos.

Blaise Pascal nos decía que no perdíamos nada con la fe, pues si la hipótesis materialista es real, entonces creyentes y ateos sufrirán la misma suerte después de muertos, pero si la hipótesis cristiana es real los ateos estamos arriesgando una condena eterna.  Pero eso es una falsa dicotomía.  El cristianismo no es la única alternativa al materialismo.  El karma reencarnado de ciertas ideologías orientales dan más peso a nuestros actos en vida para que nuestras almas migrantes avancen que a nuestras creencias.  Si esta hipótesis fuera cierta el cristiano que pide perdón de sus crímenes a un dios inexistente reencarnará en un ser inferior por no haber reparado con las víctimas sus crímenes, mientras que el ateo que busca una vida justa se verá recompensado aún sin haber creído, o muchas otras visiones del mundo nos darán diferentes versiones que cual será la mejor apuesta.

¿Será mejor buscar la paz mental propia aún a costa de nuestra salud y del bienestar de todos los demás?  ¿O buscar el cielo y hacer lo posible por no ir al infierno?  ¿U obrar lo mejor posible para ser recompensados con una mejor vida cuando reencarnemos?  ¿O dejo que mi empatía dicte el curso de lo que considero lo mejor para mis semejantes independientemente de mis consecuencias personales?  ¿Qué sistema de creencias me ayudará mejor a buscar mis propios objetivos?  ¿Qué epistemología me llevará a discernir qué es verdad o no de acuerdo a estos objetivos?

Y, finalmente, ¿si logro mis objetivos aun cuando lo que creí cierto era realmente falso, fue importante insistir en que mi verdad era la verdad?

Y la pregunta más importante de todas: en una pelea entre Hulk y Gokú ¿quién gana? [Goku vs Hulk]

Presuponiendo morales

En una de las discusiones que encontré por Internet alguien hacía la siguiente pregunta: ¿Hay alguna razón por la cuál es moralmente malo levantar a un bebé de su cuna, violarlo y luego estamparlo contra el piso hasta reventarle la cabeza? Quien proponía la pregunta luego argumentaba que si la respuesta es eso probaba la existencia de Dios, si la respuesta es no quien así respondiera necesitaba ser internado en un manicomio.

Existe toda una línea de la apologética cristiana que clama que todo lo existente, material o inmaterial, es creado por Dios. El universo, es decir el espacio, el tiempo y todo lo material, es creado por Dios, pero también el conocimiento, la moral (absoluta), el amor y, en general, las cosas inmateriales. La gran mayoría de seres humanos que vivimos en nuestras sociedades modernas sentiremos repulsión por la idea presentada de violar y matar brutalmente a un bebé. Los pocos que no sienten esa repulsión son los psicópatas, aunque muchos psicópatas sabrán reconocer que si bien ellos no sienten que la situación está mal, la pedofilia y el infanticidio no es socialmente aceptado. La mayor parte de los psicópatas no se convierten en asesinos en serie, pedófilos o infanticidas.

La pregunta, sin embargo, no es si sentimos repulsión sino si podemos establecer una línea lógica de pensamiento para decir porqué violar y asesinar brutalmente a un infante está mal.

Si dentro de nuestra visión del mundo, si dentro de nuestra filosofía de las cosas, no podemos establecer una línea lógica para condenar la pedofilia y el infanticidio entonces eso implica, según el apologista, que nuestra visión del mundo está equivocada y que la razón de que (casi) todos sienten repulsión por la imagen mental descrita en la premisa es porque tenemos una moral innata que es parte de la moral objetiva que sólo tiene un origen: el creador de todo lo que existe, incluyendo la moral.

No conozco mucho sobre las visiones del mundo de las filosofías orientales como el budismo zen, por lo tanto no podré establecer qué línea de pensamiento pueda llevar a un seguidor de la mística oriental a rechazar este tipo de pedofilia e infanticidio descritos. Me enfocaré en lo que estoy más familiarizado: el humanismo cristiano v/s el humanismo secular. Algún apologista podría aquí hablar de cristianismo v/s ateísmo/agnosticismo, pero eso es una simplificación: hay corrientes dentro del cristianismo que se apartan del humanismo como la Iglesia Bautista de Westboro (Westboro Babtist Church) que claramente están divorciadas del humanismo, pero si bien ellos son un caso extremo no son un caso único. Por otro lado el humanismo secular ni es seguido por todos los no creyentes, ni es restringido a no creyentes.

El humanismo cristiano se enfoca en el ejemplo y las enseñanzas de Jesucristo como guía moral para respetar y ayudar a los demás seres humanos. Entiende que de las tres virtudes teologales: fé, esperanza y caridad, la caridad es una pieza clave en cómo debemos relacionarnos con las demás personas. Debemos desprendernos de lo material con el objetivo de ayudar a otros, y parábolas como la del buen samaritano o la orden de Jesús de que hagamos a los demás como queramos que nos traten son fundamentales en esta concepción del mundo. Muchas versiones del cristianismo evangélico prefiere enfocarse en la virtud teologal de la fe y en la salvación personal por medio de una relación personal con Jesús, lo que los aparta de un sentido más humanista. El cristianismo en el que me crié y el que aprendí en la escuela hace, sin embargo, mayor énfasis en los valores humanistas pero, clamaba, el verdadero humanismo sólo puede existir desde el cristianismo.

El humanismo cristiano, si bien parte de la caridad cristiana, no se queda ahí. El humanismo tiene sus orígenes en el renacimiento y en gran medida como oposición al papel de la iglesia. El humanismo pone al ser humano como primer punto de la agenda ideológica, pero al dársele una lectura cristiana se encuentra que las enseñanzas de Jesús sustentan el amor a nuestros semejantes. El cristianismo, al menos algunas vertientes del cristianismo, fue adoptando lo que los pensadores humanistas fueron produciendo y lo leyeron desde la biblia y lo adaptaron.

El humanismo secular, por su parte, pone al ser humano como primer punto de la agenda ideológica independiente de las iglesias y confesiones religiosas. La política debe hacerse pensando en las personas, no en los dioses.

Entonces, ahora, desde el humanismo secular debo explicar porqué violar a un bebé y asesinarlo brutalmente está mal. Hay algo que parece casi tautológico: si lo que el humanismo quiere es el bienestar de cada ser humano, claramente causar sufrimiento y muerte a un pequeño ser humano está mal. Pero “claramente” no es un argumento lógico.

Es aquí a dónde recurro a tres pensadores, a tres líneas filosóficas, que pueden dar luz sobre que es justificable o no.

Emanuel Kant pensando sobre el problema de la moral, llega a la conclusión que es un imperativo categórico que los seres humanos no debemos ser medios sino fines. Está mal utilizar a otras personas como medios para un fin, y desde esta perspectiva no hay nada que justifique la cruel violación y brutal asesinato del bebé de nuestro ejemplo. La violación y el asesinato son ofensas máximas contra la integridad de un ser humano, en este caso un bebé, y categóricamente está mal. La línea de pensamiento que elabora Kant no requiere como punto de partida que Dios nos haya dictado que ofender a otros seres humanos esté mal.

De los tiempos de Kant pasamos a nuestros días a una de las figuras que fue incluída entre los así llamados los cuatro jinetes del nuevo ateísmo: Sam Harris. Harris pretende establecer las bases de la existencia de una moral objetiva que no requiera a Dios como punto de partida. Si observamos la naturaleza podemos ver cosas crueles estrellas que explotan o una manada de leones dando muerte a un búfalo, pero no podemos decir que eso es moralmente reprobable porque ni las estrellas, ni los leones ni los búfalos tienen conciencia. Sólo cuando las interacciones involucran personas es que podemos hablar de bien o de mal en términos morales y esto nos da una base lógica para construir una moralidad que Harris resume en buscar el mayor bienestar a los seres racionales. Nuestro bebé de marras como ser racional o miembro de la única especie de seres racionales que conocemos debe ser preservado del daño (falta de bienestar) que nuestro pedófilo infanticida le infligiría.

Peter Singer, otro contemporáneo nuestro, subscribe una escuela llamada personalismo. Extiende el concepto de persona a todo ser que es capaz de sentir y tener aunque sea una rudimentaria conciencia de sí mismo, aunque admite grados de personeidad. Un bebé es menos persona (aunque sí una persona) que un adulto. Los leones y los búfalos tienen algún rango de personeidad. A diferencia de Harris, Singer no se enfoca en maximizar el bienestar sino en reducir el sufrimiento en la capacidad en la que podamos entender el sufrimiento de los demás. Por ello está mal que los seres humanos matemos a un toro para divertirnos así el toro sufra lo mismo que el búfalo atacado por las leonas: el torero puede entender el sufrimiento del toro, las leonas no. El perpetrador el ejemplo puede entender el sufrimiento del bebé por sus actos crueles (si es un psicópata puede entender el sufrimiento, así no sienta empatía con el mismo) y eso nos da una base lógica para concluir que ese comportamiento es moralmente inaceptable.

Tres puntos de vista, completamente seculares, nos llevan a una conclusión lógica de porqué está mal la situación planteada en la pregunta. Ninguna de estas argumentaciones lógicas requieren a Dios. Desde luego, son puntos de vista que parten de premisas (los humanos no somos medios sino fines, hay que maximizar bienestar de los seres racionales o minimizar el sufrimiento de las personas) que no son necesariamente autoevidentes y aquí podrá saltar nuestro apologista para indicar que las premisas son creación de Dios.

Entonces entro a analizar el caso de Dios.

Dice nuestro apologista: si existe una moral objetiva, eso significa que hay un estándar y que hay reglas; si hay un estándar implica un plan; y las reglas un plan no surgen espontáneamente sino que requieren de un hacedor de reglas, de un planeador, y ese planeador es Dios.

Si consideramos, por ello, que la respuesta a la pregunta planteada es sí, estamos aceptando la línea de pensamiento que nos lleva a Dios. Pero esta línea sólo sucede en la cabeza de nuesto apologista y de las personas que piensan como él. Kant, Harris y Singer proponen estándares que no implican un plan. La premisa de que un estándar implica un plan es una proposición que necesita ser probada o verificada. En cuanto a las reglas, éstas pueden ser bien como las leyes de la física: proposiciones que resumen una observación en términos matemáticos y nos permiten predecir eventos y observaciones futuras, o bien corolarios del estandar, deducidos, más que dictados.

Considerar que una moral objetiva implica a Dios es partir de la premisa de que una moral objetiva es el resultado de Dios: una petición de principio.

Pero dentro del humanismo secular, las posiciones de Kant, Harris o Singer (y probablemente muchos otros pensadores que ignoro) no son las únicas. Muchos afirman que no hay tal cosa como una moral objetiva.

La palabra moral viene del latín mores que significa costumbre. La moral no es más que un acuerdo, una construcción social. Lo que consideramos moralmente bueno o malo es lo que aprendemos como tal inmersos en una sociedad donde nuestros padres y otros adultos nos dicen qué es y qué no es aceptable y dónde deducimos por nuestra cuenta del comportamientos y la costumbres de los otros qué es permitido y qué no. Luego podemos estudiar y adquirir una filosofía de la vida que nos lleve a establecer nuestros propios juicios sobre qué está mal y qué esta bien.

Un elemento importante en nuestra construcción de una moral personal es la empatía. El origen de la empatía en el 99% de los seres humanos (y de la falta de empatía de ese 1% que son los psicópatas), puede explicarse desde la teoría de la evolución en caso de que alguien quiera argumentar que la empatía tiene origen divino.

La empatía es lo que nos permite reconocer el sufrimiento de otros manifestándose como un sufrimiento propio y reconocer la felicidad de otros y poder compartir esa felicidad así no seamos beneficiarios de lo que la haya causado.

En nuestra sociedad actual la gente normal no viola niños y mucho menos bebés. La violación en sí misma es anormal pero aún dentro de esa anormalidad la violación de infantes es más anormal aún. Aun donde no sea tan anormal es ilegal. El asesinato, y más el asesinato de infantes, es anormal e ilegal en nuestras sociedades. Eso nos lleva a todos los que no somos psicópatas e incluso a la mayoría de los no psicópatas, a responder sí a la pregunta inicial: está mal. Los no psicópatas tenemos una razón más para decir que está mal, la razón por la cual sentimos repulsión sólo ante la imagen mental que plantea la pregunta: nuestra empatía con la víctima.

Pero si esta tesis es cierta: si es cierto que la moral es relativa a la sociedad, deberíamos ver ejemplos de sociedades donde la pedofilia y el infanticidio sean aceptados o incluso considerados moralmente bien. Para la violación de bebés no se me ocurre ni conozco una justificación pero sí para el infanticidio: en sociedades donde la lucha por la supervivencia es cruel, un pequeño infante puede llegar a ser más una carga que una ayuda y por lo tanto es sacrificable en ciertas condiciones. Los espartanos que abandonaban a sus bebés si estos nacían con algún defecto, los esquimales que mataban al primer nacido si se trataba de una hembra, las familias que huyen de las sequías en el Cuerno de África dejando atrás a los hijos menores para aumentar la probabilidad de que el mayor sobreviva (la alternativa no es salvar al menor sino asegurar que todos mueren). Tan espantosos como nos puedan sonar los casos, dentro de la moral y las condiciones de supervivencia de esas sociedades ese sacrificio es no sólo aceptable sino que es lo correcto.

Ahora, el reconocimiento de la existencia de morales relativas no implica que no pueda existir una moral objetiva. Quienes creen en la existencia de una moral objetiva ven a las morales relativas como aproximaciones a la moral real y objetiva, y las variaciones y desviaciones son o bien malas costumbres que deben extirparse o el reconocimiento a casos extremos (p. ej. el infanticidio como sacrificio para la supervivencia).

El principal inconveniente con considerar a Dios como fuente de la única y verdadera moral objetiva es que no podemos saber cual es el estándar, cuáles son las reglas. Si la moral es innata y plantada por el Creador en cada uno de nosotros no veríamos tantas morales relativas. Si todos tenemos la verdadera y única moral y las morales relativas son perversiones (la idea de Rousseau de que todos nacemos buenos y la sociedad nos corrompe), nos enfrentamos al problema de lo único que podemos deducir se deriva de todas esas morales relativas corruptas.

¿Está esa única y verdadera moral objetiva en la Biblia?

Pues respecto a la pregunta que inicia esta disertación la Biblia dice absolutamente nada. La Biblia no dice nada a favor o en contra de la pedofilia. No condena a la violación de mujeres solteras (sólo ordena que el violador repare a la víctima desposándola) mientras que la violación de mujeres casadas cae dentro de la prohibición del adulterio, pero nada específico con respecto a violar bebés. Fuera del mandamiento de “no matarás” la Biblia no prohíbe asesinar bebés mientras que por otro lado en el libro de Josué ordena matar a los infantes de las ciudades enemigas caídas.

Tal vez sí exista un dios creador de todo lo visible y lo invisible, de lo material y lo inmaterial, y dentro de lo inmaterial haya creado el libro de reglas de la única y verdadera moral objetiva. Pero si no conocemos esa tal moral objetiva es lo mismo que si no existiera y tuviéramos que describir nuestro propio estándar para definirla (como Kant, Harris y Singer), o creer que sólo las morales relativas existen.

Para cualquier efecto práctico, responder a la pregunta planteada no implica un dios, y responder no no nos convierte en psicópatas peligrosos sino en el reconocimiento que así el escenario nos cause repulsión no debemos responder desde nuestros propios prejuicios.

Materialismo apático

[La creación de Adán] En mi anterior post sobre mi viaje personal en cuestiones de fe explicaba el papel que el creacionismo de tierra joven jugó en el descubrimiento de mi posición filosófica frente a la religión. Paradójico en mi caso es que la versión de cristianismo en la cual fui criado es una versión abierta a la ciencia, motivo por el cual nunca hubo una crisis personal en mí entre tener que aceptar la realidad científica por un lado y la fe cristiana por el otro. Pero la sola exposición de esa otra versión de cristianismo me hizo concentrarme en un debate en el cual mis conclusiones personales no fueron favorables a la catequesis.

Bible BeltDesde los años 1960 en el cinturón bíblico de los EE.UU. hubo un resurgimiento del cristianismo evangélico, una versión del cristianismo de origen protestante basada en la experiencia personal de aceptación de Jesús, la lectura de la biblia, y la guía de figuras carismáticas que sirven como pastores o evangelistas. Hay un par de versículos en la biblia, cuya cita no recuerdo ni me interesa, que dicen que si la escritura (la biblia), o la palabra (Jesús) no es confiable en términos del mundo real, no sería confiable en términos de fe.

La ciencia moderna, sin embargo, contradice muchas de las cosas que figuran en la biblia tales como una tierra plana en el centro del universo y un firmamento de agua bajo el cual giran el sol, la luna y las estrellas. Muchas de las grandes iglesias cristianas, incluida la Iglesia Católica, la Iglesia Anglicana y varias de las grandes denominaciones protestantes, han concluido que la base de la revelación cristiana no está en una lectura literal de la biblia. Que la biblia es inefable como documento teológico y no debe ser tomado como un texto de ciencia o de historia.

Dentro del cristianismo evangélico (que muchas veces rechaza el término “evangélico” para denominarse simplemente “cristianismo” como si las demás corrientes cristianas no fueran lo verdadero) surgen ideólogos que comparten otra visión. La aparente contradicción entre la biblia y la ciencia es el resultado de una comunidad científica que se ha alejado de Dios por culpa de la arrogancia de sus miembros y la guía de figuras satánicas como Charles Darwin.

En conclusión, el creacionismo de tierra joven, de origen evangélico pero que ha trascendido a otras denominaciones cristianas, incluidos sectores “conservadores” del catolicismo, y del judaísmo se ha puesto a la tarea de crear su propia ciencia, teniendo entre sus más notables exponentes a Ken Ham de Answers in Genesis y Kent Hovind.

Kent Hovind

Ken Ham

La ciencia promocionada por Ham, Hovind y demás líderes de la tierra joven, es contraria al consenso científico en física, astrofísica, cosmología, geología, paleontología, antropología, biología y casi cualquier otra rama de la ciencia; aunque, desde su punto de vista todo a lo que se oponen lo enmarcan dentro del nombre de evolucionismo o darwinismo. Darwin y su legado es el principal escollo a vencer, y por ello el debate que pretenden entablar se suele titular como “creación v/s evolución”.

La comunidad científica no guarda mayor respeto por lo que la ciencia creacionista propone; así como tampoco considera científicas las hipotesis de la astrología, el espiritismo, la ufología, la dianética, la homeopatía y muchas otras propuestas que normalmente enmarcan bajo el título de pseudociencia.

Pero ¿qué es la ciencia?

La ciencia es, principalmente, un método. La ciencia consiste en formular hipótesis que tratan de describir cómo funciona el mundo. Estas hipótesis deben estar basadas en observaciones. Estas hipótesis deben permitir hacer predicciones. Estas hipótesis deben ser falsables, esto es que sobre las predicciones, existen resultados sujetos a prueba que pueden corroborar falsa la hipótesis. Si los resultados de las pruebas de laboratorio u observaciones posteriores para probar las predicciones no contradicen la hipótesis y no hay otras hipótesis falsables y probadas que expliquen mejor el fenómeno, la hipótesis es reconocida por la comunidad científica como una teoría. La teoría está abierta, sin embargo, a que más adelante nuevos datos, nuevas observaciones y nuevas hipótesis contradigan o mejoren la teoría.

Existen mecanismos tales como la revisión por pares y requisitos de publicación a las que deben someterse las teorías científicas antes de ser aceptadas como tales.

Las pseudociencias se escapan de este método, estableciendo hipótesis no falsables y evitando el escrutinio de la comunidad científica, casi siempre bajo la excusa de que la comunidad científica es una comunidad cerrada a ideas poco convencionales, contaminada por ideas fijas (como el darwinismo, según los creacionistas de tierra joven), arrogante frente a la disidencia.

Las ciencias, y particularmente las ciencia naturales, tienen bajo su base de trabajo lo que se conoce como naturalismo o materialismo científico. El materialismo científico es una limitación del alcance de las ciencias naturales. Básicamente significa que las ciencias sólo se ocupan del mundo material ofreciendo respuestas sobre el mundo material.

Las ciencias sociales tratan sobre el hombre y dada las complejidades de las interacciones humanas y la dificultad de predicciones, algunos científicos catalogan a la economía, la psicología y otras ciencias sociales como pseudociencias.

Otro tipo de ciencias, como las ciencias formales tales como la matemática y la lógica, por ejemplo no nos dicen mucho sobre el mundo material, pero ofrecen un lenguaje con el cual se puede describir, entre otras cosas, las ciencias naturales.

La filosofía no es una ciencia. Parte de la filosofía es una metaciencia que valida lo que es el conocimiento y a la ciencia y su método como una respuesta a qué es la verdad sobre el mundo material, pero abarca más elementos de la existencia humana como la validación o no de la política, la ética y la práctica humana.

conocimientoEn un diagrama que vi en la escuela, mostraban a la teología como una capa superior a la filosofía, una justificación trascendental de que el conocimiento humano: filosofía, ciencias naturales y formales y las prácticas humanas son válidos por provenir de Dios, pero esta es una visión claramente teísta y como tal no sería compartible con personas que tienen otra idea sobre el sentir, práctica y filosofía religiosos.

Regresando a las ciencias naturales, el materialismo científico considera que todo lo no material, por ejemplo lo sobrenatural, es irrelevante para la ciencia pues no agrega nada al conocimiento científico. Una explicación no falsable sobre la causa o propósito último de un fenómeno no permite una mejor comprensión sobre el cómo, que es de lo que trata la ciencia.

Hace 400 años, cuando el método científico empezaba a desarrollarse, aun eran muchas las cosas que la ciencia no podía explicar y esto dejaba un gran espacio a la teología para justificar una intervención directa de Dios como causa próxima de muchos fenómenos, pero a medida que el conocimiento científico se ha desarrollado gran parte de ese espacio se ha venido cerrando. Newton, uno de los más grandes científicos de todos los tiempos, no pudo resolver el problema de la estabilidad del sistema solar y apeló a Dios como la mano invisible que permitía que todo funcionara y a los 36 años dejó de pensar en el problema para dedicarse a la alquimia y la meditación metafísica. Cien años después y usando las mismas fórmulas y la misma matemática que desarrolló Newton, Laplace completó el problema sin necesidad de recurrir a la hipótesis de Dios.

La cada vez menor intervención de una causa divina como explicación del mundo material ha desarrollado una visión que podemos llamar naturalismo o materialismo filosófico o materialismo metafísico.

El materialismo científico nos dice que la ciencia sólo establece verdades sobre el mundo natural apelando a explicaciones naturales. El materialismo filosófico nos dice que no existe nada más que el mundo natural. Como la hipótesis de Dios no tiene poder explicativo, entonces se descarta la existencia de Dios.

Hasta donde tengo entendido Charles Darwin no se adhirió al materialismo filosófico y adoptó el termino acuñado por su amigo Thomas Henry Huxley de agnosticismo para describir su visión personal. El principal exponente de la evolución darwiniana en la actualidad: Richard Dawkins, sí es un adherente del materialismo filosófico. Claramente el materialismo filosófico lleva a una conclusión: Dios no existe. Todo lo que esté por fuera del mundo natural, todo lo que no tenga un efecto cuantificable sobre el mundo natural no existe y un concepto sobre un dios o un conjunto de deidades que no sean falsables ni medibles no tienen efectos cuantificables sobre el mundo material.

Hay, sin embargo, dos falacias a evitar. La primera es obvia: el materialismo científico no es equivalente al materialismo filosófico. El materialismo científico habla sobre los alcances y los límites de las ciencias naturales (y probablemente de las ciencias sociales), pero no nos dice nada sobre lo trascendente, y ello da lugar a que personas de distintos credos religiosos puedan hacer ciencia de verdad, salvo que sus propios principios religiosos se lo impidan. El materialismo filosófico niega la trascendencia.

La otra falacia consiste en creer que si bien el materialismo filosófico lleva al ateísmo, el ateísmo se base en el materialismo filosófico.

El ateísmo es simplemente la falta de creencia en la existencia de deidades en general y de Dios en particular. Una de las manifestaciones de la falta de creencia es la negación de la existencia. La afirmación de que Dios y las deidades no existen. Y una de las razones para llegar a esta negación es la adherencia al materialismo filosófico. Sin embargo podría negarse la existencia de Dios sin necesitad de adoptar el materialismo; bien sea por rebeldía, creencia en algo distinto a deidades teístas como el panteísmo, falta de exposición a la hipótesis de deidades, etc.

Otra manifestación de la falta de creencia en Dios o en deidades es simplemente falta de creencia. No se niega a Dios, simplemente no se requiere asumir su existencia. No necesariamente el materialismo filosófico lleva a una negación de Dios, porque si bien declara que lo que está por fuera del mundo material no existe, podría aceptarse que eventualmente logre demostrarse por medio de hipótesis explicativas y falsables que hay atributos de Dios con efectos predictivos y cuantificables en el mundo material. Simplemente que mientras tal evidencia aparezca, la posición más razonable, para los adherentes de esta doctrina, es no creer en la existencia de deidades o de Dios.

Pero también hay muchas otras razones para carecer de una creencia en la existencia de Dios, además del materialismo. Se puede ser simplemente irreligioso. Una persona que no ha sido criada dentro de dogmas religiosos podría no adoptar una idea sobre la existencia de seres supremos. Estoy pendiente de confirmar estudios que sugieren una predisposición a crecer con la idea de un dios, pero la observación no científica a la que he tenido acceso es que hijos de padres que no inculcan una idea de un dios parece que dejan hijos sin idea de un dios. También existe una apatía pasiva: personas que si bien han sido expuestas a la idea de un dios, no piensan en su vida diaria en ello y en la práctica no forman o han perdido la creencia en la existencia de dioses. Y está la apatía activa, entre otras muchas razones para simplemente no creer.

Es claro que la existencia del materialismo filosófico pueda ser visto por los creyentes en alguna religión como una creencia en algo. Muchos creyentes acusan al ateísmo de ser una fe religiosa. Que así como existen religiones politeístas (con varios dioses) y religiones monoteístas (con un solo dios), existen religiones ateístas (con cero dioses). Un ejemplo de una religión ateísta son ciertas vertientes del budismo. Otro ejemplo, aseguran algunos creyentes, es el materialismo. El ateísmo derivado de la adherencia al materialismo filosófico sería una fe religiosa, y muchos religiosos monoteístas atacan al ateísmo como una creencia religiosa.

Pero al no distinguir el materialismo científico y el materialismo filosófico, para un grupo de creyentes la ciencia es también una manifestación de esa falsa religión que es el materialismo. El creacionismo de tierra joven es muy dado a este tipo de ataques: atacar a la ciencia materialista para tratar de imponer su propia versión de qué es la ciencia: una serie de conjeturas sobre cómo funciona el mundo ajustada a cierto tipo de interpretación literal de la biblia.

Otros muchos apologistas del cristianismo (así como de otros teísmos) [que no se unen a la doctrina de tierra joven] atacan al materialismo filosófico, en parte porque su labor es defender al cristianismo de los ataques que los materialistas filosóficos hacen a la religión. Si bien he visto a apologistas con una buena comprensión del método científico y que defienden el materialismo científico, muchos de estos apologistas son más filósofos que científicos y son dados a considerar que toda crítica a la fe desde la ciencia parte de un materialismo filosófico y no de otro tipo de objeciones.

Hasta donde entiendo William Lane Craig no se adhiere a la doctrina de tierra joven.

Muchas veces me he visto tentado a considerar a los apologistas y a los creacionistas como una misma clase de individuos y en muchas de las discusiones y debates que he observado pareciera que se confunden. Y pareciera que muchos ateos también los confunden y los cuentan en un mismo saco y por extensión a cualquier versión del cristianismo.

Personalmente creo que es una visión válida observar un método materialista en la práctica científica manteniendo una concepción religiosa sea esta teísta o no teísta. Muchas personas religiosas que hacen ciencia ven a la ciencia como el cómo, como la explicación de las causas próximas, mientras que relegan su visión religiosa a la teleología o explicación de las causas últimas. Muchos ateos reconocen que el materialismo científico no implica un materialismo filosófico y no tienen inconveniente con compartir la ciencia con colegas religiosos.

Es dentro de ciertas filosofías, como la filosofía religiosa de los creacionistas o la filosofía antireligiosa de los materialistas que la ciencia y la religión no combinan.

Pero en todas estas. ¿Dónde estoy yo?

Arriba mencionaba a la apatía activa como una de las causas de la falta de creencia en la existencia de dioses. Creo que la apatía activa es la mejor descripción de mi sentir sobre el tema.

En la ciencia Dios carece de valor explicativo como causa próxima. Si Dios o algo similar tiene sentido como causa última no es una cuestión científica. Por mucho tiempo traté de compaginar mi cristianismo con mi agnosticismo y dentro de ese diálogo mental he llegado a varias conclusiones, muchas de las cuales han venido tomando forma aun después de que abandoné mi pretensión de ser cristiano.

La idea de un dios necesario como causa última requiere que yo crea en la existencia o necesidad de una causa última. Tampoco requiero de un dios como causa de una moral objetiva, ni requiero de un dios como causa epistemológica. Para mí tiene más sentido considerar a las ciencias formales como una creación humana que como una realidad trascendente que sólo podemos conocer a partir de un dios. No hay un solo motivo en mi sistema de creencias que me lleven a necesitar a un dios.

No porque yo me adhiera a la filosofía materialista. Creo que el materialismo científico es un límite y que hay muchas cosas que la ciencia no puede descartar como falsas, sólo como innecesarias. Y un dios es parte de eso. Si nuestra auto-conciencia es tan sólo un producto de nuestras mentes o se trata de algo más que opera sobre nuestras mentes, creo que no lo puede resolver la ciencia. La paradoja del cuarto chino nos dice por qué la hipótesis no es falsable. Lo que sí parece claro es que no existe un alma que opere independiente a nuestra mente y que tenga efectos sobre el mundo material.

Todo mi sistema de creencias me lleva entonces a una conclusión: la existencia de Dios me es irrelevante. No es que no haya pensado el problema. No es que no entienda el concepto. Creo incluso que hoy tengo una mejor explicación de qué es la trinidad de la que pude haber tenido cuando aún tenía una fe vaga. Y no rechazo a Dios por se trascendente o por ser trinitario, o porque me decepcioné de la teología o me decepcioné de la biblia. Simplemente no creo. No tiene sentido en mi sistema de creencias. No tiene lugar en mi concepción del mundo.

Más que un materialismo filosófico lo mío es una filosofía de materialismo apático. Lo sobrenatural me es irrelevante. Lo sobrenatural para mí son conjeturas interesantes y aun tengo un interés en los dogmas de las religiones. Pero, para mí, esos dogmas, esas mitologías, son casi indistinguibles de la ciencia ficción y de la fantasía como géneros literarios. Me interesa conjeturar lo posible. Pero separo lo posible de lo que creo que es la realidad, y la hipótesis de Dios, para mí, está en la primera parte.