Suspensión de la incredulidad y realidad secundaria

Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana…

Así comienza cada una de las películas de una de las sagas de ficción más populares del cine.  Por unas dos horas de cada una de las seis películas estamos invitados a olvidarnos de nuestro mundo, nuestros problemas e, incluso, de las leyes de la física tal cual la conocemos para sumergirnos en el mundo de los caballeros Jedi, los imperios estelares y los viajes interplanetarios.

En esos momentos la realidad no es lo que hemos aprendido en la escuela sino lo que el cineasta nos muestra.  El cineasta nos redefine el mundo.  Ese mundo ya no es una mentira sino una realidad secundaria y dentro de esa realidad secundaria sabemos que Obi Wan Kenobi le miente a Luke Skywalker cuando afirma que Darth Vader asesinó a su amigo Anakin, padre de Luke.

Sabemos que toda la historia de Luke, Obi Wan y Anakin es ficticia.  Es una creación.  Usualmente no la llamaremos una mentira tal vez porque hacemos una distinción entre contar una historia para engañar (mentira) y contar una historia para entretener (ficción).  Cuando George Lucas nos presenta esa historia no quiere hacernos creer que eso es una verdad fáctica sino que quiere que por unos instantes nos adentremos dentro de su creación y establezcamos qué es verdad y qué es mentira dentro de ese mundo.

Muchos autores se han puesto a discutir sobre si el Imperio es realmente tan malvado como el sesgo de las películas lo muestran o si no es la resistencia los verdaderos malos de la película.  Una discusión que sin duda va más allá del universo presentado por Lucas y que en últimas es una discusión sobre algo inexistente en nuestra realidad.

La Galaxia de los Sith y los Jedi existe en nuestra imaginación; así como existe la Tierra Media de J. R. R. Tolkien, o existe el Hogwarts de J. K. Rowling.  Y no sólo en la fantasía y la ciencia ficción, sino en toda obra de ficción, desde una comedia romántica hasta una telenovela.

No solo es nuestra mente capaz de suspender nuestra realidad para adentrarnos en la creación de un autor, sino que podemos hacerlo muchas veces durante un mismo período de tiempo y mantener todavía nuestra conexión con el mundo real.  Podemos seguir varias series de televisión y telenovelas que se desarrollan durante meses y al mismo tiempo leer uno o dos libros de ficción y cumplir con las obligaciones de nuestro trabajo o nuestra escuela.

¿Tiene algún beneficio esto?

Las especies más inteligentes del reino animal, como los delfines, lobos y chimpancés, son también las que presentan estructuras sociales más complejas, apartándose de un solo modelo de manada.  Los seres humanos hemos desarrollado múltiples modelos de estructura familiar y de organización social a nivel de aldea, tribu, clan, ciudad, gremio, club y nación.  Gran parte de nuestra capacidad cerebral está dedicada a entender las complejidades sociales que nos rodean.

Pero esta complejidad social la compartimos con ancestros como el Homo habilis y un caso muy significativo fue el que ocurrió en Eurasia al final de la penúltima glaciación.

El hombre de Neanderthal apareció hace unos 400.000 años.  Tenía un cerebro más grande que el nuestro y era físicamente más formidable y adaptado a los inviernos euroasiáticos.  La población euroasiática de neandertales divergió de los homínidos que poblaban África en esa época y hace unos 100.000 años hubo una catástrofe climática que devastó a casi la totalidad de la población homínida de África.

Los que sobrevivieron fueron aquellos capaces de inventar mundos mágicos e historias.  Aquellos que tuvieron esa capacidad adicional de innovar, de recrear, de pensar más allá de lo aprendido y de comunicar este pensamiento.

Tras esta cercana extinción sobrevivió lo que hoy conocemos como el hombre anatómicamente moderno: el Homo sapiens.  El hombre moderno con su capacidad de crear historias y de mantener activa su imaginación salió de África y llegó no sólo al territorio de los neandertales en Eurasia sino que eventualmente llegaría a Australia y a América.

El hombre de Cromañón, como hoy conocemos a los primeros hombres modernos que llegaron a Europa, convivió con el hombre de Neandertal, llevando finalmente a este último a la extinción justo durante la era climática que era más apta para el Homo neanderthalis.

Los neandertales eran ya suficientemente inteligentes para sobrevivir en un invierno euroasiático y más aptos físicamente que los hombres africanos que acababan de llegar.  Pero la nueva concepción del mundo potenciada por el uso de la imaginación y por la capacidad de crear y narrar historias, llevó a que fueran estos recién llegados los que sobrevivieran y se convirtieran en nosotros.

Las historias y los mitos no son mentiras cuando podemos reconocerlos como tales.  La ficción y nuestra capacidad para suspender la incredulidad y retomarla, nuestra capacidad para reconocer realidades secundarias y mantenernos en nuestra realidad primaria, ha sido una de las grandes capacidades que el hombre tuvo, no sólo con respecto a los otros animales sino con respecto a los demás homínidos.

Pero hay un riesgo.  Podemos creer tanto en una realidad secundaria que no sólo convertimos los mitos en realidades sino que rechazamos las evidencias que la realidad nos presenta en contra de ese mito.

De ciclos y reciclos

Así funciona el sistema de basuras en el edificio donde vivo: hay un shut (un tubo que va del último piso al primero con una compuerta en cada piso, dentro de un pequeño cuarto) Cada que uno llena una bolsa de basura en su apartamento lleva la bolsa (cerrada) al shut y la deja caer. Las bolsas caen así en una caneca grande. Cada vez que una caneca se llena el portero debe cambiarla por una vacía. Tres días a la semana pasa el camión de basuras y el portero tiene que sacar las canecas para que el camión se lleve el contenido. Es un proceso manual: los tripulantes del camión (tres o cuatro además del conductor) alzan las canecas y vierten el contenido dentro del camión compactador.

Antes de que pase el camión pasan los recicladores. Ellos buscan entre las bolsas entre las canecas lo que ellos consideran utilizable. Durante este procedimiento producen algo de desorden. Algunos vecinos separamos reciclaje en la casa y hay dos formas usuales de sacar las basuras reciclables: la más fácil es dejar la basura reciclable en el cuarto de la basura de cada piso, esto es el pequeño cuarto donde está el shut. La encargada del aseo del edificio tiene entonces que sacar esa basura reciclable (frascos, periódicos, etc.) y bajarlos y no estoy seguro cómo hacen para que llegue finalmente a manos de los recicladores. La otra opción (que es la que solemos usar en mi casa) es mantener el material reciclable en bolsas y cajas al lado de la puerta y los días de recolección de basuras bajamos nosotros mismos el reciclaje a la vista de los recicladores. Si igual los recicladores consideran que no es útil lo que presentamos como reciclaje, lo dejarán ahí, junto con el resto de la basura, para que los tripulantes del camión de basuras lo recojan del piso y lo echen al depósito compactador del camión.

Hasta el próximo 17 de diciembre, los camiones de basuras son operados por empresas particulares que tienen contrato con el Distrito para cubrir ciertas zonas de la ciudad. Estas empresas deben recoger la basura tres días a la semana (avisando a las comunidades qué días les corresponde por cada sector) y la llevan a un relleno sanitario, localizado en un municipio vecino a Bogotá. Como contraprestación el Distrito les paga por la cantidad de basura recolectada y este costo el Distrito lo cobra a los ciudadanos junto con la factura del servicio de Acueducto y Alcantarillado. Este pago de los ciudadanos se supone que sería proporcional al volumen de basuras generado y esta cantidad puede ser aforada para ajustar las tarifas.

El contrato de los actuales operadores venció hace un par de años, pero la administración distrital anterior no abrió licitación a tiempo y los contratos se han venido prorrogando. La administración actual de Gustavo Petro decidió que tampoco abriría licitación y que el Distrito asumiría directamente la recolección de basuras por medio de la pública Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá, en parte considerando que los operadores privados están abusando en las tarifas y no están prestando un servicio eficiente.

El modelo de negocio de los recicladores es diferente. Ellos buscan entre las basuras (y lo que algunos ciudadanos sacamos en bolsas aparte como “reciclable”) lo que les pueda ser de interés y luego lo venden como material recuperado a diversos negocios que completan el reciclaje convirtiendo el material en nuevos productos.

Ocasionalmente uno tiene que desechar productos que no caben dentro del sistema normal de basuras y reciclaje: un colchón viejo, un televisor inservible, escombros de construcción, etc. Estos tipos de desechos no los recoge el camión de la basura normalmente y es responsabilidad de quien genera estos desechos de disponer de ellos, generalmente contratando con un reciclador, con la empresa de recolección de basuras o con un tercero para que recojan el desecho y lo envíen a un centro de procesamiento o de disposición final. Muchas personas que prestan el servicio de recolección de escombros lo que hacen es tirar los escombros en espacios públicos no vigilados, lo cual está por fuera de los principios del sistema.

Los hospitales y demás instituciones que generan residuos peligrosos contratan directamente a una empresa que se encargue de la recolección de tales productos. Creo, igualmente, que si una empresa produce diariamente más basura de la que está programada por el Distrito, puede también contratar con el operador de recolección de basuras para que pase con mayor frecuencia (p. ej. diariamente). Para los usuarios domésticos, el costo de la recolección es apenas un sobrecosto de la tarifa del agua y, para efectos prácticos, es como si fuera gratis (salvo el caso mencionado de desechos extraordinarios).

Conocí, muy por encima, el sistema de recolección de basuras japonés. Ellos establecen diferentes días para recoger diferentes tipos de desechos: un día para los desechos no reciclables, otro para recolectar cartón y papel, otro para plásticos, otro para vidrios y otro para latas. Todos los desechos reciclables deben ir empacados en bolsas plásticas transparentes que se dejan en el lugar de recolección afuera del edificio. Si una bolsa contiene artículos que no corresponden al día, los recolectores la dejan ahí con una nota aclaratoria. Si un edificio no tiene un lugar de recolección central de basuras no reciclables, cada familia debe guardar la respectiva basura en su hogar hasta que sea el día de recolección.

No tengo idea de cómo sea el esquema de negocio del sistema japonés.

Esto produce, sin duda, nuevos hábitos y organización dentro del hogar. Si yo no me preocupara por el reciclaje, simplemente sacaría todos mis desechos cada vez que una bolsa de basura se llena en el apartamento y lo lanzo por el shut, sin tener que preocuparme por los días de recolección. Cuando vivía en casa con mis papás, ellos acumulaban la basura de dos o tres días y la sacaban el día de recolección. Aun recuerdo épocas, cuando la recolección la manejaba el EDIS, que el camión recolector pasaba con una campana y los vecinos salían con las canecas de basura al escuchar el camión, pero con la normalización de los horarios de recolección y el cambio en las costumbres de hogares donde ambos padres trabajan y sin servicio doméstico interno, simplemente se sacaba la basura el día acordado y se dejaba abandonada frente a la casa.

Si yo tengo que guardar mi basura no reciclable dentro de mi hogar por cuatro o siete días, tendré un incentivo para producir menos basura no reciclable. Si, igualmente, los desechos reciclables son recogidos con la misma eficiencia y organización que las basuras (y sólo me reciben el tipo de reciclaje programado para el respectivo día), tendré un incentivo más para separar basuras de reciclaje y separar los diferentes tipos de reciclaje. La idea es interesante.

¿Pero cómo funcionaría dentro de un esquema de costos y negocios?

Pensemos que el Distrito preste, directamente o subcontratando con particulares, el servicio de recolección de desechos domésticos (y oficinas y pequeñas empresas). El costo de este servicio se traslada al usuario (p. ej. como un renglón extra en la factura de acueducto) y usando un sistema similar al japonés: un día recolecta basuras no reciclables, otro día papeles y cartón, otro día plásticos reciclables, otro vidrios, otro latas, etc. Si el recolector encuentra un tipo de desecho que no corresponde al día lo deja ahí y anota para enviarle una carta al residente.

Si un hogar, una comunidad o una empresa necesita que la recolección de basuras no reciclables sea más frecuente, tendría que pagar directamente a una empresa de recolección (la empresa pública si la hay, cualquiera de las privadas oficiales, o algún tercero). Igual si produce desechos especiales. La recolección de escombros y desechos voluminosos extra se contrata también por aparte. Los hogares o empresas que dejen acumular basuras al frente serán multados (salvo que el problema sea atribuible a la empresa de recolección oficial en cuyo caso será esta la multada). Los operadores de recolección oficiales o no oficiales que no dispongan de los desechos de la forma acordada serán multados. Las empresas de recolección oficiales y cualquier particular (p. ej. una empresa de recolección no oficial) debe pagar una tarifa al operador del sitio final de disposición de basuras (p. ej. el relleno sanitario o un horno de cremación) por el volumen depositado, pero las multas por no depositar los desechos ahí serán mucho más costosas.

El negocio entre los recolectores y los centros de procesamiento de material reciclable es libre: si el centro le paga al recolector o el recolector al centro, o no hay transacción. Igual los recolectores oficiales de reciclaje reciben un pago del Distrito (de los usuarios en su pago de acueducto) por el servicio de recolección. Se esperaría que si el centro de reciclaje cobra por recibir el material cobre menos que el operador de disposición final de basuras. Igual, cualquier particular puede llevar basuras o reciclaje al centro respectivo y pagar o recibir un pago por el material entregado.

El sistema podría funcionar, pero tiene un inconveniente: no tenemos la disciplina de los japoneses.

Muchos de los actuales recicladores seguirán bajo el esquema actual: recorrer los barrios antes de que pasen los camiones recolectores y buscar lo que les parezca útil. Incluso les quedará más fácil porque lo útil ya está separado y se convierten así en una competencia ilegal a los operadores oficiales. Otros encontrarán negocio en recorrer después de los recolectores oficiales y recoger lo que estos están obligados a dejar, p. ej. recoger las latas que los recolectores de vidrios dejan. Pero este sería un problema menor en contraste con el sistema actual.

La indisciplina en los hogares es un mayor riesgo. El hogar que saca cualquier tipo de basuras sin separar y si no se la recogen la deja ahí y encima se queja de que la ciudad se está llenando de basuras. Las multas a los hogares que no colaboren puede prevenir esto en parte, pero igual muchos preferirán acumular multas sin pagar a organizarse dentro del hogar, mientras tanto la basura se acumula para alegría de perros callejeros, ratas y recicladores informales.

No tengo idea qué piense hacer Petro con su nuevo esquema de recolección de basuras y reciclaje, pero pensaría que será algo muy diferente a lo que aquí propongo.

Un monopolio privado tiende a acortar gastos e inversión, desmejorar el servicio y subir precios al público para aumentar las ganancias. Un monopolio público simplemente traslada cualquier costo extra al erario, sin incentivos para invertir o mantener un buen servicio. Cualquier esquema de ineficiencia en la prestación de un servicio no se logra con sólo cambiar un monopolio privado por uno público o viceversa. Una buena competencia ayuda a optimizar los esquemas de prestación de servicios, pero también una regulación que promueva la innovación y multe las malas prácticas. Me gusta pensar en términos de incentivos a las buenas prácticas y no una fórmula de que si un gobierno es de izquierdas cambie monopolios privados a públicos y viceversa con un gobierno neoliberal.

Enclavados en el Caribe Occidental

En 1928 y a instancias de los Estados Unidos de América quien actuó como observador, los entonces gobiernos de Nicaragua y de Colombia firmaron el tratado Esguerra-Bárcenas (más conocido en Nicaragua como Bárcenas Meneses-Esguerra).  Los derechos del mar que hoy conocemos, incluyendo el concepto de límites marinos y submarinos no existían, y como tales no fueron tratados en el acuerdo de 1928.

¿Qué dirimía el tratado?

Cuando la América Hispana era un territorio de ultramar del Reino de España, con frecuencia la metrópoli cambiaba las distintas jurisdicciones.  Por ejemplo, en 1803 consideró que San Andrés y Providencia, así como la Costa de los Mosquitos quedaban mejor protegidos si se defendían desde Cartagena que desde Guatemala aunque el gobierno civil de las islas dependiera aún de la capital centroamericana.

República de Colombia (Gran Colombia) en 1824

Tras la independencia de Hispanoamérica se buscó un principio que nunca se cumplió al pie de la letra: que las nuevas naciones americanas siguieran los límites que existían entre las colonias españolas.  En la práctica provincia por provincia y ciudad por ciudad se fueron uniendo a una u otra entidad mayor.  San Andrés y Providencia prefirieron unirse a la Constitución de Cúcuta que al Imperio de Iturbide (México y Centroamérica).

La costa de los Mosquitos era una zona selvática de mangles y pantanos.  Lejos aún de la tecnología del siglo XX, los sucesivos gobiernos de Centroamérica y Nicaragua no tenían forma de reclamar más allá de la boca del Río San Juan mientras su proyección marina estaba realmente en el Pacífico.  La Nueva Granada tampoco es que ejerciera un control real sobre esas costas.  Básicamente figuraban en el mapa y no más.  El poder real en la Mosquitía lo ejercía el Imperio Británico, delegado más tarde en el rey de los Miskitos a modo de protectorado.

Los Estados Unidos fueron poco a poco ganando poder en el Caribe definiendo a este mar como su patio trasero a expensas originalmente de la corona Británica.  Algunos empresarios y aventureros fueron más allá: empezaron a invertir en plantaciones y minas en esos pequeños países de América Central y el Caribe y Colombia y Panamá no se escaparon.  Al igual que San Andrés, Panamá siempre consideró que su adhesión a la constitución de Cúcuta y a las consiguientes constituciones de la Nueva Granada y de Colombia fueron voluntarias y varias veces amenazó con separarse, pero los intereses de Estados Unidos y su diplomacia de cañonero, impidió que en el siglo XIX estas amenazas se llevaran a cabo.  Hasta que en 1903 el gobierno de Bogotá dejó de ser favorable al interés estadounidense de obtener la Zona del Canal a perpetuidad.

“Siguiente deber del Tío Sam” 1895

El otro posible canal que pudo haberse construido en Centroamérica por esa época era pasando por Nicaragua, tomando el Río San Juan y pasando por los lagos de Nicaragua y Managua y varios empresarios estadounidenses preferían esta opción.  Aunque los empresarios de Panamá ganaron frente a los de Nicaragua, estos no perdieron el poder y siguieron influyendo en la política nicaragüense.

Desde 1894, Nicaragua había obtenido ya el control de la Mosquitía mientras que San Andrés y Providencia mantenían una unión con Colombia.  Con la disculpa de que los bolcheviques mexicanos no invadieran a Nicaragua, los EE.UU. en 1927 (quienes ya tenían el control del Canal de Panamá) ocupan militarmente a Nicaragua bajo el permiso del presidente Adolfo Díaz.

Colombia alegaba viejos títulos sobre la Costa de los Mosquitos e islas aledañas como las islas Corn y el cayo Miskitos.  En Nicaragua algunos pensaban que San Andrés y Providencia eran parte de las islas aledañas.  Para zanjar la disputa, los EE.UU. median un acuerdo firmado por los delegados de Nicaragua y Colombia José Bárcenas Meneses y Manuel Esguerra, respectivamente.  En el tratado Colombia reconocía que el territorio continental de la Costa de los Mosquitos y las islas aledañas pertenecían a Nicaragua y Nicaragua reconocía que el “Archipiélago de San Andrés y Providencia” pertenecían a Colombia.  En cuanto a los islotes intermedios se estableció el meridiano 82° occidente de Greenwich para establecer cuales islas pertenecían a Mosquitía y cuales al Archipiélago de San Andrés (así Albuquerque quedó del lado colombiano y Corn del lado nicaragüense).

Los cayos de Roncador, Quitasueño, Serrana, Serranilla, Bajo Nuevo no estaban cubiertos en el tratado porque se encontraban en poder de facto de los EE.UU., reclamados formalmente por Colombia y no por Nicaragua (y, en cualquier caso, al estar al oriente del meridiano 82° quedaban excluidos de la reclamación nicaragüense tras el tratado Esguerra-Bárcenas).

Frente al avance de la resistencia de Augusto Sandino en Nicaragua y tras las elecciones de 1932, las tropas de EE.UU. se retiran de Nicaragua.  En ese período el congreso nicaragüense, libre de cualquier injerencia de los EE.UU. ratifica nuevamente el tratado Bárcenas Meneses-Esguerra.

En 1980 el entonces presidente Daniel Ortega, tras el triunfo de la revolución Sandinista, desconoce el tratado Bárcenas Meneses-Esguerra, por considerar que Nicaragua no fue libre cuando lo firmó, por estar bajo ocupación de los EE.UU.  Para entonces el concepto de soberanía del mar ya incluía el concepto de límites marinos y Colombia proclamaba que el meridiano 82° oeste de Greenwich era el límite marino acordado entre Colombia y Nicaragua.  Con base en este límite, Colombia había resuelto a su favor la disputa con EE.UU. sobre Roncador, Quitasueño, Serrana, Serranilla y Bajo Nuevo (estos dos últimos también reclamados por Jamaica), y había establecido tratados limítrofes con Costa Rica, Panamá, Honduras y Jamaica, entre otros.

El acuerdo con Jamaica, por ejemplo, establecía una zona de régimen común (mutua explotación) alrededor de los cayos de Serranilla y Bajo Nuevo, más una zona exclusiva de Colombia en las inmediaciones de estos cayos.

El tratado con Honduras parte de la pretensión colombiana de poseer todo al oriente del meridiano 82° y la pretensión hondureña de tener todo al norte del paralelo 14°59’08” N (paralelo del Cabo Gracias a Dios, hito del límite terrestre entre Honduras y Nicaragua), se establece así el límite con el paralelo 14°59’08” desde el meridiano 82° hasta el meridiano 79°56’ donde comienza la zona común entre Colombia y Jamaica, sube hacia el norte por el 79°56’ hasta el paralelo 15°30’ donde hace un arco para reconocer la soberanía de Colombia sobre los cayos de Serranilla.  Nicaragua también desconocía el paralelo 14°59’08” pretendiendo una línea de bisección que partía de Gracias a Dios hacia el nororiente, quedando los cayos Bobel, South, Savannah y Port Royal (al norte del paralelo 15°) bajo la jurisdicción nicaragüense.  El fallo de la Corte Internacional de Justicia en 2007 determinó una línea geodésica entre Gracias a Dios y Serranilla (un punto medio entre las pretensiones de Honduras y Nicaragua), reconociendo la soberanía de Honduras sobre los cayos al norte del paralelo 15° y un mar territorial alrededor de estos cayos.

Este antecedente ya eliminaba el tratado entre Colombia y Honduras (salvo por el arco alrededor de Serranilla).

En 2007 y en respuesta a la demanda que Nicaragua instauró contra Colombia en 2001, la Corte Internacional de Justicia declaró vigente el tratado Esguerra-Bárcenas sólo en lo que respecta a ese tratado: la soberanía de Colombia sobre el archipiélago de San Andrés y Providencia, mientras se declara competente para establecer qué constituye parte del archipiélago, el estatus de los demás territorios insulares que no sean parte del archipiélago y los límites marinos y submarinos.  En este momento, el pretendido límite marino en el paralelo 82° había dejado de existir.

Ante la admisión de estos términos, la posición de Colombia fue considerar que Albuquerque, Roncador, Quitasueño, Serrana, Serranilla y Bajo Nuevo eran parte del archipiélago y que se estableciera una línea media entre las islas colombianas (p. ej. Albuquerque y Quitasueño) y las islas nicaraguénses (p. ej . Corn u Cayos Miskitos), mientras que Nicaragua pretendía una plataforma continental extendida de 350 millas náuticas, llegando a menos de 200 millas de Cartagena, y reconociendo un enclave de 12 millas náuticas de mar territorial alrededor de San Andrés, Providencia y Santa Catalina (esto hubiera dejado a San Andrés y a Providencia desconectados).

El fallo del 19 de noviembre de 2012 de la Corte Internacional de Justicia en La Haya básicamente reconoce a Albuquerque, Cayos del Sudeste y otros cayos menores como parte del archipiélago.  Roncador, Quitasueño y Serrana no son parte del archipiélago pero tienen una tradición de presencia soberana de Colombia y se ratifica.  Serranilla y Bajo Nuevo, según la Corte, nunca tuvieron un reclamo histórico real por Nicaragua (antes de 1980) y por lo tanto se reconocen colombianos.

Según la Corte, el Archipiélago de San Andrés y Providencia son parte de la plataforma continental centroamericana y por lo tanto tiene derecho a plataforma continental de 200 millas náuticas que se expanden hacia el oriente, mientras que al norte, sur y occidente entran en sobre-posición con la plataforma de Nicaragua, primando “por equidad” la plataforma nicaragüense salvo el mar territorial de 12 millas alrededor de las islas del archipiélago.  Roncador, Quitasueño y Serrana, por ser cayos y no islas, no tienen plataforma continental.  (Roncador cae dentro de la plataforma continental de Providencia así que no tiene problema.)  Se reconoce, sin embargo, el mar territorial alrededor de los cayos de Quitasueño y Serrana.

Finalmente el territorio marino de Nicaragua va hasta 200 millas náuticas de sus costas (no de sus cayos), salvo la sombra que proyecta el archipiélago de San Andrés y Providencia.  Esta limitación permite que la plataforma de San Andrés conecte con la plataforma continental sudamericana de Colombia (igualmente Bajo Nuevo queda conectada a estas plataformas por medio de la zona mixta entre Jamaica y Colombia.

En los análisis y mapas que he visto, no me queda claro qué pasó con la zona de régimen común entre Colombia y Jamaica, cuya mitad occidental estaría dentro de las 200 millas náuticas de Gracias a Dios.  Ninguno de los mapas que he visto toca esa zona pareciendo indicar que no se concede derechos a Nicaragua sobre esa zona de mar.

Personalmente me parece que el fallo de la Corte Internacional de La Haya está en derecho y en concordancia con el antecedente de 2007 entre Honduras y Nicaragua.  Hubiera preferido otro fallo, particularmente que se hubiera reconocido a Roncador, Quitasueño y a Serrana como parte del archipiélago y por consiguiente se hubiera otorgado carácter de mar interior a la zona entre estos cayos Providencia y San Andrés.  Creo que es justa la extensión de la soberanía nicaragüense sobre el Caribe salvo por esa porción que es a costa de la continuidad del mar entre Providencia y Quitasueño; bajo el supuesto, desde luego, de que sea justo dividir al mar con fronteras.

Ya Daniel Ortega declaró que no ve inconveniente en que los pescadores colombianos de San Andrés y Providencia pesquen en las aguas que ahora pertenecen de iure a Nicaragua.  Creo que es más sabio que nuestro gobierno busque normalizar relaciones y formalice estos acuerdos de paso y de explotación conjunta a que se ponga a acusar de errores a la corte y procure prolongar una batalla jurídica.

Pero cuando veo tanta indignación nacional frente a la “pérdida”, se entiende que nuestro gobierno prefiera hacer pataletas frente a la tribuna nacional que a construir el futuro.  Y seguiremos culpando al apellido Holguín por regalar territorio colombiano (así un Holguín haya logrado el reconocimiento de la península guajira como parte indisputada de Colombia).

El pueblo

Monumento a Pericles en Atenas (por Gepsimos vía Wikimedia Commons. CC-by-sa 2006)

En griego existen dos términos que suelen traducirse al español como pueblo pero trascienden a nuestro idioma como dos prefijos con significados diferentes de pueblo. Está el δῆμος (demos) y el έθνος (etnos) que hoy vemos en palabras como demografía y etnografía. No estoy seguro qué diferencia semántica tenían los griegos clásicos. En griego moderno δήμος se traduce como municipio y έθνος como nación, al menos en ciertos contextos.

La demografía es el estudio de la población en los términos generales de dimensión, estructura y evolución. La etnografía, por su lado, busca estudiar y mostrar la diversidad y diferencias en la cultura. La democracia se define como el gobierno del pueblo, entendiéndose históricamente pueblo como las personas en capacidad de decidir.

Tal vez una definición más adecuada de democracia, que incluye sus usos históricos en la antigua Grecia y las primeras democracias modernas donde sólo podían participar los varones con patrimonio mínimo (p. ej. en EE.UU. y en Colombia) sería el gobierno de los ciudadanos, aunque esto nos llevaría a elaborar sobre el término ciudadano. Digamos aquí que ciudadano es simplemente la persona que se considera suficientemente libre y responsable para decidir sobre el destino de su nación.

Romas en procesión de Santa Sara en Saintes-Maries-de-la-Mer, Francia. (por Fiore S. Barbato via Flicker, CC-by-sa 2000)

El pueblo es un conjunto. Un substantivo colectivo para designar a las personas, bien las una una generalidad como un territorio (demos) o un sentido de nación (cuna, nacimiento) común (etnos). Un país como Colombia se definió como una nación a partir de un territorio dentro del concepto de Estado-Nación que se creó en el siglo XVIII y se consolidó en el siglo XIX. Pero hay naciones sin soberanía (estado) sobre su territorio. El pueblo wayúu repartido entre Colombia y Venezuela; la nación kurda que reclama unidad y un territorio que se expande en los actuales Turquía, Iraq e Irán; el pueblo roma (gitanos) que no pretenden territorio propio y sus manifestaciones en distintos países mezclan un grado de asimilación con un hilo conductor que los hermana con los demás roma.

Pueblo, como substantivo colectivo, no tiene un término para referirse a los individuos. Otro substantivo colectivo es ciudadanía, pero ciudadanía viene de ciudadano y como tal la ciudadanía es el colectivo de individuos denominados ciudadanos.

Cuando hablamos del pueblo-nación, del etnos, el problema de la individualización no es, a mi parecer, crítico. Un individuo del pueblo kurdo es un kurdo (o una kurda). Un colombiano es el individuo del pueblo colombiano. Pueblo, en este sentido, es tanto un substantivo colectivo como un substantivo contable. Hay muchos pueblos y para cada pueblo podremos individualizar a sus constituyentes.

¿Cuál es el individuo del otro pueblo, del demos?

El inglés nos muestra un truco. Pueblo (tanto en el sentido demos como etnos) se traduce como people; y si bien alguna vez existió el plural regular de person (persona) como persons, este ha caído en desuso y people se ha convertido en el plural oficial e irregular de person. Pero pueblo no es el plural de persona y como colectivo es más un colectivo de seres humanos que un colectivo de personas. (ya alguna vez discutí sobre las diferencias entre personas y seres humanos.)

Representantes de las FARC en Hurdal (Noruega) 18 de octubre de 2012. (© Scanpix Norway, Audun Braastad) / AP via Terra)

Ayer, durante la instalación de los diálogos de paz entre el estado colombiano en cabeza del presidente Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo (Farc-ep), los voceros de las Farc insistieron muchas veces en ser o representar al pueblo. Dijeron muchas veces que ellos no atacan al pueblo y que ellos son víctimas de un estado que oprime al pueblo y que como pueblo se vieron obligados a tomar las armas y muchas otras frases donde se erigen como representantes del pueblo o simplemente se identifican como el pueblo.

Yo no podía dejar de oírlos sin preguntarme a qué pueblo se referían.

Juan Manuel Santos fue elegido con poco más de 9 millones de votos tras una participación en primera vuelta de más de 14 millones y medio de votos válidos que, con su participación, validaron las elecciones. En 2010 había casi 30 millones de ciudadanos habilitados para votar, lo que nos da una abstención algo superior al 50%.

El gobierno de Santos representa así a casi la mitad del pueblo colombiano. Casi la mitad o tal vez más de la mitad. Es difícil saber el porcentaje exacto porque el censo electoral parece que está inflado, pero no me atrevo a estimar por cuanto. Adicionalmente muchos de los que se abstienen a votar lo hacen por motivos ajenos a desconocer al estado. Pero asumamos que Santos, con el 30% de respaldo directo en las urnas y 49% de validación ciudadana sólo representa al 49% de los colombianos. Asumamos que tal vez su representación sea menor porque muchos votantes no lo hicieron libremente. Esto, en ningún momento significa que las Farc-ep representen al 51% del pueblo colombiano o mucho menos a la totalidad del pueblo colombiano.

Incluso, bajo esa interpretación maniquea que contrasta al pueblo con las clases dirigentes excluyéndolas (entiéndase por clases dirigentes a políticos, empresarios, terratenientes y cualquier persona que esté ligeramente por encima del rasero con el que se quiera definir pueblo), no hay, no existe expresión alguna de que ese pueblo haya depositado su representación en las Farc o en cualquier otro grupo alzado en armas.

Hay individuos que creen en las Farc o en su lucha. Hay, supongo, colectivos de mayor o menor tamaño que se identifican con las Farc antes que con el estado constitucional. Pero no conozco pronunciamientos que se acerquen en magnitud similar a 9 millones de individuos más o menos libres que se expresen a favor de las Farc y se identifiquen con su supuesta lucha.

Es difícil medir al pueblo y menos si insistimos en una forma vaga de usar el término pueblo. Pero en cualquier tipo de medición que se haya llevado a cabo el estado constitucional encabezado hoy por el gobierno de Santos tiene mayor respaldo que cualquier identificación que el presunto Ejército del Pueblo pueda mostrar.

Pero es muy sencillo. Si yo digo que yo no soy el pueblo al que las Farc representan ellos dirán que yo soy, represento o estoy a servicio de la oligarquía que ha oprimido al pueblo. Un personaje metafísico llamado oligarquía oprimiendo a un personaje metafísico llamado el pueblo.

Mi día de la raza

Por mis venas corre sangre amerindia.  Tal vez amerindias sean mis mitocondrias pero no estoy tan seguro.  Hace 500 años cuando los europeos llegaron a lo que hoy es Colombia los conquistadores empreñaron a las mujeres de la tierra creando generaciones de mestizos bastardos, pero más adelante, cuando la colonia se asentó, llegaron también mujeres españolas que para defender a sus hijos promovieron leyes que estratificaban las clases sociales por cuánto porcentaje de sangre india tenía cada persona.  Por pura intuición fenotípica supongo que las mitocondrias de mi padre son amerindias pero las de mi madre son españolas.

Por mis venas corre sangre africana, pero igual no puedo estar seguro de que hace 500 años mi cromosoma Y se encontraba en África o en Europa.  Mi abuelo fue un negro antillano, descendiente de los esclavos que el Imperio Británico importó a las Américas para cultivar caña de azúcar.  Pero en la historia de la esclavitud negra por los británicos hay muchos casos de hijos mulatos que se asimilaban a la población esclava y negra.  Tal vez algún inglés de apellido Thompson llamó así a sus hijos mulatos.

Por mis venas corre sangre española.  España como unidad política no existió antes de 1707 cuando los borbones se hicieron al trono de los reinos asociados a Castilla y a Aragón.  Antes de 1492 España era un genérico para referirse a los reinos cristianos de la península Ibérica en contrasta a los reinos musulmanes que conformaban Al-Ándalus.  Estos reinos cristianos se habían convertido en tres coronas principales: la de Portugal, la de Castilla y León y la de Aragón y Navarra.  Fue Castilla y León la que conquistó y colonizó a la América Hispánica, en unión personal con la corona de Aragón y Navarra cuyo interés principal fue pelear guerras santas en el Mediterraneo.  Salvo un breve período bajo Felipe II, Portugal se mantuvo al margen.

Entre los años 711 y 715, los musulmanes provenientes del norte de África conquistaron la península Ibérica con excepción de Asturias.  Durante su reinado la península fue parte del mundo musulmán intercambiando conocimientos, artes y personas con el resto de la civilización árabe.  Por los siguientes 780 años moros y cristianos pelearon por el control de pedacitos de la península (y los cristianos peleaban entre sí creando distintos reinos, así el reino de León se escindió de Asturias, y Castilla se escindió de León (y finalmente Castilla se hizo al control de León y de Asturias)).

Mujer Xhosa y su hijo, mostrando razgos claramente distintivos de los negros africanos. Se cree que los Xhosa habitaron la mayor parte del África subsahariana antes de ser invadidos por los negros provenientes del Sahel y el Noroeste africano.

Iberia siempre fue un lugar de paso.  Probablemente los cromagnon provenientes de África conquistaron a Europa occidental pasando por la península Ibérica.  Los africanos cartagineses descendientes de los medioorientales fenicios disputaron a Hispania con los romanos.  España es tan europea como es africana, y es aquí donde debo aclarar: África no siempre fue negra y aun hoy no lo es.  Cuando hablaba de mis trazas de sangre africana hablaba de sangre negra africana, pero sin duda también tengo sangre caucásica africana y sangre caucásica europea.

Hoy hay voces que piden que no celebremos el descubrimiento de América hace 520 años, porque más que un descubrimiento fue un exterminio.

Pero no fue a mis ancestros (ni a la de ninguno de nosotros) a los que exterminaron.  Soy (somos) el producto de ese choque entre pueblos donde muchos murieron pero donde nuestros ancestros sobrevivieron lo suficiente para parirnos.  Entre mis ancestros estará el hijo bastardo de un español que violó a una india muisca (tal vez más de uno) así como el hijo criollo de un matrimonio de castellanos que se asentaron en alguna pequeña ciudad del Nuevo Reino.

Entre mis ancestros estará el producto de la violación de un moro africano a una mujer visigoda, esta, a su vez descendiente varias generaciones atrás de un bárbaro godo (germánico) que tomó por la fuerza a una mujer romana, descendiente de un soldado itálico que violó a una mujer íbera.

Los mismos muiscas fueron producto de la conquista de pueblos chibchas sobre anteriores tribus amerindias, y el áfrica negra que aflora en mi piel es el resultado de guerras y conquistas de una población que se originó en el Sahel y de ahí se extendió hasta dominar casi toda el África subsahariana.

Primer desembarco de Cristóbal Colón en América, obra del pintor español Dióscoro Puebla

El 12 de octubre de 1492 un grupo de europeos pisaron unas islas en las Bahamas.  Algunos murieron antes de regresar pero los que regresaron contaron sus historias al resto de Europa y esto llevó a que más europeos vinieran, se asentaran y desplazaran una gran parte de la población indígena de América.  No fue un proceso sistemático de exterminio sino el encuentro entre pueblos con distintos bagajes tecnológicos (escritura v/s tradición oral, acero v/s oxidiana, pólvora, etc.) y biológicos (caballos, gérmenes).

Antes de las ideas del humanismo, el resultado de tal encuentro entre pueblos podría pensarse inevitable.  Ahora, es muy fácil juzgar desde este humanismo del siglo XXI lo que nuestros ancestros hicieron con nuestros ancestros a la luz de los memes del siglo XV, XVI y XVII.  A veces con un discurso en el que nos identificamos con los hermanos de nuestros ancestros que no sobrevivieron como si nuestros ancestros genéticos hubieran sido un pueblo aparte del que somos.

No celebro hoy el descubrimiento de América porque lo que hizo esa expedición que llegó a las Bahamas hace 520 años fue más un hecho fortuito que se consolidaría en los años subsiguientes.  No celebro el encuentro de dos mundos porque más que un encuentro fue un choque que devastó a casi todos los pueblos que vivían originalmente a este lado del charco.  No celebro los 520 años de resistencia porque no hubo tal resistencia continuada.  No condeno tampoco a mis ancestros porque eso sería imponer mi mentalidad liberal y humanista actual a personas que tenían pocas opciones diferentes.

Ver el 12 de octubre como día de la raza es, sin embargo, una reflexión sobre lo que es mi raza y, en últimas, sobre el absurdo que es etiquetarnos y separarnos por unos pocos rasgos externos como el color de la piel o el tamaño de los ojos.

Pero igual no importa porque lo verdaderamente importante en Sudamérica hoy son cuatro partidos de fútbol.

Dios te quiere muerto

[portada: God Wants You Dead] Hagamos un ejercicio mental muy sencillo.  Digamos que tú tienes una idea.  Me cuentas esa idea y a mí me gusta y la adopto.  Entonces tú y yo tenemos una misma idea.  O si vemos la idea como nuestro objeto de estudio la idea existe en dos personas, en dos anfitriones: tú y yo.  Si compartimos la idea con más personas y a estas le gusta la idea, esa buena idea residirá ahora en muchas más personas.  Si la idea es suficientemente atractiva la idea incluso podrá sobrevivirnos.  Las buenas ideas entonces se propagan.  Pero ¿qué es una buena idea? O más exactamente ¿qué es una idea que se va a propagar y sobrevivir?

No entraré a detallar qué es una idea.  Por ejemplo “lávate las manos antes de comer” es una idea.  Con nuestros actuales conocimientos sobre los gérmenes sabemos que es buena idea y sabemos por qué.  Los que estén familiarizados con la Biblia cristiana saben que Jesús rechazaba esa idea lo que nos dice tres cosas: 1) la idea ya existía en tiempos bíblicos, 2) Jesús no sabía de gérmenes, 3) Jesús sí sabía lo que era la perversión de una idea.  Los judíos en la época de Jesús no sabían para qué se lavaban las manos antes de comer.  Lo hacían sólo porque era un dogma de fe.  Probablemente algunos antepasados de los judíos eran más escrupulosos con respecto a comer la tierra en sus manos junto con sus alimentos y enseñaron este escrúpulo a sus hijos mientras que otros no.  Los que no vivían más enfermos y sus hijos morían por cualquier infección.  Así la idea de lavarse las manos prosperó, pues los anfitriones de la idea eran más saludables y se reproducían más.  La idea quedó así escrita en el código de Hammurabi atribuido luego a Moisés y convirtiéndose en parte de la ley judía.

Algunas ideas nos ayudan a sus anfitriones a sobrevivir.  Es bueno para el que tiene la idea y para las personas a quien este inspira porque, bueno, sobreviven.  Es bueno para la idea porque prospera.  Si pensamos en la idea como un organismo, estas ideas serían organismos simbióticos.  Otras ideas no favorecen directamente al individuo.  La idea de “no robarás” puede poner al individuo en desventaja frente a la idea contraria cuando hay un botín apetecible.  Pero cuando vivimos en sociedad y dentro de la sociedad todos compartimos la idea nos va mejor en conjunto que a cada uno individualmente.  No obtendré un botín, pero mis bienes no se convertirán tampoco en botín de otros.  Este beneficio mutuo aún en contra del beneficio individual inmediato es lo que convierte a esta idea en una idea altruista.

Las ideas simbióticas y altruistas son buenas ideas.  Nos ayudan a mantenernos vivos y a convivir en sociedad.  Y por eso esas ideas se propagan y permanecen.  Pero no son las únicas ideas.  En ocasiones una mala idea también se propaga.  El rechazo de Jesús al dogmatismo lo llevó a descartar el lavado de manos como una buena idea.  Pero no sólo eso.  Esas palabras fueron escritas e incluidas en los libros sagrados del cristianismo y tomadas como dogma.  Cuando los primeros médicos dotados de microscopios descubrieron los gérmenes y su relación con las enfermedades, los demás médicos rechazaban la idea de lavarse las manos cuando abrían pacientes y realizaban operaciones causando la muerte por infecciones de sus pacientes.  ¿Cuántas personas habrán muerto antes de que se consolidara la teoría del germen por intervenciones quirúrgicas sucias y descuidadas?

Una mala idea que nos muestran Sean Hastings y Paul Rosemberg en su libro God Wants You Dead [copia, 4GB] [torrent] es el de agrupar ideas.  Digo.  Si yo tengo una serie de buenas ideas ¿no es buena idea ponerlas juntas y convertirlas en un decálogo?

Decálogo para ser feliz

  1. Mira el cielo
  2. Huele las flores
  3. Pasa más tiempo con tus padres, tu pareja o tus hijos
  4. Aleja a las personas negativas de tu vida
  5. No dependas de cosas externas que deseas
  6. Piensa en lo que tienes, no en lo que te falta
  7. Si caes once veces levántate doce
  8. Comparte siempre una sonrisa
  9. Celebra tus triunfos, olvídate de tus derrotas
  10. Comparte este decálogo: las personas felices a tu alrededor te harán sentir más feliz.

Son diez ideas que parecen buenas.  Ponerlas juntas y darle un nombre es también una buena idea porque así podremos referirnos más fácilmente a ellas.  Es más, si tengo varios decálogos (el de ser feliz, el de estar a paz con Dios, el de ser exitoso, el del buen amigo, etc.) podemos estar definiendo todo un estilo de vida.

El problema es que al agrupar las cosas no sólo nos ayuda a organizar nuestra mente, sino que al empaquetar las ideas las convertimos en ideas complejas (compuestas) y podemos así seguir hasta tener toda una ideología.  Y cada una de estas ideas complejas serán aceptadas o rechazadas en bloque.  Si analizamos por separado cada una de las ideas de mi decálogo para ser feliz podemos ver que algunas parecen muy buenas ideas, otras no tanto, y tal vez alguna parezca, incluso, una mala idea.  La idea 6 y más en combinación con la 5 tal vez no promuevan la felicidad sino el conformismo.  Pero no porque haya malas ideas en la lista significa que todas las ideas de la lista sean malas.   Convertidas en un decálogo está la tendencia de aceptarlas todas en bloque así haya basura entre las ideas individuales, o a rechazarlas todas así haya ideas realmente buenas en la mezcla.

Las ideologías y anti-ideologías, así como sus íconos, junto con algunas ideas simbióticas y altruistas, tienen también una carga de ideas parásitas.  Ideas que no cumplen un papel directo de preservación del individuo o indirecto de preservación de la sociedad sino que simplemente están ahí para garantizar la perpetuación de la idea y de la ideología.  Ideas que nos llevan al sacrificio.  Ideas como que debemos sentirnos culpables por tener sentimientos egoístas.  Ideas como que es heroico morir por la patria.  Ideas que nos hacen sentir que sólo somos una parte sacrificable de un colectivo.

No es que los colectivos en sí sean malos.  Finalmente somos animales sociables y cualquier cosa que nos permita vivir dentro de la sociedad (ideas como “no matarás” o “no robarás”) son aceptables.  Pero cuando el colectivo se sacraliza y nos demanda sacrificios, entonces esa idea del colectivo, esa ideología, es parásita.  Jesús (ícono de ese colectivo que son las iglesias cristianas) nos enseñaba  que no se hizo el hombre para la ley sino la ley para el hombre.  (Y claramente sabemos ya que la ley es un conjunto de ideas empaquetadas, y que claramente la ley la podemos convertir también en un ícono: La Ley.)

La vida y ejemplo de Jesús nos muestra una persona que reivindicaba a las otras personas. “Levántate y anda”: los milagros son ejemplo de la superación del individuo. “Al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios”: cuando colectivos como el estado nos ofrece medios de pago como las monedas pues estas son del colectivo y no debemos mezclarlas con lo que nos piden otros colectivos o nuestra sociedad. “Con la vara que midas serás medido” y “has a otros lo que quieras que te hagan” son llamados a la integridad y a la reflexión. (Alguien dirá que la regla de oro “no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan”  es mucho más antigua que Jesús, pero su forma positiva aparece por primera vez en el cristianismo.) “Da la otra mejilla” y “ama a tu enemigo” nos invitan a detener cualquier ciclo de violencia.  Ahora bien, cuando una iglesia (o un clérigo) sale a juzgarnos a todos nosotros sin admitir críticas, podemos ver cómo el colectivo que pregona a Jesús como ícono se aparta de lo que Jesús (asumiendo su existencia) nos enseñó.

Hastings y Rosemberg nos enumeran una serie de colectivos e íconos, comenzando por la religión y Dios (no el creador cuya existencia es debatible, sino la idea de Dios o dioses que nos imponen las religiones, cuya existencia (de la idea) es verificable) y continuando por el Estado-Nación.  Íconos y colectivos como La Ley (que se sobrepone al sentido de justicia), las corporaciones, el concepto de El Pueblo, o La Raza, o La Clase.  Incluso La Familia o La Pareja se convierten en ideas colectivas con elementos parásitos.  Yo agregaría otros colectivos e íconos como La Universidad, la Educación Pública y La Mujer.  En el discurso político de ciertos grupos también se evidencia la colectivización del oponente y surgen términos como La Oligarquía, El Patriarcado, El Neoliberalismo.

En el proceso de construcción del Partido Pirata Colombiano, una de las cosas que hemos cuidado y discutido es cómo ser un partido político sin hacer lo que criticamos de los partidos políticos.  Esto incluye cómo vender un discurso positivo de liberación y empoderamiento del individuo cuando es más fácil vender un discurso de miedo para que los votantes nos acojan sin cuestionar.  El miedo nos dice que una serie de criminales roban a nuestros artistas y que por ello debemos pasar leyes de protección a los derechos de autor, y que una serie de depravados van por nuestros hijos y por ello es necesario vigilar los contenidos que publicamos en Internet para perseguir la pornografía infantil.  También podemos apelar al miedo y decir que el gobierno quiere meterse en nuestras vidas para controlarnos y usar la excusa de la lucha antipiratería y anti pornografía infantil como un medio para censurarnos.  Pero esto no sería justo con ustedes.  Sería traicionarnos a nosotros mismos.  No es porque un ogro llamado El Gobierno conspire con otros demonios llamados La Industria de Contenidos para someternos a nosotros y maximizar las ganancias de unos pocos y aumentar el control sobre nuestras vidas.  Simplemente es porque por temor cedemos el control de nuestras vidas a un control colectivo y, por ello mismo, irresponsable.

Pero es más fácil vender el miedo.

Vientos de paz

Vuelve y juega el cuento de la paz, de la salida negociada del conflicto o de la máxima de no negociación con el terrorismo. El presidente de la República acaba de anunciar que ha habido acercamientos previos con las Farc y que espera hacerlos con el Eln, mientras que el expresidente denuncia que hay acuerdos con el terrorismo.

Tomar una postura debe partir de unos principios, y la postura debe ser consecuencia de esos principios. Los principios no son absolutos ni universales y el que otra persona tenga principios diferentes a los míos no lo hace equivocado. En mi opinión, más importante que la veracidad de los principios es la coherencia ideológica entre estos y la postura tomada. Invito así a quien quiera controvertirme que empiece por enunciarme sus propios principios.

En mi opinión (es decir, mis principios), una sociedad ideal es aquella en la cual se puedan ejercer los derechos y libertades civiles tales como la libertad de expresión, el derecho a la privacidad, la libertad de empresa, libertad de cultos, etc. con un mínimo de fricción; y que ante los conflictos (porque la ausencia de conflictos la creo imposible) existan reglas claras y mecanismos de autoridad reconocida que permitan dirimirlos sin la necesidad de la violencia física. Creo en el derecho a la propiedad (incluyendo el derecho a la propiedad colectiva cuando emana de una decisión autónoma) y en el derecho a la vida y la dignidad de la vida humana. Creo que tenemos el derecho a tener una conciencia propia y a poder expresarla por medios no violentos, incluyendo la libertad de denunciar y sospechar. Creo, incluso, que la expresión por medios violentos está amparada por el derecho a la expresión sólo que está contrapuesta al derecho a la vida y a la integridad física de otras personas y en mi opinión estos derechos humanos priman sobre el derecho civil expuesto. Creo que las sociedades deben tener mecanismos para defender sus derechos fundamentales lo cual incluye todo el aparato de policías, fiscales y jueces que prevengan, eviten o castiguen las transgresiones a los derechos de los demás.

La existencia de grupos armados como las Farc y el Eln, así como los ejércitos privados al servicio del narcotráfico o de otros intereses particulares, las bandas criminales, y otros fenómenos dentro del momento actual de la historia del país atentan contra esa sociedad ideal. En otras palabras, lo que algunos llaman amenaza terrorista y otros conflicto armado o guerra, es una amenaza seria al desarrollo y la dignidad de los colombianos.

Y, como tal, esta amenaza o conflicto debe acabar.

Sobre el concepto de conflicto

Para mí el concepto de conflicto lo defino a partir de lo que conocemos como conflicto de intereses. Yo quiero algo. Tú quieres algo. En ocasiones nuestros algos son distintos y ambos podemos obtenerlo y entonces no hay conflicto, pero en otras ocasiones ese algo es lo mismo, o el algo del uno implica el agotamiento del algo del otro. Nuestros intereses entran en conflicto y los dos no podemos tener al mismo tiempo nuestros respectivos algos.

El conflicto termina cuando una de las partes, o ambas, renuncian a sus pretensiones o son incapaces de obtenerlas. Bien porque una parte se apropió de su interés antes que el otro, o lo tomó por la fuerza despojando a la contraparte, bien porque tras una pelea una de las partes se impuso, o bien porque se charló y se llegó a un acuerdo.

En ocasiones el conflicto no se da porque los intereses sean incompatibles sino porque los creemos incompatibles. Esto se da, principlamente, cuando se confunde lo que queremos con el método para obtener lo que queremos.

Hay conflictos personales (entre individuos), grupales, internacionales, etc. pero un tipo de conflicto que me parece relevante para esta discusión son los conflictos sociales. Esto es cuando dos o más grupos significativos de la sociedad se encuentran ante intereses aparentemente incompatibles.

En el caso colombiano, podríamos pensar que existe un estado constitucional que expresa algunos intereses y existe una subversión cuyos intereses entran en conflicto con el primero. El estado debe, por mandato constitucional, proteger la vida, honra y bienes de los colombianos y como tal no puede aceptar que la subversión atente contra la vida, honra y bienes de los demás ciudadanos. Este estado también, tradicionalmente, ha estado al servicio principal de los intereses de una clase política dirigente y de quienes financian a esta clase política. (Lo que acabo de decir es una sobresimplificación de un fenómeno más complejo.)

Esa subversión tiene como interés expuesto reemplazar al estado por uno bajo los ideales comunistas en el cual no existan conflictos de clase y, particularmente, tumbar al estado opresor actual que sirve a los intereses particulares de sus clases dirigentes. Para lograr esta lucha debe financiarse y para ello ha recurrido a negocios ilegales y a defender estos negocios, y así uno de sus intereses actuales también es proteger y preservar tales negocios. Por otro lado, independiente de la perversión que es el narcotráfico, la sola noción de estado comunista niega muchos de los derechos y libertades civiles consagrados hoy en la Constitución y los cuales defiendo.

Ahora, dentro del propio estado hay disidencias y conflictos de intereses y el pueblo colombiano está conformado por individuos y grupos con sus propios intereses, muchos de los cuales entran en conflicto. Pero en aras de la simplificación hablaré sólo de estos dos actores: el estado constitucional y la subversión; particularmente porque en la actualidad las diferencias partidistas al interior del estado no se dirimen por las armas.

Hay otra definición de conflicto, o más exactamente de conflicto armado sin carácter internacional (conflicto armado interno). Una definición legal que aparece en el título de ámbito del Protocolo II adicional a los Convenios de Ginebra de 1949 relativo a la protección de las víctimas de los conflictos armados sin carácter internacional, 1977. (Protocolo II en adelante.)

Esta definición reza:

TÍTULO I – ÁMBITO DEL PRESENTE PROTOCOLO

Artículo 1. Ámbito de aplicación material

1. El presente Protocolo, que desarrolla y completa el artículo 3 común a los Convenios de Ginebra del 12 de agosto de 1949, sin modificar sus actuales condiciones de aplicación, se aplicará a todos los conflictos armados que no estén cubiertos por el artículo 1 del Protocolo adicional a los Convenios de Ginebra del 12 de agosto de 1949 relativo a la protección de las víctimas de los conflictos armados internacionales (Protocolo I) y que se desarrollen en el territorio de una Alta Parte contratante entre sus fuerzas armadas y fuerzas armadas disidentes o grupos armados organizados que, bajo la dirección de un mando responsable, ejerzan sobre una parte de dicho territorio un control tal que les permita realizar operaciones militares sostenidas y concertadas y aplicar el presente Protocolo.

2. El presente Protocolo no se aplicará a las situaciones de tensiones internas y de disturbios interiores, tales como los motines, los actos esporádicos y aislados de violencia y otros actos análogos, que no son conflictos armados.

Aquí hay una parte clara: hay algo que se está desarrollando en el territorio de una Alta Parte contratante, es decir en el territorio colombiano, y las fuerzas armadas constitucionales de la nación. Por más que se quiera torcer el significado de las cosas en el momento en el que fuerzas armadas con mando en el estado colombiano constitucional e internacionalmente reconocido ejerzan acciones armadas en contra de algo dentro del territorio colombiano, se cumple esta parte de la definición.

Donde hay más espacio para la interpretación es en la definición de ese algo contra lo cual las fuerzas armadas constitucionales ejercen acciones armadas. El Protocolo II es explícito en determinar algunos puntos donde no aplica (p. ej. motines) y se sobreentiende que no aplica al uso de las armas del estado para combatir a la delincuencia común (organizada o no).

El uribismo insiste en que las Farc y el Eln no cumplen las condiciones de esta definición y como tales son asimilables a delincuencia, y por ello no existe conflicto armado interno.

Hay dos razones prácticas de la negación del conflicto. La una está al interior mismo del Protocolo II, Título IV, Artículo 13, numeral 3:

3. Las personas civiles gozarán de la protección que confiere este Título, salvo si participan directamente en las hostilidades y mientras dure tal participación.

Básicamente esto significa que si la población civil colabora con las fuerzas armadas bajo mando del estado colombiano, quedarían desamparadas de la protección legal que confiere el Protocolo II frente a las fuerzas disidentes. (No es que sirva de mucho porque igual las Farc no reconocen el Protocolo II ni las protecciones que de ahí emanan.) E, igualmente, si los civiles colaboran con la delincuencia no podrían ser procesados como cómplices.

La segunda razón es que el Protocolo II niega la intervención de otras naciones. La no intervención, por un lado, impide que otro país apoye abiertamente a la disidencia armada y, sobre todo, utilice sus propias fuerzas en apoyo de esta disidencia. Pero, por otro lado, el conflicto armado interno debe ser interno y como tal los otros países no están obligados a resolver este problema interno. Los miembros de grupos delincuenciales pueden ser apresados en otro país y extraditados para que los mecanismos judiciales tengan efecto. Los miembros de las disidencias armadas pueden apelar al derecho al asilo.

El concepto de la paz

Tratemos de no confundir el objetivo con el medio. El artículo 22 de la Constitución Política de Colombia, emitida en 1991 y en vigor desde entonces, dice que la Paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento. Es por lo tanto inconstitucional no buscar la Paz. Pero las así llamadas negociaciones de paz no son la Paz. El estado no está obligado a buscar una mesa de negociación con las Farc y el Eln y menos si considera que tal negociación prolongará la guerra antes que lograr la Paz.

Pero hablo aquí de la paz como si estuviéramos de acuerdo en qué es. La Constitución no la define.

Creo que los conflictos son inevitables. Incluídos los conflictos sociales. La paz no sería la ausencia de conflictos sino que esos conflictos no pretendan resolverse mediante el uso de violencia directa. Actualmente la subversión usa la violencia directa (ataques terroristas, enfrentamientos con el ejército y la policía, secuestros, amenazas y extorsión) como método para lograr sus intereses (altruistas o no) y el estado constitucional a través de sus fuerzas armadas usa violencia directa para contener a la subversión.

En su forma más restringida, la paz que queremos muchos colombianos, es el fin de esa violencia directa que produce la subversión, entendiendo que la violencia directa del estado contra la subversión es una consecuencia de la primera.

Hay otras formas de violencia, como es la violencia estructural, por ejemplo cuando una clase social dirigente en preservación de sus propios intereses desconoce los derechos e intereses básicos de una clase social oprimida. Para algunos la paz no sólo debe incluir el cese de la violencia directa de la subversión sino la eliminación de estas violencias estructurales.

Pero para continuar con el análisis limitémonos a la paz restringida: el cese de hostilidades de la subversión contra el estado y el consecuente cese de hostilidades del estado contra la subversión.

Y regresemos al principio que expuse al comienzo. El estado actual de hostilidades entre la subversión y el estado limita mi ejercicio de derechos y libertades civiles e, incluso, amenaza mis derechos humanos (y cuando hablo de mis derechos me arrogo hablar por cada uno de los colombianos). La paz, entendida como el cese permanente de hostilidades entre estas dos partes, es, por lo tanto, un estado deseable.

Esta paz, sin embargo, no puede obtenerse a cualquier costo. No puede obtenerse al costo de vulnerar nuestros derechos humanos ni los derechos y libertades civiles más de lo que ya están siendo vulnerados por el estado actual de hostilidades.

Esto significa que hay dos escenarios de acabar el conflicto que para mí son peores que el conflicto mismo:

  1. Una victoria militar a cualquier costo.
  2. Una negociación donde los principios comunistas que se oponen a mis principios liberales sean impuestos.

Sobre cómo acabar la guerra

Hay cuatro formas tradicionales de terminar una guerra o un conflicto armado:

  1. Una negociación entre las partes donde estas busquen lograr sus propios objetivos por medio del diálogo y donde los intereses cedidos o renunciados no sean interpretados como una derrota de ninguna de las partes. Llamaremos a esto una paz negociada.
  2. Una negociación donde una de las partes se reconozca derrotada pero condiciona el cese de hostilidades a ciertos requisitos y garantías. Llamaremos a esto una rendición condicionada.
  3. El reconocimiento de una de las partes a que la continuación de la lucha es más gravosa que someterse a la merced y voluntad de la otra parte y, en consecuencia, se rinden sin condiciones. Esto se llama, en consecuencia, rendición incondicional.
  4. El agotamiento de las partes en la vía armada, bien sea por la eliminación física de los combatientes de un bando, por desbandamiento, o porque los combatientes de uno o ambos bandos pierden interés en continuar acciones hostiles. Salvo que una de las partes haya sido completamente eliminada, siempre podría haber discusión sobre si la parte más débil al final de este conflicto fue realmente derrotada.

En el caso del enfrentamiento del estado colombiano contra las Farc, el primer escenario implica que un estado que no está derrotado busca acuerdos con una subversión que no se admite derrotada. En el actual equilibrio de fuerzas que favorece al estado constitucional sobre la subversión, las concesiones que el estado haga a los intereses de las Farc serán considerados por una parte de la opinión pública como una entrega del estado al chantaje de una subversión ilegítima.

En los demás escenarios asumiré que son las Farc la parte derrotada porque no veo en un futuro más o menos cercano que la relación de fuerzas sea tal que las Farc logren una victoria militar.

El segundo escenario es muy similar al primero, salvo que las Farc reconocerían que la vía armada se agotó y que la negociación tiene como objetivo principal lograr garantías en la demovilización. Sería una guerrilla que no pide condiciones tales como una reforma agraria o la revisión de la política internacional colombiana como condición para entregar las armas, sino que se enfocaría en puntos como garantías de debido proceso y disminución o suspensión de penas.

En el caso del M-19 y más adelante del EPL y otros grupos subversivos, hubo una negociación con términos favorables para los combatientes que depusieron las armas pero no hubo concesiones directas del estado con respecto a su política. La Asamblea Constituyente de 1991 no fue un requisito previo de las guerrillas desmovilizadas sino más bien una oportunidad coyuntural. Hasta qué punto fue una paz negociada o una rendición condicionada es debatible.

En la actualidad (2012), es difícil pensar que si las Farc llegan a la negociación como parte derrotada obtenga las mismas garantías que el M-19 en 1990.

El tercer escenario: la rendición incondicional, no sería completamente incondicional. Las Farc no se estarían sometiendo a la merced y voluntad de un estado victorioso sino a las garantías de un estado de derecho y unas leyes que limitan las penas. Si esto se lleva a cabo pronto, lo más probable es que sea porque las Farc han acordado la existencia previa de leyes favorables.

Hay un antecedente reciente en Colombia. La desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia y otros grupos ilegales antiinsurgentes, en las cuales no exigieron garantías más allá de la aplicación de leyes vigentes, incluyendo una ley hecha a la medida y que extendía las garantías procesales.

Por otro lado, si el estado y sus fuerzas armadas constitucionales se imponen con mayor contundencia sobre las Farc, puede llegar el momento en el que los líderes que entonces sobrevivan decidan entregarse al estado dentro de las leyes vigentes.

Dentro del cuarto escenario hay varias formas. Una es la eliminación completa y física de las Farc, bien porque el estado libre una guerra sin cuartel (que sería una violación al Protocolo II) hasta que el último guerrillero esté preso o muerto, bien porque ningún líder de las Farc toma la decisión de rendirse. Una escenario más probable es la desbandada: en algún punto los frentes sobrevivientes de las Farc pierden la unidad de mando y renuncian individualmente a proseguir una lucha contra el estado limitándose a sus propios intereses criminales. Si esta modalidad de crimen es de relativo bajo impacto eventualmente el estado cambiaría la actual estrategia militar a unas acciones más de tipo policivo.

La otra manifestación del agotamiento sería que las Farc, todavía con cierto nivel de mando unificado, renuncie unilateralmente a la ofensiva. Sería una guerrilla casi derrotada pero que no se atreve a entregarse a la justicia sino simplemente a resistir pasivamente, a esconderse. Si logran resistir lo suficiente en esta situación la ofensiva militar del estado será en algún momento insostenible. No estoy hablando aquí de un cambio estratégico de las Farc de esperar el agotamiento de la acción militar del estado para retomar su lucha, sino el abandono permanente de esta lucha.

Podría darse también (aunque no lo veo políticamente viable), que sea el estado el que abandone primero la lucha, o que concentre la actual ofensiva contra las Farc en una estrategia netamente defensiva y reactiva enfocada a la prevención del terrorismo. Pero teniendo en cuenta la historia de las Farc, no veo que estas terminen aceptando una situación de empate virtual sino que deseen retomar la lucha.

Escenario ideal

Ya había planteado que de acuerdo a mis principios hay escenarios indeseables. Uno es la prolongación indefinida del estado de hostilidades. De cuando en cuando las partes cambian de estrategia lo que les puede dar una ventaja puntual. Al comenzar la doctrina de seguridad democrática las Farc se replegaron y tuvieron un golpe grande cuando la doctrina fue reelegida porque esto acabó con sus predicciones de resistir un cuatrenio y retomar su rumbo. Pero, y a pesar de los golpes grandes que recibió durante el segundo cuatrenio de la seguridad democrática, hacia el final del gobierno de Uribe las Farc habían retomado cierta ofensiva de carácter terrorista. Personalmente no creo que Santos haya aflojado en el esquema de seguridad democrática sino que las Farc han logrado cambiar su estrategia y parecer más contundentes de lo que fueron entre 2006 y 2009.

En una prolongación del conflicto eventualmente una de las partes comete un error grave en la reformulación de la estrategia. La situación actual le permite al estado cometer más errores graves sin que se conviertan en derrota. Con suerte, para una pronta resolución del conflicto, las Farc cometerían pronto un error suficientemente grave que las lleve a buscar una rendición o un abandono de la lucha.

Una victoria militar a cualquier costo, de parte del Estado contra la subversión, lo considero también poco deseable por lo de “a cualquier costo”. A cualquier costo significaría la suspensión de derechos y libertades civiles de todos los ciudadanos y actualmente garantizados en la constitución. Esto puede acelerar la victoria militar del estado, pero significaría que el estado se convirtió en algo indeseable desde mi punto de vista.

Una victoria militar del estado dentro de la constitución y las leyes es, desde los principios que he planteado, una opción deseable siempre y cuando sea pronta. Buscar la victoria militar sin conseguirla constituye una prolongación del conflicto.

La victoria militar puede darse en forma de rendición condicionada, rendición incondicional o simple abandono de la lucha o eliminación física de la otra parte, sin entrar a detallar cuál de esas alternativas es la más deseable.

Una victoria de la guerrilla la considero indeseable por el modelo de estado que históricamente ha planteado el comunismo y que va en contra de las libertades y derechos civiles que defiendo.

Entonces llegamos al caso de la paz negociada. En principio no considero que ni la paz negociada ni la victoria militar sean intrínsecamente malas o buenas. Así como veo buena una victoria militar del estado pronta y encausada dentro de la constitución y mala una victoria militar por parte de un estado que viole sistemáticamente los derechos y libertades civiles, hay negociaciones buenas y negociaciones malas.

Si las negociaciones de paz no garantizan al menos esa paz restringida vista como el fin de las hostilidades entre las fuerzas del estado y la subversión, sino que antes ayudan a prolongar la guerra, entonces no estoy de acuerdo.

Pero incluso una negociación que exitosamente logre la paz sería indeseable si hay un detrimento en los principios que defiendo.

Dentro de la paz negociada veo cosas que considero contrarias a mis principios, cosas que considero simplemente feas, cosas que me son aceptables y cosas que yo mismo espero.

En contra de mis principios estaría que las Farc impusieran limitaciones a la libertad de empresa o a la libertad de expresión como parte de la negociación. Definitivamente inaceptable que las Farc exigieran la pena de muerte a los opositores de la solución negociada u otras suspensión de los derechos humanos (pero se me haría absurdo que el gobierno de Santos siquiera permita que se discuta algo así).

Feo vería que las Farc exijan cambios radicales en la política internacional o que Timochenko sea nombrado senador o ministro sin siquiera someter su nombre a las urnas. Sería feo pero no inaceptable. La impunidad frente a crímenes atroces sería fea pero no inaceptable. Si estas cosas feas permiten que los colombianos podamos continuar con mejores vidas no me opondré.

Apenas aceptable serían penas cortas y suspendidas a los líderes guerrilleros no directamente involucrados en crímenes atroces y la integración de los combatientes rasos a programas de reinserción.

Lo que esperaría como deseable: que dentro de las negociaciones que efectivamente lleven a la paz, se dé la oportunidad de plantear un modelo de sociedad menos excluyente y que la firma de la paz sirva de pretexto para implementarlo.

Predicciones

Mi hijo está entrando a primer grado en el colegio. En once años saldrá bachiller a una edad apta para prestar el servicio militar obligatorio. Durante este tiempo espero que él pueda tomar una decisión libre y autónoma y que si se decide por tomar las armas del estado no sea ante la perspectiva de matar a nombre del estado para defender a unos colombianos de la demencia de otros colombianos que pretenden ser insurgentes.

Soy medianamente optimista de que en once años la actual guerra no será determinante en la decisión que tomará mi hijo.

Pero soy mucho menos optimista en creer que la paz se va a lograr dentro de los dos años que le quedan de gobierno al Presidente Santos.

Creo que tanto la paz negociada como la victoria militar del estado son posibles, pero ambas son difíciles. Creo que de optar el estado por una solución netamente militar estaríamos perdiendo una oportunidad de dar un fin más próximo a la guerra actual, como también creo que una negociación de paz sin perspectivas reales ayudará más a prolongar la guerra que a acabarla.

Las Farc están bastante golpeadas pero aún no están derrotadas y siguiendo su patrón histórico van a querer mostrar fortaleza frente a una negociación. Si esa fortaleza la pretenden a punta de terrorismo harán que sus pretensiones en la mesa de negociación sean menos aceptables por la mayoría de ciudadanos votantes de Colombia. Creo que los mandos de las Farc podrían mostrar mayor fortaleza sosteniendo un alto el fuego unilateral que recurriendo al terrorismo. Pero no lo van a hacer.

Si los colombianos votantes no apoyan mayoritariamente las concesiones que el gobierno haga a la guerrilla, el gobierno no estará en capacidad de conceder. Esto debilita al gobierno quien quedaría atrapado por la opinión pública crítica del proceso por un lado y la necesidad de mostrar resultados por el otro. Y las Farc van a querer aprovechar este debilitamiento para aumentar sus pretensiones.

En conjunto esto significara o bien un nuevo fracaso en la búsqueda de la paz negociada, con la consiguiente prolongación de la guerra, o una paz mal hecha, que si bien no será germen de una nueva guerra si desatará una nueva ola de violencia.

Creo que el modelo de estado que tiene Juan Manuel Santos en la cabeza es bueno, pero también tiene una tendencia de querer complacer a casi todo el mundo. Soy algo pesimista de que el gobierno de Santos sea el interlocutor adecuado frente a una negociación con las Farc. Me temo que se va a dejar enredar entre el juego de las Farc de obtener más concesiones usando el terrorismo como muestra de fortalecimiento y el de la derecha política que insistirá en ver las pretensiones de las Farc y su recurso terrorista como muestras del fracaso de la vía negociada.

Por otro lado creo que Timochenko en 2012 puede ser más serio de lo que fue Marulanda en 1998. Las Farc están duramente golpeadas, mientras que en 1998 había una percepción de fortalecimiento. Que sea más serio no quiere decir que esta vez sí haya esperanza porque las Farc siguen mostrando esa política de querer llegar fortalecidas a la mesa de negociación y querer mostrar la fortaleza con terrorismo.

Ojalá me equivoque en mi percepción del carácter de Santos, porque un gobierno con un proyecto claro que logre defender es la mejor garantía que tenemos los colombianos de llegar a una solución pronta a esta guerra.

Pero no creo que esta sea la última oportunidad tampoco.

Reformando congresos

Sesión plenaria del Senado de Colombia. Foto Angel Vargas.

Colombia tiene 268 representantes para 45.000.000 de colombianos. Esto es que tenemos un representante por cada 170.000 habitantes. Es un número relativamente bajo frente a otras democracias.

Poster en formato desmotivaciones que vi circulando hoy por Facebook.

Nuestro congreso, por otro lado, es costoso. No tengo datos de costos de funcionamiento de otros congresos y parlamentos bien en comparación con el PIB, número de representantes o número de habitantes. Si alguien los tiene le agradezco que me los facilite.

Podemos tomar el sentimiento fácil de decir que necesitamos menos representantes para que haya menos pícaros en el congreso, pero ¿podremos garantizar que los que saldrán elegidos serán los menos pícaros? O, por el contrario, estaremos entregando a menos políticos el poder de repartirse su cuota burocrática (es decir más cuota por afortunado representante).

Invitación falaz a reducir el número de “senadores”. Primero, Colombia no tiene 270 senadores sino tan solo 102 mientras que en EE.UU. hay dos senadores por cada estado.
Tenemos 268 congresistas (incluyendo los 166 representantes a la cámara) pero en ese orden de ideas los suecos tienen 349 parlamentarios y los alemanes 622 (más 69 consejeros).

¿Qué hay de los movimientos alternativos? Menos congresistas implica mayores trabas para que un movimiento alternativo obtenga una representación, pero, tal vez, esto no es problema: muchos de los movimientos alternativos pueden no ser suficientemente representativos.

[Debo aclarar que aquí podría tener yo un conflicto de intereses pues estoy en la construcción de un movimiento alternativo con aspiración de poder.]

Entonces tendremos menos congresistas y esto significará menos pícaros. ¿Por qué no llevar el razonamiento al extremo y prescinidir completamente del congreso?  No más escándalos en el congreso.  No más pícaros legislando y emitiendo reformas a beneficio propio.

Ese sería un nuevo modelo de estado.  Seríamos pioneros.  ¿No?

No.  Ese modelo de estado ya existe y tiene un nombre: dictadura.

En teoría en una democracia representativa como la letra dice que es la colombiana, existe un congreso o parlamento donde el constituyente delegado (parlamentarios, senadores, representantes a la cámara o como querramos llamarlos) representan al constituyente primario (nosotros, los ciudadanos).

Si el problema es que nuestros representantes no nos representan.  Si el problema es que nuestros representantes son costosos y roban.  Si el problema son las personas que nosotros elegimos porque no responden a nosotros, los ciudadanos, entonces el problema no es el número.

Nuestros representantes deben representarnos y no todos lo hacen.  O tal vez sí.  En mi caso personal el senador que elegí fue de los que votó no a redacción final de la Reforma a la Justicia (tendría que ver qué participación tuvo en los demás debates).  Tal vez nuestros senadores y representantes a la cámara sí representen al país que los eligió y que los problemas de corrupción y legislación a nombre de intereses propios e intereses privados no sean más que un reflejo de lo que somos en conjunto los ciudadanos de nuestro país.

No pretendamos que con sólo disminuir el número de nuestros representantes vamos a estar mejor representados.  Esa es una solución facilista y retórica.  Lo que debemos preocuparnos es que nuestros representantes nos respondan por sus actos.  Tal vez el ajuste en el número sea necesario pero esa no es la solución.