No hay nada gratis

Un conocido aforismo nos dice que no hay nada gratis. Todo tiene un costo. Todo lo paga alguien.

Otras personas en su afán de mostrar que todo socialismo es un desastre se empecinan en mostrar por qué los socialismos exitosos no son realmente socialismos. China se convirtió en la tercera economía mundial después de Estados Unidos y la Unión Europea (segunda si contamos los países de la U.E. por separado) porque son socialistas sólo de nombre y realmente son capitalistas; o los países nórdicos no son realmente socialistas porque hay libertades económicas.

Recientemente Finlandia suspendió un experimento: la renta básica garantizada, porque falló. No dio los resultados esperados. Falló de la forma como los abogados del libre mercado y el anarco-capitalismo vaticinaban: darle un sueldo a una persona independientemente de si trabajaba o no, elimina el incentivo al trabajo y con ello disminuye la calidad de vida.

Pero este experimento de la renta básica garantizada, es uno que falla entre muchos experimentos que han sido más o menos exitosos y que van en contra de la teoría libertariana.

No hay nada gratis,

Pero un padre sueco no tiene que preocuparse por la matrícula de sus hijos. No sólo tienen los niños residentes en Suecia (suecos o no) sus estudios garantizados, sino que eso no les cuesta a los padres una corona. Ni tienen que gastar en útiles escolares. Y además los niños reciben un almuerzo. Adicionalmente, los chicos tienen derecho a una tarjeta de transporte que les permite viajes ilimitados en el transporte público local entre semana. Y, encima de todo, le pagan a los padres de niños pequeños un subsidio por tener a sus hijos estudiando, dinero que va directamente a los niños cuando cumplen cierta edad.

Desde el punto de vista de los padres, más gratis que eso no puede ser.

Sí. Los maestros reciben un salario. Y el personal de la cocina y cafetería. Y quienes se encargan del mantenimiento de la planta física de las escuelas. Y los burócratas que se encargan del papeleo y de visitar a las familias que, por alguna razón, no han registrado a sus niños en la escuela. ¿Quién lo paga? Pues los mismos suecos, a través de impuestos.

Ahora, una familia con tres hijos, la madre chofer de bus y el padre desempleado, probablemente pague en impuestos mucho menos de lo que sus hijos reciben en educación y el padre en subsidio de desempleo (por no hablar de ciudades limpias, autopistas sin peajes, etc.). Una alta ejecutiva soltera y sin hijos, con un buen salario, por el contrario, estará pagando más impuestos de los que recibe en beneficios. Sí, la ejecutiva está subsidiando a los niños del papá desempleado.

El grueso de los impuestos que se convierte en subsidios, ayudas, servicios gratuitos como educación, salud y autopistas, lo pagan las grandes industrias. Bueno, al menos las industrias que no se «domicilian» en Liechtenstein o Mónaco.

Dentro de mi definición de socialismo, eso es socialismo: el estado se asegura de que las necesidades de la población sean resueltas (educación, gratuita hasta educación terciaria, salud, mantenimiento de la ciudad, autopistas, etc.), dando a cada uno de acuerdo a sus necesidades, y tomando de cada uno de acuerdo a sus posibilidades.

Y para los grandes contribuyentes, por ejemplo los grandes empresarios, es buen negocio. Una población educada significa buenos empleados que saben hacer bien su trabajo. Una población educada significa buenos clientes en el mercado interno. Buenas vías que le permiten mover sus mercancías, y que sus empleados y sus clientes lleguen a donde se producen y se venden sus bienes.

Los anarco-capitalistas dirán que el estado sigue sobrando como intermediario. Que la empresa podría construir las vías y contratar el mantenimiento sin invertir en una burocracia gubernamental al pagar impuestos. Incluso podría pensar que el trazado de las vías construidas de esta forma sería más óptimo para las necesidades de la empresa: vías que realmente sirva a sus empleados y clientes, a sus proveedores y sus mercados, y no que parte de lo que pagan en impuestos se destine a pavimentar vías de quienes no serán empleados, clientes o proveedores.

Y no es que el estado sueco esté libre de corrupción. De cuando en cuando hay titulares en los periódicos de que tal funcionario desfalcó tantos millones de coronas al estado. Suecia también tiene su cuota de elefantes blancos: grandes obras que costaron mucho y sirven a muy pocos, o no sirven y tuvieron que abandonarlas.

Pero, con todo y eso, las empresas suecas, y los millonarios suecos, siguen pagando impuestos en Suecia y apoyando a los gobiernos social-demóctratas, porque prima una visión de sociedad integral, que una visión de lucro individual. Porque entienden que gran parte del éxito individual es parte del éxito como sociedad.

La jornada laboral está entre 30 y 35 horas a la semana. Y el trabajador medio rinde lo mismo que un trabajador estadounidense que trabaja 48 horas a la semana, o un japonés que permanece en la empresa 60 horas a la semana. En parte, tener jornadas más cortas y descansadas es una motivación para lograr su cuota de producción dentro de esas pocas horas y salir a aprovechar su tiempo libre en otras labores. El japonés, por el contrario, su tiempo libre es la empresa, donde nadie lo afana para producir más allá de su cuota. ¿El resto? Juegue Tetris o duerma en la oficina, lo que es socialmente aceptable.

Más tiempo libre y un buen salario (que trabaje menos horas no significa que gane menos si igual produce lo mismo), es más consumo de ocio, lo cual significa un mercado para la industria del ocio, lo cual significa más empleos y más ganancias para otros empresarios. El éxito de la sociedad como conjunto (una idea socialista) repercute en el éxito individual, no sólo de los empleados de cuello azul de la sociedad, sino de los grandes y pequeños empresarios.

Ahora. Esta social-democracia está cimentada en un sistema capitalista con importantes elementos de libre competencia, libre mercado y otras libertades económicas. Esto funciona si hay grandes empresas que paguen sin problema sus impuestos. Funciona con millonarios que paguen impuestos. Si a la empresa no le gusta pagar impuestos, hay países como Liechtenstein y Luxemburgo que con gusto registran las empresas como locales cobrando impuestos mucho más bajos. Si un millonario no le gustan tantos impuestos, bien compra una casa en Mónaco o en Suiza donde los impuestos son más bajos y la registra como su residencia permanente. Gran parte de las operaciones internacionales de empresas suecas como Ericsson, Volvo o Ikea, están domiciliadas fuera de Suecia. Pero hay todavía suficientes empresas suecas y millonarios suecos pagando impuestos, por no hablar de los propios suecos que pagan uno de los IVA más altos del mundo (25%) y compran sus bebidas alcohólicas por medio del monopolio que mantiene el estado.

No hay nada gratis. Un sueco que no ahorre nada de lo que se gana, que se lo gaste todo, está destinando una de cada cinco coronas que gana a pagarle al estado por la educación de sus hijos (o de los hijos de otros), por su salud, por las autopistas que use (o no use), etc. Más de una por cada cinco coronas si le gusta beber mucho. Y esos servicios: educación, salud, vías, etc. los usará cuando los necesite, sin preocuparse del costo. Lo paga con un menor salario del que el empleador podría ofrecerle si el empleador tuviera que pagar menos impuestos (porque definitivamente lo que un empleador se ahorra en impuestos se lo paga a los empleados como salario). Lo paga como sociedad y recibe como parte de la sociedad.

Y funciona.

Tal vez un día el estado se permita cambiar el subsidio de desempleo (y sus condiciones) por una renta básica asegurada (con condiciones distintas). Y fracase como fracasó en Finlandia. Tal vez se extienda un beneficio y se cancele otro. Pero la esencia no cambia: una visión de la sociedad como conjunto con un fuerte componente de «a cada quien según su necesidad y de cada quien según su capacidad», fundado sobre un capitalismo de libre mercado con respeto a la propiedad individual y a las libertades económicas.

¿Funcionaría en Colombia?

Es más complejo.

El estado sueco no es libre de corrupción, y cuando un funcionario roba, roba bastante. Pero es ocasional. Aquí en Colombia la corrupción es sistemática e incluye a funcionarios de todos los niveles. Ha sido tan sistemática la corrupción en nuestros países que hasta los años 1980 una empresa sueca podía deducir de sus impuestos los sobornos que pagaba en nuestros países. Una sociedad tan moralista frente a lo público, veía los sobornos en países tercermundistas como parte de hacer negocios. (Desde luego esas exenciones las desmontaron cuando les hicimos ver su hipocresía.)

Porque eso es lo otro. La corrupción en Suecia es vista como un delito contra el pueblo. Es algo que el pueblo no acepta. Aquí es vista como algo cotidiano. Mientras no se robe mucho es aceptable: hoy por ti mañana por mí. Es aceptable que un policía de tránsito se deje untar, porque tal vez mañana yo pueda librarme de una multa untándolo.

Y por ello mismo desconfiamos. Si nos van a subir nuestros impuestos para que más niños puedan tener educación de calidad, estamos ya anticipando quién se robará esa plata, y luego, los que tenemos la capacidad de pagar esos impuestos, también estamos en capacidad de pagarle un colegio privado a nuestros hijos, así que ¿para qué debo pagarle el colegio a los hijos de los pobres? ¡Que trabajen ellos!

Comenzar una política social subiendo impuestos, en un país como Colombia, con nuestro grado de corrupción estructural, con la desconfianza que nos tenemos, lo que genera es una fuga de capitales. Meter de una toda la gratuidad de servicios suecos en Colombia sería insostenible con los impuestos recolectados y subir los impuestos ahuyentará a los contribuyentes.

Hay otro posible camino. Un atajo. Nacionalizar nuestra principal fuente de divisas, por ejemplo la extracción de hidrocarburos, y con esa chequera, el estado financiaría todo. Ese es, por ejemplo, el secreto de los reinos y principados del golfo. La familia reinante es también la dueña del petróleo, y con lo que gana tiene para subsidiarle la buena vida a sus súbditos. Chávez intentó eso en Venezuela, justo cuando el petróleo pasó de menos de 30 dólares el galón a más de 150. Tan rentable resultó PDVSA que ni siquiera era necesario administrarla bien y de ahí salieron ayudas para Cuba y para gobiernos y candidatos amigos en América Latina. Cayó nuevamente el precio del petróleo y todos los gastos que cubría PDVSA, dentro y fuera de Venezuela e incluyendo su propia ineficiencia, no pudieron cubrirse y el castillo de naipes del Socialismo del Siglo XXI se desmoronó.

Pero que sea difícil implementar un socialismo (del Siglo XXI o de estilo socialdemócrata nórdico) no significará que sea imposible, y menos con una visión a largo plazo. El camino venezolano, que es una mala copia del modelo petrolero árabe, no es fácil de adoptar en Colombia porque no existe un recurso único lo suficientemente rentable. Y el modelo nórdico tiene todo ese problema de credibilidad y que, igualmente, no existen industrias tan poderosas como Ericsson, Volvo o Ikea que puedan jugársela de la mano con un cambio. Bavaria es ahora Anheuser-Busch, una empresa cuyo centro de operaciones está fuera de Colombia. Nuestros otros dos billonarios (junto a Santo Domingo, otrora accionista mayoritario de Bavaria, hoy accionista minoritario de Anheuser-Busch), Ardila Lülle y Sarmiento Angulo, son alérgicos a la izquierda, y el Sindicato Antioqueño, no es tan alérgico pero prefieren apostarle a otros caballos.

Veo muy difícil que un próximo gobierno de izquierda pueda llevarnos de la mano a parecernos un poco más a Suecia, junto con el apoyo del empresariado colombiano. Sin ese apoyo, no nos convertiremos en Venezuela, pero básicamente habría un estancamiento entre no lograr las políticas prometidas o una fuga de capital (y probablemente ambas). Veo difícil pero no imposible. Y no veo a Gustavo Petro como la persona capaz de liderar este proceso.

En cuanto al candidato del establecimiento, Iván Duque, su referente no es el socialismo democrático de corte nórdico. Más bien tenemos a un discípulo de la escuela de Washington haciéndose pasar por godo uribista; pero, básicamente, a un producto del establecimiento que no hará nada drástico que amenace a este establecimiento.

Así que, no hay nada gratis. Y por ahora, pensar en algo lo suficientemente gratis que salga de nuestros impuestos que pagaríamos gustosos no lo veo cercano.

Ni venezolarización ni uberrimización

Por mucho tiempo los sectores reaccionarios de Colombia nos han estado vendiendo la idea de que decirle Sí al proceso de paz, o votar por Gustavo Petro, es nuestro camino a convertirnos en Venezuela. Un país por allá donde existe una dictadura comunista y el pueblo se muere de hambre y tiene que emigrar a países como Colombia, Perú, Panamá o Estados Unidos.

En respuesta, varios sectores de la alternativa política hablan de que el verdadero peligro de dictadura en Colombia lo representa el dueño de El Ubérrimo, el senador y expresidente Álvaro Uribe Vélez. Uribe estaría acumulando el poder con su posición en el Senado y por medio de su discípulo Iván Duque candidato a la presidencia de Colombia, para reinstaurar los falsos positivos, perseguir a la oposición, oprimir a los no heterosexuales, etc.

Gustavo Petro militó en su juventud en el M-19, un grupo guerrillero que operó entre los años 1970 y 1980, pero se reintegró a la vida civil en 1990. Desde entonces el M-19 y sus miembros han participado en política, fueron la mayor votación individual para la Asamblea Nacional Constituyente que promulgó la Constitución de 1991, y desde entonces Petro ha ocupado varios puestos de elección popular, habiendo sido Representante a la Cámara, Senado y Alcalde de Bogotá. De 1990 hacia acá no ha sido señalado de ningún problema judicial. Durante su alcaldía fue destituído por el entonces Procurador Alejandro Ordóñez, pero reinstaurado cuando un juez consideró que la destitución no tenía méritos.

Después de la absolución al coronel golpista venezolano Hugo Chávez Frías, Petro acompañó a Chávez durante una visita a Bogotá. Petro no ha ocultado su admiración hacia coronel que se hizo presidente de Venezuela y lideró un cambio de régimen en la vecina república. Otras personas que también han admirado a Chávez incluyen a Rafael Correa y Evo Morales, a Néstor Kírchner y Cristina Fernández de Kírchner, y otros líderes latinoamericanos de izquierda que han liderado transformaciones en sus países. Otros líderes de la izquierda latinoamericana como Lula da Silva y Michelle Bachelet, han sido más críticos del modelo de Chávez.

Los procesos de Correa en Ecuador, Morales en Bolívia y Kírchner en Argentina pasaron por varios problemas, pero Ecuador y Argentina, antes de Correa y de los Kírchner atravesaron problemas institucionales graves que los regímenes de Correa y los Kírchner ayudaron a estabilizar. En 2015 Kírchner le entrega el poder al empresario Mauricio Macri de corriente contraria al socialismo. Con varios problemas durante el ajuste, la situación en Ecuador, Bolivia y Argentina está muy lejos del desastre que se vive en Venezuela, y en otros muchos aspectos están mejor de lo que hubiera pasado sin el liderazgo de Correa, Morales y los Kírchner. Varios indicadores son muy dicientes: la pobreza y la pobreza extrema disminuyeron. Incluso Venezuela, hace unos cinco o tres años tenía este tipo de cifras para mostrar.

¿Por qué fue Venezuela un rotundo fracaso y otros países con regímenes similares no? Un factor es la profundidad de las reformas. Venezuela buscó un camino totalitarista de instaurar las ideas políticas de Chávez, transformando la sociedad gradualmente hasta que el modelo social y económico fuere irreconocible. Los demás hicieron reestructuraciones desde el modelo existente. El sistema económico en Ecuador y Bolivia sigue siendo el capitalismo de mercado con una parte de capitalismo de estado. Correa conservó el dólar estadounidense como la moneda en curso en Ecuador.

Desde luego cabe la pregunta ¿quisieron pero no pudieron hacer lo mismo que en Venezuela? ¿O no quisieron? ¿O lo hicieron sin cometer los errores venezolanos?

Venezuela antes de Chávez era un país rico y próspero pero en papel. Con una de las principales reservas de petróleo en el mundo la economía dependía de la explotación de hidrocarburos. La gasolina, así como muchos otros productos de consumo eran subsidiados. Con una balanza comercial dominada por el petróleo era más fácil comprar afuera que tener industria interna, así que para tener industria ésta era también subsidiada.

Una de las primeras cosas que hizo Chávez fue lograr el control de Petróleos de Venezuela, S. A. (PDVSA), la empresa que controla la explotación del hidrocarburo en la vecina república y con eso se hizo al control de la economía venezolana. La plata del petróleo le sirvió para financiar sus políticas, pero en el proceso una gran parte de la industria venezolana empezó a irse ante los temores de expropiaciones o por su falta de competitividad.

Chávez y los gerentes que nombró en PDVSA no fueron particularmente eficientes en la gestión de la empresa, pero no importaba. El precio internacional del petróleo subió considerablemente, cubriendo con creces cualquier ineficiencia y el gobierno venezolano comenzó a depender cada vez más de esa fuente de ingresos fáciles.

Aunque el petróleo es por mucho la principal fuente de divisas del Ecuador, y el gas natural es un recurso importante en Bolivia, sus economías no dependen tanto de los hidrocarburos como la economía venezolana, producto de políticas ejecutadas desde mucho antes que Chávez y que Chávez no se preocupó de corregir.

El petróleo es también una fuente importante de divisas para Colombia pero estamos lejos de depender de éste. Nuestra economía es mucho más diversificada así como nuestras exportaciones. Los planes de Petro incluyen depender aún menos del petróleo. No existe en Colombia un recurso del cual un futuro presidente como Gustavo Petro pueda echar mano para controlar todos los aspectos de la vida de los colombianos.

Las economías de Ecuador, Bolivia y Argentina están lejos de ser maravillas. Durante el gobierno de Cristina de Kírchner, gran parte del capital de inversión internacional en Argentina se fue. Ecuador tiene ahora una deuda externa grande. Ha habido leyes de mordaza a la prensa. En Chile y Brasil, con gobiernos de izquierda más críticos del chavismo no se ha presentado este otro tipo de problemas.

La palabra «socialismo» es el coco de muchos pensadores económicos colombianos. Es fácil ver cómo muchas formas de socialismo han fracasado, y ante la evidencia de países en los que el socialismo no ha fracasado la respuesta es que no son socialistas. Desde luego, esto parte de entender qué entendemos por socialismo, pero para muchos pensadores socialistas, el socialismo es el énfasis de que el estado vela por suplir las necesidades de la población. Los partidos socialdemócratas en los países nórdicos han mantenido un sistema capitalista de producción, mercados libres, y estados que velan por suplir las necesidades de la población. Y funcionan. Pero la respuesta de algunos es que no son socialistas porque los mercados siguen siendo libres.

China es hoy la segunda economía del planeta. Tercera si se toma la Unión Europea como un solo bloque. Su modelo político y social es comunista, aunque su modelo económico se haya movido hacia una forma de capitalismo.

En la primera década del siglo XXI, se identificaron seis países de economías emergentes, una importante generación joven preparada, diversidad en sus economías, y gran potencial de crecimiento. Estos países conocidos como los tigrillos (o civetas, en inglés CIVETS, que es a su vez una sigla) son Colombia, Indonesia, Egipto, Turquía y Sudáfrica. El sexto de esos países es un país comunista: Vietnam.

Si queremos ver el fracaso buscamos el fracaso e ignoramos lo que no es tan fracasado. Nos meten miedo con volvernos Venezuela, no con volvernos Ecuador. No con volvernos Vietnam que superada su guerra interna, su guerra contra Estados Unidos, su guerra contra China y Camboya, se ha convertido en el segundo exportador de café, lugar antes ostentado por Colombia (quien ni siquiera es hoy el tercero sino el sexto) y una economía tan prometedora como la colombiana o la sudafricana (país este último invitado al G-20). Sí, al nivel de la Colombia que ha sido admitida en la OCDE.

Una parte de la sociedad nos quiere meter el miedo a los colombianos de que una vez Gustavo Petro ponga pie en la Casa de Nariño estaremos en rumbo de convertirnos en Venezuela, pero es muy poco probable que pase. Ni lo que pasa en Venezuela es el único destino posible del «socialismo», ni Petro tendría los medios para lograrlo si quisiera y mucho menos entrando con un congreso mayoritariamente en contra.

Pero Gustavo Petro no es la única opción que asusta.

Iván Duque Márquez tampoco asusta mucho. Hijo del difunto gobernador, ministro y registrador Iván Duque Escobar, su hoja de vida es más bien modesta. Algunos cargos como consejero de segundo o tercer nivel en Washington, que muchos consideran no más que corbatas (puestos públicos sin mayores responsabilidades utilizados como pagos de favores políticos). Duque sirvió como senador, elegido por el Centro Democrático, en lista cerrada encabezada por el expresidente Álvaro Uribe Vélez. Su desempeño como senador ha sido productivo.

Duque no asusta porque no ha hecho mucho que cause miedo. Quien asusta es quien está detrás de Duque: su jefe de bancada como senador y dueño del aviso del partido que seleccionó a Duque como su candidato, el Centro Democrático. Duque no tiene suficiente experiencia y trayectoria política para que tengamos alguna idea de quién puede ser. Incluso algunos comparan a Duque con Zelig, el personaje camaleónico de Woody Allen que termina copiando los atributos de las personas que están a su alrededor. Nacido en Bogotá de padres antioqueños y habiendo vivido gran parte de su vida adulta en Washington mantiene algo de acento paisa, pero cuando se sube a tarima con Álvaro Uribe copia completamente la entonación, patrones de habla y acento de su mentor. En otras instancias su acento es más neutro, más imperceptible, o incluso más bogotano.

Con tan modesta hoja de vida, muchos no dudan que quien realmente estará en el poder mientras Duque sea presidente es su mentor, el senador y expresidente Álvaro Uribe Vélez.

Uribe es aun admirado por muchas personas. Uribe subió al poder durante la época en la cual el grupo insurgente Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Ejército del Pueblo, FARC-EP, estaban más fortalecidas y tenían mayor control territorial, y gracias a la mejora en tácticas y equipos de las Fuerzas Militares constitucionales de Colombia, producto de su antecesor y del Plan Colombia, logró reducir en gran medida el impacto de las FARC-EP en la población colombiana.

Para lograrlo, lo que Uribe hizo fue exigir más y más resultados a las Fuerzas Militares, y para incentivar esos resultados creó un plan de recompensas. Parte de esa exigencia fue efectiva. Mejoró la inteligencia militar, así como las tácticas de las Fuerzas Militares. Pero se presentó un problema.

La forma más efectiva que encontró Uribe en su gobierno para medir resultados y dar recompensas fue contando bajas. Como tal, gran parte de las Fuerzas Militares se convirtieron en empresas de producir bajas. Esto no es algo se se inventó Uribe. Es algo que existía desde antes: elementos en las Fuerzas Militeres (¿muchos? ¿unos cuantos?) que en su afán de presentar resultados presentan guerrilleros abatidos en combate, sea que el cuerpo perteneciera a un guerrillero, o simplemente un campesino que podían disfrazar de guerrillero. Pero ante la insistencia de Uribe de que le reportaran resultados la práctica se extendió.

¿Fue Uribe engañado por una política criminal de una mafia al interior de las Fuerzas Militares? Tal vez. Pero ante las primeras denuncias de este tipo de irregularidades, el entonces presidente Uribe desestimó los señalamientos dando a entender que igual eran buenas bajas: «No estarían recogiendo café». No sería sino con la acumulación de casos y de denuncias que pide suspender el sistema de recompensas y ordena castigar a los culpables.

Los críticos de Uribe insisten en que el entonces presidente sabía desde un principio. Que no le estaba pidiendo resultado a los militares para medirlos, sino que él mismo, como presidente, se valía de esos resultados para mostrar su propia efectividad como Comandante Supremo. en otras palabras, dan a entender que los falsos positivos (nombre dado a la práctica de presentar civiles como bajas de enemigos en combate) fueron una política de gobierno durante el gobierno de Uribe.

Si no lo fue, Uribe es de todas formas políticamente responsable de permitir que pasara y de desestimar las primeras denuncias.

Al término del mandato de Uribe se hablaba de unas 3.000 víctimas de falsos positivos. Investigaciones recientes señalan que pudieron ser más de 10.000 ciudadanos asesinados por miembros de las Fuerzas Militares de Colombia con el sólo objetivo de presentar resultados.

A Uribe se le han abierto más de 200 investigaciones, varias de ellas aún abiertas, que lo vinculan con paramilitarismo, narcotráfico, matanzas y otros delitos. Muchas han sido cerradas por falta de pruebas, por testigos que se retractan o por testigos que mueren en extrañas circunstancias antes de comparecer. Esto crea suspicacias.

Varias de las personas que acompañaron a Uribe en su gobierno están hoy encarceladas o prófugas.

Para muchas personas este es un patrón claro: Álvaro Uribe Vélez es un criminal. Aunque para sus defensores Uribe es la víctima de una persecución judicial como venganza por su éxito contra las FARC.

Duque ya ha expresado que Uribe debería ser el próximo presidente del senado. Y una de sus propuestas de campaña es unificar las Cortes nacionales. Un efecto de esa posible unificación sería que varios magistrados perderían su trabajo y los que queden podrían ser aquellos afines al régimen. Por no hablar de que se cerrarían los casos contra Uribe.

Estaríamos hablando de una concentración del poder ejecutivo, legislativo y judicial en una persona: el expresidente

Ya sabemos que el expresidente cambió la constitución para hacerse reelegir. Y la mandó cambiar una segunda vez para volverse a reelegir, sólo que esta vez la Corte Constitucional consideró que eso acababa con el sistema de pesos y contrapesos de la Constitución.

Estamos hablando de que el mentor de Iván Duque. El que se sube a la tarima. El que Duque imita cuando habla en esas tarimas. El dueño del aviso por el cual Duque llegó a la consulta interpartidista, tiene una experiencia probada de querer cambiar la constitución a su antojo.

Pero no es sólo Uribe. Detrás de Duque está también Alejandro Ordóñez. Un católico sedevacantista sectario que usó su cargo como Procurador General para evitar que se cumplieran mandatos de las cortes de cumplir abortos en los casos permitidos por la ley. Crítico de derechos de la población LGBT+ que buscan su no-exclusión de la sociedad y los derechos que la sociedad garantiza, incluyendo el derecho a formar una familia.

Los más pesimistas ven la llegada de Duque al poder como el fin del Estado Social de Derecho, con Uribe en control del Congreso, de la Casa de Nariño y, pronto, de una corte única, con el objetivo de perpetuarse en el poder.

También, gran parte del sector que apoya a Duque ha sido contrario a los acuerdos de paz entre el gobierno de Colombia y las FARC y muchos quisieran acabarlo. Hoy las FARC están desmovilizadas y ya entregaron armas. Un rompimiento del acuerdo probablemente no implique la reanudación de la guerra, pero sí implica la suspensión de la Jurisdicción Especial para la Paz y el incentivo para que los desmovilizados cuenten su verdad sobre la guerra. Implica la suspensión de los programas adicionales como sustitución de cultivos ilícitos, o la reparación de las víctimas.

Pero no va a pasar. El gran respaldo político que ha recibido Duque tras su triunfo parcial en la primera vuelta presidencial no están respaldando a Duque como un respaldo a Uribe y su presunta hambre de acumulación de poder. Los sueños más húmedos del uribismo, si es que existen, no tienen respaldo mayoritario. Y eso partiendo de que tal sueño húmedo sea verdad y de que Duque lo comparta.

Las mayorías que logre Duque en el congreso son condicionadas y eso haría muy díficil lograr reformas que reduzcan la diversidad política del Estado.

Al igual que Petro, Duque intentará algunas reformas acordes a su programa de gobierno, pero así como Colombia no se va a convertir en Venezuela, Colombia tampoco se va a convertir en una extensión del Ubérrimo, de la finca privada de Álvaro Uribe. Tanto Duque como Petro tendrán varios ojos encima y, en últimas, lo más conveniente para ambos es mostrar que el país puede mejorar bajo su mandatos

Predicciones petroduquistas

Mi predicción:

  • pase Duque o pase Petro, el país no se acabará y en cuatro años estaremos eligiendo a otro presidente. Sí, a otro. Ninguno va a cambiar la constitución nuevamente para aprobar de nuevo la reelección, o para permitir reelegir a algún expresidente.
  • A Santrich lo extraditan. El muy huevón se le ocurrió que podía seguir con el negocio. La diferencia será en qué tan expedita sea el trámite una vez se dé vía libre.
  • El acuerdo con las FARC continúa, con algunas reformas cosméticas si sube Duque.
  • Ni el expresidente Uribe ni el expresidente Santos serán condenados a nada. Ni el candidato que pierda, quien asumirá su papel en el Congreso.
  • Habrá un intento fallido de reforma a la justicia. Con Duque además un intento fallido de reforma al congreso.
  • Seguiremos en la OCDE, pero variará el grado de compromiso y ciertas prioridades. Petro buscará dilatar todo lo que no sea imperativo.
  • Peñalosa no licitará el Metro de Bogotá. Pero si sube Petro culpará a Petro. Si no, simplemente no dirá nada. Lo que sí hará es alguna licitación sobre alguna obra accesoria que haga bastante difícil que el próximo alcalde haga el metro.
  • Con Duque se mantendrá la jurisprudencia actual sobre matrimonio y adopción igualitaria. Petro sí intentará avanzarla más.
  • No habrá fracking ni minería en los páramos. Pero Duque otorgará tantas licencias mineras como pueda dadas esas dos restricciones.
  • Si llegare a pasar algo grave en Venezuela (guerra civil, invasión), Colombia se declarará neutral con cualquiera de los dos.
  • Seguirá el tire y afloje con respecto a los diálogos con el ELN. Ambos combatirán a las disidencias de las FARC, y a las Bacrim, aunque variará el enfoque. Duque se cuidará de los falsos positivos porque sabe que lo tendrán bien vigilado en ese aspecto.
  • Habrá muchas diferencias en la orientación del gasto público, la reacción de los mercados, si la política social se enfoca en asistencialismo o empoderamiento, etc. Petro tendrá más dificultad para lograr alianzas en el congreso, pero tratará de que importe lo menos posible.

Y pensando que el país no se arruinará en un sentido o en el otro, me veo muy tentado a seguir el consejo de mis amigos anarquistas. El país será el que yo cree con mis actos, no el que un político decida.

Constituyendo un Petro

En 1990, el consejo electoral de entonces (creo que no se llamaba así) no aprobó la séptima papeleta. Los promotores de la misma aún así la promovieron y, finalmente, la Corte Suprema de entonces (no existía una corte constitucional) le dio validez, considerando que el mandato popular por la séptima papeleta había sido claro. Eso dio vía a un referendo/elección sobre si se convocaba una Asamblea Nacional Constituye, que se llevó a cabo en diciembre de 1990.

La participación en ese referendo fue muy inferior a la votación por el congreso que se había hecho en marzo, pero el voto a favor de la Asamblea fue claramente mayoritario y la Corte Suprema, de nuevo, consideró el proceso válido y considero que la Asamblea así constituida era válida y soberana. Como soberana, disolvió al Congreso y terminó redactando una nueva Constitución.


Veo cierto temor a si Petro podrá convertirnos en Venezuela. Primero, no todo experimento de izquierda ha sido tan desastroso como el venezolano. Ecuador y Bolivia, por sólo hablar del «Socialismo del Siglo XXI», no son paraísos pero tampoco fracasos. En muchos aspectos son hoy sociedades más estables y modernas que antes de que asumieran Correa y Morales. La sola palabra socialismo no predice nada. Escandinavia ha estado regida por partidos socialdemócratas y tienen hoy índices de libertad económica y calidad de vida muy altos. Desde luego Petro no es un Olof Palme y no ha ocultado su admiración por Chávez.

La pregunta es, si tuviera el poder, ¿Petro nos llevaría por el camino de Chávez y Maduro? ¿Por el camino de Correa y Morales? ¿O por el camino de la socialdemocracia escandinava?

Pero la otra pregunta es, si Petro llega a la presidencia, ¿tendrá el poder para cambiar el destino de Colombia a su acomodo?

Lo primero, Petro entraría con un congreso mayoritariamente en contra. Una gran parte de su baja ejecución como alcalde de Bogotá fue la oposición en el Concejo. Un presidente en Colombia tiene mayor autonomía presupuestal que un alcalde pero igual tendría que hacer pactos con un congreso clientelista u oligarca.

Si no puede contar con el congreso, la alternativa sería saltarse al congreso. Petro ha expresado su deseo de convocar a una constituyente, pero ¿Puede hacerlo? No con el Congreso en contra, la Corte Constitucional en contra y el Consejo Electoral en contra. Sí, una constituyente sería soberana y podría disolver al Congreso, a la Corte Constitucional y al Consejo Electoral, pero no podrá ser convocada en primer lugar si el Consejo Electoral no colabora, a motu propio o mandado por el Congreso o la Corte.

Al menos no el 8 de agosto de 2018. Tiene cuatro años para enmermelar al Congreso o a la Corte, o para hacerse al control del Consejo Electoral. Y con oposición de los medios, la oligarquías políticas y los poderes económicos, aún así no le será fácil.

Chávez también tenía la oposición de los medios y los poderes económicos, dirán. Pero Venezuela es un país tremendamente dependiente del petróleo. Chávez solo tuvo que lograr el control de PDVSA y con eso comprar los apoyos suficientes en los puestos claves del poder para iniciar su camino de reformas. Correa y Morales también lograron introducir algunas reformas políticas importantes pero no las suficientes para cambiar el modelo económico que en gran medida continuó intacto.

Petro no me inspira confianza. Tiene algunas buenas ideas pero también algunas ideas que de lograr implementar no serían muy convenientes. Pero no me asusta. Incluso creo que una reorientación a las prioridades del país que pueda introducir Petro, estarían en el camino correcto y tras cuatro años podremos evaluar y decidir si seguimos con la idea o nos regresamos.

Siento que la mayor parte del discurso anti-petrista es paranoia. Tanto sobre sus posibilidades de ganar (con votos comprados por Maduro y las FARC) como sus posibilidades reales de desbaratar al país si llegare a ganar.

Y algo que los anti-petristas ignoran es por qué Petro genera tanta esperanza en tanta gente. No, no es que sea un pueblo ignorante que quiera todo regalado. Pero pensar así es fácil. Es ignorar nuestra responsabilidad en haber creado y criado un pueblo que ve en Petro su mejor esperanza.

Ahí delegando nuestra justicia

Gonzalo Rodríguez Gacha

Gonzalo Rodríguez Gacha, “El Mexicano”


Crecí con la idea de que el narcotráfico era el peor de los delitos, porque envenenaba a los niños y porque sus mayores exponentes eran asesinos como Escobar y Rodríguez Gacha. Salí al extranjero con el estigma del pasaporte colombiano. Me fastidiaba la aceptación social del consumo de narcóticos en países ricos mientras que en Colombia librábamos una guerra, exigida por esos países ricos, y en la cual morían colombianos.

Eran los años 1980 y en Colombia estaba el debate de la extradición. Las izquierdas con su discurso pro-soberanía se oponían. Asesinos como Escobar libraron una guerra para oponerse a la misma. Yo no lo veía como un asunto de soberanía. Si un ciudadano colombiano va a otro país y comete un delito grave allá, no debería regresarse a Colombia y ampararse en la no extradición de nacionales para librarse de su pena. Pero, finalmente, entre la convicción de unos y el interés de otros, quedó como norma constitucional la no extradición de colombianos.

Hablo en pasado porque algunas percepciones cambian. Hoy creo que el principal crimen de Escobar no fue haber sido un narcotraficante sino haber sido un asesino. Y aunque sigo creyendo que la extradición no es una cuestión de soberanía, sí creo que un asesino y narcotraficante debería responder primero por sus asesinatos en Colombia y luego si por el supuesto crimen transnacional de narcotráfico.

Cuando Uribe habla de haber desmantelado el paramilitarismo extraditando a sus cabecillas, me parece un pésimo argumento. Uribe se burló de su propia ley de Justicia y Paz. Bueno, de una ley algo más dura de la que él había propuesto para desmovilizar a los paramilitares. Sí. La expectativa de penas por narcotráfico en Estados Unidos para Mancuso y otros paramilitares es mayor que las penas que obtendrían en Colombia por su participación en masacres y otros crímenes de lesa humanidad. Pero el objetivo de la ley de Justicia y Paz era buscar la verdad y la reparación, así el costo fueran penas cortas.

En un enfoque netamente punitivo, sí, esos jefes paramilitares están teniendo un mayor castigo en Estados Unidos que en Colombia. Pero allá no tienen un incentivo para decir la verdad sobre sus crímenes en Colombia de forma tal que se pueda dar cierre y reparar a las víctimas y sus deudos.

Salvatore Mancuso

Salvatore Mancuso


Mostrar como un gran logro de la política criminal el alto número de extradiciones aprobadas durante el gobierno de Uribe es un exabrupto. Eso lo que muestra es que la política criminal en Colombia está lejos de ser lo que necesitamos los colombianos. La extradición en sí no es una cuestión de soberanía. La extradición como se ha venido manejando sí es una renuncia de la soberanía del pueblo colombiano sobre nuestra propia justicia.

Ahora estamos ante el dilema de si extraditamos o no a alias Jesús Sántrich. Muchos quieren verlo extraditado porque aún estamos pensando en cómo castigar a las FARC, y Sántrich en una cárcel gringa es un buen sustituto a verlos muertos en combate. Personalmente creo que lo prioritario no es castigar, sino reparar y prevenir. Anteponer la extradición atenta contra este objetivo.

Ojo. No estoy diciendo que Sántrich no deba ser extraditado. Si tras decir la verdad, reparar y prevenir sigue delinquiendo debe responder ante la justicia existente (sea en Colombia o en Estados Unidos). Si no colabora responderá no sólo por los nuevos delitos sino por los pasados bajo las leyes vigentes (es decir en Colombia o en Estados Unidos, según el caso). Lo que digo es que primero debe establecerse qué tanto le debe a las víctimas en Colombia y luego sí, si hizo méritos para ello, ser extraditado.

Doñaflorindos

La idea de que un pobre asalariado no debería votar por la derecha o si no es un traidor de clase, o sufre de síndrome de Estocolmo o síndrome de Doña Florinda es partir de una retórica de conflicto empleado-empleador y desconocer que somos personas complejas y desconocer que hay más razones que sólo prebendas laborales.

Una buena parte de la izquierda se presenta como la abogada de causas. No sólo la causa del pobre asalariado, también la de las reivindicaciones de género y raza, la de las causas animalistas y ecológicas y, en últimas, la que quiere meterle la mano a todos los aspectos de nuestras vidas con la mejor intención. Para muchos asalariados pobres, para muchas mujeres y para muchos en las minorías LGBT*, para muchos negros e indios, esas buenas intenciones no son suficientes frente al peligro que los bienintencionados representan: poner al estado a inmiscuirse en nuestras vidas.

No todo empleado ve a su empleador como el enemigo a vencer. Si esa mentalidad fuera general y se reflejara en las urnas, mientras haya más empleados que empleadores ganarían una y otra vez los candidatos de izquierda, legislando lo que los sindicatos han obtenido negociando y, como el empleador es el enemigo, aumentando salarios por ley y cobrando más y más impuestos a la industria hasta que se ahoga la industria y está quiebra o se va. Entonces no habrá empleos, ni quién pague los subsidios de desempleo, y muchos desempleados se convertirán en empresarios independientes informales porque formalizarse es oneroso. Hasta que haya más empresarios que empleados y empiecen a votar por la derecha.

Sí. Mucho asalariado pobre prefiere ser agradecido con su empleador a ver a su empleador como el enemigo de clase. Mucho pequeño empresario y trabajador independiente prefiere un estado que lo deje trabajar que uno que, por supuestamente proteger al trabajador, ponga trabas y controles. Muchos empleados son hermanos, padres, hijos, de pequeños empresarios independientes. Y muchos de ellos ven en la derecha que promete no inmiscuirse un mejor aliado que la izquierda que promete proteger al empleado.

Y cuando esa izquierda prefiere tratar a los pobres que no la apoyan de tarados, traidores, o doñaflorindos, significa que esa izquierda no conectó con ellos ni les interesa.

Y de eso se trató en gran medida el triunfo de Trump en 2016. Y es por eso que Duque está más adentro que afuera del Palacio de Nariño.

Desembarazando adolescentes

Hay básicamente dos tipos de embarazo adolescente: el buscado y el no buscado.

[P.S. invito a aportes y debate de quien sepa más que yo. No pretendo tener ninguna última palabra.]

Dentro del embarazo buscado, en algunos casos son niñas maduras, con buenas redes afectiva y oportunidades que sueñan ser mamás jóvenes. Aunque en muchos casos (¿la mayoría?) son niñas que toman la decisión con cierta inmadurez, buscando “atrapar” el afecto de un hombre o buscando en un hijo la afectividad que no tienen, o muchos otros motivos donde no se piensa a futuro.

El embarazo no buscado generalmente puede atribuirse, en la gran mayoría de los casos, a falta de una buena educación sexual. Una chica adolescente a la que le han enseñado a valorarse a sí misma no compensa falta de afecto con sexo y si toma la decisión de tener sexo sabe cuidarse. (Unos pocos casos la contracepción falla.)
No hay que olvidar que también, en muchos casos, el embarazo es producto de una violación, de estupro, o de sexo presionado.


El embarazo adolescente suele suceder antes de la edad en que las niñas deban entrar a la fuerza laboral o iniciar sus estudios universitarios. La perspectiva a futuro de estudiar en la universidad (respuesta de Petro a la protesta de Duque) o de encontrar un oficio remunerado (propuesta de Duque recortada) es apenas una parte ínfima de las razones por las cuales las adolescentes buscan embarazarse. Y no tiene que ver con el embarazo no buscado.

Una buena educación sexual de calidad ayuda a prevenir muchos de los casos de embarazos no buscados e, incluso, muchos de los casos de embarazo buscados. Un sistema de consejeros y la detección temprana por parte de adultos de problema familiares ayudan a detectar los problemas afectivos en adolescentes que las puedan llevar a embarazos buscados y de conductas que lleven a embarazos no buscados, y ayudar a compensar estos riesgos.

Y la educación no es sólo para las niñas. Es para los niños varones también. Además de que los chicos tienen los mismos problemas que las chicas que los llevan a conductas que ayudan al embarazo, sólo que no son ellos los embarazados, el no tener que sufrir en carne propia las consecuencias del sexo, así como una equivocada idea de masculinidad definida desde “lo macho”, fomenta el riesgo y convierte a los chicos en potenciales violadores.

Sobre #MeToo (#YoTambién)

Recientemente leía en Quora las respuestas y comentarios a una pregunta: «¿Que errores comunes cometen las escritoras al retratar personajes masculinos?». (También existe la pregunta sobre los errores comunes de los escritores varones al retratar mujeres.) Dos tipos de errores sobresalen en la mayoría de respuestas: retratar a los varones como mujeres con bigote, o retratarlos como robots sin sentimientos.

Entendiendo primero que todos somos individuos y que hay una gran variación y excepciones, sí hay comportamientos que son más predominantemente femeninos y otros que son más predominantemente masculinos. Y como lectores o espectadores de una película o serie, muchas veces notamos cuando algo no es correcto. En general los hombres tenemos el mismo rango de sentimientos que una mujer, pero lo expresamos diferente. Bien sea por cultura o biología, nuestro papel no es compartir nuestros sentimientos sino actuar. Desde luego nuestros sentimientos, temores, frustraciones, expectativas, repercuten en nuestras acciones, pero no necesariamente en nuestras palabras. Usualmente no en nuestras palabras. Una escritora poco experimentada puede caer así en una de las dos trampas: poner a su personaje masculino a expresar constantemente sus sentimientos, o asumir que porque no los expresa es porque no los tiene.

Otro punto que se destaca frecuentemente es la diferencia de actitud de hombres y mujeres frente a los problemas. En muchos casos la mujer busca es validar sus sentimientos frente al problema. Para el hombre es un llamado a una acción para resolverlo. Esto me recuerda la escena de Inside Out en la cual Riley se rebela en la mesa. La mamá de Riley observa la situación y requiere del apoyo del papá para enfrentarla, buscar un consenso. El papá está distraído, leyendo o algo. Cuando le hacen caer en cuenta que hay un problema su actitud es tomar una acción inmediata: castigar a Riley enviándola a su cuarto. Problema resuelto. Fin de la situación. Regresamos a la normalidad. La mamá desde luego no está satisfecha. Pero decide no desgastarse.

Una respuesta parte de una hipótesis. Los hombres somos esencialmente solitarios. Bien por cultura o por naturaleza nuestros problemas son nuestros problemas y nos compete a nosotros resolverlos (sea que lo hagamos o no). No quiere decir que nos echemos toda la carga: pedir ayuda es una forma de intentar resolver nuestros problemas, pero no hay necesidad de hablar de nuestros problemas a menos que estemos haciendo precisamente eso: pidiendo ayuda. Ya las diferencias de personalidad y nuestras diferentes experiencias harán que este hombre solitario busque resolver sus problemas de una forma u otra.

Desde luego son generalidades. Hay diferencias entre individuos, y dentro de un individuo hay momentos. Muchas veces los hombres reventamos y ya no buscamos ayuda sino consuelo. Muchas veces las mujeres entienden que el problema hay que resolverlo sin esperar a validar consensos. Un buen escritor (hombre o mujer) entiende cuando la historia puede provocar una excepción a la norma y hacer a sus personales más creíbles.Pero no voy a extenderme en estereotipos en obras de ficción.

Voy a hablar de sexismo. Voy a hablar de acoso. Y voy a hablar de actitudes.

Una de las respuestas habla sobre el sexismo. El sexismo típico no se trata de un hombre que odia a las mujeres y se la pasa hablando de qué tan malas son las mujeres o por qué las mujeres deben permanecer en la cocina. El sexismo típico es un hombre que ni siquiera se siente sexista, sino inseguro. Se siente amenazado y termina expresando su frustración con la idea de que algo está mal porque una mujer osó salir de la cocina.

A veces los mismos hombres no entendemos esto. Crecimos con la expectativa de que debemos enfrentar nuestros temores, no hablar de ellos. ¡Sea varón! En una aldea primitiva los varones eramos la primera línea de defensa cuando nos amenazaba un león o una tribu vecina. No hay tiempo para sentimientos: hay que actuar. Nuestra adrenalina debe estar lista para repeler el ataque. La segunda línea de defensa, si la primera falla, son nuestras mamás, pero la situación suele dar tiempo para que estas se preparen. Esta segunda línea de defensa requiere ser más elaborada, menos impulsiva. Pero regresemos a la primera línea: la acción debe ser rápida; los temores deben ser dejados de lado.

Estamos lejos de esa aldea primitiva, pero muchas de las actitudes se conservan, bien heredadas por nuestros genes o por nuestra cultura. Pero aunque nos reservamos nuestros temores y sentimientos ellos siguen allí. No importa cuan vulnerables nos sentimos, debemos aparentar que estamos controlando la situación. Podemos actuar como bravucones temerarios cuando estamos cagados de miedo.

Crecí en los años 1980. La típica comedia romántica de la época se basaba en la conquista amorosa: la idea de que si insistimos lo suficiente por la mujer adecuada podemos conquistarla. El nerd que conquista a la reina de de la promoción. En algunos casos la comedia se basa en que equivocamos a la mujer adecuada, pero al final se resuelve y nuestra alma gemela no era la reina sino nuestra amiga de toda la vida.

La idea de conquista no es de los años 1980. Viene de mucho antes. Es Condorito y Pepe Cortisona peléandose por Yayita. Popeye y Brutus por Olivia. La perseverancia es vista como un valor. Hay que impresionar. Hay que mostrar interés pero no mostrar el hambre.

Hoy veo al feminismo denunciando al coqueteo. Insistiendo que no es no. Recordándonos que insistir es acoso. Una primera reacción es que nos cambiaron las reglas del juego. Tal vez un varón entienda que hay un coqueteo vulgar y entienda que ese es un límite que no debería cruzar, pero siente que el sólo hecho de expresar que está interesado será interpretado como acoso. O tan sólo saludar. ¿Lo es? La perseverancia ya no es un valor sino abuso.

Esto genera frustración y sentimientos de vulnerabilidad. Pero somos varones. No hablamos de cómo nos sentimos. Actuamos. Y actuamos vergonzantemente, apoyando esas ideas feministas como una forma de decirnos a nosotros mismos que no somos esos machos misóginos que ellas denuncian. O actuamos denunciando a las feminazis que quieren prohibirnos incluso decir algo lindo sobre nuestros congéneres. Actuamos culpando a otro: a esos machos que no son como uno pero nos dan mal nombre, o a esas feministas que no distinguen a un hombre decente como uno de un machista. Actuamos culpándonos a nosotros mismos por no ser suficientemente buenos, o por no ser suficientemente varones para defender nuestra posición. Actuamos pensando que siempre hemos estado en lo correcto y no no venga una feminista a decirnos cómo actuar o qué decir.

Y viene ahora una campaña como el #MeToo, el #YoTambién. Se trata de visibilizar el acoso, y el problema es que es muy fácil no entender de qué se trata.

Mi generación creció en una etapa de transición. Muchos de mis compañeros, yo mismo, crecimos con una mamá en casa, pero había ya varias mujeres ocupando trabajos antes reservados para los varones. Hoy en día la fuerza laboral es casi pareja y son raras las mujeres que tienen el privilegio (o la carga) de poder permanecer en casa con sus hijos. La economía se adaptó a absorber esa nueva fuerza laboral y los salarios se adaptaron a no sostener una familia sino media.

Ha habido muchos cambios hacia la igualdad y varios de ellos los hemos presenciado a lo largo de nuestras vidas, y por ello es fácil creer que esa igualdad ha sido conquistada. Nuestra generación no es como la de nuestros abuelos en que el machismo era la norma. Nosotros no somos como esos países árabes que obligan a las mujeres a usar nicab. No somos como en la india donde una pandilla viola a una chica en un tren y los absuelven a todos. Entonces ¿de qué se quejan esas feministas? Ya conquistaron el voto y el derecho a trabajar fuera de casa, ahora se quejan de cómo hablamos y qué decimos.

Pero aun falta mucho para esa igualdad. Y #MeToo es una prueba de ello.

Casi todas las mujeres en mi entorno han sido víctimas de alguna forma de abuso y acoso. Hay dos posibles explicaciones: una es que aun quedan unos pocos acosadores seriales, u otra que los varones somos acosadores por naturaleza.

Ahora, muchos de nosotros “sabemos” que no somos nosotros los acosadores. La idea de que somos acosadores por naturaleza es incómoda. Nos hace quedar mal. Nos destruye el mito de que ya la igualdad ha sido conquistada. Así que la explicación debe ser otra.

También aborrecemos a los acosadores seriales. Si llegáramos a descubrir a alguno, lo lincharíamos. No lo toleraríamos en nuestro círculo. Esos deben ser unos desadaptados que no nos representan.

Entonces debe haber otra explicación: las mujeres (o las feministas) están exagerando o muchos de los casos de abuso y acoso se trata de malentendidos o exageraciones.

Pero el problema es más complejo. Un acosador no es un personaje excluido y solitario, sino que es nuestro compañero de trabajo con el que compartimos unas cervezas y, dentro de nuestra experiencia, es un tipo decente. Un acosador puede ser el gerente, deportista, cantante o político que admiramos. Un acosador puede ser el soldado de la patria que nos defiende de esos facinerosos comunistas. Un acosador no es un marginado al que yo pueda rechazar sino una persona que se parece a mí, o se parece a quien yo admiro. Si lo acusan me podrían estar acusando a mí. Tal vez fue un mal entendido (y yo podría ser víctima de un malentendido similar). Si lo acusan es porque se le quieren tirar la carrera. Si la acusan es porque quieren mancillar el buen nombre de nuestro ejército.

En últimas la acusación es un golpe más a nuestras vulnerabilidades, temores y frustraciones que no debemos admitir.

Prefiero dejar claro una cosa aquí. Yo no soy una persona moralmente perfecta y fácilmente, cuando algunas de mis amigas de Facebook escriben en su estado #MeToo pueden estarse refiriendo a mí, sea que ellas se hayan dado cuenta o no. Tal vez mi personalidad introvertida y timidez impidieron que yo fuese más acosador de lo que he sido. Porque lo he sido.

Sí, lo admito. Yo he acosado en formas en las que hoy soy consciente. Y probablemente también he acosado en formas en las que aún no soy consiente todavía. Y no es algo que me enorgullece sino que me avergüenza.

Colectivos de individuos

Pasa un insuceso, como el de Yuliana Andrea Samboní y la novela de su sindicado perpetrador Rafael Uribe Noguera. Todo el mundo se indigna, y no es para menos. Esos casos no deben pasar. El secuestro, abuso y muerte de Yuliana es un hecho que no debe pasar ni tiene justificación alguna. En un estado de derecho un presunto delincuente debe tener garantías procesales, pero en una democracia no es admisible que los apellidos se conviertan en excepciones que brinden privilegios extraordinarios. De todas las orillas ideológicas no he visto la primera justificación hacia la suerte de Yuliana: la opinión pública la condena unánimemente.

Lo que sí he visto es la apropiación del hecho como caballo de batalla de muchas otras causas. Hay quien no puede decir «condeno el asesinato de Yuliana» sin convertirlo en «condeno el asesinato de niños natos y no natos». Hay quien no puede decir «rechazamos los privilegios de Uribe Noguera» sin anteponer el rechazo a la supuesta impunidad a las FARC. Tal vez, yo mismo, al usar el hecho como entrada a este artículo, me estoy aprovechando de él.

En este caso, de todas las apropiaciones, la que menos me molesta es la hecha por activistas feministas y similares. El hecho en sí: secuestro, violación y muerte de una menor de edad, es muy acorde a su causa. Podemos discutir si el concepto de violencia de género es válido o no, o si aplica a este caso o no, pero englobar este caso bajo su bandera no es oportunismo.

esperanza-gomezPasemos a otro caso. Hace un par de días, la estrella porno colombiana Esperanza Gómez se dejó manosear en un desfile en Yopal. Hay un video donde se muestra cómo uno de los asistentes le mete la mano por su vagina desnuda sin que la modelo y actriz se inmute. El debate aquí lo vi dentro del seno del movimiento feminista. Por un lado hay quienes consideran que Esperanza Gómez está en su pleno derecho de aceptar ese trato. Es ella, como mujer, quien toma una decisión y como tal no debe ser juzgada. Por otro lado otras voces condenan el hecho. Su acción perpetúa el concepto de la mujer como objeto de deseo carnal del hombre y el derecho que los hombres se arrogan al uso de la mujer. Aun cuando Esperanza Gómez no sea una victima (algunas aseguran que sí), potencia el que haya víctimas, como Yuliana, producto de un hombre que se creyó con derecho sobre ella.

El diálogo que he visto, entre feministas y mansplainers, o entre feministas pro y anti-prostitución, etc. parece a veces un diálogo de sordos. Cada parte tiene una opinión pero, sobre todo, invalida completamente la opinión de la otra parte porque ellos son incapaces de entender el punto; porque ellos son incapaces de ver la evidencia.

Los seres humanos somos animales racionales y sociales. Cada uno de nosotros se entiende desde lo individual y desde lo colectivo. Tomamos decisiones desde y sobre lo personal, y desde y sobre lo colectivo. Una pregunta válida es si lo individual incide sobre lo colectivo o lo colectivo sobre lo individual; o, más bien, si predomina la incidencia de lo individual sobre lo colectivo o predomina la incidencia de lo colectivo sobre lo individual.

No sé si es posible una respuesta definitiva. Pero sí hay dos concepciones mentales diferentes entre quienes creen que lo determinante es lo colectivo y quienes creen que lo determinante es lo individual. Podemos llamarlos mentalidad colectivista y mentalidad individualista. Cuando vemos la realidad y la interpretamos para comprenderla, nuestra mentalidad colectivista o individualista incide en esa interpretación. La otra interpretación, normalmente nos parecerá ajena, producto de la ignorancia o de una agenda.

Una aclaración, antes de seguir. Toda persona medianamente versada entiende que existen responsabilidades individuales y que nuestros actos individuales están enmarcados en un trasfondo cultural (colectivo) y tienen repercusiones sociales (colectivas); y en asuntos puntuales, una persona que muestra una mentalidad individualista puede tener una lectura colectivista o viceversa.

En la mentalidad individualista, se considera al colectivo (la sociedad, la cultura, el sistema) como una simple agrupación de individuos y al estado como un grupo de individuos que ejercen control sobre otros, y el papel del estado (si se acepta), es preservar las libertades individuales. Cada individuo es responsable de sus actos (salvo que haya sido coaccionado). Rafael Uribe Noguera es responsable de secuestrar, violar y asesinar a una niña. Él no podría defenderse diciendo que la sociedad lo abandonó, o que la cultura machista lo hizo así y que una familia que lo sobreprotegió no le permitió aprender a asumir sus responsabilidades. Puede ser que esto haya pasado pero no es una defensa. Si se encuentra que el fue el perpetrador el es el principal y único responsable. Esperanza Gómez es responsable de subirse a esa tarima y permitir que la manosearan. Dejarse manosear no es un delito, por lo tanto ella no es culpable. El tipo que la manoseó es responsable de sus actos. Como no hubo denuncia de abuso, no es legalmente culpable de los hechos registrados. A menos que se compruebe que Gómez es una víctima coaccionada (p. ej. su agente la obligó a subirse a esa tarima y a permanecer sonriente mientras la manoseaban) ahí no hay un hecho punible.

En la mentalidad colectivista, el individuo es un producto del colectivo y los actos del individuo ayudan a preservar el sistema del colectivo o a cambiarlo. Todo acto individual es producto del colectivo y tiene consecuencias sobre el colectivo, y son válidos o no de acuerdo a estas consecuencias colectivas. El estado es parte del sistema y su papel es preservar el sistema o servir de catalizador para el cambio del mismo. Antes que su responsabilidad individual, Rafael Uribe Noguera representa a una sociedad que permite que esos hechos pasen. El castigo que merece Uribe Noguera no es tanto por las acciones de su libre albedrío sino porque representarían un mensaje de que esas conductas no deben permitirse: la sociedad debe mutar de ser un colectivo donde tales conductas pasan, a un colectivo donde esas conductas se condenan. Por su parte, Esperanza Gómez es responsable de perpetuar este tipo de colectivo perverso. Al venderse ella como un objeto (asumiendo que sí es ella y no una imposición de su agente, en cuyo caso ella también sería víctima del sistema) perpetúa la noción de que la mujer es un objeto a servicio de la masculinidad. Perpetúa la noción de que el macho tiene derecho sobre el cuerpo de la hembra.

Ambas mentalidades condenan a Uribe Noguera. Una por que lo responsabiliza de sus actos individuales. La otra por lo que esos actos representan. Ambas mentalidades condenan los primeros intentos de la familia y allegados de minimizar los hechos. Una porque no le permiten al perpetrador asumir su responsabilidad. La otra porque muestran cómo el sistema permite la impunidad y esa es una parte perversa del sistema que debe demolerse. En este caso ambas mentalidades coinciden en lo que hay que hacer y, si acaso, discutirán sobre las arandelas. Arandelas tales como qué exactamente significa que ese caso será tratado como un caso de violencia de género.

En otros casos, como el de Esperanza Gómez, ambas mentalidades chocan entre sí. Incluso en personas que comparten una misma causa, como el feminismo, la mentalidad individualista y la mentalidad colectivista dan lecturas completamente diferentes.

individualism-vs-collectivism-pictureAhora. Usé las palabras individualista y colectivista en gran medida porque cuadran en el objeto del énfasis, pero también porque ambas suenan mal, sobre todo suenan mal a quien tiene la mentalidad contraria. El individualismo se relaciona con egoísmo. Es anteponer nuestro propio individuo sobre el bien colectivo. El colectivista ve al individualista como a alguien que antepone su bienestar individual sobre el bien común. Por otro lado el individualista ve al colectivista como a alguien que se opone a los derechos individuales y a la propiedad privada. Alguien que expropia, es decir que roba a nombre de un estado, o que niega la identidad individual para pasar una agenda colectiva.

Por ello, quien tiene mentalidad individualista no le interesa entender que su contraparte en la discusión solo tiene un punto de vista diferente. Su contraparte es un colectivista; es decir, un marxista cultural, un expropiador, un ladrón a nombre de un supuesto bien común; o un idiota útil al servicio de asesinos y ladrones.

Por ello, quien tienen mentalidad colectivista no le interesa endender que su contraparte en la discusión solo tienen un punto de vista diferente. Su contraparte es un individualista; es decir, un egoista que antepone sus intereses particulares por encima del bien común y por lo tanto un ignorante que perpetúa las perversidades del sistema.

Desde luego esta es una sola de las muchas dimensiones sobre las que nos movemos los seres humanos y nuestras diferencias ideológicas. Si creemos o no en la existencia de un orden natural. Si creemos o no en la necesidad de un estado. Si creemos que las sociedades deben adaptarse a los individuos o los individuos a las sociedades. Si deben primar los acuerdos entre personas libres o si debe primar la voluntad divina. Si las diferencias deben preservarse o deben abolirse y cuáles diferencias deben preservarse o abolirse. En fin.

Pero, tal vez la próxima vez que entres al debate no asumas que tu contraparte está equivocada, o es un ignorante/un idiota útil; o es perversa. Tal vez, simplemente, ve al mundo bajo una mentalidad diferente.

Un frágil futuro

El No ganó con un 50,21%, el perdió con un 49,78%, menos de medio punto porcentual de diferencia. Ese margen tan escaso, de menos de 60 mil votos frente a una votación de más de 12 millones y medio de votos válidos, hace pensar que casi cualquier cosa pudo haber cambiado el resultado.

«Qué pereza salir a votar con este clima.»

«Qué pereza salir a votar con este clima.»

En la Costa Caribe el ganó, pero también hubo la mayor abstención, en gran parte promovida por el paso del huracán Matthew. Si la participación en el Caribe hubiera sido similar a la del resto del país, conservando las tendencias de voto de la región, ese medio punto porcentual se hubiera revertido fácilmente.

Muchos pastores evangélicos y muchos curas católicos hicieron una fuerte campaña en contra del plebiscito porque los acuerdos tenían enfoque de género («nos van a colar la ideología de género» decían), o porque en el acto inaugural de la firma de los acuerdos, en el espíritu de inclusión del gobierno con comunidades indígenas, hubo actos que consideraron anti-cristianos, satanistas. Si estas feligresías hubieran votado libremente, sin la guía espiritual que les mintió sobre la ideología de género, ese medio punto porcentual se hubiera revertido fácilmente.

El destino de Colombia si esos jipis del Sí hubieran ganado.

El destino de Colombia si esos jipis del Sí hubieran ganado.

Muchos promotores del No vendieron la equivocada idea de que los acuerdos implicaban que el comunismo se tomaría al país y que nos convertiríamos en Cuba o en Venezuela si pasaba el plebiscito. Que en dos años se acabaría el papel higiénico y tendríamos que hacer largas filas para comprar leche en polvo. Claramente nada de eso se desprende de la letra de los acuerdos, ni de la realidad del país, pero ese discurso de miedo caló. Sin esas mentiras, con un voto más libre, ese medio punto porcentual se hubiera revertido fácilmente.

Pero también hubo varios curas católicos que apoyaron abiertamente el , y sé de líderes evangélicos que también se mostraron favorables al mensaje cristiano del perdón. También muchos promotores del amenazaron que la consecuencia del No era regresar a la guerra, incluso a una guerra peor, a una guerra urbana. ¿Cuántos votos del fueron influenciados por estos líderes espirituales y estas mentiras apocalípticas? Si estos votos hubieran sido más libres el margen del No pudo haber sido más alto, más claro.

Y están los votos nulos, y la abstención general. Muchos votos nulos son sin duda personas que anularon su voto intencionalmente. Un amigo de Facebook comentaba que no lo convencían los acuerdos, pero tampoco quería avalar las mentiras de los del No, así que su intención era votar en blanco, pero como no existía esa opción iría a anular su voto. Conceptualmente el es el voto que cuenta. La pregunta era si apoyábamos un acuerdo, así que todo abstencionista intencional, toda anulación intencional, fue un acto democrático contrario a apoyar ese acuerdo. De forzar esos votos hubieran sido votos por el No y el No hubiera sido más claro.

ctz-fiqwaaafnf5Noté en mis redes sociales, en Twitter, pero sobre todo en Facebook, que quienes exponían sus argumentos por el No, válidos o no tanto, eran atacados. Unos pocos, después de varias semanas de discusión expresaban una incertidumbre con argumentos que en el fondo expresaban más incredulidad hacia la campaña a favor del que hacia los promotores del No. Otros muchos sólo se expresaron finalmente ayer después de las 5 de la tarde cuando el No ya era un hecho. No eran personas que temieran a la ideología de género, ni que creyeran que nos convertiríamos en Venezuela, pero sí personas que no se convencieron de la viabilidad de los acuerdos o desconfiaban de Santos y las Farc por igual. Pero, sobre todo, personas que no se sintieron libres de expresar sus inquietudes. Quienes se atrevían a expresarse por el No antes de las elecciones fueron atacados, descalificados, por muchos de los que íbamos por el . También lo vi al revés pero en una escala mucho menor.

El Sí (verde) y No (naranja) en Antioquia.

El Sí (verde) y No (naranja) en Antioquia.

Este tipo de plebiscitos deben ganarse con votaciones cercanas al 67% o más. En muchos de los pueblos que sufrieron la guerra, el apoyo fue de ese orden o superior, porque son personas que prefieren perdonar al victimario ante la perspectiva de conocer la verdad y que esta no se repita, que pensar en conceptos abstractos como la no impunidad. En 1992, en Sudáfrica, el 68,73% de los blancos apoyaron algo incluso más incierto que nuestro plebiscito: iniciar negociaciones con los negros. Sí, conversaciones con antiguos grupos terroristas como el Concejo Nacional Africano, conversaciones que podrían convertir a un país de ciudadanos blancos en un país donde los blancos serían una minoría perseguida. Y aun así dos de cada tres blancos consideró que era lo mejor.

¿Por qué dos de cada tres colombianos no apoyamos el plebiscito por la paz? Porque la pregunta es esa. No es sobre como revertir medio punto porcentual. Jurídicamente hubiera sido suficiente con revertir ese medio punto porcentual, pero la legitimidad de lo aprobado hubiera quedado en entredicho en contraste con un contundente, con una mayoría clara de colombianos que hubiéramos apoyado ese acuerdo.

El Camarada Santiago con el Comandante Fidel

El Camarada Santiago con el Comandante Fidel.

Una parte fue la propaganda del No que pintaba a Colombia como una futura Venezuela. Los que llegaron a decir, con no más evidencia que una foto, que el presidente Santos era un agente de Fidel Castro, un Caballo de Troya para infiltrar al establecimiento e implantar el comunismo. La propaganda que nos convenció que las Farc son un cartel multimillonario que estaba escondiendo sus bienes para comprar votos más adelante. Otra fueron esos líderes cristianos (católicos y evangélicos) que nos prevenían frente al satanismo y la ideología de género. Pero ese tipo de argumentos también pesaron en la Sudáfrica blanca de 1992, y aún así 2 de cada 3 sudafricanos blancos apoyaron el inicio de negociaciones con la Sudáfrica negra.

El perdió esa contundencia que debió haber tenido, y lo dejó al borde de que unos pastores manipuladores o un huracán hubieran logrado esa pírrica victoria del No, por los acuerdos mismos y la misma campaña del . Sencillamente ni el gobierno ni quienes creíamos en el , fuimos capaces de convencer a los suficientes colombianos de que apoyar estos acuerdos era lo mejor para el país.

Influyó la negociación misma. Muchos sectores se sintieron excluidos de la negociación, el más importante de ellos fue el expresidente Uribe y su caudal político. Tengo versiones encontradas, unas que dicen que Santos los invitó a participar y no aceptaron, y otras que dicen que ellos propusieron ir y Santos no aceptó. Sea la razón real, el uribismo, quien hizo posible que las Farc se sentaran a negociar, no participó y no se sintió incluido en el acuerdo final. El acuerdo final fue de otros, de un gobierno (no de un estado) con un grupo guerrillero, donde una parte importante del país (ellos, el uribismo), fueron excluidos. Uribe dice que sólo lo querían para la foto, para avalar un acuerdo en el que no tuvo injerencia, y que por ello no fue. ¿Hubiera sido posible un acuerdo con la participación del uribismo en la mesa? Tal vez no. O tal vez sí, y si el acuerdo se hubiera logrado, así hubiere sido el mismo acuerdo, el uribismo no lo hubiera estado desprestigiando con la contundencia con que lo hizo.

Influyó el acuerdo mismo. 297 páginas donde entran en mucho detalles en ciertos puntos pero dejan otros demasiado vagos. No dicen (y en mi opinión no tendrían que haberlo dicho) qué pasa con la plata que las Farc supuestamente tienen, o con los menores de edad reclutados. ¿Son los cuerpos de seguridad creados para evitar que masacren a los guerrilleros desmovilizados un disfraz de la guerrilla para no dejar las armas? ¿Qué pasará con unos pocos campesinos que adquirieron de buena fe unas tierras despojadas? El acuerdo mismo no fue lo suficientemente claro para dilucidar esas inquietudes, así que en últimas se leía bajo nuestros presupuestos: desconfío de Santos y la guerrilla, entonces esas incertidumbres son huecos para implementar el peor escenario posible; o tengo esperanza, entonces esas incertidumbres se solucionarán positivamente en su debido momento. Una lectura que pudo haber convencido a muchos, sólo sirvió para confirmar nuestros preconceptos.

Influyeron las contradicciones del gobierno. Santos dijo que iba a haber cárcel y el acuerdo permitía que cualquier guerrillero pudiera salir sin conocer el interior de una prisión. Dijo que no participarían en política y nada en el acuerdo impide que los líderes de las Farc participen en política. Y todo ello mella en la credibilidad de un gobierno y de las políticas que intenta impulsar. Repito. Es muy probable que si el uribismo hubiera estado en la mesa desde el principio, el acuerdo hubiera sido muy similar. La misma alternatividad penal que permitiera que los líderes de las Farc, sin conocer el interior de una prisión llegaran más adelante elegidos al Congreso. El rechazo no fue porque ello pasara, sino porque pasó a pesar de la promesa de que no pasaría.

Influyó que vendieran el plebiscito como el «plebiscito por la paz». La paz es multidimensional y el acuerdo lo reconoce. El acuerdo va más allá de las condiciones para que un solo grupo guerrillero, las Farc, se desmovilicen y pretende reivindicaciones sociales y política antidroga que, en mi opinión, contribuyen a esa paz multidimensional. Pero excluye (y no tendría por qué incluirlo) a otros grupos. Excluye a nuestro comportamiento intolerante frente a las diferencias. Por muy buena intención del acuerdo, y por más alcances adicionales que pretenda, no puede garantizar la paz, así que no era un plebiscito por la paz. Y, por otro lado, se vende al No como la guerra. Y claramente no es así. El No era una incertidumbre, es una incertidumbre, pero no es garantía de guerra. Ni las Farc, ni el gobierno, ni la oposición de derecha, están interesados en que las negociaciones y la tregua terminen (aunque creo que sí está en el deseo de algunos, lejos de la mayoría pero sí algunos, de quienes votaron No). Y lo vemos. Llevamos un año largo en tregua. Un mes desde que se anunció que la tregua era indefinida, y hoy no amanecimos matándonos.

Influyeron los gestos de las mismas Farc. Si no pedían perdón, los colombianos no podríamos votar , porque no tienen voluntad de reconciliación. Cuando pidieron perdón, entonces los colombianos podremos votar No porque el perdón ya los comprometió a que no regresarán a la guerra. Si negocian estando armados es porque nos están amenazando, pero si se desarman, ya el estado logró su objetivo y no hay nada que negociar. Y como las Farc no son tontas, no han declarado todos sus bienes, ni revelado todas sus verdades, ni se desarmarán antes de tener algo seguro.

Aprender a negociar es conocer al otro. Lograr la paz es entender al otro. O no. Depende qué entendamos por paz. La eliminación del otro significa también la paz para mí. Muchos de los promotores del estaríamos contentos con que no existiera el uribismo y esos otros obstáculos para implementar la paz con las Farc. Así como muchos promotores del No estarían contentos con que no existieran las Farc y así lograr la paz entre todos los que no somos Farc. Queremos una paz que no nos implique reconocer al otro, al que piensa distinto. Que no nos exija tener que conocer qué anhela, qué piensa, qué quiere, qué desea. Entonces la negociación es sólo yo qué quiero. Quiero que las Farc se desmovilicen y paguen cárcel, y que la plata de las Farc sirva para que no me cobren más impuestos. Quiero que Uribe y Cabal y Pachito Santos se callen y dejen de oponerse a todo sólo porque ellos no son los protagonistas. Y cuando escuchamos al otro, es sólo con la intención de buscar cómo rebatirlo. Leer el acuerdo para encontrar una palabra ambigua e inventarme unas consecuencias desfavorables. Buscar qué tan infundado es cada argumento por el No. Y luego pregonar sin pena que no estoy obligado a entender al otro, porque el otro es un intolerante.

Quisiera ser optimista y que este No sea un punto de partida para una renegociación más incluyente, en la que al final se logre un mejor acuerdo para el futuro del país.

Pero soy pesimista. Para las Farc su mejor interés es no apresurarse. Para el gobierno su mejor interés es invitar real y no simbólicamente al uribismo y otros sectores políticos adversos. Pero para el uribismo su mejor interés es no apresurarse. El gobierno depositó la mayor parte de su caudal político en esta negociación y en este plebiscito y lo perdió. Las Farc ya saben que no es con Santos con quien tienen que negociar. Y está la tregua. Eso es bueno. Por ahora. Pero eso significa también que no hay afán. Las Farc pueden seguir haciendo actos políticos, que a la larga servirán para recoger las banderas del Polo Democrático y, cuando prospere finalmente un acuerdo, si es que prospera, estarán políticamente más fortalecidas. El Centro Democrático puede seguir alargando el proceso con la esperanza de lograr retomar el poder en 2018 y ahí sí acabarlo. Y mientras tanto, el ELN podrá seguir con sus ambigüedades sabiendo que con el gobierno de Santos no se va a negociar. Sabiendo que la tregua entre las Farc y el gobierno es frágil y que eso les permite cierto grado de impunidad. Y algo similar pasa con las bacrim herederas del paramilitarismo.

Voté , porque consideré que era lo mejor para el país. Sabiendo que no era la paz. Sabiendo que había cosas que no me gustaban en esos acuerdos. Sabiendo que el No no implicaría la reanudación de la guerra. Algunos decían que como no se puede confiar ni en Santos ni en las Farc, había que votar No. Mi desconfianza en Santos y las Farc fueron parte de mi decisión por el , porque el era comprometer a ese Santos y esas Farc con la letra de unos acuerdos que, aunque imperfectos, eran medibles. Hoy no caímos en el peor escenario: la reanudación de la guerra, pero nos enfrentamos a más años de negociación en medio de una frágil tregua que le conviene más al ELN y las bacrim. Y al final uno de dos desenlaces posibles: llegar a un acuerdo que sea escencialmente lo mismo que ayer rechazamos, o que eventualmente la tregua se rompa, por ejemplo el día que un candidato de la derecha asuma como presidente el 7 de agosto de 2018 y no pasó nada, excepto que el ELN y las bacrim se fortalecieron.

En el mejor de los casos: Álvaro Uribe Vélez, Humberto de La Calle Lombana y Rodrigo Londoño Echeverry estarán en Oslo el 10 de diciembre de 2017 recibiendo el premio Nobel de la Paz. No soy tan optimista.