Pensamientos claustrofóbicos sobre un futuro incierto

Claustrofobia. Foro por Catalina Olavarria

Claustrofobia. Foto por Catalina Olavarria

Hace varios años participaba en Internet en listas de correo electrónico dedicadas, entre otros, al hobbie de inventarse idiomas. Es un hobbie, usualmente inútil. Aunque J. R. R. Tolkien se haya inventado todo un mundo, escrito libros y los haya vendido muy bien, sólo para tener una excusa para inventar idiomas; aunque para Star Trek un lingüista se inventó el idioma Klingon y otras series de ciencia ficción hayan pagado a creadores para hacer más realistas los idiomas de otras razas; aunque L. L. Zamenhof haya pretendido alcanzar la paz mundial al inventarse el esperanto; a la hora de la verdad inventarse un nuevo idioma es algo inútil.

Pero ahí estaba yo, leyendo sobre las lenguas que otros inventaban y compartiendo mis ideas sobre un idioma más perfecto, o más natural, o más raro, lo que fuera. Y, entre tanto, aprendiendo de lingüística, de otras culturas, de ficción; de otras formas de ver el mundo.

Algunas de las personas que conocí en esa lista están hoy entre mis contactos de Facebook. Personas en otros lugares del mundo con quienes en algún momento de mi vida compartí algo que a casi nadie a mi alrededor le interesaba. Tolkien lo llamaba su vicio secreto. Años antes de que yo conociera Internet, cuando mi padre se enteró del tiempo que le dedicaba a uno de mis primeros idiomas, lo consideró algo inútil, sin propósito. En ese entonces conocía el esperanto y pronto me enteré que había otros idiomas creados para la comunicación universal, como el ido o interlingua. Mi invención era más una lengua secreta, y fue más secreta al saber que no era fácil compartirla. Más tarde supe del Klingon, pero no fue sino cuando conocí Internet que me enteré que había muchas más personas que se inventaban lenguas sólo por el placer de hacerlo.

Internet me ayudó a validarme. A saber que no estaba solo. Pronto empecé a participar en otros foros de distintos intereses. No era sólo la invención de lenguas o la recreación del mundo que realizo en mi mente, sino que podía hablar de muchos diversos temas y encontrarme con personas con las que podría entablar conversaciones.

No sé si es por mi personalidad introvertida, aunque a veces creo que también sufro de cierto grado de angustia social. Fui un niño bastante tímido en la escuela. Pocos amigos. Jugaba con ellos en los recreos pero casi nunca hice planes con mis compañeros de hacer algo por fuera. En algunas oportunidades de mi vida pude abrirme más, pero igual nunca fui de amigos, de compinches, de hablar sobre cualquier tema y compartir mi vida con las personas a mi alrededor. Tal vez porque muchos de mis temas eran muy míos, como mis idiomas. Tal vez porque me daba miedo exponerme como un ser vulnerable. Exponer mis inseguridades de adolescente y mis amores secretos. En ocasiones he visto descripciones de los introvertidos como personas que necesitan su tiempo a solas en lugar de necesitar vivir rodeados de gente. A veces me pregunto si más que introvertido soy un extrovertido frustrado.

Pero Internet me mostró otro mundo. Podía hablar de lo que no podía hablar con las personas que conocía, bien sea por pena o por que lo que decía incomodaba. En algún momento encontré un propósito en ayudar en la Wikipedia. Más adelante llegaría Facebook y la facilidad de tener esa confortable distancia conversacional con personas que ya conocía. Vino Twitter y la posibilidad de establecer nuevas relaciones.

Sí, relaciones distantes en gran medida, pero que en su momento se sienten cálidas y cercanas.

Pero, como digo, más que un introvertido soy un extrovertido frustrado. Frustrado por la angustia social, sobre todo. Pero en la constante necesidad de ser aceptado, de sentirme validado por otras personas. Las comunidades en línea, como esa lista de correos sobre lenguas ficticias, como Twitter, como Google plus, simulan esa parte hasta cierto punto. Pero también hace falta ese contacto humano directo. Y por contacto humano me refiero a más allá de mi familia. Ver caras diferentes. Tener conversaciones distintas. Conversaciones que no giren sobre cómo están los hijos y si ya hicieron las tareas; sobre si ya se pagó el recibo de la luz o que se acabó la comida de los gatos; sobre si finalmente voy a hacer algo productivo con mi vida.

Mi vida social virtual me consume demasiado tiempo. Tiempo que le robo a mi familia y tiempo que le robo a pretender que puedo tener una vida social no virtual. Pero sí, sobre todo tiempo que le robo a mi familia. Una vez más se me pide, como solución a mis problemas, que cierre todo: Twitter, Facebook, Google+; y una vez más creo que a la larga servirá de poco, excepto que una vez más me corto de ser alguien. Un paso más a ser un extrovertido frustrado. Un paso más a que las únicas interacciones que tendré son al interior de la familia y sólo para hablar de los problemas internos.

Hace años aprendí que dentro de mi familia no puedo hablar de mis sueños. Desde ese día que mi padre me dijo que inventarme idiomas era una tontería. Hasta otros sueños tal vez más cercanos y más útiles pero que siento que no los puedo conversar en medio del día a día de la casa, de los niños, etc.

No es que Internet y las redes sociales me estén ayudando a cumplir mis sueños, o siquiera a compartirlos. Pero el sólo prospecto de tener que cerrarlas es también cerrarle las puertas a ser un soñador, a eventualmente poder hablar con alguien sobre las cosas que me inquietan y que son demasiado inútiles como conversaciones familiares.

No sé cual sea mi lugar en este mundo. No funcioné como empleado. No he logrado despegar como emprendedor. Mi incursión política nunca despegó. No funciono en el hogar. Funciono en foros sólo porque no tengo un horario ni un compromiso real. Ni un aporte productivo real.

Pero pretender ser alguien. Pretender ese contacto humano real o virtual con alguien con quien pueda conversar sobre lo que me interesa, es un lujo que no estoy en capacidad de darme. Sacrificar mi poca pretensión de ser alguien para que las cosas que deben funcionar funcionen.

Asusta, porque ya sé que será otro fracaso y si voy a perder ese contacto con el mundo con el que sueño.

Asusta.

Y apesta.

El que no llora no mama y el que muestra el hambre no come

Lee uno a veces las historias de los emprendedores y muchos hablan de cómo se encerraron por dos o tres meses a perfeccionar su producto, o estuvieron años intentando e intentando, fracasando y fracasando hasta que dieron con aquello que la gente quiso y los llevó al camino del éxito.

A veces siento que no tengo bien definido mi proyecto de vida. Me gustan muchas cosas. Quiero hacer muchas cosas. Quiero hacer todo que no sé por donde empezar. Me falta un tiempo para pararme a pensar realmente. Sin distracciones.

El otro día tuve una discusión con alguien cercano. Para mí es difícil en ese tipo de conversaciones decir lo que realmente pienso. Mis ideas se mezclan. Mi lengua se traba. Empiezo a decir lo que siento y me falta mucho aún para terminar de armar mi idea cuando ya me están refutando. Así que es más fácil callar. Me reclaman porque callo, pero no tengo otra opción. Ese día, al final, decidí que iba a escribir sobre lo que no pude decir. Estaba alterado y en una ventana había otra discusión: sobre política, sobre teología, sobre filosofía. No sé. No era sobre mi ni mi familia. Cuando mi mente se enfocó en ello inmediatamente sentí una calma. Ya no estaba alterado. Y me pregunté si las personas que toman, o fuman, o meten droga para escapar de sus problemas es eso lo que sienten: una distracción que parece necesaria para escapar de las cosas que los agobian.

Gran parte del tiempo que tengo para detenerme a pensar, termina perdido en distraerme de pensar. Luego puedo pasar días enteros tratando de inventarme cómo solucionar un problema de programación o diseño con la esperanza de que sea mi carta de presentación para un nuevo emprendimiento.

Y todo ese tiempo es peleando internamente con todo lo que me toca hacer. Que tengo que salir *ya* a hacer una vuelta que no creo que sirva de mucho. Que pague, que cobre, que vaya y recoja, que venga y ayude.

No puedo darme el lujo de detenerme a pensar y arreglarme a mi mismo o para prepararme y estudiar o para encerrarme a mejorar un producto: porque los problemas están *ya*. Y es tan agobiante ese *ya* que necesito mi droga. Necesito meterme a internet a opinar de política, o de filosofía, o de cualquier güevonada que no sirva para algo práctico porque ya detesto lo práctico.

Entonces se trata de cerrar todo. Cerrar las distracciones para ver si puedo con el ya. Ni siquiera para ver si puedo detenerme a pensar, sino para ver si puedo con tantos ya que deben resolverse.

El resultado: cerrarme aun más. Ahí siempre está mi mente para inventarme diálogos y distracciones. Hace años intenté (me forzaron) a no distraerme en Twitter y Facebook y terminé perdiendo el tiempo de mis días resolviendo Sudokus, o viendo televisión.

Necesito poder detenerme. Detener todo. Cortar con esas causas de agobio y que un profesional (porque ni yo ni mi familia somos profesionales) me guíe. Sí, el profesional no me va a sacar de mis problemas pero ya está comprobado que ni la cantaleta de quienes me quieren ni mi propia persistencia pueden tampoco. Necesito detener todo.

O no.

Eso resuelve mi problema pero no el problema de los míos.

Hace varios años me ha venido cruzando la cabeza una idea y es una idea que afianzo cada vez más cuando hablo con personas que trabajan sobre el tema.

Pero nunca había hablado el tema seriamente en casa precisamente por el problema que tengo.

Quiero hacer mucho. Quiero hacer todo, y por ello mismo me frustro con facilidad, y en esa frustración prefiero que mis hijos hagan lo que quieran así sea ver programas de televisión y videos en YouTube que no les aporta ningún valor que estar encima de ellos supervisándoles sus tareas.

No soy un buen profesor conmigo mismo. No soy un buen padre supervisando deberes escolares. ¿Cómo puedo ser un buen maestro para mis hijos?

Necesito primero detenerme. Arreglar mis propios problemas y ahí sí.

Pero no puedo detenerme. Todo es *ya*. Y el último *ya* es que las deudas hacen insostenibles muchas decisiones que tomé o dejé pasar.

Creo que la escolaridad tradicional no es la más adecuada para mi hijo y creo que sería un mal mayor sacarlo de la escolaridad tradicional donde está para pasarlo a otra escolaridad tradicional que cueste unos pocos pesos menos.

Pero el salto a la escuela en casa es un salto grande y arriesgado precisamente por el *ya* que me impidieron detenerme a tiempo.

Creo, sin embargo, que es lo mejor. Que esto puede ser incluso la terapia que yo necesito al tiempo que la mejor forma de acompañar a mi hijo, de formarlo.

Pero por ahora sé que, pase lo que pase, debo desconectarme de este canal. Tenía que escribir esto y dejarlo aquí. Tengo que lograr detenerme a sacar un proyecto importante adelante, que no es de emprendimiento y que tardará años.

Gracias por leer.

Uberreflexiones de regreso a casa

Regreso a Bogotá tras casi un mes por fuera. No digamos que estuve desconectado: entre WhatsApp, Facebook y Twitter mantuve un contacto con cierta parte de la realidad que aquí se vive, pero la distancia da perspectivas y estar haciendo cosas diferentes sirve de sana desconexión.

Regreso en medio de un supuesto paro de taxistas que siguen peleando por Uber, y supuesta operación tortuga de Transmilenio y SIPT por motivos que no me he alcanzado a enterar. No hay mucho novedoso en el cuento. Nunca usé Uber en Bogotá, pero en este viaje tuve la oportunidad de usarlo en Houston, Bangkok y Orlando (circumstancias puntuales) y como usuario puedo declararme satisfecho. No al punto de declarar a Uber como la gran solución a mis problemas; sólo como una alternativa más.

Tomar un taxi en Bangkok tiene su pequeña ciencia. Si vas en plan guerrero, la forma más económica de viajar es en los buses de servicio público, cuya tarifa suele estar por debajo de los 11 bahts (~900 pesos, 33 centavos de dólar), dependiendo de si tienen o no aire acondicionado o qué tan nuevo es el aparato. Puede llegar a ser gratis en algunos buses. train-mapLos dos sistemas de metro: el elevado o BST (Skytrain) y el ligeramente más económico subterraneo (MRT) son cómodos dentro de su área de cobertura pero no tienen tarifas unificadas. No conocí el sistema de tránsito rápido de buses (BRT, equivalente a Transmilenio) pues su cobertura es todavía limitada. Hay buses turísticos que usan buses tipo coach (autocar, pullman) que aparentemente no son tan costosos, pero al salirse de las rutas de BST, MRT y BRT, el taxi es sugerido como la mejor alternativa frente a los tuktuk (mototaxis) que son más inseguros y costosos.

multi-colored-taxis-bangkok-1Pero el taxi en Bangkok tiene su ciencia. Primero: la mayoría de los conductores son analfabetas funcionales tanto en tailandés como en inglés y su inglés no es muy bueno, así que, usualmente, cuando van a un sitio no muy conocido, antes que una dirección es mejor pasarles un número telefónico para que puedan llamar a pedir instrucciones de cómo llegar. Mostrarles el mapa en Google Maps en tu teléfono no suele ser una opción: leer mapas no está en sus habilidades. Segundo: hay que usar siempre taxímetro. Excepto por ciertas tarifas fijas como 600 baths (18 dólares) entre el aeropuerto (cualquiera de los dos) y el centro de Bangkok, acordar la carrera suele salir más costoso que pagar lo que marca el taxímetro. Y subirse sin acordar la carrera ni usar taxímetro es dar pie a cualquier tipo de abusos. Tercero: en sitios con alto flujo de turistas (como el aeropuerto), no hay que pedir ayuda a nadie que no esté plenamente identificado y operando desde un local, o es probable que seas víctima de una estafa. Aunque historias de este tipo de estafas las he escuchado no sólo de Bangkok, sino también de Ciudad de México, París y casi cualquier ciudad del primer o del tercer mundo.

Tanto en Bangkok como en Houston use tanto taxi como Uber. Una apreciable diferencia en la tarifa en Houston a favor de Uber (pero una ruta ligeramente más corta y sin el sobrecargo por aeropuerto) y, por un trayecto similar me salió Uber por la mitad de la carrera acordada con el taxista (pero probablemente superior a lo que hubiera marcado el taxímetro). Me queda difícil decir que Uber sea la panacea. El conductor siempre me trató con respeto (pero los taxistas también) pero se les nota menos expertos den manejar las calles que el taxista promedio. Si lo veo como usuario, la existencia de Uber me parece una buena opción y ya podré yo escoger si uso taxi en la calle, taxi llamado por aplicación o Uber o similares.

Pero está la parte que como usuario no veo.

WalMart_Supercenter_AlbanySaltaré de tema. Los hipermercados como Éxito o Walmart son, muchas veces, una opción económica para comprar diversos tipos de artículos, pero muchas veces se oyen denuncias sobre el trato a los empleados y las obligaciones de seguridad social que estos grandes conglomerados creativamente eluden. Por otro lado está el trato a los proveedores. Para que un hipermercado permita una marca en sus estantes, muchas veces le exige al proveedor que la deje en consignación, gratis, pague a los impulsadores, y si la vende, pagará al proveedor en 45 días, y si no la vende el proveedor tendrá que retirarla. Y, de cuando en cuando, el hipermercado le exige al proveedor poner artículos en oferta (a cuenta y costo del proveedor). Como cliente de hipermercado, encuentro precios económicos (a veces más económicos que ir a una bodega del fabricante) y un trato más o menos amable; pero pocas veces soy consiente que detrás de ese dependiente que sonríe hay un explotado laboral, y detrás de esa oferta de dos por uno hay un pequeño empresario haciendo malabares financieros para solventar gastos que en últimas alimentan las arcas de una multinacional de grandes superficies.

Cuando Paula Ochoa nos dice que detrás de Uber hay este tipo de licencias éticas. Toda la defensa que usamos es que Uber nos presta un mejor servicio que los taxis, o que en los taxis también hay explotación laboral (y además mal servicio). No, ella no nos dice que debemos usar taxi en lugar de Uber: sólo nos dice que veamos más allá.

Sales-promoter-Brother.aspxComo usuario, normalmente quiero ver que me traten bien, bien sea una impulsadora que me sonría en un hiperpercado, o un conductor que no me niegue el servicio. Como usuario, normalmente quiero una opción más económica, aunque puedo aceptar una opción menos económica por un servicio diferencial. Qué hay detrás de esa sonrisa, o qué hay detrás de ese precio, poco me importa. No me importa si detrás de esa sonrisa hay un muchacho que apenas recibe el mínimo sin seguridad social completa, pero que sonríe porque si no lo hace estará sin empleo ni seguridad social ni salario mínimo. No me importa si esa bonita blusa que compré oferta pague-uno-lleve-dos en el hipermercado hay un empresario textil y sus empleados haciendo maniobras financieras para mantener su producto en el estante porque la alternativa es no vender y cerrar la fábrica.

No es que el conductor de Uber pueda decidir si continuar con las condiciones laborales de esa empresa o pasarse a una empresa de taxis tradicional. Si decide no continuar en Uber su única opción es no seguir usando su carro como herramienta de trabajo. Mientras muchos taxistas tienen la opción de usar al tiempo EasyTaxi, Tappsi, la afiliación a un servicio de llamadas como el 211 1111 de Uldarico Peña, o recoger pasajeros en la calle, el conductor de Uber sólo tiene una opción, o no trabajar.

Ahora, el taxista tiene opciones, pero esas opciones cuestan. El taxi cuesta. Tal vez un poco menos que un carro que se usaría para Uber, particularmente porque la legislación permite que un taxi funcione con especificaciones técnicas mínimas que los fabricantes explotan, mientras que Uber es más estricto; pero el cupo cuesta. Hace varios años, y con el objetivo de que no aumentara demasiado el parque automotor de taxis, la administración distrital decidió controlar los cupos. Esto es que para que ingresara un taxi nuevo, un taxi viejo tendría de decomisionarse. Los que tenían taxis viejos pronto descubrieron que quienes querían un taxi nuevo estaban dispuestos a pagar una plata para que se liberara el cupo, así que el cupo (el tener un taxi comisionado) se convirtió en un activo y las leyes de oferta y demanda llevaron a que los cupos se hayan venido apreciando. Casi que es negocio comprar un taxi nuevo y su cupo, tenerlo parado por cinco años, vender el carro como chatarra y vender el cupo valorizado. El cupo no es un impuesto. La ciudad no recibe nada por los cupos. Los cupos son un negocio entre particulares sobre un bien escaso artificialmente creado por una legislación.

El dueño de un carro para Uber no tiene que pagar cupo, porque no hay legislación que artificialmente haya creado cupos para Uber o similares como un bien escaso.

Así que por los mismos cien millones de pesos, un taxista puede comprar un carro de baja gama y un cupo mientras un uberista puede comprar un carro de gama media.

Ahora, si bien puede ser negocio esperar a que se valorice el cupo, generalmente el carro y su cupo ha sido una inversión grande, así que lo mejor es explotarlo cuanto antes. Inscribirlo en una empresa como Taxis Libres (o dos o tres), inscribirlo a EasyTaxi y a Tappsi y a otros servicios, tiene su costo pero repercute en que el vehículo esté más tiempo en servicio y con cierta garantía de que el usuario que use el servicio sea un usuario legítimo y no un atracador. Garantía que disminuye si recoge a un pasajero en la calle. Porque así como un usuario de taxi puede ser asaltado por un taxista ilegal, también hay atracadores que asaltan a los taxistas haciéndose pasar por usuarios. Esto disminuye un poco cuando se usan servicios telefónicos o por aplicación porque, en teoría, queda un registro de quién pidió el taxi.

El propietario/conductor de un vehículo de Uber también tiene que pagar una inscripción y pasar por un proceso de verificación de antecedentes. Pero no puede escoger entre servicios diferentes porque no hay tantas opciones. Si Uber le dice que trabaje por menos plata, le toca trabajar por menos plata. O no trabajar.

La otra cuestión es el manejo del dinero. Un taxista que sale a trabajar y realiza tres carreras de 7.000 pesos promedio cada una, todos los usuarios pagando con respectivamente un billete de 50.000 pesos y dos billetes de 20.000, ha de tener en su caja 69.000 pesos en sencillo para lograr un producido de 21.000 pesos. ¿En qué negocio es este esquema rentable? Pero el usuario sólo ve a un conductor que no tiene la regalada gana de tener vueltas de 43.000 pesos para su carrera de 7.000. Y sí, como usuario podré pensar que si no le gustan las condiciones, pues sálgase del negocio. Así como el empleado del hipermercado: si lo están explotando sálgase. Porque salirse siempre es fácil. Uber se desentiende del dinero. El usuario inscribió su tarjeta de crédito cuando se instaló la aplicación y sobre esa tarjeta se hace automáticamente el descuento. No es necesario siquiera cargar la tarjeta y entregarla a alguien que pueda clonarla. Es comodidad para el usuario. Es tranquilidad. No hay que pelear con el taxista por el costo de la carrera o porque no tiene vueltas.

Ahora. Cuando los taxistas y policías se unen para perseguir a los carros y conductores de Uber, están atacando al eslabón más débil. Y bloquear la aplicación no es una opción técnicamente infalible ni legal.

En mi opinión, una de las cosas que más afecta cualquier tipo de solución que sea amable con el taxista y con el usuario, al menos en Bogotá, es el tal cupo. El cupo limita la calidad técnica de los vehículos usados como taxis; y el cupo crea una distorsión en el mercado. Quien ya pagó setenta millones o ciento cincuenta millones de pesos por un cupo no estará dispuesto a que eliminen los cupos (y pierda ese activo) o a que entren servicios sin cupo que compitan. El cupo promueve cierto grado de explotación laboral al conductor de taxi y no exige contraprestaciones sobre la calidad del servicio ofrecido al usuario. Es más, convierte al usuario en algo que hay que exprimir al máximo.

Pero. ¿Quién le pone el cascabel al gato?

Indignados, indignados everywhere

Leo la historia de Muhamed Kuno y los ataques que ha perpetrado desde Al Shabaad, el grupo extremista musulmán que actúa en el cuerno de África. Muchos querrán decir que no es la religión, ni es el islam. Y sí, la espiritualidad religiosa en general y muchas religiones no ofrecen manifestaciones de violencia en la escala que vemos en la actual ola de yihadismo. Sí, budistas han participado en masacres contra población musulmana en Birmania (Myanmar) y si examinamos con lupa sin duda encontraremos algún confeso de cualquier creencia cometiendo un acto de violencia gratuita contra otro ser humano. Pero esos budistas birmanos no están siguiendo las enseñanzas del Buda cuando cometieron esos actos, así como los católicos terroristas del IRA no atentaban contra las autoridades del protestante Reino Unido por defender aspectos doctrinarios de la fe o por autoridad del Papa. Si bien en Irlanda del Norte había una diferencia religiosa entre los bandos, esta diferencia era más incidental que causal. La diferencia de fondo era política y en el conflicto birmano hay también un componente étnico.

No todo acto contra la humanidad cometido por el seguidor de una religión es un acto religioso, y como tal no todo acto contra la humanidad cometido por el seguidor de una religión es culpa de la religión. Ni de las religiones en general, ni de la denominación religiosa en particular.

Pero esto no significa que todo acto de barbarie sea primordialmente político o étnico.

bagaLa motivación primaria de Kuno y sus seguidores no es política. La motivación tras el atentado contra Charlie Hebdo, la motivación de los ataques de Boko Haram en Baga, Nigeria, la motivación de los ataques a El Bardo en Túnez, etc. no es primariamente política. Quienes actúan ahí son personas que derivan sus motivaciones directamente del Corán y los hadices y la parte política de su motivación es la imposición de una teocracia bajo la charía.

article-2001905-0C7E93FC00000578-146_468x406Esto no significa, desde luego, que el islam sea el culpable ni que todo musulmán sea un terrorista en potencia. Hay un gran espectro de creencias en el islam. En los EE.UU. viven entre dos millones y dos millones y medio de musulmanes (0.6% de la población) y la taza de delitos graves cometidos por los musulmanes es probablemente un poco inferior a su proporción. Si bien en la población carcelaria cerca del 20% son musulmanes, esto se debe principalmente a conversiones dentro de la prisión, conversiones que en la mayoría de los casos disminuye la probabilidad de reincidencia frente a la población no conversa. Esto significa que para un grupo importante de la población, la conversión al islam es un paso positivo desde el punto de vista de la civilidad. Algo que produce mejores ciudadanos.

Pero también produce extremistas.

Es la importancia que cada uno le da a un verso específico del Corán o a un hadiz. A buscar la armonía personal y la convivencia gracias al amor de Dios o a imponer a la fuerza el reinado de ese mismo Dios limpiando la tierra santa de infieles y vengando las afrentas al profeta.

Garissa University CollegeEn la Universidad de Garissa, donde Muhamed Kuno había sido profesor, murieron 147 personas, en su mayoría estudiantes cristianos. Sucios infieles, desde el punto de vista de Kuno y sus seguidores. Pero no sólo cristianos. Cualquier musulmán que no se supiese lo suficientemente bien algún verso del Corán o cualquier persona, sin importar su religión, que les dijera algo, que reprobara lo que estaban haciendo, que saliera corriendo, era también una víctima.

147 personas asesinadas. Estudiantes. Personas que se preparaban para buscar un mundo mejor.

Hoy veo a muchas personas quejarse porque esos 147 universitarios no generaron la misma indignación de los caricaturistas muertos en París. Se habla de racismo, de que unos muertos valen menos que otros. No falta quien se queja de que en la mentalidad progresista actual, los unos valen más por ser progresistas y los otros menos por ser cristianos.

vestidoPero la verdad es que somos seres que nos movemos por el ruido. Que dedicamos más tiempo a discutir si un vestido es blanco o azul que por los caricaturistas de Charlie Hebdo.

Personalmente presté poca atención a la masacre de Ayotzinapa. Poca atención a los sucesos de Baga. Casi desapercibido para mí estuvieron los sucesos de Peshawar donde 148 estudiantes murieron. Y no sólo fue un muerto más que en Garissa, sino que en su gran mayoría, 132, fueron niños. 132 menores de edad asesinados por los talibán con el único objetivo de que la población paquistaní general, la que vive fuera del conflicto, sienta que hay un conflicto.

5463473673673.siPasaron desapercibidos porque no hubo quien hiciera el ruido suficiente. Porque siempre hay algo más que genera conversación: desde la camisa de un científico que anuncia que una sonda espacial se posó sobre un cometa, a la indignación porque dos muchachas impiden cerrar las nuevas puertas anti-colados de la estación de Transmilenio de la Calle 57. Estamos tan inundados de mensajes que no podemos estar atentos a todo lo que merece nuestra indignación. Entonces nos indignamos por los que no se indignan con lo mismo con lo que nosotros nos indignamos.

miminikenyaY acusamos a quienes usaron el #JeSuisCharlie porque no usan también el #JeSuisKenyan. Aunque diera la impresión de que la queja no es realmente porque no usan el #JeSuisKenyan sino porque sí usaron el #JeSuisCharlie. No se trata de que 147 keniatas muertos pesen más o menos que 12 franceses. No se trata de razas ni de número de víctimas. Por número, 150 personas murieron en los Alpes por culpa del narcisismo y deseo de grandeza de un copiloto. 149 si descontamos al victimario suicida. Tal vez los medios han hablado más del vuelo de Germanwings y del historial clínico del copiloto que de la masacre de Garissa, pero creo que no es tanto una cuestión de raza o de número de muertos sino de morbo y de qué historia es más vendible.

Digo, hace años que no pongo a cuenta propia la W, pero puedo casi que escuchar la voz de Julio Sánchez Cristo indagando el más sórdido detalle de la vida e historial médico de Andreas Lubitz que de por qué Dulyadin Gamadhere se convirtió en Muhamed Kuno. Simplemente la primera historia tiene más piel.

Prohibiendo el agua

dhmobanner1El monóxido de dihidrógeno es una substancia peligrosa que puede matar si se inhala y sus vapores pueden causar graves quemaduras. Actualmente es utilizado por la industria, la cual vierte sus desechos de monóxido de dihidrógeno a los ríos por toneladas. La perversidad de esta substancia fue denunciada por primera vez en un diario de Michigan en 1983 y en 1989 un grupo de jóvenes responsables encabezados por Eric Lechner, Lars Norpchen y Matthew Kaufman crearon la Coalición para Prohibir el Monóxido de Dihidrógeno. Originalmente una organización para explicar sus peligros y concientizar al público, a partir de 1997 varias peticiones han sido firmadas para controlar y prohibir su uso en la industria.

H₂O (water molecule)Algunas personas ya están familiarizadas con el bulo. El monóxido de dihidrógeno es una substancia compuesta por una molécula de oxígeno y dos de hidrógeno y es comúnmente conocida como agua. Utilizar un nombre que suena a químico, usando como parte una palabra como monóxido que ya tiene una connotación negativa por el monóxido de carbono, presentando datos reales de forma alarmante (matar si se inhala es ahogarse en el agua y el vapor de agua puede quemar; y el agua que no se utiliza más en la industria se regresa a sus fuentes) lleva a que muchas personas, una y otra vez, firmen la petición sin saber qué es lo que están pidiendo prohibir.

El bulo ha sido usado como broma (1983), chiste recurrente (1989) o dentro de estudios de comportamiento y la credulidad (1997).

En 1953, el geoquímico Clair Cameron Patterson logró estimar la edad del sistema solar entre cuatro mil quinientos y cuatro mil seiscientos millones de años. El uranio es un material radiactivo que decae en plomo, con una vida media de 4.470 millones de años en el caso de uranio 238 y de 704 millones de años en el caso del uranio 235. (Cada isótopo decae en isótopos diferentes de plomo: plomo 206 y plomo 207, respectivamente.)Tetrafluoruro de circonio Varios compuestos químicos rocosos como el circón pueden incluir trazas de uranio en su formación, pero estos no poseen plomo, el cual tiene unas propiedades químicas diferentes. Si se encuentra plomo en el interior del circón esto significa que originalmente era uranio que luego decayó en plomo y no de plomo que está en la roca desde su formación. Al medir la relación entre uranio 238 y plomo 206 y entre uranio 235 y plomo 207, con un espectrómetro de masa se puede saber cuando se formó la respectiva roca.

Cuando Patterson comenzó a utilizar esta teoría se encontró que los niveles de plomo eran demasiado altos y concluyó que era un problema de contaminación. Aislando suficientemente las muestras y limpiando rigurosamente los implementos a usar, los espectómetros, las muestras y la atmósfera del laboratorio logró las medidas precisas, que hoy, tras otras corroboraciones, sabemos que corresponde a la edad de la tierra y demás rocas del sistema solar. Pero Patterson no se conformó con limpiar su laboratorio sino que salió a buscar cuales eran los niveles reales de contaminación de plomo y su comportamiento histórico. El plomo, es bien sabido, produce enfermedades como el saturnismo. ¿Los niveles de plomo en el aire que contaminaban las muestras de Patterson eran niveles normales?

Tras un riguroso estudio Patterson concluyó que no. Los niveles de contaminación de plomo en la atmósfera y los mares se había incrementado bastante en los años anteriores y el mayor incremento coincidía con la introducción del tetraetilo de plomo en la gasolina. El tetraetilo de plomo es un antidetonante que evita que la gasolina explote en el motor antes de tiempo (cascabeleo), una de las formas más económicas que tenía la industria petroquímica para aumentar el octanaje. Otros factores incluían la utilización de pinturas con compuestos de plomo y las tuberías de nuestras casas. A la industria petroquímica que originalmente había patrocinado la investigación de Patterson, no le gustó las conclusiones del estudio. Luego seguiría una batalla jurídica en la que Patterson fue apoyado por activistas ambientales y la gran industria petroquímica por científicos a sueldo que se dedicaban a desprestigiar y sembrar dudas sobre la investigación de Patterson.

Este comportamiento de la gran industria se ha visto también en las tabacaleras que por muchos años negaron la relación entre el cáncer de pulmón y otros cánceres con el consumo de nicotina y alquitrán de sus productos. El argumento fue muy similar: buscar las palabras claves en los papeles científicos tales como “suponemos”, “concluimos” y “grado de error”, que son parte importante del lenguaje científico y de la filosofía de la ciencia para convencer al público que no ha sido plenamente establecido que el tetraílo de plomo y la nicotina causen perjuicios a la salud humana.

La misma táctica que usan los literalistas bíblicos para poner en duda el hecho comprobado y consensuado de la evolución biológica, o la misma gran industria con respecto al cambio climático antropogénico. Hoy la casi totalidad de científicos que conocen del tema aceptan no sólo que exista un cambio climático hacia el calentamiento global, sino que el cambio es causado por la actividad humana, tanto por la deforestación como, sobre todo, la extracción y consumo de combustibles fósiles. Pero tanto la industria que extrae como la que consume petróleo y carbón, siguen intentando sembrar dudas sobre que el cambio climático sea causado por la actividad humana. (Hace no muchos años todavía negaban que el cambio climático existiere.)

Es claro, por los muchos ejemplos que vemos aquí y otros que no hemos hablado, que los científicos patrocinados por la gran industria no son la fuente más confiable sobre lo que la industria hace. Pero dentro del activismo en contra de la actividad industrial también hay una serie de pecados.

Monsanto es una empresa que se ha dedicado a la investigación agroindustrial. Como toda empresa que se basa en la investigación, ellos esperan que sus resultados sean lucrativos a través de patentes y gracias a legislación que proteja su propiedad intelectual. Hasta ahí, bien, es parte del sistema capitalista que nos podrá gustar o no. Pero Monsanto no se queda ahí sino que ha promovido legislación que no sólo proteja su propiedad sino que le de ventajas competitivas frente a prácticas tradicionales. No sólo se trata de que su maíz sea mejor y por lo tanto preferido por los cultivadores; no sólo se trata de prohibirles a los cultivadores que guarden parte del producido del maíz Monsanto para una nueva cosecha, sino de ponerle trabas legales para que los cultivadores usen parte del producido de su propio maíz (el que no es propiedad intelectual de Monsanto) como semilla para el siguiente cultivo. Claro que yo, como consumidor, preferiré un producto proveniente de semilla certificada que un producto sembrado con semilla de dudosa procedencia. Pero la legislación sobre certificación de semillas no está diseñada para proteger al consumidor sino a la gran industria.

anti-MonsantoPero, entre las líneas de investigación de Monsanto también está la investigación transgénica. Todos los científicos que han estudiado con seriedad el tema concluyen que un alimento transgénico no es más o menos saludable que lo que tomamos de la naturaleza o hemos adaptado tras milenios de actividad agrícola. Como con todo producto podrá haber mejores o peores cosas, algunos riesgos y algunas incógnitas y mucho que aprender. Pero los alimentos transgénicos en sí, así sean producidos por Monsanto, no son un riesgo para el consumidor. Como con todo producto patentado, hay un cuestionamiento válido al modelo de negocio de Monsanto, pero el problema no es la manipulación genética en sí.

Pero así como es fácil que muchas personas terminen firmando una petición para prohibir el agua manipulando la presentación de los datos sobre el monóxido de dihidrógeno, también es fácil crear monstruos artificiales como los alimentos transgénicos. Finalmente es más fácil movilizar a las personas a combatir compañías como Monsanto utilizando estos monstruos artificiales, que convencerlas de los verdaderos daños que producen por medio de la legislación acomodada. Es claro, si me dicen que me voy a comer una mazorca frankenstein me sentiré más motivado a firmar o protestar que si me dicen que un campesino no podrá sembrar maíz de su propia cosecha.

No creo que la movilización contra los alimentos transgénicos sean una estrategia de los activistas que se oponen a Monsanto por sus verdaderos pecados. Pero la discusión sí produce ruido, con un agravante: la ciencia aquí está a favor de la gran industria, no porque sean científicos a sueldo sino porque el problema es más imaginario que real. Las verdaderas batallas, las batallas por la seguridad alimentaria, por la preservación de la diversidad y los buenos frutos tradicionales, la protección del estilo de vida de los campesinos, etc. quedan apagadas por el ruido del activismo anti-transgénico.

Hace poco leía un artículo sobre el fraccionamiento hidráulico. El fraccionamiento hidráulico es una técnica de extracción de gas natural y petróleo, donde se permite la explotación económica de un yacimiento pobre y de baja densidad inyectando un fluido hidráulico en el subsuelo el cual permite que se liberen los hidrocarburos que se quieren extraer. En el proceso, las rocas que han atrapado los hidrocarburos se fraccionan liberando el gas o el petróleo y de ahí el nombre, usualmente abreviado como fracking en inglés.

El fracking tiene varios riesgos. Al fraccionar las rocas en el subsuelo cambia los equilibrios tectónicos y se han denunciado temblores y terremotos atribuíos a esta técnica, aunque no tengo datos a la mano que corroboren si esta correlación está establecida. Lo otro es que los fluidos hidráulicos, que son básicamente agua con otras substancias disueltas que cambian la viscosidad y aumentan la densidad, puedan contaminar fuentes de agua subterráneas e, incluso, superficiales. Muchas de estas substancias son tóxicas. Y un tercer riesgo es que las rocas del subsuelo (y los mismos hidrocarburos a extraer) contaminen estas fuentes de agua subterránea.

En la perforación y extracción tradicional por bombeo, siempre existe el riesgo de que los hidrocarburos extraídos contaminen fuentes de agua subterráneas y superficiales, pero en el fracking se agrega el riesgo de contaminación por yacimientos de metales pesados y otras substancias tóxicas del subsuelo, así como la contaminación por los agregados al agua para el fluido hidráulico que se utiliza.

frackingEl artículo del diario barcelonés La Vanguardia se titula Un informe avisa de que el ‘fracking’ puede liberar radiactividad. El artículo menciona la posible presencia de materiales radiactivos como el uranio y el radón entre los posibles contaminantes. Mi primera impresión al leer la totalidad del artículo es que la titulación es amarillista. Es amarillista porque no es lo mismo hablar de contaminación por uranio (que es radiactivo) que contaminación radiactiva.

Cadena de desintegraciónLa radiactividad del uranio es relativamente baja. En su transición de uranio a plomo emite una serie de partículas α (alfa) que ofrecen un riesgo menor para la salud del ser humano. Dependiendo de qué tan cerca estemos de la fuente, podemos convivir con uranio toda una vida sin que nuestro riesgo de adquirir cáncer por la radiación sea significativo. Pero, al igual que el plomo y otros metales pesados, el uranio puede entrar a nuestro organismo, acumulándose y eventualmente causando una serie de enfermedades no relacionadas con la radiación. (Bueno, y una partícula α producida al interior de nuestro cuerpo es potencialmente más dañina que una partícula α producida a un par de metros de distancia)

El artículo de La Vanguardia está basado en un informe del Institulo Geológico y Minero de España IGME, publicado en enero de este año, y La Vanguardia no es clara en decir cuál es el verdadero riesgo. Solo tomó que hay elementos radiactivos como el uranio y lo convirtió en un titular: “Un informe avisa de que el ‘fracking’ puede liberar radiactividad. Buscando el informe, titulado Recomendaciones ambientales en relación con las medida preventivas y correctoras a considerar en proyectos relacionados con la exploración y explotación de hidrocarburos mediante técnicas de fractura hidráulica sí se menciona el uranio, pero se es claro en establecer el verdadero riesgo a la salud humana: en su proceso de transición entre uranio y plomo, el uranio 238 pasa por radón 222, el cual es un gas inerte pero altamente soluble en agua y que potencialmente puede entrar vía aérea al organismo humano donde se comporta como cualquier otro elemento pesado.

El problema no es la radiactividad, sino la contaminación directa por radón, la cual tampoco está medida ni cuantificada en el informe de IGME. No establece si el riesgo es un riesgo mayor o menor. Pero lo que sí no es es un riesgo significativo de radiactividad liberada.

La ciencia a favor del fracking está patrocinada por una industria petroquímica que trató de vendernos la idea de que los altos niveles de plomo en la atmósfera eran normales y de que no es la actividad humana la que está causando el calentamiento global actual. Pero la ciencia en contra de esta práctica no puede caer en desinformación tal como prohibir el fracking porque este libera radiactividad.

Remix-Redo. El caso de De música ligera.

La última indignación en Twitter fue el atrevimiento del cantante vallenato Jorge Celedón de hacer un homenaje a Gustavo Cerati interpretando De música ligera a su estilo.  Para quienes no lo han escuchado dejo aquí un link a Youtube (clic en la imagen):

Comenzaré con las aclaraciones de rigor: me gusta Soda Stereo y, en general, me gusta lo que ha hecho Gustavo Cerati después de Soda.  No escucho vallenatos más allá de lo que me toca y nunca he seguido la carrera de Jorge Celedón.  Así que mal puedo considerarme un defensor de oficio de este guajiro de Villanueva. Continue reading