Cuatro temas

Tema uno: La libertad de expresión.

People have rightsCuando replico una imagen que dice que las personas tienen derechos y las ideas no, también quiero decir que las personas tienen dignidad y merecen un respeto intrínseco que las ideas no merecen. Las personas deben estar por encima de las ideas. La libertad de poder criticar una idea es lo que permite que una idea no esté por encima de la dignidad humana.

Muchas veces nos identificamos con lo que pensamos. Dejamos que nuestras ideas se conviertan en nosotros y si alguien critica o intenta ridiculizar esa idea sentimos como si fuera una afrenta personal. Pero en el momento en el que dejo que eso pase, en el momento en el que crea que es un irrespeto conmigo cuando alguien critica o se burla de mi idea, estoy poniendo esa idea por encima de mi mismo. Estoy cediendo mi dignidad como persona a esa creencia.

Pero bien. La libertad de expresión es una idea. La tesis de que las ideas no tienen derecho es una idea. La propuesta de que no debo anteponer mis creencias a mi mismo es una idea. Y si he de ser consecuente estas ideas deben ser libres de ser escrutadas, ridiculizadas y probadas.

La libertad de expresión es un vehículo para que el mal gusto, la ofensa y la irresponsabilidad se propaguen. Hacer apología del nazismo, contar chistes racistas, promover ideas sexistas o denigrar de la honra de una persona estarían cobijados por la libertad de expresión. Por otro lado, la libertad de expresión es también el vehículo para contrarrestar esas apologías, criticar el chiste racista, exponer el sexismo de las ideas y defender a la persona denigrada.

Cada uno de nosotros cree que sus creencias son las correctas. Si no lo creyéramos es porque creemos otra cosa. Pero si todos creemos algo diferente y todos creemos estar en lo cierto, necesariamente varios de nosotros estaremos errados.

Cuando justifico la censura, generalmente estoy justificando restringir la libertad de expresión de quien no piensa como yo. ¿Pero si soy yo el equivocado? Así yo crea estar en lo correcto, así yo crea que la idea expresada por el otro es perniciosa, entonces cuando cayo a los demás o justifico que los callen, nunca podré saber cuando yo soy el equivocado.

Tal vez mi defensa a la libertad de expresión sea la idea equivocada, y por ello defenderé tu derecho a que intentes convencerme. Y ejerceré mi derecho a intentar convencerte.

Tema dos: libertad.

LibertinajeUno de los temas que me inculcaron en el colegio es que libertad no es libertinaje. La libertad no es poder hacer lo que se me de la gana, sino que hay ciertas limitaciones. La libertad consiste en poder escoger dentro de esas limitaciones (que, por lo general, incluyen el respeto a la libertad de los otros.)

Toda decisión es limitante.

Si voy a un restaurante y en la carta ofrecen bandeja paisa y cocido boyacence, si pido la bandeja no habré disfrutado el cocido. Y viceversa. O puedo pedir los dos, lo cual limita luego mi presupuesto para el postre.

Algunas decisiones limitan más que otras.

Si tengo una entrega para mañana, puedo decidir hacerla o descansar. Si decido descansar y no entrego el compromiso, perderé mis estudios o a mi cliente, lo cual limita mi futuro profesional y mi capacidad de tener opciones para elegir en un futuro.

Así las cosas, si yo evito que alguien tome malas decisiones estoy limitando su libertad hoy para garantizar su libertad mañana.

Regreso al restaurante y a su carta. Me dicen que la bandeja paisa es un delicioso manjar que combina la exquisitez de una fruta como el aguacate, el valor nutricional de las legumbres y cereales, la maravilla nutritiva del plátano maduro, un delicado embutido, la exoticidad de la carne en polvo y todo coronado de un fenomenal cuero procesado de cerdo mientras que el cocido boyacence son unas insípidas raíces ahí desleídas en agua en una olla; hay claramente una intención de guiar mi selección. La forma como se me manipula o esconde información es una forma de coartar mi libertad.

Cuando un mismo tipo de personas producen la prensa, la televisión y están a cargo del gobierno, tienen toda la posibilidad de limitar y manipular la información para inducir al pueblo a tomar ciertas decisiones; y así las decisiones de este pueblo dejan de ser libres. Poner a todas las personas y a todas las posibles alternativas en igualdad de condiciones otorga, entonces, una mayor libertad. Así se coarte la libertad del que quiere manipular.

Realmente no hay una sola forma de ver a la libertad. Es por ello que desde la izquierda y desde la derecha, ambos dicen defender la libertad que el otro coarta. El ateo se siente libre de las imposiciones de las religiones mientras que el cura o el pastor pregona que sólo Dios nos lleva a ser realmente libres.

Probablemente todos son sinceros en que están promoviendo la libertad. Sólo que cada uno define la libertad de forma diferente.

Tema tres: el islam cómplice.

KabaaTal vez en mi artículo de ayer dije una inexactitud: que todo musulmán sabe que el extremista está cumpliendo un mandato coránico.

El corán conmina a hacer la paz cuando la paz es posible. También llama a hacer la guerra cuando la paz es amenazada. Conmina a convivir con el infiel (pagano, cristiano, judío, ateo; aunque dice preferir a las religiones del libro: cristianismo y judaísmo) cuando la convivencia es posible y obliga a convertir al infiel cuando sea necesario para asegurar la convivencia. Determinar cuando es posible la paz y la convivencia es cuestión de interpretación.

Pero hay dos mil millones de musulmanes, y es irresponsable pensar que todos piensan igual. Muchos de esos musulmanes son sólo nominalmente musulmanes que viven su vida diaria sin pensar constantemente en Dios y en el profeta. Probablemente ni siquiera crean, o la cuestión de si creen o no es irrelevante. Algunos podrían ser incluso ateos, pero no apostatan por temor o costumbre. Otros viven su religión en el fuero privado. Creen, tal vez no en todos los preceptos del Islam, pero al menos en la existencia de un ser superior que da sentido a sus vidas; y oran o meditan de acuerdo a su formación musulmana. Otros se adhieren a una de las muchas escuelas y conocen y pregonan su fe. Muchos la estudian a fondo. Otros se ven en misión de obedecer lo que el corán ordena hacer cuando la fe es atacada; cuando la convivencia y la paz no es posible (porque creen que la convivencia y la paz no está siendo posible).

Estos últimos, los yihadistas, son los autores materiales de las atrocidades del Islam.

Y muchos musulmanes los condenan. Muchos musulmanes no se identifican con los yihadistas, bien porque creen que la convivencia y la paz es posible y es un mandato de nuestros tiempos, bien porque en el fondo reconocen que el corán no es una excusa para la barbarie mientras que rescatan el valor espiritual, la guía o el sentido de vida del ser superior en el que creen.

Pero otros muchos musulmanes que tampoco son yihadistas piensan distinto. No se identifican con los yihadistas. No los apoyan. No creen que los yihadistas le estén haciendo un bien a su religión y a sos correligionarios. Pero saben lo que el corán dice y saben que, de una forma u otra, el yihadista tiene razón.

Cientos de millones de musulmanes se sienten más ofendidos por los yihadistas que por las caricaturas de Mahoma. Otros cientos de millones saben que la sangre es el precio que debieron pagar quienes caricaturizaron a su profeta, así no sean ellos mismos yihadistas.

¿Cuántos? No sé. ¿Cuál es la mayoría entre esos dos grupos? No lo sé.

Pero encuestas que se han realizado en el Reino Unido muestran que si bien la mayoría de musulmanes viviendo allá no son yihadistas, la mayoría creen que los yihadistas están cumpliendo con los mandatos del corán.

Cuarto tema: el buen cristiano.

MegaiglesiaSi tomamos cualquier medio internacional de noticias, la gran mayoría de actos atroces producidos por la religión son causados por musulmanes.

No todos.

Las acciones de Israel contra Hamás. La violencia en Myanmar perpetradas por budistas contra sus minorías musulmanas. Los linchamientos de homosexuales y cazas de niños brujos en el África cristiana, son algunos ejemplos de actos violentos perpetrados bajo una excusa más o menos religiosa. Están además todos los actos violentos cometidos por creyentes de una u otra religión (o no creyentes) pero que no se esconden en un pretexto religioso.

Pero la mayoría de los actos atroces que con pretexto religioso pululan en las noticias, vienen del islam.

Esto genera la creencia de que el cristianismo, si bien en su pasado tiene a las Cruzadas y a la Inquisición, y la quema de brujas en los países protestantes, son actos del pasado. Que el cristianismo de hoy ya superó esa etapa de violencia y que los únicos violentos son los musulmanes. El cristianismo no es tan malo como el islam.

Lo he visto más en los evangélicos que en otros protestantes o en los católicos, probablemente por la concepción teológica de que la salvación se da exclusivamente por la gracia de Dios con la aceptación de Jesús como señor y salvador.

Dentro de esa teología, un infiel, por ejemplo un ateo, que vive justamente, hace actos de caridad, salva vidas, no es egoísta y en general cumple todas las obras de una persona buena pero no acepta a Jesús, terminará en el infierno. Que lo crea, vaya y venga. Es parte de sus creencias, de sus ideas.

Por otro lado tal cristiano cree que Dios es omnibenevolente. Dios es todo amor y que es por amor que nos envía a los ateos al infierno. Perdón. Dios no nos envía al infierno. Dios quiere nuestra salvación, pero somos nosotros, por no creer, quienes merecemos el infierno.

Que de una forma u otra pueda hacer la gimnasia mental para creer que su Dios es bueno por enviar a la mayoría de su creación a la condenación eterna, vaya y venga.

Pero en muchos de ellos he notado cierta complacencia con sigo mismos, cierto deseo, de querer ver a todos los infieles en el infierno.

Es ahí, en esa actitud, donde no veo diferencia entre la mentalidad de este cristiano y la mentalidad de un musulmán yihadista. Y si bien es más común en los cristianos evangélicos, también la he percibido en otros protestantes y en católicos.

La mentalidad es la misma. La diferencia es que el uno me disparará con una kalisnikova mientras el otro solo deseará que su dios lo haga.

La religión de la paz

Haber hecho parte del debate religioso-ateo en un país mayoritariamente católico y un contexto mayoritariamente cristiano me ha expuesto a todo tipo de críticas a la iglesia y al cristianismo. Cuando niño, cuando creía que todos los colombianos eramos católicos, no era extraño escuchar críticas hacia la curia, hacia la iglesia o, incluso, hacia la religión y hacia Dios; muchas proferidas por personas que eran nominalmente católicos. Muchas veces me sentí ofendido por tales críticas pero, por otro lado, eran tan normales que nunca esa ofensa se convirtió en un dolor del alma que sólo pudiere ser reivindicado por la sangre.

Je sui CharlieHoy, mucho ha pasado, mucho he aprendido sobre el mundo y sobre mí mismo. Aprendí que no solo no todos los colombianos eran católicos sino que yo mismo tampoco lo soy y últimamente he estado inmerso en el debate entre religión y ateísmo, expuesto a los buenos y malos argumentos de cada una de las partes.

A veces aun me siento ofendido por uno que otro ataque al catolicismo, particularmente cuando siento que es un ataque injusto o estereotípicamente facilista. Pero he visto todo tipo de burlas, caricaturas y ataques al cristianismo y cómo, en la mayor parte de los casos, los cristianos pueden sentirse ofendidos o no pero basta. Pocas veces he visto que los cristianos ofendidos promuevan leyes para meter en la cárcel a esos infieles blasfemos, o envíen amenazas de muerte a los directores de medios que publican esas ofensas.

La religión y la iglesia ha sido blanco de burla hasta por sus propios fieles que ofenderse no tiene mayor sentido para los cristianos mismos.

Hoy sería impensable que en un país como el Reino Unido o como Suecia, un cristiano ofendido demandara a un caricaturista, o sea absuelto por el homicidio de un ateo que critique al cristianismo. Sería impensable que en sus parlamentos cursara una ley antiblasfemia que acalle la libertad de expresión de quien quiera burlarse de la religión.

Y me parece bien. Creo en la libertad de expresión, tal cual la pensaron los pensadores franceses de la ilustración y la plasmaron los padres fundadores de los Estados Unidos en su constitución. Cuando me defino como liberal es porque me identifico con los derechos y libertades civiles: libertad de culto, libertad de conciencia, libertad de expresión, libertad de empresa, libertad de asociación, libertad de trabajar en mi oficio, de desplazarme a donde quiero o necesito, etc. Sí, también la libertad de ofender y de sentirme ofendido.

En contraste hay otras personas que creen que sí debería haber leyes antiblasfemia. Que creen que su religión es tan sagrada que el estado civil debería tener la obligación de protegerlos. Que creen que la nación debe estar consagrada a Dios y la legislación debe ir de la mano de los preceptos de su fe. Las libertades y derechos civiles deben estar supeditados a lo que la iglesia o la biblia indique. Son personas con el poder suficiente de evitar que se reconozca el matrimonio igualitario o se legalice el aborto, pero ya no con el poder de ir en contra de la libertad de expresión.

Estas personas, usualmente llamadas conservadores porque prefieren la conservación de un status quo sobre las libertades civiles, suelen identificarse con una religión que en estos países suele ser el cristianismo o, más específicamente, el catolicismo.

Pero no sólo los liberales (quienes defendemos los derechos y libertades civiles) se oponen al conservadurismo. El comunismo, entre otras muchas y posibles ideologías, también se oponen al status quo conservador, no en defensa de las libertades sino en la imposición de un status quo diferente.

El Islam es una religión mayoritaria en varios países, pero minoritaria en Colombia, Estados Unidos y Europa. Los conservadores cristianos en estos países (aunque en Colombia son tan pocos los musulmanes que no son realmente relevantes dentro de la discusión pública), se oponen al Islam. Finalmente cristianismo e islam han estado enfrentados desde el principio. Si repasamos nombres de lugares geográficos en el nuevo testamento y el cristianismo primitivo: Efeso (de las cartas paulinas), Esmirna (cuna de Papá Noel), Nicea (primer concilio cristiano), etc. veremos una cantidad de lugares que hoy son de mayoría musulmana. Los conservadores en EE.UU. se identifican con el libre mercado, el nacionalismo y el imperialismo económico yanqui y todo ello es algo que ofende, per se, a ciertos grupos islámicos, de ahí el 11-S. Y tras el 11-S, esos mismos conservadores cristianos estadounidenses no piensan callar en impedir que el islam se tome a su nación. Esa mezcla de nacionalismo y cristianismo con valores conservadores se da en el Reino Unido y otros países europeos, formando partidos políticos minoritarios pero vociferantes que odian al Islam y odian a las feministas, y odian a los inmigrantes y particularmente odian a los inmigrantes musulmanes y detestan a los homosexuales, etc. Nacionalismo, xenofobia, racismo, conservadurismo religioso y otras características van de la mano en estos partidos y sus seguidores.

Entonces les introduzco a los progresistas. Usaré ese término aunque no faltará quien diga que lo estoy usando mal. El progresista, en su origen, es alguien que busca la igualdad tal cual lo interpreta un comunista: igualdad sin oligarquías; pero no participa de la toma violenta del poder que propone un comunista, sino de una toma progresiva (de ahí su nombre). Si hay una minoría que no goza de plena libertad, entonces esa es su causa. Por ejemplo, la minoría de las mujeres (51% de la población) debe ser protegida por leyes como las cuotas políticas. La minoría de los homosexuales (así que apoyamos el matrimonio igualitario). La minoría de los no cristianos (no importa si son ateos, paganos o musulmanes). La minoría de los toros de lidia. Desde luego que el término termina abarcando casi toda causa que se oponga al status quo; todo agrupado bajo el término de justicia social.

Y desde luego que los progresistas se oponen a los conservadores.

Y como los liberales se oponen a los conservadores, entonces liberales y progresistas son una misma cosa.

El Islam en el Reino Unido, en Suecia y en otros países europeos donde reina cierto pensamiento progresista, se ha enquistado. Llegan como minorías perseguidas, y gracias a los conservadores que se oponen a ellos son protegidos por los progresistas. Los conservadores, sin miedo a lo que los progresistas piensen, seguirán atacando lo que vean mal del islam, sea verdadero o sea falso. Pero quien pretende ser ecuánime no puede criticar a esa pobre minoría. Sí, una minoría donde la gran mayoría no tiene problemas en respetar las leyes civiles del país que los acoge y de gozar de las libertades y derechos civiles, como la libertad de culto o la libertad de expresión. Pero una minoría cuya gran mayoría está entre el dilema de occidentalizarse o preservar los mandatos de su fe.

Hay dos corrientes principales del Islam. Todos reconocen al Corán, el libro del profeta, como su máxima guía. Adicionalmente existe una recopilación de historias sobre la vida de Mahoma (el profeta), llamadas las sunas. La mayoría de los musulmanes consideran que la vida de Mahoma es ejemplar y por lo tanto reconocen a las sunas como parte de su tradición: son los sunitas. Una fracción minoritaria (pero mayoritaria en Irán) no aceptan las sunas, pero claman la sucesión de Mahoma en Alí, son los chiitas. Dentro del islam, y particularmente dentro del sunismo, existen varias escuelas filosóficas. Una de las razones de tales escuelas es interpretar el Corán. Como todo texto antiguo (y la biblia cristiana no es excepción), lo que un autor quiso decir en su época no necesariamente corresponde con lo que un lector casual interpretaría. Muchos estudiosos dentro del Islam y el cristianismo se dedican a estudiar cual es la verdadera interpretación a la luz de los tiempos. Pero las escuelas filosóficas del Islam se consolidaron cuando la expansión del Islam las puso en contacto con la tradición filosófica griega.

Vœux.

Deseos. A al-Baghdadi también: “y sobre todo la salud.”

Un clérigo musulmán del siglo XVIII, llamado Wahhab, consideró que las escuelas filosóficas eran una tradición foránea al islam y propuso que debían ser abandonadas en recuperación de una forma más pura de sumisión. Un caso extremo de wahhabismo es el Estado Islámico quien considera que es un mandato islámico decapitar a todo el que no sea un buen musulmán. Incluyendo chiitas y sunnitas que se adhieren a escuelas filosóficas.

Sunitas, chiitas y wahhabitas tienen algunas cosas en común. El Corán es un mandato. El Corán obliga al buen musulmán a convivir con los extranjeros en paz cuando lo dejan vivir en paz, pero también obliga al buen musulmán a combatir y expandir el islam cuando la paz no es posible. Lo que no dice el Corán es cuando se dan las condiciones de uno u otro.

En el islam hay varios tipos de obligaciones. Algunas las debe cumplir todo buen musulmán, tales como orar cinco veces al día y guardar el ayuno durante el ramadán. Otras, como defender la fe, no tienen que ser ejecutadas personalmente, siempre y cuando alguien más lo haga.

Esto quiere decir que si un caricaturista ofende al islam, un buen musulmán no está obligado a matar al caricaturista, siempre y cuando otro buen musulmán lo haga.

Estoy casi seguro que la gran mayoría de musulmanes que viven en Europa occidental, no harían ni promoverían un atentado como el de esta mañana contra Charlie Hebdo. Pero esa gran mayoría saben que eso es parte del mandato del Corán y no pueden rechazarlo aunque quisieran.

Mis principios liberales me llevan a ser firme en mi condena a este ataque y en defensa de la libertad de expresión. No puedo ser un progresista pusilánime justificando que Charlie Hebdo ofendió a una minoría y que hay límites que no se deben cruzar. Menos puedo ser un conservador complaciente de que los musulmanes tuvieron las agallas que por ley no pueden tener los cristianos de vengar las blasfemias del semanario francés.

Ejemplo de portada de Charlie Hebdo.

Ejemplo de portada de Charlie Hebdo.

No vengan ahora los islamistas a decir el el islam es la religión de la paz y que no debo juzgar a todos los musulmanes por lo que unos cafres hacen, a menos que ellos, en su gran mayoría, sean capaces de decir públicamente que la ley francesa que le otorgaba a Charlie Hebdo su derecho a la libertad de expresión prima sobre los mandatos del Corán. Si no son capaces de decirlo que no se vengan a lavar las manos y que ni progresistas ni conservadores cristianos se hagan los de la vista gorda justificando a la religión de la paz.

Y la madre a cualquier progresista que crea que no ofender debe ser un mandato.

Conflicto de libertades

Supón que estás en la biblioteca aprovechando el silencio para expandir tu mente con la lectura o tus divagaciones.  De repente aparece un grupo de personas gritando improperios; o puede que no sean improperios: simplemente gritando algo que no te es relevante o intrigante.  Es muy probable que te ofendas pues irrumpieron en tu concentración y en tu silencio donde esperabas encontrar tal silencio.

¿Y si no fuera en una biblioteca donde esperas el silencio para conversar con un libro sino en el sitio donde esperas el silencio para hablar con tu concepto de ser superior?

El performance de las integrantes de Pussy Riot en el Templo Catedralicio del Cristo Redentor del Patriarca de Moscú no fue sólo un acto de expresión artística y política: fue un acto deliberadamente ofensivo.  En el video del acto se ve la cara de consternación de los asistentes a la catedral. (0:12)

¿Tiene la libertad de expresión límites?  Lo contestaría como un sí y no.  Creo que todos debemos tener la libertad de decir lo que queramos y como queramos, así sea política o factualmente incorrecto.  Si yo quiero decir que simpatizo con Hitler, o con las FARC, o con las corridas de toros o con la caza de ballenas para fines científicos, debo poder decirlo.  O si quiero invocar públicamente a la Virgen María para que saque a Putin del poder, debo poder expresarlo.  Si quiero masturbarme en la Plaza de Bolívar para demostrar mi desacuerdo con los políticos, eso es parte de la libertad de expresión.

Pero poder expresar algo libremente no nos libra de las consecuencias sociales, morales o legales de lo que expresemos.  Como con toda libertad habrá un momento en el que esta entra en conflicto con las libertades y derechos de los demás.  Mi expresión puede molestar, ofender o dañar reputaciones.  Mi expresión puede atentar incluso contra la vida humana bien porque puedo causar pánico en una multitud o puedo inspirar un crimen de odio.

Conozco muchas personas, y me incluyo entre ellas, que insisten en que una moralidad religiosa no debe imponerse como moral única de una sociedad laica de corte liberal, y uno de los casos en los que nos expresamos es a defender el derecho a la autonomía sobre nuestros cuerpos.  La autonomía de decidir si tenemos sexo consensuado con otros adultos.  La autonomía de decidir si queremos alterar nuestras mentes con substancias psicoactivas como el tabaco, el alcohol o la mariguana.  La autonomía de decidir si queremos o no una muerte pronta frente a una enfermedad terminal dolorosa y onerosa.

Incluso si estamos convencidos de que la religión es una ficción y un método de control mental de las masas, debemos reconocer que una persona es tan libre de optar por tal ficción y control como lo es de fumarse un porro o de aspirar una línea de cocaína.  La libertad de cultos es un derecho social tan primario como la libertad de expresión o la libertad de decidir sobre nuestros cuerpos.  Y una verdadera libertad de culto no se basa en permitir que cada uno de nosotros crea o no, sino en la libertad de practicarlo y el respeto de los demás al sentimiento religioso de cada uno.

Las Pussy Riot no sólo expresaron su opinión sobre Vladímir Putin.  Ellas ofendieron a una comunidad religiosa.  Ese tipo de ofensas tiene distintas consecuencias en diferentes países y vertientes políticas.  Si ellas hubieran hecho lo mismo en una mesquita en un país de mayoría musulmana muy probablemente no hubieran llegado vivas al juicio.  Si lo hubieran hecho en la Catedral Primada de Bogotá, tal vez las hubieran arrestado por desorden público pero no habrían sido condenadas a prisión.  Probablemente ni les hubieran levantado cargos.

Aun recuerdo a mediados de los años 1980 un escándalo porque un fotógrafo tomó unos desnudos en la Catedral de Sal de Zipaquirá.  Aun bajo el concordato y la constitución de 1886 el fotógrafo Ángel Becassino y la modelo Flor Alba Devia fueron arrestados por apenas unos pocos días sin que hubiera una condena real en el juicio subsiguiente.

En este aspecto prefiero vivir en Colombia que en tal país musulmán o en Rusia.  Porque si bien las Pussy Riot no son inocentes palomitas, su acto de expresión artística y política fue una grave ofensa a un sentimiento religioso pero no fue una incitación al odio.  A menos que esas chicas lo que hayan incitado fue el odio hacia ellas y, de carambola, el odio de la sociedad internacional hacia la Rusia de Putin.

En mi opinión ese acto de expresión no debió haber quedado sin consecuencias, pero dos años en una colonia penal me parece exagerado para un acto que no afectó más allá de una susceptibilidad religiosa.

Ahora.  No nos razguemos las vestiduras frente al tiránico régimen ruso de Vladímir Putin.  Tal vez aquí no detangan a una punketas por saltar con pasamontañas dentro de una catedral, pero nuestros regimenes democráticos y occidentales con cierta frecuencia exageran ciertas manifestaciones para callar a los otros.  No en vano el término “sicario moral” es de amplio uso de nuestros políticos para referirse a la prensa.

En últimas lo que estaba en juego para Putin no era proteger el derecho de los cristianos ortodoxos rusos a practicar su oración y meditación en paz sino mostrar su fortaleza.