La policía por fuera del ministerio de defensa

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Algunas propuestas:

La policía por fuera del ministerio de defensa.

Es de suponer que el objetivo del ministerio de defensa (antes llamado ministerio de guerra) es el de defender a la nación colombiana de un ataque, generalmente externo. Como tal bajo su cargo se encuentran las fuersas militares que son las que ejecutan esta misión.

El objetivo de la policía no es propiamente defender a la nación sino proteger a la ciudadanía como una parte del sistema de administración de justicia, aquello que en inglés llaman law enforcement.

Ahora, hay cosas en las que los papeles de un cuerpo policial y un cierpo militar se encuentran: el uso de las armas. Una milicia sin armas carece de los instrumentos para defender una nación se es atacada por un enemigo armado. Una policía sin armas carece de los instrumentos para someter a un criminal si este está armado. Pero el objetivo de las armas es diferente para cada cuerpo. Un cuerpo militar se prepara para hacer la guerra mientras que la policía se prepara para mantener el orden.

Sólo cuando “el orden” es igual a la guerra, es que ambas funciones se entremezclan… y es aquí donde toca abrir un paréntesis para ver la realidad de nuestra nación.

En Colombia el problema del bandolerismo y de la insurgencia se ha tratado como un problema militar. Gracias a nuestra tradición de guerras civiles durante el siglo XIX, las milicias se han creado, más que para combatir las amenazas extranjeras, como un instrumento para imponer una política y de esos ejércitos partidistas es que nace nuestro ejército nacional y nuestra policía.

Casi no hemos tenido conflictos externos. La misma independencia tuvo mucho de guerra civil y eso es claro con las denominaciones que se daban en la época: no era una lucha de criollos o americanos contra españoles sino de patriotas contra realistas. Alguna incursión ecuatoriana, la guerra contra el Perú a principios del siglo XX, la declaración nominal de guerra a Alemania durante la segunda guerra mundial que no se reflejó en el envío de tropas a luchar en Europa y la participación de Colombia en Corea como parte de las Naciones Unidas.

Por eso nuestas fuerzas militares han estado muy entretenidas en la problemática interna y que fácilmente los gobiernos han usado para combatir o controlar a los bandoleros, a los del partido de oposición o, más adelante, a las autodefensas de Marquetalia.

Las fuerzas militares se preparan para la guerra. Si decidimos que hay que controlar el crimen como si fuera una guerra: la guerra contra el crimen, la guerra contra el narcotráfico, etc. entonces tiene sentido que sean las fuerzas militares las que se encargan del control del crimen.

Por otro lado, si se tiene en cuenta que el crimen no es una amenaza externa a la nación, sino que el crimen es un acto privado de los ciudadanos contra los ciudadanos, entonces al crimen no se le hace la guerra sino que se le somete a la justicia. Es aquí donde interviene todo el aparato de sometimiento a la justicia: la policía y la fiscalía que investigan, la fiscalía que acusa, la policía que detiene, los jueces que juzgan, los defensores del pueblo que se encargan de evitar que los diferentes organizmos se extralimiten, las prisiones que contienen a los criminales convictos, etc.

En este aparato de sometimiento a la justicia interviene el poder judicial, sin duda, pero también el ejecutivo. En el caso colombiano actual, vemos al ejecutivo a través del ministerio de defensa como jefe de la policía, y el ministerio de justicia como el encargado de las prisiones y vemos al poder judicial en los jueces, en los fiscales y en la policía judicial (CTI: Cuerpo Técnico de Investigación) adscrita a la fiscalía.

Personalmente creo que el ordenamiento del aparato de sometimiento a al justicia es un tema bastante complejo. Me parece útil la independencia de la fiscalía frente al ejecutivo, pero preferiría ver a la policía judicial y a la policía nacional en una sola institución por fuera del ministerio de defensa.

En últimas, preferiría tener una policía más civil y menos militar, que asegure el cumplimiento de la ley tanto en el campo como en las ciudades y las cabeceras municipales. Y, desde luego, que no existan guerrillas ni paramilitares y si hay grupos terroristas y criminales que masacran y dezplazan campesinos, la policía esté en capacidad de combatirlos, no como una guerra sino como una forma de controlar el orden para el servicio de los ciudadanos.

Aún hay un camino largo para llegar a ese entonces… en la situación actual sacar al ejercito de la lucha contra la insurgencia, el paramilitarismo y el narcotráfico es algo medio utópico. Dejar de llamarlos “soldados” por “policías” y decir que ya no son parte del ministerio de defensa sino del de justicia es sólo cambiarle de nombre a la situación.

¿Opiniones?

— Carlos Th

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