Tratando de pensar con cabeza fria II

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Colombia produce petroleo, café, banano, flores y muchos otros productos que tienen alguna cotización en el mercado internacional.  Produce también textiles y confecciones, algo de productos procesados y algo también en el sector de servicios.  Aún así, el fuerte de las exportaciones colombianas están en el sector primario.

Muchos de estos productos son de importancia estratégica internacional, tal como el petróleo.  Aunque nuestra producción es bastante baja en comparación a nuestro vecino venezolano, es comparable, sin embargo, con la producción ecuatoriana, y mal que bien, de ese petróleo viven algunas multinacionales y algunos colombianos.

Colombia es, igualmente, un país enorme.  Más grande que cualquier país europeo con la excepción de Rusia y más grande que cualquier estado gringo.  El segundo país en población en Sudamérica y el cuarto en el nuevo mundo (superado por Brasil, Estados Unidos y México), Colombia es igualmente un consumidor apreciable de hidrocarburos.  Tenemos la ventaja del trópico que no nos obliga al gasto desmesurado de energía de los países templados, pero carecemos de un sistema ferroviario decente por lo que la mayor parte de nuestra carga se mueve sobre carretera.  A duras penas nuestra producción de hidrocarburos cubre nuestra demanda y deja algún excedente.

Nuestra posición geográfica no es particularmente privilegiada desde el punto de vista del comercio mundial actual.  No con el canal en nuestra vecina Panamá y el sistema ferroviario de Estados Unidos que ofrecen una mejor forma de pasar mercancías del Pacífico al Atlántico y viceversa que nuestro país.  No cuando la única frontera con un país latinoamericano que aspire al primer mundo es la selva amazónica. Podríamos ser, si nos lo propusiéramos un importante centro para la integración latinoamericana, pero no un importante centro para la integración mundial.

Así que no somos ni los mayores productores de petroleo (ni siquiera entre nuestros vecinos inmediatos), ni de café (superados por Brasil y Vietnam), ni de banano (detrás de Ecuador y de Costa Rica), no somos un gran exportador industrial ni un centro de generación de servicios. Colombia tiene, sin embargo, muchas riquezas que pesan: el conjunto de muchos de estos segundos y terceros lugares, la biodiversidad, la masa humana.

Adicionalmente somos el mayor productor de cocaína en el mundo y uno de los mayores productores de heroína, lo cual, con la distorsión del mercado que trae la prohibición de estas substancias nos pone en el ojo del huracán de las políticas antidroga estadounidenses y mundiales, dejando pocos beneficios al país.

Ante esto, la guerra que libra Colombia no nos favorece ni a los colombianos ni al mundo.  Nuestras riquezas y en particular la biodiversidad, se pierden cuando los colonos arrazan el monte para cultivar yuca y detrás de ellos llegan los ganaderos desplazando a los colonos.  Los colonos siguen entonces tumbando monte para sembrar coca y tras de ellos el glifosfato, las guerrillas y los paras.  Si no son los colonos son las petroleras, o los ganaderos, o los narcotraficantes.  En este escenario la guerra complica la situación: los guerrilleros posando de defensores de los colonos para cobrarles luego el gramaje, los paras como instrumentos de ciertos latifundistas, la imposibilidad de que alguien pueda ir tranquilo a la selva a explorar nuestra riqueza natural entre el fuego cruzado de unos y otros.

Pero sufre también la explotación agrícola y minera.  Ser cafetero hoy en día significa vivir entre el fuego cruzado para obtener una baja remuneración.  Las petroleras invierten en seguridad lo que bien podrían invertir en ayuda al país y el contrabando de combustibles que necesitan los grupos ilegales para operar se convierten en operaciones que tampoco repercuten en el bienestar que el estado colombiano puede ofrecernos.

Colombia es un mal país para invertir.  Podría ser un gran mercado de cuarenta millones de personas.  Podría ser una despensa mundial, tanto de alimentos como de energía.  Podría ser muchas cosas que la guerra no permite.  Bueno, no sólo que la guerra no permite: la corrupción tampoco ni la inestabilidad legislativa.

Así las cosas, la única razón por la que la comunidad internacional está interesada en la guerra en Colombia es porque la guerra, la guerra que estamos librando los colombianos, está afectando a la comunidad internacional.

Lo que debemos hacer los colombianos es acabar con esta guerra y venderles la paz a la comunidad internacional.  Una paz que sea provechosa para ellos y lucrativa para nosotros.  ¿No es posible? Nos falta entonces imaginación.

— Carlos Th

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