De personas y avatares

Persona viene del latin per-sonare y se refiere a quien tiene voz propia. A quien puede decir “yo soy”. Los animales, por ejemplo (y sin restarles valor), no son personas. Ni es persona una piedra.

Por otro lado, y de acuerdo a la legislación de un país dado, una empresa podría ser una persona. Una persona jurídica que le da derechos de representarse a si misma como algo diferente a sus socios, y que le permite suscribir contratos en nombre propio.

Uno de los misterios del cristianismo trinitario es (y de ahí su nombre) el misterio de la Santísima Trinidad. Este nos dice que hay tres personas distintas y un solo Dios verdadero. En cierta forma el hinduísmo tiene un concepto parecido: el avatar. Un avatar es una manifestación de una entidad superior. Una persona.

Sin entrar en sutilezas teológicas, el concepto de persona nos muestra ese aspecto. No hay una relación biunívoca entre los seres humanos y las personas. Ser humano y persona no son sinónimos. Los códigos colombianos, por ejemplo, no reconoce como personas a los no nacidos ni a los sordomudos que no sepan escribir. Pero si los reconoce como seres humanos.

Por otro lado, y a nivel jurídico, hay personas que nos son seres humanos: las empresas, corporaciones, edificios con administración, partidos políticos, etc. son personas jurídicas.

Pero también son personas los dioses y demonios, los duendes y ogros, y cualquier ser consiente de sí mismo que exista dentro de la realidad o dentro de alguna mitología u obra de ficción. Seres que no son, necesesariamente humanos.

Muchos de nosotros manejamos personas distintas. Nos presentamos como Pepito Pérez ante nuestra familia y amigos y como Pepón Iracundo frente a nuestras amistades de Internet. Ahora, bien sea por consideraciones de privacidad o por las menores restricciones sociales que conlleva el anonimato en la red, hay diferencias sutiles entre Pepito Pérez y Pepón Iracundo. Aun cuando pretendamos no tenerlas.

Pepón Iracundo es un avatar.  El la forma como Pepito Pérez vive en un mundo algo diferente al suyo. Habrá personas con las que Pepito interactua diariamente que deconocerán o no le importará su nombre real: para ellos su amigo es Pepón Iracundo.

Hay quienes establecen una separación abrupta entre ambas personas, más por cuestiones de privacidad que por cuestiones de personificación.  En nuestro ejemplo es como si Pepito Pérez nunca colocara su nombre al lado de Pepón Iracundo; pero todo lo que escribe bajo su pseudónimo es lo que realmente piensa o como realmente siente Pepito Pérez.

También hay quienes hacen lo contrario.  No temen que su nombre real se relacione con su persona digital, pero hay diferencias de carácter.  Por ejemplo, Pepón Iracundo podría ser más extrovertido o más huraño que Pepito Pérez.  Esto puede ser intencional o no.

Desde luego que separando ambas cosas: la personalidad del carácter y la relación entre las personas digital y de carne y hueso, se puede llegar a juegos complejos, en los que la persona digital sea realmente un personaje de ficción con poco que ver con la persona de carne y hueso.

También hay quienes pretenden que no hay diferencia.

En mi caso he llegado a manejar hasta cuatro personas en Twitter que no son marcas personales ni personajes ficticios.  Chlewey y Carlos Thompson son una misma persona y por ello @chlewey se supone que soy yo.  Con mi personalidad, con mi nombre, con todo lo que yo soy.

Pero no es del todo verdad.  Me quejo más como @chlewey y soy, en general, más extrovertido en Twitter de lo que soy en el mundo tridimensional.

Mis otras personas en twitter son @carlos_thompson que es una cuenta de seguridad por si en algún momento necesito mostrar una faceta más seria.  @epeady fue creada para mantener separada mi privacidad con el resultado de haber creado una persona aún más extrovertida y emocional que @chlewey.  Finalmente @rataflechera fue un experimento que quice conservar.  Básicamente ha terminado en un @epeady II pero mucho menos locuaz.

Entre las personas que he visto en Twitter, Usenet, y otros foros virtuales hay personajes ficticios, tanto salidos de obras de ficción como Sheldon Cooper de The Big Bang Theory, como personas cuyo propósito es ocultar al ser humano que los maneja.  Hay parodias, cuentas falsas (que pretenden hacerse pasar por una persona real extraña al creador del perfil, e igualmente, esa persona real puede ser ficticia, ficcional o de carne y hueso, generalmente una celebridad), marcas (incluyendo marcas personales: una forma de asumir el perfil de Twitter o Usenet como una marca y no como un ser humano), etc.

Somos presencias en los lugares en los que nos presentamos.  A veces nuestra presencia es más o menos homogénea.  Otras veces las discrepancias son grandes e intencionales.  Podemos hablar de nuestras conquistas ficticias frente a los compinches de parranda y ser un esposo fiel y amoroso en la casa.  O quejarnos todo el día en Twitter mientras en Facebook sólo mostramos la cara feliz de nuestras fiestas y vacaciones, mientras somos un trabajador responsable en la empresa.

Somos más de una persona.  Tal vez somos tantas personas como espacios de interacción vivamos.

Y eso está bien.

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One thought on “De personas y avatares

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