Por los próximos cuatro años

Mi primera reacción el pasado domingo 25 de mayo, cerca de las cuatro y veinticinco de la tarde cuando ya habían publicado el boletín #4 de la registraduría con el preconteo de más del 10% de las mesas y ya era clara la situación, es que no había una verdadera alternativa para la segunda vuelta. El opositor de derecha Óscar Iván Zuluaga Escobar y el presidente en ejercicio Juan Manuel Santos Calderón encabezaban la votación y los siguientes boletines lo fueron confirmando. Zuluaga con casi un 30% de los votos y Santos con poco más del 25% pasarán a votación en segunda vuelta.

No soy antiuribista, pero el uribismo no me gusta. No soy antiuribista porque no me defino en oposición a Álvaro Uribe Vélez y su doctrina y legado. Reconozco logros en su administración. Reconozco la oportunidad histórica de su mandato. Dependiendo de la coyuntura política no vería problema alguno en darle mi voto a Uribe frente a alternativas menos deseables. O en darle mi voto a un candidato uribista. Por ello mismo no tuve una reacción inmediata a que hay que votar por Santos para atajar a Zuluaga. No es mi razón de ser política, ni mucho menos, atajar al uribismo.

Pero hay cosas de la campaña uribista que no me han gustado como las mentiras sistemáticas en contra del gobierno y del proceso de paz de La Habana. No es que yo crea en el proceso de paz en La Habana. Ya antes me había expresado en que no creo que el gobierno de Santos sea el interlocutor ideal de parte de la ciudadanía y la institucionalidad colombiana. Pero una cosa es expresar opiniones, opiniones informadas y hechos basados en evidencia y otra muy distinta es armar hombres de paja y hacer insinuaciones francamente mentirosas como decir que Santos y Timochenco están entregando el país al Castro-chavismo, o jugar a ser la víctima de una conspiración del gobierno que tiene las mismas evidencias que las armas químicas que Bush encontró en Irak.

La satanización de la oposición durante el gobierno de Uribe es otro punto al que, como pirata, me opongo. No he estudiado a fondo las propuestas de Zuluaga, pero el estilo de campaña desarrollado por Uribe y otros de sus escuderos me hacen ver que esto es aún peor que durante su gobierno. El sistemático desconocimiento de la institucionalidad tales como no presentar pruebas a la Fiscalía de las acusaciones presentadas en contra del gobierno o anunciar que se desconocerán las elecciones por fraude del gobierno aun antes de que estas se celebrasen (hablo de la campaña, porque Zuluaga declaró en los debates que sí reconocería los resultados). La promesa de levantar la mesa de negociación en La Habana o de condicionarla a requerimientos que se sabe que las FARC no van a aceptar es otro asunto que juega en contra de Zuluaga y su campaña del uribista y derechista Centro Democrático.

Todas esas son cosas que cuentan para que no me sienta a gusto dándole mi voto a Óscar Iván Zuluaga Escobar, candidato de Centro Democrático.

Por otro lado está el candidato de gobierno, el actual presidente Juan Manuel Santos Calderón. Como con todo gobierno que conozco, Santos ha tenido aciertos y fracasos. Hay actuaciones con las que he estado de acuerdo y actuaciones en las que estoy en franco desacuerdo. Pero, en mi opinión, pesan más los desaciertos que sus logros y, particularmente, que lo que escogió como bandera de su reelección.

Santos tiene un modelo de país en su cabeza y, en muchos aspectos, comparto esa visión. Pero tiene un gran problema de fondo de creer que ese país lo va a lograr a punta de acuerdos y de quedar bien con todo el mundo porque por ese camino lo que logra es prostituir su modelo y quedar mal con todos. Logró mayorías en el congreso en lo que se conoció como la aplanadora: una pieza de maquinaria que le permitía pasar casi todos sus proyectos pero que requiere un mantenimiento enorme; lo que siempre se conoció como aceitada pero que pasó a llamarse la mermelada.

Esa forma de hacer política no es nueva de Santos. Uribe la practicó y por ello suena irónico cuando la campaña del Centro Democrático esgrime a la mermelada como estrategia anti-Santos. Sonaría irónico si no es porque los uribistas lo creen. Y Uribe practicó ese método con Zuluaga de Ministro de Hacienda. Y antes de Uribe, lo usó Pastrana, y Samper, y Gaviria, y los gobiernos anteriores a la constitución de 1991 cuando se reconocían legalmente los así llamados auxilios parlamentarios.

Y sí, Santos ha usado el presupuesto de la nación, tramitado por los congresistas, para que estos dispongan de obras para sus regiones a cambio de pasar proyectos de ley. Juan Manuel Santos ha sistemáticamente criado una clase política que actúe en masa y, aun con ello, ha sido incapaz de lograr reformas claves como la reforma a la Salud, la reforma a la Justicia y la reforma a la Educación porque en su afán de afinar su maquinaria dejó por fuera al ciudadano de a pie, a las personas que reciben la salud, la justicia y la educación y a los profesionales que las aplican.

La implementación del tratado de libre comercio con los EE.UU., negociado durante la administración de Álvaro Uribe, trajo imposiciones sobre propiedad intelectual que favorecen al gran capital estadounidense, mismo gran capital contra el que se alzó el movimiento Occupy Wall Street, y no a los productores locales de semillas o de contenidos digitales, entre otras.

Yo creo en el libre mercado, pero creo que el libre mercado debe ser libre tanto para el gran productor como para el pequeño productor y debe ser libre para el gran consumidor y para el pequeño consumidor. Un libre mercado enfocado a favorecer al gran productor sobre el pequeño consumidor es una perversión del modelo y ahí encuentro diferencias fundamentales entre lo que propone Juan Manuel Santos y lo que yo creo. (Por cierto: una evidencia más de que Santos no es castro-chavista.) La tardanza en implementar sistemas de protección al medio ambiente frente a prácticas predatorias legales (e, incluso, frente a las ilegales), hacen que Santos esté lejos de ser el presidente que quiero gobernando a mi país por cuatro años más.

Y está el tema de la paz. Por un lado se supone que Santos pretendió armar eso como un asunto de estado, no de gobierno, pero luego, pareciera que su único caballo de batalla, su única propuesta para ser reelecto, era que él, Juan Manuel Santos, era el candidato de la paz. Claramente esto era un diferenciador frente a Zuluaga y el uribismo que prometían levantar la mesa de negociación en La Habana, pero los demás candidatos apoyaban plenamente o con reservas, las conversaciones con las FARC fueron así sistemáticamente ignorados.

Mi desilusión viene de antes. De los cinco candidatos que se enfrentaron en primera vuelta todos tenían sus peros. Ninguno lograba enamorar con sus propuestas o su carisma. La candidata conservadora Marta Lucía Ramírez me pareció que representaba a una derecha más seria, pero igual estaba demasiado a la derecha para mi gusto en temas sociales. Si hay alguien a quien creo rescatable en estos momentos en el Polo Democrático es, precisamente, a su candidata Clara López. Pero no veo al Polo, todavía, con la paciencia y liderazgo de Michelle Bachelet, Lula da Silva o Dilma Rouseff, para llevar su visión dentro de un cause democrático y dentro una economía de mercado. En Enrique Peñalosa veo una coherencia en su visión de país, empañada por una serie de saltos y piruetas en su forma de hacer política. Finalmente voté por Peñalosa por el tipo de personas que lo estaban apoyando en esta última etapa, pero tanto López como Ramírez eran para mí una mucho mejor opción para darle mi voto en segunda vuelta que Santos o Zuluaga.

Pero ni Peñalosa, ni López, ni Ramírez lograron llegar a la segunda vuelta.

Mi primera reacción fue que quedaron justamente los dos por los cuales yo no votaría; y dentro de este escenario contemplé abstenerme a votar en segunda vuelta, o esa abstención velada que es ir a la urna a anular el voto. Recuerdo que en 1998 me pasó eso mismo: no confiaba ni en Horacio Serpa ni en Andrés Pastrana y consideré seriamente anular mi voto, pero una vez en el cubículo de votación marqué sólo la casilla de Pastrana y deposité ese voto así.

Esa fue mi sensación durante el resto del domingo y el lunes.

El lunes, adicionalmente, sentí en redes sociales esa sensación de que me obligaban moralmente a votar por Santos para atajar a Uribe. Muchos a querer disfrazar o justificar su voto por Santos como un voto por la Paz. Dentro de mi duelo de no tener una buena opción para votar el 15 de junio próximo, me resentí a ese tipo de manipulación. Particularmente porque ni soy antiuribista, ni creo que Santos sea la Paz.

Pero, la verdad, las elecciones de segunda vuelta presidencial no se tratan de buscar un candidato por el que sí votarías, ni escoger entre el menos malo. Se trata de terminar de definir lo que no se definió en la primera vuelta presidencial.

En la primera vuelta presidencial ya se decidió que el próximo presidente de Colombia será una persona de tendencia económica neoliberal pro-gran-capital y comprometido a lograr la gobernabilidad comprando al congreso. Eso ya no está en juego y en mi opinión es un error si el Polo Democrático o la Alianza Verde pretenden lograr acuerdos programáticos con la campaña de Juan Manuel Santos a cambio de su voto. Lo peor que puede pasar es que Santos gane la segunda vuelta a costa de comprometerse con el Polo, con la Alianza Verde, con los conservadores de Marta Lucía Ramírez, con los congresistas mermelados, con Dios y con el Diablo y que ante una alianza tan disímil sea incapaz de cumplir cualquier cosa.

Esta segunda vuelta es para decidir, entre lo que ya se decidió, cuales puntos diferenciadores son los que deberían primar en el gobierno de los próximos cuatro años.

Y no votar, o anular el voto, es siempre una opción en una democracia libre.

Hoy me inclino por Juan Manuel Santos porque lo que no me ha gustado de Uribe y su campaña pesa más que lo que no me ha gustado de Santos. Porque prefiero un país donde haya paros y no uno donde la gente esté asustada de protestar contra el gobierno (y uds. ya saben que no me gustan los paros). Porque prefiero que se queme la posibilidad de una negociación de Paz en La Habana a, simplemente, levantarse de la mesa.

Pero dije: “Uribe y su campaña” pero el candidato presidencial no es Álvaro Uribe Vélez: el candidato es Óscar Iván Zuluaga Escobar. No he conocido a Zuluaga lo suficiente para realmente sentir cómo es él como persona o como futuro presidente. Si Zuluaga no es más que un títere de Uribe lo veo como una mala cosa porque sería un fusible, una oportunidad del uribismo de ser más radical aún de lo que fue porque al títere lo pueden quemar. Pero sospecho que Zuluaga no es un títere. Podría ser alguien aún más sectario que el expresidente y senador electo Uribe, alguien como Fernando Londoño Hoyos; o un clon ideológico como Andrés Felipe Arias; o podría ser, lo que creo más probable, una persona con criterio propio para tomar sus propias decisiones por fuera de la doctrina. Sospecho que Zuluaga puede ser esto último y, en ese caso, podría ver a Zuluaga como una mejor opción que Santos.

Hablo de una mejor opción no porque me sea ideológicamente afín. Ya perdí en la primera vuelta la posibilidad de tener un presidente ideológicamente afín. Sino una mejor opción de tener en el Palacio de Nariño, por los próximos cuatro años, un presidente que permita unas reglas de juego donde prime la discusión de qué es mejor para el país y no la discusión de quién gana.

Pero no conozco a Zuluaga lo suficiente, y dentro de lo que sí conozco me quedo con Santos sobre Uribe.

La campaña del señor Blanco

Veo que desde ya se está destapando la campaña a favor del voto en blanco en las próximas elecciones presidenciales que tendrán lugar en mayo de 2014.

Ya en otras ocasiones me he referido al voto en blanco, de cómo este tuvo sus orígenes como carta blanca, es decir como un voto de no compromiso, una opción de aceptar que otros decidan por uno, y se ha convertido en una especia de voto de protesta.

Hay tres razones principales para votar en blanco: la primera es de la persona que acepta de antemano el resultado de la elección pero no quiere comprometerse con un nombre o una postura en particular. La segunda es de quien considera que los candidatos o las posturas presentadas no reflejan su propia posición y por lo tanto las rechaza todas. La tercera es de quien simplemente se reusa a pensar y toma la salida fácil: depositar un voto sin valor.

Como todos estos votos en blanco se cuentan con una sola cifra, discernir las razones y, sobre todo darle un significado a esos votos, es prejuicioso, particularmente cuando la votación en blanco se encuentra dentro de los niveles históricos. Ahí hay de los tres tipos de votantes en blanco: los que protestan y los que aceptan, los que pensaron su voto en blanco y los que no quisieron pensar.

Las razones personales por las que una persona puede votar en blanco son muchas. Dentro de las tres básicas mencionadas hay muchos matices y la decantación por el voto en blanco frente a las alternativas de candidatos o propuestas a votar puede ser más o menos razonada. Por ejemplo, alguien puede pensar que ninguno de los candidatos que puntea las encuestas convence y que ninguno de los demás candidatos merece ser considerado. O ninguno de los candidatos que conoce (o cree conocer por referencias o afiliación política) es su candidato y los que no conoce no hay tiempo de conocerlos (o si son desconocidos es porque en principio no convocan y por lo tanto no serán buenos). O repasó las hojas de vidas de todos y ninguno convenció. O, sencillamente, todos tienen el vicio de ser políticos y por lo tanto ninguno merece el voto. O porque siempre vota en blanco.

Si bien es deseable, no podemos exigir que todos nos tomemos el tiempo debido para evaluar todos y cada uno de los candidatos, sus pros y sus contras y decidirnos por el mejor o, en su defecto, por el voto en blanco.

Por lo tanto, si tienes razones personales para votar en blanco, aún cuando no todos los candidatos se han lanzado y han expuesto sus propuestas, no entraré a juzgarlas. Tu voto es tu voto.

Lo que sí desconfío a esta hora de la contienda es de una campaña a favor del voto en blanco.

Para empezar no seamos ingenuos de pensar que toda campaña de voto en blanco está descontaminada de la política tradicional. El Concejo Electoral ofrece espacios de participación política a cargo del erario para las campañas a favor del voto en blanco así como para las campañas a favor de votar por un candidato. No sólo eso sino que las campañas a favor del voto en blanco reciben, al igual que las campañas a favor de candidato, una plata por reposición de votos. Con los solos promedios históricos de votación en blanco, esa reposición está garantizada mucho más fácil que saliendo a competir con propuestas reales.

Pero incluso pensando que las campañas por el voto en blanco son sinceras y no una forma de obtener plata del estado (de los contribuyentes que pagamos IVA y 4‰ y nos descuentan retefuente, etc.) una campaña por el voto en blanco cuando no se han definido la totalidad de candidatos y propuestas es prematura.

La consecuencia política del voto en blanco es la siguiente.

Si el voto en blanco se mantiene dentro del promedio histórico, ese voto no significa mucho en términos políticos. No significa nada. El estado seguirá como siempre y no pasará nada.

Si el voto en blanco sube substancialmente en contra de los candidatos menores pero los candidatos punteros y de la maquinaria política tradicional se mantienen con cifras importantes, entonces el voto en blanco es un castigo a las alternativas. Eso significa que la única forma de ser tenido en cuenta en política no es presentar propuestas novedosas sino pertenecer a la maquinaria. Un castigo a quienes se atreven a presentar propuestas alternativas.

Si el voto en blanco sube substancialmente a costa de la votación de los candidatos punteros (pero no los sobrepasa), es claramente un voto de castigo. El estado seguirá funcionando como siempre pero la importancia de la votación en blanco se incrementa. Significa algo en contra del ganador, significa que este no tiene un apoyo total de parte del electorado.

Si el voto en blanco gana (no recuerdo es si es necesario que el voto en blanco sea mayoría o sólo baste con ser la mayor pluralidad), las elecciones son invalidadas. He aquí el verdadero poder del voto en blanco de acuerdo a la legislación colombiana: obliga a unas segundas elecciones en las que no participen ninguno de los candidatos que no pudieron vencer al voto en blanco. Claramente, cuando ningún candidato ofrece suficientes garantías al electorado (por ejemplo en casos que se han dado a nivel regional en los que hay un candidato único y este no representa a sus ciudadanos) la consecuencia política del voto en blanco como voto mayoritario importa.

Pero, repito, ese no es el escenario aún.

Aun no podemos decir si los candidatos punteros (p. ej. Juan Manuel Santos, Óscar Iván Zuluaga, Clara López) o los candidatos alternativos (p. ej. Camilo Romero, Óscar Naranjo, Antonio Navarro) no merecen ocupar el cargo de Presidente de la República de Colombia.

Adicionalmente, cuando el voto en blanco se convierte en una opción permanente (y no sólo coyuntural), cuando la campaña es a que votemos en blanco esta vez, pero también la próxima, lo que se está es proponiendo otro modelo de política. Se crea una crisis institucional dentro del acontecer político tradicional pues haría imposible la toma de decisiones de acuerdo con la constitución.

No estoy diciendo que eso sea malo. (No creo que sea bueno, pero esto es tan solo una opinión.) Pero esto requiere que el promotor del voto en blanco sea claro en decirnos cual es la propuesta real que hay detrás del voto en blanco: castigar una coyuntura o generar un cambio profundo en la forma de hacer política. ¿Qué es lo que propone si gana el voto en blanco?

Mientras una campaña de promoción del voto en blanco no responda esta pregunta, consideraré que esa campaña es poco seria y su propuesta es por moda o por plata.

Y eso incluye una campaña a favor del voto en blanco por el movimiento político que ayudé a fundar.

¿Qué no vale?

Hace poco tuve una breve discusión en Twitter sobre si el principio Visionario de “No todo vale” era compatible o no con el pasado guerrillero de una persona como Gustavo Petro.

Antes de dejarme enredar yo solito en otra discusión sobre legitimidad de la fuerza pública o la lucha guerrillera sostenía y sostengo que no hay divergencia en el criterio siempre y cuando la discusión sea sobre el presente y no sobre el pasado.

Repito primero que, en mi concepto, la lucha armada en los años 1960 y 1970 obedecen más a la moda de una época que a causas objetivas, y que la continuación de tal lucha en las décadas siguientes no sólo no se justifica por las condiciones del país, sino que no obedecen tampoco a un movimiento global.  Con esto quiero decir que en ningún momento considero que alzarse en armas contra el estado colombiano es un medio válido para acceder al poder político en Colombia. Continue reading

Por el verde que soñamos

Cuando se discutía la reforma constitucional que permitiría la reelección de Uribe en 2006, no faltaban algunos personajes que se declaraban como uribistas no reeleccionistas.  El más notable de ellos fue el columnista de El Tiempo Juan Manuel Santos.  Pero, finalmente, el congreso aprobó la reforma constitucional y la Corte Constitucional declaró exequible esa reforma.  Sin ningún reparo Santos se convirtió en el jefe de un partido político nuevo, el Partido Social de Unión Nacional, que reuniría a varios políticos afines al presidente a reelegir Álvaro Uribe Vélez.

Para las elecciones de 2010, muchos políticos afines al uribismo se declararon en contra de otra reforma más para permitir una segunda reelección.  Varios de ellos incluso expresaron abiertamente aspiraciones presidenciales que los llevarían a competir contra Uribe si la reelección se permitía.  Entre estos uribistas que se atreverían a competir con Uribe estaban Marta Lucía Ramírez (senadora por el Partido de la U), Enrique Peñalosa (ex candidato al senado por el partido Por el país que soñamos), Germán Vargas Lleras (senador por el partido Cambio Radical) y Noemí Sanin (embajadora ante el Reino Unido y ex candidata presidencial en 2002 por el movimiento político Sí, Colombia). Continue reading

Hora de tomar decisiones

Este domingo 30 de mayo de 2010 son las elecciones presidenciales en Colombia. Todos los colombianos tenemos una parte de la decisión sobre quién nos guiará y nos presidirá durante los próximos cuatro años.  La decisión final tal vez no se tome este domingo si ninguno de los candidatos logra el 50% de los votos válidos tendremos otra oportunidad de decidir el 20 de junio entre los dos más plurales del 30 de mayo.

Un voto no hace mucha diferencia.  Un voto más un voto más otro voto y así pueden sumar diferencias significativas.  Por ello lo importante es que tomes la decisión de por quién votar (o de no votar) con la mejor sinceridad.  Tus razones no tienen que ser del todo las correctas, pero sí es importante que te sientas conforme, que te sientas bien contigo mismo, por la decisión que tomes. Continue reading

#antesdeuribe Santos ya era Santos

Siento que mis amigos más uribistas, así como a mucha de las personas que leo en Twitter y otros foros, consideran votar por Juan Manuel Santos como la única forma de preservar el legado de Álvaro Uribe Vélez y de continuar su obra.  Finalmente ese es el posicionamiento que Santos ha querido dar a su campaña (antes y después del cambio de imagen).

Este post no va para mis amigos de la Ola Verde.  Ni para mis amigos del Polo; o quienes permanecen con el trapo rojo o azul, o que piensan en Pardo o Sanín a pesar del trapo rojo o azul.  Mucho menos para los seguidores de Germán Vargas Lleras.  Este artículo ni siquiera va para los seguidores de Juan Manuel Santos que creen en Santos por ser Santos y no por ser el candidato del uribismo.

Juan Manuel Santos apareció en mi radar cuando era Primer Designado (título que después sería reemplazado por el de Vicepresidente) durante el gobierno de César Gaviria Trujillo, presidente liberal.  Lo recuerdo en una caricatura de Osuna cuyos detalles son irrelevantes en este momento. Continue reading

Votando verde

Desafortunadamente no podré votar este domingo 14 de marzo, por razones ya expuestas.

Tampoco pude votar el 23 de septiembre de 2007, por ese mismo motivo. Entonces mi intención fue votar por Juan Carlos Flórez quien me parecía una mucho mejor alternativa a Samuel Moreno, Enrique Peñalosa y William Vinazco. (Sobre todo mucho mejor que Moreno y Vinazco.) Para el Concejo Distrital pensaba votar por Lariza Pizano y no recuerdo si finalmente definí o no mi voto para la Junta Administrativa Local (JAL) de Suba. Continue reading

Politiqueando a lo 2.0

¿Cuál es el papel real de los medios sociales (social media, web 2.0, o como queramos llamarle) en el acontecer político nacional? ¿Cual es su potencial? ¿Hasta donde un candidato o un promotor puede desarrollar una campaña por estos medios?

Tras mi participación tangencial en la organización de las marchas del 4 de febrero de 2008 en contra de las autodenominadas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo y la forma como estas se llevaron a cabo; tras haber visto la campaña presidencial en los EE.UU. y el papel que jugaron las comunidades de internautas; es claro que algo importante hay dentro de la forma como se está desarrollando Internet y la política. Continue reading

Detalles de la votación

news:3CF25AC9.4874E026@my-deja.com

He aquí un detalle de las votaciones de ayer, departamento por departamento.

escrutado potencial  particip   ganó      votos
Amazonas:  100  %      26.959     11.397  Serpa     5.460
Antioquia:  99,0%   3'071.272  1'438.300  Uribe   925.369
Arauca:    100  %     115.989     29.760  Uribe    14.544
Atlantico: 100  %   1'300.929    459.723  Serpa   224.569
Bolivar:    99,1%   1'019.182    345.798  Serpa   175.827
Boyacá:     99,3%     747.344    407.807  Uribe   187.048
Caldas:     99,9%     672.005    353.378  Uribe    67.829
Caquetá:   100  %     207.440     51.877  Uribe    24.175
Casanare:   99,3%     144.685     71.764  Uribe    32.441
Cauca:      95,9%     636.104    224.724  Serpa   105.863
Cesar:     100  %     481.537    192.235  Serpa   100.886
Chocó:      90,5%     183.810     60.022  Serpa    40.359
Córdova:    99,5%     796.309    372.851  Serpa   196.881
C/marca:    99,3%   1'223.196    657.224  Uribe   346.220
Bogotá:    100,0%   3'837.203  2'146.940  Uribe 1'207.877
Guainía:    95,3%      13.442      3.866  Serpa     1.735
Guaviare:  100  %      38.971      8.175  Uribe     3.968
Huila:     100  %     539.817    240.074  Uribe   125.403
La Guajira: 98,4%     326.069     98.421  Serpa    63.625
Magdalena:  99,6%     614.259    248.609  Uribe   112.631
Meta:       99,1%     405.620    184.547  Uribe   115.258
Nariño:     96,3%     764.099    286.035  Uribe   129.112
N. Sant.:   96,7%     775.923    352.595  Uribe   205.067
Putumayo:  100  %     136.837     40.124  Uribe    16.430
Quindío:   100  %     355.021    195.003  Uribe   126.459
Risaralda: 100  %     553.622    227.149  Uribe   190.851
San Andrés:100  %      38.198     11.206  Serpa     5.380
Santander: 100,0%   1'206.944    693.556  Serpa   353.298
Sucre:      99,8%     456.028    198.044  Serpa   118.650
Tolima:     96,0%     817.892    360.895  Uribe   178.852
Valle:      99,3%   2'496.988  1'083.088  Uribe   603.584
Vaupés:     84,4%      13.488      3.320  Serpa     1.903
Vichada:    96,3%      25.498      6.096  Serpa    58.082

Exterior:   99,2%     165.470    106.705  Uribe    89.699

TOTAL:      99,0%  24'208.150 11'244.288  Uribe 5'829.958

(100,0% indica aproximación >99,95%. 100 % indica totalidad de mesas excrutadas.)

De esos 11’244.288 votos, 10’991.531 fueron votos válidos (por candidato o en blanco) y 252.757 fueron no válidos (nulos y no marcados). De los votos válidos 195.465 fueron en blanco.

Uribe obtiene así el 53.04% del total de votos válidos, algo más del 50% del total de votos y menos del 25% del potencial electoral. Es decir que más del 75% creyó en otra alternativa, no le importó o no pudo votar.

El mapa político así:

Serpista:
La Costa Atlantica: Córdova, Sucre, Bolivar, Atlántico, Cesar y Guajira. Excepción: Magdalena.
Los extremos del país: San Andrés, Chocó, Amazonas, Vaupés, Guainía y Vichada.
Santander (bueno, el departamento natal de Serpa).
Cauca.

Total: 14 departamentos.

Uribista:
La zona andina: excepción de Cauca y Santander.
La región Oriental excepto el extremo oriental: Arauca, Casanare, Meta, Caquetá, Putumayo y Guaviare.
Magdalena (salvo Santa Marta).
El exterior.

Total: 18 departamentos, Bogotá y el Exterior.

Los más abstencionistas:
Las zonas de mayor conflicto y más perisféricas… esto sugeriría presión de los grupos armados ilegales contra la elecciones, producto de los desplazamientos previos o debido al traslado de mesas a las cabeceras municipales. Aún así, ningún departamento tuvo una participación superior al 60%, lo que indica todavía un gran grado de apatía o escepticismo. (O que los muertos de la registraduría no están votando).

En todos los departamentos el primer y segundo lugar lo disputaban Serpa y Uribe. El tercer y cuarto lugar entre Garzón y Sanín. (No estoy seguro si en todos pero en todos los que he visto el quinto y sexto lo disputaron entre Betancourt y Bedoya.) En varios países europeos Garzón superó a Serpa y en Francia el tercer lugar lo ocupó Betancurt.

Faltaría ver municipio a municipio, para ver si las tendencias se confirman.

Por el momento Álvaro Uribe Vélez supera en votación a la de Horacio Serpa en la segunda vuelta de 1998, lo que convierte a Uribe en el liberal más votado en Colombia. Aún así está por debajo de la votación de Pastrana en esa ocación.

Serpa con sus 3’486.384 votos está en el orden de votos que obtuvo en la primera vuelta de 1998.

Estos datos están basados en el boletín 34, emitido el domingo 26 de mayo a las 22:16.

— Carlos Th
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Castaño en El Mundo

news:3CF242FA.96EB71BB@my-deja.com

Buscando en las páginas de los grupos ilegales de Colombia (AUC, FARC, etc.) si había un planteaminiento respecto a las elecciónes de ayer, todavía no hay tales pero encontré este artículo de El Mundo (España) sobre Carlos Castaño.

No lo niego, la franqueza con la que habla o pretende hablar el hombre es atractiva: defiende su lucha, reconoce la ilegalidad (que no ilegitimidad) de la misma, etc. Sobre la persecución a la campaña de Serpa… sí la hubo aunque Castaño lo niegue, aunque es curioso al ver los resultados:

Córdova; zona de amplia influencia de las AUC (y en particular de las ACCU): ganó Serpa.

Chocó; zona actualmente en disputa: ganó Serpa.

Magdalena; donde más quejas hubo sobre intervensión de los paramilitares: único departamento de la costa donde ganó Uribe. En Santa Marta (es de suponerse que la presión es menor en las ciudades): ganó Serpa.

Cundinamarca; donde mayores denuncias hubo de presión de las FARC: ganó Uribe. (Aún no he visto resultados municipio a municipio; los datos excluyen a Bogotá).

Meta, Caquetá, Putumayo, Casanare; sitios donde las FARC más han presionado: ganó Uribe.

Bueno, me gustaría ver un mapa municipio a municipio, así como el mapa de abstención en los mismos. Mientras tanto los dejo con la entrevista a Castaño.

http://www.elmundo.es/2002/05/26/mundo/1148306.html
«Las AUC no apoyamos a ningún candidato ni impedimos que la gente vote a su preferido»
SALUD HERNANDEZ-MORA. Especial para EL MUNDO

ANTIOQUIA. La sombra de Carlos Castaño y sus AUC (Autodefensas Unidas de Colombia) ha planeado sobre toda la contienda electoral.Primero fueron las denuncias de que su organización estaba haciendo campaña abierta a favor de Alvaro Uribe y en contra de Horacio Serpa. Le acusaron de amenazar a periodistas por transmitir mensajes del candidato del Partido Liberal y de obligar a la gente en sus áreas de influencia a votar por Uribe. Luego señalaron al hombre que hoy puede convertirse en el nuevo presidente de Colombia, como el candidato de las AUC, muy cercano a sus planteamientos.

Castaño sonríe cuando pregunto por sus preferencias, «no las digo porque como grupo ilegal no podemos estar en la lucha electoral» y desmiente que haya consignas a favor de Uribe o cualquier otro candidato.

«Las AUC no apoyamos a ningún candidato. Tampoco podemos prohibir que la gente vote por el de su preferencia. En nuestras regiones hay congresistas serpistas y uribistas y todos son testigos de nuestro respeto a sus campañas por sus respectivos candidatos presidenciales. Las AUC tenemos unidad ideológica en la defensa del Estado, pero en materia electoral, no. No hemos saboteado nunca la campaña del doctor Serpa y él lo sabe». Para quien es aún el líder único de las AUC, aunque haya abandonado la Jefatura del Estado Mayor para quedarse con la dirección política, es la guerrilla la única que está saboteando las elecciones.

«Mire, por el señor Garzón las FARC presionan duro con el fusil para que la gente vote por él en el sur del país, y esto no puede afectar a Lucho ni puede llevarnos a creer que él es un guerrillero; es más, en lo único que las FARC y yo estamos de acuerdo es en que es el mejor de los candidatos. Quienes sí han declarado la guerra contra la campaña de Uribe Velez son las FARC y todo el país lo sabe».

El favorito en los comicios, Alvaro Uribe, propone fortalecer a las Fuerzas Armadas para enfrentar la subversión. Usted que los conoce bien, ¿cree que se puede combatir a la guerrilla sólo con las armas?

En el nuevo mundo de la globalización el primer frente de guerra del próximo presidente, cualquiera que sea, será el internacional, consiguiendo recursos y preparando la propuesta de paz para la guerrilla, alterna a la confrontación armada interna. La guerra en Colombia se acaba en los próximos cuatro años, indistintamente del presidente que llegue al poder. El banquete para la inversión está servido y no puede esperar. Los comensales: EEUU, la UE, las FARC, y la reacia Administración colombiana como anfitriona, se repartirán el pastel. Ojalá quede algo para el pueblo y no precisamente las sobras, ahí estaremos las AUC para exigir inversión social por él.

¿Cree que si gana Alvaro Uribe abrirá una negociación con las AUC?

Cualquiera que sea el presidente de Colombia tendrá la obligación de enfrentar a todos los actores al margen de la ley, y de negociar la paz finalmente con los actores políticos, y ahí estaremos las AUC quieran o no las guerrillas.

¿Cómo afecta la pérdida de más de 100 hombres de las AUC en sólo una semana?

Estamos preparados para enfrentar la guerrilla en sus guaridas y es lo que estamos haciendo. Creemos tener lo suficiente como para decirles a los colombianos que la guerrilla por la vía de las armas lo único asegurado que tiene es su derrota. Sí, lloramos nuestros muertos, pero los sepultamos y cada caído levanta una familia contra la guerrilla.

Castaño piensa que, por el contrario a lo que se cree, para ellos Uribe sería la peor opción en la Presidencia. Actuaría contra las AUC con mayor dureza porque tendrá que demostrar que no le une ningún lazo con este Ejército de 10.000 hombres bien armados, a los que ya no sólo podrán derrotar con las armas. La mesa de negociación será la única manera de desactivar un movimiento que aún cuenta con el apoyo expreso del 7% de los colombianos.