No nacemos hombre o mujer: Nacemos bebés

No se nace hombre ni se nace mujer: se nace bebé. Una de las primeras cosas que hace un obstetra o una partera cuando nace un bebé es observar sus genitales y declarar si nació un varón o una hembra, aunque con el creciente uso del ultrasonido esto dejó de ser una sorpresa tras el parto.p19

Excepto por esos genitales, son muy pocas las diferencias corporales entre un bebé varón y una bebé hembra. Luego los niños crecen y llegan a la pubertad y las diferencias fisiológicas se acrecientan: la voz, el vello púbico y el vello facial, el crecimiento en estatura y masa corporal. La identidad sexual comienza antes de la pubertad: las hembras aprenden a reconocerse como niñas y como futuras mujeres; los varones aprenden a reconocerse como niños y como futuros hombres. Niños y niñas se visten diferente, tienen juguetes diferentes, desarrollan gustos diferentes.

Nuestra sociedad tiene dos casillas importantes para las personas adultas: los hombres y las mujeres. Y entre estas dos casillas hay diferencias fisiológicas internas y externas y diferencias en el comportamiento personal y frente a la sociedad, tales como la forma de vestir, de relacionarnos con los hijos, y en menor medida, de escoger profesión.

Un hombre, es un individuo cuyo par cromosómico sexual es XY y tiene mayores niveles de testosterona que de estrógenos y otras características hormonales. Sus organos sexuales son externos y constan de un pene y unos testículos. El pene, además de su función sexual, le permite apuntar al orinar. Los testículos, además de su función sexual, lo obligan a abrir ligeramente (o no tan ligeramente) las piernas al sentarse. Su pubertad tiende a comenzar después de los 12 años, y durante esta etapa de crecimiento desarrolla mayor estatura final y mayor masa muscular que las mujeres. El hombre tiene vello facial grueso. En nuestra sociedad tradicionalmente se esperaba que el hombre use menos adornos corporales, lo cual incluye llevar el pelo corto, no usar aretes ni pulseras, vestir trajes poco llamativos, etc. En distintas épocas ha variado la costumbre de afeitar o no el vello facial.

La mujer, por otro lado, es un individuo con par cromosómico XX y mayores niveles de estrógeno que de testosterona. Sus organos sexuales son internos: la vagina y los ovarios. Siendo nosotros mamíferos placentarios, macrocéfalos y bípedos, los huesos púbicos se ensanchan para permitir el eventual parto. Su pubertad suele comenzar antes de los 12 años, desarrollando menos estatura final y menor masa muscular que los hombres. El vello facial de la mujer es delgado, corto, y apenas distinguible de la vellosidad normal. En nuestra sociedad la mujer se arregla por medio de pelo largo y peinados, aretes, collares, pulseras y vestidos, maquillaje, entre otros.

La mayor parte de la vida pública está dominada por los hombres. Se espera que el hombre salga de su casa para obtener recursos y alimentar a su familia y para dirigir a la sociedad. De las mujeres se espera que cuiden a la familia y a los hijos aun cuando tengan que también salir a la vida pública.

En trabajos pesados como el arado de la tierra, la ganadería, la construcción, el uso de maquinaria pesada, etc. predominan los hombres. Las mujeres deben adaptarse a ese ritmo. En trabajos que impliquen cuidar a otras personas: enfermería, guarderías, escuela primara, predominan los hombres las mujeres. En países como Estados Unidos el trabajo de limpieza de edificios grandes se considera un trabajo pesado y por ello la mayoría de conserjes son varones, pero en Colombia se considera más afín al cuidado del hogar y la mayoría de las empleadas de aseo son mujeres. Colombia también tiene una gran fuerza de trabajo femenina en manufacturas y agricultura (principalmente recolección y cosecha) en contraste con otros países. También las colombianas se han dedicado a ciencia e ingeniería en números importantes en comparación con otros países, pero esto es relativamente reciente. Hace un par de generaciones las ingenierías eran campo exclusivo de los hombres.

En Colombia hay una gran variedad cultural en cuanto al papel del hombre y la mujer dentro del hogar. En la familia tradicional costeña, el hombre es el rey y la mujer es su propiedad. Cuando el hombre regresa a la casa la mujer debe servirlo y complacerlo y los niños deben aprender a respetar a su papá por encima de cualquier otra persona. Los niños varones aprenden a ser servidos por sus mamás y hermanas, y las niñas aprenden a servir a los hombres de la casa. En contraste, en la familia tradicional antioqueña la mujer de mayor jerarquía (p. ej. la madre en familias nucleares) es la jefe del hogar. La función del padre es traer a la casa la comida pero dentro del hogar quien lleva las riendas es la mujer. Los hijos aprenden a hacer respetar a su mamá por encima de cualquier cosa, incluyendo por encima del papá. En el resto del país hay cierta variedad, pero una relación un poco más igualitaria entre padres y madres. Esta relación en el hogar no se refleja necesariamente en la vida pública: tanto el hombre costeño como el hombre antioqueño dominan la vida pública.

Entre estas diferencias entre hombres y mujeres, confluyen diferentes factores. La producción de testosterona y estrógenos está relacionada con el par cromosómico sexual (XX o XY). El cuerpo de la madre gestante produce también mayores niveles de testosterona cuando está embarazada de un varón. La testosterona influye en el comportamiento. A mayor testosterona más competitivo es el individuo. Pero también se ha observado que el nivel de testosterona, sobre todo en el bebé gestante, influye en algunas habilidades tales como la facilidad de trabajar con números o las formas de percibir el espacio. Por ello los varones suelen destacarse más que las hembras en matemáticas. Esto, junto con la mayor agresividad, hacen que el individuo con testosterona prefiera salir del hogar y buscar riesgos, mientras que los individuos con menos testosterona sean más dados a la empatía y al cuidado. También el estrógeno y la testosterona influyen en cuándo y cómo se desarrolla la pubertad: el desarrollo de la cadera en las mujeres, el vello facial en los hombres, el desarrollo de masa muscular, el engrosamiento de la voz, etc.

La testosterona, si bien influenciada por la genética, también se dispara o disminuye por factores externos. La actividad física, sobre todo competitiva, incrementa la producción de testosterona, sin embargo cuando el individuo se reconoce en desventaja, los niveles de testosterona bajan, haciendo al individuo más empático y colaborador.

En la mayor parte de los casos, todos estos factores fisiológicos coinciden. El individuo XY tiene órganos sexuales externos y mayores niveles de testosterona, lo cual lo lleva a comportamientos más masculinos que suelen ser reforzados por lo que la sociedad espera de los hombres. Por otro lado el individuo XX tiene órganos sexuales internos, mayores niveles de estrógenos, lo cual lo lleva a comportamientos más femeninos que suelen ser reforzados por lo que la sociedad espera de las mujeres.

Pero no siempre sucede.

Primero, cerca de uno de cada mil individuos, no tiene uno de los pares cromosómicos sexuales normales, sino que presenta formas XXX, XXY, XYY, X0, y otros. Normalmente XXX presenta rasgos femeninos, y XYY razgos masculinos, mientras que XXY presentan rasgos ambiguos.

Aún entre los individuos XX y XY, los organos sexuales pueden ser ambiguos o reversados con una incidencia de uno entre cada diez mil. ¿Qué significa esto? Que en cerca de 5000 colombianos sus genitales son diferentes a lo que sus cromosomas dicen.

Los niveles de testosterona en el útero dependen de la madre, su capacidad biológica, su entorno (ya vimos que el ambiente puede aumentar o disminuir el nivel de testosterona), y cómo el feto indica a la madre que es un varón o una hembra. Como tal es apenas una tendencia que estos niveles sean mayores cuando el feto es varón que cuando es hembra, y hay muchos casos reversos. Una vez nacido, y hasta la pubertad y la edad adulta, varios factores ambientales pueden variar la producción de testosterona, adicional a diferencias genéticas no relacionadas con el par cromosómico sexual.

La sociedad juega un papel en la definición sexual. Esta relación es de doble vía. La teoría feminista de que es exclusivamente el patriarcado el que impone los roles sexuales no es apoyado por las observaciones ni por la lógica. La relación entre agresividad y empatía está en gran parte determinada por los cromosomas las hormonas, las cuales están en gran parte determinadas por el sexo, lo cual crea estructuras sociales que aprovechan y refuerzan ese comportamiento agresivo de los varones y la empatía de las hembras. Dependiendo de qué tan estricta es la sociedad, este adoctrinamiento conductual es rígido o laxo. En el último par de generaciones muchas cosas han cambiado en Colombia, sobre todo en las clases medias y altas, haciendo que más mujeres entren a trabajos tradicionalmente masculinos y más hombres aceptando trabajos y actitudes antes reservados para las mujeres. La longitud del pelo, el uso de adornos externos como aretes, collares y pulseras, y el uso de prendas llamativas son cada vez más aceptados. Pero hace un par de generaciones esto sólo se veía como parte de la contracultura (jipis), y una generación atrás era impensable. Aún hay estereotipos masculinos y femeninos impuestos culturalmente y por ello parece una gran ofensa la sugerencia del borrador de la cartilla Ambientes escolares libres de discriminación de sugerir que los niños varones no sean sancionados por preferir usar falda o las niñas pantalón.

Bandera transgénero499 de cada 500 individuos no presenta ambigüedades cromosómicas o genitales. Y la gran mayoría de estas personas no tienen dificultad para identificarse como hombres o como mujeres en concordancia con esta situación. Aún las mujeres que toman trabajos tradicionalmente masculinos se saben mujeres y la mayor parte de los hombres que toman oficios tradicionalmente femeninos se saben hombres. Pero dentro de estos casos de hombres y mujeres bien definidos, hay una pequeña fracción que no concuerda. La verdad la mayor parte de nosotros somos personas multidimensionales. Todos tenemos testosterona y estrógenos. Todos tenemos vello facial (varía el grosor). Nuestro cerebro y capacidad de decisión fácilmente pueden sobreescribir la tendencia genética, y cada uno de nosotros, entre las cosas que nos gusta hacer, hay algunas cosas tradicionalmente femeninas y otras cosas tradicionalmente masculinas. Todos tenemos algunas actitudes tradicionalmente femeninas y otras actitudes tradicionalmente masculinas. En ocasiones nuestros gustos y actitudes discordantes generan algo de angustia, p. ej. el niño varón que le gusta jugar y vestir a sus muñecos, pero que no se enteren sus amigos. Otros generan menos angustia y no nos da temor admitirlo. Nos adaptamos. Suprimimos nuestros gustos vergonzantes. Nos hacemos más hombres o más mujeres adaptándonos a lo que la sociedad y nuestros compañeros esperan de nosotros. Pero en unos pocos casos estas discordancias son tantas o tan profundas que para algunos individuos es más fácil adaptarse a lo que se espera del género opuesto. Son individuos XY de genitales externos que se identifican como niñas o mujeres, e individuos XX de genitales internos que se identifican como niños u hombres.

La mayor parte de las sociedades occidentales actuales, incluyendo la colombiana, son dicótomas en la identificación sexual. Tenemos una casilla para hombres y una casilla para mujeres. La gran mayoría de los varones nos identificamos como hombres y la gran mayoría de las hembras se identifican como mujeres. Y la gran mayoría de esa pequeña fracción que no se identifica en concordancia se identifica en el otro grupo: varones identificados como mujeres transexuales y hembras identificadas como hombres transexuales. Hay otras sociedades donde se distinguen distintos tipos de tercer género (y donde estos terceros géneros tienen distintos niveles de aceptación).

Pero estamos en Colombia con nuestras dos casillas. O somos hombres o somos mujeres. El 2 por mil de individuos intersexuales (con ambigüedad cromosómica o genital) terminan presentándose en la sociedad bien como hombres o bien como mujeres. Del 99,8% de los individuos no ambiguos, cerca del 99% tienen concordancia en su identificación sexual: varones que se identifican como hombres y hembras que se identifican como mujeres. Pero hay cerca de un 1% de individuos sin ambigüedad fisiológica que no se identifican dentro de su género concordante. Medio millón de colombianos que nacieron XY pero se identifican como mujeres o nacieron XX pero se identifican como hombres.

En sociedades muy rígidas, estas casillas son tan fuertes que los individuos transexuales deben o bien conformarse y adaptarse al genero concordante con su sexo fisiológico, con toda la angustia que esto causa, o mentir y vivir bajo su género psicológico ocultando su sexo fisiológico, lo cual también genera angustia de ser descubiertos. Con suerte, y gracias a la tecnología actual, pueden reasignarse: tomar hormonas y someterse a cirugía para que las características sexuales fisiológicas concuerden con su género psicológico, pero la reasignación no siempre es posible. Aun así hay suficientes individuos que no pueden aceptar aquello que se sale de sus casillas mentales, que los individuos transexuales viven en permanente riesgo de ser asaltados por su condición.

Y aun no he tocado el trasvestismo y la orientación sexual. Un trasvesti es una persona que se identifica primariamente con un género (generalmente concordante) pero pretende en ocasiones ser del otro género. Por ejemplo hombres que se visten como mujeres y viceversa. El trasvestismo puede ser un caso de identificación de género ambiguo o incompleto, o puede ser un juego de interpretación. El primer caso sería, por ejemplo, un individuo fisiológicamente varón (XY y genitales externos), que no se identifica plenamente como hombre o como mujer, pero normalmente se presenta a la sociedad bajo su género concordante (hombre) y, cuando la circunstancias lo permiten, cambia su presentación al género discordante (mujer en el ejemplo). El segundo caso es un individuo quien se identifica plenamente con un genero, generalmente en concordante, pero le gusta ocasionalmente aparentar o fingir ser del otro género.

Dentro del ~99% de individuos no ambiguos concordantes, una mayoría siente atracción sexual primaria hacia individuos del sexo opuesto. Los hombres varones en su mayoría sienten atracción sexual hacia las mujeres. Las mujeres hembras en su mayoría sienten atracción sexual hacia los hombres. En un número importante de ocasiones sentimos afecto hacia el tipo de personas al cual nos sentimos sexualmente atraídos, y en sociedades monógamas solemos buscar como compañeros permanentes de vida a una persona que a la vez nos atraiga sexualmente y por la cual sentimos afecto. Cerca del 90% de los individuos tenemos plena concordancia: o somos varones hombres que sentimos atracción y afecto hacia las mujeres (y de decidir casarnos lo haríamos con una mujer) o somos hembras mujeres que sentimos atracción y afecto hacia los hombres (y de decidir casarnos lo haríamos con un hombre). Y esto es evolutivamente bueno porque permite la preservación de la especie humana.

Aberración (pero no del tipo que hablamos aquí)

Aberración (pero no del tipo que hablamos aquí)

Y como los individuos heterosexuales cisgénero (concordantes) no ambiguos son la gran mayoría, es fácil ver por qué nuestra sociedad, y la mayoría de sociedades, establecen estas dos casillas: o somos hombres o somos mujeres. Y lo que se salga de esas casillas se considera una aberración. En sociedades rígidas es más fácil pensar que esas son aberraciones a pensar que existan otras casillas o que las casillas no estén bien definidas.

Y las aberraciones, o bien se encasillan en una de las dos categorías existentes, o bien deben excluirse de la sociedad. Los individuos ambiguos, trasngénero y homosexuales tienen mayor índice de suicidio que los no-ambiguos, cisgénero u heterosexuales, en gran medida porque no tienen una sociedad que los obliga a conformarse en una casilla incorrecta. Muchos lo hacen. Muchos se conforman. Muchos homosexuales se casan con personas del sexo opuesto sólo porque así lo espera la sociedad, muchas veces sin siquiera saber o reconocerse como homosexuales, reprimiendo la atracción y el afecto a otros individuos del mismo sexo. Muchas personas transgénero o bien ocultan su género psicológico o bien ocultan su sexo fisiológico. Las personas sexualmente ambiguas, con suerte pueden elegir: en muchos casos fueron sus médicos o sus padres quienes decidieron por ellos.

Como mayoría podemos decir que las aberraciones no son importantes. Ese 10% de homosexuales que se adapten. Ese 1% de trasngéneros que se definan (preferiblemente asumiendo su género en concordancia con el sexo fisiológico). Ese 1‰ de ambiguos ¡¿qué importan?! ¿Por qué debe la sociedad adaptarse a una ínfima minoría?

En muchos casos todo son decisiones. Yo no puedo decidir quién me atrae sexualmente pero sí puedo decidir con quién entablar una relación afectiva. Así como el heterosexual puede decidirse a ser célibe y reprimir sus impulsos sexuales, el homosexual debe decidirse a reprimir sus impulsos homosexuales. El individuo transexual, esa minoría, puede tomar la decisión de adaptarse. Muchos hemos hecho sacrificios, niños que aprendieron a no jugar a vestir a sus muñecos, hombres y mujeres que han aprendido a no fumar en el trabajo, o a no hablar mal del expresidente en ciertos círculos. ¿Por qué no pueden los individuos de esa minoría hacer ese sacrificio y reprimir su género psicológico? Es más, ni siquiera deben reprimir nada, con seguridad que identificarse como transgénero no es más que una moda, un deseo de llamar la atención.

Sí, como sociedad podemos decidir que las aberraciones, que lo anormal, no es importante. Podemos decidir que no hay más que dos casillas: hombres y mujeres, y que todo el mundo debe adaptarse a ellas en función a su sexo fisiológico. Finalmente casi todos somos normales. La mayoría no tenemos que decidir cómo adaptarnos y nunca fue un dilema.

O como sociedad podemos reconocer que las minorías existen y son respetables. Para empezar los individuos sexualmente ambiguos e intersexuales no lo son por decisión propia. En una sociedad que decide ser incluyente, no tiene justificación ignorarlos sólo porque son una ínfima minoría. Ahora, si bien existe transexualismos por moda, en su gran mayoría es un problema real de autoidentificación. Un niño que pueda hablar abiertamente de sus dudas, sin temor a ser intimidado por sus compañeros, maestros y padres, podrá entender mejor su identificación de género. Probablemente esto lo lleve a que no necesite definirse como trasnsexual, sino que se acepte como cisgénero con actutudes, gustos y comportamientos no concordantes pero no por ello aberrantes, o a que se defina plenamente transgénero sin temores ni rechazos. Esto no es afín a los sacrificios que conlleva dejar temporalmente el cigarrillo o no expresar nuestras opiniones políticas en ciertas circunstancias, porque usualmente fumar o tomar una postura política no es parte de nuestra identidad como persona, y porque eventualmente podemos salir a prender un cigarrillo o desfogar nuestro pensamiento político en foros de Internet.

Nos asustan muchas cosas.

Gina Parody y Cecilia ÁlvarezEntender que esas casillas tradicionales de hombre y mujer no son únicas, ni plenamente definidas; comprender que lo que llamábamos aberraciones son sólo condiciones no ordinarias, representan un cambio de paradigma y estos cambios de paradigmas asustan. Nos asusta más cuando se trata de nuestros hijos. ¿Qué tal que mi hijo resulte una aberración? ¡No! ¡mi hijo no puede ser una aberración y si pasa es por malas influencias! ¡Quieren confundir a nuestros hijos! ¡Esa ministra LGBTI!

Confundimos la aceptación a la diversidad como promoción de la anormalidad. Reconocer y aceptar que hay personas que no se encasillan o que se encasillan al revés de nuestras expectativas, no significa que los encasillados terminemos saliéndonos de nuestras categorías. La mayoría de los varones seguirán identificándose como hombres y la mayoría de ellos seguirán sintiéndose atraídos por mujeres y la mayoría de las hembras seguirán identificándose como mujeres y en su mayoría enamorándose de hombres. La especie humana no desaparecerá de la faz de la tierra. ¿Y nuestros hijos? Si nuestros hijos crecen como transexuales o como homosexuales, lo más probable es que la tendencia ya existiese. No nos convirtieron a nuestros hijos, sino que ellos ya lo eran y tan sólo lo están aceptando. Si creemos que eso es una aberración, no es que nos hayan corrompido a nuestros hijos, sino que así crecieron. Cabe preguntarnos en estos casos ¿qué pasaría si nuestro hijo crece con esa tendencia, pero debe ocultarla por temor a sus compañeros, maestros y padres? ¿estamos realmente dispuestos a que nuestros hijos crezcan desdichados con tal de no cambiar nuestro paradigma?

Pero no. Si realmente estamos convencidos de que es una aberración, es inconcebible que nuestros hijos lo sean y si lo son fue porque le llenaron la cabeza de basura o porque no merece existir.

Pero entonces no digamos mentiras. No digamos que nos interesan nuestros hijos. Nos interesa es conservar nuestro paradigma. O tal vez soy yo el anormal de creer que prefiero hijos felices a hijos encasillados.

Lo otro que nos asusta no es que nuestros hijos crezcan confundidos (porque para eso estoy yo) sino que otros niños, los hijos de otros, aberrantes o confundidos, agredan a nuestros hijos. Que otro niño varón intente besar a nuestro hijo varón. Que otra niña confunda a mi niña.

Para mí es claro que una buena educación sexual, y un buen manual de convivencia, no debe estar basado sólo en la aceptación de las diferencias minoritarias y la autoaceptación, sino en el respeto a la autonomía de los demás y la protección a la misma. Un beso no consentido es eso: un acto sexual no consentido. No importa si quien agrede es homosexual o transgénero o si es heterosexual y cisgénero. La agresión es agresión y la víctima debe ser protegida, con le exclusión del agresor si es el caso; pero antes de ello se le debe enseñar a los niños y niñas el respeto a la autonomía del otro, para que nunca vayan a ser los agresores.

No nacemos hombre o mujer. Nacemos bebés, y en su gran mayoría nacemos bebés varones o bebés hembras. Crecemos luego y nos hacemos hombres o mujeres (ocasionalmente andróginos u otra cosa), en una gran mayoría los varones creceremos como hombres y las hembras como mujeres; y diversos factores biológicos, ambientales y culturales contribuyen a la tendencia de que los varones crezcan como hombres y las hembras como mujeres.

Ignorar que esa tendencia es una tendencia y no un mandato rígido es tan peligroso como ignorar nuestra biología y el componente biológico de tales tendencias.

Navidad

En mi casa a veces me han llamado Grinch porque no me gusta decorar la navidad en noviembre, y dada mi poca religiosidad también me lo achacan a que soy un Grinch por ser ateo. La verdad me parece incorrecta esa apreciación porque la navidad sí me gusta (aunque en alguna época si tuve mi periodo Grinch).

Cuando era niño y estudiante en un colegio de calendario A, al terminar el año lectivo a finales de noviembre habían en mi casa (y en la ciudad en general) pocas manifestaciones de la temporada navideña que se avecinaba. Estaba el día de las velitas como un preámbulo, pero la temporada navideña comenzaba el 16 de diciembre junto con la novena de aguinaldos. El 16 de diciembre era el día para tener armado el pesebre y el árbol.

Nuestro pesebre, armado a mediados de noviembre y que no sobrevivió a los gatos.

Entonces estaba la novena de aguinaldos. Nueve días para compartir con la familia y los amigos de la familia el espíritu festivo de la navidad. Para comer natilla y buñuelos, ver cómo habían armado el pesebre en las otras casas. Poner luces en las ventanas y ver los Pesebre (con burro, buey, abeto, menorah y Papá Noel)desorganizados espectáculos de pólvora de los vecinos y de cuando en cuando participar en uno de ellos.

El 24 terminaba la novena y con la gran celebración familiar de nochebuena. Como niño que era lo importante eran los regalos que habían descansado debajo del árbol los días anteriores y que por fín podríamos abrir. Luego, a medida que crecía y mi apetito de adolescente aumentaba la cena navideña empezó a sentirse importante. Los tamales de mi abuelita (que nunca he visto similares en el comercio), el pavo que deshuesaba y rellenaba mi papá, y todas las demás viandas que acompañaban el festejo.

Para mí la navidad siempre ha sido la nochebuena. El 25 era el día de estrenar los juguetes. De desayunar los tamales arriba mencionados, hacer algunas visitas (una importante era a donde mi tío, pues su esposa cumple ese día), o descansar. Por los próximos tres días la dieta giraba alrededor del pavo. Llegaba luego el 28 de diciembre y la celebración del día de los inocentes sin que de mi parte hubiera habido una broma memorable que yo haya perpetrado o me hayan perpetrado.

Cada uno de estos días con mi hermana íbamos al pesebre a colocar a los Reyes Magos cada vez más cerca del nacimiento.

Pasaba la celebración de Año Nuevo (igualmente, lo importante era despedir el año la noche del 31 porque el primero de enero era y es el día de no hacer nada), y poco a poco hacíamos la cuenta final de la temporada navideña cuando el 6 de enero lo Reyes Magos llegaban a dónde el Niño Dios y ya podíamos desmontar el pesebre, el árbol, las luces y toda la demás decoración navideña.

La temporada eran esos 22 días entre el 16 de diciembre y el 6 de enero. Unos días que disfrutaba realmente. Y tal vez en eso influya mi resistencia a que el comercio tenga decorado de navidad desde septiembre y a que los vecinos ya hayan llenado de luces sus casas desde mediados de noviembre.

Si a eso le sumamos mi cumpleaños finalizando noviembre, suficientemente cerca a la navidad como para que uno que otro pariente decidiera que podía matar dos regalos con uno solo, eso contribuye a mi aprehensión hacia las navidades novembrinas. ¡Yo no cumplo en navidad! ¡Yo cumplo en noviembre!

Papá Noel – imagen por Matti Mattila licenciada bajo Creative Commons

La otra cosa que resiento de la navidad hoy en día es cómo la mitología autóctona de la navidad ha venido cediendo a la mitología gringa de Santa Claus, los renos y los muñecos de nieve. Hace un par de años estaba bajando unos villancicos tradicionales de Youtube y encontré una versión de Mi burrito sabanero. En ese momento no le presté mucho cuidado, pero hace poco revisando lo que tenía en mi colección de videos, lo encontré y lo estuve mirando. Y me estuve decepcionando. Estamos hablando de una canción del folclore hispano (no sé de qué país sea originalmente) sin una letra muy profunda: se trata de un burro con el que se quiere ir a Belén (se entendería que al nacimiento de Jesús).

Pero en todo el video de marras no había una sola imagen de un burro, ni de Belén, ni del nacimiento de Jesús, ni de ninguna tradición hispánica de la navidad. Eran puras imágenes de abetos adornados, muñecos de nieve, personajes de Disney con gorros de Santa Claus, renos (realmente venados con cornamentas de reno), Papás Noel, etc.

Ahora, no me malentiendan. En mi casa siempre se ha adornado un abeto artificial y lejos estoy de ser un xenófobo que busca eliminar las invasiones foráneas a nuestras tradiciones. Disfruto de la mitología de Santa Claus tanto como de la mitología del Niño Dios. He vivido un par de navidades en Suecia disfrutando de la nieve y de las galletas de gengibre y el glög (no sólo esas dos navidades), de los muñecos de nieve y las imágenes del Jultomte con renos de verdad (renos lapones y no venados gringos); pero sí existe esa sensación de que algo se pierde cambiando una imaginería por otra.

Supongo que en parte por ello es que aun conservo la esperanza de terminar mi proyecto de la novena de aguinaldos.

Pesebre (con burro, buey, abeto, menorah y Papá Noel)

Para mí la navidad sigue siendo el 24 de diciembre y la temporada navideña esos 22 días que inician con la novena. Donde independientemente de que en la Biblia no se mencione a un burro y a un buey, celebramos ese mito que nos afianzó Fray Fernando de Jesús Larrea donde está María diciéndole fiat al Espíritu Santo, viajando a lomo de burro desde Galilea hasta Belén para cumplir el precepto de un príncipe extranjero y Jesús naciendo entre sus criaturas irracionales porque las racionales le habían negado posada.

Ese mito de un diorama del nacimiento en el que ninguna figura está a escala, hay cisnes nadando en lagos de espejo, ovejas más grandes que las casas, leones y soldados de juguete, y un rey de cada color caminando hacia donde nace el Niño Dios.

Y, una época donde eso que pasó o no pasó en Belén o en el Polo Norte nos recuerda que podemos compartir con los demás, y en la que quienes viven su espiritualidad de una forma diferente a la mía usen también la temporada como pretexto para encontrarse con ella o compartir con los demás.

Sí. Celebro la navidad del Niño Dios, y también la navidad de Papá Noel y del árbol de Navidad. Y de cantar villancicos. Y de reunirnos con familiares y amigos. Y de prepararle la sorpresa a los chicos.

Y aún espero ayuda con mi novena.

La ley de la papaya

A veces termina uno metido en unos estrambóticos debates en Twitter, probablemente porque la tiranía de los 140 caracteres nos lleva a fraccionar o simplificar las ideas y estas no son tan claras como uno quisiera expresarlas, o porque sencillamente tenemos una tendencia a observar el mundo de tal forma que confirmemos el juicio que ya hicimos del mismo y no con la mente abierta de pensar si encontramos nueva información para corregir nuestra preconcepción.

Uno de los temas álgidos del debate que se está dando es de la relación entre lo que algunos percibimos como el sentido común de la prevención y el deseo de poder disfrutar de la vida sin tener que preocuparnos de lo que no debería ser problema.

A mí me gusta caminar por la ciudad y he caminado a diferentes horas en diferentes partes de esta y otras ciudades, en ocasiones con mayor o menor temor de diferentes amenazas como toparme con asaltantes armados en Bogotá o con bandas de muchachos xenófobos en Yokohama.  A veces los temores pudieron haber estado injustificados y a veces mi falta de prevención pudo haber rayado en lo insensato.  Afortunadamente no tengo nada que lamentar, como desafortunadamente muchas otras personas más precavidas que yo sí tienen episodios trágicamente lamentables en sus vidas.

Como padre de un par de muchachos (niño y niña) que estarán entrando a la adolescencia en los próximos diez años entiendo que mi responsabilidad va mucho más allá de las precauciones individuales que tomo o no tomo cuando salgo a caminar, sino que incluyen el poder que tengo como ciudadano de formar la sociedad y más cuando entre las posibles formas que he previsto he considerado la participación directa como hacedor de leyes.

Quiero que mis hijos crezcan y disfruten de la vida con muchos menos temores de los que yo tuve.  Y que disfruten más.  No quiero tenerlos resguardados en una jaula ni en la protección de cuatro paredes sólo para que no les pase nada, sino que salgan y se la gocen.  Pero tampoco quiero que sean insensatamente temerarios y que crean que pueden hacer lo que quieran sin asumir responsabilidades por sus decisiones.

Pero si quiero que disfruten más, teman menos y no les pase nada, hay muchas cosas que puedo hacer como padre y ciudadano.  Debo darles libertad para que vayan y disfruten, pero debo darles límites que por un lado refuercen su confianza y por otro su responsabilidad.  Debo procurar una sociedad que no los trate como delincuentes por ser adolescentes, ni los desampare.  Debo buscar que la sociedad no les sea hostil cuando ellos estén en lo correcto ni cuando ellos se equivoquen.

No quiero que mi hijo el día de mañana sea acusado, falsa o correctamente, por una violación, ni que mi hija sea víctima de una.  Ni al contrario.  Que ninguno de ellos, al calor del alcohol y sus hormonas, no sepa controlarse; ni que actuando correctamente de pie a una falsa acusación; ni que sea víctima de quien no pudo controlarse o de quien creyendo actuar correctamente no lo hizo.  Debo enseñarles donde están sus propios límites porque a partir de ahí están los derechos de las otras personas.  Y debo enseñarles a que establezcan sus límites frente a los demás para que no sean ellos los abusados.  Y debo enseñarles a que sean precavidos sin vivir asustados.  A que puedan explorar y disfrutar más allá de la zona segura que yo pueda construirles.  Quiero que mi hija pueda seguir luciendo sus minifaldas que hoy disfruta en su inocencia infantil sin que eso sea una invitación a que la traten como ella no merece.

Quiero que los otros muchachos y muchachas (y hombres y mujeres más maduros) que mis chicos puedan encontrar no sean una amenaza para ellos.  Que los demás sepan respetar la voluntad de mis hijos.  Que no abusen de mis hijos ni les hagan daño.  Que sepan que si mi hija o mi hijo dicen no, entonces es no.

Quiero que los demás respeten a mis hijos porque lo correcto es respetar a los demás.  Porque, así como espero enseñarles a mis hijos el respeto al otro, a ellos otros también les hayan enseñado a respetar.  Que este mutuo respeto a nuestros mutuos derechos sea por convicción de vivir en una sociedad y no sólo por temor a la policía y los jueces que los condenarán, porque finalmente si la única razón de actuar bien es el temor al castigo, la otra solución es actuar mal y ocultar el hecho.  Pero no soy ingenuo de pensar que todos los demás (o mis propios hijos) se portarán bien sólo por convicción.

Entonces también quiero una legislación que proteja a las víctimas y un estado capaz de hacer cumplir esa protección, tanto preventiva como punitivamente.  Que el potencial agresor de mis hijos se restrinja porque sabe que el riesgo de que lo atrapen es alto.  Que el potencial agresor de mis hijos se restrinja porque sabe que si lo atrapan no tendrá excusas.

Pero esto también es ingenuo.  Es ingenuo en un país donde los ciudadanos normalmente respetan la ley porque siempre hay casos de predadores humanos que creen que pueden salirse con la suya y de predadores humanos a quienes no les importa las consecuencias.  Lo decía arriba.  Si la única razón para no hacer algo es el temor al castigo, muchos interpretarán que el verdadero problema para sí mismos no es cometer el acto prohibido sino dejarse atrapar.  Con suficiente legislación puedo proteger a mis hijos de los ciudadanos temerosos de la ley, pero no los puedo proteger de quienes carecen de ese temor.

Y en la Colombia donde mis hijos viven y probablemente vivirán cuando sean adolescentes y adultos jóvenes, los ciudadanos no nos caracterizamos por nuestro respeto a la ley.  Esto es algo que va mucho más allá del machismo o de una visión machista de la sociedad sino que se ha cimentado en años de guerra y de un estado que por años ha servido más al interés de los agentes de poder que al interés del ciudadano común.

Así yo logre entrar al congreso y desde allí impulsar y lograr aprobar las leyes correctas para que Colombia no sea un país machista donde impere la ley de la papaya no voy a lograr generar el cambio a tiempo para que mis hijos estén 100% seguros.  O 98% seguros.

Para mí no es solamente ingenuo sino que es irresponsable pretender que porque la culpa moral y penal recaiga en el potencial abusador de mis hijos, eso signifique que yo no tenga el deber de enseñarles a ser cuidadosos; porque sé que la culpa moral y penal del potencial abusador no es suficiente para que estén a salvo.

Cerca del 1% de la población humana carece de empatía: el cimiento del comportamiento moral y de que hacer daño a los demás está mal independientemente del posible castigo, y el 1% de 47 millones de colombianos son 470.000 psicópatas que si bien no todos serán violentos, su número no es despreciable.  Sumado a esto una de las más probadas tácticas de reclutamiento de menores para la guerra (también aplicable a adultos jóvenes) es borrar la empatía.  Esto es algo que hace la guerrilla.  Es algo que han hecho los paramilitares.  Es algo que también hace el estado cuando se enfrenta a una guerra, y es algo que hacen las pandillas en las calles.  Demasiadas personas para ser controladas sólo por leyes.

Sumemos la esquizofrenia y su capacidad de ocultar la realidad.  Sumemos la depresión clínica (que podría afectar hasta un 20% de la población) y la capacidad que tiene ésta de que a una persona normal no le importen en algún momento las consecuencias de sus actos.

Y sumemos todos los posibles peligros que no tienen como origen a otra persona como salir a acampar a un sitio seguro (libre de delincuentes humanos) pero perderse en el camino, caer por un barranco o toparse con un animal de presa o una alimaña ponzoñosa.

Ningún esquema de seguridad será 100% efectivo.  A un vecino se le puede escapar la boa que guarda como mascota y asfixiar a nuestro hijo en la seguridad de su habitación.  Puedo vivir en un edificio que resiste temblores de 7,5 pero estar justo el día del terremoto haciendo una vuelta en un edificio que no es sismorresistente.  Puedo prohibirle a mi hija ir a fiestas en minifalda pero justo está viajando en un bus que secuestran delincuentes altamente armados.

Por más que la prevención no sea 100% efectiva.  Por más que la sociedad sea 99% segura frente a amenazas originadas por otras personas, eso no significa que no debo enseñarle a mis hijos normas básicas de prevención.

Y por más que yo les enseñe prevención, ellos también pueden decidir no seguir mis consejos.

A mí no me gusta, aborrezco, la cultura de la papaya en Colombia.  Me parece que un alcalde, como jefe de la policía, no debe limitar su acción frente al crimen al consejo de no dar papaya.  Para mí es inaceptable que un juez absuelva a un victimario porque la víctima dio papaya.  (Si la ley existe que autoriza al juez a hacer esto, díganme, por favor, como demandarla o apoyar la demanda.)

Pero que no me guste la existencia de una ley de la papaya, no me exime de ser cauto y enseñarle a mis hijos precaución.  Y no acepto, salvo razones, que esta forma de pensar sea tachada de machismo.

Naturaleza de la frustración

No tengo ningún estudio formal sobre la neturaleza humana, pero me gusta observar lo que sucede a mi alrededor.  Hay dos sujetos de prueba que me han interesdo particularmente en los últimos meses, si no años, casos que tal vez un psicólogo o un psiquiatra podrían verlos como típicos o no particularmente anormales pero que para mí son importantes.

[me]Criar a un hijo es una tarea complicada.  Siempre hay un momento en el que riñen lo que el niño quiere hacer con lo que el niño tiene que hacer: un ‘tiene que hacer’ que es dictado por los grandes, por los adultos, por uno.  El niño no quiere someterse a esa voluntad adulta por lo que uno, como adulto, debe obligarlo.  Debe cambiarle lo que el niño quiere hacer por lo que tiene que hacer: comer, estudiar, cuidar su salud, etc.  Todo lo que ello implica son refuerzos positivos a largo plazo y no las satisfacciones inmediatas de jugar con sus juguetes, ver monos en la televisión o jugar un videojuego.

¿Cómo convencerlo que esas satisfacciones a largo plazo son más importantes que las satisfacciones a corto plazo?  No es que la paciencia del niño le de para experimentar la verdadera importancia del refuerzo a largo plazo, p. ej. una buena salud o una buena educación; menos aún cuanto tales refuerzos no se perciben como tales, porque, en el mundo ideal, no habría con qué compararlos en carne propia; porque los buenos hábitos de higiene no garantizan estar libre de enfermedades, sólo aumentan la probabilidad de que así sea.  En cambio la satisfacción inmediata es eso.  Es esa descarga de endorfinas que produce la actividad placentera.  El refuerzo es inmediato y fácil de percibir. Continue reading

Momentos decisivos

Leyendo el último post de Carnaval toda la vida recordaba una teoría que un profesor nos exponía: cuando de relaciones se trata las mujeres entregan todo a su presente mientras que los hombres viven de momentos decisivos.

Y mi vida está llena de eventos decisivos.  Hoy recuerdo cada una de las mujeres que en su momento me movieron el piso y aún cuando tengo la firme convicción de dedicar el resto de mi vida a honrar el pacto que hace cerca de 10 años suscribí, cada una de estas otras mujeres son y seguirán siendo parte de mi vida.

Hoy cumplo 38 años.  La cifra no es particularmente representativa como suelen serlo los múltiplos de 10, pero para mí tiene un significado muy especial por todo lo ocurrido durante el año transcurrido. Continue reading

De quereres y gustos

“Ya sé que no me amas” me ha dicho últimamente mi esposa en distintas oportunidades y con algunas variantes.  Hace también ya un tiempo que no le digo “te amo”.  Me pregunto muchas veces que exactamente es lo que siento hacia ella.

Cundo no estamos bien, siento algo de rabia, de resentimiento.  La culpo por no entender.  La culpo por no entenderme.  Porque no se da cuenta que por bien intencionada que crea estar, puede estar haciendo más mal que bien con su proceder y sus intentos de corregirme.

Pero aún cuando no estamos bien ella me importa.  No quiero que se queje de no poder descansar, sino que quiero que descanse.  Que esté cómoda.  Que no sufra ni se estrese.  Que sus cosas en el trabajo le salgan bien.  Que tome las fotos que quiere tomar.  Que pase un tiempo con sus hijos.   Que pueda divertirse con y sin mí.

Y me sigue gustando.  Me sigue provocando (en el sentido colombiano del término: provocarapetecer). Continue reading

Rage… o 25 cosas sobre mí

Aunque no faltará quien se sienta desilusionado porque volví a escribir, creo que este ensayo es un proceso importante de autosanación mental.  Podría en estos momentos contenerme y concentrarme en mis deberes, pero eso sólo aplazaría más la solución de lo que me impide funcionar en esta sociedad del trabajaar, trabajaar y trabajaar. Continue reading

Un día para reflexionar sobre el papel de media humanidad

Más que caer en lugares comunes, de que no debería ser un día sino todo un año, etc. lo importante es que un día como hoy podamos reflexionar sobre la importancia de la mujer en nuestra sociedad, y de cómo esta misma sociedad aún les niega presencia y las invisibiliza.

Personalmente me gustaría ver un mundo donde el sexo biológico de las personas (no me gusta el término “género” porque este hace referencia original a un concepto gramatical, no social) no sea relevante como etiquetador. Nadie sería más o menos por ser hombre o mujer.

He tratado de que mi vida sea así y muchas de las personas importantes en mi vida son y han sido mujeres: mi mamá, mi hermana, mis tías y primas, profesoras, amigas, mi esposa y mi hija. En mi círculo más cercano ha habido más mujeres que hombres, en gran medida por la vocación de servicio de las mismas.

Esta igualdad soñada está todavía lejos de ser realidad, si bien reconozco que he vivido en un mundo y un tiempo donde ya no parece una utopía.

Así que no me resta más que desearle un muy feliz día a todas mis amigas y lectoras desprevenidas de estas notas.

Happy first year!

One of the best things in my live had been to be a parent. It is also demanding, as I am responsible for the care and nursery of two brand new lives. Today my youngest kid is celebrating her first birthday, and this has been an amazing year. Yet, I want to share all my joy with you guys.

Ana María Thompson Baquero's frist picture with her daddy¡Feliz primer año, Ana María!