Un frágil futuro

El No ganó con un 50,21%, el perdió con un 49,78%, menos de medio punto porcentual de diferencia. Ese margen tan escaso, de menos de 60 mil votos frente a una votación de más de 12 millones y medio de votos válidos, hace pensar que casi cualquier cosa pudo haber cambiado el resultado.

«Qué pereza salir a votar con este clima.»

«Qué pereza salir a votar con este clima.»

En la Costa Caribe el ganó, pero también hubo la mayor abstención, en gran parte promovida por el paso del huracán Matthew. Si la participación en el Caribe hubiera sido similar a la del resto del país, conservando las tendencias de voto de la región, ese medio punto porcentual se hubiera revertido fácilmente.

Muchos pastores evangélicos y muchos curas católicos hicieron una fuerte campaña en contra del plebiscito porque los acuerdos tenían enfoque de género («nos van a colar la ideología de género» decían), o porque en el acto inaugural de la firma de los acuerdos, en el espíritu de inclusión del gobierno con comunidades indígenas, hubo actos que consideraron anti-cristianos, satanistas. Si estas feligresías hubieran votado libremente, sin la guía espiritual que les mintió sobre la ideología de género, ese medio punto porcentual se hubiera revertido fácilmente.

El destino de Colombia si esos jipis del Sí hubieran ganado.

El destino de Colombia si esos jipis del Sí hubieran ganado.

Muchos promotores del No vendieron la equivocada idea de que los acuerdos implicaban que el comunismo se tomaría al país y que nos convertiríamos en Cuba o en Venezuela si pasaba el plebiscito. Que en dos años se acabaría el papel higiénico y tendríamos que hacer largas filas para comprar leche en polvo. Claramente nada de eso se desprende de la letra de los acuerdos, ni de la realidad del país, pero ese discurso de miedo caló. Sin esas mentiras, con un voto más libre, ese medio punto porcentual se hubiera revertido fácilmente.

Pero también hubo varios curas católicos que apoyaron abiertamente el , y sé de líderes evangélicos que también se mostraron favorables al mensaje cristiano del perdón. También muchos promotores del amenazaron que la consecuencia del No era regresar a la guerra, incluso a una guerra peor, a una guerra urbana. ¿Cuántos votos del fueron influenciados por estos líderes espirituales y estas mentiras apocalípticas? Si estos votos hubieran sido más libres el margen del No pudo haber sido más alto, más claro.

Y están los votos nulos, y la abstención general. Muchos votos nulos son sin duda personas que anularon su voto intencionalmente. Un amigo de Facebook comentaba que no lo convencían los acuerdos, pero tampoco quería avalar las mentiras de los del No, así que su intención era votar en blanco, pero como no existía esa opción iría a anular su voto. Conceptualmente el es el voto que cuenta. La pregunta era si apoyábamos un acuerdo, así que todo abstencionista intencional, toda anulación intencional, fue un acto democrático contrario a apoyar ese acuerdo. De forzar esos votos hubieran sido votos por el No y el No hubiera sido más claro.

ctz-fiqwaaafnf5Noté en mis redes sociales, en Twitter, pero sobre todo en Facebook, que quienes exponían sus argumentos por el No, válidos o no tanto, eran atacados. Unos pocos, después de varias semanas de discusión expresaban una incertidumbre con argumentos que en el fondo expresaban más incredulidad hacia la campaña a favor del que hacia los promotores del No. Otros muchos sólo se expresaron finalmente ayer después de las 5 de la tarde cuando el No ya era un hecho. No eran personas que temieran a la ideología de género, ni que creyeran que nos convertiríamos en Venezuela, pero sí personas que no se convencieron de la viabilidad de los acuerdos o desconfiaban de Santos y las Farc por igual. Pero, sobre todo, personas que no se sintieron libres de expresar sus inquietudes. Quienes se atrevían a expresarse por el No antes de las elecciones fueron atacados, descalificados, por muchos de los que íbamos por el . También lo vi al revés pero en una escala mucho menor.

El Sí (verde) y No (naranja) en Antioquia.

El Sí (verde) y No (naranja) en Antioquia.

Este tipo de plebiscitos deben ganarse con votaciones cercanas al 67% o más. En muchos de los pueblos que sufrieron la guerra, el apoyo fue de ese orden o superior, porque son personas que prefieren perdonar al victimario ante la perspectiva de conocer la verdad y que esta no se repita, que pensar en conceptos abstractos como la no impunidad. En 1992, en Sudáfrica, el 68,73% de los blancos apoyaron algo incluso más incierto que nuestro plebiscito: iniciar negociaciones con los negros. Sí, conversaciones con antiguos grupos terroristas como el Concejo Nacional Africano, conversaciones que podrían convertir a un país de ciudadanos blancos en un país donde los blancos serían una minoría perseguida. Y aun así dos de cada tres blancos consideró que era lo mejor.

¿Por qué dos de cada tres colombianos no apoyamos el plebiscito por la paz? Porque la pregunta es esa. No es sobre como revertir medio punto porcentual. Jurídicamente hubiera sido suficiente con revertir ese medio punto porcentual, pero la legitimidad de lo aprobado hubiera quedado en entredicho en contraste con un contundente, con una mayoría clara de colombianos que hubiéramos apoyado ese acuerdo.

El Camarada Santiago con el Comandante Fidel

El Camarada Santiago con el Comandante Fidel.

Una parte fue la propaganda del No que pintaba a Colombia como una futura Venezuela. Los que llegaron a decir, con no más evidencia que una foto, que el presidente Santos era un agente de Fidel Castro, un Caballo de Troya para infiltrar al establecimiento e implantar el comunismo. La propaganda que nos convenció que las Farc son un cartel multimillonario que estaba escondiendo sus bienes para comprar votos más adelante. Otra fueron esos líderes cristianos (católicos y evangélicos) que nos prevenían frente al satanismo y la ideología de género. Pero ese tipo de argumentos también pesaron en la Sudáfrica blanca de 1992, y aún así 2 de cada 3 sudafricanos blancos apoyaron el inicio de negociaciones con la Sudáfrica negra.

El perdió esa contundencia que debió haber tenido, y lo dejó al borde de que unos pastores manipuladores o un huracán hubieran logrado esa pírrica victoria del No, por los acuerdos mismos y la misma campaña del . Sencillamente ni el gobierno ni quienes creíamos en el , fuimos capaces de convencer a los suficientes colombianos de que apoyar estos acuerdos era lo mejor para el país.

Influyó la negociación misma. Muchos sectores se sintieron excluidos de la negociación, el más importante de ellos fue el expresidente Uribe y su caudal político. Tengo versiones encontradas, unas que dicen que Santos los invitó a participar y no aceptaron, y otras que dicen que ellos propusieron ir y Santos no aceptó. Sea la razón real, el uribismo, quien hizo posible que las Farc se sentaran a negociar, no participó y no se sintió incluido en el acuerdo final. El acuerdo final fue de otros, de un gobierno (no de un estado) con un grupo guerrillero, donde una parte importante del país (ellos, el uribismo), fueron excluidos. Uribe dice que sólo lo querían para la foto, para avalar un acuerdo en el que no tuvo injerencia, y que por ello no fue. ¿Hubiera sido posible un acuerdo con la participación del uribismo en la mesa? Tal vez no. O tal vez sí, y si el acuerdo se hubiera logrado, así hubiere sido el mismo acuerdo, el uribismo no lo hubiera estado desprestigiando con la contundencia con que lo hizo.

Influyó el acuerdo mismo. 297 páginas donde entran en mucho detalles en ciertos puntos pero dejan otros demasiado vagos. No dicen (y en mi opinión no tendrían que haberlo dicho) qué pasa con la plata que las Farc supuestamente tienen, o con los menores de edad reclutados. ¿Son los cuerpos de seguridad creados para evitar que masacren a los guerrilleros desmovilizados un disfraz de la guerrilla para no dejar las armas? ¿Qué pasará con unos pocos campesinos que adquirieron de buena fe unas tierras despojadas? El acuerdo mismo no fue lo suficientemente claro para dilucidar esas inquietudes, así que en últimas se leía bajo nuestros presupuestos: desconfío de Santos y la guerrilla, entonces esas incertidumbres son huecos para implementar el peor escenario posible; o tengo esperanza, entonces esas incertidumbres se solucionarán positivamente en su debido momento. Una lectura que pudo haber convencido a muchos, sólo sirvió para confirmar nuestros preconceptos.

Influyeron las contradicciones del gobierno. Santos dijo que iba a haber cárcel y el acuerdo permitía que cualquier guerrillero pudiera salir sin conocer el interior de una prisión. Dijo que no participarían en política y nada en el acuerdo impide que los líderes de las Farc participen en política. Y todo ello mella en la credibilidad de un gobierno y de las políticas que intenta impulsar. Repito. Es muy probable que si el uribismo hubiera estado en la mesa desde el principio, el acuerdo hubiera sido muy similar. La misma alternatividad penal que permitiera que los líderes de las Farc, sin conocer el interior de una prisión llegaran más adelante elegidos al Congreso. El rechazo no fue porque ello pasara, sino porque pasó a pesar de la promesa de que no pasaría.

Influyó que vendieran el plebiscito como el «plebiscito por la paz». La paz es multidimensional y el acuerdo lo reconoce. El acuerdo va más allá de las condiciones para que un solo grupo guerrillero, las Farc, se desmovilicen y pretende reivindicaciones sociales y política antidroga que, en mi opinión, contribuyen a esa paz multidimensional. Pero excluye (y no tendría por qué incluirlo) a otros grupos. Excluye a nuestro comportamiento intolerante frente a las diferencias. Por muy buena intención del acuerdo, y por más alcances adicionales que pretenda, no puede garantizar la paz, así que no era un plebiscito por la paz. Y, por otro lado, se vende al No como la guerra. Y claramente no es así. El No era una incertidumbre, es una incertidumbre, pero no es garantía de guerra. Ni las Farc, ni el gobierno, ni la oposición de derecha, están interesados en que las negociaciones y la tregua terminen (aunque creo que sí está en el deseo de algunos, lejos de la mayoría pero sí algunos, de quienes votaron No). Y lo vemos. Llevamos un año largo en tregua. Un mes desde que se anunció que la tregua era indefinida, y hoy no amanecimos matándonos.

Influyeron los gestos de las mismas Farc. Si no pedían perdón, los colombianos no podríamos votar , porque no tienen voluntad de reconciliación. Cuando pidieron perdón, entonces los colombianos podremos votar No porque el perdón ya los comprometió a que no regresarán a la guerra. Si negocian estando armados es porque nos están amenazando, pero si se desarman, ya el estado logró su objetivo y no hay nada que negociar. Y como las Farc no son tontas, no han declarado todos sus bienes, ni revelado todas sus verdades, ni se desarmarán antes de tener algo seguro.

Aprender a negociar es conocer al otro. Lograr la paz es entender al otro. O no. Depende qué entendamos por paz. La eliminación del otro significa también la paz para mí. Muchos de los promotores del estaríamos contentos con que no existiera el uribismo y esos otros obstáculos para implementar la paz con las Farc. Así como muchos promotores del No estarían contentos con que no existieran las Farc y así lograr la paz entre todos los que no somos Farc. Queremos una paz que no nos implique reconocer al otro, al que piensa distinto. Que no nos exija tener que conocer qué anhela, qué piensa, qué quiere, qué desea. Entonces la negociación es sólo yo qué quiero. Quiero que las Farc se desmovilicen y paguen cárcel, y que la plata de las Farc sirva para que no me cobren más impuestos. Quiero que Uribe y Cabal y Pachito Santos se callen y dejen de oponerse a todo sólo porque ellos no son los protagonistas. Y cuando escuchamos al otro, es sólo con la intención de buscar cómo rebatirlo. Leer el acuerdo para encontrar una palabra ambigua e inventarme unas consecuencias desfavorables. Buscar qué tan infundado es cada argumento por el No. Y luego pregonar sin pena que no estoy obligado a entender al otro, porque el otro es un intolerante.

Quisiera ser optimista y que este No sea un punto de partida para una renegociación más incluyente, en la que al final se logre un mejor acuerdo para el futuro del país.

Pero soy pesimista. Para las Farc su mejor interés es no apresurarse. Para el gobierno su mejor interés es invitar real y no simbólicamente al uribismo y otros sectores políticos adversos. Pero para el uribismo su mejor interés es no apresurarse. El gobierno depositó la mayor parte de su caudal político en esta negociación y en este plebiscito y lo perdió. Las Farc ya saben que no es con Santos con quien tienen que negociar. Y está la tregua. Eso es bueno. Por ahora. Pero eso significa también que no hay afán. Las Farc pueden seguir haciendo actos políticos, que a la larga servirán para recoger las banderas del Polo Democrático y, cuando prospere finalmente un acuerdo, si es que prospera, estarán políticamente más fortalecidas. El Centro Democrático puede seguir alargando el proceso con la esperanza de lograr retomar el poder en 2018 y ahí sí acabarlo. Y mientras tanto, el ELN podrá seguir con sus ambigüedades sabiendo que con el gobierno de Santos no se va a negociar. Sabiendo que la tregua entre las Farc y el gobierno es frágil y que eso les permite cierto grado de impunidad. Y algo similar pasa con las bacrim herederas del paramilitarismo.

Voté , porque consideré que era lo mejor para el país. Sabiendo que no era la paz. Sabiendo que había cosas que no me gustaban en esos acuerdos. Sabiendo que el No no implicaría la reanudación de la guerra. Algunos decían que como no se puede confiar ni en Santos ni en las Farc, había que votar No. Mi desconfianza en Santos y las Farc fueron parte de mi decisión por el , porque el era comprometer a ese Santos y esas Farc con la letra de unos acuerdos que, aunque imperfectos, eran medibles. Hoy no caímos en el peor escenario: la reanudación de la guerra, pero nos enfrentamos a más años de negociación en medio de una frágil tregua que le conviene más al ELN y las bacrim. Y al final uno de dos desenlaces posibles: llegar a un acuerdo que sea escencialmente lo mismo que ayer rechazamos, o que eventualmente la tregua se rompa, por ejemplo el día que un candidato de la derecha asuma como presidente el 7 de agosto de 2018 y no pasó nada, excepto que el ELN y las bacrim se fortalecieron.

En el mejor de los casos: Álvaro Uribe Vélez, Humberto de La Calle Lombana y Rodrigo Londoño Echeverry estarán en Oslo el 10 de diciembre de 2017 recibiendo el premio Nobel de la Paz. No soy tan optimista.

Desconfianzas

Desconfío de las personas para quienes una idea se convierte en más importante que la gente.

Marchando_por_la_libertad_en_ColombiaEnero de 2008. Las Farc habían incumplido su promesa de liberar a Emmanuel, el hijo de Clara Rojas concebido y nacido en cautiverio. En el juego de liberaciones a cuenta gotas que mantuvieron las Farc durante los gobiernos de Álvaro Uribe, este hecho rebosó la copa de la indignación colombiana. Óscar Morales, un ingeniero de Barranquilla creó un grupo de Facebook bajo el nombre de No Más Farc y pronto ganó momento. En las primeras discusiones de qué hacer, más que simplemente ventilar indignaciones en un grupo, surgió la idea de convocar a una marcha: el objetivo era lograr, convocando por redes sociales, un millón de voces contra las Farc, a un mes de creado el grupo.

Participé desde casi el principio y, entre mis aportes, cree una aplicación para Facebook que enlazaba con la página web que montó Morales, y ayudé a elaborar un documento de preguntas frecuentes, un FAQ, que fue adoptado. El objetivo más general del grupo y de la marcha de Un millón de voces contra las Farc, era mostrarles a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Ejército del Pueblo, que ellas no nos representa al pueblo colombiano. Uno de los lemas fue Colombia soy yo. Pero, más allá de eso, cada uno de nosotros, de los que convocaron, los que ayudamos, los que organizaron, los que participamos, tenía su propia idea de qué significaba no más Farc y qué país esperaban a cambio.

Pasó la multitudinaria manifestación. Fue bonito sentirse parte de algo. Pero no bastaba. Los muchos grupos que participaron de la organización, incluyendo el grupo de Facebook y sus administradores, continuaron trabajando. A un mes de la marcha contra las Farc, se había convocado otra contra el paramilitarismo. No fue una reacción, la verdad los convocantes habían venido trabajando desde antes. Para mí, así como para muchos de los que habíamos trabajado en Un millón de voces, las marchas eran complementarias: nos oponíamos a la violencia, bien fuera causada por las Farc y el Eln o por las Auc y sus engendros. Para otros era disonante: la marcha contra las Farc fue una marcha contra el comunismo y por ello no podrían marchar ahora al lado de los comunistas que convocaban la marcha contra las Auc.

Dentro del grupo No más Farc, pronto la línea anticomunista se impondría. Empezaron a censurar las voces que no nos ajustábamos a la línea editorial. La línea antiviolencia empezó a trabajar por otros lados y varios de nosotros fuimos encontrándonos, entre otros frentes, en el movimiento Visionarios de Antanas Mockus.

Bien. El 4F, la marcha de Un millón de voces contra las Farc, pasó hace más de ocho años. Cambiamos de presidente: Juan Manuel Santos Calderón se insinuó como el sucesor de Álvaro Uribe Velez. Antamas Mockus Šivickas se perfiló como el principal contendor, pero Santos terminó convenciendo mejor a los no uribistas de representar una opción más seria. Entre los votos del uribismo, de santistas de vieja data, y de personas que se sentían más seguros con la seriedad de Santos que la esperanza de Mockus, Santos se hizo en segunda vuelta la votación más alta que cualquier presidente de Colombia haya tenido.

Santos empezó siguiendo, casi al pie de la letra, las políticas de Uribe, pero se reconcilió con Ecuador y Venezuela. Deshizo la fracasada unión de los ministerios de Salud y Trabajo. Las Farc, que habían venido retomando iniciativa en combate, se siguió haciendo sentir. Uribe y sus seguidores empezaron a hablar de retroceso. En lo que parece ser más un caso de orfandad de poder, Uribe se alejó del presidente que ayudó a elegir y empezó a criticarlo. Dos años después Santos se había desprendido de todo rezago del uribismo y anunciaba el inicio de diálogos con las Farc.

Esos diálogos terminan en estos días y ahora nos corresponde al pueblo colombiano aceptar los acuerdos o rechazarlos.

Los antiviolencia que participamos el 4F en Un millón de voces contra las Farc, vemos esto como ese paso importante a una Colombia sin Farc. Los anticomunistas de entonces lo ven como una claudicación definitiva al Comunismo internacional.

doctor_faustoNo diré que el no al plebiscito venga todo de este anticomunismo dogmático, paranoico. Hay una parte importante que viene de ahí. Esas voces que sin leer los acuerdos ya están equiparando la Colombia de Santos con la Venezuela de Chávez y Maduro. Porque lo importante aquí no es mirar qué se tiene en las manos, sino una guerra de ideas. Y, la verdad, esta guerra de ideas no es muy disímil a cómo el gobierno ha querido vender los acuerdos: como si esta, y sólo esta, fuera la paz.

Una de las cosas que intentó hacer el presidente Uribe durante su mandato, una de las tesis centrales de la Doctrina de Seguridad Democrática, es considerar que en Colombia no hay una guerra civil, ni un conflicto armado, sino una amenaza a la democracia. Hay colombianos armados con fusiles y portando uniformes enfrentados a otros colombianos armados con fusiles y portando uniformes. En muchos diccionarios eso es una guerra civil. Las Farc y el Eln esgrimen una razón política basada en hechos tales como el acceso de los campesinos a la tierra, y en contra de una clase terrateniente que ha utilizado las armas del estado para proteger sus intereses. Objetivamente hay un conflicto armado. Pero el reconocimiento del conflicto, si bien no obliga, si confiere a los actores el carácter de partes. Farc y Eln, así como un grupo de estos terratenientes a los que se oponen, se aliaron con el narcotráfico. Los unos como una forma de financiación, los otros como protección de intereses mutuos. Estos nexos de las Farc y el Eln con el narcotráfico, junto con los actos terroristas que cometieron, llevó a que sus detractores simplemente los llamaran narcoterroristas. Su carácter insurgente, cualquier motivación política esgrimida, cualquier causa objetiva del conflicto, queda negada al llamárseles narcoterroristas.

Captura de pantalla de 2016-09-05 17-13-52Y ante narcoterroristas ninguna negociación es posible. En un conflicto se puede negociar entre las partes. En una guerra civil se negocia entre los bandos. Pero con los narcoterroristas no se negocia. Esto es, desde luego, una consigna general. En la práctica Uribe anunció varias veces la intención de negociar con las Farc, incluyendo la posibilidad de conceder indultos y permitir la participación en política de sus miembros. Pero al habérsele negado la posibilidad de continuar en la presidencia, en cabeza propia, o de un seguidor cercano como pudo serlo Andrés Felipe Arias, ahí si la consigna se convierte en grito de batalla y se culpa a Santos de negociar con narcoterroristas. Y de haber logrado un acuerdo.

En parte Uribe tenía razón para haber desconfiado de Santos. Si bien Santos aprovechó en 2010 el posicionamiento uribista, Santos no se debe exclusivamente a Uribe. Santos tiene un gran historial político antes del uribismo. Santos no sería un títere de Álvaro Uribe y por ello el distanciamiento. Pero en muchos uribistas queda la sensación de que Santos traicionó a Uribe. Y he aquí la otra razón para el no: la desconfianza sistemática hacia Juan Manuel Santos, sumada a la desconfianza sistemática a las Farc. Aún si el acuerdo entre el gobierno y las Farc fuera inmaculado, desde su ideología y análisis objetivo, no confían ni en Santos ni en las Farc y, por lo tanto, no confían en el acuerdo.

IMAGEN-11192182-1.pngDesde luego, no se necesita ser uribista para desconfiar de Santos. Y no se necesita ser uribista para desconfiar de las Farc. Las Farc han dado muchas muestras de no ser confiables, desde la silla vacía al lado del presidente Andrés Pastrana, hasta declaraciones en las que dicen buscar la paz como estrategia hacia el poder. Santos negocia con todo el mundo y no le cumple a nadie: campesinos, transportadores, grupos ecologistas, etc. Cuando anunciaron las negociaciones con las Farc yo mismo me preguntaba si Santos sería el interlocutor ideal.

Estas dos grandes razones para el no: la ideológica (zero concesiones al comunismo) y la desconfianza (hacia las Farc, hacia Santos, o hacia ambos) no las voy a cambiar con un artículo. Para cambiar una ideología, una visión filosófica de la realidad, es necesario una conversación larga, donde debo estar tan preparado para convencer como para dejarme convencer. Sobre la desconfianza, no seré yo quien trate de convencerlo a ud. que Santos y Timochenko son personas de confianza. Yo por mucho confío que sean los garantes, las organizaciones internacionales, y la fuerza que de la refrendación popular, la que sostenga esta apuesta que es el Acuerdo Final.

En los argumentos por el no, hay muchas personas que expresan dos oposiciones ideológicas puntuales: el hecho de que los autores de delitos atroces no paguen penas de cárcel, y un número fijo de escaños parlamentarios que tendrán aseguradas las Farc. Al menos es una oposición concreta con referencia a los acuerdos. Sin especulaciones sobre que estos escaños son una puerta al modelo venezolano, sí se crea un premio a la insurgencia armada, victimaria de terrorismo, a formar un partido político con ventajas jurídicas que otros partidos políticos no tienen, incluidos partidos nuevos que no tienen el bagaje de 200 años de violencia partidista en Colombia.

Este tipo de objeciones ideológicas basadas directamente en los acuerdos tienen más validez. Ese es el punto del plebiscito, en mi opinión, que como pueblo, como ciudadanía, escojamos entre dos escenarios: no hacer nada, o dar un paso por un bien mayor sabiendo que ese paso tendrá cosas posiblemente desagradables. Decir si creemos que ese bien mayor supera lo desagradable o si lo desagradable es tanto y el bien mayor tan poquito que es mejor no hacer nada. Si bien he visto muchas cosas que no me gustan, por ahora no he visto algo lo suficientemente desagradable que me lleve a pensar que es mejor dejar así, pero tu criterio puede ser otro, tu límite puede ser otro, o tu opinión sobre la importancia de ese bien mayor puede ser distinta.

El bien mayor del que hablamos no es la paz de Colombia. Es tan solo un paso hacia la construcción de la misma por medio de la desmovilización y desarme del grupo ilegal más grande que hay hoy en Colombia. El mercadeo de este acuerdo como si ya fuera la paz es inconveniente. Por un lado genera una falsa expectativa pero, sobre todo, porque eso da munición a la oposición porque pueden decir, con razón, que el acuerno no sólo no es la paz sino que no la garantiza. O incluso, como muchos dicen, es un paso equivocado hacia la paz. Ya vemos cómo el Eln quiere mostrar fortaleza frente a una eventual negociación y podríamos enfrentarnos a un nuevo proceso de violencia con el fin de lograr objetivos políticos.

Pero sí creo errado lo que algunos promotores del No dicen: que el acuerdo es un paso a una renegociación donde el estado sea menos generoso frente a las penas alternas y no haya tantas concesiones políticas. Para que haya un nuevo acuerdo con menos cosas que no nos gusten.

¿Es factible una renegociación?

Algunos dicen que sí. Que tras tanto anuncio de alto el fuego y una relativa convivencia pácifica durante el último año ni el gobierno ni las Farc estarían dispuestos a levantarse de la mesa. Otros dicen que no importa. Si las Farc realmente tienen voluntad de paz renegociarán y si no, entonces eso prueba lo que temían: que las Farc no tenían voluntad de paz. Mi respuesta es que no me importa comprobar si las Farc tienen o no voluntad de paz: quiero es que se desarmen.

En principio ni las Farc ni el gobierno han hablado de un plan B, ¿qué hacer si no pasa el plebiscito? En principio eso es no hacer nada. Es mantener el status quo. Lo que no queda claro es si es el status quo de una larga negociación en La Habana en medio del alto el fuego actual, o al status quo antes del inicio de las negociaciones: la guerra, el conflicto, o la amenaza terrorista, como querramos llamarlo.

Sin acuerdo, el alto el fuego es inestable, y eso significará más colombianos muertos. Sin acuerdo no hay incentivos para los frentes de las Farc para abandonar la extorsión, o eventualmente decir qué pasó con los secuestrados en medio de un proceso de reparación.

Tal vez haya renegociación, y tal vez las Farc sean más humildes esta vez. (¿Realmente creen eso?) ¿Será suficiente? O habrá otro No para que haya otra renegociación hasta que sea aceptable: la rendición incondicional de las Farc.

Ver el no como una prueba para las Farc, o como un mensaje pensando en una renegociación, me parece peligroso. Más bien digan que votan No porque los sapos son muy difíciles de tragar y lo que se logra a cambio: el desarme de las Farc, no es suficiente.

castrochavistaFinalmente están los puntos del acuerdo que no son claros. ¿Cuáles son las nuevas circunscripciones especiales? ¿Qué son «las conductas criminales que amenacen la implementación de los acuerdos y la construcción de paz» que se definirían en el inexistente punto 3.7? Aquí nos toca dar un voto de confianza o desconfianza. No confío particularmente en Santos y en las Farc, pero por razones distintas. No creo que Santos esté confabulando con las Farc, ni mucho menos Humberto de La Calle Lombana y los otros negociadores colombianos. Como tal no creo que nos estén ocultando la receta de cocina para la implementación de Socialismo del Siglo XXI, y por otro lado hay suficientes ojos encima de estos acuerdos que me hacen pensar en dar mi voto de confianza. Pero frente a estas incertidumbres no puedo culpar a quien decida dar un voto de desconfianza.

Desconfío de las personas para quienes una idea se convierte en más importante que la gente. Es por esto que desconfío de las Farc. Pero también desconfío de quienes se les hace la boca agua hablando del principio de la no impunidad, o de quienes decidieron que cualquier cosa vale para contrarrestar el socialismo. Desconfío quien automáticamente llama narcoterrorista a un colombiano reclutado por el lado equivocado de la guerra, porque no es guerra, ni es persona: es una idea. Desconfío del que usa lemas y consignas en lugar de puntos y argumentos. Desconfío del que ya decidió su voto y considera que todo vale, incluyendo ignorar los problemas de sus aliados y se sirve de la manipulación mediática.

Inadmisibles

2245170100_331066e3ca_bQue quede claro: las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Farc, que negociaron con el gobierno del Presidente Juan Manuel Santos Calderón, no estaban derrotadas hace cuatro años cuando iniciaron las conversaciones, ni hace seis años cuando Álvaro Uribe terminó su segundo mandato. Estaban muy golpeadas, eso sí, al punto que entendieron que continuar la lucha armada era vano. Pero no estaban derrotadas y por ello los diálogos en La Habana no se trataban de un sometimiento a la justicia, ni una rendición, sino una salida negociada.

Muchos hubiéramos preferido una rendición, pero a veces no se trata de lo que se quiere sino de lo que se puede lograr. Las Farc fueron muy golpeadas durante el gobierno de Uribe y su cambio de estrategia. Durante los primeros dos años de la presidencia de Santos, las Farc continuaron recibiendo golpes, incluyendo las muertes en combate de Jorge Briceño (Mono Jojoy) y Alfonso Cano. Juan Manuel Santos, como Ministro de Defensa y después como Presidente, acabó con toda la cúpula militar de las Farc de 2006. Bueno, Manuel Marulanda (Tirofijo) murió enfermo, en una cueva, incapaz de recibir atención médica.

Pero a pesar de esos golpes, aún había frentes activos. En 2010, cuando Uribe dejó su presidencia, las Farc seguían combatiendo y seguían reclutando y extorsionando y emboscando soldados. Nunca dejaron de hacerlo durante los ocho años del gobierno de Uribe. Pero Uribe y los dos primeros años de Santos sí los convencieron de que la insurrección armada era inútil, y por ello mismo estuvieron dispuestos a negociar.

IMAGEN-11192182-1.pngNo es que no estuvieran dispuestos antes. No creo que el Caguán haya sido una farsa. Uribe también les ofreció diálogos. Pero Andrés Pastrana Arango y Álvaro Uribe Vélez se equivocaron en leer a su interlocutor. Fueron dos gobiernos y una guerrilla enfrascados en determinar inamovibles de lado y lado. En la mentalidad de Uribe sólo había una condición: que las Farc dejaran de ser Farc. Viendo el trato con alias Karina (antes y después de su entrega) se ve que Uribe pudo haber entregado todo sólo con que renunciaran a su nombre.

Pero lo que está acabando, el acuerdo al que se llegó el pasado 24 de agosto, no fue una rendición, ni las Farc renunciaron a ser ellas. Fue una negociación donde las Farc discutieron con el gobierno condiciones para dejar las armas.

Y hubo dos tipos de condiciones: las que competen a las Farc directamente, a sus combatientes y su futuro en la vida civil y política del país, y las que se extienden a los demás colombianos.

jaime-pardo-Leal-2Dentro de las primeras condiciones están los detalles de cómo dejar las armas, quién los protege mientras se desarman, qué pasará con los crímenes pendientes que van más allá de la rebelión (prisión, penas alternativas), cómo se reinsertarán a la vida civil, qué garantías de representación política tendrán, etc. En los años 1980, a raíz de las negociaciones entre el gobierno de Belisario Betancur y las guerrillas de entonces, se creó la Unión Patriótica, como una alternativa política a las Farc y sus militantes fueron sistemáticamente masacrados por el naciente fenómeno del paramilitarismo. El M-19 tras su reinserción a la vida civil y política enfrentó el asesinato de su líder y candidato presidencial Carlos Pizarro Leongómez (en la misma campaña presidencial en las que Luis Carlos Galán Sarmiento y Bernardo Jaramillo Ossa perdieron sus vidas). Es entendible que las Farc estén reacias a firmar un acuerdo que las deje vulnerables.

Las Farc entienden que no pueden ganar ya la guerra, pero pueden seguir luchándola. Si no tienen garantías, bien podrían escoger morir en combate a asesinados en la plaza pública.

14055159_10154520976814312_2901167662871245980_nLas otras condiciones tienen que ver con el país y con nosotros como colombianos. Se habla de reforma agraria, de repensar la estrategia contra las drogas, de redibujar el mapa político del país. Es lograr en la negociación parte de lo que las motivó a alzarse en armas hace 52 años. No es todo: es apenas una parte. Es también parte de lo que algunos presidentes colombianos han querido hacer en estos 52 años. A la hora de la verdad no es una concesión del estado de derecho a las Farc, sino una oportunidad de hacer propuestas.

Desde luego, como en toda reforma agraria, si soy un hacendado que ha acumulado riqueza especulando con finca raíz improductiva, esa reforma agraria me será desfavorable; pero si soy un campesino desplazado me puede favorecer. Podremos leer los detalles para saber si es buena o mala, pero no es una imposición fariana que se encuentre por fuera de lo que distintos gobiernos colombianos ya había formulado y propuesto. Y similar pasa con las drogas y demás puntos.

También hay acuerdos sobre víctimas y reparación y sobre otros actores armados y sus víctimas.

¿Habrá impunidad?

Sí. En cierta forma. Se habla de penas alternativas que no implican prisión, así que si lo que queremos ver es a los responsables de crímenes tras las rejas no lo iremos a ver, salvo que a alguien le prueben un crimen que no está dispuesto a confesar. También habrá impunidad para los agentes del estado que se sobrepasaron de sus funciones y propiciaron una guerra sucia, salvo que les prueben un crimen que no estén dispuestos a confesar.

¿Tendrán representación en el congreso sin todos los requisitos de los partidos políticos?

Sí. Es una medida temporal y no permanente, pero se extenderá por dos legislaturas. Además de la representación política tendrán derecho a las garantías que el estado otorga a los demás partidos políticos, incluyendo recursos del estado para llevar a cabo sus campañas políticas. La representación política en el congreso está condicionada a que quienes ocupen curules no tengan procesos penales pendientes.

¿El estado pagará una subvención a los guerrilleros rasos?

Sí. Las mismas ayudas que hoy ya reciben los desmovilizados que desertaron de las guerrilla o las que recibieron los paramilitares que se reincorporaron a la vida civil tras los procesos de Ralito.

¿Dejarán las armas pero no entregarán bienes?

Los bienes de las Farc quedaron por fuera del acuerdo. Esto significa que las Farc no entregarán bienes como parte del acuerdo, pero igualmente todo bien que hoy tengan las Farc serán susceptibles de ser confiscados por el estado si fueron adquiridos con plata de secuestro o narcotráfico. Las leyes de extinción de dominio siguen vigentes.

¿Es esto inadmisible?

Tú dirás. No es una rendición ni una entrega de armas condicionada. Mucho menos una rendición incondicional. No es un sometimiento a la justicia. Si para ti no es admisible algo menos que un sometimiento a la justicia, entonces es claro que este acuerdo no es admisible.

3d7ad50da8a25ccbe2698a5738893e49Que las Autodefensas Unidas de Colombia sí se sometieron a la justicia sin estar derrotadas. Sí. Los líderes de las Auc consideraron, en su momento, que eso era lo mejor para ellos y sus grupos. Era también claro que para la comunidad internacional sería inadmisible aceptar cualquier carácter político a las Auc y otros grupos paramilitares. Las Farc y el Eln piensan diferente y tienen expectativas diferentes.

¿Era y es posible derrotar a las Farc? ¿Llevarlas al punto en el que no vean más opción que el sometimiento a la justicia?

Tal vez, pero el costo en dinero, vidas humanas, desplazamiento interno y desprestigio del país era y sería muy alto. En ocho años de Uribe y su Seguridad Democrática no se lograron derrotar. Durante el último año de Uribe, las Farc estaban ya retomando una ofensiva, se estaban adaptando a la nueva estrategia.

Puedo recordar tres casos en que unas fuerzas armadas regulares derrotaron a grupos guerrilleros. La Emergencia Malaya, los Jemeres Rojos y los Tigres Tamil. Y no estoy muy seguro en cuanto a los Jemeres. Básicamente Pol Pot y sus seguidores se murieron de viejos en las selvas camboyanas y algo similar pasó con los Tigres Tamil en Sri Lanka.

Avro Lincoln Bomber A73-33 of No. 1 Squadron RAAF on a bombing mission over the Malayan jungle. Two 500 pound bombs can be seen falling from the aircraft.

Avro Lincoln Bomber A73-33 of No. 1 Squadron RAAF on a bombing mission over the Malayan jungle. Two 500 pound bombs can be seen falling from the aircraft.

En la Emergencia Malaya el gobierno británico y sus aliados combatieron las guerrillas que pretendían liberar la Malasia Británica (hoy la parte Malaya de la Península de Malaca) del Impero Británico y su proceso de descolonización. Cuarenta mil soldados de la Mancomunidad, un cuarto de millón de soldados Malayos aliados de los británicos y más de cincuenta mil hombres armados combatieron a una guerrilla de ocho mil individuos (en su mayoría chinos étnicos). Una relación de fuerzas de 40 a 1 y 12 años después los guerrilleros fueron derrotados, con grandes bajas en la población civil, principalmente debido al desplazamiento.

Ese es el tipo de costos que Colombia debería enfrentar. La estrategia de Seguridad Democrática de Uribe, apoyado en el Plan Colombia que Andrés Pastrana Arango negoció con los Estados Unidos para combatir el narcotráfico, en algo se acercaron pero fueron insuficientes.

Una derrota militar, tal vez llegare a parecerse más a las derrotas de los Tigres Tamiles y los Jemeres Rojos, combatiéndolos por años y años hasta que se volvieron insignificantes, que a una rendición como la de las fuerzas del Partido Comunista Malayo tras 12 años de fallida revolución.

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Imagen que circula en Facebook. Las cifras no las he verificado.

Así que nos enfrentamos a dos escenarios inadmisibles:

Se acaba la lucha entre el estado y las Farc al costo inadmisible de algo de impunidad y participación política (y una que otra cosa positiva a favor de víctimas y reforma agraria).

O seguimos combatiendo a las Farc hasta que se rindan o se mueran, o abandonen, o sean insignificantes, con un costo inadmisible de vidas de colombianos.

Yo prefiero tomar la opción práctica. Prefiero que mueran menos colombianos y que los recursos que económicos y de personal hoy en día se han dedicado a combatir a las Farc, se destinen a otros frentes como reconstrucción, reparación de víctimas y educación.

si-a-la-pazNo digo que votaré por el «SÍ» en el referendo. Aún falta terminar de revisar los acuerdos y tal vez encuentre algo que sea tan inadmisible que me incline a recular mi decisión. Pero, por ahora, en mi decisión de voto el «SÍ» lleva la delantera.

Sacrificando a sus propios hijos

Comenzaré con algunas aclaraciones.

Israel es un estado laico secular que funciona como una democracia parlamentaria. Fue formalmente proclamado en 1948 tras el retiro británico y una resolución de 1947 de la recientemente formada Organización de las Naciones Unidas, reconociendo el derecho de los pueblos judío y árabe a un estado en lo que fuere el Protectorado Británico de Palestina.

Los orígenes del Estado de Israel se remontan al movimiento sionista, un movimiento que en su versión moderna nació en el siglo XIX entre élites judías europeas con la idea de que el pueblo judío tuviere una país propio. Muchos de esos prominentes sionistas de finales del siglo XIX eran ateos, por lo que aquí cabe otra aclaración.

Existe la religión judía. La mayor parte de las personas que hoy profesan la religión judía parten de la tradición rabínica que surgió tras la disolución de Judea en el año 70 de nuestra era. Judea había sido un reino dentro del imperio romano pero tras una serie de levantamientos y rebeliones finalmente los judíos perdieron y el Imperio les negó cualquier identidad nacional. El reino de Judea pasó a convertirse en la provincia de Palestina. Para entonces ya existían comunidades que profesaban la religión judía, principalmente la doctrina farisea, en todo el imperio romano y otros lugares del mundo conocido. Sin estado propio, con la destrucción del templo y la prohibición de entrar a Jerusalén, la tradición rabínica farisea se acentuó y poco a poco fue convirtiéndose en lo que es el judaísmo actual.

Existe, por otro lado, una identidad étnica judía. Realmente varias, pero la más notable es la identidad étnica asquenazí. Creo que no se sabe aún con certeza los primeros asquenazíes de donde surgieron, probablemente de algún lugar entre el Cáucaso y Alemania, y en alguna parte de ese trayecto se convirtieron al judaísmo. Otra comunidad importante fueron los judíos españoles o sefardíes, que prosperaron en la península ibérica durante la ocupación morisca. La identidad étnica asquenazí o sefardí ha sido tan fuerte que muchas personas y comunidades han dejado de practicar la fe judía pero se identifican aún como judíos. Tanto asquenazíes como sefardíes se desarrollaron como identidades étnicas sin patria, apenas ligados por la práctica de la fe y costumbres religiosas judías.

Y como una parte de esa tradición religiosa está la profecía de que eventualmente ellos, el pueblo elegido de Dios, se reuniría nuevamente en Jerusalén, al amparo del monte Sion. Theodor Herzl, un periodista húngaro de origen judío, habla alemana y educación laica liberal, se convirtió a finales del siglo XIX en el principal promotor del sionismo moderno. Lo que fuese Palestina era entonces parte de la Siria Otomana, una división dentro del impero Turco Otomano que corresponde a lo que hoy son los estados de Siria, Líbano, Israel y Jordania, entre otros. Herzl propuso al sultán turco otomano la compra de una parte de ese territorio para la construcción de un estado judío. Si bien no se concretó formalmente el movimiento sionista que surgió en Europa empezó a recaudar fondos para comprar tierras y establecer colonias en el ancestral territorio de Israel.

La población local, predominantemente árabe, empezó a resistirse a lo que consideraban una invasión. No existía, sin embargo, una identidad nacional palestina, sino que eran árabes, asirios y otras etnias, tanto musulmanas como cristianas y judías, viviendo dentro de territorio turco otomano. Colombia recibió una importante migración de árabes cristianos (y algunos musulmanes) de la Siria Otomana, a los que entonces se les llamó turcos (por su pasaporte turco) y que hoy se reconocen como libaneses. El nivel de organización del movimiento sionista fue efectivo en crear colonias judías que desplazaban a la población nativa.

Llegó la primera guerra mundial y el Imperio Otomano se alió a los otros dos imperios que terminaron perdiendo: el Imperio Austro-Húngaro y el Imperio Alemán. El Imperio Turco Otomano cesó de existir y las potencias vencedoras, principalmente Francia y el Imperio Británico, se dedicaron a crear nuevos países y protectorados. El movimiento secular turco promovido por Atatürk, aseguró la continuidad de la nación turca en Anatolia y parte de Tracia y los Balcanes, se crearon los territorios de Siria y Líbano bajo mandato francés y de Irak y Palestina bajo mandato británico y varios reinos independientes en la península arábica.

El problema de los asentamientos sionistas pasó de ser un problema turco a un problema británico. El antisemitismo creciente en Europa central acentuó la colonización judía en en ahora protectorado británico de Palestina. Los sionistas exigían a los británicos que se abriera palestina a una migración judía irrestricta, así como abogaban la creación de un ejército judío.

Vendría la segunda guerra mundial. Aunque los británicos triunfaron, el imperio británico se vio fuertemente golpeado pues la importancia de las colonias británicas se vio fortalecido frente a una metrópoli amenazada. Por otro lado el holocausto judío dentro del Tercer Reich sirvió de propaganda para el movimiento sionista, que obtuvo un importante apoyo financiero de la comunidad judía en Estados Unidos. Los conflictos entre colonos judíos y sus milicias y la población local árabe en el protectorado palestino empezó a ser insostenible para las autoridades del Imperio Británico con una metrópoli en reconstrucción. En 1947 la ONU había propuesto la creación de dos estados, un estado de Israel judío y un estado árabe palestino. Cuando los británicos se retiraron finalmente en 1948 el estado de Israel proclamó su independencia y abrió sus puertas a personas de cualquier identidad étnica judía.

Por otro lado están los árabes palestinos. Si bien el nombre Palestina fue usado por los romanos tras la disolución del reino de Judea, durante gran parte de la historia de estos dos últimos milenios el nombre no fue usado. Los árabes invadieron el territorio de Jerusalén durante la primera fase de expansión del Islam. Más adelante los francos (europeos cristianos) en sus cruzadas tomaron el territorio y establecieron el Reino de Jerusalén. Este fue luego retomado por los musulmanes al mando del kurdo Saladino, recuperado por los francos al mando del rey normando de Inglaterra Ricardo Corazón de León, para ser luego reducido por Saladino a un pequeño territorio alrededor de Acre (sin control de Jerusalén) hasta desaparecer bajo la invasión mongola.

El territorio palestino fue luego ocupado por los mamelucos de Egipto y finalmente por los turcos otomanos. Durante estos años de control por árabes, turcos y francos, el término Palestina no fue usado ni existía una identidad nacional o étnica palestina. La lengua predominante en la región fue el árabe, la religión predominante el islam, principalmente sunita, pero a lo largo de su historia siempre hubo otras etnias que se asentaron (asirios, turcos, judíos sefardíes) y religiones que se permitieron (cristianismo, sobre todo maronita, judaísmo, shiismo, etc.). Con la disolución del Imperio Turco Otomano, los británicos retomaron el nombre de Palestina para referirse al territorio bajo su control, territorio que ya tenía importantes asentamientos sionistas.

Algunas personas consideran que árabes son exclusivamente las personas originarias de la península arábica. Cuando se fundó el Islam en las ciudades árabes de Meca y Medina, este tuvo un carácter expansionista desde el principio, y pronto avanzó sobre un Imperio Romano de Oriente (Imperio Bizantino) en decadencia y otras tierras cristianas en el norte de África hacia el occidente y hacia Mesopotamia, Persia e India hacia el oriente. La lengua del islam es el árabe, por ser esta la lengua en la que se escribió el corán; adicionalmente gran parte del islam fue llevado a punta de espada por ejércitos que se originaron en Arabia y así, en muchos de los sitios donde se estableció el islam, pronto la población empezó a adoptar la lengua de sus líderes y de su libro sagrado. Esto pasó en la gran Siria (Síria, Líbano, Palestina, Jordania), Mesopotamia y el norte de África, mientras que en lugares con identidades culturales más fuertes como Persia y la península Ibérica, conservaron sus lenguas. Hoy en día es común llamar árabes a las personas que hablan árabe o que provienen de países de habla mayoritariamente árabe.

Árabe es entonces el idioma (o conjunto de idiomas altamente relacionados) que se habla desde Marruecos hasta Irak y en toda la península arábiga; la cultura que parte de la península arábiga y se extendió a Mesopotamia (Irak) y el norte de África; y étnicamente es el grupo de pueblos provenientes de la península arábica en su sentido más restrictivo, o de las zonas donde se asentó la lengua árabe en su sentido más amplio. Aun en las zonas de influencia árabe no todos son musulmanes. En Egipto existió siempre una importante comunidad cristiana copta. En Siria y Jerusalén una importante comunidad cristiana maronita. Si bien muchos coptos conservaron su lengua surgieron tanto árabes conversos como coptos que adquirieron la lengua e identidad árabe, y algo similar pasó con los maronitas. Los judíos fueron ampliamente aceptados en territorios musulmanes árabes. Los turcos otomanos permitieron que los sefardíes expulsados de España se asentaran. Tanto en 1948 como hoy en día no todos los que se identifican como árabes son musulmanes, habiendo importantes poblaciones cristianas y judías de lengua árabe, así como, en menor medida, ateos.

La constitución del Estado de Israel es la de una democracia parlamentaria y laica. Si bien el idioma oficial principal es el hebreo, se reconoce el árabe como lengua oficial, y al momento de la independencia cualquier árabe o musulmán que así optara sería reconocido como ciudadano israelí. Muchos lo hicieron, sobre todo dentro de los límites que el mandato de la ONU había establecido.

Pero los árabes fuera de ese límite no quisieron reconocer el mandato de la ONU. Nunca se constituyeron como un estado propio (pues esto era reconocer la partición) y declararon la guerra al estado de Israel. Los israelíes habían venido formando un ejército judío desde antes de la independencia, mientras que los árabes nisiquiera tenían un gobierno y el resultado de la primera guerra árabe-israelí de 1948 fue una amplia reducción del territorio controlado por los árabes palestinos, tanto por los avances territoriales de Israel como por la anexión de Cisjordania por Transjordania (hoy el Reino de Jordania), mientras que Egipto tomó el control de la franja de Gaza. Lo que fuere el protectorado británico de Palestina estaba ahora repartido entre Israel, Egipto y Jordania.

No es que no hubiera una identidad árabe palestina, solo que esta era menor. Muchos árabes de la región se consideraban parte de Siria (corriente baathista) junto con el Líbano. Por otro lado la identidad árabe palestina no se conformó políticamente. Pero con la ocupación Jordana y Egipcia, la identidad palestina empezó a afianzarse y en 1964 se funda la OLP (Organización para la Liberación de Palestina). La OLP pretendía liberar a Palestina tanto de jordanos y egipcios como, principalmente, de los israelíes, de paso se declara contraria al baathismo: Palestina sería un estado independiente. La OLP procuró unir a Siria, Egipto y Jordania en un ataque conjunto a Israel e Israel respondió en lo que se llamó la guerra de los seis días en 1967, tras la cual Israel logró el control territorial total de los territorios palestinos de Gaza y Cisjordania incluyendo a Jerusalén, así como de los Altos del Golán en Siria y la península del Sinaí en Egipto. Israel se anexionó formalmente a Jerusalén Este y tras acuerdos con Egipto devolvió el Sinaí y se retiró de la franja de Gaza; en contraprestación Egipto se convirtió en el primer estado árabe en reconocer a Israel.

En 1993, en los acuerdos de Oslo, Israel y la OLP acuerdan la creación de la Autoridad Nacional Palestina, no como un estado independiente sino como un gobierno propio para Cisjordania y la Franja de Gaza, sin plena soberanía y bajo la supervisión del Estado de Israel, como un paso para la creación eventual de un Estado Palestino.

Aparentemente una solución. La OLP reconoce el statu quo que surge de la partición de Palestina en 1947 más las anexiones por parte de Israel de 1949 (fin de la guerra de 1948) y 1967 (Jerusalén) e Israel se compromete a reconocer eventualmente el estado palestino, una vez la autoridad nacional se consolide como un estado formal que garantice la seguridad de Israel. Pero los problemas no acaban ahí.

Tras los acuerdos de 1993, Yasir Arafat, lider de la OLP y primer presidente de la Autoridad Nacional Palestina siguió conservando un doble discurso de reconocimiento del Estado de Israel y su revindicación inicial de destruirlo; pero, adicionalmente, el partido político Hamás se convirtió en la principal fuerza política en Gaza y Hamás no reconoce al Estado de Israel. Hamás es una organización nacionalista yihadista que pretende crear un estado islamista en lo que fuere el protectorado de Palestina: Franja de Gaza, Cisjordania e Israel. Claramente Hamás como gobierno palestino no ofrecería las garantías que Israel impone para el eventual reconocimiento del estado palestino.

Pero el problema no es solo del lado palestino. No es solo del discurso ambiguo de Al Fatah (el partido que controla Cisjordania y tiene la presidencia de la Autoridad Nacional Palestina) ni el radicalismo anti-israelí de Hamás en Gaza. En contra de casi cualquier solución está el nacionalismo religioso israelí, actualmente en la colisión de gobierno y que comparte el conservador partido Likud del primer ministro Benjamin Netanyahu como del ultranacionalista religioso y sionista partido Hogar Judío (הבית היהודי, ha-Bàyit ha-Yehudí), entre otros partidos contrarios al reconocimiento de un estado palestino.

Los asentamientos judíos en territorio palestino no cesaron con la declaración de independencia en 1948, ni con las anexiones de 1949 y 1967. Muchos movimientos sionistas han venido promoviendo asentamientos judíos en Cisjordania y Gaza aun cuando los gobiernos de Israel han sido contrarios a ellos. El actual gobierno de Likud no es contrario a ellos sino que los promociona. Aun los gobiernos israelíes que han procurado desalentar nuevos asentamientos, han sentido la necesidad de defender a los israelíes que viven en los asentamientos existentes, particularmente desde 1967 cuando Israel tiene el control de facto de los territorios de Gaza y Cisjordania. Tan solo en 2005, el entonces gobierno de Ariel Sharón ordenó el cese de asentamiento judíos y la repatración de israelíes residentes en la Franja de Gaza, acto que exacerbó el nacionalismo judío dentro de Israel y llevó al triunfo de Netanyahu.

Si bien muchos israelíes aprueban la hoja de ruta de 1993 y el eventual reconocimiento de dos estados: un Estado de Israel judío laico y un Estado de Palestina árabe y laico, existe aun una parte de la población que apoya formas más o menos radicales de nacionalismo judío y sionista que esperan la recuperación de todo el Reino de Israel (el supuestamente histórico reino de David) bajo un gobierno israelí y bajo la ley judía. Así como hay palestinos que quieren un estado palestino unificado bajo la sharia y con la expulsión completa de los invasores israelíes (Hamás), también hay israelíes que quieren un Israel unificado bajo la ley judía y sin rastro de cualquier tipo de nacionalismo árabe al occidente del Jordán.

Estos nacionalistas judíos radicales son los que se expresan por medio de la parlamentaria Aleyed Shaked quien pide que los bombardeos a la Franja de Gaza extermine a los palestinos y a sus madres (para que no den luz a más palestinos). Esos judíos radicales son los que, ante la noticia de que cuatro niños palestinos jugando en una playa fueron muertos en un bombardeo israelí, se quejan de que tan solo hayan sido cuatro y no todos los niños palestinos.

Algo de ese tipo de odio me es familiar en personas como la Representante electa María Fernanda Cabal, y todos los que celebran sus declaraciones. Durante el mandato de Uribe varias veces escuché o leí mensajes cargados de odio hacia cualquier tipo de solución al problema de las FARC que no implicara el total exterminio de sus combatientes y seguidores. Y aun se escuchan.

Yo rechazo cualquier tipo de nacionalismo excluyente y por ello rechazo la actitud de Netanyahu. Yo rechazo cualquier intento de teocracia y por ello rechazo las ideas del Hogar Judío y sus mensajes de odio hacia el pueblo palestino.

Pero por ello mismo me veo impedido, en estos momentos, a expresar mi apoyo a Palestina, a pedir una Palestina libre. Hamás es peor que el Hogar Judío. Hamás no solo se alegra por cualquier niño israelita muerto así como los seguidores de Hogar Judío se alegran por cualquier niño palestino muerto. Hamás también se alegra por los niños palestinos muertos porque ellos se convierten en propaganda para que los despistados movimientos progresistas en occidente salgan a pedir una Palestina Libre. Es más, Hamás se esconde entre sus propios niños y les lava el cerebro para que sean escudos humanos y carne de cañón.

Golda Meir decía que la desgracia de los palestinos es que ellos odian más a Israel de lo que aman a sus propios hijos, y lo que muestra Hamás le da razón a Meir. Para Hamás los niños palestinos no son más que escudos humanos e instrumentos de propaganda en contra de Israel.

El problema de una guerra de tantos años es que acentúa estos nacionalismos religiosos. Hay muchos palestinos que sin duda prefieren la paz para poder desarrollarse y abrazarse con sus hermanos israelíes. Hay muchos israelíes que no quieren seguir viviendo en una guerra y que se horrorizan de que su gobierno mate niños. Pero esta guerra de años también produce nacionalismos religiosos como los de Hamás y Hogar Judío. Y palestinos e israelíes siguen votando por ese tipo de partidos. No todos, pero sí los suficientes para que Hamás y Netanyahu sigan en el poder.

Y en Cisjordania Al Fatah sigue manteniendo un discurso ambiguo porque si es más claro en pedir la reconciliación y continuar la hoja de ruta hacia un modelo de dos estados, los palestinos en Cisjordania terminarán votando por Hamás y empeorando la situación.

Quiero paz en Palestina. Bajo un esquema de un estado (un Israel-Palestina secular como el que propone el electo presidente de Israel Reuven Rivlin), dos estados (Estado de Israel + Estado de Palestina, como desarrollo final de la hoja de ruta de 1993) o cualquier otro esquema estudiado o propuesto; pero si soy consecuente con mi mentalidad liberal, estoy impedido a apoyar una Palestina libre bajo una teocracia islamista cuya principal razón de ser es destruir a una democracia.

Y creo que cualquier persona que se considere liberal o progresista debe saber que Hamás es todo lo contrario a lo que dicen defender y que aún con todos los defectos del conservadurismo actual en el gobierno del Estado de Israel, el Estado de Israel junto con Turquía representan lo más parecido al ideal liberal y progresista que hoy hay en oriente medio.

En otras palabras, no caigan en la propaganda de Hamás que está dispuesta a sacrificar a sus propios niños para que occidente los reconozca.