Aguas tibias y el derecho a opinar sobre lo inopinable

Muchas veces es importante citar a otros, simplemente por respeto a sus ideas o sus planteamientos, pero siempre se corre el riesgo de ofender si alguien se siente mal citado.

No nos tomemos tan en serio

No nos tomemos tan en serio

A raíz del BarCamp Bogotá 2, y de la charla que quise dar sobre política en medios sociales quedé debiendo un resumen del mismo que publiqué en mi blog. Esto coincidió con un artículo de mi ciberamigo y escritor Julián Ortega Martínez (@julianortegam) en Global Voices donde recopila comentarios en Blogs y en Twitter sobre la participación de dos políticos colombianos presidenciables en Twitter, y finalmente coincidió con las inquietudes de otro entusiasta de los nuevos medios y bloguero, Diego Leal (@qadmon) sobre el papel de los medios sociales en la política. Continue reading

Chololatómanos

¿Te gustan los chocolates? ¿Eres adicto a las gomitas? ¿te quedas sin almorzar si no hay carne en el almuerzo?

Hay adicciones y hay adicciones. Un heroinómano sufrirá efectos psíquicos y físicos si no consume. Son tan fuertes estos efectos que en últimas su adicción estará cada vez menos relacionada con el placer que produce el consumo y más con la incapacidad de vivir con la abstinencia. Pero, incluso cuando logre superar su síndrome de abstinencia, habrá casi perdido la posibilidad de sentir placer con algo diferente de la heroína y todo el resto de su vida vivirá bajo el yugo de que en cualquier momento puede recaer en el vicio. Bueno, hay casos de recuperaciones casi totales, cuando logra sublimar el placer físico por otros medios que dan sentido a la vida, pero ese no es el caso de la mayoría. Continue reading

In plain panic

Since my adolescence I have been kind of depressive. Probably not clinically depressed but once a shrink confirmed my suspicion. It might had happened when I first felt in love and got my heart broken, something that kept happening again an again, until I finally found someone who I could love and loved me back, without submerging me in a depression crisis. «Malparidez existensial» was a name people in Colombia had used to refer to that or similar feelings: «existensial sonofabitchness». Giving a combination of my depressive nature and my introvert personality, it usually manifested as social isolation.

An introvert personality is a personality type. Shyness, on the other hand, is a defect. Unfortunately introvert people trend to be shy, and I am, myself, not an exception. For a while I have been building around me a fortress to hide my real feelings, and then I happen not to know my real feelings. I might even think that I suffer from Asperger’s syndrome, given that I am not only unable to read my feelings, but I am usually unable to read other people’s. Well, no shrink has yet give me a hint that I suffer from Asperger’s, this could just be my way to rationalize my inexcusable shyness.

The bottom line: even if I recognize reality from fiction, I do not feel comfortable with reality, particularly with the reality that is closer to me. I can isolate in a crowd of friends and comrades. Well, actually, just in a crowd of comrades as it happens that I do not have a real friend (some of the people tagged in this note are the closest things to real friends I have ever had). I can push people away just when I most need them. The real problems that I am supposed to face and solve, are just things I keep procrastinating, because it is easier to me to deal with a virtual, distant, or just fictitious reality, than dealing with my closer reality.

I am in plain panic. For some time I had not feel that kind of depression I used to feel before I met Beatriz. This time it is not a broken heart (no yet, at least). This time it is just the realization that I am just a failure.

«The saddest thing in life is wasted talent.»
— Lorenzo Anello (A Bronx Tale)

However, I hope this panic status will soon be over. There is always a time for hope whenever you can still steal life a smile.

gunning, germing, and steeling

Casi una semana de lectura (entre otras ocupaciones), para terminar de leer mi último libro: devorarme las quinientas y pico de páginas de «Armas, gérmenes y acero» de Jared Diamond.

Pienso que debería leer más. Mi repertorio de libros leídos, sin incluir los que he tenido que estudiar (o aún ellos), es relativamente bajo. En gran parte lo que leo y ese conocimiento general con la que descresto a amigos e incautos (los que me aguantan) es por todo lo que fragmentariamente he leído por Internet o visto por televisión.

Reviso entonces los tres últimos libros que he comprado y leído. Además de «Armas, gérmenes y acero» están «Ursúa» de William Ospina y «Cuentos chinos» de Andrés Oppenheimer. ¿Hay un patrón no intencional que vincule a todos ellos?

«Ursúa» es un tratado sobre la conquista de Sudamérica septentrional bajo la excusa de una biografía novelada de Pedro de Ursúa. Cómo la cultura y la ambición de los españoles choca ante la cultura indígena de las Américas para desgracia de esta última. Choque que se intenta revisar desde otra óptica, más científica, por Diamond en su obra ganadora del premio Pulitzer.

¿Era inevitable esta suerte?

Lo poco que sé de mi historia personal es que nací en una sociedad que habla español, una lengua indoeuropea (con raíces, tal vez, en la moderna Ucrania) desarrollada en Iberia central tras siglos de dominación romana (latín), visogoda (germanos que ya no hablaban germano) y árabe. Que mi abuelo hablaba inglés, siendo él descendiente de negros africanos que adquirieron el inglés trabajando como esclavos para los ingleses en las Antillas. Bautizado yo dentro del catolicismo: religión que se remonta al creciente fértil cuando este ya estaba poblado de afroasiáticos originarios, tal vez, de Etiopía. Mi abuela, de fenotipo bastante indígena, chibcha presumo, se apellida García, en toda su vida sólo ha hablado español y practicado la fe católica.

Por los lados de mi madre y sólo juzgando fenotípicamente, habrá algún grado de mestizaje pero predomina la ascendencia europea (visigoda? romana? mora? fenicia? íbera?) que son más evidentes en los ojos verdes que tenía mi abuela. Siglos y milenios de mestizaje que convergen en mí, quien ama el pan y la pasta (trigo del creciente fertil), el arroz (otro pasto, esta vez de china meridional), las arepas y tortillas (maíz mesoamericano), la papa (tubérculo centroandino), la carne (de los descendientes de los uros domesticados por aparte en India y en el creciente fértil), etc.

Y todos mis compatriotas, comparten historias similares. Personas que hemos convergido en la esquina noroccidental de América del Sur, con distintas historias genealógicas, y compartiendo un futuro para nosotros y nuestros hijos.

Es ahí donde converge el tercer libro. Oppenheimer compara varias culturas actuales para descubrir porqué están generando o no crecimiento. Hay muchos elementos entre lo que este argentino nacionalizado estadounidense nos cuenta que complementa la línea argumental de Diamond. Diamond nos habla de la influencia ecológica y geográfica como motor de la historia, por encima de consideraciones raciales. En «Cuentos chinos» Oppenheimer nos propone dejar de lado el color político y analizar, más bien, las decisiones de los pueblos y sus gobernantes. Muchos elementos del determinismo geográfico (Diamond odiaría esta alocución), podrían considerarse borrados hoy cuando las telecomunicaciones y los medios de transporte nos liberan de las barreras geográficas que hicieron inevitable que Pedro de Ursúa y sus contemporáneos españoles se hiciesen a estas tierras, pero aún hoy América Latina tiene una desventaja frente a otros continentes con miras al futuro.

Nuestra desventaja está en nuestra mentalidad. Una mentalidad que nos lleva a que nos estemos peleando entre si debemos extender TransMilenio, crear un tren de cercanías o construir un metro, discusión en donde no he escuchado aún si finalmente ampliaremos la trocha de nuestros ferrocarriles. Donde la discusión una reforma política se hunde por una silla vacía y si esta conviene o no al cálculo político del gobierno. Donde a los que no somos uribistas nos tachan de chavistas… o donde a los que no son chavistas los tratan de oligarcas vendidos a los intereses del Imperio. .

Donde está el futuro nuestro como colombianos o como latinoamericanos. Ya muchos de mis amigos de Facebook votaron con los pies. Los que aquí permanecemos… ¿nos tocará como pueblo la suerte de Pedro de Ursúa quien se hizo grande frente a quienes le precedieron en este rincón del mundo, para morir finalmente en medio de la selva y de las intrigas políticas? ¿Hicieron mal nuestros antepasados, indios o españoles, ante el futuro nuestro y de nuestro pueblo, en asentarse en este país geográfica y económicamente quebrado?