Chololatómanos

¿Te gustan los chocolates? ¿Eres adicto a las gomitas? ¿te quedas sin almorzar si no hay carne en el almuerzo?

Hay adicciones y hay adicciones. Un heroinómano sufrirá efectos psíquicos y físicos si no consume. Son tan fuertes estos efectos que en últimas su adicción estará cada vez menos relacionada con el placer que produce el consumo y más con la incapacidad de vivir con la abstinencia. Pero, incluso cuando logre superar su síndrome de abstinencia, habrá casi perdido la posibilidad de sentir placer con algo diferente de la heroína y todo el resto de su vida vivirá bajo el yugo de que en cualquier momento puede recaer en el vicio. Bueno, hay casos de recuperaciones casi totales, cuando logra sublimar el placer físico por otros medios que dan sentido a la vida, pero ese no es el caso de la mayoría.

Si por el contrario eres adicta al chocolate, sentirás un placer inmenso en su consumo, gracias a las endorfinas y otras drogas que contiene el cacao. Pero ese placer inmenso no reemplaza, salvo en casos patéticos, los otros placeres de la vida. No hay síndromes de abstinencia relevantes. No hay pérdida de sensaciones. El chocolate es simplemente algo placentero pero rara vez será algo que produzca una adicción clínica.

¿Dónde está el límite entre una adicción real y algo que simplemente nos gusta mucho? No está en si me creo o no capaz de dejarlo. En el alcoholismo social, por ejemplo, el bebedor cree que puede dejar su vicio, porque efectivamente puede vivir cinco o 12 días sin alcohol y sin sentir la privación, pero retorna en lo que cree que es voluntario. Un maniaco de los chocolates puede creer que su vida no tiene sentido si se priva de su placer. Pero el alcohólico social se engaña a sí mismo creyendo que no es un adicto. El chocolatómano sólo le gusta mucho y exagera ante una posible ausencia de su pequeño vicio.

¿Dónde está Internet? ¿Es un vicio estilo chocolate o es un vicio estilo alcohol o heroína? ¿El adicto a Internet es clínicamente adicto o es simplemente un fanático de estar conectado? La verdad no tengo idea porque no he encontrado estudios concluyentes sobre la adicción a Internet.

El vicio a Internet puede tener los efectos sociales y económicos atribuidos a otros vicios fuertes, como la pérdida de la productividad o el aislamiento social del enviciado, quien pasa de ser un miembro activo y aportante de la sociedad a un lastre para sus conciudadanos, comenzando por su propia familia. Desde este punto de vista, el vicio a Internet es más nocivo que el vicio al cigarrillo, o al café, o al chocolate. Pero los vicios al café o al chocolate no son clínicamente adicciones, mientras que el aparentemente inofensivo vicio al tabaco sí lo es. Separar un vicio simple de una adicción no tiene tampoco mucho que ver con los efectos negativos a la sociedad causados por el enviciado.

Pero aún así caemos en una posible falacia. ¿Es el ostracismo social una manifestación de lo nocivo que puede ser el vicio a Internet? Muchos acusan a Internet y otras tecnologías de reemplazar el contacto físico entre personas reales. Los ciberómanos se sienten más a gusto interactuando con nombres de usuario sin caras, que con las personas de carne y hueso con las que conviven. Eso lo veo como un gran riesgo a las nuevas generaciones nativas del ciberespacio, quienes desde que tienen uso de razón han convivido con Internet. Pero como una persona que conoció a Internet cuando ya era adulto (aunque toda su adolecencia la compartió con computadores), en muchos sentidos siento que Internet, antes que negar mi vida social la ha liberado. Dentro de mi personalidad introvertida la interacción social con las personas de carne y hueso que me rodean siempre ha sido limitada. Desde la primaria, antes de tener mi primer computador. Durante el bachillerato, en que no dedicaba más tiempo a los computadores que el que mis compañeros dedicaban al 2600.

Los computadores, primero, e Internet después, se convirtieron en una forma de escapar de las limitaciones de mi mundo real. Una forma de crear, de sentir diferente, de encontrar personas con las cuales compartir inquietudes que las personas a mi alrededor inmediato no compartían.

Pero lo mismo dice un heroinómano. Lo mismo dice un consumidor de Ecstasis. El Yague y la mariguana tienen el mismo efecto de liberar nuestras mentes de las limitaciones del mundo físico. No puedo, entonces, pretender que esta liberación sea una justificación real de mi vicio.

Pero hay algo que sé, y es que con Internet siendo un simple vicio o un vicio adictivo, aún necesito del mundo de carne y hueso, el mundo con el que interactúo con mis hijos, y en el que me gustaría interactuar con mis amigos.

Y en últimas sólo eso es lo que quería decir.

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