Mi voto.

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Mi voto no será, tal vez, por quien pudiera ser el mejor presidente para Colombia en los próximos cuatro años. Ninguno de los actuales candidatos me parece que sea el presidente perfecto en este aspecto y si por ello fuera, Noemí Sanín parece tener la mejor propuesta (y no sólo la menos mala).

Mi voto va a ser, más bien, por la democracia. Voy a aportar con mi voto por un concepto algo más abstracto que un hombre o una mujer que ocuparía el solio de Bolívar. Pienso votar por que la palabra democracia tenga aún algún sentido en este país.

Las encuestas me dicen que la presidencia la ganará Alvaro Uribe Velez, bien de una en estas elecciones, o ante Horacio Serpa en una segunda vuelta. Podría pensarse que si apoyo con mi voto a Uribe, contribuyo a que no haya necesidad de una segunda vuelta con el consecuente gasto en recursos del estado y en un par de semanas más de desgaste de las campañas en los medios, con el peligro de la guerrilla queriendo sabotear nuevamente unas elecciones, más el agua sucia que se seguirán hechando las campañas de Uribe y Serpa.

Pero la democracia no son las encuestas. Tampoco lo es, exclusivamente, el sufragio. La democracia es la participación y, a menos que las encuestas sean capaces de lograr la participación del pueblo todo, las encuestas no son la democracia. Si así fuera, mejor ni hagamos primera vuelta: al fin y al cabo si Uribe no gana en la primera ganará en la segunda, las encuestas indican que ganará de todas formas. Votar así sólo porque las encuestas dicen algo, el así llamado voto útil, es un gran peligro para la democracia. Es votar por Uribe para que no haya segunda vuelta o votar por Serpa para atajar a Uribe. Es polarizar al país, no ante un par de ideas contrarias, sino ante el temor de la guerrilla y de cómo debemos reaccionar ante ella.

Lo peor de todo es que es un voto equivocado.

Tanto Serpa como Uribe proponen básicamente lo mismo: pelear contra la guerrilla si la guerrilla sigue en la misma tónica actual y dialogar con la guerrilla si esta da muestras de voluntad de paz. Ese cuento de que Uribe es la guerra y Serpa es el diálogo no se refleja ni en los discursos ni en los hechos. Tanto Uribe como Serpa han dialogado con la guerrilla, han estado involucrados con las convivir, han criticado la voluntad de paz de las FARC, prometen enfrentar a las FARC, dialogar con el ELN y, si las FARC muestran voluntad de paz: dialogar con las FARC, etc. Hubo una diferencia en la posición respecto al proceso de paz de Pastrana, pero esa diferencia no indica que uno signifique la guerra y el otro el entreguismo.

Muchos de los que dicen que votarán por Uribe, lo hacen porque creen que Uribe representa la mano fuerte contra los bandidos de la guerrilla. Eso no es lo que promete Uribe. Uribe, según sus propias palabras, ofrece fortalecer la autoridad del estado con el objeto de disuadir la guerra, no de aumentarla. Pero no deja claro cómo va a realizar esto de una forma que logre disuadir la guerra, por lo que en últimas puede terminar creando una guerra más cruenta de la actual sin que esta sea claramente favorable al estado ni a los ciudadanos que se acojan a la protección del estado.

Por otro lado Serpa busca votos precisamente asustando con la perspectiva de guerra de Uribe. Insinuando que Uribe va a traer la guerra, cuando la guerra ya está aquí. Pero, salvo en detalles, no propone nada distinto a lo que propone Uribe siendo sus ideas menos claras e igualmente sin indicarnos el cómo. Nos dice que no necesitamos más que las fuerzas armadas que tenemos hoy en día, pero que han probado que aún no son suficientes para acabar con el terrorismo a pesar de los grandes avances que han tenido en el último año. No nos habla de cómo fortalecer estas fuerzas armadas, pero igualmente nos dice que va a enfrentar a las guerrillas sin cerrar la puerta del diálogo.

Ante estas dos perspectivas sólo queda clara una cosa: ambos insinúan que van a seguir jugando a la guerra dejando abierta una posibilidad de nuevos diálogos cuando la guerrilla así lo decida, sin dejar en claro con cuales elementos contará el estado por ellos presedido para negociar con la guerrilla. Ante estas propuestas de guerra y paz, Noemí no se aleja demasiado: oponerse a la guerrilla y dejar abierta la puerta del diálogo; aunque insinúa que tomará la iniciativa en lugar de esperar a que sea la guerrilla la que decida… mientras no deje claro como tomará esa iniciativa no está diciendo nada substancialmente distinto.

Pero la guerra y la paz no es el único problema que nos aqueja. Hay una economía con problemas y no sólo achacables a la guerrilla o cuya solución toque dejarla para cuando la guerrilla se desmovilice. Hay un problema de desempleo que, independientemente de si la guerra lo causó no puede esperar a que la guerra se acabe. Y así muchos etcéteras.

Los problemas de la educación y la salud tienen que ver más con las políticas fiscales de los gobiernos que con la guerra misma, así que, como ciudadanos responsables debemos ver esos problemas a la par de la guerra. La corrupción: cuando un empleado público roba recursos del estado (directa o indirectamente) no lo hace porque en Colombia hay guerrilla. Y no nos engañemos que el paramilitarismo es un problema más viejo que la guerrilla misma.

Respecto a la economía, Serpa a sugerido que Uribe representa al neoliberalismo y, con éste, que Uribe acabará con el sistema de salud y con el Sena. Lo absurdo es que Uribe fue el ponente de la ley 100. Hoy en día pocos se atreven a denominarse neoliberales en Colombia, siendo esta una palabra que la iglesia satanizó. Bueno, yo me declaro aquí como un neoliberal que votará por un candidato de izquierda. En gran medida porque creo que el neoliberalismo, a diferencia del capitalismo salvaje que nos han impuesto, es la mejor forma de lograr que la iniciativa individual genere riqueza. En Colombia el neoliberalismo nunca ha existido, lo único que hemos tenido ha sido la feria de privatizaciones que no es lo mismo. Pero Uribe no representa este neoliberalismo. Al menos no lo ha dicho. No ha dicho cómo piensa ser la relación entre el estado y el sector privado. Pero eso sí, se la pasa insinuando de la necesidad de la inversión social que vendrá cuando se acabe la corrupción.

Bueno, por ahí ya dejé escapar por quién va a ser mi voto. Mi voto no va a ser por la guerra, pero sí por la mejor lectura sobre la guerra y sobre qué debe hacer un estado cuando se enfrente a buscar la paz a través del diálogo con una discidencia alzada en armas. En este aspecto mi voto va por un negociador que se forjó negociando pliegos de peticiones y aprendiendo a ceder y a lograr que sus interlocutores pudieran confiar en su palabra. Mi voto va por una persona cuyas propuestas económicas han sido aplaudidas por los industriales, a pesar de que por mucho tiempo fue su contraparte. Yo no sé mucho de economía pero cuando una persona formada en la izquierda sindical es capaz de hacerse aplaudir en temas económicos por industriales, sin que sus compañeros de izquierda lo tachen de traidor, debe estar diciendo algo bueno.

No sé qué tal será mi candidato como presidente. No creo que sea el menos malo. Quien creo que es el menos malo es Noemí. Pero, si las encuestas reflejan algo de lo que será la realidad de las urnas, no me tendré que preocuparme de los problemas que pueda tener mi candidato una vez electo presidente. Y si llegare a ocurrir que mi candidato queda elegido presidente… bueno, tragando saliva esperaré a que las cosas se resuelvan para bien. Al menos, ante la perspectiva de los demás candidatos creo que el sacudón que significaría puede ser hasta para bien.

Mi voto no es para lograr que mi candidato llegue a presidente, sino para contribuir a la democracia. Mi voto es para no votar por alguien que no me convence del todo dizque para que no haya una segunda vuelta. Mi voto es para dar un apoyo a perspectivas diferentes pero inteligentes. Mi voto es para una persona con el cual no comulgo políticamente pero con el que encuentro coincidencias fundamentales. Mi voto es por la mejor perspectiva que hay de paz ante tantas perspectivas de guerra. Mi voto es también una manifestación de que si la guerrilla se desmoviliza y pide perdón podemos otorgar ese perdón. Mi voto es, en fin, por Luis Eduardo Garzón.

Una vez expresado mi voto invito.

No invito a que voten por el mismo candidato o por las mismas razones por las que yo voto. Cada cual tendrá sus razones. Invito a que nos atrevamos a analizar otros motivos y a que, con nuestro voto, podamos expresar algo.

Que el que vote por Uribe, no vote porque traerá la paz a través de la guerra, o porque creará un congreso unicameral (al fin y al cabo todos los congresistas son políticos corruptos, ¿no?), o porque debemos atajar al elefante de Serpa. Ni mucho menos porque es el mesías.

Que el que vote por Serpa no vote porque es el único que podrá manejar los hilos del poder de la política, ni porque es la única alternativa a la guerra de Uribe.

Atrevámonos a desencasillarnos. Noemí Sanín tiene tal vez el mejor equipo, el único vicepresidente preparado para asumir una eventual presidencia y un mejor programa económico que Serpa y Uribe. Si con nuestro voto queremos decir que un presidente, que un candidato debe llegar con propuestas serias y preparadas un voto por Noemí es una manifestación al respecto.

Harold Bedoya se opuso al despeje desde mucho antes que Uribe. Desde mucho antes que Pastrana, incluso. Si nuestra razón de votar es por decirle no a un eventual nuevo despeje ese mensaje quedaría más claro con Bedoya que con Uribe.

Por otro lado si queremos darle un mensaje más directo a las FARC. O si creemos que la corrupción hay que combatirla de maneras creativas. Si creemos que un presidente debe estar dispuesto a correr riesgos por defender sus ideas, o si símplemente queremos votar por el único candidato al que los demás candidatos no han criticado: ahí tenemos a Ingrid Betancurt.

Si no es porque no recuerdo el nombre, al candidato que se inscribió no para que lo elijan a él sino para promover el voto en blanco deberíamos seleccionarlo con la esperanza que tenga más votos que don blanco.

En fin, la democracia está aquí es para que nos expresemos y no para legitimar un status quo. No nos preocupemos que, en últimas, gane quien gane, el país no se va a acabar ni se va a salvar. Somos los ciudadanos y no un presidente, quienes en últimas sacaremos adelante a nuestro país o lo seguiremos dejando a la deriva.

Supongo que votaré por Uribe en la segunda vuelta. Para eso es la segunda vuelta: para que votemos por el menos malo de las dos alternativas más populares. Por la primera vuelta pienso votar por quien más me gusta, por quien mejor expresa lo que pienso de mi país o de su futuro, por decir que creo que la paz es posible.

Y sin duda, si mi candidato pasa a la segunda vuelta junto con Uribe: por fin veremos un debate civilizado entre dos perspectivas realmente distintas, sin el ruido de falsas insinuaciones.

— Carlos Th

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