El que no llora no mama y el que muestra el hambre no come

Lee uno a veces las historias de los emprendedores y muchos hablan de cómo se encerraron por dos o tres meses a perfeccionar su producto, o estuvieron años intentando e intentando, fracasando y fracasando hasta que dieron con aquello que la gente quiso y los llevó al camino del éxito.

A veces siento que no tengo bien definido mi proyecto de vida. Me gustan muchas cosas. Quiero hacer muchas cosas. Quiero hacer todo que no sé por donde empezar. Me falta un tiempo para pararme a pensar realmente. Sin distracciones.

El otro día tuve una discusión con alguien cercano. Para mí es difícil en ese tipo de conversaciones decir lo que realmente pienso. Mis ideas se mezclan. Mi lengua se traba. Empiezo a decir lo que siento y me falta mucho aún para terminar de armar mi idea cuando ya me están refutando. Así que es más fácil callar. Me reclaman porque callo, pero no tengo otra opción. Ese día, al final, decidí que iba a escribir sobre lo que no pude decir. Estaba alterado y en una ventana había otra discusión: sobre política, sobre teología, sobre filosofía. No sé. No era sobre mi ni mi familia. Cuando mi mente se enfocó en ello inmediatamente sentí una calma. Ya no estaba alterado. Y me pregunté si las personas que toman, o fuman, o meten droga para escapar de sus problemas es eso lo que sienten: una distracción que parece necesaria para escapar de las cosas que los agobian.

Gran parte del tiempo que tengo para detenerme a pensar, termina perdido en distraerme de pensar. Luego puedo pasar días enteros tratando de inventarme cómo solucionar un problema de programación o diseño con la esperanza de que sea mi carta de presentación para un nuevo emprendimiento.

Y todo ese tiempo es peleando internamente con todo lo que me toca hacer. Que tengo que salir *ya* a hacer una vuelta que no creo que sirva de mucho. Que pague, que cobre, que vaya y recoja, que venga y ayude.

No puedo darme el lujo de detenerme a pensar y arreglarme a mi mismo o para prepararme y estudiar o para encerrarme a mejorar un producto: porque los problemas están *ya*. Y es tan agobiante ese *ya* que necesito mi droga. Necesito meterme a internet a opinar de política, o de filosofía, o de cualquier güevonada que no sirva para algo práctico porque ya detesto lo práctico.

Entonces se trata de cerrar todo. Cerrar las distracciones para ver si puedo con el ya. Ni siquiera para ver si puedo detenerme a pensar, sino para ver si puedo con tantos ya que deben resolverse.

El resultado: cerrarme aun más. Ahí siempre está mi mente para inventarme diálogos y distracciones. Hace años intenté (me forzaron) a no distraerme en Twitter y Facebook y terminé perdiendo el tiempo de mis días resolviendo Sudokus, o viendo televisión.

Necesito poder detenerme. Detener todo. Cortar con esas causas de agobio y que un profesional (porque ni yo ni mi familia somos profesionales) me guíe. Sí, el profesional no me va a sacar de mis problemas pero ya está comprobado que ni la cantaleta de quienes me quieren ni mi propia persistencia pueden tampoco. Necesito detener todo.

O no.

Eso resuelve mi problema pero no el problema de los míos.

Hace varios años me ha venido cruzando la cabeza una idea y es una idea que afianzo cada vez más cuando hablo con personas que trabajan sobre el tema.

Pero nunca había hablado el tema seriamente en casa precisamente por el problema que tengo.

Quiero hacer mucho. Quiero hacer todo, y por ello mismo me frustro con facilidad, y en esa frustración prefiero que mis hijos hagan lo que quieran así sea ver programas de televisión y videos en YouTube que no les aporta ningún valor que estar encima de ellos supervisándoles sus tareas.

No soy un buen profesor conmigo mismo. No soy un buen padre supervisando deberes escolares. ¿Cómo puedo ser un buen maestro para mis hijos?

Necesito primero detenerme. Arreglar mis propios problemas y ahí sí.

Pero no puedo detenerme. Todo es *ya*. Y el último *ya* es que las deudas hacen insostenibles muchas decisiones que tomé o dejé pasar.

Creo que la escolaridad tradicional no es la más adecuada para mi hijo y creo que sería un mal mayor sacarlo de la escolaridad tradicional donde está para pasarlo a otra escolaridad tradicional que cueste unos pocos pesos menos.

Pero el salto a la escuela en casa es un salto grande y arriesgado precisamente por el *ya* que me impidieron detenerme a tiempo.

Creo, sin embargo, que es lo mejor. Que esto puede ser incluso la terapia que yo necesito al tiempo que la mejor forma de acompañar a mi hijo, de formarlo.

Pero por ahora sé que, pase lo que pase, debo desconectarme de este canal. Tenía que escribir esto y dejarlo aquí. Tengo que lograr detenerme a sacar un proyecto importante adelante, que no es de emprendimiento y que tardará años.

Gracias por leer.

10 llamativos lugares que aún no conozco

Los lugares que me encantaría conocer y aun no conozco son muchos más que diez. Tan sólo he recorrido una fracción del mundo y cada vez que aparece una nueva lista de lugares para visitar antes de morir o similares, me antojo de más y más lugares imperdibles. Si bien mi espíritu es más urbano, también hay otros lugares que se ven preciosos o tienen una importancia cultural que llama la atención conocer.

Ya hice mi lista de las diez grandes ciudades que aún no conozco y pronto haré la lista de las diez ciudades para regresar, que incluirá los sitios por donde o bien pasé demasiado rápido o bien merecen un regreso.

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Panoramica de 180° del Palacio de Carlos I, en la Alhambra, Granada, España. en Wimimedia Commons

10. Alhambra, España

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El Partal Palace, Alhambra, Spain en Wimimedia Commons

La Alhambra es una ciudadela de palacios, jardínes y alcázares en medio de la ciudad de Granada, en Andalusía, España; y es uno de los mejores ejemplos de la arquitectura islámica en Europa. Un lugar donde se puede apreciar el arte musulmán que reemplaza las representaciones de la naturaleza por arabescos como forma principal de ornamentación.

En distintos tiempos funcionó como fortaleza y como palacio, tanto por los moros como luego por los reyes cristianos (incluyendo la inclusión de un nuevo palacio por Carlos V) para perderse luego en el abandono por varios siglos hasta su restauración en el siglo XIX. Visitar Alambra es visitar una parte de la historia de España. Visitar la Andalusía mora y la reconquista. Y llegar allá es conocer también el sur de España y algunos lugares que me parecen facinantes por la historia que vendría luego y que reconozco como parte de mi herencia.

9. Petra, Jordania

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Jordan-18C-037 – Al Dier por Dennis Jarvis en Flickr

Petra fue una antigua ciudad, capital del reino nabeteo, y hoy un importante sitio arqueológico. Es una majestuosa ciudad tallada en la roca en mitad del desierto, lo cual ya la hace impresionante. Petra es considerada patrimonio cultural de la humanidad.

Como muchos de los monumentos preislámicos, Petra corre un riesgo que ya han corrido otros sitios arqueológicos similares en Afganistán y Siria. Jordania es, por ahora, un reino suficientemente secular y que entiende la importancia de la herencia cultural de la humanidad (así como las entradas que el turismo atrae), pero Jordania no es agena a los ataques de EIIL (Estado Islámico) bastante activo en la frontera con Siria. Por ahora eso significa que Petra hay que ir a visitarla mientras aún se pueda viajar por esa parte del mundo.

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Uluru, helicopter view en Wikimedia Commons

8. Outback, Australia

El Outback es el nombre dado al interior árido o semiárido de Australia y es un paisaje que he visto en una que otra película y, sobre todo, documentales de supervivencia y de vida salvaje.

Aun estoy pensando cual sería la mejor forma de recorrer el Outback. Las dos rutas principales para atravesarlo son la ruta Norte-Sur entre Darwin y Adelaida o la más larga ruta Este-Oeste entre Sydney o Brisbane y Perth. En cualquiera de las dos el mayor referente en medio del camino será la Gran Roca Roja, la Ayer’s Rock o Uluru.

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Grand Prismatic Spring – Yellowstone en Wikimedia Commons

7. Parque Nacional Yellowstone, Estados Unidos

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Grizzly bear sow & cub with radio neckband, Yellowstone National Park en Wikimedia Commons

El Parque nacional de Yellowstone es un parque natural, considerado el más antiguo del mundo, caracterizado por sus fenómenos geológicos y su vida silvestre.

Yellowstone es el parque del oso Yoggi (el de las carituras de Hannah y Barbera, no me interesa verme la película con CGI) y creo que por eso está entre los sitios que desde niño siempre quice conocer. Bueno, además de figurar en los libros de Maravillas del Mundo y similares que había en la biblioteca de mi casa y que andaban descuadernados de tantas veces que los consultaba.

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Argentina – Patagonia – El Calafate 020 – Perito Moreno Glacier panorama por McKay Savage en Flickr

6. Patagonia, Argentina y Chile

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Patagonia, Argentina, Fitz Roy en Pixabay

La Patagonia es una región natural al sur de Sudamérica que comprende la parte meridional de los Andes y las estepas surorientales que confluyen hacia el Atlántico Sur. Hay dos formas de conocer la Patagonia: por tierra visitando los diferentes paisajes boscosos y nivales, o por mar en un crucero que nos lleve bordeando la Patagonia argentina hasta Tierra del Fuego y se devuelva por los fiordos chilenos y en cualquiera de las dos formas, o en las dos, esperaría deleitarme de los hermosos paisajes que he visto en varias fotos.

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Farewell India – The Taj Mahal por Trey Ratcliff en Flickr

5. Taj Mahal, India

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Taj Mahal, Agra, India. en Wikimedia Commons

El Taj Mahal es grupo de edificaciones entre las que se destaca su mausoleo de mármol blanco, construido en la ciudad de Agra, en India. El Taj Mahal no es un palacio o un templo, sino una ciudadela eregida como un homenaje al amor y uno de los más maravillosos ejemplos de la arquitectura mongol en India.

Junto con Nueva Deli, en el norte de India, Agra y Jaupur forman el así llamado triángulo dorado donde se pueden apreciar, además de los paisajes, una serie de templos y palacios de diferentes épocas de la historia india.
Probablement todo el triangulo dorado sea el lugar, pero de todos esos lugares sin duda el más bello y más referenciado es el Taj Mahal.

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An evening sunset at Angkor Wat in November 2002 en Wikimedia Commons

4. Angkor Wat, Camboya

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Angkor War, Camboya, Crecido en Pixabay

Angkor Wat es el templo más grande construido y símbolo nacional de Camboya. Originalmente dedicado al culto de Shiva, hoy es más conocido por su importancia arqueológica y turística.

Largamente abandonado y recobrado por la naturaleza, antes de ser rescatado para la arquelología y el turismo, la imagen de Angkor Wat y de varios de sus templos con rostros humanos en medio de la vegetación es una imagen reconocible de múltiples películas y videojuegos, lo cual añade un aura de interés a conocer en vivo este lugar.

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Trans-Siberian by Private Train – Beijing to Moscow en J Yang Tours

3. Transiberiano, Rusia

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Golden Eagle Trans-Siberian Express por Simon Pielow en Flickr

El ferrocarril Transiberiano es, tal vez, la red ferroviaria más larga en servicio activo de las cuales, cuya ruta principal Tren Nº 1 (Rossía), conecta a Moscú con Vladivostok.

El Transiberiano no es un lugar como tal sino una ruta de 9.289 km que se recorre de entre 7 y 8 días (dependiendo el servicio), que une a Europa con Asia oriental pasando por innumerables paisajes como los montes Urales o el lago Baikal.

Los extremos del Rossía son también importantes. Moscú, la segunda más populosa ciudad europea (la primera es Estambul, ambas frecuentemente olvidadas por no estar en Europa occidental) y la más septentrional de las megaciudades, y al otro extremo está Vladivostok: un pedazo de Europa en medio de Asia oriental, frente al mar de Japón.

Adicional al Rossía, el ferrocarril transiberiano sirve a otros trenes incluyendo servicios que unen a Europa con Pyongyang y con Pekín.

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Victoria Falls Panorama en Wikimedia Commons

2. Cataratas Victoria, Zambia y Zimbabue

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airial photo of the Victoria Falls en Wikimedia Commons

Las Cataratas Victoria son las cataratas más grandes de África y, disputablemente, del mundo (compitiendo con las de Iguazú, dependiendo cómo se cuente y de la estación del año).

Conocidas en la lengua tonka local como Mosi-oa-Tunya (Humo que retumba), en las temporadas más caudalosas el rocío que se desprente del agua al caer se eleva sobre el acantilado como una columna de humo que se levanta.

Las Cataratas están en la parte meridional de la región de los grandes lagos africanos y hacia el sur de las mismas queda el África meridional. El río Zambeze corre luego hacia el oriente hasta desembocar en el océano Índico en el golfo de Mozambique.

Menciones de honor

No clasificaron entre las diez primeras, pero están en mi lista corta de lugares que quiero conocer, sin ningún orden en particular, los Alcantilados de Dover (Reino Unido), Bora Bora (Polinesia Francesa), las Galápagos (Ecuador), Hawái (EE. UU.), el lago Baikal (Rusia), los lagos de Plitvice (Croacia), Legoland (Dinamarca), Machu Picchu (Perú), las Pirámides de Giza (Egipto) y el Serengueti (Tanzania, Kenia).

1. Caño Cristales, Colombia

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Caño Cristales, Colombia por Eric Pheterson en Flickr

Caño Cristales es un río en La Macarena, Colombia, caracterizado por los múltiples colores que le proporcionan sus plantas acuáticas y fondos rocosos.

Un río relativamente corto, de ahí su nombre de caño, desemboca en el río Guayavero. Localizado en la Serranía de la Macarena, una de las regiones geológicas más antiguas de Colombia perteneciente al escudo guayanés. La cuenca del río es rocosa por lo que trae poco material sedimentario permitiendo que sus aguas cristalinas dejen ver las floraciones de Macarenia clavigera y otras plantas que crecen bajo sus aguas.

Al caño se llega en lancha, carro y caminando desde la cabecera del municipio de La Macarena, al cual se puede llegar en avión desde Villavicencio, Bogotá o Medellín (vuelos diarios sólo desde Villavicencio), así que la experiencia incluye no sólo el río sino el viaje.

Las diez grandes ciudades que aún no conozco

Los lugares que me encantaría conocer y aun no conozco son muchos más que diez. Tan sólo he recorrido una fracción del mundo y cada vez que aparece una nueva lista de lugares para visitar antes de morir o similares, me antojo de más y más lugares imperdibles. Pero hay ciertos lugares que siempre me han llamado la atención por su importancia cultural, los amigos que allá viven o muchas otras razones y que se destacan sobre la lista de los lugares que necesito conocer.

Tengo planeadas otras dos listas: los diez lugares que debo conocer, el cual incluirá sitios que no clasifican como ciudades, y las diez ciudades para regresar, que incluirá los sitios por donde o bien pasé demasiado rápido o bien merecen un regreso.

Marrakech, Morocco

Marrakech, Morocco (via Wikimedia Commons)

10. Marrakech, Marruecos

Spices Square – Plaza de las Especias, Marrakech, HDR

Spices Square – Plaza de las Especias, Marrakech, HDR (por Marc en Flickr)

Hace 6 meses Marrakech no estaba en mis planes, pero son de esos lugares que empecé a ver en los conteos de lugares para visitar y una amiga de Twitter pasó por allá y poco a poco vi viendo un lugar diferente que vale la pena ir a conocer.

Y lo que he venido viendo es una ciudad hermosa que se yergue en medio del desierto del Sáhara, mostrando una experiencia de vida diferente y atractiva.

Nepal - Kathmandu - Bodhnath

Nepal – Kathmandu – Bodhnath (via Wikimedia Commons)

9. Katmandú, Nepal

Kathmandu Durbar Square after 2nd Earthquake

Kathmandu Durbar Square after 2nd Earthquake (via Wikimedia Commons)

A principios de este año consideré ir a Katmandú, a raíz del terremoto y pensando si había algo para hacer allá durante la reconstrucción como en su momento lo consideré en Haití; pero la verdad no exploré mucho el plan y simplemente se fue pasando.

Finalmente no iré por ese motivo, pero esta ciudad al pie de los Himalayas, con su tradición budista y su historia es una experiencia diferente al otro tipo de ciudades que puedan figurar en esta lista.

Y, bueno, si alguien sabe de algo aún para hacer allá donde mis brazos o mi cabeza puedan ser útiles y no sólo mis deseos por conocer, entonces háganmelo saber.

Las Vegas Strip

Las Vegas Strip (por Wayne Hsieh en Flickr)

8. Paradise, Estados Unidos

New York New York, Las Vegas Hotel & Casino


New York New York, Las Vegas Hotel & Casino (por Cliff en Flickr)

Oficialmente Paradise no es una ciudad sino un territorio no incorporado del condado de Clark en Nevada, Estados Unidos. Pero la realidad es que en Paradise sí existe un conglomerado urbano, adjunto a la Ciudad de Las Vegas, conocido como Las Vegas Strip, y Las Vegas Strip son Las Vegas que nos espera a nosotros como turistas: Las Vegas de los Casinos y los espectáculos.

Bueno, porque Paradise es Las Vegas que me interesa conocer. No importa que yo no sea un tahúr, ni rumbero, ni eso, pero es algo que debo hacer alguna vez en mi vida.

[Esta ciudad aparece en mi conteo de 30 ciudades como la #23]

Seoul

Seoul (por Clint Sharp en Flickr)

7. Seúl, República de Corea

Seoul at Night

Seoul at Night (por David Simmer II en Flickr)

Haber estado en el terminal de tránsito internacional del aeropuerto de Incheon no cuenta porque ni siquiera atravesé inmigración y porque el aeropuerto queda en la isla de Incheon, que no es Seúl.

Hay otras varias metrópoles del sur y oriente de Asia que me gustaría conocer, pero me decando por Seúl y Singapur por ser países distintos y, en el caso de la capital coreana, por la tecnología que he empezado a admirar de ellos, por el Gangnam Style, por Pukka y por muchas otras cosas más que han venido despertando mi fascinación.

Bosphorus

View of the Boshporus from the Marmara Hotel, Taksim Square. (via Wikimedia Commons)

6. Estambul, Turquía

Hagia Sophia, Istanbul at dusk

Hagia Sophia, Istanbul at dusk (por David Spender en Flickr)

El punto donde Asia se encuentra con Europa. El Bósforo que une al Mar Negro con el Mediterraneo. Constantinopla o Bisancio; la Capital del Imperio Romano de Oriente y luego la ciudad más importante del Imperio Otomano y de la actual Turquía. El lugar donde los romanos construyeron una catedral a la santa sabiduría, convertida luego en mezquita.

Estambul no es sólo una ciudad con historia milenaria, sino un punto donde gran parte de la historia Europea se desarrolló dejando su impronta.

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Singapore city night skyline from Marina Bay Sands (via Wikimedia Commons)

5. Singapur

Marina Bay Sands

Marina Bay Sands (via Pixabay)

Además de Seúl, hay varias metrópolis del sur y oriente asiático que me encantaría conocer. Ya tengo Bangkok y Tokio a mi haber, pero en la lista siguen Hong Kong, Shanghái, Taipei, Kuala Lumpur y, desde luego, Singapur.

Esta ciudad estado que creció como un centro de comercio y financiero frente a todo el tráfico marítimo entre el oriente asiático y Europa se yergue como una metropolis moderna sobre el mar muy cerca a las antípodas de mi natal Bogotá. Allá abajo, al otro lado del mundo. Envidiada por algunos por su baja tasa de criminalidad, temida por otros por haber logrado tales tasas a punta de una legislación penal draconiana, pero sin duda una ciudad interesante y, si no alcanzo a conocer a las demás metrópolis de la región, será con la que sin duda me conforme.

Charles Bridge, Prague

Charles Bridge, Prague (via Wikimedia Commons)

4. Praga, República Checa

Ginger and Fred

Ginger and Fred (vía Photographic walks)

Casi paso por Praga sin entonces saber qué me estaba perdiendo, incluyendo que esa ciudad era escenario de mi video favorito en esa época: Never Tear Us Appart de INXS. Desde entonces y tras haberme informado de qué fue lo que me perdí, me siento en deuda con esa ciudad. (los detalles aparecen en el link de abajo).

A orillas del río Moldava, Praga se ve una ciudad hermosa. Y los videos musicales y películas que retratan la ciudad sólo añaden más deseos de conocerla. Eso, y la deuda que tengo conmigo mismo, hacen que Praga esté en esta lista de ciudades que debo conocer.

[Esta ciudad aparece en mi conteo de 30 ciudades como la #27]

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Tarde lluviosa en el Zócalo (por Carlos Adampol Galindo en Flickr)

3. Ciudad de México, México

Columna de la Independencia de México

Columna de la Independencia de México

La única vez que estuve en Ciudad de México fue haciendo escala entre Bogotá y San Francisco, y ni siquiera nos dejaron bajar del avión. Así que para cualquier efecto real nunca he estado en México.

Y México es de esas ciudades que debo conocer, así sea para no sentir envidia de todos mis amigos que sí han estado en México, comenzando por mi señora.

Una ciudad que contrasta lo colonial con lo moderno, y con la tradición prehispánica. La gran urbe latinoamericana.

Plaza de Armas

Plaza de Armas (por Pablo Andrés Rivero en Flickr)

2. Lima, Perú

Miraflores

Miraflores (por Neo-Kat en Flickr)

De Sudamérica hay muchos sitios que me gustaría conocer: Santiago, Buenos Aires, Río de Janeiro, etc. pero Lima tiene un lugar especial para mí.

Primero, se trata del Perú, y el Perú que quiero conocer no se limita a Lima sino que incluye a Cusco, Machu Pichu y el resto de los Andes cuya entrada es Lima, pero Lima es más que la entrada al Perú (viajando por aire), sino que es la gran capital de la Sudamérica hispánica, con toda la historia que ello conlleva, y la metrópolis moderna en la que se ha venido convirtiendo. Lima tiene muchas de las cosas que puedo disfrutar de una ciudad incluyendo el mar ahí al lado.

[Esta ciudad aparece en mi conteo de 30 ciudades como la #3]

Menciones de honor

No clasificaron entre las diez primeras, pero están en mi lista corta de ciudades que quiero conocer, sin ningún orden en particular: Santiago de Chile, Buenos Aires, Río de Janeiro, Shanghái, Hong Kong, Dubái, Alejandría, Jerusalén, Oia (Santorini) y Moscú.

City of London skyline from London City Hall

City of London skyline from London City Hall

1. Londres, Reino Unido

Big Ben y London Eye

Big Ben y London Eye (via Pexels)

Es la principal ciudad de Europa occidental en la cual nunca he estado, y una ciudad donde viven o han vivido muchos de mis amigos del colegio, la universidad, mi familia, etc. Casi que soy la única persona de mi entorno cercano que nunca ha estado en Londres.

Pero no es solo por ese tipo de envidia que quiero conocer Londres. Londres es una ciudad con historia, con sitios emblemáticos como el Museo Británico, lugares de interés literario, la gran ciudad moderna que se yergue sobre la ciudad histórica. El puente de la torre, el London Eye, la Catedral de San Pablo, los palacios de Buckingham, Westminster, ese estado feudal que perdura dentro de la gran urbe llamado la Ciudad de Londres, la tumba de Marx, el Museo Británico, las plazas de Trafalgar y Picadilli, el observatorio de Greenwich, los buses rojos, el Támesis.

Y sí. la envidia. (Y la gente que aún está allá.)

[Esta ciudad aparece en mi conteo de 30 ciudades como la #1]

Olor a río

Las fotos que tengo sobre elefantes y la balsa de bambú fueron en el río Taeng, uno de los principales afluentes del río Ping.

Ríos Taeng, Ping y Chao Phraya.

Ríos Taeng, Ping y Chao Phraya.

El río Ping pasaba al lado del hotel donde me hospedé en Chiang Mai. Más abajo el Ping se une al río Nan para formar el río Chao Phraya, o río de los reyes, esa gran arteria fluvial que atraviesa a Bangkok donde se divide en diversos canales de irrigación y navegación. Así que gran parte de mi estadía en Tailandia ocurrió sobre ese sistema fluvial.

A veces pareciera que Colombia no es una nación de ríos. Nuestro territorio esta surcado por innumerables ríos. Varios de ellos posiblemente más caudalosos que el majestuoso Chao Phraya, y en el litoral pacífico y en el suroriente colombiano los ríos son el principal medio de transporte y subsistencia. Pero el grueso de la población colombiana vive en los altiplanos y valles andinos y el litoral caribe cerca a los ríos pero sin integrarlos plenamente.

Posiblemente mi perspectiva esté sesgada por mi experiencia como bogotano que tan sólo ocasionalmente ha visitado a ciudades como Cali, Medellín y Barranquilla.

Uno de cada cinco colombianos vive en la cuenca del río Bogotá. Pero no viven el río. El río se ha convertido apenas en ese necesario pero incómodo desagüe. De niño crecí creyendo que caño era más afín a alcantarilla que a los incómodos ríos que atraviesan la ciudad son sólo desagües tributarios del desagüe mayor: el río Bogotá.

Los ríos Cali y Medellín parecen tener un poco mejor suerte pero la ciudades no viven alrededor del río sino que estos son rajas en medio de la ciudad y en Barranquilla el Magdalena es el puerto, no la arteria, mientras que todos los arroyos secos que atraviesan la ciudad los pavimentaron y los llamaron “calles”. Tal vez porque Barranquilla al margen del Magdalena y no alrededor del mismo.

El tipo de vida alrededor del río que vi en Bangkok no la puedo imaginar en Colombia. Por aquí el referente más cercano que tengo es el de Guayaquil. Otros sitios que conozco pueden incluir Viena y su Danubio (y por películas otra ciudades alrededor del Danubio), París y su Sena o Estocolmo y sus lagos. Puedo presumir si Londres y su Támesis.

Reflexiono sobre esto a partir de algunas críticas que leo sobre la propuesta ambiental de Enrique Peñalosa respecto a Bogotá y sus ríos sin haberla leído directamente ni haber averiguado la de los otros candidatos.

La idea parece ser acercar a la ciudad a sus ríos y humedales mediante la construcción de parques recreativos y el saneamiento del río. Parafraseando un poco a Miguel Olaya, convertir a los ríos y humedales en prístinos espejos de agua al rededor de los cuales se construyen parques de cemento para que los bogotanos podamos ir a ver nuestro río.

La otra opciórecuperar los ríos no pensando en la gente sino buscando restablecer su ecología original. Llevado a un extremo es divorciar aún más al bogotano de su río con el fin de que el bogotano no termine de arruinar el río, estableciendo un parque ecológico (no recreativo) alrededor del curso de agua.

Igual no somos una nación de ríos y tal vez no valga la pena pretender que los bogotanos lo seamos. Por románticos que sean el Sena o el Danubio en medio de París o Viena. Por interesante que pueda se ver actividad humana volcada sobre un río como el Chao Phraya o por bonito que haya quedado el malecón de Guayaquil, por pintoresco que sea ver pescadores de caña en los canales de Estocolmo o en el río Ping en Chiang Mai, el río Bogotá y la dinámica demográfica de la ciudad no dan para ello y la recuperación ecológica tiene mayor sentido.

Un río que no huela a alcantarilla pero que sí huela a río.

Un pez viendo el agua

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Wat Suan Dok, primer templo visitado y un dejavu a los templos japoneses con un feeling de templo católico.

Puedo ver un contraste en la forma como se vive el budismo en Tailandia frente a lo que vi en Japón; pero dado que no investigué a fondo, probablemente mi percepción esté bastante desfasada de la realidad.

Crecí en un país mayoritariamente católico, cuando aún el catolicismo era la religión oficial y había un concordato con la Santa Sede. En ese sentido, por lo general se daba por contado que tu vecino o el extraño en la calle era católico y la mayor diferencia era qué tan devoto era cada quien. Desde la beata rezandera que iba cinco veces por semana a misa, hasta el que nunca asistía y hablaba mal de los curas. Lo que cada persona en particular creyera sobre cosmología o teología era irrelevante: todos eramos católicos.

Wat Phra That Doi Suthep

Wat Phra That Doi Suthep. Mientras unos toman fotos, otros van en procesión recitando oraciones y dando vueltas al monumento central.

Salvo la región sur de Tailandia donde hay importantes grupos musulmanes, y pequeñas minorías cristianas salpicando la geografía, en Tailandia todos son budistas. Y todos son budistas como en Colombia eramos católicos. Algunos muy devotos y otros que viven como si la religión no existiera o no fuera importante. A la hora de la verdad, y mientras no se ofendan los símbolos o las creencias, a nadie le importa si el otro cree más o menos o si es o no un budista de verdad.

Estar entre los templos de Tokyo, Kyoto o Kamakura siento que prima el espacio sobre la gente. Muchos de quienes van lo hacen con devoción para pedir o pagar favores a los espíritus, para meditar u orar. Otros, incluyendo muchos japoneses, van para admirar el espacio, la arquitectura o las obras de arte que se exponen; y usualmente convive el respeto entre el turista y devoto. Algo parecido se nota en los templos tailandeses, pero la gente se siente más que los espacios. En algunos aspectos me sentía como cuando uno recorre iglesias turísticas en el sur de Europa o Colombia, donde la devoción y el turismo se agolpan en un mismo espacio.

Altar en el hotel

Altar en el hotel. Se observa cómo dejan ofrendas en monedas, collares hechos con billetes tejidos y comida.

Creo que lo que quiero decir es que en Tailandia, la práctica budista me recuerda mucho del catolicismo popular. Ese catolicismo que para muchos protestantes ni siquiera es cristiano, sino que está lleno de imágenes de santos, ofrendas para pedir favores, rezos y manifestaciones físicas y públicas; tal vez cierta dosis de paganismo disfrazado de monoteísmo; y que no es algo que recuerde haber vivido o sentido en Japón, aún en sus templos, donde la manifestación religiosa más parece un ritual de vida, como el rito del té o los saludos elaborados entre amigos.

Personalmente me gusta observar la expresión cultural que se manifiesta en los rituales religiosos, mientras estos no maltraten a otras personas. Cuando asumí mi irreligiosidad no lo hice porque los dioses me cayeran en desgracia o porque detestara la práctica religiosa, sino porque no concibo lo sobrenatural como una necesidad para entender el mundo y porque el dios que por muchos años intentaron explicarme siempre fue para mí una variable más que hoy veo redundante.

Common respect... to Buddha

Common respect… to Buddha. Un pedido a respetar la sensibilidad religiosa y no usar imágenes de Buda como decoración.

Veo la expresión religiosa como una expresión cultural. Y como toda expresión cultural, hay cosas que me disgustan, tales como las corridas de toros, y cosas que gustan. Cosas que me parecen pintorescas y cosas que me parecen necesarias como aglutinante social. Bien sea el budismo al estilo tailandés o el catolicismo al estilo colombiano; bien sea el cristianismo evangélico o el luteranismo sueco; bien sea el islam o el budismo japonés, encuentro algo fascinante en la religión y la religiosidad independientemente de que no crea en sus dogmas.

Finalmente la vida no se trata de probar que lo que creo es más o menos cierto de lo que creen los demás. Es vivir, es sentir la experiencia e interpretarla de acuerdo a cómo hemos aprendido a interpretar las cosas. A pesar de todos los problemas que veo que las religiones causan, creo que es algo tan integral a la cultura humana que no soñaría con abolirla.

Lo que me fui a hacer

Fui tres veces concursante en las Olimpiadas Internacionales de Matemáticas. He sido ya tres veces coordinador de las mismas. Estuve en otra en una figura que podría llamarse de observador (entre observador 3 y observador 2 en la nomenclatura actual). Si bien sé que muchos están al tanto de qué son las Olimpiadas Internacionales de Matemáticas, muchos de los que leen esto no, así que aquí les explicaré un poco de qué es y que se hace en una Olimpiada.

La Olimpiada Internacional de Matemáticas es un evento que se realiza cada año, usualmente en julio, en un país distinto cada vez. La primera fue celebrada en 1959 en Rumania contando con la participación de siete países de la cortina de hierro, pero pronto comenzó a abrirse con el objetivo de ser un evento sin orientación política. La quincuagésima sexta olimpiada, recientemente celebrada en Chiang Mai (Tailandia), contó con la participación de más de cien países, incluyendo países tan recientemente reconocidos como Kosovo.

Cada país participa con un equipo de seis estudiantes (menores de 20 años y sin estudios universitarios), quienes compiten individualmente. Varios países no completan el equipo de seis por diferentes motivos. Los estudiantes presentan dos pruebas de tres problemas cada uno, en dos días consecutivos, y tienen cuatro horas y media para resolver cada prueba. Para efectos de puntuación y calificación se considera como una sola prueba de seis problemas. Cada problema recibe un puntaje de 7 si se completa satisfactoriamente o 0 si no se hace nada, con posibles puntajes intermedios reconociendo metas parciales o avances hacia la solución. De esta forma cada estudiante puede tener como puntaje final un número entre 0 y 42.

Normalmente los problemas consisten en probar una conjetura, o en hallar con justificación un resultado. Aquí van, a modo de ejemplo, los tres problemas que ayudé a coordinar:

2013.

Una configuración de 4027 puntos del plano, de los cuales 2013 son rojos y 2014 azules, y no hay tres de ellos que sean colineales, se llama colombiana. Trazando algunas rectas, el plano queda dividido en varias regiones. Una colección de rectas es buena para una configuración colombiana si se cumplen las dos siguientes condiciones:

  • ninguna recta pasa por ninguno de los puntos de la configuración;
  • ninguna región contiene puntos de ambos colores.

Hallar el menor valor de k tal que para cualquier configuración colombiana de 4027 puntos hay una colección buena de k rectas.

2014

Sea n ≥ 2 un entero. Consideremos un tablero de tamaño n × n formado por n2 cuadrados unitarios. Una configuración de n fichas en este tablero se dice que es pacífica si en cada fila y en cada columna hay exactamente una ficha. Hallar el mayor entero positivo k tal que, para cada configuración pacífica de n fichas, existe un cuadrado de tamaño k × k sin fichas en sus k2 cuadrados unitarios.

2015

Determinar todas las ternas (a, b, c) de enteros positivos tales que cada uno de los números

abc,   bca,   cab

es una potencia de 2.

(Una potencia de 2 es un entero de la forma 2n, donde n es un entero no negativo.)

Dejo al lector, a manera de ejercicio, la solución de estos problemas.

Equipo colombiano en 1989, Brunsvick, Alemania Occidental

Equipo colombiano en 1989, Brunsvick, Alemania Occidental

Cuando era estudiante, mis olimpiadas consistían en lo siguiente: llegaba a la ciudad donde nos recibían (respectivamente Sydney, Brunsvick y Beijing), en ocasiones con algunos pocos días de antelación para aclimatación y ajuste al horario. El primer día nos recibían y nos daban alojamiento. El segundo día por la tarde era la inauguración. El tercer día era la primera prueba. El cuarto día era la segunda prueba, y en seguida habían varios días de paseos y excursiones mientras los jurados calificaban las pruebas. Las pruebas calificadas iban apareciendo en un tablero que podíamos consultar por la tarde. Al final del proceso nuestros líderes nos daban la noticia: cuántos puntos sacamos cada uno de nosotros y dónde fueron los cortes de medallas. Al día siguiente era la premiación; usualmente un banquete de despedida y al día siguiente nos íbamos.

Como dije, cada estudiante participa individualmente y obtiene una calificación entre 0 y 42 puntos. Normalmente se espera que cerca de la mitad de los concursantes obtenga medalla y en proporción 3:2:1 se distribuyen las medallas de bronce, plata y oro. Por ejemplo, en 2015 participaron 577 estudiantes, así que ganarían medalla 288 de ellos, siendo 144 medallas de bronce, 96 medallas de plata y 48 medallas de oro. Ese sería el ideal, pero como los puntajes se repiten, rara vez coinciden esos números con precisión. En Chiang Mai 282 estudiantes obtuvieron medalla, de los cuales 143 fueron bronce, 100 plata y 39 oro.

Sólo cuando se tienen todos los puntajes y se reúne el jurado por última vez es que uno, como estudiante, sabe si obtuvo medalla y cual medalla fue.

La competencia por países se basa en la suma de los puntajes de todos los estudiantes del respectivo equipo. El máximo puntaje posible por país sería entonces 252 puntos, que solamente ha sido logrado una vez: Estados Unidos en 1994. China, en 31 participaciones desde 1985, ha ganado la competencia por países en 19 oportunidades. La Unión Soviética, con 29 participaciones (hasta su disolución en 1991) obtuvo 14 veces el primer puesto. (Desde 1988 que ocupó el segundo lugar, y con excepción de 1996 que ocupó el sexto, China sólo ha quedado de primera o de segunda.)

Participé tres veces como estudiante. Obtuve sendas tres medallas de bronce. Y al siguiente año, coincidió que las olimpiadas se celebrarían en el mismo país, la misma provincia a la que me fui a vivir por motivos de trabajo de mi papá, así que estuve involucrado acompañando a los estudiantes (todos conocidos) y asistiendo a una sesión de coordinación. Eso fue en Sigtuna, Suecia, en 1991. Luego, alguna vez apoyé un entrenamiento en Colombia, o ayudé a calificar unas pruebas, pero estuve mayormente desvinculado a las Olimpiadas Internacionales hasta 2013 cuando fueron organizadas en Colombia.

2013En 2013, para la quincuagésima cuarta Olimpiada, los organizadores decidieron que todos los coordinadores locales fueran exconcursantes olímpicos. Me llamaron y acepté.

¿Qué es un coordinador?

Bueno, ya expliqué como es una olimpiada para un estudiante: va, presenta un par de pruebas, pasea y asiste finalmente a la premiación y regresa. De dónde salen los problemas y cómo es el proceso de calificación es un misterio. Más o menos: tampoco es que sea información secreta, pero es un proceso que uno no ve.

Los problemas son propuestos por los diferentes países varios meses antes de la competición. El país anfitrión convoca entonces a un comité de selección de problemas, compuesto generalmente por matemáticos del país anfitrión y personas con experiencia en el proceso. Ellos evalúan los problemas propuestos, ocasionalmente proponen cambios y crean una lista de problemas preseleccionados, o short list, buscando que haya una selección de cerca de una decena de problemas de nivel básico, alto y medio en las áreas de álgebra, combinatoria, geometría y teoría de números (aritmética).

Cerca de tres días antes de que lleguen los estudiantes, se reúnen los líderes de los equipos. Además de los seis concursantes, un equipo se compone de un líder y un profesor acompañante (llamado también colíder o deputy leader). El conjunto de los líderes de los equipos forman lo que se llama el Jurado, quienes son los que toman todas las decisiones con respecto a la competición. Su primera labor es la de seleccionar entre los problemas de la short list, los seis problemas que se presentarán en la competencia, en ocasiones proponiendo algún cambio en alguno de ellos.

Equipo de coordinación

Parte del equipo de coordinación del problema 2 de la IMO 2015.

Todos los problemas tienen una, o generalmente dos, soluciones oficiales que son conocidas por el comité de selección de problemas y dada a conocer al jurado. Pero se buscan otras posibles soluciones. Entre los líderes y los coordinadores se buscan soluciones alternativas. La primera gran labor de los coordinadores consiste en crear un esquema de puntuación: esto es decidir qué logros o metas parciales puede lograr un estudiante para obtener 1, 2, 3, 4, 5 o 6 puntos en el problema. Para ello los coordinadores conforman equipos dedicados a cada uno de los problemas. El equipo es liderado por un capitán de problema que puede o no ser coordinador. Cada equipo evalúa las posibles soluciones, qué tanto esfuerzo implican y qué merece o no un reconocimiento parcial y se crea así el esquema de puntuación.

El esquema de puntuación es presentado al jurado el cual puede aprobarlo, modificarlo o pedirle al equipo de coordinadores de ese problema que lo modifique.

El objetivo del esquema de puntuación es poder unificar al máximo los criterios que permitan comparar a los estudiantes entre sí, buscando que la calificación sea lo más justa y menos subjetiva posible. Lograr esto es labor primordial del equipo de coordinadores.

Antes del primer día de competencia (día de la primera prueba) cada problema debe estar escogido, traducido y con un esquema de marcación aprobado.

Una vez presentados los exámenes y sacadas las respectivas copias de los mismos, la labor de los coordinadores consiste en evaluar lo que hizo cada estudiante y determinar cuanto puntaje obtiene en el respectivo problema. Usualmente los coordinadores trabajan por parejas y cada pareja (o mesa) tiene que coordinar a cierto número de países. Así que los coordinadores obtenemos las copias de lo que los estudiantes de esos países contestaron en nuestro problema. Soluciones escritas a mano, en todo tipo de caligrafías, idiomas y orden, y nos corresponden determinar si son una solución completa de 7 puntos o si hay méritos para puntos parciales (entre 1 y 6 puntos), o no es suficiente (0 puntos), de acuerdo con el esquema de puntuación.

Desde luego, los estudiantes siempre encuentran una forma de solucionar el problema de una forma que no fue anticipada por el esquema de puntuación. Si la solución es completa no importa: son 7 puntos. Pero si es una aproximación, un resultado parcial, viene el primer desafío de coordinación. ¿Cuánto merece el estudiante por esa solución parcial que no está en el esquema de puntuación? En particular, si el esquema de puntuación otorga 1 punto a algo que es una buena idea de acuerdo a las soluciones oficiales. ¿Qué es una buena idea en una solución no anticipada?

Con mi compañera de coordinación

Con mi compañera de coordinación

La coordinación, en la forma más simple, es que los coordinadores se sienten a la mesa con el líder y profesor acompañante de cada equipo, y se pongan de acuerdo con cuantos puntos hay, de acuerdo al esquema de puntuación, en la solución de cada estudiante. Muchas veces esto es muy fácil: soluciones completas y fáciles de leer y de seguir (7 claros), nada escrito que valga la pena (0 claros) o cosas que escribe el estudiante que coinciden con el esquema de puntuación (puntos parciales claros).

Luego viene el siguiente caso más o menos fácil de coordinar: cuando los coordinadores no reconocimos un logro de un estudiante que los líderes sí (en ocasiones pasa al revés) o hay problema con la traducción de alguna palabra que puede resolverse fácilmente, o cuando el líder ha interpretado incorrectamente el esquema de puntuación pero acepta fácilmente la interpretación correcta.

Luego vienen los casos difíciles. Un caso complicado es cuando el estudiante parece haber resuelto el problema (o un problema parcial) pero tiene una falla en su argumentación. El líder suele pedir el máximo puntaje otorgable a ese logro y los coordinadores no suelen querer otorgar ese puntaje. La discusión se centra entre los coordinadores tratando de convencer a los líderes que la falla es grave y los líderes tratando de convencer de que es una falla menor.

El otro caso difícil es cuando el líder está convencido de que su estudiante tuvo una buena idea hacia una solución no contemplada en el esquema de puntuación. El principal problema aquí es determinar qué tan buena es la idea o qué tan relevantes son los resultados parciales. En ocasiones esto implica que el coordinador deba hablar con su capitán o con el equipo de coordinadores para buscar que el puntaje final sea lo más justo posible frente a estudiantes que intentaron u obtuvieron ideas contempladas en las soluciones oficiales.

No es un caso difícil pero sí desgastante, cuando los líderes insisten en ver logros que no existen, o tratan de vender que el estudiante tuvo un esfuerzo grande sobre ideas que no llevan a solución; u otras formas en los que un líder quiere convencer que un estudiante merece más puntos de los contemplados sobre casos o esquemas de solución que ya han sido contemplados y discutidos.

Esa es la coordinación. Al final de la coordinación con cada líder, si se llega a un acuerdo, se firma con copia la hoja de puntajes entre el líder y uno de los coordinadores de la mesa, y si no se citan más reuniones hasta que se llegue a un acuerdo, muchas veces mediado por una decisión del capitán de problema, usualmente tras discusión con todo el equipo de coordinadores cuando falta claridad.

Si el acuerdo no es posible, la decisión final queda en manos del jurado.

Una vez listas casi todas las coordinaciones, se llega a la última reunión de jurado. El primer punto es definir los pocos (uno, dos o tres, usualmente) casos de desacuerdo. El coordinador expone sus puntos, el líder expone sus puntos y el jurado (es decir todos los demás líderes, muchos de ellos que aceptaron la decisión del coordinador sobre casos parecidos con ellos) votan para dar la razón al coordinador o al líder. Creo que tan sólo una vez en los últimos 20 años, un jurado le dio la razón al líder.

Aprobados esos últimos casos, el jurado aprueba todos los puntajes. (Siempre que he visto esa decisión ha sido por unanimidad, así que supongo que eso es algo más bien de trámite) y viene la decisión final: establecer los cortes de medallería, es decir a partir de qué puntaje es bronce, plata y oro.

Este año en Tailandia se optó por una innovación. El jurado no votó por los puntajes específicos. El personal técnico simplemente estableció que con un corte habría tantas medallas y con un punto más habría tantas otras medallas, y así para el corte de plata y oro. Específicamente, con un puntaje habría 307 medallas y con el puntaje siguiente habría 282, cuando el ideal debía ser de 288 medallas. Al no conocer el valor de ese puntaje el jurado votó por la opción más cercana al ideal, sin saber si sus estudiantes estarían o no en el corte de medalla.

La responsabilidad de la coordinación depende del país anfitrión. En Colombia en 2013 y en Sudáfrica en 2014, el grueso de coordinadores locales fuimos exconcursantes olímpicos. En Tailandia en 2015, el grueso de coordinadores locales salieron de matemáticos tailandeses que habían hecho doctorados en el extranjero. En Argentina en 2012 y según me contaron, muchos de los coordinadores locales fueron profesores de escuela. Junto con los coordinadores locales, cada país puede invitar a cierto número de coordinadores extranjeros que aporten experiencia y gracias a ello me invitaron a Sudáfrica en 2014 y a Tailandia en 2015.

Como coordinador, yo no represento a Colombia (salvo cuando fui coordinador local) y, definitivamente no represento ni tengo vínculo con el equipo colombiano, ni sus líderes. Muchos coordinadores extranjeros tienen vinculación con el proceso local en sus respectivos países, pero durante la olimpiada somos parte de la organización local del país anfitrión. Ahora, para evitar suspicacias, nunca me tocó coordinar al equipo colombiano. Incluso, este año, hubo un desacuerdo entre los líderes colombianos y los coordinadores de mi problema, siendo la única discusión a nivel del equipo de coordinadores de la cual no participé; no porque yo no pudiera ser balanceado, sino para evitar cualquier tipo de suspicacia.

Pero el país anfitrión también es un país concursante. Y si los coordinadores estamos a nombre del país anfitrión, alguien tiene que coordinar al país anfitrión.

Los problemas que son escogidos para las pruebas son problemas originalmente propuestos por alguno de los países participantes. El problema que coordiné en Tailandia fue un problema propuesto por Serbia. La coordinación de ese problema para el equipo local, corresponde entonces al líder serbio con el apoyo bien del capitán de problema o de un coordinador extranjero. Esta responsabilidad me correspondió a mí (a pesar de que en mi equipo de coordinación había también dos coreanos y un hongkonés.)

Sí, alimenté un elefante

Sí, alimenté un elefante

Así que eso fue lo que me fui a hacer a Tailandia. Ayudar a que la quincuagésima sexta Olimpiada Internacional de Matemáticas funcionara apoyando en la coordinación.

Ya lo otro: sufrir por haberme quedado varado en Houston, o haber alimentado un elefante, o no saber en qué lugar suburbano del gran Bangkok me encontraba 8 horas antes de mi vuelo a casa, fueron elementos extra en mi experiencia personal.

La saga de Ugenito

Ugenito estaba invitado a ayudar a coordinar un evento al otro lado del mundo. ¡Yupi por Ugenito! Pero la invitación sólo cubría pasajes hasta por x cantidad de money. Así que Ugenito se metió a googlear todas las combinaciones posibles de vuelos y nada salía por menos de x. Tal vez Ugenito no podría ir, o sólo podría ir si completaba la diferencia. ¡Pobre Ugenito!

Pero surgió un plan de unas vacaciones en Disney para Ugenito y su familia. Ugenito pensó: si igual está el gasto de los pasajes para las vacaciones, tal vez el resto del pasaje para el evento saliera por menos de x. De nuevo Google flights a probar combinaciones. Pero nada cuadraba bien. Lo mejor que Ugenito encontró fue volar Bogotá–Nueva York, Nueva York–Florida, Florida–Bogotá, en un tiquete, y Nueva York–Tailandia, Tailandia–Nueva York en el otro; este último con escala en Moscú u otro puerto en Europa o el nororiente de Asia.

Pero aun faltaban las visas y la financiación, porque esa x cantidad de money, se la pagaban a Ugenito una vez llegara a Tailandia. Así que tocaba esperar. Y tocaba decirle a los organizadores que invitaban a Ugenito a que esperaran, hasta que hubiera una luz verde.

Pero los organizadores sólo podían esperar hasta el 15 de mayo, 50 días antes del inicio del evento, y para ese día Ugenito aun no tenía la visa USA en sus manos. Los gringos tenían el pasaporte de Ugenito, lo que significaba que casi seguro se la daban, pero casi seguro no es lo mismo que tenerla en la mano. Además el 15 de mayo en Tailandia es el 14 en Bogotá. Así que el 14 en la noche Ugenito se metió de nuevo a Google flights, para comprobar que las tarifas supereconómicas de pasajes a Nueva York y de Nueva York a Tailandia ya no estaban disponibles. ¡Pobre Ugenito! Pero probando combinaciones y combinaciones encontró algo casi igual de bueno: volar por Houston, con escala en Miami. Ugenito se arriesgó: sin tener claridad de la financiación y de la visa USA, Ugenito compró el pasaje Bogotá–Miami–Houston, Houston–Miami, Miami–Bogotá por American Airlines; y el pasaje Houston–Beijing–Bangkok, Bangkok–Beijing–Houston por Air China; con apenas los tiempos necesarios para bajarse de un vuelo y tomar el otro. Fort Lauderdale u Orlando hubieran sido mejor que Miami, pensaba Ugenito. Pero la tarifa por Miami estaba mejor. Incluso que una tarifa directa a Houston.

El evento no era en Bangkok sino en Chiang Mai, así que aún faltaba el tramo Bangkok–Chiang Mai, pero Ugenito sólo lo compraría cuando tuviera más claridad en el viaje.

Lo otro era que la decisión de Ugenito de comprar los pasajes así, imponía las fechas para las vacaciones familiares en Disney.

14 de mayo fue un jueves. El sábado 16 de mayo llegaron los pasaportes a la oficina de DHL, pero cuando Ugenito comprobó, la oficina estaba pronta a cerrar y no alcanzaba a desplazarse. El 18 de mayo era festivo, así que Ugenito tuvo que esperar hasta el martes a primera hora para ir a la oficina y reclamar los pasaportes. Primer alivio para Ugenito: las visas a USA aprobadas para todo el grupo familiar. Al menos no se perdió esa platica.

Con el pasaporte y la claridad, Ugenito fue a sacar la visa a Tailandia. Sin problemas. Pero el problema fue cuadrar ahora las vacaciones familiares. Ugenito regresaba el 17 de julio a Miami y el 28 regresaba de Miami a Bogotá. Tal vez lo mejor era que el resto de la familia de Ugenito volara el 18 a Orlando y regresara el 28 desde Miami, pero mientras se tomaban las decisiones los pasajes para esas fechas se subieron. Finalmente se cuadraron los pasajes: la familia llegaba el 19 a Orlando (directo a Disney) y regresaba el 29 de Fort Lauderdale.

Eso dejaba a Ugenito con todo el sábado 18 de julio solo en Miami, y buscando alternativas para llegar el 19 a Orlando. Por otro lado estaba el transporte familiar. Todo sugería que lo mejor era alquilar una Minivan en Orlando cuando acabara el plan Disney y regresarla en Miami. Habría transporte para los planes Universal, Sea World, Legoland, Sarasota, y para hacer vueltas en Miami. Otra alternativa era alquilar en Miami y devolver en Miami y dejar el carrito parqueado en Disney (gratis) durante esos días.

Indagando en los siempre cambiantes precios de alquileres de autos Ugenito encontró una super oferta: una minivan tomada en Miami el 19 (lejos del aeropuerto) y entregada el 28, por debajo de 400 dólares. Pero Ugenito se olvidó de reservarla. Cuando fue a ver nuevamente la opción ya no existía. La siguiente mejor opción: tomar una minivan en Disney el 24 y devolverla el 28 en Miami International. Esta vez Ugenito aseguraría la reserva. Detalles aún por cuadrar, pero todo se veía bien. Ugenito estaba satisfecho.

Con ya casi todo listo, hablando con amigos habría plan para el sábado 18 en Miami. En cuanto a las conexiones faltantes: Bangkok–Chiang Mai podría hacerlo en tren nocturno (se ahorraba una noche de hotel) y Chiang Mai–Bangkok en un vuelo económico. Quedaban pendientes las noches en Miami y el viaje Miami–Orlando, pero eso ya se cuadraría en su debido momento.

Día antes del viaje, sobre las 9 de la noche a preparar finalmente la maleta. La señora de Ugenito fue generosa en tomar el liderazgo y empacó varios pantalones, varias camisetas tipo polo, unos zapatos formales y, a manera de equipaje de mano, una maleta de rodachines un poco más pequeña. Ugenito no estaba seguro de la maleta de rodachines, pues se sentía más cómodo con un morral, pero bueno.

A bordo y sin ventanaLlegó el día del viaje: 1o de julio por la tarde. Ugenito había reservado la ventana que tanto le gusta porque Ugenito es curioso y le gusta identificar puntos en tierra mientras estos sean visibles. Pero cuando Ugenito llegó a su silla estaba ocupada. Una niña con escarapela de menor de edad viajando sin compañía le hizo ojitos para que la dejara en la ventana. Ugenito no pudo decirle que no. Pero luego comprobó que el pasillo tenía una ventaja: a la hora de salir era más fácil sacar el equipaje de mano del cosito de arriba y estar en el pasillo listo para correr y no perder la conexión, a esperar que quien estuviera en la silla de pasillo se moviera primero.

Primer retraso: congestión aérea en El Dorado y el vuelo sale con casi media hora de retraso. ¡La conexión! pensaba Ugenito. Pero esa congestión estaba prevista en la hora de llegada, y efectivamente el avión aterrizó en Miami 15 minutos antes de lo previsto. Tranquilidad: se salva la conexión.

Pero el muelle de desembarco estaba ocupado. El avión esperó en zona de carreteo hasta que estuvo libre: 20 minutos después de la hora de llegada. ¡La conexión! Apenas pudo Ugenito salió a paso veloz a inmigración y aduanas. Comprobando por el camino, Miami International no tiene WiFi de cortesía y la WiFi paga cuesta unos cinco dólares. Bueno, después me encargo de avisar a la familia si me fue bien o mal. Mientras tanto: una enorme fila de inmigración. ¡Damn!

90 minutos viendo como lentamente avanzaba la fila de inmigración, y cuando toca la fila final, una vez uno escoge la ventanilla, los cuatro gatos que estaban adelante se demoraban con el oficial eternidades. ¡Me tocó con el más lento! Pensó Ugenito. Finalmente llegó el turno y Ugenito mientras pasaba los papeles le dijo al oficial que tenía una conexión casi inmediata. Todo en orden y fue rápido. ¿Por qué se habrá demorado tanto con los otros? No importa: a buscar la maleta y lograr la conexión: ¡queda casi media hora!

La maleta estaba en la banda (sería el colmo si no tras tanta demora en inmigración). Ugenito agarra la maleta y sale directo a conexiones. Houston está cerrado, le dice el funcionario de American. ¡Pero tengo conexión internacional en Houston! dice Ugenito. De malas, dice el funcionario. Bueno, a correr al módulo de tiquetes para ver qué opciones hay. El vuelto está cerrado pero aún quedan 20 minutos para que despegue el avión. Tal vez Ugenito cuente con suerte.

Ugenito salió, se le cayeron los papeles que tenía a la mano, los recogió como pudo y llegó al módulo de tiquetes: ¡fila!

Ugenito desolado en MIA Finalmente lo atendieron. Nada que hacer. El avión acabada de despegar y era el último vuelo a Houston. Con gusto reprogramaban a Ugenito para el primer vuelo de la mañana y le daban alojamiento y comida en Miami. ¿Qué voy a hacer en Houston si ya perdí la conexión? pensaba Ugenito. Ugenito le dijo a la dependiente que lo pensaría.

Bueno: a comprar los 5 dólares de WiFi porque ¡qué más! Igual serían útiles por un mes y más adelante tendría que usar de nuevo Miami International.

Lo primero: llamar a casa para informar la situación. Lo segundo, llamar a Air China para ver qué acuerdo se puede lograr. Skype sobre la WiFi no estaba tan bueno así que Ugenito buscó teléfono público, pero igual el dependiente de Air China, en inglés con acento chino, no solucionó gran cosa. En Miami no hay oficina de Air China así que, cualquier cosa, sería mejor arreglarla al día siguiente en Houston. Además, perder la conexión a Houston era perder también el pasaje de regreso. Ugenito regresó al punto de tiquetación y tomó la oferta de American: el 2 salía a primera hora a Houston y, mientras, tomaba la oferta de comida, habitación y desayuno.

En el hotel, Ugenito tomó la decisión de ver cómo era la cancelación y el desembolso de Air China. Ugenito pensó que cualquier cosa era mejor iniciar el trámite antes de que despegara el avión de Houston y así lo hizo. Mirar alternativas. La más económica era volar por Korean Air via Seul (Incheon). La República de Corea no exige visa a los colombianos, así que sí es opción. Entre todas las alternativas, la más barata era volar, saliendo el 2 por la mañana de Houston, vía Seul a Singapur (Singapur tampoco pide visa), luego Singapur–Chiang Mai en una aerolínea de bajo costo (igual en cualquier alternativa perdería el tren desde Bangkok) y regresar desde Bangkok llegando el 18 por la mañana a Houston. Ugenito llamó a American y le confirmaron que no habría problema de mover el vuelo del 17 de Houston a Miami, pues era parte de los inconvenientes causados por el atraso.

Ugenito se vio tentado a comprarla, pero tenía dos problemas: la escala en Houston era muy justa y la tarjeta de crédito estaba ya al límite. Consultando con la familia, le dijeron que esperara y que en Houston intentara hablar nuevamente con Air China.

Vuelos atrasados Mañana siguiente: Ugenito llega a tiempo a la sala de espera para comprobar que el vuelo está atrasado. El copiloto se había enfermado y tenían que esperar un reemplazo. ¡Menos mal Ugenito no se apresuró a comprar por Korean!

Un par de horas después despegó finalmente el avión. (No, ni modo, definitivamente no hubiera alcanzado al vuelo de Korean). Y, sobre el medio día, estaba ya Ugenito en el megaaeropuerto tejano. Primera ventaja: en el George Bush Intercontinental Airport de Houston hay WiFi gratis; sin límite de tiempo. Lo primero: buscar una oficina de Air China en el aeropuerto. Y no la hay. En Air China, dentro del aeropuerto, sólo atienden desde 4 horas antes del vuelo que es a la una de la madrugada. Buscar si hay una oficina cercana al aeropuerto: Air China tiene dos oficinas en Houston, pero una es en el centro de Houston, a 50 dólares en taxi, (36 en Uber) y la otra, un poco más cerca al aeropuerto, tampoco estaba tan cerca. Lo mejor era llamar. Al menos esta vez, al otro lado de la línea, no era un chino macheteando inglés sino alguien que entendía el chapuceado inglés de Ugenito y a quien Ugenito entendía sin mayores problemas.

George BushEl aeropuerto de Houston tiene un problema. Fuera de la zona de seguridad no hay nada. Cero comercio. Ningún lugar dónde adquirir una SIM de datos o un teléfono desechable. Nada de restaurantes salvo un par de cafeterías pequeñas. Siempre que Ugenito preguntaba por cualquier cosa, la única respuesta es que fuera al Walmart más cercano (20 dólares en taxi).

Ugenito miraba su aplicación de Uber. Podía estimar tarifas pero no podía usarla porque no había alcanzado a confirmar el número telefónico en Bogotá, y no tenía cómo recibir mensajes de confirmación en Estados Unidos. También la dependiente de Air China hubiera preferido un número en Estados Unidos para devolver la llamada, así Ugenito no estaría esperando a llamar cada media hora a ver si había ya una solución.

Tras mucho pensarlo, la decisión fue salir del Aeropuerto. La pregunta era ¿a dónde? Había buses a la ciudad, pero sin comunicaciones no era buena idea. ¿Un centro comercial? Google maps mostraba uno pegado al aeropuerto. Bueno, allá podría conseguir un almuerzo y con suerte una SIM o un teléfono desechable para permanecer comunicado.

Pero estaba el problema de las maletas. Andar con dos maletas es incómodo en un aeropuerto, pero es más incómodo aún andando en la ciudad o por un centro comercial. Como pudo, Ugenito terminó sacando un morral que traía dentro de la maleta pequeña, empacó la maleta pequeña dentro de la grande como pudo y, con un morral y una maleta los movimientos eran más cómodos.

Buscar un taxi al Mall. ¡23 dólares! El área del aeropuerto Intercontinental de Houston es enorme y lo que se ve en el mapa pegado al aeropuerto está realmente apartado. Primer paso en el Mall: buscar dónde adquirir una SIM o un teléfono desechable. Un Best Buy Mobile pareció ser la solución. ¡Listo! 1GB por 30 días. Un poco caro frente a estándares internacionales, pero eso es lo que ofrece los Estados Unidos a sus visitantes. Al menos Ugenito ya tendría un número telefónico para recibir llamadas y mensajes de texto (p. ej. para terminar de registrar el Uber), y para no estar dependiendo de las WiFi de los aeropuertos, hoteles y centros comerciales.

Segundo paso: almorzar. Cualquier basura, no importa, mientras la panza se sienta satisfecha.

Tercer paso: averiguar que pasó con Air China: malas noticias, cualquier cambio saldría por más de tres mil dólares (cuando el tiquete original había sido por USD 1.033,00).

Cuarto paso: averiguar alternativas. Bueno, de eso se encargó la familia en Bogotá y finalmente consiguieron Korean Air hasta y desde Bangkok, pero el regreso de Bangkok sería dos días después y así mismo la llegada a Houston: ya no sería el 18 sino el 19. ¡Oops! Ugenito llamó a American nuevamente para ver si el vuelo Houston–Miami se lo corrían dos días después. Que no, que por políticas sólo se puede un día, pero sí, que sí podían hacer una excepción. Como parte del proceso, Ugenito aprovechó para correr el vuelo a Bogotá del 28 al 29 (y coincidir con el plan familiar).

Lo otro: estar completa y positivamente seguros de que en Seul no le pedirían visa a Ugenito. Ugenito googleo, encontró el número del consulado de Corea en Los Angeles y llamó. Sí, confirmado: no necesita visa. (Igual, Ugenito comprobaría luego, que nisiquiera necesitaba pasar inmigración en Incheon en conexión internacional).

Listo, salió el pasaje Houston–Seul–Bangkok saliendo el 3, Bangkok–Seul–Houston saliendo el 18 y llegando el 19 y un tiquete Bangkok–Chiang Mai el 5 (con una noche en Bangkok).

Quinto paso: buscar una noche en Houston. Una alternativa que parecía la mejor, un hotelito económico cerca al mall, y al día siguiente un taxi o un Uber (9 dólares, frente a los 23 del taxi) al aeropuerto. El problema es que al lado del mall significaba cruzar una avenida de suburbio gringo: es decir, algo casi imposible de hacer sin carro. Segunda alternativa: un hotel más cercano al aeropuerto (8 dólares en Uber, ni quise averiguar cuanto en taxi) y al día siguiente usar el shuttle del hotel. Por web resultaba mejor el precio que yendo directamente así que Ugenito reservó. Ya con la tranquilidad de tener solucionado todo hasta Chiang Mai, ida y vuelta. Bueno, seguía faltando el tramo Miami–Orlando, pero eso sería problema para otro día.

Sexto paso: cancelar el tiquete de tren de Bangkok a Chiang Mai. Pero ya ese día y a esa hora no le devolvían a Ugenito nada. 18 dólares a la basura. No importa. Ugenito pidió su Uber y estrenó el sistema. En el hotel reorganizaría de nuevo las maletas para asegurarse que la maleta aforada estuviera por debajo de los 20 kilos y la de mano debajo de los 7 que exigiría Thai Smile, la aerolínea de Bangkok a Chaing Mai.

Almuerzo en IncheonSin contratiempos, salió Ugenito el 3 por la mañana a Seul, comprobando que es un vuelo que apenas sí sobrevuela mar, y le hace un quite a Corea del Norte. Llegó Ugenito el 4 a Incheon, almorzó en el aeropuerto y tomó el vuelo a Bangkok que llegaba ese mismo 4 por la noche. Todo bien salvo que al entrar a la fila de inmigración en Tailandia le dijero que tenía que pasar primero por control de salubridad. Okay. Ugenito se devolvió y cuando llegó lo primero que le pidieron fue el certificado de vacunación de fiebre amarilla. ¡Oops! Ugenito tenía su certificado de vacunación junto con el pasaporte desde que le entregaron la visa a Tailandia, pero un par de días antes de salir, los separó y el certificado se quedó en Bogotá en la mesita de noche. ¿Qué hacer? Ugenito buscó entre los papeles, los que se le habían caído en Miami y que algunos no volvió a ver, y encontró la copia del certificado de vacunación que había usado para la visa. El funcionario de salubridad de Tailandia quedó satisfecho y Ugenito pudo ir a inmigración y a reclamar la última maleta que seguía en la banda. Ningún inconveniente en aduanas.

Primer plan de Ugenito: cambiar plata, conseguir una SIM y alojamiento. En ese orden. En últimas una opción sería dormir en el aeropuerto, pero la SIM de datos era para Ugenito artículo de primera necesidad. Tras cambiar 50 dólares, pasó Ugenito por un punto de información. Que no se preocupara por la SIM, pero mire estas alternativas de hoteles. Ugenito insistió que el más económico así no tuviera tantas prestaciones. Que no se preocupara por la SIM que cerca del hotel podría salir más económico. Bueno, está bien. Ugenito esperó el shuttle al hotel y una vez registrado y dejada las maletas salió a buscar una SIM y algo de comer.

Sí. Tal vez cerca del hotel hubiera conseguido una SIM más económica que en aeropuerto, pero no a esa hora. (Adicionalmente por web ese mismo hotel le hubiera salido un 33% más económico: conclusión, la próxima vez asegure la SIM primero y luego sí busque el alojamiento por web. O antes, pero por web.) Igual en el aeropuerto y en el hotel había WiFi, así que la falta de SIM no fue crítica.

Regresando al hotel esa noche, y cruzando la avenida por un paso peatonal señalizado, Ugenito pidió el verde y empezó a cruzar cuando el semáforo cambió. Un taxi le frenó en seco pitando y otro se mostró desesperado. Conclusión: bienvenidos de nuevo al tercer mundo y a los automovilistas que no respetan pasos peatonales. (Nunca más en Tailandia Ugenito se preocupó por hacerle caso a los semáforos peatonales y los cruces demarcados, igual a como veía hacer a los demás tailandeses: bienvenidos a la Bogotá pre-Mockus).

Songthaew en Chiang Mai, los de Bangkok son más chatarritas Aeropuerto Suvarnabhumi, en BangkokDía 5. Juicioso Ugenito tras desayunar una pequeña caminata matutina donde vio que el transporte público en ese sector era a punto de Songthaew (pickups adaptadas) se fue juicioso al aeropuerto, a checkear su viaje, conseguir finalmente la SIM (que sí consiguió: 1GB por 30 días, a la quinta parte de lo que le costó en Estados Unidos) y tomar el vuelo a Chiang Mai, con tiempo para no estar corriendo.

Ugenito llega a Chiang Mai, lo recogen de la organización y lo llevan al hotel. Muy buen hotel el Holliday Inn de Chiang Mai y una habitación espectacular. De eso Ugenito no tuvo nada que quejarse. Excepto que esa primera noche se le olvidó apagar el aire acondicionado y entre los cambios de clima y los aires acondicionados, el resfrío que venía incubando se exacerbó la mañana del 6 y tras tomar el desayuno, Ugenito se acercó a la enfermería por cualquier pasta para el alivio de los síntomas. ¿De dómde viene? Preguntaron los enfermeros. De Bogotá, pero pasé por Estados Unidos y Corea del Sur, contestó Ugenito. ¿Corea del Sur? preguntaron los enfermeros con los ojos abiertos. Resulta que por esos días hay una amenaza del Síndrome Respiratorio del Medio Oriente, Coronavirus (MERS-CoV por sus siglas en inglés) que en Tailandia quieren contener (como que hubo un caso en Bangkok que no trascendió y aun no habían casos en Chiang Mai), pero los viajeros que venían del Medio Oriente o de Corea del Sur, con síntomas de resfrío, eran personas de interés. Así que a Ugenito lo enviaron remitido al hospital más cercano (cruzando la calle del hotel), le tomaron muestras de fluídos, y lo regresaron al hotel con la orden de que permaneciera en cuarentena en la habitación mientras llegaban los resultados de los exámenes.

Y llegaron por la noche: resfrío común. Ya Ugenito estaba finalmente listo para continuar sus labores como coordinador de la 56a Olimpiada Internacional de Matemáticas.

Bienvenido 2015

Uno de los propósitos del año nuevo ha sido el de escribir. El de continuar escribiendo. Digamos que me puse una meta, como por tener algo que medir, como para saber si lo estoy cumpliendo o no: escribir el equivalente a tres páginas diarias para publicar, bien sea que las publique ese mismo día en mi blog, o las reúna para publicarlas más adelante como un libro o algo parecido.

Pues bien, hoy, siete de enero, ya llevo seis días de atraso con ese propósito. Pero ahí nos empezamos a poner en forma.

Quise dejar constancia, al atardecer del 31 de diciembre, de mis primeros propósitos de año nuevo, y aquí los pueden ver:

Así, que ya entrados en gastos, hagamos de este post el cumplimiento de esas primeras tres páginas del año y, de paso, una formalización de mis propósitos y planes para el 2015.

Primero. y ya lo dije: escribir. Escribir pensando en publicar. Si encuentro cómo escribir y que me paguen por publicar, mejor, pero, mientras tanto mantenerme escribiendo y publicando. [nota: igual puedes colaborarme vía Patreon]

Segundo, y ya lo decía en el video: no buscar excusas para no producir al menos un video al mes en cada uno de mis dos canales. [nota: también puedes colaborarme en Patreon]

Tercero: aprender. Continuar aprendiendo matemáticas. Continuar aprendiendo tecnologías web.

Cuarto: ganarme mi viaje a Tailandia. Merecérmelo.

Quinto: Producir un ingreso, sea como ingeniero, como desarrollador, como escritor, como videógrafo, o como lo que sea. Preferiblemente algo legal.

Seis: apersonarme de la educación de mis hijos. Va con todo. Si me quiero ver como una persona que aporta desde su conocimiento y desde sus ideas pensando en contribuir al desarrollo de extraños, también debo pensar en hacerlo con mi obligación primaria que son mis hijos. Además que ellos se lo merecen. Y, por otro lado, es parte del aporte no económico a la economía del hogar.

Siete: retomar el tema de la política, así no sea como parte de un partido en formación.

Ocho: saber y dar razón de lo que pasa en mi casa.

Nueve: mantener una actividad física diaria e irla incrementando. No sólo por el peso sino por la producción natural de endorfinas, la disciplina y esas horas interesantes que tengo para escribir en la mente cosas que nunca voy a poner en papel o publicar, excepto porque, por la primera resolución, sí lo voy a hacer.

Diez: terminar mi proyecto de la novena de aguinaldos. Sin excusas. Meta: conseguir las grabaciones faltantes antes de julio. ¿voluntarios?

Diez es un buen número cerrado. Dejémoslo ahí y espero comentarios.

Que gracias.

Desafíos

Cuando acepté mi apostasía al darme cuenta que ni mis creencias ni mis valores cabían dentro del cristianismo, y por ende tampoco dentro del catolicismo, habían muchas cosas en mi vida que resolver. Mi visión del catolicismo es el de una Iglesia diversa donde igual confluyen laicos reaccionarios como José Galat, y visiones teológicas de sacerdotes que llegan a considerar que las divinidad de Jesús no es el fundamento doctrinario del cristianismo. Gran parte de este diálogo se venía dando desde antes del Concilio Vaticano Segundo, así como el acercamiento de la Iglesia a una Doctrina Social. La Iglesia de Roma ha tenido demasiados pecados históricos y algunos no tan históricos como el manejo que se le dio a la pederastia a finales del siglo veinte. La insistencia de una sexualidad pensada exclusivamente a la procreación dentro del matrimonio que la lleva a rechazar la prevención del SIDA por medios profilácticos principalmente en África.

Dentro de toda la diversidad que se acepta dentro del catolicismo mi creciente descreencia en el dogma tenía cierto lugar. Pero hubo un momento en el que sentí que me estaba mintiendo a mi mismo en mi pretensión de seguir siendo cristiano y católico.

No tengo nada en contra del catolicismo con el que conviví. Gran parte de mis valores humanistas que aprecio en mi mismo vinieron del humanismo cristiano que me inculcaron los lasallistas en el bachillerato y los jesuitas en la universidad así como la experiencia que tuve en grupos juveniles en Suecia. Mi rechazo al dogma viene desde la escuela y nunca sentí que esa fuera razón de rechazo a la Iglesia de mis padres. Y, aunque haya muchas cosas que no acepto de la Iglesia de Roma no creo que esta sea una razón suficiente para adoctrinar a mis hijos contra la fe de su madre.

Antes de aceptar mi apostasía acepté que mis hijos tuvieran una escolarización confesional católica y entre más conozco los principios del colegio que con mi esposa escogimos para nuestros hijos más me convenzo de que fue una buena elección y de que mis diferencias doctrinarias con el catolicismo son asuntos menores.

No sé si ese seguirá siendo mi pensamiento a futuro, pero por ahora estoy conforme sabiendo que lo que mis hijos están ganado en una formación cristiana abierta al pensamiento crítico y al respeto a la diferencia es más que lo que yo percibo como los problemas fundamentales del teísmo en general y el cristianismo y el catolicismo en particular.

Aunque finalmente no es el colegio quien ha de formar a mis hijos sino yo y mi esposa. En algún momento mis hijos se enterarán que no soy católico ni creyente. Es en ese momento cuando se presentará uno de los mayores desafíos de mis elecciones.

Navidad

En mi casa a veces me han llamado Grinch porque no me gusta decorar la navidad en noviembre, y dada mi poca religiosidad también me lo achacan a que soy un Grinch por ser ateo. La verdad me parece incorrecta esa apreciación porque la navidad sí me gusta (aunque en alguna época si tuve mi periodo Grinch).

Cuando era niño y estudiante en un colegio de calendario A, al terminar el año lectivo a finales de noviembre habían en mi casa (y en la ciudad en general) pocas manifestaciones de la temporada navideña que se avecinaba. Estaba el día de las velitas como un preámbulo, pero la temporada navideña comenzaba el 16 de diciembre junto con la novena de aguinaldos. El 16 de diciembre era el día para tener armado el pesebre y el árbol.

Nuestro pesebre, armado a mediados de noviembre y que no sobrevivió a los gatos.

Entonces estaba la novena de aguinaldos. Nueve días para compartir con la familia y los amigos de la familia el espíritu festivo de la navidad. Para comer natilla y buñuelos, ver cómo habían armado el pesebre en las otras casas. Poner luces en las ventanas y ver los Pesebre (con burro, buey, abeto, menorah y Papá Noel)desorganizados espectáculos de pólvora de los vecinos y de cuando en cuando participar en uno de ellos.

El 24 terminaba la novena y con la gran celebración familiar de nochebuena. Como niño que era lo importante eran los regalos que habían descansado debajo del árbol los días anteriores y que por fín podríamos abrir. Luego, a medida que crecía y mi apetito de adolescente aumentaba la cena navideña empezó a sentirse importante. Los tamales de mi abuelita (que nunca he visto similares en el comercio), el pavo que deshuesaba y rellenaba mi papá, y todas las demás viandas que acompañaban el festejo.

Para mí la navidad siempre ha sido la nochebuena. El 25 era el día de estrenar los juguetes. De desayunar los tamales arriba mencionados, hacer algunas visitas (una importante era a donde mi tío, pues su esposa cumple ese día), o descansar. Por los próximos tres días la dieta giraba alrededor del pavo. Llegaba luego el 28 de diciembre y la celebración del día de los inocentes sin que de mi parte hubiera habido una broma memorable que yo haya perpetrado o me hayan perpetrado.

Cada uno de estos días con mi hermana íbamos al pesebre a colocar a los Reyes Magos cada vez más cerca del nacimiento.

Pasaba la celebración de Año Nuevo (igualmente, lo importante era despedir el año la noche del 31 porque el primero de enero era y es el día de no hacer nada), y poco a poco hacíamos la cuenta final de la temporada navideña cuando el 6 de enero lo Reyes Magos llegaban a dónde el Niño Dios y ya podíamos desmontar el pesebre, el árbol, las luces y toda la demás decoración navideña.

La temporada eran esos 22 días entre el 16 de diciembre y el 6 de enero. Unos días que disfrutaba realmente. Y tal vez en eso influya mi resistencia a que el comercio tenga decorado de navidad desde septiembre y a que los vecinos ya hayan llenado de luces sus casas desde mediados de noviembre.

Si a eso le sumamos mi cumpleaños finalizando noviembre, suficientemente cerca a la navidad como para que uno que otro pariente decidiera que podía matar dos regalos con uno solo, eso contribuye a mi aprehensión hacia las navidades novembrinas. ¡Yo no cumplo en navidad! ¡Yo cumplo en noviembre!

Papá Noel – imagen por Matti Mattila licenciada bajo Creative Commons

La otra cosa que resiento de la navidad hoy en día es cómo la mitología autóctona de la navidad ha venido cediendo a la mitología gringa de Santa Claus, los renos y los muñecos de nieve. Hace un par de años estaba bajando unos villancicos tradicionales de Youtube y encontré una versión de Mi burrito sabanero. En ese momento no le presté mucho cuidado, pero hace poco revisando lo que tenía en mi colección de videos, lo encontré y lo estuve mirando. Y me estuve decepcionando. Estamos hablando de una canción del folclore hispano (no sé de qué país sea originalmente) sin una letra muy profunda: se trata de un burro con el que se quiere ir a Belén (se entendería que al nacimiento de Jesús).

Pero en todo el video de marras no había una sola imagen de un burro, ni de Belén, ni del nacimiento de Jesús, ni de ninguna tradición hispánica de la navidad. Eran puras imágenes de abetos adornados, muñecos de nieve, personajes de Disney con gorros de Santa Claus, renos (realmente venados con cornamentas de reno), Papás Noel, etc.

Ahora, no me malentiendan. En mi casa siempre se ha adornado un abeto artificial y lejos estoy de ser un xenófobo que busca eliminar las invasiones foráneas a nuestras tradiciones. Disfruto de la mitología de Santa Claus tanto como de la mitología del Niño Dios. He vivido un par de navidades en Suecia disfrutando de la nieve y de las galletas de gengibre y el glög (no sólo esas dos navidades), de los muñecos de nieve y las imágenes del Jultomte con renos de verdad (renos lapones y no venados gringos); pero sí existe esa sensación de que algo se pierde cambiando una imaginería por otra.

Supongo que en parte por ello es que aun conservo la esperanza de terminar mi proyecto de la novena de aguinaldos.

Pesebre (con burro, buey, abeto, menorah y Papá Noel)

Para mí la navidad sigue siendo el 24 de diciembre y la temporada navideña esos 22 días que inician con la novena. Donde independientemente de que en la Biblia no se mencione a un burro y a un buey, celebramos ese mito que nos afianzó Fray Fernando de Jesús Larrea donde está María diciéndole fiat al Espíritu Santo, viajando a lomo de burro desde Galilea hasta Belén para cumplir el precepto de un príncipe extranjero y Jesús naciendo entre sus criaturas irracionales porque las racionales le habían negado posada.

Ese mito de un diorama del nacimiento en el que ninguna figura está a escala, hay cisnes nadando en lagos de espejo, ovejas más grandes que las casas, leones y soldados de juguete, y un rey de cada color caminando hacia donde nace el Niño Dios.

Y, una época donde eso que pasó o no pasó en Belén o en el Polo Norte nos recuerda que podemos compartir con los demás, y en la que quienes viven su espiritualidad de una forma diferente a la mía usen también la temporada como pretexto para encontrarse con ella o compartir con los demás.

Sí. Celebro la navidad del Niño Dios, y también la navidad de Papá Noel y del árbol de Navidad. Y de cantar villancicos. Y de reunirnos con familiares y amigos. Y de prepararle la sorpresa a los chicos.

Y aún espero ayuda con mi novena.