Caminando ciudades

[Puente de Brooklyn]Caminaba por las calles de Nueva York. Fue una visita relámpago, tenía que pernoctar una noche en la gran manzana en camino a visitar a mis papás en Japón. Traté de contactar a mis amigos de Facebook pero sólo hasta esa mañana, ya con el hotel reservado alguien me respondió positivamente. Una amiga boliviana a quien no veía en 18 años y quien vivía en Staten Island. Así que de mi hotel en Jamaica (Long Island) me fui a la ciudad a ver qué se alcanzaba a conocer.

Me apeé donde el metro quiso dejarme, saliendo a la calle a ver letreros en chino y salí a caminar la ciudad rumbo a lo que intuí era el sur. Me topé con una ardilla frente al puente de Brooklyn pero no alcancé a preparar la cámara para registrarla antes de que saliera corriendo.  Crucé la zona cero.  Bordeé Battery Park y finalmente llegué al muelle del ferry a Long Island. Continue reading

Naturaleza de la frustración

No tengo ningún estudio formal sobre la neturaleza humana, pero me gusta observar lo que sucede a mi alrededor.  Hay dos sujetos de prueba que me han interesdo particularmente en los últimos meses, si no años, casos que tal vez un psicólogo o un psiquiatra podrían verlos como típicos o no particularmente anormales pero que para mí son importantes.

[me]Criar a un hijo es una tarea complicada.  Siempre hay un momento en el que riñen lo que el niño quiere hacer con lo que el niño tiene que hacer: un ‘tiene que hacer’ que es dictado por los grandes, por los adultos, por uno.  El niño no quiere someterse a esa voluntad adulta por lo que uno, como adulto, debe obligarlo.  Debe cambiarle lo que el niño quiere hacer por lo que tiene que hacer: comer, estudiar, cuidar su salud, etc.  Todo lo que ello implica son refuerzos positivos a largo plazo y no las satisfacciones inmediatas de jugar con sus juguetes, ver monos en la televisión o jugar un videojuego.

¿Cómo convencerlo que esas satisfacciones a largo plazo son más importantes que las satisfacciones a corto plazo?  No es que la paciencia del niño le de para experimentar la verdadera importancia del refuerzo a largo plazo, p. ej. una buena salud o una buena educación; menos aún cuanto tales refuerzos no se perciben como tales, porque, en el mundo ideal, no habría con qué compararlos en carne propia; porque los buenos hábitos de higiene no garantizan estar libre de enfermedades, sólo aumentan la probabilidad de que así sea.  En cambio la satisfacción inmediata es eso.  Es esa descarga de endorfinas que produce la actividad placentera.  El refuerzo es inmediato y fácil de percibir. Continue reading

Por el motivo incorrecto

Uno de los descubrimientos personales recientes es un don que carezco: no soy capaz de pensar en forma práctica: planear, prevenir, estar pendiente de las cuentas por pagar y por cobrar.  Haciendo un trabajo termino concentrado en detalles de forma, perfeccionando un pixel que no es el que al cliente le interesa, y por más que intento enfocarme mi foco no es aquel que los demás esperan.

[]Así que termino patinando.  Sin lograr avanzar en mis objetivos y mucho menos en los objetivos de quien me requiere, sea este mi familia o mi contratante.

Y es frustrante.  Terminan haciéndome sentir, termino sintiéndome, un estorbo; un lastre.  Sentir que es más lo que empeoro la situación que lo que sirvo para resolverla.  Es entonces cuando me deprimo.   No sé que tan clínicamente correcto sea aquí hablar de depresión, pero sí es una sensación de baja de ánimo, de perder mi mirada en divagaciones que no son pensamientos coherentes (y mucho menos útiles o prácticos).  Llego a sentir que lo mejor es que yo no existiera, que dejara de existir.  No ser más un lastre.  No generar más expectativas en los demás que los lleve a una nueva desilución conmigo.

Para que aprendan.

Pero no pasará.  Más allá de mi actitud temeraria no estoy pensando en culminar el fin de mi existencia.  Además porque sería por el motivo incorrecto, porque nadie sacará una lección de mi muerte y no solucionaré el problema de nadie.

Y no estaré ahí para saber si el sacrificio funcionó o no.

Momentos decisivos

Leyendo el último post de Carnaval toda la vida recordaba una teoría que un profesor nos exponía: cuando de relaciones se trata las mujeres entregan todo a su presente mientras que los hombres viven de momentos decisivos.

Y mi vida está llena de eventos decisivos.  Hoy recuerdo cada una de las mujeres que en su momento me movieron el piso y aún cuando tengo la firme convicción de dedicar el resto de mi vida a honrar el pacto que hace cerca de 10 años suscribí, cada una de estas otras mujeres son y seguirán siendo parte de mi vida.

Hoy cumplo 38 años.  La cifra no es particularmente representativa como suelen serlo los múltiplos de 10, pero para mí tiene un significado muy especial por todo lo ocurrido durante el año transcurrido. Continue reading

Cuestión de hormonas

[@state_0f_mind]

Naty Marenco

No es cuestión de hormonas nació el 19 de marzo de 2009.  Un blog relativamente joven que está a punto de cumplir 18 meses, pero ya es uno de los sitios más reputados de la blogósfera colombiana, tanto que ganó el premio Twitter Blog en los #PremiosTwt09.

La historia del nombre nos lo trae eMe aquí:

El nombre del blog sale de una larga conversación telefónica con mi mejor amiga en la que debatíamos sobre los dramas masculinos versus los femeninos, y concluimos que no todo en estos temas entre hombres y mujeres puede ser atribuido a las hormonas… como pretenden minimizar los hombres cuando le dicen a uno que si todo el drama se debe a que “estás en tus días

Y uno de los temas recurrentes son las historias en las que se muestran distintos aspectos de la relación hombre-mujer. Continue reading

Mis creencias

Como defines tus creencias? Crees que hay diferencia entre tus creencias y las de una religion organizada?

por @dvigitt

Soy agnóstico, es decir que creo que la realidad metafísica no puede ser conocida por la ciencia y como tal cualquier afirmación al respecto no deja de ser una opinión o un deseo que no puede probarse.

La ciencia, y en particular el método científico, nos puede dar una aproximación a cómo funciona el mundo y tal parece ser que la teoría científica no precisa de soluciones mágicas o metafísicas para explicar el mundo físico.

La pregunta que intentan responder las religiones (organizadas o no) o la religiosidad personal, más que el cómo es el porqué de las cosas. El propósito. Si una religión se mete con el cómo muy probablemente entrará en contradicciones con lo científicamente probable lo que significará una de dos cosas: la religión miente o algún fenómeno metafísico impide que el método científico conozca el cómo que nos dicta ese dogma religioso. El principio de la navaja de Ockham me hace pensar que es lo primero.

Por otro lado si alguien desde la ciencia intenta responder el porqué, sin duda no entendió de qué trata el método científico y es aquí donde hay espacio para las doctrinas religiosas o la religiosidad personal.

Es posible que exista un ser superior que haya creado el universo con un propósito y que nuestra existencia en el mundo sea parte de ese propósito. O es posible que la conciencia colectiva de la humanidad sea un ente metafísico superior, que se creó con la humanidad y que se manifiesta a través de las religiones. Hay muchas posibles conjeturas que subordinan al hombre frente a un ente metafísico que da un propósito a nuestras vidas.

O, tal vez, no haya ninguno y todas esas concepciones metafísicas no sean más que un deseo más o menos colectivo de nuestras mentes de tener un propósito.

La religión organizada, por regla general, no sería más que una doctrina (no muy disímil a las doctrinas políticas) que procuran encausar la necesidad humana de propósito dentro de unos parámetros que faciliten la convivencia entre los semejantes.

Tal vez exista una religión organizada que parta de los principios agnósticos, pero tal no sería realmente una religión.


Addenum
Entrdas varias sobre creencias y religión

Me gustaría…

Me gustaría escribir algo más serio que este blog. Escribir de ficción, de filosofía, de cómo ver el mundo con otros ojos, de cómo interpretar la realidad por nosotros mismos. Me gustaría escribir y publicar y saber que lo que escribo importa y ayuda a alguien.

Me gustaría pararme frente a un auditorio y ver los ojos atentos de quienes están sentados, y poder inspirar. Me gustaría ayudar a esas mentes a formarse por sí mismas y que mi papel sea más el de un guía que muestra nuevos caminos y alternativas para que ellos puedan decidir seguirlos o no.

Me gustaría entablar conversaciones que desafíen mi intelecto. Que me hagan pensar. Que me inviten a resolver problemas que no había pensado antes. A replantear mis conceptos. A seguir creciendo.

Me gustaría encontrar mi camino, mi vocación.  Sé que no es en los números o los electrones, pero sí con ellos.  Es en la gente.  En las personas.  En interactuar.  Y es ahí donde siento el peso de mi gran error de todos estos años de justificar en mi timidez buscar una carrera en las máquinas y no con la gente.

Me gustaría explorar mi mente hacia sus límites, y que mi mente, mis ideas, sirvan a los demás.

De quereres y gustos

“Ya sé que no me amas” me ha dicho últimamente mi esposa en distintas oportunidades y con algunas variantes.  Hace también ya un tiempo que no le digo “te amo”.  Me pregunto muchas veces que exactamente es lo que siento hacia ella.

Cundo no estamos bien, siento algo de rabia, de resentimiento.  La culpo por no entender.  La culpo por no entenderme.  Porque no se da cuenta que por bien intencionada que crea estar, puede estar haciendo más mal que bien con su proceder y sus intentos de corregirme.

Pero aún cuando no estamos bien ella me importa.  No quiero que se queje de no poder descansar, sino que quiero que descanse.  Que esté cómoda.  Que no sufra ni se estrese.  Que sus cosas en el trabajo le salgan bien.  Que tome las fotos que quiere tomar.  Que pase un tiempo con sus hijos.   Que pueda divertirse con y sin mí.

Y me sigue gustando.  Me sigue provocando (en el sentido colombiano del término: provocarapetecer). Continue reading

I’m not suicidal, but I need the rush

Hace tiempos no me daba el gusto de disfrutar de una buena columpiada.  La mayoría de los columpios con los que me suelo encontrar están diseñados para niños y no para tipos de 200 libras como yo.  Pero este parecía lo suficientemente sólido y los niños a mi alrededor no estaban interesados.

Parecía.  Las cadenas del columpio no estaban soldadas y no podía dejar de pensar si alguno de los eslabones empezaría a ceder y a abrirse.  No pude comprobar que eso sucediera, pero la preocupación fue suficiente para tenerla presente.  Sobre todo porque no podía mecerme suavemente: tenía la necesidad de hacerlo con fuerza, con todo el impulso que mi cuerpo podría transmitirle al columpio.

Necesitaba ese impulso, esa sensación de velocidad. La necesidad de descargar la tensión acumulada en ese instante de vértigo.  Pero el sentirme inseguro me amarraba.  Me hizo detenerme en seco en varias ocasiones. Continue reading

Indocumentado

El cuento comenzó en 2005. Mi cédula original, aquella que tengo desde 1991 (hagan cuentas de qué tan viejo soy) ya presentaba un deterioro apreciable ya que no era un documento que se adaptara a los tarjeteros de las billeteras y tocaba sacarla cada vez que uno entraba a cualquier edificio para identificarse. —Esos coletazos de la cultura mafiosa y de cómo la ciudadanía se adapta a ella.

Mi cédula ya hasta tenía bolsillo propio.

En 2005 ya se tenía previsto que el nuevo modelo de cédulas sería el «definitivo» y que eventualmente el proceso de renovación sería gratuito, pero entonces tocaba pagar $33.000 para renovar la cédula. Así que tras una larga espera pagué en junio y en octubre fui a la Registraduría local de Usaquén para hacer el trámite. Sin mayores novedades, la nueva cédula estaría lista en máximo 18 meses.

Todo iba bien. Con mi cédula original seguía identificándome ante cada instancia en la que requerían tal documento. La última vez que ello sucedió fue el 28 de diciembre de 2006. Continue reading