Navidad

En mi casa a veces me han llamado Grinch porque no me gusta decorar la navidad en noviembre, y dada mi poca religiosidad también me lo achacan a que soy un Grinch por ser ateo. La verdad me parece incorrecta esa apreciación porque la navidad sí me gusta (aunque en alguna época si tuve mi periodo Grinch).

Cuando era niño y estudiante en un colegio de calendario A, al terminar el año lectivo a finales de noviembre habían en mi casa (y en la ciudad en general) pocas manifestaciones de la temporada navideña que se avecinaba. Estaba el día de las velitas como un preámbulo, pero la temporada navideña comenzaba el 16 de diciembre junto con la novena de aguinaldos. El 16 de diciembre era el día para tener armado el pesebre y el árbol.

Nuestro pesebre, armado a mediados de noviembre y que no sobrevivió a los gatos.

Entonces estaba la novena de aguinaldos. Nueve días para compartir con la familia y los amigos de la familia el espíritu festivo de la navidad. Para comer natilla y buñuelos, ver cómo habían armado el pesebre en las otras casas. Poner luces en las ventanas y ver los Pesebre (con burro, buey, abeto, menorah y Papá Noel)desorganizados espectáculos de pólvora de los vecinos y de cuando en cuando participar en uno de ellos.

El 24 terminaba la novena y con la gran celebración familiar de nochebuena. Como niño que era lo importante eran los regalos que habían descansado debajo del árbol los días anteriores y que por fín podríamos abrir. Luego, a medida que crecía y mi apetito de adolescente aumentaba la cena navideña empezó a sentirse importante. Los tamales de mi abuelita (que nunca he visto similares en el comercio), el pavo que deshuesaba y rellenaba mi papá, y todas las demás viandas que acompañaban el festejo.

Para mí la navidad siempre ha sido la nochebuena. El 25 era el día de estrenar los juguetes. De desayunar los tamales arriba mencionados, hacer algunas visitas (una importante era a donde mi tío, pues su esposa cumple ese día), o descansar. Por los próximos tres días la dieta giraba alrededor del pavo. Llegaba luego el 28 de diciembre y la celebración del día de los inocentes sin que de mi parte hubiera habido una broma memorable que yo haya perpetrado o me hayan perpetrado.

Cada uno de estos días con mi hermana íbamos al pesebre a colocar a los Reyes Magos cada vez más cerca del nacimiento.

Pasaba la celebración de Año Nuevo (igualmente, lo importante era despedir el año la noche del 31 porque el primero de enero era y es el día de no hacer nada), y poco a poco hacíamos la cuenta final de la temporada navideña cuando el 6 de enero lo Reyes Magos llegaban a dónde el Niño Dios y ya podíamos desmontar el pesebre, el árbol, las luces y toda la demás decoración navideña.

La temporada eran esos 22 días entre el 16 de diciembre y el 6 de enero. Unos días que disfrutaba realmente. Y tal vez en eso influya mi resistencia a que el comercio tenga decorado de navidad desde septiembre y a que los vecinos ya hayan llenado de luces sus casas desde mediados de noviembre.

Si a eso le sumamos mi cumpleaños finalizando noviembre, suficientemente cerca a la navidad como para que uno que otro pariente decidiera que podía matar dos regalos con uno solo, eso contribuye a mi aprehensión hacia las navidades novembrinas. ¡Yo no cumplo en navidad! ¡Yo cumplo en noviembre!

Papá Noel – imagen por Matti Mattila licenciada bajo Creative Commons

La otra cosa que resiento de la navidad hoy en día es cómo la mitología autóctona de la navidad ha venido cediendo a la mitología gringa de Santa Claus, los renos y los muñecos de nieve. Hace un par de años estaba bajando unos villancicos tradicionales de Youtube y encontré una versión de Mi burrito sabanero. En ese momento no le presté mucho cuidado, pero hace poco revisando lo que tenía en mi colección de videos, lo encontré y lo estuve mirando. Y me estuve decepcionando. Estamos hablando de una canción del folclore hispano (no sé de qué país sea originalmente) sin una letra muy profunda: se trata de un burro con el que se quiere ir a Belén (se entendería que al nacimiento de Jesús).

Pero en todo el video de marras no había una sola imagen de un burro, ni de Belén, ni del nacimiento de Jesús, ni de ninguna tradición hispánica de la navidad. Eran puras imágenes de abetos adornados, muñecos de nieve, personajes de Disney con gorros de Santa Claus, renos (realmente venados con cornamentas de reno), Papás Noel, etc.

Ahora, no me malentiendan. En mi casa siempre se ha adornado un abeto artificial y lejos estoy de ser un xenófobo que busca eliminar las invasiones foráneas a nuestras tradiciones. Disfruto de la mitología de Santa Claus tanto como de la mitología del Niño Dios. He vivido un par de navidades en Suecia disfrutando de la nieve y de las galletas de gengibre y el glög (no sólo esas dos navidades), de los muñecos de nieve y las imágenes del Jultomte con renos de verdad (renos lapones y no venados gringos); pero sí existe esa sensación de que algo se pierde cambiando una imaginería por otra.

Supongo que en parte por ello es que aun conservo la esperanza de terminar mi proyecto de la novena de aguinaldos.

Pesebre (con burro, buey, abeto, menorah y Papá Noel)

Para mí la navidad sigue siendo el 24 de diciembre y la temporada navideña esos 22 días que inician con la novena. Donde independientemente de que en la Biblia no se mencione a un burro y a un buey, celebramos ese mito que nos afianzó Fray Fernando de Jesús Larrea donde está María diciéndole fiat al Espíritu Santo, viajando a lomo de burro desde Galilea hasta Belén para cumplir el precepto de un príncipe extranjero y Jesús naciendo entre sus criaturas irracionales porque las racionales le habían negado posada.

Ese mito de un diorama del nacimiento en el que ninguna figura está a escala, hay cisnes nadando en lagos de espejo, ovejas más grandes que las casas, leones y soldados de juguete, y un rey de cada color caminando hacia donde nace el Niño Dios.

Y, una época donde eso que pasó o no pasó en Belén o en el Polo Norte nos recuerda que podemos compartir con los demás, y en la que quienes viven su espiritualidad de una forma diferente a la mía usen también la temporada como pretexto para encontrarse con ella o compartir con los demás.

Sí. Celebro la navidad del Niño Dios, y también la navidad de Papá Noel y del árbol de Navidad. Y de cantar villancicos. Y de reunirnos con familiares y amigos. Y de prepararle la sorpresa a los chicos.

Y aún espero ayuda con mi novena.

Octubre 2013

Abuelita Ana

Ana García vda. de Thompson. 12 de julio de 1922 – 31 de octubre de 2013

Se acaba octubre de 2013 con una noticia triste. Inició octubre de 2013 con una noticia triste.

El accidente de mi hermana fue un pequeño abrebocas: el 1º de octubre frenó en seco en su bicicleta para evitar chocar a un peatón que cruzó sin mirar.  Fractura de rótula que todo parece indicar no necesitará de cirugía.

beatriz-r

Ana Beatriz Cerón de Baquero, 29 de noviembre de 1933 – 2 de octubre de 2013

El 2 de octubre fallece mi suegra, la mujer que en gran medida crió a mis hijos cuando estos eran más pequeños y a quien en abril del presente año le detectaron unas masas en el cerebro.  A veces no sé si el rápido deterioro fue por culpa de la enfermedad o si las hospitalizaciones influyeron, pero finalmente el miércoles 2 de octubre su cuerpo no dio más, tras varios días de apenas responder a estímulos físicos.

Abuelita AnaMi abuelita Ana también venía enferma, y el pasado 29 de octubre, cuando pasé a saludarla por última vez sentí que en cierta forma ya se había ido y que apenas quedaba su cuerpo respondiendo a estímulos físicos básicos como el reflejo de comer cuando le mojaban sus labios, y quejándose del dolor.

Esta mañana falleció.

Y a veces no sé si desde mi distimia este sentimiento de tristeza sea por todo lo que ha venido pasando o por que se espera que este sea mi estado de ánimo.

Pero no ha sido un buen octubre.

Pasando el testimonio

Como lo recordé en mi pasado post A journey, estudié en una escuela confesional y creo que gran parte de mi pensamiento humanista lo heredé de ese catolicismo que recién salía de Vaticano II, que no temía a la ciencia y por el contrario abrazaba el diálogo ecuménico y el entendimiento entre los pueblos. El cristianismo de da la otra mejilla y ama a tu prójimo, el de trata a los demás como quieras que te traten como una forma positiva de la regla de oro que trasciende culturas: no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan. El cristianismo dirigido por un papa carismático que llamaba por la paz mundial y se oponía, como guía espiritual, a la pena de muerte.

En gran medida consideré que el núcleo de mis valores como persona venían de esa formación cristiana, aun cuando mis creencias sobre la metafísica del mundo se hubieran apartado de la metafísica judeocristiana. El Dios padre y creador y Jesús podrían ser sólo fábulas mientras siguiera apreciando los valores del cristianismo como el ideal de los valores humanos.

Mis estudios universitarios los hice en una universidad confesional, regida por la Compañía de Jesús y la filosofía ignaciana. La misma Compañía de Jesús que se acercó a la Teología de la Liberación sin adoptar la parte más extrema de la misma y que se consagró como el ala liberal y social del catolicismo frente al conservadurismo del Opus Dei. Si bien mi fe religiosa se fue diluyendo, tenía frente a mí varios ejemplos de como los valores cristianos pueden ser la base del mundo ideal al que todos aspiramos.

A pesar de mi agnosticismo, tomé la decisión de que mis hijos fueran bautizados en la iglesia donde me crié, en la fe de mi esposa y de la mayor parte de mi familia y conocidos. Y tomé la decisión de que estudiaran en una escuela confesional. No fui la única persona tomando esa decisión: mis padres sugirieron, mi esposa tuvo mucho que ver en la decisión, pero mi papel no fue sólo pasivo de aceptar la decisión de los demás sino que la apoyé por esa convicción de que la escuela confesional podría aportarle a mis hijos esos valores y principios que yo valoraba. Finalmente ellos, luego como adultos, podrían definir su propia fe.

Pero algo cambió con mi apostasía formal y con los motivos que me llevaron a la misma.

Parte ha sido entender que mis valores no son los valores del cristianismo. Son valores humanistas que bien comparten tanto las corrientes humanistas del cristianismo como el humanismo secular, mientras que existe todo un cristianismo no humanista, dentro y fuera del catolicismo, con el que no puedo identificarme.

No puedo identificarme con los creacionistas de tierra joven que prefieren boicotear los fundamentos de la ciencia con tal de que su escritura sea literalmente correcta. No puedo identificarme con los cristianos que restriegan el deuteronomio para justificar su odio a la homosexualidad, pero luego hablan de la nueva alianza para desligarse de las partes incómodas del antiguo testamento. No puedo identificarme con la fábula de La Caída y el mensaje implícito de que buscar la verdad (tomar el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal) sea el origen de los males del hombre. Que la colaboración entre todos los hombres sea tan amenazadora para Dios que tenga que confundir nuestras lenguas tal cual lo refleja la fábula de la torre de Babel. No puedo identificarme con Pablo escribiendo en sus cartas que buscar la razón es de necios.

En estos momentos me pregunto si realmente quiero que sean los valores cristianos, que pueden estar o no alineados con mi pensamiento humanista, los que sean enseñados a mis hijos. Me preocupa, sobre todo, que sean indoctrinados en una ideología que rechace el pensamiento crítico en aras de preservar un dogma. Por experiencia sé que no todo en la religión es una fe ciega que rechaza el pensamiento crítico pero lo hay.

Sé que particularmente en la escuela donde están mis hijos se desarrollan muchas destrezas intelectuales lo que se refleja en muy buenos resultados en las pruebas de estado de sus bachilleres y su aceptación en las universidades y eso no se logra con un rechazo total al pensamiento crítico.

Podría pensar en pasar a mis hijos a una educación secular, pero el solo hecho de ser secular no garantiza todas las destrezas intelectuales que espero que mis hijos aprendan. Podría dejarlos seguir en la escuela confesional donde están y yo preocuparme por que aprendan lo que yo considero importante y que la escuela no les puede dar. Está siempre la alternativa de la educación en casa, el home schooling, donde yo asumo la totalidad del proceso de aprendizaje. Pero en cualquier decisión yo no soy el único padre que toma las decisiones sobre cómo mis hijos enfrentarán la cuestión religiosa y sé que mi esposa se opondrá a lo que ella perciba como indoctrinación al ateismo.

No será mi objetivo criar hijos que rechacen el concepto de Dios, en parte porque yo no soy un cruzado antiteísta. En parte porque espero que ellos tengan el criterio suficiente para pensar por sí mismos. En parte porque el cristianismo en el que me crié y en el cual creo que mis hijos se están criando es preferible a muchas otras sectas y religiones donde se subvierte toda la concepción del mundo a lo que el pastor o guía religioso decida o interprete: desde los fundamentalismos cristianos, hasta los cultos extraterrestres suicidas, la cienciología o el marxismo dogmático o el uribismo acrítico.

A journey

For many years I was attempting to conciliate my agnostic internal philosophy on the supernatural and my Christian culture. I was risen by a Catholic family, in a Catholic country and attended to Catholic school. Despite whatever system of believes I hold internally the Christian Catholicism is part of my cultural heritage and cultural self-identity.

When I was a little kid I had personal questions on the afterlife. The both alternatives I could grasp as a kid were unsettling, disturbing: that my being were finite (v. g. eternal nothingness after you die) or my being were eternal (regardless of heaven or hell). Now, looking in retrospective, it seems I never had a deep believe on heaven, limbo or hell.

Yes, I was worried that my acts and thoughts lead me to hell, but I could not actually picture in my mind the eternal torment of hell, or the eternal glory of heaven. My thoughts, speculations and fears only lead me to the judgment after death, not actually to the eternal suffering or eternal wellbeing.

Reincarnation seemed less disturbing but yet. The idea that my being would start over again and again, probably for eternity but without memory of an eternal past. There was however a disturbing thought, anyway: if my future me would not remember my present me it would mean that my present me would be finished, dead. My future me would not be an afterlife. Anyhow, while less disturbing, I did not actually believed in reincarnation.

So that was me as a kid, immersed in a Christian culture, being taught at home, at mass and at school what to believe on the nature of humankind, history, morality and afterlife from a Catholic point of view.

Unlike other Christian denominations, mainstream Catholicism does not hold a fight against Science and evidence-based understanding of the natural world and human history. I went to a confessional school, ruled by the Brothers of the Christian Schools (Lasallian Brothers), since fourth grade. (I took third grade in a lay-ruled confessional school; before that, I went to public school in a secular country.)

At school I was taught both the myth of creation and the theory of evolution, as well as a few theories on the origin of the Universe. Evolution and creation were not taught as a controversy. Evolution was taught in science class, where we were exposed to the origins of Darwin thesis as opposed to Lamarck, and how spontaneous generation was discarded. We learned on Mendelian inheritance and DNA, and the possible origin of life from natural processes. We were taught on the origin of Earth and the solar system. On how to prove that the Earth is round and orbits around the Sun. We were exposed to some thesis on the existence of the Universe including the thesis of the static Universe and the expanding Universe, and how probably it all begun in an event called the Big Bang.

I was taught the biblical creation story in religion class in third grade, before any scientific theory on the origin of the universe or the diversity of life. But when the conflict came between the biblical story and what we were exposed in science class we were taught the official position of the Catholic Church after Vatican II: the Bible is not a book of science and history, but the Bible is infallible in theological matters. The creation story in the Bible is allegorical.

There was no controversy. I never heard a priest negating the scientific theses. I never heard a science professor claiming that the Bible was wrong.

Religion class in La Salle school was not only catechesis. We were taught on the origin and existence of religions, including some of the theses of other religions. We were taught on the question of historicity of Jesus (of course, it was a confessional school so the conclusion was that Jesus indeed existed as a human being).

There was no controversy between science and religion in my mind either. I accepted most of what I learned in school on scientific matters, probably because that was also consisting with one of my favorite TV shows: Carl Sagan‘s Cosmos. I did question a little more what I was taught in religion class. I didn’t question religion for the magic. I had already conciliated that part. I didn’t question the history of ancient Israel, probably because there was no much to compare it against. What I questioned was the theology.

I remember, when I was 14, our religion teacher challenged us to express what we believed and what we didn’t believe. I don’t recall what exactly I believed back then but I do remember what I claimed and why. I said I was an atheist and my main supporting thesis was the problem of evil. How could an omnipotent, omniscient, omnibenevolent god allow evil? Another question was the scope of the revelation. Why isn’t the revelation universal? Why are there other religions? It seemed to me that God were rather a human construct rather than humans a creation from God.

Religions have a mythical aspect and I accepted part of the Christian myth (v. g. the history of the Kingdom of Israel) and rejected other (the literal biblical creation). But according to post-Vatican II, the believe in the myth is not fundamental. Religions have theological aspect, v. g. what’s the nature of God. I’m not sure what I accepted or what I rejected, in theological terms, back when I was 14. Religions have a ritual aspect, and when I was 14 I was a reluctantly practicing Roman Catholic. Religions have a cultural aspect, and I deeply identified myself a Catholic and a Christian back then, and probably I currently do. Religions have a moral aspect, however I am not sure how separated is this aspect from the cultural one. Religions have a spiritual aspect, the personal feelings a human being experiments as interpreted by the theology, the practice and the culture of a religion. I guess I held that spiritual aspect back then when I claimed to be and atheist, and those feelings have been one of the main reasons I had rejected the label of “atheist” later in my adult life.

But, as I said, my school was a confessional Catholic school, and one of the requirements for taking my high school degree was that I were confirmed as a Catholic. So when I was 16, I took the confirmation catechesis and confirmation ceremony with a mixed feeling. I rationalized that if I was indeed an atheist, the confirmation would not hurt me. On the other hand I would put my best to sincerely commit as a good Catholic.

So I took the confirmation. Later that year I took my high-school degree, and the next year my family moved back to Sweden. I had lived in Sweden when I was 6–7, and previously in this post I described it as a secular country. I’m not sure if Sweden pass a strict definition of secular as the Church of Sweden was an integral part of the Swedish state and hold the registration of every Swedish citizen, but for practical matters it behaved as a secular country with freedom of religion and freedom from religion.

Of all religions’ aspects (mythical, theological, ritual, cultural, moral, spiritual) the cultural aspect was a key element when I was 18–19 years old living in Sweden. I became a less-reluctant practicing Catholic, and when I was 19 I joined a youth group at church. I committed to renew my theology and my morality. I wanted to be a good Catholic Christian.

I had friends from different religious backgrounds and different commitment on their own believes, and different cultural expectations.  One thing is to know from textbooks other religions exists, another one is to share with them.

I eventually came back and began college in a Jesuit ruled University. While at the beginning I wanted to continue my religious renewal and to join some religious student group in College (there were plenty) I didn’t (I later joined a student group that had no religious purpose in their chart).

However I kept realizing that I didn’t hold a deep believe in God. No matter my attempts to be a good Christian, I was relegating the myth on God (father) to the same drawer I had relegated the myth of Creation, the myth of Abraham, the myth of Moses, and the myth of Jesus. (If you are offended by my use of the word “myth” I am not claiming that a myth is a falsehood, but rather a story, a narrative.) I guess I never internalized the mystery of the Holy Trinity or understood what exactly the Holy Spirit was.

For many Christian theologians (including many Catholic theologians) no part of the biblical myth is sacred. Even Episcopal Bishop John Shelby Spong claims that the myth, including the God’s myth, is a burden to Christianity (but I hadn’t read Spong’s thesis back then). Just as the creation myth was proved false any other myth could be proven false and the Christian faith should not be invalidated.

I still praised the Christian morality based on the (alleged) teachings of Jesus. I still felt the cultural communion with my fellow Christians, and while my reason was telling me that God was not necessary, my feelings kept me thinking that there should still be something out there.

So I rediscovered the term “agnosticism”. I didn’t have a strong believe in the supernatural, including the Christian myths but I couldn’t prove them false, either. I still felt identified as a Catholic. I still felt that there might be something out there. I would not embrace the term “atheist” as it would have meant a rejection, rather than an incredulity of the myths, and would have meant resigning as a Catholic.

I found many meanings of what agnosticism was, and somehow I adhered (or reinterpreted) Thomas H. Huxley‘s original definition of the term: I lacked an enough feeling of certainty on the trueness or falsehood of the thesis of a supreme being.

I was 27 or 28 when I reached this conclusion. I didn’t need a supreme being to understand the universe. I didn’t need a supreme being to explain my feelings on spirituality. I didn’t need a supreme being to identify myself as a Catholic Christian. I didn’t need a supreme being to justify morality. A supreme being has not been proved by science, and a supreme being has not been disproved by science (and it seemed to be unknowable by science). So I was still a non-practicing Roman Catholic Christian and I was an agnostic.

I knew about Richard Dawkins by his work The Selfish Gen. I read that book when I was younger, and found a compelling case on how Evolution works. I didn’t knew and didn’t care that Dawkins was an atheist. I also read The Universe in a Nutshell by Stephen Hawking, and I found intriguing the concept of a Universe without a clear beginning in the singularity as a plausible thesis that left no room for a creator.

While I didn’t came to The God Delusion or the later works by Dawkins, when I first learned he advocated that religious belief is incompatible with science my reaction was that Dawkins failed. After all, there are many people who hold a religious belief and do good science. I also respected the Amazing Randi for his works against pseudoscience and debunking charlatans, so I felt somehow betrayed when I realized Randi included organized religion into the things he was against.

The first time I found a Young Earth Creationism website my reaction was one of incredulity. How can people still believe on the creation myth and claim evidence-based prof on that? Wasn’t the whole Creation/Evolution polemic solved in the US back in late 19th century or early 20th century?

Of course, I knew there was people who believed literally in the Bible, people who refused medicine preferring praying instead. I knew Ned Flanders in The Simpsons reflected a reality. What I didn’t knew is that some of these people were attempting to fight science in scientific matters and posing as scientists.

As a young Catholic I grew up without that dichotomy between science and religion. Even if I chose a less religious path in my life many of my classmates became later more religious people (inside and outside the Catholic Church). I know of priests and pastors doing hard science. So why should these (mostly evangelical) Christians need to undermine science to promote their religiousness?

During the last year I joined the debate. What is the motivation of Dawkins and Randi to fight religion? What is the motivation of evangelical Christianity to undermine science? What does that mean for my understanding of the World.

I still disagree with Dawkins: a person can hold a religious belief and engage in hard evidence-based science. I still disagree with fundamental skepticism that claim religious based believes incompatible with skepticism (you can believe whatever you want, religious or non-religious, as longer as you are willing to question your believes). I cannot respect the position of some religious leaders and apologetics who engage in undermining evidence-based science (I would respect a position that science is mundane and therefore unimportant, even if you consume the fruits of science). I find fascinating the thesis by Spong on a non-theistic Christianity. I don’t find contradictory my last years in which I tried to conciliate a Christian identity and an agnostic philosophy on the supernatural and the supreme beings.

But that’s not me anymore.

While I still appreciate and hold some Christian values, I cannot relate to the whole Christian morality (whatever version) in a way I cannot honestly claim to be Christian any more. I cannot relate to some of the teachings from Jesus (or alleged to Jesus the Christ).

I now recognize that my spiritual feeling that there might be something out there is just an internal feeling. I realize that finding an spiritual meaning of my life might be more comfortable and might help me overcome some personal problems. But I cannot trust a comfortable lie. A comfortable idea in which I cannot believe.

I’m still culturally Christian. I’m still culturally Roman Catholic. I relate to the myths and stories. I relate to the celebration of Christmas and I love the myth of the manger. But cultural identity in absence of any other religious element is not enough for me to call myself a Christian.

I’m not a Christian. I’m not a theist. Neither hold I a pantheistic world view or any other non-theistic religious world view.

I have realized that when I claim I don’t need a superior being to understand my world, my epistemology, my ethic and moral code, etc. while not having a personal connection to the idea of a supreme being, that’s quite much the definition of an atheist: someone who lacks a believe in a god or gods.

I am still an agnostic, as I described myself some 13 years ago. I have no comfortable amount of certainty on the trueness or falsehood of the thesis of existence of supreme beings. But for any practical purpose that also mean that I lack believe in a supreme being. I embrace the term “atheist” without the need to dash it with me being an agnostic.

Is this the end of the road in my personal search for my world view? Probably not. From that little Catholic boy who found uneasy the idea of an eternal afterlife (even in Heaven) to the 40 year old who still struggles to accept he being an atheist rather than a Christian, my life has brought me several ways to look at the religious question and probably will bring me some other challenges in my worldview.

Un yo agnóstico

Hace ya mucho tiempo que he tendido a definirme como agnóstico y uno de los grandes temas que surge es si detrás de mi agnosticismo lo que hay es un ateísmo que no me atrevo a hacer público mientras que por otro lado mantengo una postura ambigua frente a la religión dentro de la cual me crié: el cristianismo católico de rito romano.

La otra vez me autodefinía como formalmente cristiano católico, ritualmente católico no practicante y filosóficamente agnóstico, pero siento que ya es hora de hacer una introspección y confesarme como no cristiano. No lo soy porque no sólo no comparto los dogmas del cristianismo (posición antidogmática que es compartida por muchos otros cristianos) y dudo de la historicidad de Jesús (cosa que incluso algunos clérigos consideran irrelevante) sino que he dejado de ver a los valores cristianos como guía para mi propia vida.

Uno no decide ser creyente o no. Uno va descubriendo sus propias creencias y los fundamentos de las mismas. No es que un día yo haya decidido ser agnóstico sino que un día reconocí en mi sistema de creencias lo que Thomas Henry Huxley denominó agnosticismo, mientras que por otro lado reconocía los valores que mi formación cristiana me había conferido junto con la falta de sustento empírico sobre los dogmas. Otras personas tendrán otras experiencias que los habrá llevado a una postura más gnóstica sobre la existencia de un ser supremo y su alcance.

Pero la verdad, incluso en los creyentes en un ser supremo en particular, llamémosle Dios y reconozcámoslo como el dios de la Biblia (¿El? ¿Yavé?), o cualquier otra idea de dios o dioses, no aceptan todo ese conjunto de definiciones y normas en el todo de las escrituras. La mayoría de los obispos de las grandes religiones cristianas organizadas, comenzando por el catolicismo y el Papa consideran que la Biblia es más alegórica que históricamente factual, pero incluso los evangélicos que claman una interpretación más literal de la Biblia escogen qué mandamientos seguir y cuales no. Sólo unos pocos fanáticos hoy en día considerarían, por ejemplo, que la lapidación es un justo castigo por deshonrar el sábado trabajando.

A lo largo de la biblia, tanto el antiguo como el nuevo testamento, encontramos lecciones de vida positivas y otras cuestionables. Un apologista dirá que lo cuestionable puede ser un problema de interpretación: que obedece a otros tiempos o que era un mensaje a otras culturas o que, simplemente, no tenemos la capacidad y sabiduría suficiente para entender el verdadero significado de esas normas.

Hay otra explicación y es creer que la biblia es un conjunto de escritos, redactado por diferentes seres humanos que reflejan sus históricos y culturales puntos de vista. Una obra humana que sería luego traducida, transcrita y corregida por otros seres humanos en otros contextos históricos.

Sigo creyendo que en la biblia hay buenas lecciones de vida y varios sabios consejos. Pero también sucede esto con El Conde de Montecristo, o El llamado de la selva, o Cien años de soledad, o Juventud en éxtasis, o ¿Quién se ha llevado mi queso?, o mi blog. Así como en todas estas obras hay elementos cuestionables tanto en la presentación fáctica como en los valores presentados.

Hay muchos elementos por los cuales tengo aún un apego emocional con el cristianismo en general y el catolicismo en particular. Confesarme no cristiano es un proceso doloroso. Pero, por otro lado, es una realidad si analizo mi sistema de creencias y valores. Los valores que comparto con el cristianismo son realmente valores humanistas mientras que no puedo esconder mi rechazo a valores bíblicos como la condena al conocimiento y la razón presentados en la fábula de la serpiente en el Edén o en el desprecio que se muestra a Tomás por su escepticismo.

Pero descubrirme no cristiano no me convierte en ateo. Ni me lleva a abrazar a alguna otra religión. Mi postura sigue siendo agnóstica así personajes que admiro como Richard Dawkins consideren el agnosticismo como una postura pobre.

No soy agnóstico en materia religiosa porque crea que tal vez exista alguna religión válida, o porque considere igualmente probable la existencia o no existencia de un dios en particular o de cualquier tipo de dios… lo que me lleva a la siguiente pregunta: ¿qué es un dios?

Los deístas creen en un universo creado por un ser superior, pero no creen que ese ser superior sea una persona que continúe acompañándonos a lo largo de la historia. ¿Pudo un elemento “consciente”, “racional” o “personal” haber dado origen al Big bang? ¿O haber creado la primera forma de vida? ¿O crear (o formar) ese elemento metafísico que reside en nuestras mentes y que llamamos alma?

Mi última discusión interna tiene que ver con el concepto del yo y la continuidad del yo. Tal vez estoy demasiado contaminado por el concepto cartesiano pero para mí es clara una cosa: puedo dudar de todo, incluyendo de la misma composición material de mi cuerpo y mi mente. Pero existe un yo que se plantea esta duda y que percibe una continuidad entre un pasado que recuerdo y un futuro que espero o temo vivir.

A partir de este convencimiento de que yo existo construyo todo lo demás como un sistema de creencias: mi cuerpo existe así como las cosas y personas a mi alrededor. Estas cosas que percibo son consistentes o no con lo que otras personas me dicen a través de las conversaciones de la vida diaria, los libros, la televisión o Internet. Estas creencias las tomo por ciertas y se convierten en lo que sé. Otras de mis creencias permanecen como conjeturas: cosas que creo que son así pero estaría abierto a que me demuestren otra cosa. Otras creencias son más bien esperanzas: las cosas deberían ser así porque así el mundo sería un mejor lugar para mí.

Así como existe este yo y creo firmemente (al punto de decir que sé que es así) que este yo reside dentro de una mente físicamente localizada en el cerebro del cuerpo de un animal humano (mi cuerpo tal cual lo percibo), también creo, también sé que existes, como una persona que es capaz de tener estos mismos pensamientos bien sea que efectivamente así lo pienses o no. Sé que eres una persona que resides en un cuerpo humano. Que tienes un punto de vista, una propia continuidad, una propia expectativa y unos propios recuerdos. Eres tu propio yo.

Es ese yo (el tuyo, el mío, el de los demás) uno de los desafíos de mi mente. ¿Es algo netamente natural o corresponde a una sustancia metafísica?

Si es algo netamente natural cabe la duda de qué elementos naturales llevan a esta condición. ¿Qué tanto yo tiene un animal? ¿Podrá un robot alguna vez tener un yo?

Si, por el contrario, existe un yo metafísico. ¿De dónde proviene? ¿qué tanto se parece o no al alma inmortal que nos enseñan en el catequismo?

Creo que una respuesta completamente naturalista no será completamente satisfactoria. La neurociencia nos podrá mostrar el cómo de nuestra mente y nuestra percepción y eventualmente nos dirá el cómo del yo, pero ¿puede la neurociencia explicar el qué del yo?

No es que crea que un teólogo pueda explicar el yo mejor que un neurocientífico. No es que en mi conjunto de creencias de qué es y qué no es yo de igual peso a la posible existencia de lo metafísico que a su probable inexistencia. Mi agnosticismo lo que me dicta es la creencia de que no habrá una respuesta completamente satisfactoria.

En cuanto a si creo que existe un ser personal que dio origen al universo y a la vida dentro de la tierra y que nos acompaña todos los días de cada una de nuestras vidas y que es supremamente poderoso, lo conoce todo y es toda bondad y que se nos manifiesta en tres personas distintas, una de ellas que nació y creció como un ser humano y murió como un ser humano pero resucitó y sigue vivo en cuerpo y alma tras casi dos mil años…, lo siento: en ese no creo.

Carta al Niño Dios

Querido Niño Dios

Bien sabes que mis creencias están basadas más en los principios humanistas que en los dogmas religiosos y que por ello mismo considero irrelevante tu existencia histórica y que son más los motivos de tradición familiar los que me llevan a escribirte a ti, en lugar de escribirle a los Reyes Magos o a Papá Noel (Santa Claus).  Un amigo imaginario es tan bueno como cualquier otro así que sigo depositando mi cariño en el que aprendí a querer.

Quiero contarte primero que me he portado bien este año.  Aunque no lo suficiente he traído un poco de pan a mi familia y comencé un tratamiento orientado a sobreponerme ese indefinible trastorno de la personalidad que se traduce en bloqueos en mis actos.  Está pendiente una visita al neurólogo para encontrar o descartar lesiones físicas y entenderás que esté planeando la cita para el regreso de las festividades de fin de año.

Sé que pedirte cosas no hará que aparezcan debajo del arbolito, pero creo que el hecho de pedírtelas sí logrará que al menos ponga mi mente en claro en conocer mis propios propósitos.  Por ello mismo no voy a pedir cosas abstractas como la paz en el mundo sino cosas puntuales y materiales que me harán un tris más feliz.

Lo primero que te pido es cómo garantizar el seguro médico de mi familia, como un primer paso y la educación de mis hijos como el siguiente.  Si bien he estado considerando el home schooling, debido a mi condición creo que por el momento es mejor dejar la instrucción de mis hijos en manos de profesionales; motivo por el cual debo sobreponerme a mi situación y garantizar los costos de la misma.

La casa te la voy a pedir el próximo año (si todo va bien).

[Go Pro Hero3 Black] Te pido también un par de jugueticos.  (Léase un par como un puñado.)

El primero es una buena cámara de video HD.  Ya sabes que quiero ponerme a experimentar con la narración visual y las bitácoras en video y darle vida a mi canal de Youtube, y hablar de filosofía y de ciencia, de sociedad y realidad y de tantos otros temas usando formatos diferentes a los que exploto en mi blog.

[D-Link DSL-2740B] Lo segundo es un enrutador wifi de SSID múltiple para mi casa.  Para mí tiene mucho sentido lo del SSID múltiple de tal forma que yo pueda compartir mi conexión a internet con cualquier persona que pase por la calle como agradecimiento a todos los que han compartido sus redes wifi conmigo y, tal vez incluso, unirme a Bogotá Mesh.

[Samsung Galaxy S-III Mini] El tercer juguetico sería una herramienta móvil que me permita compartir las experiencias que tengo cuando camino por la ciudad o cuando asisto a un evento.  Sé que es una necesidad creada y que finalmente estoy compartiendo con personas a las que en su mayoría poco les importa pero a veces me siento algo egoísta de vivir esas experiencias sólo para mí.  Si eso se puede combinar con una buena agenda fácilmente sincronizable con todo: mucho mejor.

Un disco duro externo portable de uno o dos teras no me vendrían mal.  Ven lo agrego a la lista.

¿Sí viste el castillo de princesas de Play Mobil?  Ese no lo pediría para mí, sino para podérselo dar a mi chiquita, aunque no sé si eso implique también que haya que sumarle el castillo de caballeros para el hermanito.

Muchas gracias por la atención, mi estimado Niño Dios.  Sin mayores esperanzas me despido:

Tu incrédulo amigo

Carlos

Nothing Worse Than Wasted Talent

Sé que estoy haciendo algo mal.  Lo sé.  Si no no sabría cómo explicar que las personas a mi alrededor estén felices y contentas insertadas como miembros productivos de la sociedad mientras yo me estrello una y otra vez con mi incapacidad de lograr lo que se espera de mí.

The saddest thing in life is wasted talent. — Lorenzo Anello a su hijo C. en A Bronx Tale

Esta percepción de fracaso constante se ha ido apoderando cada vez más de mí.  No siempre fue así.  Cuando estaba en el colegio yo no era el mejor alumno, pero tenía mis fuertes en los que me destacaba y que me hacían ver como ese genio que triunfará en la vida por encima de sus compañeros.  Un talento por el que me destacaba.  Un talento que me haría grande.

Nunca estudié bien.  Llegaba a los exámenes con lo que había retenido de clases y no con lo que había estudiado la noche anterior.  No hacía la mitad de mis tareas ni el trabajo en clase.  Me ponía a dibujar laberintos en el cuaderno en lugar de tomar apuntes.  Pero no me iba tan mal.  De alguna forma en los exámenes lograba sacar notas aceptables y buenas que me permitían finalmente pasar el año.  Recordaba.  Relacionaba.  Analizaba.

Las matemáticas fueron mi fuerte probablemente porque allá pesa más la capacidad de pensar que la de recordar.  O tal vez porque mi mente fue particularmente diestra en la forma de pensar de las matemáticas que en cierta forma se extendía a todo lo demás.  Las matemáticas me dieron para viajar a otros países a representar a Colombia en las Olimpiadas y para haber obtenido medallas en esas competencias.

Un talento que me haría triunfar.

Pero un talento que no me ha servido de mucho en mi vida adulta.  No me ha servido de mucho el talento de recordar, relacionar y analizar.

No sé si aún tengo la mente brillante que tenía cuando era joven.  No he tenido muchas oportunidades de ejercitarla porque las exigencias de la vida adulta me piden otros talentos.  Talentos que no tuve, que no crié, que no cultivé.  El talento de cumplir.  El talento de pensar en forma práctica.

Mi capacidad de analizar me lleva a darme cuenta de muchas de mis fallas.  Darme cuenta de todas esas pequeñas decisiones que me hacen fracasar.  Pero ser capaz de ver a posteriori esto; ser capaz incluso de predecirlo a veces; no me ayudan a lograrlo.

Para actuar correctamente uno no necesita pensar nada.  No es más que una cuestión de entrenamiento.  Es una cuestión de automatizar las respuestas.  Una cuestión de olvidarte de lo que no conlleve a su fin.

No tengo la disciplina de ser disciplinado y ante eso no existe fuerza de voluntad posible que me lleve a cambiar la situación.  Puedo analizar todo hasta encontrar mis errores, pero eso no me sirve para prevenirlos.  Y tal vez ni siquiera necesite tanto análisis para prevenirlo.  Necesito disciplina para adquirir disciplina.  Y ahí hay una trampa conceptual.  Un Catch-22.

Es algo que no puedo hacer solo.  Tampoco es algo que alguien pueda hacer por mí.  Necesito un entrenador.  Ni siquiera necesito un guía.  Necesito alguien que me acostumbre a actuar correctamente sin pensar.  Todo lo demás será carreta, lo tomaré como carreta y lo desecharé como carreta.

We have a misconception that if we only cared enough about something, we would do something about it. But that’s not true.

Motivation is in the mind; follow-through is in the practice. Motivation is conceptual; follow-through is practical. In fact, the solution to a motivation problem is the exact opposite of the solution to a follow through problem. The mind is essential to motivation. But with follow through, it’s the mind that gets in the way.

Peter Bergman

Uno de los problemas de este sobreanálisis es que empiezo a reconocer el fracaso de mis expectativas y mis acciones.  Me siento cada vez más incapaz de actuar dentro de una sociedad a la que le importa muy poco mi talento y sí mucho los talentos que no tengo.

Recuerdo que, cuando trabajé en Huawei, mi supervisor inmediato me decía que apreciaba mucho esos momentos en los que mi talento había ayudado a resolver más eficazmente ciertos problemas.  Esos momentos en los que utilicé mi habilidad para pensar por fuera de la caja y aplicar esos conocimientos que tenía, pero por los cuales no me habían contratado.  Pero a pesar de esos momentos, en el día a día yo simplemente no era confiable.  Y yo sabía entonces y sigo sabiendo ahora que mi jefe tenía razón.

Son pocos los empleadores, o posibles socios, que confíen en mí sólo por mis momentos de inspiración.  Creo aun que tengo un gran talento para dar.  Oxidado, tal vez.  Pero la falta de otros talentos: la falta de disciplina, principalmente, me llevan a seguir desperdiciando mi potencial.

O tal vez sólo deba olvidarme de lo que podría ser capaz.

Emplearme en algo que no sólo no requiera pensar sino que me impida pensar.  Finalmente pensar no me ha servido de mucho en mi vida adulta.

El problema es que sí creo que hay algo peor que el talento desperdiciado y es tener que matar tu único talento sólo para adaptarte a los demás.

Escepticando

Pasaba por un sitio web dedicado al escepticismo y en los foros me encontraba con una discusión recurrente: ¿puede uno declararse cristiano (o creyente de cualquier religión) y a la vez escéptico? ¿O es el escepticismo una actitud exclusiva del ateísmo?

Crecí dentro de una tradición católica. Aprendí mis bases científicas y filosóficas de parte de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (Hermanos Lasallistas). Me hice profesional en una universidad regida por la Compañía de Jesús. Tomé a conciencia mi confirmación a los 16 años. Me casé por la iglesia y bauticé a mis hijos quienes ahora estudian en un colegio laico de orientación católica. Me creo, sin embargo, escéptico. Un escepticismo que me lleva a considerarme agnóstico más que ateo entre otras cosas porque no dejo de considerarme católico pues, aunque no tomo el dogma con fe de carbonero, siento una relación fuerte con todo este sistema de valores que enmarca mi educación cristiana.

¿Qué es una religión? Una religión tiene un componente mitológico. Cuando hablo de mitología no me refiero a que sea falso sino en el sentido de aquella forma como dentro de la religión se explica cómo llegó a ser el mundo y cómo este es. Como escéptico pongo en duda la veracidad de la mitología cristiana y sé que hay personas mucho más creyentes que yo que hacen esto mismo.

La posición oficial del catolicismo es que la creación en siete días tiene un significado mucho más simbólico que literal. La falta de una estructura vertical hace que otras iglesias cristianas tomen mucho más literal la Biblia en contra de la evidencia científica, pero igual hay creacionistas dentro del catolicismo como hay evolucionistas que se consideran cristianos no papistas. Mis dudas sobre la mitología cristiana tocan al mismo Jesús histórico.

La existencia misma del Jesús histórico es discutible. No hay mayores corroboraciones contemporáneas de la existencia de Jesús. No hay crónicas de su juicio y ejecución, o de los demás detalles que marcan su existencia. El historiador Josefo parece mencionar a Jesús indirectamente en un párrafo de Antigüedades Judías, párrafo del que hay evidencias de alteración en las transcripciones subsiguientes. Todos los demás documentos antiguos sobre Jesús son documentos cristianos escritos después de su muerte.

Asumiendo la historicidad de Jesús:  ¿Nació de una virgen?  ¿Esta virgen es a su vez hija de otra virgen?  ¿Resucitó en cuerpo y carne a los tres días de su muerte?  ¿Ascendió al cielo? Hoy sabemos que no existe un lugar en las alturas llamado cielo ¿Exáctamente a dónde ascendió Jesús?  ¿Ocurrieron realmente los milagros narrados en los evangelios?  ¿Es hijo único de Dios?  ¿Es Dios?

Además del componente mitológico, una religión es también una filosofía de vida, un conjunto de valores. Incluso he leído a miembros de la curia católica decir que elementos de la religión tales como la divinidad de Jesús no son realmente el eje de nuestra religión sino los valores que Jesús (histórico o literario) nos revela. Los valores propios del cristianismo, aquellos que lo hicieron original en su época, se centran en la fe, la esperanza y la caridad.

¿Son estos valores los que mejor nos convienen como seres humanos? Los romanos habían adoptado de la cultura griega valores como la razón que en gran medida se contrapone a la fe. Friedrich Nietzsche, entre muchos otros pensadores, nos lleva a rechazar valores como la fe y la esperanza por la forma como estos se oponen al progreso y la razón. Karl Marx llama a la religión el opio del pueblo porque estos valores de fe y esperanza han sido utilizados para someter al grueso de los súbditos y fieles. La caridad cristiana también recibe críticas de pensadores quienes ven ahí una falta de incentivos para el progreso humano.

Poner en duda los principios mitológicos y de valores de mi religión ¿me hacen un apóstata o un hereje? O, por el contrario, ¿no desecharlos me hace un mal escéptico?

En principio un escéptico es una persona que pone en duda todo y saca sus propias conclusiones a partir de la información que puede probar. Pero todos, por más escépticos que seamos, tenemos una serie de creencias.

Yo creo más en la evolución que en la creación del mundo. Tiene más sentido para mí con todo lo que he leído el universo antiguo propuesto por la biología evolucionista y la astrofísica que el universo joven descrito por la Biblia. Pero, la verdad, no tengo corroboración de lo uno o lo otro. Ante la imposibilidad de hacer mis propios experimentos tengo que recurrir a distintas autoridades de uno u otro campo, como Richard Dawkins y Stephen Hawking por el universo antiguo y la vida evolucionada o quien quiera que haya escrito el libro del Génesis en la Biblia o sus equivalentes en otras religiones a favor del universo joven y creado.

A decir verdad, desde mi punto de vista, el universo pudo haber aparecido hace cinco minutos y que todo lo que yo recuerdo que pasó en mis casi 40 años de vida no sean más que recuerdos implantados.

Pero ¿quién me implantó esos recuerdos? ¿Por qué? ¿Qué sentido tiene que todo el universo no sea más que algo que existe en mi mente y ha existido tan solo por unos pocos minutos? Si bien no tengo una prueba de que esto no sea así, las otras teorías, incluyendo la creación judeocristiana, tienen más sentido. Un mundo que percibo como más antiguo que mi propia existencia tiene más sentido que un mundo completamente imaginado por mí.

Y, bajo ese mismo criterio, prefiero creerle a un Dawkings y un Hawking que han pensado el universo con la ayuda de toda una comunidad científica que los nutre y los cuestiona que lo que dice un libro escrito hace más de dos mil años por personas sin credenciales científicas a menos que acepte la hipótesis de que un dios que lo sabe todo dictó tales libros.

Pero, que yo prefiera creerle a estos personajes científicos no me hacen necesariamente un creyente ciego de cierta interpretación de la ciencia.

Dawkings y Hawking bien pueden estar equivocados. Probablemente sí existe un dios todopoderoso que creó todo incluyendo la fabricación de las evidencias que Dawkings y Hawking usan como base de sus teorías. Ellos también han tenido críticas dentro de la propia comunidad científica y hay científicos reconocidos que ponen en duda sus conclusiones, no por un sesgo religioso sino porque la esencia de la ciencia es controvertir lo que se conoce para ponerlo a prueba y aproximarnos a la verdad.

Así que aunque creo en estos científicos no tengo una fe ciega en ellos. Si ellos niegan a Dios no quiere decir que Dios no existe. Es decir, Dios no deja de existir porque Nietzsche, Dawkings, Hawking y otros lo nieguen. Tampoco existe porque la Biblia lo diga. Pero, incluso, la interpretación de un universo autocontenido de Hawking, o de la existencia medible de genes y memes de Dawkings, o los valores que propone Nietzsche en contrapeso a la fe, esperanza y caridad tiene que ser así sólo porque ellos lo digan.

Para mí son simplemente interpretaciones más creíbles. Pero en últimas es eso, una creencia.

Creo que lo esencial de ser escéptico no está en renunciar a toda creencia sino en saber que lo que uno cree no es la verdad absoluta y por ende estar dispuesto a aceptar otras hipótesis como posibilidades.

Planeando bodas

Falta poco más de una semana para que se case la menor de mis primas.  Entre todos mis primos, primas y mi propio núcleo familiar es la tercera boda.  Estaba pensando si el número es pequeño pues igual tampoco es que tenga taaantos primos (dos de lado de mi madre, cuatro de parte de mi papá, mi hermana y yo) aunque ya todos pasamos de los 30.

[bodas] Como no soy de las personas a las que invitan sus amigos y compañeros de trabajo a sus propias bodas, pues lejos estoy de ser un experto en bodas.  La mía propia fue bastante sencilla.  Un poco a las carreras porque tocaba aprovechar que mis papás llegaban de vacaciones y el cura que mi esposa quería no se fuera aún de la ciudad. Continue reading