Sobre #MeToo (#YoTambién)

Recientemente leía en Quora las respuestas y comentarios a una pregunta: «¿Que errores comunes cometen las escritoras al retratar personajes masculinos?». (También existe la pregunta sobre los errores comunes de los escritores varones al retratar mujeres.) Dos tipos de errores sobresalen en la mayoría de respuestas: retratar a los varones como mujeres con bigote, o retratarlos como robots sin sentimientos.

Entendiendo primero que todos somos individuos y que hay una gran variación y excepciones, sí hay comportamientos que son más predominantemente femeninos y otros que son más predominantemente masculinos. Y como lectores o espectadores de una película o serie, muchas veces notamos cuando algo no es correcto. En general los hombres tenemos el mismo rango de sentimientos que una mujer, pero lo expresamos diferente. Bien sea por cultura o biología, nuestro papel no es compartir nuestros sentimientos sino actuar. Desde luego nuestros sentimientos, temores, frustraciones, expectativas, repercuten en nuestras acciones, pero no necesariamente en nuestras palabras. Usualmente no en nuestras palabras. Una escritora poco experimentada puede caer así en una de las dos trampas: poner a su personaje masculino a expresar constantemente sus sentimientos, o asumir que porque no los expresa es porque no los tiene.

Otro punto que se destaca frecuentemente es la diferencia de actitud de hombres y mujeres frente a los problemas. En muchos casos la mujer busca es validar sus sentimientos frente al problema. Para el hombre es un llamado a una acción para resolverlo. Esto me recuerda la escena de Inside Out en la cual Riley se rebela en la mesa. La mamá de Riley observa la situación y requiere del apoyo del papá para enfrentarla, buscar un consenso. El papá está distraído, leyendo o algo. Cuando le hacen caer en cuenta que hay un problema su actitud es tomar una acción inmediata: castigar a Riley enviándola a su cuarto. Problema resuelto. Fin de la situación. Regresamos a la normalidad. La mamá desde luego no está satisfecha. Pero decide no desgastarse.

Una respuesta parte de una hipótesis. Los hombres somos esencialmente solitarios. Bien por cultura o por naturaleza nuestros problemas son nuestros problemas y nos compete a nosotros resolverlos (sea que lo hagamos o no). No quiere decir que nos echemos toda la carga: pedir ayuda es una forma de intentar resolver nuestros problemas, pero no hay necesidad de hablar de nuestros problemas a menos que estemos haciendo precisamente eso: pidiendo ayuda. Ya las diferencias de personalidad y nuestras diferentes experiencias harán que este hombre solitario busque resolver sus problemas de una forma u otra.

Desde luego son generalidades. Hay diferencias entre individuos, y dentro de un individuo hay momentos. Muchas veces los hombres reventamos y ya no buscamos ayuda sino consuelo. Muchas veces las mujeres entienden que el problema hay que resolverlo sin esperar a validar consensos. Un buen escritor (hombre o mujer) entiende cuando la historia puede provocar una excepción a la norma y hacer a sus personales más creíbles.Pero no voy a extenderme en estereotipos en obras de ficción.

Voy a hablar de sexismo. Voy a hablar de acoso. Y voy a hablar de actitudes.

Una de las respuestas habla sobre el sexismo. El sexismo típico no se trata de un hombre que odia a las mujeres y se la pasa hablando de qué tan malas son las mujeres o por qué las mujeres deben permanecer en la cocina. El sexismo típico es un hombre que ni siquiera se siente sexista, sino inseguro. Se siente amenazado y termina expresando su frustración con la idea de que algo está mal porque una mujer osó salir de la cocina.

A veces los mismos hombres no entendemos esto. Crecimos con la expectativa de que debemos enfrentar nuestros temores, no hablar de ellos. ¡Sea varón! En una aldea primitiva los varones eramos la primera línea de defensa cuando nos amenazaba un león o una tribu vecina. No hay tiempo para sentimientos: hay que actuar. Nuestra adrenalina debe estar lista para repeler el ataque. La segunda línea de defensa, si la primera falla, son nuestras mamás, pero la situación suele dar tiempo para que estas se preparen. Esta segunda línea de defensa requiere ser más elaborada, menos impulsiva. Pero regresemos a la primera línea: la acción debe ser rápida; los temores deben ser dejados de lado.

Estamos lejos de esa aldea primitiva, pero muchas de las actitudes se conservan, bien heredadas por nuestros genes o por nuestra cultura. Pero aunque nos reservamos nuestros temores y sentimientos ellos siguen allí. No importa cuan vulnerables nos sentimos, debemos aparentar que estamos controlando la situación. Podemos actuar como bravucones temerarios cuando estamos cagados de miedo.

Crecí en los años 1980. La típica comedia romántica de la época se basaba en la conquista amorosa: la idea de que si insistimos lo suficiente por la mujer adecuada podemos conquistarla. El nerd que conquista a la reina de de la promoción. En algunos casos la comedia se basa en que equivocamos a la mujer adecuada, pero al final se resuelve y nuestra alma gemela no era la reina sino nuestra amiga de toda la vida.

La idea de conquista no es de los años 1980. Viene de mucho antes. Es Condorito y Pepe Cortisona peléandose por Yayita. Popeye y Brutus por Olivia. La perseverancia es vista como un valor. Hay que impresionar. Hay que mostrar interés pero no mostrar el hambre.

Hoy veo al feminismo denunciando al coqueteo. Insistiendo que no es no. Recordándonos que insistir es acoso. Una primera reacción es que nos cambiaron las reglas del juego. Tal vez un varón entienda que hay un coqueteo vulgar y entienda que ese es un límite que no debería cruzar, pero siente que el sólo hecho de expresar que está interesado será interpretado como acoso. O tan sólo saludar. ¿Lo es? La perseverancia ya no es un valor sino abuso.

Esto genera frustración y sentimientos de vulnerabilidad. Pero somos varones. No hablamos de cómo nos sentimos. Actuamos. Y actuamos vergonzantemente, apoyando esas ideas feministas como una forma de decirnos a nosotros mismos que no somos esos machos misóginos que ellas denuncian. O actuamos denunciando a las feminazis que quieren prohibirnos incluso decir algo lindo sobre nuestros congéneres. Actuamos culpando a otro: a esos machos que no son como uno pero nos dan mal nombre, o a esas feministas que no distinguen a un hombre decente como uno de un machista. Actuamos culpándonos a nosotros mismos por no ser suficientemente buenos, o por no ser suficientemente varones para defender nuestra posición. Actuamos pensando que siempre hemos estado en lo correcto y no no venga una feminista a decirnos cómo actuar o qué decir.

Y viene ahora una campaña como el #MeToo, el #YoTambién. Se trata de visibilizar el acoso, y el problema es que es muy fácil no entender de qué se trata.

Mi generación creció en una etapa de transición. Muchos de mis compañeros, yo mismo, crecimos con una mamá en casa, pero había ya varias mujeres ocupando trabajos antes reservados para los varones. Hoy en día la fuerza laboral es casi pareja y son raras las mujeres que tienen el privilegio (o la carga) de poder permanecer en casa con sus hijos. La economía se adaptó a absorber esa nueva fuerza laboral y los salarios se adaptaron a no sostener una familia sino media.

Ha habido muchos cambios hacia la igualdad y varios de ellos los hemos presenciado a lo largo de nuestras vidas, y por ello es fácil creer que esa igualdad ha sido conquistada. Nuestra generación no es como la de nuestros abuelos en que el machismo era la norma. Nosotros no somos como esos países árabes que obligan a las mujeres a usar nicab. No somos como en la india donde una pandilla viola a una chica en un tren y los absuelven a todos. Entonces ¿de qué se quejan esas feministas? Ya conquistaron el voto y el derecho a trabajar fuera de casa, ahora se quejan de cómo hablamos y qué decimos.

Pero aun falta mucho para esa igualdad. Y #MeToo es una prueba de ello.

Casi todas las mujeres en mi entorno han sido víctimas de alguna forma de abuso y acoso. Hay dos posibles explicaciones: una es que aun quedan unos pocos acosadores seriales, u otra que los varones somos acosadores por naturaleza.

Ahora, muchos de nosotros “sabemos” que no somos nosotros los acosadores. La idea de que somos acosadores por naturaleza es incómoda. Nos hace quedar mal. Nos destruye el mito de que ya la igualdad ha sido conquistada. Así que la explicación debe ser otra.

También aborrecemos a los acosadores seriales. Si llegáramos a descubrir a alguno, lo lincharíamos. No lo toleraríamos en nuestro círculo. Esos deben ser unos desadaptados que no nos representan.

Entonces debe haber otra explicación: las mujeres (o las feministas) están exagerando o muchos de los casos de abuso y acoso se trata de malentendidos o exageraciones.

Pero el problema es más complejo. Un acosador no es un personaje excluido y solitario, sino que es nuestro compañero de trabajo con el que compartimos unas cervezas y, dentro de nuestra experiencia, es un tipo decente. Un acosador puede ser el gerente, deportista, cantante o político que admiramos. Un acosador puede ser el soldado de la patria que nos defiende de esos facinerosos comunistas. Un acosador no es un marginado al que yo pueda rechazar sino una persona que se parece a mí, o se parece a quien yo admiro. Si lo acusan me podrían estar acusando a mí. Tal vez fue un mal entendido (y yo podría ser víctima de un malentendido similar). Si lo acusan es porque se le quieren tirar la carrera. Si la acusan es porque quieren mancillar el buen nombre de nuestro ejército.

En últimas la acusación es un golpe más a nuestras vulnerabilidades, temores y frustraciones que no debemos admitir.

Prefiero dejar claro una cosa aquí. Yo no soy una persona moralmente perfecta y fácilmente, cuando algunas de mis amigas de Facebook escriben en su estado #MeToo pueden estarse refiriendo a mí, sea que ellas se hayan dado cuenta o no. Tal vez mi personalidad introvertida y timidez impidieron que yo fuese más acosador de lo que he sido. Porque lo he sido.

Sí, lo admito. Yo he acosado en formas en las que hoy soy consciente. Y probablemente también he acosado en formas en las que aún no soy consiente todavía. Y no es algo que me enorgullece sino que me avergüenza.

No nacemos hombre o mujer: Nacemos bebés

No se nace hombre ni se nace mujer: se nace bebé. Una de las primeras cosas que hace un obstetra o una partera cuando nace un bebé es observar sus genitales y declarar si nació un varón o una hembra, aunque con el creciente uso del ultrasonido esto dejó de ser una sorpresa tras el parto.p19

Excepto por esos genitales, son muy pocas las diferencias corporales entre un bebé varón y una bebé hembra. Luego los niños crecen y llegan a la pubertad y las diferencias fisiológicas se acrecientan: la voz, el vello púbico y el vello facial, el crecimiento en estatura y masa corporal. La identidad sexual comienza antes de la pubertad: las hembras aprenden a reconocerse como niñas y como futuras mujeres; los varones aprenden a reconocerse como niños y como futuros hombres. Niños y niñas se visten diferente, tienen juguetes diferentes, desarrollan gustos diferentes.

Nuestra sociedad tiene dos casillas importantes para las personas adultas: los hombres y las mujeres. Y entre estas dos casillas hay diferencias fisiológicas internas y externas y diferencias en el comportamiento personal y frente a la sociedad, tales como la forma de vestir, de relacionarnos con los hijos, y en menor medida, de escoger profesión.

Un hombre, es un individuo cuyo par cromosómico sexual es XY y tiene mayores niveles de testosterona que de estrógenos y otras características hormonales. Sus organos sexuales son externos y constan de un pene y unos testículos. El pene, además de su función sexual, le permite apuntar al orinar. Los testículos, además de su función sexual, lo obligan a abrir ligeramente (o no tan ligeramente) las piernas al sentarse. Su pubertad tiende a comenzar después de los 12 años, y durante esta etapa de crecimiento desarrolla mayor estatura final y mayor masa muscular que las mujeres. El hombre tiene vello facial grueso. En nuestra sociedad tradicionalmente se esperaba que el hombre use menos adornos corporales, lo cual incluye llevar el pelo corto, no usar aretes ni pulseras, vestir trajes poco llamativos, etc. En distintas épocas ha variado la costumbre de afeitar o no el vello facial.

La mujer, por otro lado, es un individuo con par cromosómico XX y mayores niveles de estrógeno que de testosterona. Sus organos sexuales son internos: la vagina y los ovarios. Siendo nosotros mamíferos placentarios, macrocéfalos y bípedos, los huesos púbicos se ensanchan para permitir el eventual parto. Su pubertad suele comenzar antes de los 12 años, desarrollando menos estatura final y menor masa muscular que los hombres. El vello facial de la mujer es delgado, corto, y apenas distinguible de la vellosidad normal. En nuestra sociedad la mujer se arregla por medio de pelo largo y peinados, aretes, collares, pulseras y vestidos, maquillaje, entre otros.

La mayor parte de la vida pública está dominada por los hombres. Se espera que el hombre salga de su casa para obtener recursos y alimentar a su familia y para dirigir a la sociedad. De las mujeres se espera que cuiden a la familia y a los hijos aun cuando tengan que también salir a la vida pública.

En trabajos pesados como el arado de la tierra, la ganadería, la construcción, el uso de maquinaria pesada, etc. predominan los hombres. Las mujeres deben adaptarse a ese ritmo. En trabajos que impliquen cuidar a otras personas: enfermería, guarderías, escuela primara, predominan los hombres las mujeres. En países como Estados Unidos el trabajo de limpieza de edificios grandes se considera un trabajo pesado y por ello la mayoría de conserjes son varones, pero en Colombia se considera más afín al cuidado del hogar y la mayoría de las empleadas de aseo son mujeres. Colombia también tiene una gran fuerza de trabajo femenina en manufacturas y agricultura (principalmente recolección y cosecha) en contraste con otros países. También las colombianas se han dedicado a ciencia e ingeniería en números importantes en comparación con otros países, pero esto es relativamente reciente. Hace un par de generaciones las ingenierías eran campo exclusivo de los hombres.

En Colombia hay una gran variedad cultural en cuanto al papel del hombre y la mujer dentro del hogar. En la familia tradicional costeña, el hombre es el rey y la mujer es su propiedad. Cuando el hombre regresa a la casa la mujer debe servirlo y complacerlo y los niños deben aprender a respetar a su papá por encima de cualquier otra persona. Los niños varones aprenden a ser servidos por sus mamás y hermanas, y las niñas aprenden a servir a los hombres de la casa. En contraste, en la familia tradicional antioqueña la mujer de mayor jerarquía (p. ej. la madre en familias nucleares) es la jefe del hogar. La función del padre es traer a la casa la comida pero dentro del hogar quien lleva las riendas es la mujer. Los hijos aprenden a hacer respetar a su mamá por encima de cualquier cosa, incluyendo por encima del papá. En el resto del país hay cierta variedad, pero una relación un poco más igualitaria entre padres y madres. Esta relación en el hogar no se refleja necesariamente en la vida pública: tanto el hombre costeño como el hombre antioqueño dominan la vida pública.

Entre estas diferencias entre hombres y mujeres, confluyen diferentes factores. La producción de testosterona y estrógenos está relacionada con el par cromosómico sexual (XX o XY). El cuerpo de la madre gestante produce también mayores niveles de testosterona cuando está embarazada de un varón. La testosterona influye en el comportamiento. A mayor testosterona más competitivo es el individuo. Pero también se ha observado que el nivel de testosterona, sobre todo en el bebé gestante, influye en algunas habilidades tales como la facilidad de trabajar con números o las formas de percibir el espacio. Por ello los varones suelen destacarse más que las hembras en matemáticas. Esto, junto con la mayor agresividad, hacen que el individuo con testosterona prefiera salir del hogar y buscar riesgos, mientras que los individuos con menos testosterona sean más dados a la empatía y al cuidado. También el estrógeno y la testosterona influyen en cuándo y cómo se desarrolla la pubertad: el desarrollo de la cadera en las mujeres, el vello facial en los hombres, el desarrollo de masa muscular, el engrosamiento de la voz, etc.

La testosterona, si bien influenciada por la genética, también se dispara o disminuye por factores externos. La actividad física, sobre todo competitiva, incrementa la producción de testosterona, sin embargo cuando el individuo se reconoce en desventaja, los niveles de testosterona bajan, haciendo al individuo más empático y colaborador.

En la mayor parte de los casos, todos estos factores fisiológicos coinciden. El individuo XY tiene órganos sexuales externos y mayores niveles de testosterona, lo cual lo lleva a comportamientos más masculinos que suelen ser reforzados por lo que la sociedad espera de los hombres. Por otro lado el individuo XX tiene órganos sexuales internos, mayores niveles de estrógenos, lo cual lo lleva a comportamientos más femeninos que suelen ser reforzados por lo que la sociedad espera de las mujeres.

Pero no siempre sucede.

Primero, cerca de uno de cada mil individuos, no tiene uno de los pares cromosómicos sexuales normales, sino que presenta formas XXX, XXY, XYY, X0, y otros. Normalmente XXX presenta rasgos femeninos, y XYY razgos masculinos, mientras que XXY presentan rasgos ambiguos.

Aún entre los individuos XX y XY, los organos sexuales pueden ser ambiguos o reversados con una incidencia de uno entre cada diez mil. ¿Qué significa esto? Que en cerca de 5000 colombianos sus genitales son diferentes a lo que sus cromosomas dicen.

Los niveles de testosterona en el útero dependen de la madre, su capacidad biológica, su entorno (ya vimos que el ambiente puede aumentar o disminuir el nivel de testosterona), y cómo el feto indica a la madre que es un varón o una hembra. Como tal es apenas una tendencia que estos niveles sean mayores cuando el feto es varón que cuando es hembra, y hay muchos casos reversos. Una vez nacido, y hasta la pubertad y la edad adulta, varios factores ambientales pueden variar la producción de testosterona, adicional a diferencias genéticas no relacionadas con el par cromosómico sexual.

La sociedad juega un papel en la definición sexual. Esta relación es de doble vía. La teoría feminista de que es exclusivamente el patriarcado el que impone los roles sexuales no es apoyado por las observaciones ni por la lógica. La relación entre agresividad y empatía está en gran parte determinada por los cromosomas las hormonas, las cuales están en gran parte determinadas por el sexo, lo cual crea estructuras sociales que aprovechan y refuerzan ese comportamiento agresivo de los varones y la empatía de las hembras. Dependiendo de qué tan estricta es la sociedad, este adoctrinamiento conductual es rígido o laxo. En el último par de generaciones muchas cosas han cambiado en Colombia, sobre todo en las clases medias y altas, haciendo que más mujeres entren a trabajos tradicionalmente masculinos y más hombres aceptando trabajos y actitudes antes reservados para las mujeres. La longitud del pelo, el uso de adornos externos como aretes, collares y pulseras, y el uso de prendas llamativas son cada vez más aceptados. Pero hace un par de generaciones esto sólo se veía como parte de la contracultura (jipis), y una generación atrás era impensable. Aún hay estereotipos masculinos y femeninos impuestos culturalmente y por ello parece una gran ofensa la sugerencia del borrador de la cartilla Ambientes escolares libres de discriminación de sugerir que los niños varones no sean sancionados por preferir usar falda o las niñas pantalón.

Bandera transgénero499 de cada 500 individuos no presenta ambigüedades cromosómicas o genitales. Y la gran mayoría de estas personas no tienen dificultad para identificarse como hombres o como mujeres en concordancia con esta situación. Aún las mujeres que toman trabajos tradicionalmente masculinos se saben mujeres y la mayor parte de los hombres que toman oficios tradicionalmente femeninos se saben hombres. Pero dentro de estos casos de hombres y mujeres bien definidos, hay una pequeña fracción que no concuerda. La verdad la mayor parte de nosotros somos personas multidimensionales. Todos tenemos testosterona y estrógenos. Todos tenemos vello facial (varía el grosor). Nuestro cerebro y capacidad de decisión fácilmente pueden sobreescribir la tendencia genética, y cada uno de nosotros, entre las cosas que nos gusta hacer, hay algunas cosas tradicionalmente femeninas y otras cosas tradicionalmente masculinas. Todos tenemos algunas actitudes tradicionalmente femeninas y otras actitudes tradicionalmente masculinas. En ocasiones nuestros gustos y actitudes discordantes generan algo de angustia, p. ej. el niño varón que le gusta jugar y vestir a sus muñecos, pero que no se enteren sus amigos. Otros generan menos angustia y no nos da temor admitirlo. Nos adaptamos. Suprimimos nuestros gustos vergonzantes. Nos hacemos más hombres o más mujeres adaptándonos a lo que la sociedad y nuestros compañeros esperan de nosotros. Pero en unos pocos casos estas discordancias son tantas o tan profundas que para algunos individuos es más fácil adaptarse a lo que se espera del género opuesto. Son individuos XY de genitales externos que se identifican como niñas o mujeres, e individuos XX de genitales internos que se identifican como niños u hombres.

La mayor parte de las sociedades occidentales actuales, incluyendo la colombiana, son dicótomas en la identificación sexual. Tenemos una casilla para hombres y una casilla para mujeres. La gran mayoría de los varones nos identificamos como hombres y la gran mayoría de las hembras se identifican como mujeres. Y la gran mayoría de esa pequeña fracción que no se identifica en concordancia se identifica en el otro grupo: varones identificados como mujeres transexuales y hembras identificadas como hombres transexuales. Hay otras sociedades donde se distinguen distintos tipos de tercer género (y donde estos terceros géneros tienen distintos niveles de aceptación).

Pero estamos en Colombia con nuestras dos casillas. O somos hombres o somos mujeres. El 2 por mil de individuos intersexuales (con ambigüedad cromosómica o genital) terminan presentándose en la sociedad bien como hombres o bien como mujeres. Del 99,8% de los individuos no ambiguos, cerca del 99% tienen concordancia en su identificación sexual: varones que se identifican como hombres y hembras que se identifican como mujeres. Pero hay cerca de un 1% de individuos sin ambigüedad fisiológica que no se identifican dentro de su género concordante. Medio millón de colombianos que nacieron XY pero se identifican como mujeres o nacieron XX pero se identifican como hombres.

En sociedades muy rígidas, estas casillas son tan fuertes que los individuos transexuales deben o bien conformarse y adaptarse al genero concordante con su sexo fisiológico, con toda la angustia que esto causa, o mentir y vivir bajo su género psicológico ocultando su sexo fisiológico, lo cual también genera angustia de ser descubiertos. Con suerte, y gracias a la tecnología actual, pueden reasignarse: tomar hormonas y someterse a cirugía para que las características sexuales fisiológicas concuerden con su género psicológico, pero la reasignación no siempre es posible. Aun así hay suficientes individuos que no pueden aceptar aquello que se sale de sus casillas mentales, que los individuos transexuales viven en permanente riesgo de ser asaltados por su condición.

Y aun no he tocado el trasvestismo y la orientación sexual. Un trasvesti es una persona que se identifica primariamente con un género (generalmente concordante) pero pretende en ocasiones ser del otro género. Por ejemplo hombres que se visten como mujeres y viceversa. El trasvestismo puede ser un caso de identificación de género ambiguo o incompleto, o puede ser un juego de interpretación. El primer caso sería, por ejemplo, un individuo fisiológicamente varón (XY y genitales externos), que no se identifica plenamente como hombre o como mujer, pero normalmente se presenta a la sociedad bajo su género concordante (hombre) y, cuando la circunstancias lo permiten, cambia su presentación al género discordante (mujer en el ejemplo). El segundo caso es un individuo quien se identifica plenamente con un genero, generalmente en concordante, pero le gusta ocasionalmente aparentar o fingir ser del otro género.

Dentro del ~99% de individuos no ambiguos concordantes, una mayoría siente atracción sexual primaria hacia individuos del sexo opuesto. Los hombres varones en su mayoría sienten atracción sexual hacia las mujeres. Las mujeres hembras en su mayoría sienten atracción sexual hacia los hombres. En un número importante de ocasiones sentimos afecto hacia el tipo de personas al cual nos sentimos sexualmente atraídos, y en sociedades monógamas solemos buscar como compañeros permanentes de vida a una persona que a la vez nos atraiga sexualmente y por la cual sentimos afecto. Cerca del 90% de los individuos tenemos plena concordancia: o somos varones hombres que sentimos atracción y afecto hacia las mujeres (y de decidir casarnos lo haríamos con una mujer) o somos hembras mujeres que sentimos atracción y afecto hacia los hombres (y de decidir casarnos lo haríamos con un hombre). Y esto es evolutivamente bueno porque permite la preservación de la especie humana.

Aberración (pero no del tipo que hablamos aquí)

Aberración (pero no del tipo que hablamos aquí)

Y como los individuos heterosexuales cisgénero (concordantes) no ambiguos son la gran mayoría, es fácil ver por qué nuestra sociedad, y la mayoría de sociedades, establecen estas dos casillas: o somos hombres o somos mujeres. Y lo que se salga de esas casillas se considera una aberración. En sociedades rígidas es más fácil pensar que esas son aberraciones a pensar que existan otras casillas o que las casillas no estén bien definidas.

Y las aberraciones, o bien se encasillan en una de las dos categorías existentes, o bien deben excluirse de la sociedad. Los individuos ambiguos, trasngénero y homosexuales tienen mayor índice de suicidio que los no-ambiguos, cisgénero u heterosexuales, en gran medida porque no tienen una sociedad que los obliga a conformarse en una casilla incorrecta. Muchos lo hacen. Muchos se conforman. Muchos homosexuales se casan con personas del sexo opuesto sólo porque así lo espera la sociedad, muchas veces sin siquiera saber o reconocerse como homosexuales, reprimiendo la atracción y el afecto a otros individuos del mismo sexo. Muchas personas transgénero o bien ocultan su género psicológico o bien ocultan su sexo fisiológico. Las personas sexualmente ambiguas, con suerte pueden elegir: en muchos casos fueron sus médicos o sus padres quienes decidieron por ellos.

Como mayoría podemos decir que las aberraciones no son importantes. Ese 10% de homosexuales que se adapten. Ese 1% de trasngéneros que se definan (preferiblemente asumiendo su género en concordancia con el sexo fisiológico). Ese 1‰ de ambiguos ¡¿qué importan?! ¿Por qué debe la sociedad adaptarse a una ínfima minoría?

En muchos casos todo son decisiones. Yo no puedo decidir quién me atrae sexualmente pero sí puedo decidir con quién entablar una relación afectiva. Así como el heterosexual puede decidirse a ser célibe y reprimir sus impulsos sexuales, el homosexual debe decidirse a reprimir sus impulsos homosexuales. El individuo transexual, esa minoría, puede tomar la decisión de adaptarse. Muchos hemos hecho sacrificios, niños que aprendieron a no jugar a vestir a sus muñecos, hombres y mujeres que han aprendido a no fumar en el trabajo, o a no hablar mal del expresidente en ciertos círculos. ¿Por qué no pueden los individuos de esa minoría hacer ese sacrificio y reprimir su género psicológico? Es más, ni siquiera deben reprimir nada, con seguridad que identificarse como transgénero no es más que una moda, un deseo de llamar la atención.

Sí, como sociedad podemos decidir que las aberraciones, que lo anormal, no es importante. Podemos decidir que no hay más que dos casillas: hombres y mujeres, y que todo el mundo debe adaptarse a ellas en función a su sexo fisiológico. Finalmente casi todos somos normales. La mayoría no tenemos que decidir cómo adaptarnos y nunca fue un dilema.

O como sociedad podemos reconocer que las minorías existen y son respetables. Para empezar los individuos sexualmente ambiguos e intersexuales no lo son por decisión propia. En una sociedad que decide ser incluyente, no tiene justificación ignorarlos sólo porque son una ínfima minoría. Ahora, si bien existe transexualismos por moda, en su gran mayoría es un problema real de autoidentificación. Un niño que pueda hablar abiertamente de sus dudas, sin temor a ser intimidado por sus compañeros, maestros y padres, podrá entender mejor su identificación de género. Probablemente esto lo lleve a que no necesite definirse como trasnsexual, sino que se acepte como cisgénero con actutudes, gustos y comportamientos no concordantes pero no por ello aberrantes, o a que se defina plenamente transgénero sin temores ni rechazos. Esto no es afín a los sacrificios que conlleva dejar temporalmente el cigarrillo o no expresar nuestras opiniones políticas en ciertas circunstancias, porque usualmente fumar o tomar una postura política no es parte de nuestra identidad como persona, y porque eventualmente podemos salir a prender un cigarrillo o desfogar nuestro pensamiento político en foros de Internet.

Nos asustan muchas cosas.

Gina Parody y Cecilia ÁlvarezEntender que esas casillas tradicionales de hombre y mujer no son únicas, ni plenamente definidas; comprender que lo que llamábamos aberraciones son sólo condiciones no ordinarias, representan un cambio de paradigma y estos cambios de paradigmas asustan. Nos asusta más cuando se trata de nuestros hijos. ¿Qué tal que mi hijo resulte una aberración? ¡No! ¡mi hijo no puede ser una aberración y si pasa es por malas influencias! ¡Quieren confundir a nuestros hijos! ¡Esa ministra LGBTI!

Confundimos la aceptación a la diversidad como promoción de la anormalidad. Reconocer y aceptar que hay personas que no se encasillan o que se encasillan al revés de nuestras expectativas, no significa que los encasillados terminemos saliéndonos de nuestras categorías. La mayoría de los varones seguirán identificándose como hombres y la mayoría de ellos seguirán sintiéndose atraídos por mujeres y la mayoría de las hembras seguirán identificándose como mujeres y en su mayoría enamorándose de hombres. La especie humana no desaparecerá de la faz de la tierra. ¿Y nuestros hijos? Si nuestros hijos crecen como transexuales o como homosexuales, lo más probable es que la tendencia ya existiese. No nos convirtieron a nuestros hijos, sino que ellos ya lo eran y tan sólo lo están aceptando. Si creemos que eso es una aberración, no es que nos hayan corrompido a nuestros hijos, sino que así crecieron. Cabe preguntarnos en estos casos ¿qué pasaría si nuestro hijo crece con esa tendencia, pero debe ocultarla por temor a sus compañeros, maestros y padres? ¿estamos realmente dispuestos a que nuestros hijos crezcan desdichados con tal de no cambiar nuestro paradigma?

Pero no. Si realmente estamos convencidos de que es una aberración, es inconcebible que nuestros hijos lo sean y si lo son fue porque le llenaron la cabeza de basura o porque no merece existir.

Pero entonces no digamos mentiras. No digamos que nos interesan nuestros hijos. Nos interesa es conservar nuestro paradigma. O tal vez soy yo el anormal de creer que prefiero hijos felices a hijos encasillados.

Lo otro que nos asusta no es que nuestros hijos crezcan confundidos (porque para eso estoy yo) sino que otros niños, los hijos de otros, aberrantes o confundidos, agredan a nuestros hijos. Que otro niño varón intente besar a nuestro hijo varón. Que otra niña confunda a mi niña.

Para mí es claro que una buena educación sexual, y un buen manual de convivencia, no debe estar basado sólo en la aceptación de las diferencias minoritarias y la autoaceptación, sino en el respeto a la autonomía de los demás y la protección a la misma. Un beso no consentido es eso: un acto sexual no consentido. No importa si quien agrede es homosexual o transgénero o si es heterosexual y cisgénero. La agresión es agresión y la víctima debe ser protegida, con le exclusión del agresor si es el caso; pero antes de ello se le debe enseñar a los niños y niñas el respeto a la autonomía del otro, para que nunca vayan a ser los agresores.

No nacemos hombre o mujer. Nacemos bebés, y en su gran mayoría nacemos bebés varones o bebés hembras. Crecemos luego y nos hacemos hombres o mujeres (ocasionalmente andróginos u otra cosa), en una gran mayoría los varones creceremos como hombres y las hembras como mujeres; y diversos factores biológicos, ambientales y culturales contribuyen a la tendencia de que los varones crezcan como hombres y las hembras como mujeres.

Ignorar que esa tendencia es una tendencia y no un mandato rígido es tan peligroso como ignorar nuestra biología y el componente biológico de tales tendencias.

Hay cierto revuelo

Se ha hablado mucho y con seguridad se seguirá hablando de este tema. Y ya en varias ocasiones he dejado clara mi posición, pero la repito por si no ha quedado clara: no creo que la orientación sexual de una persona sea causal suficiente para creer que será mal padre y los niños tienen el derecho de que los adultos que fungen como padres sean legalmente reconocidos como tales.

Familia homoparental

Familia homoparental, CC-by Stephanie Haynes en Flickr

Poder realizar un estudio serio y significativo sobre cómo influye la adopción de niños por parejas homosexuales, como cualquier estudio sobre crianza de los niños, posee un problema inherente a todas las ciencias sociales: de una forma u otra los sujetos de estudio son conejillos de indias humanos, y entre mejor se quiera tener un grupo de control, mayor será la despersonalización de los estudiados. En estudios de largo rato se requiere que el investigador explote alguna coyuntura, tal como que un gobierno en algún país, por una ideología no estudiada lo suficiente, abra la puerta a un experimento social.

En el colegio de mis hijos varias veces me han contado sobre un experimento que se hizo: a un grupo de niños se les propuso a resolver problemas, pequeños rompecabezas de distintos grados de complejidad, comenzando con los más fáciles. Cuando terminaban correctamente su tarea a unos niños les decían «¡Qué bien!, ¡eres muy inteligente!» a los otros niños les decían «¡Qué bien!, ¡prueba hacerlo mejor!». En los rompecabezas más difíciles, los niños del segundo grupo se esforzaban más para completarlos mientras que los del primer grupo preferían seguir completando los rompecabezas más fáciles. Dentro del experimento eso estuvo bien. Fue un experimento de corto plazo y las consecuencias quedaron confinadas al estudio. Salvo que, tras hacer un seguimiento por varios años, notaron que los niños a los que le habían alabado su inteligencia tendían a esforzarse menos que aquellos a quienes los habían conminado a superarse. ¿Pudo el estudio haber afectado las vidas de varios niños y sus perspectivas en la vida adulta? ¿Fueron esos niños afectados un sacrificio para que nuevas generaciones de padres y educadores críen personas más sanas en el futuro?

Así que ante estudios insuficientes y ante la necesidad de que por un lado se hagan estudios y por otro lado se resuelvan situaciones como las de niños abandonados o maltratados que no están siendo adoptados, hay demasiada ideología y prejuicios. Es inevitable que el debate sea ideologizado. Es necesario que lo sea. En algún momento debemos saber si para un niño abandonado es mejor vivir en un orfanato, un hogar substituto o un hogar adoptante monoparental, un hogar adoptante homosexual o un hogar adoptante heterosexual. Es probable que lo mejor para cada niño dependa de la personalidad y edad del menor, así como de la seriedad y el compromiso, y la estabilidad emocional de los adoptantes o substitutos.

Benoit Talleu

Benoit Talleu, tomado del blog de Cordinacion Nacional Pro-Familia (Conafam)

Casi parece una perogrullada pensar que lo mejor para un niño es ser adoptado por una pareja heterosexual emocionalmente estable y realmente comprometida con su decisión y con el hecho de que no están adquiriendo un niño para llenar un vacío. Leo las palabras de Benoit Talleu y tienen mucho sentido. Cada vez que una pareja que no está dispuesta a darle al menor un papá y una mamá, sino en adquirir un trofeo para sí, adopta a un niño, está negando a este niño niño su oportunidad de encontrar a su papá y mamá adoptivos. Lo que no estoy seguro es en la afirmación de Talleu de que sobren las parejas heterosexuales dispuestas a adoptar por los motivos correctos.

Padre e hijo. Tomada de Pixabay

Padre e hijo. Tomada de Pixabay

Lo otro que no sé es si la tal necesidad de un papá y una mamá es real o es sólo una expectativa social. A todo lo largo de la historia de la humanidad una proporción significativa de infantes fueron criados sin un papá y una mamá: la monogamia no siempre fue la norma; bastardos hay a todo lo largo de la historia y las guerras y las pandemias han creado miles de millones de huérfanos. Ninguno de nuestros compañeros homínidos (orangutantes, gorilas, chimpancés y bonobos) forman familias monógamas; y como especie hemos sobrevivido y prosperado. Muchos hemos escuchado de nuestros padres o abuelos historias de papás que nunca jugaban con sus hijos sino que llegaban a ser atendidos por sus esposas quienes debían procurar que los críos no molestaran al señor de la casa. El concepto del papá que comparte su tiempo libre con sus hijos (y que busca ese tiempo libre) es un concepto relativamente reciente y en algunas sociedades como las orientales, es un concepto que se ha normalizado sólo en la última generación.

Familia Jolie Pitt, tomado de Saidi Beauty

Familia Jolie Pitt, tomado de Saidi Beauty

Y como especie hemos prosperado, tras generaciones de niños sin papá y mamá, o con alguno de sus padres ausente o distante. La necesitad de un papá y una mamá puede ser tan ilusoria como Talleu critica la necesidad de las parejas infértiles de tener un hijo adoptado.

Pero la adopción no es siempre sobre el hecho de que una pareja que no puede tener hijos cumpla su derecho de tener un niño en casa. Y no siempre es para que un niño huérfano, abandonado o maltratado que vive en un orfanato o un hogar substituto pueda tener padres de verdad que velen por él o ella. La adopción no siempre es entre un niño y un adulto o una pareja que no se conocían desde antes de iniciar el proceso, sino que la adopción es, muchas veces, la normalización de una situación de hecho.

Una madre soltera se enamora y su nueva pareja establece un vínculo sentimental con el menor. (O un padre divorciado o viudo.) Una familia rescata o acoge a un niño abandonado y lo cría como propio (o al sobrino o al ahijado huérfano). En estos casos la adopción es la normalización legal de una situación de hecho y del vínculo ya existente entre un adulto o una pareja de adultos y un menor de edad.

En estos últimos casos, establecer la orientación sexual de los adultos adoptantes como criterio para no permitir la adopción es, en mi opinión, un absurdo jurídico donde prima un componente ideológico por encima del bien del menor. El argumento de Talleu no aplica aquí porque ya hay un vínculo de padre e hijo entre ese adulto y ese menor, y sólo se requiere que el estado reconozca ese estatus.

En los otros casos, creo que pocos tenemos algo más que opiniones. Yo puedo opinar que lo mejor para un niño es tener una familia estable que se comprometa con su crianza, sin distingo de si la familia se arma frente a un matrimonio heterosexual, un padre o madre divorciados, una pareja homosexual o un matrimonio plural. No estoy de acuerdo con parejas heterosexuales, homosexuales, o adultos solteros que pretenden llenar un vacío afectivo con un niño, sea adoptado o concebido y desde luego rechazo la actitud de activistas LGBT+ que tratan la legislación sobre adopción igualitaria, o la adopción propia, más como un trofeo que como un compromiso. [Supongo que la mayoría de los activistas LGBT+ no lo ven así, pero algunos así suenan.]

Pero aún más que ese subgrupo de activistas LGBT+ que parecen más interesados en desarrollar una agenda que en un interés legítimo por el bienestar de la sociedad, me causan escozor aquellos que se oponen con argumentos que claramente parten más de un prejuicio ideológico que de un interés por comprender la sociedad y buscar lo mejor para todos.

Respeto las palabras de Benoit Talleu. No estoy seguro de que sus argumentos sean del todo sólidos, pero claramente parten de una experiencia antes que de una ideología. Tal vez yo me equivoco al pensar que no hay suficientes parejas heterosexuales (y homosexuales) dispuestas a adoptar a todos los niños huérfanos y abandonados. Tal vez me equivoco al pensar que una pareja homosexual estable es mejor que un orfanato o que una pareja heterosexual disfuncional, y tal vez me equivoco al pensar que lo que puede ser lo mejor para un niño pueda no ser lo mejor para todos los niños, y he visto unos pocos argumentos que se refieren a esas dudas.

Pero la gran mayoría de argumentos que he visto en contra de la adopción por homosexuales, repito, denotan un prejuicio ideológico, y eso incluye todos los argumentos sacados de citas bíblicas.

Familias ha habido de todas las formas y colores. El concepto de familia no se va a acabar porque el estado reconozca formas no tradicionales de familia. Yo crecí en el seno de una familia tradicional y estoy formando una: papá, mamá e hijos, y en ningún momento siento que mi familia vale menos o esté amenazada porque existan familias constituidas de forma diferente.

Y si tememos que a los niños los van a matonear en la escuela, que eso no suene a justificación del acoso escolar, propiciado por los prejuicios que padres y maestros puedan crear en los niños que se sentirán justificados a temer a lo diferente.

Por otro lado, tildar de homofóbico a todo el que piensa diferente, independientemente de lo buen o mal sustentado que sea un argumento, no es el camino para acabar prejuicios sociales.

Glosario de etiquetas y otros términos

Cada vez que usamos una etiqueta para describir quienes somos y quienes y cómo son con quienes interactuamos existen dos problemas principales: 1) el encasillamiento y 2) el equívoco.

El encasillamiento consiste en reducir a la persona etiquetada a que su todo se reduce a esa etiqueta. Si digo que soy colombiano, entonces se supone que debo bailar salsa bien y ser un gran rebuscador, aunque algo desordenado e impuntual. La, verdad, sólo estoy haciendo alusión a mi estado legal y (en mi caso coincide) a mi auto-identificación nacional.

El equívoco cosiste cuando dos interlocutores (o una sola persona en dos instancias diferentes) usan diferentes definiciones o acepciones. En algunos casos son acepciones comúnmente aceptadas, pero en algunos casos son también usos personales que se salen de lo que los demás entienden por un término. Por ello, en muchas obras académicas es importante el glosario. El glosario indica lo que el autor entiende por un término que procurará usar consistentemente en su obra.

Cuando los términos hacen alusión a un pensamiento político, las etiquetas también pueden ser interpretadas como descriptoras de una opinión o como descriptoras de una causa. Yo puedo creer que la sociedad (o un sector de la sociedad) estaría mejor si se gobernara desde cierta ideología, pero no actúo en ese sentido, no necesariamente por apatía, sino porque prefiero dedicar mis esfuerzos a otro tipo de causas; o porque reconozco que mi opinión puede estar equivocada y prefiero no comprometerme con un posible error.

Así que aquí intentaré un glosario sobre cómo suelo usar o entender ciertos términos.

agnóstico, -a adj., 1) persona que cree que no es posible el conocimiento práctico definitivo en un área del saber, sobre todo cuando se aplica a fenómenos supernaturales y, en particular, a la existencia de un dios o dioses (u t c s). Este agnosticismo podría ser “en principio temporal” (no podemos responder con el conocimiento actual) o “en principio permanente” (no será posible responder porque la pregunta es elusiva por naturaleza). 2) persona que no tiene una posición definida sobre un tema, sobre todo cuando se aplica a fenómenos supernaturales y, en particular, a la existencia de un dios o dioses; o que expresa una duda sobre su propia opinión (u t c s). Este agnosticismo puede ser transitorio (p. ej. una crisis de fe) o conclusivo.

Nota: la acepción 1 es la que se considera normalmente cono agnosticismo fuerte y la acepción 2 es el agnosticismo débil. Otros usos que evito pero que encuentro:

3) persona que no cree en la existencia de dios o dioses pero no se asume como ateo por el estigma que tiene esa palabra, o porque no reconoce la acepción 2 de la misma (u t c s). 4) la creencia de que la existencia de dios es comparable o igualmente probable a la no existencia de dios (u t c s). 5) usada en frases como “todos somos agnósticos”, quien no puede tener un certeza absoluta (en contraste con conocimiento práctico) en algún tema (u t c s). 6) persona que no se compromete con una postura ideológica (u t c s). 7) ignorante.

anarquista adj. 1) persona que cree que la existencia de un estado limita la deseable libertad de las personas (u t c s).

Lo que el anarquista entiende por libertad da lugar a dos corrientes principales:

anarco-capitalista 2) adj. anarquista que cree que las personas son agentes libres que pueden tomar decisiones sobre sus propiedades en busqueda de su mejor bienestar (u t c s).

anarco-socialista 3) adj. anarquista que cree que las personas son seres sociales quienes son libres cuando se eliminan las dependencias causadas por la desigualdad y a través del consenso pueden buscar su mejor bienestar (u t c s).

ateo, -a s., 1) persona que está convencida de que no existen dioses. 2) persona que no está convencida que existan dioses y por ende asume que no existen o, en general, no incorpora pensamientos o actos teístas en su vida. 3) básicamente lo mismo que las acepciones 1 o 2 pero en particular con respecto a la idea de un solo dios personal. 4) persona que si bien reconoce la probable existencia de un ser superior (o seres superiores), no considera esta existencia como relevante y vive como si no existiera.

Nota: la acepción 1 corresponde al ateísmo fuerte, y la acepción 2 al también llamado ateísmo débil. Otros usos que evito pero que encuentro:

5) persona que no pertenece a ninguna religión organizada ni expresa rituales de tipo religioso. 6) persona inmoral. 7) persona que sabe (cree) que Dios existe pero lo niega. 8) cualquier cosa que no sea una persona que cree en la existencia de Dios o dioses.

ciencia (ciencias naturales) s. (s. pl.) 1) método por el cual se adquiere conocimiento práctico, basado generalmente en el pragmatismo, evidencialismo y el materialismo metodológico. 2) el cuerpo de conocimientos adquiridos por el método científico. 3) la práctica de la ciencia. 4) (poco usado), el conocimiento adquirido por métodos prácticos en contraste con la sapiencia o sabiduría, el cual es el conocimiento adquirido por la reflexión interna o la revelación.
ciencias sociales s. pl. 1) el estudio que busca dar respuesta a problemas humanos y de sociedad. 2) La acepción 1, pero en particular cuando los problemas no pueden ser resueltos utilizando la metodología de las ciencias naturales (acepción 1 de ciencia).

Nota de traductor: generalmente cuando veo estos conceptos en inglés, la palabra science se reserva normalmente para las ciencias naturales mientras que las ciencias sociales se conocen como social studies. En ese sentido, mientras en español suelo distinguir ciencias naturales de ciencias sociales, en inglés distingo entre science y social studies.

deísta adj. 1) persona que cree que debe existir un ser superior, generalmente un dios creador, pero que este ser superior no es relevante en nuestra vida diaria (u t c s).
feminista adj. 1) persona que ante la observación de que las mujeres sufren de algún tipo de discriminación, propone o trabaja para reducir, eliminar o compensar tal discriminación (u t c s). 2) persona que se adhiere a la teoría feminista o alguna de sus formas (u t c s).

3) teoría ~ s. marco conceptual en las ciencias sociales (véase teoría en ciencias sociales) que propone que la sociedad actual está dominada por un sistema autoperpetuable denominado patriarcado, que fomenta divisiones de roles entre lo masculino y lo femenino en detrimento de las libertades individuales.

humanismo s. 1) corriente filosófica que propone que los problemas humanos deben resolverse desde el conocimiento humano en contraste con las respuestas reveladas de una religión. 2) corriente filosófica, social o política, que propone que el ser humano (y cada ser humano) es el fin último de cualquier acción moral.
liberal adj. 1) en el sentido más general, persona que cree que el estado debe estar al servicio de la ciudadanía sin injerencias que favorezcan a un grupo privilegiado en particular sobre el resto de la población (u t c s). 2) en economía: persona que favorece el libre mercado dentro del cual el estado establece, por mucho, un papel regulador limitado (u t c s).

3) s. pastel, generalmente una cuca o un brazo de reina, tinturado con anilina roja.

Nota: los siguientes usos los he visto pero no los uso.

adj. 4) progresista (u t c s). 5) socialista (u t c s). 6) en economía: persona que favorece la intervención del estado sobre los mercados para garantizar la redistribución de la riqueza (u t c s).

libertarianismo s. 1) ideología política que propone que el estado es un agente que no agrega valor y que toda intervención estatal penaliza a la economía evitando la libre interacción entre los agentes particulares. (contraste con socialismo; véase también anarco-capitalismo).
machista adj. 1) persona que cree que el varón es o debe ser superior a la mujer (u t c s) [véase más extenso en my tumblr].
matriarcado s. 1) sistema político en el que formalmente se establece que las posiciones de poder deben ser ocupadas por mujeres. 2) organización social en la cual normalmente se reconoce ante la vida pública como cabeza y representante de un hogar o una familia a la mujer de mayor jerarquía. 3) organización familiar en la cual la voluntad de la mujer de mayor jerarquía se impone generalmente como decisión final.
patriarcado s. 1) sistema político en el que formalmente se establece que las posiciones de poder deben ser ocupadas por varones. 2) organización social en la cual normalmente se reconoce ante la vida pública como cabeza y representante de un hogar o una familia al varón de mayor jerarquía. 3) organización familiar en la cual la voluntad del varón de mayor jerarquía se impone generalmente como decisión final.

Nótese que en muchas sociedades se evidencia un matriarcado familiar y un patriarcado social donde claramente la mujer es la jefe del hogar pero ante la vida pública el varón es reconocido como la cabeza de la familia.

No lo uso pero es una definición común:

4) sistema social en el cual se impone una división de roles que perpetúa el concepto de que en la vida pública el varón es reconocido antes que la mujer.

progresista adj. 1) persona que trabaja progresivamente hacia un ideal socialista o comunista, en contraste con un revolucionario. 2) persona que persigue el progreso integral del individuo en un ambiente de igualdad, libertad y justicia.
pseudociencia s. 1) conjunto de ideas que pretende ser una ciencia natural, pero que falla en la rigurosidad del método, en muchas ocasiones negando el que método científico sea adecuado para entender el orden natural.

Nota: no me interesa aquí definir el debate de si economía o psicología son ciencias naturales, ciencias sociales o pseudociencias.

religión s. 1) sistema de creencias que abarca ideas sobre el significado de la vida, propósito, origen del mundo, usualmente conteniendo (a) la idea de que existe al menos un ser superior sobrenatural, (b) la idea de que las personas podemos trascender la muerte física (p. ej. dualismo cuerpo-alma); así como un conjunto de rituales para reconocer la existencia del ser superior, obtener favores del mismo o afectar nuestra trascendencia. 2) el conjunto de las religiones.

~ organizada 3) sistema de creencias religiosas que han sido formalizadas y posee una jerarquía de personas que la sustentan, promueven o perpetúan.

secular adj. 1) institución o idea que no es religiosa. 2) institución o idea que parte del principio de separación entre el estado y la religión. 3) institución o idea que se contrapone a una institución o idea afín de origen religioso.
secularismo s. 1) corriente filosófica que propone que el estado y la política debe mantenerse separado de las creencias e instituciones religiosas (iglesia). Usualmente esta separación es en dos vías: ni las iglesias deciden sobre el funcionamiento del estado ni el estado interviene en el funcionamiento interno de las iglesias. 2) la creencia de que el estado debe estar completamente libre de cualquier manifestación religiosa.
socialismo s. 1) ideología política que propone que los agentes particulares (personas) tienen la tendencia a concentrar la riqueza y que es papel del estado intervenir para controlar, regular y redistribuir tal riqueza. (contraste con libertarianismo; véase también anarco-socialismo).
teoría s. 1) en ciencias naturales: conjunto de explicaciones falsables (hipótesis) que han sido repetidamente puestas a prueba mostrando que sus predicciones son consistentemente acertadas y, como tales, se utilizan como base para continuar adquiriendo más conocimiento. p. ej. la teoría de la gravedad, la teoría de los gérmenes. 2) en ciencias sociales: marco conceptual por medio del cual puede analizarse un fenómeno social o humano. p. ej. teoría de las ventanas rotas, teoría interseccional. 3) en lenguaje coloquial: conjetura.

Ahora, si crees que alguna de mis definiciones es errónea, ahí está la sección de comentarios.

Prohibiendo el agua

dhmobanner1El monóxido de dihidrógeno es una substancia peligrosa que puede matar si se inhala y sus vapores pueden causar graves quemaduras. Actualmente es utilizado por la industria, la cual vierte sus desechos de monóxido de dihidrógeno a los ríos por toneladas. La perversidad de esta substancia fue denunciada por primera vez en un diario de Michigan en 1983 y en 1989 un grupo de jóvenes responsables encabezados por Eric Lechner, Lars Norpchen y Matthew Kaufman crearon la Coalición para Prohibir el Monóxido de Dihidrógeno. Originalmente una organización para explicar sus peligros y concientizar al público, a partir de 1997 varias peticiones han sido firmadas para controlar y prohibir su uso en la industria.

H₂O (water molecule)Algunas personas ya están familiarizadas con el bulo. El monóxido de dihidrógeno es una substancia compuesta por una molécula de oxígeno y dos de hidrógeno y es comúnmente conocida como agua. Utilizar un nombre que suena a químico, usando como parte una palabra como monóxido que ya tiene una connotación negativa por el monóxido de carbono, presentando datos reales de forma alarmante (matar si se inhala es ahogarse en el agua y el vapor de agua puede quemar; y el agua que no se utiliza más en la industria se regresa a sus fuentes) lleva a que muchas personas, una y otra vez, firmen la petición sin saber qué es lo que están pidiendo prohibir.

El bulo ha sido usado como broma (1983), chiste recurrente (1989) o dentro de estudios de comportamiento y la credulidad (1997).

En 1953, el geoquímico Clair Cameron Patterson logró estimar la edad del sistema solar entre cuatro mil quinientos y cuatro mil seiscientos millones de años. El uranio es un material radiactivo que decae en plomo, con una vida media de 4.470 millones de años en el caso de uranio 238 y de 704 millones de años en el caso del uranio 235. (Cada isótopo decae en isótopos diferentes de plomo: plomo 206 y plomo 207, respectivamente.)Tetrafluoruro de circonio Varios compuestos químicos rocosos como el circón pueden incluir trazas de uranio en su formación, pero estos no poseen plomo, el cual tiene unas propiedades químicas diferentes. Si se encuentra plomo en el interior del circón esto significa que originalmente era uranio que luego decayó en plomo y no de plomo que está en la roca desde su formación. Al medir la relación entre uranio 238 y plomo 206 y entre uranio 235 y plomo 207, con un espectrómetro de masa se puede saber cuando se formó la respectiva roca.

Cuando Patterson comenzó a utilizar esta teoría se encontró que los niveles de plomo eran demasiado altos y concluyó que era un problema de contaminación. Aislando suficientemente las muestras y limpiando rigurosamente los implementos a usar, los espectómetros, las muestras y la atmósfera del laboratorio logró las medidas precisas, que hoy, tras otras corroboraciones, sabemos que corresponde a la edad de la tierra y demás rocas del sistema solar. Pero Patterson no se conformó con limpiar su laboratorio sino que salió a buscar cuales eran los niveles reales de contaminación de plomo y su comportamiento histórico. El plomo, es bien sabido, produce enfermedades como el saturnismo. ¿Los niveles de plomo en el aire que contaminaban las muestras de Patterson eran niveles normales?

Tras un riguroso estudio Patterson concluyó que no. Los niveles de contaminación de plomo en la atmósfera y los mares se había incrementado bastante en los años anteriores y el mayor incremento coincidía con la introducción del tetraetilo de plomo en la gasolina. El tetraetilo de plomo es un antidetonante que evita que la gasolina explote en el motor antes de tiempo (cascabeleo), una de las formas más económicas que tenía la industria petroquímica para aumentar el octanaje. Otros factores incluían la utilización de pinturas con compuestos de plomo y las tuberías de nuestras casas. A la industria petroquímica que originalmente había patrocinado la investigación de Patterson, no le gustó las conclusiones del estudio. Luego seguiría una batalla jurídica en la que Patterson fue apoyado por activistas ambientales y la gran industria petroquímica por científicos a sueldo que se dedicaban a desprestigiar y sembrar dudas sobre la investigación de Patterson.

Este comportamiento de la gran industria se ha visto también en las tabacaleras que por muchos años negaron la relación entre el cáncer de pulmón y otros cánceres con el consumo de nicotina y alquitrán de sus productos. El argumento fue muy similar: buscar las palabras claves en los papeles científicos tales como “suponemos”, “concluimos” y “grado de error”, que son parte importante del lenguaje científico y de la filosofía de la ciencia para convencer al público que no ha sido plenamente establecido que el tetraílo de plomo y la nicotina causen perjuicios a la salud humana.

La misma táctica que usan los literalistas bíblicos para poner en duda el hecho comprobado y consensuado de la evolución biológica, o la misma gran industria con respecto al cambio climático antropogénico. Hoy la casi totalidad de científicos que conocen del tema aceptan no sólo que exista un cambio climático hacia el calentamiento global, sino que el cambio es causado por la actividad humana, tanto por la deforestación como, sobre todo, la extracción y consumo de combustibles fósiles. Pero tanto la industria que extrae como la que consume petróleo y carbón, siguen intentando sembrar dudas sobre que el cambio climático sea causado por la actividad humana. (Hace no muchos años todavía negaban que el cambio climático existiere.)

Es claro, por los muchos ejemplos que vemos aquí y otros que no hemos hablado, que los científicos patrocinados por la gran industria no son la fuente más confiable sobre lo que la industria hace. Pero dentro del activismo en contra de la actividad industrial también hay una serie de pecados.

Monsanto es una empresa que se ha dedicado a la investigación agroindustrial. Como toda empresa que se basa en la investigación, ellos esperan que sus resultados sean lucrativos a través de patentes y gracias a legislación que proteja su propiedad intelectual. Hasta ahí, bien, es parte del sistema capitalista que nos podrá gustar o no. Pero Monsanto no se queda ahí sino que ha promovido legislación que no sólo proteja su propiedad sino que le de ventajas competitivas frente a prácticas tradicionales. No sólo se trata de que su maíz sea mejor y por lo tanto preferido por los cultivadores; no sólo se trata de prohibirles a los cultivadores que guarden parte del producido del maíz Monsanto para una nueva cosecha, sino de ponerle trabas legales para que los cultivadores usen parte del producido de su propio maíz (el que no es propiedad intelectual de Monsanto) como semilla para el siguiente cultivo. Claro que yo, como consumidor, preferiré un producto proveniente de semilla certificada que un producto sembrado con semilla de dudosa procedencia. Pero la legislación sobre certificación de semillas no está diseñada para proteger al consumidor sino a la gran industria.

anti-MonsantoPero, entre las líneas de investigación de Monsanto también está la investigación transgénica. Todos los científicos que han estudiado con seriedad el tema concluyen que un alimento transgénico no es más o menos saludable que lo que tomamos de la naturaleza o hemos adaptado tras milenios de actividad agrícola. Como con todo producto podrá haber mejores o peores cosas, algunos riesgos y algunas incógnitas y mucho que aprender. Pero los alimentos transgénicos en sí, así sean producidos por Monsanto, no son un riesgo para el consumidor. Como con todo producto patentado, hay un cuestionamiento válido al modelo de negocio de Monsanto, pero el problema no es la manipulación genética en sí.

Pero así como es fácil que muchas personas terminen firmando una petición para prohibir el agua manipulando la presentación de los datos sobre el monóxido de dihidrógeno, también es fácil crear monstruos artificiales como los alimentos transgénicos. Finalmente es más fácil movilizar a las personas a combatir compañías como Monsanto utilizando estos monstruos artificiales, que convencerlas de los verdaderos daños que producen por medio de la legislación acomodada. Es claro, si me dicen que me voy a comer una mazorca frankenstein me sentiré más motivado a firmar o protestar que si me dicen que un campesino no podrá sembrar maíz de su propia cosecha.

No creo que la movilización contra los alimentos transgénicos sean una estrategia de los activistas que se oponen a Monsanto por sus verdaderos pecados. Pero la discusión sí produce ruido, con un agravante: la ciencia aquí está a favor de la gran industria, no porque sean científicos a sueldo sino porque el problema es más imaginario que real. Las verdaderas batallas, las batallas por la seguridad alimentaria, por la preservación de la diversidad y los buenos frutos tradicionales, la protección del estilo de vida de los campesinos, etc. quedan apagadas por el ruido del activismo anti-transgénico.

Hace poco leía un artículo sobre el fraccionamiento hidráulico. El fraccionamiento hidráulico es una técnica de extracción de gas natural y petróleo, donde se permite la explotación económica de un yacimiento pobre y de baja densidad inyectando un fluido hidráulico en el subsuelo el cual permite que se liberen los hidrocarburos que se quieren extraer. En el proceso, las rocas que han atrapado los hidrocarburos se fraccionan liberando el gas o el petróleo y de ahí el nombre, usualmente abreviado como fracking en inglés.

El fracking tiene varios riesgos. Al fraccionar las rocas en el subsuelo cambia los equilibrios tectónicos y se han denunciado temblores y terremotos atribuíos a esta técnica, aunque no tengo datos a la mano que corroboren si esta correlación está establecida. Lo otro es que los fluidos hidráulicos, que son básicamente agua con otras substancias disueltas que cambian la viscosidad y aumentan la densidad, puedan contaminar fuentes de agua subterráneas e, incluso, superficiales. Muchas de estas substancias son tóxicas. Y un tercer riesgo es que las rocas del subsuelo (y los mismos hidrocarburos a extraer) contaminen estas fuentes de agua subterránea.

En la perforación y extracción tradicional por bombeo, siempre existe el riesgo de que los hidrocarburos extraídos contaminen fuentes de agua subterráneas y superficiales, pero en el fracking se agrega el riesgo de contaminación por yacimientos de metales pesados y otras substancias tóxicas del subsuelo, así como la contaminación por los agregados al agua para el fluido hidráulico que se utiliza.

frackingEl artículo del diario barcelonés La Vanguardia se titula Un informe avisa de que el ‘fracking’ puede liberar radiactividad. El artículo menciona la posible presencia de materiales radiactivos como el uranio y el radón entre los posibles contaminantes. Mi primera impresión al leer la totalidad del artículo es que la titulación es amarillista. Es amarillista porque no es lo mismo hablar de contaminación por uranio (que es radiactivo) que contaminación radiactiva.

Cadena de desintegraciónLa radiactividad del uranio es relativamente baja. En su transición de uranio a plomo emite una serie de partículas α (alfa) que ofrecen un riesgo menor para la salud del ser humano. Dependiendo de qué tan cerca estemos de la fuente, podemos convivir con uranio toda una vida sin que nuestro riesgo de adquirir cáncer por la radiación sea significativo. Pero, al igual que el plomo y otros metales pesados, el uranio puede entrar a nuestro organismo, acumulándose y eventualmente causando una serie de enfermedades no relacionadas con la radiación. (Bueno, y una partícula α producida al interior de nuestro cuerpo es potencialmente más dañina que una partícula α producida a un par de metros de distancia)

El artículo de La Vanguardia está basado en un informe del Institulo Geológico y Minero de España IGME, publicado en enero de este año, y La Vanguardia no es clara en decir cuál es el verdadero riesgo. Solo tomó que hay elementos radiactivos como el uranio y lo convirtió en un titular: “Un informe avisa de que el ‘fracking’ puede liberar radiactividad. Buscando el informe, titulado Recomendaciones ambientales en relación con las medida preventivas y correctoras a considerar en proyectos relacionados con la exploración y explotación de hidrocarburos mediante técnicas de fractura hidráulica sí se menciona el uranio, pero se es claro en establecer el verdadero riesgo a la salud humana: en su proceso de transición entre uranio y plomo, el uranio 238 pasa por radón 222, el cual es un gas inerte pero altamente soluble en agua y que potencialmente puede entrar vía aérea al organismo humano donde se comporta como cualquier otro elemento pesado.

El problema no es la radiactividad, sino la contaminación directa por radón, la cual tampoco está medida ni cuantificada en el informe de IGME. No establece si el riesgo es un riesgo mayor o menor. Pero lo que sí no es es un riesgo significativo de radiactividad liberada.

La ciencia a favor del fracking está patrocinada por una industria petroquímica que trató de vendernos la idea de que los altos niveles de plomo en la atmósfera eran normales y de que no es la actividad humana la que está causando el calentamiento global actual. Pero la ciencia en contra de esta práctica no puede caer en desinformación tal como prohibir el fracking porque este libera radiactividad.

La campaña del señor Blanco

Veo que desde ya se está destapando la campaña a favor del voto en blanco en las próximas elecciones presidenciales que tendrán lugar en mayo de 2014.

Ya en otras ocasiones me he referido al voto en blanco, de cómo este tuvo sus orígenes como carta blanca, es decir como un voto de no compromiso, una opción de aceptar que otros decidan por uno, y se ha convertido en una especia de voto de protesta.

Hay tres razones principales para votar en blanco: la primera es de la persona que acepta de antemano el resultado de la elección pero no quiere comprometerse con un nombre o una postura en particular. La segunda es de quien considera que los candidatos o las posturas presentadas no reflejan su propia posición y por lo tanto las rechaza todas. La tercera es de quien simplemente se reusa a pensar y toma la salida fácil: depositar un voto sin valor.

Como todos estos votos en blanco se cuentan con una sola cifra, discernir las razones y, sobre todo darle un significado a esos votos, es prejuicioso, particularmente cuando la votación en blanco se encuentra dentro de los niveles históricos. Ahí hay de los tres tipos de votantes en blanco: los que protestan y los que aceptan, los que pensaron su voto en blanco y los que no quisieron pensar.

Las razones personales por las que una persona puede votar en blanco son muchas. Dentro de las tres básicas mencionadas hay muchos matices y la decantación por el voto en blanco frente a las alternativas de candidatos o propuestas a votar puede ser más o menos razonada. Por ejemplo, alguien puede pensar que ninguno de los candidatos que puntea las encuestas convence y que ninguno de los demás candidatos merece ser considerado. O ninguno de los candidatos que conoce (o cree conocer por referencias o afiliación política) es su candidato y los que no conoce no hay tiempo de conocerlos (o si son desconocidos es porque en principio no convocan y por lo tanto no serán buenos). O repasó las hojas de vidas de todos y ninguno convenció. O, sencillamente, todos tienen el vicio de ser políticos y por lo tanto ninguno merece el voto. O porque siempre vota en blanco.

Si bien es deseable, no podemos exigir que todos nos tomemos el tiempo debido para evaluar todos y cada uno de los candidatos, sus pros y sus contras y decidirnos por el mejor o, en su defecto, por el voto en blanco.

Por lo tanto, si tienes razones personales para votar en blanco, aún cuando no todos los candidatos se han lanzado y han expuesto sus propuestas, no entraré a juzgarlas. Tu voto es tu voto.

Lo que sí desconfío a esta hora de la contienda es de una campaña a favor del voto en blanco.

Para empezar no seamos ingenuos de pensar que toda campaña de voto en blanco está descontaminada de la política tradicional. El Concejo Electoral ofrece espacios de participación política a cargo del erario para las campañas a favor del voto en blanco así como para las campañas a favor de votar por un candidato. No sólo eso sino que las campañas a favor del voto en blanco reciben, al igual que las campañas a favor de candidato, una plata por reposición de votos. Con los solos promedios históricos de votación en blanco, esa reposición está garantizada mucho más fácil que saliendo a competir con propuestas reales.

Pero incluso pensando que las campañas por el voto en blanco son sinceras y no una forma de obtener plata del estado (de los contribuyentes que pagamos IVA y 4‰ y nos descuentan retefuente, etc.) una campaña por el voto en blanco cuando no se han definido la totalidad de candidatos y propuestas es prematura.

La consecuencia política del voto en blanco es la siguiente.

Si el voto en blanco se mantiene dentro del promedio histórico, ese voto no significa mucho en términos políticos. No significa nada. El estado seguirá como siempre y no pasará nada.

Si el voto en blanco sube substancialmente en contra de los candidatos menores pero los candidatos punteros y de la maquinaria política tradicional se mantienen con cifras importantes, entonces el voto en blanco es un castigo a las alternativas. Eso significa que la única forma de ser tenido en cuenta en política no es presentar propuestas novedosas sino pertenecer a la maquinaria. Un castigo a quienes se atreven a presentar propuestas alternativas.

Si el voto en blanco sube substancialmente a costa de la votación de los candidatos punteros (pero no los sobrepasa), es claramente un voto de castigo. El estado seguirá funcionando como siempre pero la importancia de la votación en blanco se incrementa. Significa algo en contra del ganador, significa que este no tiene un apoyo total de parte del electorado.

Si el voto en blanco gana (no recuerdo es si es necesario que el voto en blanco sea mayoría o sólo baste con ser la mayor pluralidad), las elecciones son invalidadas. He aquí el verdadero poder del voto en blanco de acuerdo a la legislación colombiana: obliga a unas segundas elecciones en las que no participen ninguno de los candidatos que no pudieron vencer al voto en blanco. Claramente, cuando ningún candidato ofrece suficientes garantías al electorado (por ejemplo en casos que se han dado a nivel regional en los que hay un candidato único y este no representa a sus ciudadanos) la consecuencia política del voto en blanco como voto mayoritario importa.

Pero, repito, ese no es el escenario aún.

Aun no podemos decir si los candidatos punteros (p. ej. Juan Manuel Santos, Óscar Iván Zuluaga, Clara López) o los candidatos alternativos (p. ej. Camilo Romero, Óscar Naranjo, Antonio Navarro) no merecen ocupar el cargo de Presidente de la República de Colombia.

Adicionalmente, cuando el voto en blanco se convierte en una opción permanente (y no sólo coyuntural), cuando la campaña es a que votemos en blanco esta vez, pero también la próxima, lo que se está es proponiendo otro modelo de política. Se crea una crisis institucional dentro del acontecer político tradicional pues haría imposible la toma de decisiones de acuerdo con la constitución.

No estoy diciendo que eso sea malo. (No creo que sea bueno, pero esto es tan solo una opinión.) Pero esto requiere que el promotor del voto en blanco sea claro en decirnos cual es la propuesta real que hay detrás del voto en blanco: castigar una coyuntura o generar un cambio profundo en la forma de hacer política. ¿Qué es lo que propone si gana el voto en blanco?

Mientras una campaña de promoción del voto en blanco no responda esta pregunta, consideraré que esa campaña es poco seria y su propuesta es por moda o por plata.

Y eso incluye una campaña a favor del voto en blanco por el movimiento político que ayudé a fundar.

¿Paro o no paro?

Últimamente ando un poco desactualizado de fuentes oficiales de noticias y por ello mismo es posible que me perdí cuando anunciaron cuales son las reivindicaciones que los campesinos colombianos piden y cual es el motivo por el cuál una protesta con paro de actividades, bloqueos a vías y manifestaciones que han desembocado en violencia es la única alternativa que tienen.

He escuchado una voz últimamente: “hay que apoyar el paro” y sin embargo me siento impedido a apoyarlo. La primera razón es que no sé que es lo que piden los organizadores del paro. Hay una que otra cosa clara: el regreso del Idema con sus precios de sustentación o la derogación de la resolución 970 del Ica (por cierto, los arroceros que son protagonistas del Documental 9.70 de Victoria Solano contra esa resolución del Ica no están siendo parte del paro).  ¿O lo que piden es revertir el tlc con los EE.UU. y no importar más comida?

No estoy seguro de estar de acuerdo con todos esos puntos.  Aunque digan que no piden subsidios un precio de sustentación y un mercado cautivo (sin competencia por productos importados) son formas de subsidios.  Si un sector económico no evoluciona no debe exigir que se legisle para que lo protejan.  Por otro lado desproteger al campo en aras de unos principios generales y fríos es un atentado contra nosotros mismos.  Creo que hay algo en el fondo en el modelo económico que debe replantearse porque no pareciera lógico que producir en el exterior e importar (incluyendo costos de transporte) sea monetariamente menos costoso que producir local.  Pero este tipo de replanteamientos del modelo económico global no es algo que se resuelva en una mesa de concertación entre los organizadores de un paro y un gobierno.

Pero aún si estuviere de acuerdo con los puntos y las causas (repito, no los conozco más allá de un par de videos), esto no me lleva necesariamente a apoyar los métodos.

Una manifestación violenta (y el bloqueo de vías es una forma de violencia pues afecta derechos civiles de otras personas, como el derecho a la movilidad y al trabajo, así no necesariamente sea violencia física y letal) debería legitimarse como última opción para una reivindicación legítima cuando se han agotado las opciones no violentas y el asunto a promover supera ampliamente los derechos suspendidos a las demás personas.

Si quiero pedir que me dejen trabajar, como César Pachón expone en su intervención en el Senado, impedir que alguien se desplace para ir a su trabajo (o porque transportar personas y carga es su trabajo) tiene cierto halo de incoherencia.  Este y otros paros que incluyen bloqueos, me han hecho temer por mis hijos.  ¿Exponer la vida de ellos o de los otros menores de edad que son convidados a participar de los bloqueos se justifica frente a la reivindicación?

¿Qué pasa cuando no son sólo bloqueos sino amenazas directas a la integridad física y a la propiedad de quienes no se unen al paro? ¿Cuando se queman camiones y cargas para asegurar el bloqueo de una vía? ¿Cuando se lanzan piedras contra los vehículos de otros transportadores que prefieren trabajar a participar de la huelga?

Si bien no soy partidario de la lucha armada puedo en teoría apoyar el alzamiento en armas (con todas las consecuencias letales que eso implica) cuando las condiciones no se prestan para reclamar derechos de otra forma.  Finalmente así se fundaron naciones como los EE.UU. y Colombia.  Simplemente no creo que la lucha de las Farc se incluyan entre ese tipo de luchas y como tal rechazo su pretensión de que su causa y sus métodos son necesarios.  Las condiciones para justificar el grado extremo de violencia son condiciones extremas.  Pero incluso una violencia pequeña debe estar justificada, y aún no estoy convencido de que la violencia de un bloqueo por vías de hecho sea justificada en este caso.

Pero incluso si creyera que estas vías de hecho están justificadas, eso no implica que apoyaría el paro.

Apoyar el paro es apoyar el medio, no el fin.

Hacer actos simbólicos como salir a marchar con una ruana y una cacerola (o peor aún, con una aplicación de cacerola para mi smartphone) como apoyo al paro es un mensaje equívoco.

Por favor: apoyen primero la causa que motivó al paro.  Y si en serio están convencidos de que el paro es la única forma de promocionar esa causa entonces no apoyen el paro: únanse al paro.

(Y, desde luego, uds. pueden unirse al paro y rechazar las formas más extremas de violencia dentro de la manifestación.  Uds. no necesitan mi autorización para eso, es simple lógica de qué quieren expresar.)

Piratas del Caribe (ese mar entre Colombia y los Estados Unidos)

Uno de los objetivos del Partido Pirata es ser un partido con un propósito principal.  No es nuestro objetivo responder a todos los aspectos de la sociedad y la política y por ello cualquier idea que yo haya expresado en este blog que no tenga que ver con nuestros cuatro puntos fundamentales es una opinión que no compromete a mi partido.

Estos puntos fundamentales son:

  1. Promoción y defensa de los derechos y libertades civiles.
  2. Revisión de los conceptos de propiedad intelectual en búsqueda de un equilibrio entre productores y consumidores de contenidos culturales.
  3. Acceso universal y neutralidad en la red.
  4. Transparencia en la gestión pública y responsabilidad de los funcionarios.

No somos un partido de izquierda o de derecha ni en lo económico (estatización v/s libre mercado) ni en otros aspectos sociales. No somos pro- ni anti-EE.UU.  Como parte de nuestro manifiesto reconocemos a Colombia como un estado de derecho donde es posible la deliberación con ideas y con ello rechazamos las vías violentas para imponer nuestros puntos de vista (y las vías violentas de otros para imponer sus puntos de vista).

Entonces: ¿Dónde estamos frente al Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y Colombia o tlc?

Me siento obligado a escribir esto una vez que en un tweet desde la cuenta del Partido se promocionara la postura del senador Jorge Enrique Robledo del Polo Democrático Alternativo.

No voy a hablar de disensos al interior del Partido porque este no es uno de los temas del Partido y, aclaro, toda opinión que yo reflejo aquí es una opinión personal, precisamente porque no es un tema del Partido.

¿Qué si es tema del Partido?

Las cláusulas de defensa de la propiedad intelectual incluidas en el Tratado y que fueron incluidas a pupitrazo en la ley 201 de 2012 (conocida como #LeyLleras 2.0) van en contra del ideario de nuestro proyecto pues privilegian el control de contenidos sobre la creación y recreación y amenazan el acceso a Internet de los supuestos infractores.  Adicionalmente la aprobación de leyes por pupitrazo va en contra de nuestro principio de transparencia en la gestión pública.

Salvo el punto de protección de derechos de copia y patentes y de los problemas de trámite de la ley, los demás puntos del tlc son accesorios y en muchos puntos mi opinión se aparta de la de Robledo.

Lo que quedó mal

Bajo la tesis de que un tratado de libre comercio no es una panacea pero que es mejor tenerlo que quedarse por fuera, el gobierno de Álvaro Uribe Vélez parecía más ansioso en obtener un tratado que en negociar un buen tratado.  Según varios analistas, el tlc de EE.UU. con Colombia es menos ventajoso para nuestro país que los otros tlc de EE.UU. con otros países como Perú o Centroamérica.

Desde antes de que se terminara la negociación del tratado en 2006, varias voces advirtieron que la falta de infraestructura de transporte en Colombia era un handicap para las exportaciones del país. Dentro de este campo estos dos últimos gobiernos no han hecho avances significativos. En contraste, gran parte del esfuerzo que el país debió hacer para mejorar esta infraestructura fue destinada a hacer lobby en los EE.UU. para que se aprobara el Tratado, aun a costa de incluir nuevas cláusulas que favorecían aun más la posición dominante del país del norte.

Por otro lado

Desde mi punto de vista el concepto de libre comercio es completamente compatible con la Filosofía Pirata. Una barrera arancelaria, al igual que casi todas las medidas proteccionistas, tiene como objeto principal proteger a ciertas élites productoras sobre el grueso de la población consumidora.
¿No sucede lo mismo con las leyes de protección de derechos de copia y derechos de autor?

Desde luego que hay que tener un gran cuidado con esta ortodoxia porque en cierta forma dentro de la economía y el comercio todos somos productores y todos somos consumidores.  Si no tengo garantías como productor (o como empleado de un productor), tendré menos recursos para ser consumidor.

Desde el punto de vista de la producción a largo plazo el proteccionismo puede tener uno de dos efectos: 1) al crear un mercado cautivo los productores tienen menos incentivos para innovar y la producción se estanca, aumentando la brecha entre la producción local y extranjera.  2) cuando una demanda exigente no puede ser cubierta por productos extranjeros aumenta la presión para que la producción local innove.

Hay ejemplos de ambos casos.  La China pre-contemporánea produjo grandes inventos como el ábaco, la pólvora, la imprenta y sin embargo fue superada por Japón y Europa.  Japón se congeló en el tiempo y cuando lo obligaron a abrir sus mercados se aseguró de aprender rápido.

Dentro de la cultura de compartir, nuestra propia innovación parte de copiar y recrear los modelos de los demás y construir sobre ello agregando nuestro aporte, para que este aporte propio sea igualmente tomado por los demás.

Muchos somos productores y consumidores al mismo tiempo y muchos son consumidores netos.

Leyes proteccionistas como las de protección de derechos de autor y derechos de copia en gran medida buscan crear privilegios a unos pocos productores.  Mercados cautivos donde unos pocos se enriquecen y los demás somos tratados como borregos o como delincuentes.

Un acuerdo de libre comercio, en su forma más básica, consiste en eliminar las trabas artificiales que favorecen a ciertas formas de producción.  Aumenta la base sobre la cual podemos comercializar nuestros productos, aumenta la base sobre la cual podemos obtener insumos para nuestros productos y aumenta la competencia.

Por otro lado, si uno de nuestros principios es la universalización del acceso a la red y no somos productores de tecnología de acceso y telecomunicaciones, entonces un esquema económico que facilite la adquisición de tales tecnologías parecerían una buena idea.

Concluyendo

El tlc nos quedó mal hecho y nuestros gobiernos se preocuparon más por hacerlo (así fuese mal hecho) que a prepararnos para su entrada en vigencia.  Una de las cosas que quedaron mal hechas fue dejarnos imponer esquemas de protección de patentes y de derechos de copia que desfavorecen la recreación y la innovación local.

Un tratado de libre comercio es perfectamente compatible con los principios piratas.  Los Piratas en el Caribe en gran medida actuaban ante el proteccionismo que el Imperio Español imponía a sus colonias para su explotación exclusiva.

Si no estamos listos, en este momento nuestro objetivo debe ser alistarnos.  Debemos pensar que nuestros insumos y nuestros mercados son el mundo.  Ver la situación como una oportunidad.

Y sí: denunciar los hechos puntuales que nos afectan.  (Yo por ejemplo denuncio a la Ley Lleras 2.0 y a la falta de infraestructura de transporte, los cuales son dos problemas colombianos y no extranjeros.)

Mi derecho de pasar por encima tuyo

Uno de los puntos de discusión interna dentro del Partido Pirata Colombiano (en formación) ha sido el tema de la utilización de situaciones de hecho como forma válida de expresar nuestra opinión.  Algunos de nosotros creemos que si queremos ser un partido legítimo dentro del que reconocemos como un estado de derecho nuestro mensaje será más claro y coherente si nos atenemos a los canales de expresión legales.  Queremos que nuestra voz se escuche en la calle pero también en el Congreso.  Sin embargo, por muy de derecho que el estado pretenda ser, muchas personas en todo el mundo llegan a la conclusión de que de vez en cuando su legítima protesta tiene que hacerse escuchar ocupando Wall Street, bloqueando Transmilenio o tumbando la página web de una institución gubernamental.

Como ante toda causa, suelen ser más los elementos subjetivos que los objetivos que me llevan a simpatizar con ella o no o con sus métodos.  He sentido cierta simpatía por los movimientos que en 2011 ocuparon las plazas de Tahrir en El Cairo o del Sol en Madrid.  Igualmente suelo sentir cierto regocijo cuando Anonymous desfasa temporalmente la página de un promotor de censurar Internet bajo la excusa de unos derechos de autor que se quedan en manos de grandes corporaciones.  Pero esa simpatía personal no debe nublar mi juicio sobre lo que es justo o válido.

Bueno.  Debo reconocer que lo que puede ser justo o válido bajo una filosofía política puede ser injusto o inválido por otra.  Hay ciertos aspectos de la filosofía política con la cual simpatizo: el hombre debe ser libre y el estado, bajo unas reglas muy claras, debe entrar a mediar donde esas libertades entran en conflicto.

Está mi libertad de expresión, por ejemplo.  Mi libertad de expresión bien me podría llevar a publicar un artículo en mi blog en defensa del régimen Nazi.  O en contra de la comunidad LGBT.  O a favor de la legalización de las drogas blandas.  O en contra de Jota Mario Valencia.  O a favor de Jota Mario Valencia.  Pero mi libertad de expresión no solo me permite escribir en mi blog.  Me permite publicar eso en un medio impreso, o decirlo públicamente en una calle.  O de tatuármelo en mi cuerpo.  Pero no sólo eso.  Yo puedo cantar a grito herido en una fiesta una canción con derechos de autor reservados.  O mi libertad de expresión me permite pintar una pared.  O desfasar una página web.  O verter pintura indeleble sobre un abrigo de piel que porta otra persona. O… o tomarme Transmilenio y evitar que otros usuarios puedan desplazarse.

Está también mi libertad de locomoción.  La libertad que yo tenga de moverme libremente en el mundo sin que haya muros o fronteras que me lo impidan.  La libertad que tengo de entrar a tu casa y abandonarla cuando me plazca.  O, por lo menos, el derecho que tengo de poder desplazarme entre el lugar que habito y el lugar donde trabajo por medio de vías públicas y servidumbres.

Está también la libertad de poseer.  El derecho a la propiedad.  El derecho a que yo tenga algo llamado mi casa donde yo decido quien entra o no.  El derecho a considerar que toda una laguna es mía y que sólo pueden beber de ella las personas que me paguen por un derecho sobre mi propiedad.  El derecho a que nos reunamos todos los de la aldea para establecer una línea imaginaria que los de la aldea vecina no puedan cruzar.  El derecho a que si yo pongo siete palabras juntas puedo acusar de robo de propiedad intelectual a cualquier otra persona que use juntas esas siete palabras.

Todos estos derechos y libertades entran en conflicto en algún momento y las sociedades tienen una serie de reglas implícitas y explícitas para dirimir muchos de esos conflictos y mecanismos formales e informales para resolver otros casos donde tales reglas no existen.

Si dos suecos discuten sobre quién es el dueño de una cabra, irán ante un juez adjuntando testigos y documentos.  Si dos yemenitas tienen la misma discusión se dirime por quién saca primero su fusil.  Distintas sociedades tienen distintos mecanismos para resolver sus problemas.  Pero dentro de mi filosofía política debo establecer cuáles son mis límites entre lo válido y lo que no lo es.

Esta mañana un personaje que se presentaba como representante de una asociación de usuarios de Transmilenio decía que no podía condenar el derecho de expresión de los usuarios que aburridos por el mal servicio bloqueaban las estaciones.  La libertad de expresión, como cualquier otro derecho o libertad tiene algún límite cuanto se enfrenta a otras libertades y derechos, como la buena honra de una persona difamada, el derecho a obtener información de una página web desfasada o tumbada, o el derecho de un trabajador de regresar a su casa tras una jornada de trabajo.

Alguna sociedad o alguna filosofía política dirá que es más importante la libertad de expresión.

Pues bien.  Dentro de mi filosofía, no toda forma de expresión es válida cuando se afectan los derechos de otras personas.  Es válido decir que el servicio de Transmilenio es un asco cuando lo es (y porque lo es).  Es válido buscar mecanismos para amplificar nuestra denuncia cuando nuestra denuncia es válida.  Pero en mi libro no es válido que ese mecanismo para amplificar nuestra voz sea convertir en víctimas a las mismas personas que decimos representar.

Y esas divagaciones vinieron antes de que me enterara en qué habían terminado las protestas: en destrucción de propiedad pública (pública significa que pertenece al pueblo, no que no pertenece a nadie) y en vulgar robo de dinero.

Foto: Protestas en Transmilenio - Saqueo de las cajas en la Estación Calle 72Foto: Protestas en Transmilenio - Destrucción de estación Calle 72

Nota: Ninguna de las fotos es mía. Fueron publicadas por usuarios de Twitter y haciendo clic sobre ellas llega a sus sitios originales de publicación.

Tomando SOPA

[The Producers poster] Un productor musical es una persona que acompaña al artista y lo complementa en sus falencias. Provee al cantante de una orquesta y provee a la banda de otros instrumentos que harán que su música suene más profesional. Graba, edita, crea un producto musical más allá de lo que el artista es capaz de hacer por sus propios medios. El productor acompaña al artista. Le aconseja qué temas tocar. Le sugiere nuevos autores. Conoce lo que el público quiere y aconseja al artista a lograrlo. Crea esa conexión entre el artista y el público. Trabaja de mano con las emisoras para que roten la música del artista. Lleva los CD a las tiendas de música. Conoce los canales de consumo para llegar a ellos liberando al artista de esa tediosa promoción y lograr que estos puedan pensar mejor en seguir creando y mejorando su presentación.

Un artista sin productor tiene que costear la grabación de su propia música. Tiene que usar sus propias uñas para promocionar su creación. Llamar a las emisoras, a las tiendas y a los demás canales de distribución para que su música se conozca. Sin poder contratar músicos que lo acompañen instrumentalmente ni editores musicales profesionales su trabajo no tendrá nunca el sonido de estudio profesional que el público requiere.

El productor es necesario en la industria y si desaparece frente a las nuevas amenazas tecnológicas los artistas y los consumidores perderán. El artista perderá oportunidades y el consumidor de música perderá calidad.

¿O no?

Hoy en día un buen computador personal puede convertirse en un estudio de grabación y un puesto de edición con calidad profesional. Los artistas pueden compartir pistas entre sí y un cantante puede recibir la colaboración de un guitarrista en algún otro lugar del ciberespacio. Las estaciones de radio y la televisión pública abierta no son los únicos espacios de promoción. Un buen producto o un producto que llegue al corazón de un público se puede promocionar a sí mismo gracias al voz a voz de las redes sociales.

En los años precedentes a la última revolución digital el sueño de un artista musical era contratar con una casa disquera, con un productor que hiciera todo lo que describí en el primer párrafo. Pero ese sueño estaba reservado para pocos. El negocio del productor consistía en tener pocos productos que pudiera comercializar masivamente. Tener estrellas. Fabricar estrellas.

El productor trabajaba también con unos pocos medios cerrados y controlados de distribución: emisoras de radio, televisión, tiendas de música.

El grueso de los músicos se veía rezagado a trabajar por su propia cuenta. Sin un productor. Como se describió en el segundo párrafo. Sin acceso casi a los pocos medios de distribución existentes. Sin sonar en la radio ni vender en las tiendas.

Las herramientas provistas tras la última revolución digital han abierto la posibilidad de que más artistas puedan acceder a medios alternos de distribución. Muchos artistas, incluso, han redescubierto que su posibilidad de obtener una subsistencia a partir de su música no viene de la cantidad de temas vendidos sino de la capacidad de ser contratados para tocar en vivo. Y con las nuevas tecnologías y los nuevos medios ya pueden obviar a la disquera para lograr ese reconocimiento.

Desde luego que el productor pierde.

O, más bien, el productor que basaba su modelo de negocio en la capacidad de controlar unos pocos y escasos medios pierde.

También pierde la estrella musical. Aquel que, gracias a sus productores, lograba un alto reconocimiento y contratos cautivos y que, gracias a ello, podía renegociar las condiciones para obtener un poco más de lo que el productor reserva para el grueso de sus artistas.

Esta tecnología que permite a los nuevos artistas tener canales alternos de distribución permite también otra cosa: que los usuarios generales compartan. Desafortunadamente para la industria fonográfica tradicional, los usuarios no se limitan a compartir la música independiente: también comparten la música de estrellas musicales.

Desde el inicio de la industria editorial los consumidores siempre han compartido. Los libros impresos se prestan entre amigos. Cuando la música empezó a grabarse y a distribuirse por medio de discos, los usuarios se prestaban e intercambiaban los acetatos. El cine logró un mejor control porque no vendía un producto que el público pudiera conservar para reproducir más tarde. [HTIKM campaign poster] Con la aparición de cassette (originalmente de audio y luego de video) el usuario tuvo la capacidad de hacer copias tanto para uso personal como para compartir con familiares y amigos. Y sí, también vinieron empresarios independientes que decidieron hacer copias para comercializarlas por fuera del control de las disqueras y los estudios.

Pero la industria de contenidos se mueve. Ese cassette que amenazaba la venta de un disco de acetato también provocó la aparición del walkman y la industria musical descubrió que era rentable vender los LP también en cinta. Los estudios descubrieron que después de la presentación en teatros de sus películas podían seguir obteniendo ganancias por el alquiler de VHS en las videotiendas. (Antes habían descubierto que la televisión no solo era una amenaza sino que podían venderle a las cadenas los derechos de transmisión de películas que ya habían terminado su ciclo en los teatros.)

Hoy los consumidores tienen más y mejores formas de compartir e Internet ha logrado que los usuarios establezcan conexiones con personas que no conocen pero comparten intereses. Yo conozco pocas personas en mi circulo social inmediato que se interesen en la construcción de lenguas o la historia alterna, pero gracias a Internet pude establecer contacto con personas en todo el mundo que comparten esos intereses. Y un interés que muchas personas comparten es el consumo de contenidos culturales como la música.

Pero los productores temen.

El negocio se les está escapando.

La capacidad de la gente de compartir permite a los nuevos artistas promocionar más fácil sus nuevas creaciones y buscar colaboración para llevarlas a niveles más profesionales sin la necesidad del productor. Pero también visibiliza la cantidad de extraños que comparten entre sí y de forma anónima productos cuya comercialización antes controlaban.

Es una falacia llamar piratería a este esquema.

La industria editorial y fonográfica siempre ha sabido que los consumidores que comparten se convierten en promotores que generan nuevas ventas. Ayudando muchas veces a conquistar mercados nuevos. El Jazz y el Rock no se convirtieron en música universal porque las disqueras de EE.UU. hubieran promocionado sus discos en tiendas y emisoras de todo el mundo sino porque los consumidores viajaban con su música y llegaban a nuevas regiones donde la música empezaba a gustar, originalmente sin ganancia para los productores pero eventualmente creaban el mercado donde estos productores podían tener ganancias adicionales.

El problema que enfrentaban los productores era cuando comerciantes independientes copiaban y vendían las copias dentro de los nuevos mercados o incluso en casa, capturando el mercado que el productor hubiera deseado.

Fueron estos empresarios independientes a quienes la industria editorial y fonográfica empezó a llamar piratas y a exigir a sus gobiernos y a gobiernos foráneos una legislación que protegiera sus propios intereses frente a estos piratas.

La industria no temía al usuario que compartía un libro o un disco, sino al que copiaba y vendía la copia al por mayor.

Pero llegamos ahora a una nueva revolución tecnológica. Una que favorece al usuario y al artista y productor independiente sobre una industria basada en controlar medios de distribución.

Esa industria que quiere llamarnos ahora a todos nosotros piratas. Una industria que pretende destruir cualquier medio de distribución que no pueda controlar. Y quiere hacerlo no porque sea el nido de empresarios independientes (piratas) que se lucren por fuera de su esquema de distribución sino porque ellos mismos se han quedado obsoletos.

Y de ahí viene la SOPA y la PIPA. Y viene el SINDE, el HADOPI, la #LeyLleras y demás legislación que bajo el pretexto de proteger a los propietarios intelectuales y combatir la piratería no son más que lobistas quieren obtener ganancias por demandar a los usuarios que promocionan gratis sus productos.

Leyes que no hacen nada, siquiera, para combatir a los empresarios que distribuyen por lucro obras copiadas sin el permiso de la industria de contenidos. Esos empresarios que acaso serían lo que podríamos llamar propiamente piratas.